Albert Fish, “el Canibal de Brooklyn"

Un terrible monstruo bajo una pacífica apariencia.
Albert Fish, también conocido como “El vampiro de Brooklyn”, o “El hombre gris” es recordado como uno de los peores asesinos en serie de la historia.
Su mayor afición, descuartizar y comer niños.
Fish nació en Washington el 19 de mayo 1870 con el nombre de Hamilton, aunque poco después se lo cambió por Albert, como un hermano fallecido para evitar las burlas de los niños que le llamaban ‘Ham and Eggs’ (Jamón con huevos).
Tras la muerte de su padre, y hasta que su madre pudo hacerse cargo de él, fue enviado a un orfanato donde recibía constantes palizas y vejaciones , incluso sexuales, y en su mente se fue forjando una gran afición por el castigo, se divierte infligiendo dolor a los demás y a él mismo con lindezas como frotarse desnudo con rosas con espinas, prender fuego a bolas de algodón que introduce en su ano y sobre todo se inserta agujas alrededor de los órganos genitales, una radiografía posterior mostró un total de 29 agujas en sus testículos (muchas oxidadas).

Radiografía de la pelvis de Fish tras su muerte, donde se ven las agujas.
A los 12 años comenzó a mantener relaciones homosexuales y a mostrar gusto por la coprofagia, urofagia , es decir, ingerir excrementos, y a visitar los aseos públicos para masturbarse. En esta etapa comienza su colección de recortes de prensa sobre asesinos en serie y especialmente de caníbales que es con quienes se siente identificado.
Pocos años después ejerce la prostitución en Washington donde viola a un niño.
Fish poco antes de su muerte.
En 1890, Fish se muda a Nueva York donde comienza a violar sistemáticamente a muchachos jóvenes, casi todos de clase pobre, un crimen que siguió cometiendo incluso después de su matrimonio concertado en 1898 (se casó con una mujer nueve años menor que él y tuvieron seis hijos). Poco después fue arrestado por malversación de fondos y sentenciado a prisión, yendo a la cárcel estatal de Sing Sing en 1903, lugar donde mantuvo relaciones sexuales con distintos hombres.
En 1898 comenzó a trabajar como pintor de casas a lo largo de Estados unidos, pero no dejó de lado su afición, llegando a violar a más de 100 niños, la mayoría menores de 6 años. Además, frecuentaba prostíbulos en los que pagaba por ser azotado.
Entre 1910 y 1924 intentó asesinar a varias personas, la mayoría niños o deficientes mentales, no llegó a consumar ninguno es estos crímenes.
En enero de 1917, su esposa lo abandonó. Fish comenzó a escuchar voces, el mismo decía que seguía las instrucciones de Juan el apostol.
Casa donde Fish llevaba a sus victimas.
En julio de 1924 intentaría su primer secuestro de una niña de 8 años, pero cuando la niña estaba a punto de irse con él, la madre los sorprendió y Fish huyó.
Pero llega el año 1928 y Fish, con 58 años, asesinó a la primera niña Grace Budd , en un caso que fue ampliamente documentado e investigado por la policía que detuvo a otro hombre por error.
La niña Grace Budd.
Siete años después, en noviembre de 1934, una carta anónima fue enviada a los padres de la niña lo que condujo a la policía hacia Albert Fish. La madre, al no saber leer, la entregó a su hijo para que la leyera. Su contenido era terrible:
“Estimada Señora Budd. En 1894 un amigo mío fue enviado como asistente de plataforma en el barco de vapor Tacoma, el Capitán John Davis. Al llegar ahí el y otros dos fueron a tierra y se embriagaron. Cuando regresaron el barco se había marchado. En aquel tiempo había hambruna en China. La carne de cualquier tipo costaba de 1-3 dólares por libra. Así tan grande era el sufrimiento entre lo más pobres que todos los niños menores de 12 años eran vendidos como alimentos en orden de mantener a los demás libres de morir de hambre. Un chico o chica menores de catorce años no estaban seguros en las calles. Usted podía entrar a cualquier tienda y pedir corte en filete o carne de estofado. La parte del cuerpo desnudo de un chico o chica sería sacada y lo que usted quisiera sería cortado de él. El trasero de un chico o chica la cual es la parte mas dulce del cuerpo era vendida como chuleta de ternera a un precio muy alto. John permaneció ahí durante mucho tiempo adquiriendo gusto por la carne humana. A su regreso a N.Y. robó a dos chicos uno de 7 y uno de 11 años de edad. Los llevó a su casa los despojó y desnudó y los ató a un armario. Entonces quemó todo lo que ellos portaban. Varias veces cada día y cada noche los azotó , los torturó para hacer su carne buena y tierna. Primero mató al chico de 11 años de edad porque tenía el trasero más gordo y por supuesto una mayor cantidad de carne en él. Cada parte de su cuerpo fue cocinado y comido excepto la cabeza, huesos e intestinos. Fue asado en el horno (todo su trasero), hervido, asado, frito y estofado. El chico pequeño fue el siguiente, fue de la misma manera. En aquel tiempo, yo vivía en la calle 409 E 100 cercana a la derecha. El me decía frecuentemente cuan buena era la carne humana, que decidí probarla.
El domingo 3 de junio de 1928, yo le visité en el 406 W 15 de St. Brought usted puso queso -fresas. Almorzamos, Grace se sentó en mi regazo y me besó. Decidí comerla. Con el pretexto de llevarla a una fiesta. Usted dijo que sí, que ella podría ir. La llevé a una casa vacía en Westchester que yo ya había escogido. Cuando llegamos, le dije que se quedara afuera. Ella recogió flores, subí y me quite mis ropas. Yo sabía que no debía tener sangre en ellas. Cuando todo estuvo listo, me asomé a la ventana y la llamé. Entonces me oculté en un armario hasta que ella estuvo en la habitación. Cuando ella me vio completamente desnudo comenzó a llorar y a tratar de correr escaleras abajo. La atrapé y me dijo que se lo diría a su mamá. La desnudé. Pateó y me rasguñó. La estrangulé y entonces la corté en pequeños pedazos para poder llevarme la carne a mis habitaciones. La cociné y comí. Cuan dulce y tierno fue su trasero asado en el horno. Me llevó nueve días comer su cuerpo entero. No la violé como hubiera deseado. Murió virgen.”
Nadie podía creer que la carta fuera real, sino que era obra de algún sádico que deseaba molestar a los señores Budd, sin embargo el detective King se dio cuenta que algunos detalles de la carta coincidían con los del secuestro de la pequeña Grace Budd además de que la letra coincidía con la del recado recuperado hacía 6 años atrás. El sobre de la carta aportó una pequeña pero crucial pista. Tenía impreso un pequeño símbolo hexagonal y siglas de una asociación de beneficencia.

Familia Budd antes del asesinato de Grace.
El inspector William King, siguió la pista de Fish hasta que consiguió detenerlo y evitó que le agrediera con una navaja.
Su juicio comenzó en marzo de 1935, y Fish alegó locura y que Dios le ordenaba matar y violar a niños, los informes psiquiátricos apuntaban que tenía aficiones como pedofilia y masoquismo, pero no se certificó su locura y el juez ordenó su ejecución por silla eléctrica.
En el juicio confesó otros asesinatos cometidos así como “un deseo irresistible de comer carne cruda las noches de luna llena, y bailar desnudo bajo la misma”.
En su terrible declaración, también contó con detalle como a un niño de tan solo 4 años le flageló hasta que su sangre corrió por sus piernas, le cortó las orejas, nariz y ojos, le destripó y cogió su sangre para bebérsela, lo desmembró y se preparó un estofado con la parte más tierna.
Cuando el abogado le preguntó la cifra exacta de sus víctimas respondió sonriendo: “Por lo menos 100” .
Tras saber su sentencia declaró: “Yo no soy un demente, solo un excéntrico. A veces ni yo mismo me comprendo”.
“Qué alegría morir en la silla eléctrica. Será el último escalofrío, el único que todavía no he experimentado” .

Fish antes de la ejecución.
El 16 de enero de 1936 se sentó en la silla eléctrica y sus últimas palabras fueron: “No sé aún por qué estoy aquí”. En la primera descarga, se produjo un cortocircuito porque en su pubis tenía clavados más de 20 alfileres, y tuvieron que aplicarle una segunda descarga mucho más potente para acabar con él.
olo pudieron acusarle de 15 crimenes, a pesar de que él dijo que había cometido más de 100, pero el inspector William King siempre creyó que entre asesinatos y violaciones, “el Vampiro de Brooklyn” tenía en su lista negra cerca de 400. Fish se llevó a la tumba el número real.
Poco después de su muerte, siguieron atribuyéndole asesinatos, todos de menores.
Anatoly Onoprienko, “la bestia de Ucrania”.
Ciudadano O
Los hechos se producían entre octubre de 1995 y marzo de 1996. En aquellos seis meses, la región de Zhitomir vivió aterrorizada por una serie de 43 asesinatos que Onoprienko había ido sembrando. La Nochebuena de 1995 se produjo el ataque a la aislada vivienda de la familia Zaichenko. El padre, la madre y dos niños muertos y la casa incendiada para no dejar huellas fue el precio de un absurdo botín formado por un par de alianzas, un crucifijo de oro con cadena y dos pares de pendientes.
Seis días después, la escena se repetía con otra familia de cuatro miembros. Víctimas de Onoprienko aparecieron también durante aquellos seis meses en las regiones de Odesa, Lvov y Dniepropetrovsk.
Estas matanzas incitaron a la segunda investigación delictiva más grande y complicada en la historia ucraniana (la primera había sido la de su compatriota Chikatilo). El gobierno ucraniano envió una buena parte de la Guardia Nacional con la misión de velar por la seguridad de los ciudadanos y, como si el despliegue de una división militar entera para combatir a un solo asesino no fuera bastante, más de 2000 investigadores de las policías federal y local.
Los policías empezaron a buscar a un personaje itinerante y elaboraron una lista en la que figuraba un hombre que viajaba frecuentemente por el sudoeste de Ucrania para visitar a su novia.
Con la policía tras su pista, Onoprienko puso tierra de por medio en 1989 y abandonó el país ilegalmente para recorrer Austria, Francia, Grecia y Alemania, en dónde estaría seis meses arrestado por robo y luego sería expulsado.
De regreso a Ucrania sumó otros nueve a los 43 asesinatos, y poco después, ante las pruebas encontradas por los agentes en los apartamentos de su novia y su hermano (una pistola robada y 122 objetos pertenecientes a las víctimas), hallaron una razón para arrestarlo. Cuando la policía le pidió los documentos en la puerta de su casa, Onoprienko no les quiso facilitar la tarea, e hizo un esfuerzo vano por conseguir un arma y defenderse. Cuando los policías por fin lo detuvieron, Onoprienko se sentó silenciosamente cruzando los brazos y les dijo sonriendo: “Yo hablaré con un general, pero no con ustedes”. Aun así, no le quedó más remedio que confesar sus crímenes y dejar que aquellos le arrestasen.
En su declaración al juez, aparecerían otros nueve cadáveres cosechados a partir de 1989 en compañía de un cómplice, Sergei Rogozin, (quien también comparecería en el juicio).
Anatoli Onoprienko siguió los pasos del legendario Andrei Chikatilo. Ambos mataron al mismo número de víctimas, pero son muy diferentes. Chikatilo, ejecutado en 1994, era un maniaco sexual. Sólo mataba mujeres y niños, cuyos cuerpos violaba y mutilaba. A veces se comía las vísceras. Nada de esto aparece en el expediente de Onoprienko, un ladrón que mataba para robar, con inusitada brutalidad y ligereza, pero sin las escenas del maniaco sexual. Onoprienko supera a Chikatilo por el corto periodo en que realizó su matanza: seis meses frente a doce años.
Cuando ejecutaba a sus víctimas, el asesino seguía un mismo ritual: elegía casas aisladas, mataba a los hombres con un arma de fuego y a las mujeres y a los niños con un cuchillo, un hacha o un martillo. No perdonaba a nadie, después de sus asesinatos cortaba los dedos de sus víctimas para sacarles los anillos, o a veces quemaba las casas. Incluso mató en su cuna a un bebé de tres meses, asfixiándolo con una almohada.
Onoprienko, de 39 años, estatura media, aspecto de deportista, racional, educado, elocuente, dotado de una excelente memoria y desprovisto de piedad. Soltero, padre de un niño, reconoció haber tenido una infancia muy difícil: su madre había muerto cuando él tenía 4 años, y su padre y su hermano mayor lo habían abandonado en un orfanato. De adulto, para ganarse la vida, se había embarcado como marino y había sido bombero en la ciudad de Dneprorudnoye (dónde su ficha laboral le describe como un hombre “duro, pero justo”). Luego había emigrado al extranjero para trabajar de obrero durante ese tiempo, pero confesó que su fuente primaria de ingreso era criminal: los robos y asaltos.
El peritaje médico lo ha calificado como perfectamente cuerdo que puede y debe asumir las consecuencias de sus actos. El mismo se define como un “ladrón” que mataba para robar: “Mataba para eliminar a todos los testigos de mis robos”
Por este motivo puede ser condenado a la pena capital por crímenes premeditados con circunstancias agravantes. El presidente ucraniano, Leonid Kuchma, dijo que dará explicaciones al Consejo de Europa para violar en este caso la moratoria de ejecución de la pena de muerte que su país mantiene desde marzo de 1997. Gracias al convenio con el Consejo de Europa, 81 penas de muerte dictadas últimamente en Ucrania no se han ejecutado. La declaración del presidente Kuchma anuncia que se va a hacer una excepción con Onoprienko.
En un momento determinado de la investigación, el acusado afirmó que oía una serie de voces en su cabeza de unos “dioses extraterrestres” que lo habían escogido por considerarlo “de nivel superior” y le habían ordenado llevar a cabo los crímenes. También aseguró que poseía poderes hipnóticos y que podía comunicarse con los animales a través de la telepatía, además de poder detener el corazón con la mente a través de unos ejercicios de yoga.

¿Enfermo mental o maniaco homicida? lo primero podría declararlo imputable, y lo segundo, condenarlo a la pena capital… el juicio, actualmente en curso, parece seriamente complicado.
Los psiquiatras, sin embargo, han diagnosticado que el hombre está perfectamente “cuerdo” y la mayoría quiere que pague por los homicidios. El mismo Onoprienko resumía así la filosofía de su carnicería:
“Era muy sencillo, los veía de la misma forma en que una bestia contempla a los corderos”.
El lunes 23 de noviembre de 1998, se iniciaba en la ciudad de Zhitomir (ex Unión Soviética), el juicio de un ucraniano acusado de haber asesinado a 52 personas, ante la celosa mirada de un público enloquecido que reclamaba la cabeza del acusado. Su calma contrastaba con la emoción de todos los presentes en la sala, en su mayoría jóvenes.
Después de confesar en una declaración entregada a la prensa por su abogado antes de la apertura del juicio, que no se arrepentía de ninguno de los crímenes que había cometido, Anatoli Onoprienko respondía dócilmente a las preguntas del juez; reconoció haber asesinado a 42 adultos y 10 niños, entre 1989 y 1996.
La parte acusadora ha pedido la pena de muerte, cuyo mantenimiento apoyan tres de cada cuatro ucranianos, según las encuestas, pero el verdadero problema en este complicado juicio, es impedir que el público linche al acusado. Complicado por su envergadura y duración (más de 400 testigos y por lo menos tres meses de declaraciones por delante), por sus gastos, pero también por la tensión que se respira entre los familiares de las víctimas, obligados a pasar cada día por un arco detector de metales, algo no tan corriente en ese país, mientras el acusado, encerrado en una jaula metálica, está prudentemente separado de la ira del público…
Las autoridades le describen como el asesino más terrible de la historia en Ucrania y de la antigua Unión Soviética, mientras que las familias de las numerosas víctimas lo califican de “animal”, “ser monstruoso” y “bestia demoníaca”.
El juicio fue uno de los más complejos y costosos de la historia de la justicia ucraniana. Más de 400 testigos y centenares de especialistas pasaron por el estrado. El peritaje médico lo ha calificado como perfectamente cuerdo que puede y debe asumir las consecuencias de sus actos. El mismo se definía como un “ladrón” que mataba para robar. La acusación pidió pena de muerte por Onorpienko. Incluso, el presidente ucraniano, Leonid Kuchma, dio explicaciones al Consejo de Europa para violar en este caso la moratoria de ejecución de la pena de muerte que su país mantiene desde marzo de 1997. Al final se le declaró culpable pero la pena de muerte le fue conmutada por cadena perpétua.
Dorangel Vargas, el Hannibal Lecter de los Andes.

El Antropófago Venezolano
Dorangel o Dorancel Vargas no sonaba precisamente arrepentido cuando declaró: “claro, como gente. Cualquiera puede hacerlo, pero hay que lavarla bien y condimentarla bastante para evitar enfermedades… sólo me como las partes con músculos, particularmente los muslos y las pantorrillas. Con la lengua hago un guiso muy rico y los ojos los utilizo para hacer una sopa nutritiva y saludable”.
No comía manos, pies o testículos y prefería los hombres a las mujeres porque aseguraba que el sabor era más recio y sabroso. Tampoco comía hombres gordos porque “tenían demasiado colesterol”. Confesó por iniciativa propia y hubo muchas dudas sobre si estaba inventándose sus crímenes, pero el hallazgo de restos humanos en su casa y en los alrededores no parecía dejar lugar a dudas. Para poder operar y cocinar con tranquilidad, improvisó un matadero y una cocina debajo de un puente.
Conozcamos un poco más del “comegente de los Andes”.

En la década del 90, Venezuela se estremeció ante la presencia de un demente que se comía a sus víctimas. Rápidamente popularizado por la prensa, ya que era el primer asesino serial de la nación, Dorancel Vargas Gómez, que pasó de un simple vagabundo a convertirse en un monstruo, es conocido hasta el día de hoy como “el comegente” o “el Hannibal Lecter de los Andes”. Cabe resaltar que debido a un error tipográfico de la prensa su nombre fue cambiado a Dorángel.
Naturaleza caníbal
Dorancel Vargas Gómez nació en la región de Caño Zancudo del estado de Mérida, Venezuela, el 14 de mayo de 1957, proveniente de una familia dedicada a la agricultura. Los escasos recursos económicos de su hogar lo obligaron a dejar los estudios cuando cursaba los últimos años de la escuela primaria. A raíz de esto, cambió sus actividades de granjero por la vida de ladrón. Durante ese tiempo fue encarcelado por delitos menores como robo de gallinas y ganado. Sin embargo su primera detención de gravedad no fue hasta años después.
En 1995 fue arrestado gracias a la denuncia de Antonio López Guerrero, un amigo de Cruz Baltazar Moreno, quien sirvió de almuerzo a Vargas, y de quien solo sobraron sus pies y manos. Tras ser detenido, Vargas fue internado en el Instituto de Rehabilitación Psiquiátrica de Peribeca. Después de 2 años de tratamiento fue liberado una vez que la evaluación psicológica confirmó que no era una amenaza. No obstante Dorancel no recibió ningún tratamiento para su enfermedad mental, y su familia no pudo prestarle el apoyo necesario. Así el comegente huyó de su casa para visitar a la persona que lo denunció, Antonio López, después de comérselo se trasladó a la ciudad de San Cristóbal en el estado de Táchira, donde aparentemente llevó una vida normal como vagabundo.
Al vivir en las calles mendigando, la policía pronto perdió su rastro, y Dorancel pasaba sus días merodeando por los márgenes del río Torbes, también en las cercanías del parque 12 de Febrero, con su compañero de celda Manuel.
Al parecer el comegente construyó una rústica casa en un rancho abandonado, lugar donde se dedicó a sazonar a sus víctimas, aunque prefería dormir en un estrecho túnel bajo el puente Libertador. Es en este sector donde Dorancel hace amistad con los pueblerinos del área. Su siguiente víctima fue Manuel, su amigo y compañero de la cárcel, a quien cocinó en deliciosas empanadas, de acuerdo al testimonio de las personas que lo comieron sin saberlo. Cuando los oficiales le preguntaron por qué lo mató, Dorancel respondió: “como era tan buena persona seguro tenía que estar bien sabroso”. A partir de noviembre de 1998 el “Hannibal Lecter de los Andes” comenzó a matar personas cada semana.
Cazar y comer
Dorancel permanecía cerca de la orilla del rio Torbes, donde cazaba obreros y deportistas que habitaban o trabajaban en el sector. Cuando sus víctimas estaban desprevenidas, el comegente los atacaba con un tubo metálico de más de un metro de largo.
Pudo haber asesinado y comido al menos 40 personas.
Dorancel proseguía a descuartizarlos bajo el puente Libertador, guardaba las partes que él se comía y tiraba las manos, pies y cabezas en el monte camino a la granja abandonada donde los cocinaba. Los familiares de las víctimas pronto fueron a la policía para denunciar a los desaparecidos, pero los oficiales no pudieron hallar relación entre las víctimas, excepto que muchos de ellos eran hombres adultos.
Debido a su pobreza, el comegente no contaba con una nevera para guardar la carne por lo que mataba a 2 personas por semana para no padecer hambre. Pronto la policía local fue asediada con reportes y denuncias de familiares y amigos de los desaparecidos. Los oficiales comenzaron a sospechar de los indigentes del sector. Cuando descubrieron la presencia de Dorancel en la región próxima, este se convirtió en el principal sospechoso por sus antecedentes penales y mentales.

El 12 de febrero de 1999, un miembro de la Defensa Civil atendió una llamada de emergencia hecha por dos jóvenes que decían haber encontrado ollas con restos humanos en el parque 12 de Febrero. Los oficiales acudieron rápidamente al sector y hallaron restos de manos, pies y cabezas, acrecentando la lista de muertos con 6 cadáveres más. Debido al estado de descomposición los miembros fueron trasladados de inmediato a la morgue del cementerio Municipal: “El Vigía” del estado de Mérida. Los investigadores especulaban teorías sobre los cuerpos, creyendo al principio que habían sido liquidados por ajustes de cuentas entre narcotraficantes. También se pensaba que era el ritual de alguna secta satánica. Finalmente los datos se unieron a los reportes de personas desaparecidas desde noviembre de 1998 y pronto se dieron cuenta de que estaban tratando con un asesino en serie, el primero de Venezuela.
La policía empezó a rastrear las cercanías del puente en busca de más cuerpos y así se tropezaron con el rancho de un demente. Tras investigarlo descubrieron varios objetos, ropas, libros, cuadernos y documentos cuyo origen el dueño de la granja no pudo justificar. Cuando revisaron la cocina de la pequeña choza, encontraron en los recipientes carne y vísceras de personas preparadas para el consumo, además se tropezaron con 3 cabezas humanas, también varias manos y pies. Su propietario, Dorancel Vargas Gómez, fue arrestado y escoltado por el Cuerpo Técnico de la Policía Judicial y la Policía Montada, quienes lo trasladaron a la comisaría más cercana donde fue interrogado. Para sorpresa del sargento Gumersindo Chacón, el comegente narró sin remordimiento todas sus fechorías.
Cocinando personas
En la comisaría Dorancel Vargas, de 42 años, confesó que tras vivir bajo el puente por 11 años, se alimentó de personas que descuartizaba para después cocinarlas en rústicas ollas. “El Hannibal Lecter de los Andes” aseguró haberse comido a 10 personas en un periodo de 2 años, sin embargo la lista de personas desaparecidas y los restos encontrados sugieren que el número puede ascender hasta 40 víctimas. Gracias a la evaluación psiquiátrica realizada, se descubrió que este asesino en serie llevó a cabo sus atroces actos debido a su enfermedad mental. Demostró tener preferencias para sus víctimas los cuales eran hombres entre 30 y 40 años, pero jamás comía niños y mujeres.
Durante la declaración de sus actividades a la policía, el comegente dio todos los detalles de su modus operandi. Tras dejar inconscientes a sus víctimas Dorancel les cortaba la cabeza, pies, manos y genitales externos, pero también dijo: “Cuando más apuraba el hambre hacía una sopita con ellos”.
El comegente afirmó que le gustaba más alimentarse de hombres diciendo: “estos son más sabrosos, saben recio como cochino salado, como jamón, da gusto comer un buen macho, las mujeres son dulces, es como comer flores y te dejan el estomago flojo, como si no hubieses comido”. Estupefactos, los oficiales continuaron escuchando el testimonio del caníbal, quien explicó que los hombres delgados tenían mejor sabor que las mujeres y que lo más delicioso se encontraba en la zona del vientre, carne que cocinaba con hierbas exóticas. El demente caníbal dijo que con la lengua puede hacer un guisado muy bueno y que los ojos son buenos ingredientes para hacer una sopa. El escritor Sinar Alvarado descubrió que Dorancel era atormentado por lo que él llamaba espíritus que no lo dejan dormir e incluso vienen a molestarlo.
Cuando los oficiales le preguntaron por qué se comió a la gente, Dorancel respondió: “No me arrepiento de nada, como dice la iglesia, yo compartí mi pan con el prójimo y muchos me alabaron por el relleno de mis empanadas. Por necesidad me he metido en esta vaina. No me arrepiento, al contrario, me alegro porque me gusta la carne. Lo único que no me da apetito son las cabezas, manos y pies de los seres humanos, pero me los comía en una sopita cuando me daba hambre”. Pronto la prensa hizo un espectáculo sobre el comegente, es así que Sinar Alvarado escribió un libro sobre la vida del asesino: “Retrato de un caníbal”. En el 2004 se entrevistó con el comegente, éste le preguntó: “¿Usted ha comido peras?, es igual, claro que como gente, cualquiera puede hacerlo, pero hay que lavarla bien y condimentarla bastante para evitar el contagio de enfermedades… y sólo me como las partes con músculos, particularmente los muslos y las pantorrillas”.
Finalmente los habitantes del sector exigieron a la comisaría que trasladen al comegente a San Cristóbal, la capital del estado. Pero los convictos de la cárcel de Santa Ana protestaron tano como los enfermos mentales del Centro de Rehabilitación Mental de Peribeca -quienes no estaban tan dementes para querer compartir el espacio con un caníbal.
Hoy en día Dorancel Vargas Gómez permanece encerrado en una celda de la Dirección de Seguridad y Orden Público del Estado de Táchira, donde pasa los días fumando e imaginándose suculentas recetas. El autor de la novela ganó el Premio de Periodismo de Investigación en el 2005, por su reportaje para la revista “El Gatopardo”. La policía teme que aparezcan imitadores del comegente, y están atentos a crímenes de la misma índole.
Ed Gein, el carnicero de Plainfield.
Segunda década del siglo XX. El matrimonio Gein, una pareja compuesta por Augusta T. Lehrke y George P.Gein, junto a sus dos hijos Henry y Eddie llegan a Plainfield, Wisconsin, provenientes de la ciudad de La Crosse. El matrimonio es un tanto atípico, George es un hombre débil y alcohólico que vive a la sombra dominante de su mujer. Augusta es la que ha decidido el traslado a esa pequeña granja aislada en los gigantescos campos de Wisconsin para alejar a sus hijos de las malas influencias de la gran ciudad.

Augusta es una fanática luterana que lleva sus creencias a puntos extremos en la educación de sus hijos. Para ella, el mundo exterior es pura perversión y el más mínimo despiste puede ser causa de los más tremendos castigos divinos. Los sermones diarios del antiguo testamento y las continuas advertencias sobre los terribles castigos que, como pesadas losas, caerán sobre sus hijos al más mínimo contacto o acercamiento con las jóvenes del lugar, hacen crecer a estos con la visión de un mundo totalmente distorsionado. Donde todas las mujeres, a excepción de su madre, son rameras de la más baja calaña. De los dos hermanos, Eddie es el más afectado por ser un niño introvertido y haber heredado la debilidad de espíritu de su padre. En la escuela, su aspecto debilucho y afeminado no acompaña a mejorar este tema y todavía los incrustan más en su peculiar mundo. Trabaja en todo tipo de tareas de la granja y sus ratos libres, los aprovecha para devorar todo tipo de literatura y cómics de índole fantástico y de terror.
La señora Gein, sin darse cuenta, está incubando a un ser que años más tarde pasará a la historia por ser una de las personas más perversas del siglo XX. Ed Gein, el carnicero de Plainfield.

En 1940 muere su padre, George. A raíz de su muerte, su hermano Henry comienza a mostrar una clara oposición hacia las doctrinas de su madre. Para Ed, esto es puro sacrilegio pues con el paso de los años su complejo de Edipo hacia Augusta ha ido en aumento y el no acatar o contrariar sus normas es el pecado más grande que se puede llegar a cometer. En 1944, Henry muere en extrañas circunstancias en un incendio que se provoca cerca de la granja. A la policía no le parece sospechoso que Eddie les guíe directamente hasta el cuerpo calcinado de su hermano, cuando momentos antes, al acudir a ellos, había dicho que para sofocar el incendio se había separado y no lo había vuelto a ver. Esta es la primera muestra del bajo intelecto que tiene Ed Gein y que posiblemente fue el motivo por el que sus posteriores víctimas no se contaran por decenas.
Un año después, en 1945, muere Augusta y Ed queda completamente solo y deprimido, aislado del mundo en su pequeña granja de madera. Tiene cuarenta años y pasará la siguiente década inmerso en el peculiar mundo que su mente enfermiza irá perfeccionando poco a poco. Clausura las habitaciones y estancias de su madre y las mantiene como un mausoleo en su honor y recuerdo, años después, diría a los psicólogos que durante mucho tiempo, tras la muerte de su madre, continuó escuchando su voz y sus sermones.
En el pueblo, este tipo bajito y tímido tiene fama de excéntrico y de poseer una imaginación y humor un tanto negro y ácido. Pero también es trabajador y servicial, lo que hace que se le vayan dando pequeños trabajos del campo o carpintería aquí y allá. Incluso se saca unos dólares cuidando a los niños de los vecinos, que confiados, se los dejan en la granja ocasionalmente. En esta época, los gustos por la lectura de Ed han cambiado, y en lugar de leer cómics de terror, ahora prefiere tratados y enciclopedias de anatomía humana que intercala con los diarios del día, concretamente, por la sección de esquelas de los diarios. Los niños que cuida cuentan a sus padres que el señor Ed es todo un aventurero, que ha estado en muchos países exóticos y que de allí son las cabezas amputadas y calaveras que les enseña, regalos de tribus de jíbaros en sus exploraciones.
-¡Qué imaginación que tiene este hombre! Hay que ver las cosas que se le ocurren al bueno de Ed para entretener a los chicos… Estos son los comentarios en el vecindario.

Ed ha encontrado una nueva afición, por fin de nuevo hay mujeres en su vida. Ahora, en cierto modo, consigue suplir la ausencia de su madre. En su pequeña granja de nuevo se desprende calor humano, aunque este calor solo es el que emanan las lámparas que ha confeccionado con piel humana. Sí, Ed se ha transformado en todo un manitas. En las esquelas del periódico busca su materia prima, mujeres que mueren y que el desentierra al amparo de la noche y transporta hasta su pequeño taller de bricolaje en la granja. No todas son buenas, deben de tener ciertos rasgos que las asemejen a su difunta madre. Aprovecha para profanar las tumbas el mismo día del entierro, así la tierra está fresca y cuando vuelve a rellenar los huecos nadie se da cuenta. No siempre se lleva los cuerpos completos, a veces solo corta las partes que más le interesan… una pierna, una cabeza o quizás un par de bonitas manos.
Eddie une su imaginación con la agilidad que ha adquirido al desempeñar los diferentes trabajos a lo largo de los años, con paciencia, va re decorando su hogar hasta convertirlo en uno de los lugares más macabros y tétricos que jamás hayan existido.
Hagamos un pequeño paréntesis en este punto para hacer un rápido tour por el hogar del viejo Eddie.
“Imaginen un lugar oscuro, apenas iluminado por la mortecina luz que las pantallas de piel humana dejan pasar. La suciedad y la basura se amontonan en todos los rincones, en el fregadero, se amontonan platos y cubiertos desde hace tiempo, con restos difíciles de catalogar. Una pequeña mesa en el centro de la cocina… sobre la mesa, unas calaveras humanas son la única decoración de la estancia. Algunas están perfectamente cortadas para usarse a modo de cuenco. Arrímense un poco más y verán unas colillas en el interior de una de ellas… pero ¿Qué es esto?… al acercarse a la mesa quizás apoyen sus manos en alguna de las sillas y noten un tacto extraño… si, el cuero de las sillas también es piel humana. Piel perfectamente curtida y tapizada. Del susto trastabillamos un poco hacia atrás y golpeamos contra los cacharros del fregado… de repente, el zumbido de las moscas se confunde con el estrepito de algunos cubiertos que caen al suelo. Al recogerlos, notamos que la forma y la textura de algunos de ellos es también un poco atípica… ¡aggghh! Rápidamente los soltamos al comprobar que el mango es un hueso recubierto de piel… ¿Qué clase de broma es esta?…
La boca se nos ha secado y viendo el roñoso grifo del fregadero, abrimos la nevera con la esperanza de encontrar algo de agua potable… pero quizás no deberíamos de haberlo hecho, pues en la nevera de Eddie siempre hay un poco de carne, aunque no precisamente fresca. Varias cabezas cortadas, un plato con un par de corazones… un muslo… cerramos horrorizados la nevera y salimos entre fuertes arcadas de la nauseabunda cocina.
Entramos en el pequeño salón, algunos libros de anatomía se encuentran abiertos sobre la pequeña mesita frente al sofá… en algunas de sus páginas se ven restos de sangre, suponemos que han sido consultados en plena faena. Junto a la mesa, tras lo que hemos visto en la cocina, enseguida distinguimos que la papelera está confeccionada también con piel humana. Pequeños objetos hechos con huesos se diseminan por los muebles del salón. Sobre un estante, unas cajas perfectamente alineadas destacan sobre el resto… arrímense con cautela y ábranlas, quizás sean fotos antiguas… ¡Dios! La colección que guardan esas cajas no son más que restos humanos curtidos y catalogados, narices, orejas, vaginas, pezones… todo está allí guardado a la espera de que Eddie les encuentre un buen uso.

Acongojados ante la imagen bizarra de la pequeña colección, pasamos por un pequeño pasillo que nos lleva hasta un cuartucho que vagamente nos recuerda a una habitación. Sobre un colchón destartalado y sucio, se amontona ropa de la que no se distingue ni el color. Al fondo, un viejo armario con las puertas abiertas y un aparador con un espejo roto es el único mobiliario de la habitación. Nos acercamos al desvencijado armario… algunas prendas cuelgan en su interior… ¿Es una chaqueta de cuero eso que hay ahí dentro? Alargue usted el brazo y sáquela para que podamos ver mejor de que se trata. [……………….] Es un traje completamente tejido con cuero humano… pero no es exactamente un traje, es como una especie de funda de mujer… está completa, tiene pechos y vagina. Y en el interior del armario hay otros complementos de moda como un cinturón con pezones a modo de remaches y unos collares con unos abalorios que nos lleva un rato identificar… son labios intercalados con las pequeñas falanges de los dedos. ¡Realmente horroroso! Pensamos que estas prendas son lo más tétrico que hemos encontrado en la casa… pero a los pocos segundos cambiamos de opinión. Sobre el aparador, junto a un montón de pelucas, encontramos otra peculiar colección. Al principio nos parecen máscaras de las que se suelen utilizar en Halloween, pero pronto vemos que no tienen nada de normal. Son caras humanas, máscaras confeccionadas con sumo cuidado con la piel que posiblemente, hace un tiempo, recubría las calaveras que encontramos en la cocina. Esto es inaguantable, no podemos soportar un solo segundo más en este lugar, salgamos antes de que Eddie vuelva de la taberna y nos encuentre fisgoneando en sus cosas”
Ciertamente, Ed tiene un claro problema con su sexualidad. Incluso se informa de los costes y procesos para un cambio de sexo, algo que en los años cincuenta era algo extremadamente raro. Ante la imposibilidad de llevarlo a cabo, disfrazase de mujer, literalmente, suple temporalmente sus complejos. Pero hay algo que le molesta, la piel que usa para sus vestidos es de mujeres que ya llevan varios días muertas y al bueno de Ed solo le ronda por la cabeza lo bueno que sería poder confeccionarse un bonito traje con piel fresca.
En 1954, en la taberna de los Hogan de Plainfield, encuentran un charco de sangre en el lugar donde debería de estar Mary Hogan, la tabernera. Mmmm… esto es otra cosa, piensa Ed. Así da gusto curtir piel.
La policía, en todo un alarde de perspicacia, tampoco relaciona al viejo Ed con el caso, pese a que este, en otra demostración de su bajo nivel de inteligencia, se pavonea semanas después del asesinato ante un vecino de la zona, de tener a Mary viviendo en su granja. Pero claro, de nuevo el viejo loco está inventándose historias para captar la atención… nadie le hace caso.
El revuelo que se monta en el lugar es grande, y Ed vuelve durante un tiempo a la relativa tranquilidad de sus profanaciones. Pero unos años después, el 16 de Noviembre de 1957, Ed cometería un error demasiado grave como para pasarse por alto, incluso al policía más inepto.
En la ferretería del pueblo, Ed compra anticongelante para alguno de sus tractores. No se sabe muy bien los motivos, quizás la compra fuese la escusa para ir hasta el lugar a por su nueva víctima, y quizás esta fue una presa más difícil de lo que el imaginaba, la cuestión es que finalmente Bernice Worden, dueña del establecimiento, muere de un disparo de la vieja escopeta de Ed. No hay testigos, Ed carga el cuerpo en su furgoneta y se marcha tranquilamente. En la tienda solo queda de nuevo un gran charco de sangre… y algo más, el apunte en el libro de contabilidad de la última venta: Anticongelante-Eddie Gein.
La policía detiene al bueno de Eddie esa misma noche, y como antesala de lo que descubrirían en la casa de los horrores, está el cuerpo de Bernice, colgada boca abajo de un techo, decapitada, abierta en canal y destripada.
Lo que se encuentra en el Dantesco hogar de los Gein, corre como la pólvora por todo el país. Las portadas acaparan el rostro bonachón de este psicópata bajo comentarios de sus vecinos sorprendidos con frases como “Era un buen tipo” o “Nunca lo hubiésemos imaginado”.
Los psicólogos encuentran en Ed un claro ejemplo de poli psicopatías de lo más variadas, entre ellas, voyerismo, necrofilia, travestismo y fetichismo, por citar algunas. Una personalidad psicópata que será usada a modo de ejemplo en las universidades de todo el mundo.
Durante los años anteriores a estos sucesos, en la zona hubo muchas otras desapariciones como las de Georgia Weckler, que se esfumó un día de Mayo de 1947 mientras regresaba del colegio. Otra joven de quince años desapareció en 1953 mientras volvía a casa de su trabajo como niñera. También Evelyn Hartley, una joven de La Crosse desapareció en extrañas circunstancias por aquellas fechas y por último, Víctor Travis y Ray Burgues desaparecieron mientras estaban de caza. Aunque estos últimos se salen bastante del perfil de Ed, sí que se sospecha que las jóvenes fueron asesinadas por él, aunque nunca se encontraron restos ni pruebas para acusarlo.
Eddie Gein, el carnicero de Plainfield, fue culpado de dos muertes y de la profanación de nueve cadáveres aunque no fue juzgado ya que se catalogó como enfermo mental y fue internado en un psiquiátrico donde pasaría los últimos años de su vida hasta morir víctima de un cáncer el 26 de Julio de 1984. Paradójicamente, su estancia en la institución mental fue bastante peculiar, pues no precisaba de ningún tipo de medicamento y parecía una persona, a todos los efectos normal, sin síntomas aparentes de todas las psicopatías que los expertos le habían atribuido en su examen.
Sin duda, al leer este artículo, a todos os habrán venido imágenes a la mente de míticas películas como Psicosis, del maestro Hitchcock (Adaptación de una obra de Robert Bloch), o las no menos conocidas “La matanza de Texas” o “El silencio de los corderos”. Pues sí, todas ellas y muchísimas obras más están inspiradas en el personaje de este Psicokiller, que no ha pasado a la historia por la cantidad de sus asesinatos, si no por las atrocidades que hacía con los cuerpos.
Charles Manson
"Los 4 Jinetes el Apocalipsis eran los Beatles"
Helter Skelter es el nombre de un tobogán en espiral que se puede encontrar en los parques de atracciones británicos. Es también el nombre de la canción más larga de los Beatles, compuesta por Paul Mc Cartney y editada en el Álbum Blanco del grupo en 1968. La expresión puede traducirse también como “desorden”, “desbandada” o “descontrol”. En las ediciones en castellano figura como “a troche y moche” y su letra puede ser interpretada como un “viaje alucinógeno” en uno de estos tobaganes. El título de la canción apareció escrito con sangre en la escena de uno de los crímenes más violentos y enigmáticos cometidos en el verano de 1969 en una zona cercana a Los Ángeles, en California.
Charles Manson nació el 12 de noviembre de 1934 en Cincinnati, Ohio. Fue hijo no deseado de una prostituta alcohólica de 16 años llamada Kathleen Maddox. El propio Manson llegó a contar de su madre, que era una ladrona que en una ocasión lo vendió a una camarera por una jarra de cerveza. Su madre acostumbraba a desaparecer largas temporadas de casa y lo dejaba a cargo de su abuela o de su tía, una iluminada que decía conocer la voluntad de Dios. A los 9 años fue arrestado por robo de coches y enviado a un reformatorio, este episodio se repitió en innumerables ocasiones hasta que entró por primera vez en la cárcel con 19 años. En la calle descubrió pronto el alcohol y las drogas, lo que le llevaron a adquirir actitudes antisociales incurriendo en la delincuencia a muy temprana edad. Estuvo en prisión por diversos delitos a lo largo de los años 50, principalmente por robos, estafas, delitos relacionados con la prostitución y violaciones homosexuales. Pasó gran parte de esos años y casi la totalidad de la década siguiente en la cárcel. En 1967 terminó de cumplir sus condenas y se fue a vivir a San Francisco para crear un grupo llamado “La Familia”, con varios jóvenes desarraigados y desencantados con el sistema, la mayoría chicas, que veían en el LSD y en las arengas apocalípticas de Manson la forma de llenar sus vidas improductivas. Sus allegados decían que él mismo se autoproclamó la reencarnación de Satanás, Jesús y Dios, influenciado por sus lecturas carcelarias de la Biblia, libros de religiones orientales y su gusto por la música innovadora de la época. Con ellos se trasladó a Los Ángeles a vivir en el rancho de un anciano, que les ofreció hospedaje a cambio de que hicieran las tareas domésticas, aunque Manson nunca colaboró. Los cuatro Beatles eran para Manson los Cuatro Jinetes del Apocalipsis y siempre deseó convertirse en el quinto integrante del grupo e interpretó la canción “Helter Skelter” como la guerra racial entre negros y blancos que, según él, se avecinaba. Vencerían los negros, quienes matarían a todos los blancos, pero al considerarse incapaces de gestionar el mundo, acudirían a “La Familia”, que antes de la hecatombe se habría escondido en una ciudad subterránea llamada “Agartha”, construida a través de un túnel subterráneo en el desierto y cuyos miembros se habrían multiplicado hasta ser 144.000, convirtiéndose en los amos del nuevo orden mundial al aniquilar a los negros.
Un integrante del grupo musical Beach Boys convivió durante un tiempo con “La Familia” y Manson intentó a través de él que un productor editara algunas de las canciones que él mismo componía y cantaba, pero el “Beach Boy” rompió la relación con ellos al observar sus extrañas conductas . Manson, sintiéndose frustrado, decidió visitar al productor musical, que era hijo de la actriz Doris Day, en su domicilio, pero fue expulsado en el jardín por un hombre y una mujer desconocidos para él. La mujer era la joven y hermosa actriz Sharon Tate, esposa del director de cine Roman Polansky, nuevos propietarios de la casa, que la habían comprado al productor musical. La creciente frustración, el rencor y la humillación sufrida hicieron que el viernes 8 de agosto de 1969 Manson ordenara la ejecución de todas las personas que se encontrasen en la casa. Para ello envió a Susan Atkins, Patricia Krenwinkel, Leslie Van Heuten y Tex Watson, todos ellos miembros de su “familia”.
Aunque Manson sólo los acompañó en el coche, éstos cuatro asesinaron de 102 puñaladas en total a las cinco víctimas presentes en la casa: un hombre que salía de ella en su coche y cuatro que estaban dentro: Sharon Tate, embarazada de ocho meses y tres amigos. Su esposo, Roman Polansky, por aquellos días se encontraba trabajando en Londres. Los torturaron, insultaron y apuñalaron, siendo Tate la última en morir a manos de Susan Atkins, quien la apuñaló varias veces en su vientre y luego la ató al cuerpo de uno de sus amigos, que era un antiguo novio y los colgó como ahorcados de una viga del techo. Con su sangre escribieron la palabra “cerdos” en una pared.
Al descubrirse la masacre de la casa de Polansky, los sucesos fueron interpretados como un ritual satánico o una guerra de traficantes de drogas. La Policía comenzó a detener a hippies y entre ellos capturaron a Susan Atkins y la acusaron de haber matado, la semana anterior, a su profesor de música. Más adelante, en la cárcel, Atkins le contó a su compañera de celda que había asesinado a Sharon Tate. La presa se lo dijo a los guardias y el 3 de diciembre, anunciaron que las masacres estaban resueltas. El fiscal Vincent Bugliosi nunca pudo probar la participación de Manson en las muertes, pero el testimonio de Atkins lo implicó como “autor intelectual”. Fue sentenciado a pena de muerte, aunque al abolirse ésta en California, sigue cumpliendo cadena perpetua.
“El arropiero”, el vagabundo de la muerte.
Su primer abogado defensor –de oficio–, el letrado catalán Juan Antonio Roqueta Quadras-Bordes, dijo que si saliera en libertad “no tardarían en aparecer, a las pocas horas, cuatro o cinco cadáveres”. Para Roqueta era como un volcán: tan pronto estaba en calma como entraba en erupción y te abría “en canal” porque le negaras un cigarrillo.
Confesó tantos crímenes a la policía que los agentes encargados del caso creyeron que se encontraban ante un fabulador extraordinario, por lo que acotaron sus crímenes probables a una lista más verosímil, de sólo 22, de los cuales llegaron a probarle ocho. Pero el Arropiero dio tantos detalles, y tan precisos, de sus delitos –algunos cometidos fuera de nuestro país– que su abogado siempre creyó que su cliente era, sin lugar a dudas, “el más grande asesino de la historia”.
Nunca fue legalmente juzgado ni, por tanto, culpado por sus crímenes. Al serle detectada una grave enfermedad psiquiátrica se le declaró falto de responsabilidad penal, y la Audiencia Nacional ordenó en 1978 su internamiento en un centro psiquiátrico. Estuvo mucho tiempo en Carabanchel (Madrid) y en Fontcalent (Alicante). Los últimos años de su vida los pasó ingresado en el psiquiátrico de Santa Coloma de Gramanet (Barcelona), de donde podía salir a pasear libremente. Falleció en 1998, víctima de una afección pulmonar.

En los psiquiátricos subsistía con altibajos en su esquizofrenia, que se completaba con un cuadro de delirio megalomaníaco y desorientación tempo-espacial, así como con una fuerte tendencia al autismo, lo que le aislaba del mundo que le rodeaba. La enfermedad pulmonar que finalmente le mató fue debida al tabaco, ya que se pasó los largos años de reclusión fumando un cigarrillo tras otro, devorando cajetillas, hasta desarrollar una EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica). Es irónico que el mayor asesino de España fuera a su vez asesinado por el tabaco, uno de los mayores asesinos del mundo.
El Arropiero debe su apodo a que su padre vendía arrope, un dulce de higos; primero fue “el hijo del arropiero” y luego se quedó con el mote. Manuel Delgado Villegas nació en Sevilla el 25 de enero de 1943. Su madre, que contaba entonces 24 años, murió al dar a luz, por lo que él y su única hermana, Joaquina, fueron criados por su abuela.
Aunque fue a la escuela, no sabía leer ni escribir. A los 18 años ingresó voluntario en la Legión, donde aprendió uno de los golpes mortales –el de la mano abierta en el cuello– con que dio fin a muchas de sus víctimas. Tras desertar, emprendió un largo vagabundeo por España, Italia y Francia; y fue dejando su camino sembrado de cadáveres. Fue detenido el 18 de enero de 1971 en el Puerto de Santa María, Cádiz, por la muerte de Antonia Rodríguez Relinque, con la que mantenía relaciones sentimentales.

El asesinato de su novia fue la última de sus fechorías. Durante los interrogatorios dejó atónitos a los policías con el relato de sus crímenes. Se atribuyó desde el asesinato de una hippie francesa hasta el célebre “crimen de la tinaja”.
El Arropiero presentaba entonces un aspecto muy singular: corpulento y atlético, caracterizaba su rostro con un inconfundible bigote a lo “Cantinflas”, en homenaje al que era su personaje más admirado. Salía con Antonia Rodríguez, una mujer subnormal, soltera, de 38 años, mucho mayor que él, a la infligía malos tratos. El día del crimen la llevó en moto a un lugar del campo, solitario, donde mantuvieron relaciones sexuales. Movido por el impulso irrefrenable que le hizo cometer tantos crímenes, rodeó el cuello de Antonia con los leotardos que le había quitado y la estranguló mientras hacían el amor.
Los policías se ganaron la confianza del asesino y lograron que les llevara donde había ocultado el cuerpo. Uno de los detalles más espeluznantes que sabrían sobre la marcha fue la necrofilia del criminal, pues abusaba sexualmente de los cadáveres.
El primero de sus asesinatos comprobados lo cometió en Cataluña el 21 de enero de 1964, en la playa de Llorach (Garraf). Se acercó a un hombre que dormía apoyado en un muro –el cocinero de 49 años Adolfo Folch Muntaner– y le destrozó el cráneo con una piedra. Luego le robó el dinero, la cartera y el reloj.
Su segundo crimen comprobado se descubrió el 20 de junio de 1967, cuando se encontró el cadáver de una estudiante francesa de 21 años, Margaret Helene Boudrie, en Can Planas, una masía de Ibiza. Su cuerpo estaba totalmente desnudo y tenía un fuerte golpe en un ojo, así como contusiones y arañazos en el cuello. En la espalda había recibido una puñalada. El Arropiero dijo a los policías que se había ganado su confianza, que le robó una cadena con una medalla que llevaba al cuello y que abusó de ella una vez muerta.
El tercer asesinato admitido y probado fue el de Venancio Hernández Carrasco, vecino de Chinchón, al que hallaron muerto en las aguas del Tajuña el 20 de julio de 1968. Había salido al trabajo en un viñedo de su propiedad, a orillas del río, cuando se encontró con Delgado Villegas, que le pidió algo de comer. Venancio le respondió que si quería comer, trabajara, que era joven. Esto ofendió a Delgado Villegas, que atacó a su víctima con el “golpe legionario” y la arrojó al río. Hasta la confesión de Villegas todo el mundo creyó que había muerto ahogado por accidente.
El cuarto asesinato fue descubierto en Barcelona, a primeras horas del 5 de abril de 1969, por las limpiadoras de un almacén de muebles de la Avenida del Generalísimo. Éstas hallaron al propietario, Ramón Estrada Saldrich, inconsciente pero aún con vida. Murió en el Hospital Clínico. El Arropiero le había conocido en un bar y se habían hecho amigos. Con cierta frecuencia iban al almacén. La noche del crimen Delgado Villegas le pidió mil pesetas y Estrada se negó a dárselas. Aquél golpeó a éste en el cuello, como solía hacer con sus víctimas, y le remató estrangulándolo. Luego le robó las sortijas, el reloj y la cartera.
La quinta víctima comprobada fue una anciana de 68 años: Anastasia Borrella Moreno, una mujer menuda y vivaracha que trabajaba en la cocina del bar Iruru de Mataró. El 23 de noviembre de 1969 salió camino de su casa… y nunca llegó a ella. Cuatro días más tarde unos niños que jugaban en el túnel de la Riera Sirena, a unos 300 metros del domicilio de Anastasia, encontraron el cadáver. Estaba cubierto con un plástico, boca arriba, con las ropas subidas. La habían matado a golpes con un ladrillo.
Villegas explicó que aquel día tenía ganas de una mujer. Al encontrarse con la anciana le preguntó si quería tener acceso carnal con él. Anastasia reaccionó indignada y le amenazó con avisar a la policía. Por eso la mató y la tiró al torrente seco. Como se veía desde arriba, bajó para esconderla en el túnel. Se sintió excitado y abusó de su víctima. Este acto de necrofilia lo repitió todas las noches siguientes, hasta que el cuerpo fue encontrado.
El sexto crimen reconocido tuvo lugar el 3 de diciembre de 1970, y la víctima era un amigo de el Arropiero. Se llamaba Francisco Marín Ramírez, tenía 24 años, era de Córdoba y vivía en la misma calle que Antonia Rodríguez, la novia oligofrénica del criminal. Según Delgado Villegas, iba con Francisco en una moto cuando, en medio de la carretera, el muchacho le hizo algunas caricias, cosa que le sacó de quicio. Paró la moto y le asestó su célebre golpe en el cuello. El muchacho se quedó sin respiración y le pidió que lo llevara a recuperarse junto al río. Allí, según Villegas, volvió a insinuársele, y por eso lo tiró al agua.
A partir de aquí, el Arropiero se culpó de tal cantidad de crímenes que desbancó a muchos considerados en el mundo como los primeros en cuanto a número de víctimas. En San Feliú de Guixols dijo haber estrangulado a una extranjera; en Alicante dio muerte a una mujer a navajazos; en Barcelona, a un homosexual, al que estranguló con un cable; en Valencia, a una mujer, a la que metió en una cuba.
Manuel Delgado Villegas no tuvo abogado defensor hasta seis años y medio después de ser detenido. Entre sus récords está el de la detención preventiva más larga sin protección legal. Fue el primer criminal al que se llevó en avión por España para comprobar la veracidad de sus estremecedores relatos. En las pruebas médicas se le detectó el cromosoma XYY, conocido universalmente como el de la criminalidad. Por su “doble Y”, distintivo de virilidad, a quienes lo poseen se les ha llamado también “superhombres”, lo que no deja de ser un sarcasmo, dado que es frecuente observarles alteraciones sexuales de inmadurez y homosexualidad.
El Arropiero, en sus últimos años, fue un hombre muy singular, con enormes barbas y pelo largo, como si fuera el Robinson de los psiquiátricos. El avance de su enfermedad hizo imposible, en los últimos tiempos, mantener una conversación coherente con él.