
La Mujer Perfecta
-Las mujeres son muy bellas, a veces pienso que me gustan todas, literalmente… Decía Lisandro a Ernesto, su mejor amigo.
-Eso no te justifica. Responde ofuscado, Ernesto.
Luego de unos instantes salen de su escondite.
-Parece que ya se fueron. Suspira aliviado Lisandro.
-¡Que sea la última vez que haces algo así cuando estás conmigo!
-Bueno, tampoco es para tanto. Yo qué me imaginaba que la mina iba a reaccionar así por…
Ernesto lo interrumpe con una vos semejante a un gruñido, pero tratando de conservar un volumen bajo para no llamar la atención de los transeúntes.
-¡Mirá, una cosa es que la piropees, incluso es perdonable que le digas una guasada, pero lo que vos hiciste está al limite de romper las reglas!
Sentencia Ernesto.
Continuaron caminando en silencio, mientras se sacudían la mugre que les quedo en la ropa por arrojarse debajo de una escalera para evitar a la turba iracunda que los perseguía luego de que Lisandro se propasara con una señorita.
Ya en la casa de Ernesto se ponen cómodos para iniciar su tradicional partida de truco.
Lisandro prepara el mate, mientras Ernesto mezcla las barajas.
-Cortá.
Lisandro toma una pequeña cantidad de naipes, y divide la columna de los mismos en tres.
-¡Siempre con tus inventos! Exclama Ernesto.
-¡Bueno, che, deja de quejarte ya! Reclama Lisandro, buscando quizás un perdón por su comportamiento.
-Flor. Canta Lisandro.
-No vamos con flor. Envido.
-¿Cómo que vamos sin flor?
-Sí, ¿qué querés, que te regale puntos por que te tocaron tres cartas de pedo?
-De eso se trata el azar, ¿no?
Ernesto hace un silencio breve, pero con un mensaje claro: “Mejor no rompas las bolas”.
-¿Y, no me respondes?
-¿Qué cosa?
-¿Querés o no querés?, no te hagas el gil!
-¿Para qué querés eso? si sabes que tengo flor, lo más probable es que te gane.
-Ese es mi problema ¿Querés o no?
-Quiero.
-31
Breve silencio.
-Son buenas...
-¿Viste? Ernesto formula la pregunta con un dejo de orgullo.
Ernesto tira un seis de copas.
-Truco
Lisandro se entusiasma
-¡Quiero retruco!
-Quiero.
Lisandro mata con un diez de oro y tira un tres del mismo palo.
Ernesto piensa un instante y mata con el ancho de bastos.
-Quiero valecuatro
Lisandro tiene en sus manos un dos de oro, pero arruga y se va al mazo.
-No
Ernesto junta las cartas para dárselas a Lisandro. Ahora le toca dar a él.
-¿Cuánto tenías? Interroga Lisandro
-Eso no se dice.
-¡Dale, si ya cortaste!
-Cada uno tiene su juego. Si no quisiste jugar, tampoco vas a ver.
Ernesto tenía un cinco de copas.
Las horas pasan volando para estos muchachos cuando se ponen a jugar al truco.
-¡Mirá la hora que es, y mañana tengo laburo, me voy! Exclama Lisandro.
Ernesto o acompaña hasta la puerta y le pregunta si quiere un remis, aunque sabe que es en vano, Lisandro jamás toma nada para volver a su casa, el prefiere caminar, y sabe que la noche es el mejor momento para hacerlo.
Parte del recorrido de retorno a su casa implica cruzar diagonalmente la Plaza Municipal, famosa por ser juntadero de Umbandas, adolescentes drogadictos y algunas cortesanas de la zona.
La plaza es muy oscura dado que si bien cuenta con iluminación (aunque un tanto paupérrima), la arboleda con follaje frondoso abraza a los faroles
Impidiéndole a éstos, realizar su función.
A Lisandro le parece ver divisar entre las penumbras una silueta que se le aproxima. Esto lo incomoda, y aunque trata de disimular, su paso se ha acelerado y su cuerpo está más tenso.
Voltea la cabeza para asegurarse de que no esa persona no lo esté siguiendo, pero se sorprende al notar que ya no está. Cuando vuelve a mirar hacia delante se encuentra cara a cara con una mujer. Esto obviamente le produce un sobresalto indisimulable. Esto, sumado a la horrible sensación de ser observado por todos los concurrentes, le genera una insoportable incomodidad.
La mujer, de unos sesenta años, vestida con ropas holgadas, de varios colores vivos, con gráficos circulares en un intento de psicodelia. Su cabellera estaba algo descuidada, como si no se hubiera cepillado en años.
La mujer, sin mediar palabra se desgarra la remara dejando descubrir sus pechos y comienza a tomarlos y acariciarlos fuertemente sin dejar de mirarlo fijo a los ojos y relamerse.
La situación supera a Lisandro y sale corriendo de la plaza sin siquiera premeditar el rumbo.
En la huida pisa un charco de barro ensuciándose los zapatos y las botamangas del pantalón, pero no le importa, solo quiere salir de ese lugar.
Cuando por fin reacciona, observa que se encuentra en una calle bastante extraña. En lugar de asfalto hay un empedrado, las veredas son muy angostas y la fachada de los edificios es muy bella y elaborada.
Si bien en muchas ciudades se conservan calles y edificios antiguos, este barrio no era el caso. La ciudad donde vivía Lisandro era más bien moderna, tenía asfalto y edificios cuadrados y fríos.
Lisandro está perdido, no reconoce el sitio donde se encuentra. Ve que por la esquina se aproxima una pareja que viene riéndose, conversando mientras caminan abrazados. Parece que vienen de una fiesta, están muy elegantes
-Disculpen. Lisandro se aproxima cuidadosamente a ellos para no asustarlos.
Ambos se ponen serios de repente y lo miran.
-¿Qué quiere?
-Disculpen, no es mi intención molestarlos, es que estoy desorientado y quisiera saber donde estoy…
-Obviamente, alguien como usted por aquí, solo puede estar extraviado.
Lisandro no comprende exactamente a que se refiere el hombre pero se da cuenta de que su presencia le molesta.
-¡Amigo mío, usted está en su peor pesadilla! Exclama el hombre riendo a carcajadas y se va con su mujer tomada del brazo.
Continúa caminando, en una esquina ve a un policía y se siente más aliviado. Se acerca a él.
-Buenas noches oficial, ¿Podría por favor decirme que calle es ésta?
El policía lo observa serio un instante.
-Documentos, por favor.
Lisandro se sorprende, pero accede al pedido.
-¿Qué está haciendo por aquí?
-Nada, (piensa en que va a decirle) solo me extravié.
-¿Está usted drogado?
-¿Cómo?
-¿Es sordo? ¡Le pregunté que si está usted drogado!
-No oficial, solo que en la plaza me asuste y salí corriendo, pero nunca había venido a esta calle antes, no la conozco…
-¿Qué lo hizo asustar de tal manera?
Duda en qué contestar.
-Una vieja. Responde casi con vergüenza.
Automáticamente el policía toma a Lisandro de un brazo, lo voltea y lo apoya de cara contra la pared.
-¡Drogado de mierda, cerrá el culo!, vas a tener que venir con migo.
-¿Qué hace oficial? ¡Esto es un atropello, no tiene ningún motivo para hacerme esto!, ¡esto es brutalid…
El policía lo interrumpe
-Escuchame una cosa gil, venís desorientado, sucio ¡¿A hablarme justamente a mí?!
Lisandro nota que el policía huele a alcohol. Caminan unos pasos hacia el patrullero que estaba a unos cincuenta metros. No lo alcanzaba a ver, pero era evidente que de eso se trataba.
En ese momento, Lisandro se suelta y empuja al policía. Empieza una persecución. Lisandro corre como loco, el policía lo persigue cachiporra en mano haciendo sonar un silbato. Una muchedumbre sale de un bar y al observar la situación acuden en colaboración con el policía y empiezan a perseguirlo también.
En una esquina oscura, Lisandro dobla puede ve una casa con patio abierto a la calle, se mete, ve una escalera y se esconde debajo de ella.
La turba se divide, una parte sigue corriendo derecho, otra dobla la esquina y algunos vuelven al bar.
-Otra vez me salvó una escalera. Pensó Lisandro.
Espera un rato y sale de su escondite, el cielo comienza a aclarar.
Intenta llamar a Ernesto, pero el celular está muerto. Quiere ver la hora, pero su reloj también ha dejado de funcionar.
-¿Qué mierda está pasando?
Justo cuando dice eso una vos tan femenina como seductora desde una ventana de la casa le habla.
-Yo te puedo ayudar…
Lisandro se sobresalta y mira hacia la ventana
-Esperá. Dice la vos.
Pasan unos segundo y se siente un ruido a llaves por la puerta, ésta se abre dejando ver a una mujer joven, sensual, pelo largo negro, con un cuerpo a ojos vista, delicioso, con ropa de dormir y con ese aspecto también.
-Pasá.
Lisandro duda.
-¿Qué pasa, tenés miedo? Dice la muchacha en tono burlón
-No, claro. Dice Lisandro e ingresa a la casa.
La casa es muy agradable, grande, tiene varias habitaciones. Cuando llega al living, observa un aparador con algunos portarretratos, en ellos ve fotos de niños, ella y un hombre.
-¿Tenés familia? Pregunta mientras ella se dirige a la cocina.
-Sí, tengo dos nenes, uno de de cuatro y el otro de seis años.
Vuelve de la cocina con dos tazas de chocolate caliente y le da una.
-Gracias, no te hubieses molestado.
-No es ninguna molestia…
Ella lo mira fijo.
-¿Qué pasa?
-Nada. ¿Estás casada, verdad?
-¿Cómo lo dedujiste?
-La verdad, es que ví las fotos y lo supuse…
Ella ríe.
-¿Es obvio verdad?
-Bueno, podrías estar separada, o que se yo…
-Esperame cinco minutos. Voy a ducharme y vuelvo.
-Ok.
Lisandro finge estar tranquilo.
Pasan unos minutos y ella vuelve. Lisandro tiene en sus manos un retrato familiar y lo observa.
-San Clemente.
-¿Cómo? Lisandro se voltea cuando le hace esa pregunta y la observa a la muchacha, que aún desconoce como se llama, que está vestida únicamente con su salida de baño
-Esa foto la tomamos en San Clemente.
Lisandro no prestó atención a lo que la mujer le decía, había quedado impactado por su presencia.
Ella ríe, parece disfrutar del nerviosismo de Lisandro.
-¿Estás bien?
-Ss…sí, ¿P…porqué? Titubea
-No sé, parece que estás nervioso.
-Para nada. -Dice intentando ocultarlo.-Pero decime, ¿vos no tenes miedo de que haya un tipo desconocido en tu casa, estando sola?
-¿Quién te dijo que estoy sola?
Lisandro empalidece estrepitosamente, ella ríe
-Tranquilo, si estoy sola. ¿Siempre sos tan temeroso cuando estás por cumplir una fantasía?
La pregunta termina de dejar atónito a Lisandro.
-Las fotos están para vos, tontito. Yo se que te calienta pensar en coger con una mina casada.
Lisandro intenta decir algo, pero no puede.
Ella comienza a desatarse el cordón de la salida de baño, muy suavemente, mirándolo fijo a los ojos. Pone sus manos a cada lado de la bata y la abre dejando ver sus pechos. Obviamente, él no puede evitar mirarlos con un incendio interior notorio.
La morocha le toma la mano y la pone sobre uno de sus senos mientras se aproxima para besarlo.
Lisandro está confundido, la situación le produce miedo, pero la excitación es más fuerte y no puede resistirlo.
Se entrega por completo al momento y la besa.
-¿Sabés cómo me llamo? Pregunta la muchacha
Lisandro duda, no sabe que decir, la verdad es que no tiene idea de su nombre y teme ofenderla y arruinar la situación.
-N…no, la verdad que no me lo dijiste.
-Vos no me preguntaste. Yo tampoco sé como te llamas…
-Lisandro, ¿vos?
-Yo me llamo como vos quieras...
En ese instante el libido alcanza proporciones desaforadas y se aman furiosamente.
Una vez consumado el hecho, casi sin darse cuenta, Lisandro se queda dormido en el sofá.
Sin tener noción del tiempo, al despertar siente un ligero dolor de cabeza. Se encuentra en una cama, desnudo, lo que le parece extraño. Mira por la venta, el cielo está anaranjado, presume que debe ser ya por la tarde. Mira a su alrededor para buscar su ropa, pero no la encuentra.
Siente pasos que se acercan por afuera de la habitación, la puerta se abre y aparece un jovencita de unos dieciséis años, el busca rápido algo para cubrirse, utiliza una almohada.
-¿Quién sos?
-¿Cómo, vos estás en mí casa y me preguntas a mí quíen soy?
No sabe que contestar.
-Tranquilo, no pasa nada. ¿Ya te olvidaste de mí?
-Perdoname, pero no te conozco…
-¿Estas seguro? La muchachita se acerca y le pone una mano por debajo de la almohada en su regazo.
El se la toma rápidamente y la quita
-¡¿Qué haces, nena?!
-Eh! ¿Esa es forma de tratarme?
-Hace un rato no te quejaste…
-¿De qué me hablas?
-¡De cuando me hiciste el amor en el sofá!
-¿Estás loca?, no te conozco. Además sos muy chiquita…
La jovencita suelta una carcajada.
-¡Uy, Pero que hombre más correcto! Dice irónicamente.
A este punto, Lisandro ya dudaba considerablemente de su cordura.
-No me mientas, ¿Cuántas veces te ratoneaste con pendejas de mi edad?
-¿Qué decís? ¡Es muy grave lo que me estás diciendo!
-No te pongas así, yo no soy la policía.
-Mirá, no se que te pasa, pero sos una nena, no podemos hacer esto. ¿Dónde está…? Se detiene.
-¿Qué pasa, no sabes cómo se llama? -Le pregunta la chica burlándose.- ¿Ahora te vas a hacer el recatado?
-¿Quién sos? Pregunta Lisandro, pasmado.
-¿Quién soy? –Ríe- Soy quien quieras que sea…
-¿Acaso esto es una broma, dónde está tu mamá?
-No sé a quien te referís. –Lo mira seria- La mujer con la que acabas de acostarte no era mi mamá, era yo.
Lisandro ya no comprendía absolutamente nada.
-Yo soy la mujer de tus fantasías, soy la chica tímida que le manoteaste el culo en la calle, soy la vieja puta que te querías coger, aunque arrugaste, soy lamina casada que te volteaste, soy la pendejita que te ratonea, la experimentada, la virgen, la flaca, la gorda, la inteligente, la estúpida, la sucia, la salvaje, la alta, la petisa, la brasilera, la alemana, la tetona, la lesbiana, la hermosa, la fea, soy la mujer perfecta, tú mujer perfecta.
-No sé que clase de juego macabro sea este, pero yo no juego.
-No podes renunciar al juego, el juego es la vida, si renunciás, solo queda la muerte. ¡Tenés la oportunidad que muchos desean, poder elegir cómo vivir su infierno!¿Me vas a decir que no te gusta tenerme como tu esclava sexual, vivir tu infierno en un mundo alejado del común, donde sólo se sufre?
-¡Será triste, pero es real, y esto es una fantasía!
Dicho esto, Lisandro se arroja por la ventana y un resplandor lo envuelve y se apodera de su cuerpo. Pierde el conocimiento.
Cuando despierta estaba tirado en la vereda de la plaza, todo embarrado, con un dolor fuerte de cabeza. Un policía se acerca:
-¿Se encuentra bien?
-Sí, sólo me caí.
-Los vecinos llamaron diciendo que amaneció aquí tirado y que no saben desde cuando está aquí.
-Puede ser, creo que no recuerdo bien como llegué aquí.
-De cualquier manera ya llamamos a la ambulancia…
-No va a ser necesario.
-Claro que sí.
Llega la ambulancia. Mientras le ponen el cuello ortopédico y lo ayudan a reincorporarse le hacen preguntas para saber si está orientado.
Lisandro responde a todo correctamente, pero no es lo que le importa en este momento. Su cabeza está ocupada por otros pensamientos.
Pasaron los años y nunca comentó lo sucedido con nadie. En realidad no estaba seguro si se trato de un sueño, lo cierto es que se arrepintió para siempre de haber renunciado al mundo de fantasía.




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