(Mucha lectura envejece la imaginación del ojo, advertía el poeta. Y es que Gonzalo Rojas pasó por el mundo haciendo de la observación y la palabra su día a día. No sólo leyó libros, sino también a mineros, y amantes, y al doloroso exilio. Leyó el fracaso de la tinta del crítico más respetado de su época, tan sólo como esa primera línea que sirve de borrador: “Al paso que van, las letras nacionales no prometen nada” Y la vituperación devino en él una suerte de amuleto que se guindó en el cuello para recordarse, desnudo frente al espejo, cuánta miseria habita en los hombres. Muchos años después, en su discurso de aceptación del Cervantes (2003) recordó estas palabras ya lejanas con su justo carácter anecdótico...)
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