InicioApuntes Y MonografiasHoy no me mato. Mañana, no sé

Hoy no me mato. Mañana, no sé




Entre las sucesivas espirales temporales por las que se atraviesa para concretar una constante en el tiempo, las impresiones sensibles van dejando su huella en un eco que, al igual que las ondas sobre el agua al caer una hoja, se amplifican. Mucho espamento para fatalmente desvanecerse. Intento descifrar determinadas impresiones y catalogarlas, como así descartar aquellas que solamente forman parte de un plantel circunstancial que se entreteje absurdamente como relleno, para camuflar y esconder lo importante de lo banal, y sobre todo para despistar al destino.

De allí surge la “hipoetesia” emotiva, primeramente como un coqueteo con el suicidio, con el desencanto, con la apatía crónica, con el asco y el aburrimiento, con la flojera de autoestima, etcétera, etcétera. En definitivas: con la idea del aniquilamiento circunstancial y no con la del juego con la muerte (que es a lo que aluden los psicólogos para resolver aquellos asuntos en los que no tienen ni puñetera idea).
Voy de observador y miro... Toda persona con la que hablo está atravesando, de una forma u otra, una crisis de personalidad, casi en forma constante. En medio hay fogonazos elocuentes de felicidad espontánea que se diluyen velozmente, pero la búsqueda de la felicidad completa nunca acaba, aunque se trate de una persecución absurda. Entonces me asecha la duda y la curiosidad por saber si el ser humano siempre ha sido de este modo o si se trata de un período crítico por el cual estamos atravesando, de esos por los cuales se pasa a una etapa novedosa, gloriosa o fatal, de esas que dejan una marca o posta histórica como punto de referencia. Pero ahí está la estupidez disfrazada de elocuencia melancólica y a veces también de melancólica elocuencia.


“Si te querés matar, matate…- le decía un viejo amigo a una chica depresiva y concheta-. Pero no me salpiques la alfombra”.


Los recuerdos, como los olvidos, pasan por el filtro de la supervivencia, se modifican para permitirnos seguir en marcha. La búsqueda de la felicidad se lleva a los codazos con la memoria, y en el fondo de la caja de Pandora hay un papelito en el que está escrita la siguiente frase… “Para conseguir pescado hay que mojarse el culo”.


Gustavo Gall
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