“La liberación accidental de un virus artificial de H5N1, transferible a humanos, tiene el potencial de causar una pandemia global de proporciones épicas que empequeñecería la pandemia de gripe española de 1918, la cual provocó la muerte de más de 50 millones de personas…” Esto dice, entre otras cosas, la carta firmada por científicos de todo el mundo, entre ellos Richard Roberts, Premio Nobel de medicina en 1993, enviada a la Comisión Presidencial de los Estados Unidos en cuestiones de Bioética.
Este crudo debate comenzó en el año 2011 cuando dos grupos internacionales de investigadores anunciaron el logro de mutar el virus de la gripe aviar, por lo que podría ser transmitido entre humanos, a través del aire.
Luego de los efectos negativos de aquel anuncio en la opinión pública, las investigaciones fueron suspendidas, pero ahora la suspensión se ha levantado, gracias a la presión de los Institutos Nacionales de Salud de EEUU, responsables de financiar los complejos experimentos sobre transmisibilidad del virus H5N1.
Actualmente la gripe aviar vuelve a ubicarse en el centro de la atención científica, dados los numerosos casos con víctimas fatales que han sido confirmados en las últimas semanas en distintos lugares del mundo. Frente a esto, la carta promovida por la Fundación para la Investigación de Vacunas, con sede en Washington, intenta generar conciencia a nivel mundial de los riesgos implicados en este tipo de trabajos de laboratorio, y los problemas morales y éticos que comportan.