La niña que con 3 años supero a Stephen Hawking
Alice Amos apenas levanta medio metro del suelo y ya se le ha detectado el potencial de ser más inteligente que Stephen Hawking, Abraham Lincoln, Napoleón Bonaparte o Sigmund Freud. Es más, Alice Amos no es solo una de las solo 1.000 personas admitidas en la sociedad para niños superdotados Mensa que tienen menos de 18 años; es la alumna más joven.
Lo es desde que se prestó a hacer el examen de ingreso en el exclusivo centro en inglés, su segundo idioma. Allí, se le detectó un impresionante coeficiente intelectual de 162 y ha recibido una beca completa.
La niña, que vive en Guildford (Surrey, Inglaterra), es hija de dos inmigrantes rusos y tiene el ruso como lengua materna, lo que hace aún más meritorio el haber destacado en una prueba de inteligencia realizada en inglés. No era la primera vez que mostraba un intelecto superior, si bien en la escala que le permite su cerebro de tres años.
"De hecho, fue hasta un poco lenta al aprender a hablar pero nos dimos cuenta de lo que progresaba a grandes zancadas por otros lados, como en sus lecturas", cuenta su padre, jefe de ventas a distancia. "Aprendía números y matemáticas a gran velocidad y, para cuando había cumplido dos años y nueve meses, se terminó una saga de libros destinada a niños de cuatro a cinco años".
Continúa su padre: "Nos dimos cuenta de que siempre tenía ganas de aprender más y que ya podía contar hasta 100 y se estaba leyendo las fábulas de Esopo. A veces le enseña cosas a su hermana pequeña, Katie, de 18 meses, que aprende a base de copiarla".
Su admisión en la exclusiva sociedad Mensa convierte a la pequeña Alice en miembro del uno por ciento más inteligente del mundo. Lo que haga con ese potencial ya depende ella.
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Otro caso no tan lejano... la de Heidi Hankins en 2012
Heidi Hankins tiene mucho de niña de cuatro años normal: le gustan las Barbies, los Legos y dormir con un libro en la cama. Pero, por otro lado, Heidi tiene muy poco de normal: tiene un cociente intelectual de 159, solo un punto por debajo de Albert Einstein o Stephen Hawkins, y varios puntos por encima de la media de 100 que tienen la mayoría de las personas.
Hacía tiempo que su padre, Matthew Hankins, sospechaba que su hija era más inteligente que el resto. Al fin y al cabo, a los 14 meses ya estaba dibujando princesas y animales. A los 18 meses, se enseñó a sí misma a leer usando un ordenador. "Siempre pensamos que era muy lista porque empezó a leer muy pronto", ha confesado este cabeza de familia británico de 46 años, profesor de la Universidad de Southampton. "Y ya que yo estoy especializado en medir el cociente intelectual de los niños, me entró la curiosidad con ella. Resultó que rompía todos los esquemas".
Así que ahora, a la pequeñita Heidi le espera un futuro supuestamente brillante: ha sido admitida en Mensa, una organización británica que solo admite a gente con una inteligencia presente en solo el 2% de la población. Dentro de poco, esta niña de Winchester (Reino Unido) estará pasando de los Legos a primera hora a la teoría de la relatividad después del recreo. Podrá jugar con el famoso Oscar Wrigly, un chaval que ahora tiene su edad, pero que hace dos años se convirtió en la persona más joven en ingresar en Mensa con un cociente de 160.
Lo que también tendrá que hacer es trabajar duro: no por ser inteligente la vida es más fácil. "Lo que tenemos que entender es que Heidi puede ser excepcionalmente brillante en una dimensión, pero luego ser perfectamente normal en otras, como el desarrollo social o emocional", explica Scott Barry Kauffman, un psicólogo cognitivo estadounidense. "Convertirse en un genio es mucho más que tener un rasgo. Es necesaria la unión de muchos factores: la motivación, la imaginación, la oportunidad, la perseverancia y la suerte". No en vano, entre las ilustres figuras que se han educado en Mensa encontramos a Geena Davis, una de las actrices de Hollywood que más fracasos ha encadenado en la taquilla, y a la estrella de porno Asia Carrera.
De todas formas, la inteligencia tiene la curiosa cualidad de subir y bajar según el país en el que se nazca. Los test de inteligencia difieren de un país a otro y resulta prácticamente imposible comparar sus resultados. En Estados Unidos, por ejemplo, las pruebas de puntuación llegan a nombrar un cociente de 190 o más, mientras que en Alemania se detienen en 150. Hace poco, de hecho, en Estados Unidos se detectaron cocientes de 220. Habría que poner a esos chicos a jugar con Heidi y Oscar para ver si ése es de verdad el caso.