Entre una avalancha de venganzas, fusilamientos, destituciones y órdenes desesperadas, la escena dantesca de la ocupación de Berlín por los rusos es inevitable. Las últimas fuerzas operativas, capaces de presentar resistencia organizada en Berlín, intentan aún defender la capital entre el 20 y el 22 de abril de 1945: el 3er Cuerpo blindado de las SS del General Steiner por el Norte; el 12º Ejército del General Wenck por el Sur, y el 9º Ejército del General Busse de Oeste a Este. Pero el primero se ve obligado a retroceder, empujado por los hombres de Zhukov; el segundo es diezmado en Spandau por los estadounidenses, y el tercero no consigue acercarse siquiera a la ciudad, cuyos arrabales dominan ya las tropas de Koniev y sólo le queda replegarse para unirse al ejército de Wenck. La resistencia de Berlín cesa prácticamente el día 30, con la noticia de que Hitler se ha suicidado. Dos días después el General Weidling rinde la plaza.
En la antigua Grecia, la superioridad masculina se trasladaba asimismo a la práctica sexual, tomando el hombre a la mujer por detrás, teniendo ésta que adoptar una posición sumisa. Su práctica era tan extendida que incluso ha llegado hasta nuestros días con el nombre de griego, haciendo referencia directa al sexo anal, aunque en el coito a tergo puede ser tanto anal como vaginal en el caso de las parejas heterosexuales.
Aunque en Roma no estaba permitido —ni por consiguiente bien visto— que un ciudadano romano mantuviera sexo anal (poedicare) con otro ciudadano romano, no había ningún impedimento si lo hacía con un esclavo o esclava. Horacio (65-8 a. C.), poeta lírico y maestro de la sátira, se hace eco de esta situación tan ubicua:
Cuando la entrepierna azuza y tienes a mano un esclavo y una esclava, ¿sobre quién saltas enseguida? ¿No preferirás que se te reviente, no? ―Por supuesto que no. Me gusta el sexo fácil y asequible.
Sátiras 1.2.114-9
El sexo anal ha sido considerado tabú en muchos países occidentales desde la Edad Media cuando se rumoreaba que miembros varones de movimientos heréticos lo practicaban entre ellos.
Durante la Edad Media, la mayoría de los clérigos cristianos no eran del todo célibes, pero las órdenes más elevadas de algunos credos heréticos sí, lo que generaba el rumor de su atracción hacia miembros de su mismo sexo. Algunos retablos y drolleries medievales en madera retratan a personas realizando anilinguo con un demonio mitad cabra, mitad hombre.
Esta práctica ha sido condenada en los últimos dos mil años por la mayoría de las religiones: tanto por ser infértil (es una de las prácticas naturales más típicas para el control de la natalidad, en cuanto coito substitutivo del vaginal), como por conllevar serios riesgos higiénicos. Aún en 2007 la pedicación se considera delito en ciertos estados de Estados Unidos de América, incluso dentro de matrimonios legalmente constituidos.
La persistencia del tabú a lo largo de los siglos ha difundido la idea de que el coito anal sería «antinatural», frente al coito vaginal. Sin embargo, hay que considerar que en el proceso evolutivo la vagina es un conducto de muy reciente aparición, y que en la etapa en que se desarrollaron los reptiles el conducto receptor del semen fue la cloaca, por lo que ambas prácticas sexuales se dan en la naturaleza, y en realidad el sexo anal se viene dando desde muchos millones de años atrás. Hay que considerar también que la sexualidad humana tiene fines más amplios que el meramente reproductivo, y en este sentido, en tanto que esta práctica también puede considerarse un juego sexual, tiene también pleno sentido biológico.
Prevalencia
Actualmente, el sexo anal está considerado una de las prácticas sexuales más extendidas en parejas homosexuales y también heterosexuales. Diversos estudios revelan que, hoy en día, mujeres y hombres confiesan disfrutar del sexo anal. Aproximadamente el 40% de las parejas heterosexuales lo han intentado al menos una vez y, según atendamos a unos u otros estudios, entre el 10 y el 20% de las parejas lo practican con regularidad. Incluso en algunos países de Latinoamérica la práctica es realizada por el 20% de las mujeres y el 24% de los hombres, siendo la práctica más común tras el sexo vaginal y el oral.2
Sexo anal en la cultura
Sexo anal en la literatura
Además del Marqués de Sade, muchos autores como Bocaccio, Chaucer, Petronio o Rabelais han descrito este tipo de prácticas en sus obras. Entre los autores del siglo XX que han introducido escenas de sexo anal en sus escritos, se encuentran Guillaume Apollinaire y Pierre Louys.
Algunas citas extraídas de literatura acerca del sexo anal:
La postura más usada para la mujer, en este goce, es acostarse boca abajo, en el borde de la cama, con las nalgas bien separadas, la cabeza lo más bajo posible. El lascivo, tras haber disfrutado un instante con la perspectiva del bello culo que se le ofrece, tras haberlo palmoteado, palpado, a veces incluso latigado, pellizcado y mordido, humedece con su boca el lindo ojete que va a perforar, y prepara la introducción con la punta de su lengua; moja asimismo su aparato con saliva o con pomada y lo presenta suavemente al agujero que va a horadar; con una mano lo lleva, con la otra separa las nalgas de su goce; cuando siente su miembro penetrar, es preciso que empuje con ardor, teniendo mucho cuidado de no perder terreno; a veces la mujer sufre entonces, si es nueva y joven; pero sin miramiento alguno para con los dolores que pronto van a convertirse en placeres, el jodedor debe empujar con vivacidad su polla gradualmente, hasta que por fin haya alcanzado la meta, es decir, hasta que el pelo de su aparato frote exactamente los bordes del ano del objeto al que encula. Que prosiga entonces su camino con rapidez: todas la espinas están ya cogidas; sólo quedan las rosas. Para acabar de metamorfosear en placer los restos de dolor que su objeto aún experimenta, si es un joven muchacho que le coja la polla y se la menee; que acaricie el clítoris si es una muchacha; las titilaciones del placer que provoca cuando encoge prodigiosamente el ano de la paciente, redoblarán los placeres del agente que, colmado de gusto y de voluptuosidad, disparará pronto al fondo del culo de su goce un esperma tan abundante como espeso, que habrán provocado tan lúbricos detalles
Filosofía del tocador, Marqués de Sade
Guillaume Apollinaire, en su obra Las once mil vergas:
Las manos de la chica no se quedaron inactivas: habían agarrado la verga del príncipe y lo habían dirigido por el estrecho sendero de Sodoma. Alexina se inclinaba de manera que su culo destacara mejor y facilitara la entrada del cipote de Mony.
Giovanni Boccaccio:
Dicho lo cual, la llevó a uno de los dos lechos y le enseñó qué postura debía adoptar para aprisionar a aquel maldito diablo. La joven Alibech, que nunca había metido el diablo en el infierno, experimentó un gran dolor ante las acometidas de aquel, por lo cual dijo: “En verdad, muy malo y un tremendo enemigo de Dios debe de ser este diablo, pues hasta en el momento en que se le mete en el infierno causa mal.
Allen Ginsberg:
Dulce chico, dame el culo.
¿Nunca te has acostado con un hombre?
Sexo anal en el cine
Se considera que el primer coito anal del cine convencional lo protagonizó Gunnel Lindblöm, quien enseñó que se podía tener coitos en otro lugar que no fuera la alcoba con la luz apagada y por otro lugar que no fuera la vagina. El coito anal filmado en la película El silencio (1963) de Ingmar Bergman se llevó a cabo en las butacas de un cine semivacío.
También se podría indicar Querelle de Rainer Werner Fassbinder (1982)
Otros títulos en los que sucede sexo anal son los siguientes:
El último tango en París (la famosa escena de la mantequilla entre Marlon Brando y Maria Schneider);
El expreso de medianoche
Instinto básico (o, según la traducción en otros países hispanohablantes, Bajos instintos) (con los personajes de Michael Douglas y Jeanne Tripplehorn);
Isi/Disi. Amor a lo bestia
La buena estrella;
La casa de cristal
Pulp Fiction, del director Quentin Tarantino, en la escena del policía y Marselus Wallace.
Unfaithful (película), estelarizada por Richard Gere, Diane Lane y Olivier Martinez.
Brokeback Mountain, dirigida por Ang Lee, presentándose el sexo anal tanto hombre-hombre como hombre-mujer.
En cuanto a la cinematografía pornográfica, las escenas que contienen sexo anal se han vuelto omnipresentes, al ser una práctica muy demandada. En dichas escenas es común que, en ocasiones, las nalgas y el ano de la persona penetrada estén afeitados o depilados, así como los testículos y el pubis de la persona que penetra, para una mejor visualización de la penetración.