Bueno, para comenzar, éste es un post de sólo texto. Así que si no les gusta mucho leer, no pierdan su tiempo dejando cosas como 'No leí una mierda'.
Es una información interesante que busqué después de haber leido el libro de 'El exorcista' de William Blatty... Y personalmente me llamó mucho la atención, ya que nos da bastante información sobre el transtorno y las explicaciones psicológicas que pueden llevar a una persona a sufrir de una posesión. Bueno, aquí les dejo la info que encontré.
Posesiones Demoníacas: Los Posesos Ayer Y Hoy
En casi todas las sociedades humanas se ha sostenido la creencia en la «posesión» de seres humanos por parte de espíritus de carácter maligno, ya se les diera el nombre de diablo, poltergeist u otro. Los exorcistas han sido tradicionalmente los únicos capaces de expulsar a estos espíritus.
Es significativo que casi todos los pueblos hayan creído en la existencia de seres superiores malignos que podían adueñarse de ciertos lugares, o incluso de personas, para causar trastornos a la humanidad. Tenemos abundantes testimonios de este fenómeno, que se caracteriza por manifestaciones horripilantes: voces huecas que parecen surgir del cuerpo del «poseso», muebles que se desplazan, contorsiones inverosímiles... No es sorprendente, pues, que todas las culturas hayan buscado una explicación para este fenómeno y una manera de ponerle fin.
Los antiguos egipcios practicaron ritos para protegerse de las potencias amenazadoras que podían salirles al paso en este o en el otro mundo; en su religión los conjuros mágicos de carácter oral se complementaban con rituales consistentes en herir, partir o seccionar una representación del ser temido. En Sumer, Asiria y Babilonia aparece también una amplia demonología acompañada de ritos paralelos para protegerse de la acción de entes maléficos; uno de los procedimientos más generalizados era el de hacer pasar mágicamente el espíritu a un vaso u otro objeto, que luego se echaba al fuego o se rompía. Asimismo, algunas prácticas típicas de religiones animistas muy primitivas, por ejemplo, la reducción de cabezas entre los jívaros, constituyen también formas de exorcismo destinadas a capitalizar ciertas influencias espirituales.
La universalidad de estos rituales y su permanencia a través del tiempo no puede por menos que hacernos reflexionar sobre la naturaleza del fenómeno que los motiva. Las religiones, por otra parte, ya han dado su propia interpretación y han actuado en consecuencia.
Exorcistas E Iglesia
En la Edad Media toda posesión se consideraba como una manifestación física del demonio, contra la cual se empleaba incluso agua hirviendo.
Según una de las máximas autoridades en la materia, el sacerdote católico Corrado Balducci, miembro de la congregación De propaganda fide y especialista en problemas de posesión diabólica, sólo resulta verdadero uno de cada mil casos de los que se hace cargo la Iglesia católica.
No obstante, reconoce haber presenciado casos en que los posesos «emitían gritos que no eran humanos, vomitaban objetos y animales que nunca habían tragado, demostraban una fuerza que ni diez personas lograban contener. Volaban por la habitación. Aumentaban de repente hasta ocho veces de peso. Rugían como energúmenos cuando se les acercaba algún símbolo sagrado». Balducci es consultor habitual, en este terreno, de los obispos, en quienes recae actualmente la responsabilidad de autorizar los exorcismos, debidamente asesorados por personas de quienes se espera la máxima solvencia en psicología y parapsicología.
La Iglesia católica ha sido la institución que con mayor intensidad se ha dedicado a ayudar a los posesos y a perfeccionar las fórmulas de exorcismo destinadas a este fin. Jesucristo mismo fue el primero que dio «órdenes» precisas al demonio para que desalojara los cuerpos de algunos posesos de su época. Desde entonces, el principio del exorcismo ha variado poco: el exorcista tiene que dirigirse al demonio que «vive» en la víctima, y ordenarle, en el nombre de Dios, que se marche de allí. Si el espíritu ocupante se niega y los efectos de la posesión empeoran, entran en juego el empleo de símbolos sagrados y la propia personalidad del exorcista, que suele ser muy fuerte y proclive a la espiritualidad. La fórmula de exorcismo más habitual utilizada por la Iglesia católica romana se remonta a 1614, y está contenida en el Rituale romanum:
«Exorciso te, immundissime spiritus, omnis incursio adversarii, omne phantasma, omnis legio, in nomine Domini nostri Jesu Christi. Eradicare et effugare ab hoc plasmata Dei. Ipse tibi imperat, qui te de supernis coelorum in inferiora terrae demermergi praecipit. »
He aquí la traducción aproximada: «Yo te exorcizo, espíritu inmundo, toda incursión del adversario, todo espectro, toda legión, en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo. Despréndete y huye de esta criatura de Dios. Te lo ordena aquel que te hizo precipitar desde lo alto de los cielos a las profundidades de la tierra.»
La Iglesia católica no es la única institución religiosa oficial que se ha preocupado por estos fenómenos: algunas Iglesias protestantes, especialmente la anglicana, poseen asimismo una larga tradición en este campo. Pero además, por su naturaleza misteriosa, otros ritos parecidos se han ido transmitiendo desde la antigüedad, muchas veces por canales poco ortodoxos, al margen de las religiones « oficiales» . En Galicia, por ejemplo, estas creencias han subsistido, a nivel popular, en las ceremonias llevadas a cabo por los «menciñeiros», personajes a medio camino entre el brujo y el exorcista.
Los Posesos, Hoy
Los casos de posibles posesiones diabólicas son cada vez más numerosos, debido quizás al aumento del stress y al creciente consumo de calmantes y antidepresivos. Pero aunque esto explica algunos de los casos, hay fenómenos que ningún trastorno emocional puede justificar. Además, la frecuencia con que aparecen hace que estos fenómenos sean cada vez más objeto de divulgación, a lo que ha contribuido particularmente el cine con una serie de producciones centradas en estos temas (El exorcista, Carrie, etc.)
Lo que resulta realmente alarmante es que muchas personas incompetentes o con intenciones abiertamente fraudulentas hayan adquirido el estatuto de «exorcistas». De ahí que en los últimos años se haya producido más de un caso de desenlace trágico: en 1975 la joven alemana Annaliese Michel murió a consecuencia de trastornos circulatorios, rodeada de extraños rituales de exorcismo; sus padres y dos sacerdotes implicados en los hechos fueron juzgados y condenados por homicidio por negligencia. En Gran Bretaña se registraron, entre 1977 y 1979, varías intervenciones erróneas que acabaron con internamientos hospitalarios, Asimismo, en 1981 ha estallado en Italia un grave escándalo en torno al ex salesiano Domenico Bernardini, fundador de un centro donde, con permiso episcopal, exorcizaba a jóvenes mujeres mentalmente inestables, que se sentían endemoniadas por sugestión, y a las que aplicaba una serie de violentas prácticas mágicas.
Estos y otros casos parecidos sugieren una de las problemáticas más delicadas del fenómeno de la posesión. ¿Qué clase de «posesos» deben someterse a un exorcismo en toda regla y cuáles a un tratamiento médico o psiquiátrico? En el mundo de hoy encontramos numerosas, o presuntas, víctimas de espíritus, demonios o poltergeists -como queramos llamarles-; pocos tienen idea de la naturaleza del fenómeno que les aqueja, ni de los riesgos que puedan correr.
Exorcismos Y Espíritus
El neurólogo Jean Martin Charcot, al que vemos en este grabado impartiendo una lección en su aula del hospital de La Salpêtrière, consiguió explicar numerosos casos de «posesión» mediante un diagnóstico de histeria.
Antiguamente, cualquier fenómeno paranormal recibía un tratamiento religioso. Entre los casos más célebres figura el deplorable episodio de «los demonios de Loudun» (1631), a raíz del cual el sacerdote Urbain Grandier murió en la hoguera, víctima de los manejos políticos y de las acusaciones de un convento de ursulinas en estado de posesión. Más famoso aún, si cabe, fue el largo proceso de las brujas de Salem. Este caso es célebre por haber sido una de las escasas cazas de brujas que tuvieron lugar en Norteamérica, donde estas persecuciones no fueron, ni mucho menos, tan frecuentes ni sangrientas como en el Viejo Mundo. Pero aparte de la popularidad que les haya proporcionado el teatro, las «posesas» de Salem tienen su lugar en la historia.
Estos dos ejemplos tienen, curiosamente, algo importante en común: ambos, una vez aclarados a la luz de la historia, resultaron ser una combinación de fraude deliberado y de histeria.
Actualmente, sin embargo, no resulta verosímil que se puedan producir casos como estos, ya que el procedimiento de las posibles posesiones es muy distinto. Desde el punto de vista estrictamente psicológico, los fenómenos de posesión se inscriben en el contexto de ciertos trastornos denominados «de escisión», que permiten la aparición de sistemas autónomos que logran suplantar la síntesis habitual de la personalidad: algo así como una grieta por la que asoma el magma de una región poderosa e insospechada.
Desde la aportación que el doctor Jean Martin Charcot (1825-1893), fundador de la neuropatología moderna, hizo al estudio de este tipo de fenómenos, éstos se han venido enmarcando en el cuadro de la histeria; pero ello no impide que algunos casos desborden todos los esfuerzos de la medicina. El acompañamiento de fenómenos parapsicológicos ha contribuido a reforzar el aspecto sobrenatural del asunto, por lo que muchos médicos, impotentes ante estos hechos, no dudan en remitirlos a las autoridades religiosas para someterlos a exorcismo.
El problema de decidir sobre la naturaleza de un fenómeno de posesión no es nuevo, como evidencia el testimonio del polígrafo benedictino fray Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), quien en su obra Teatro crítico universal dedicó uno de sus discursos a los «Demoníacos, endemoniados o energúmenos». Señala allí que muchos de ellos son fingidos, pero que no por ello deja de haberlos verdaderos (refiere, entre otros, el caso de una energúmena que fue exorcizada en el convento de Nuestra Señora de Valvanera, no lejos de Nájera, Logroño).
Por otro lado, en cambio, se permite dudar de la buena fe o de la sagacidad de los exorcistas que dan por sobrenaturales fenómenos de embaucamiento. En este sentido, se refiere a cierta posesa de Oviedo que, al parecer, hablaba latín sin saberlo, que sabía lo que ocurría en cualquier momento y lugar del mundo, y que saltaba como si tal cosa sobre la copa del árbol más alto. El exorcista creía plenamente en estos prodigios, pero Feijoo no dio su brazo a torcer; sólo veía en ella a una embustera. La hizo conducir a su presencia y le indicó que poseía conjuros más eficaces que los usados por otros sacerdotes. Le dirigió versos de Virgilio, Ovidio y otros poetas «articulados con gesto ponderativo y voz vehemente para que hiciesen más fuerte impresión, como en efecto la hicieron». Además, le aplicó una simple llave envuelta en papel diciendo que era una reliquia. Todo ello provocaba en la presunta endemoniada estremecimientos y convulsiones. Así descubrió que se trataba de un fraude.
Sin embargo, Feijoo, al tratar de las excepcionales fuerzas que asisten al poseso, se expresaba así: «Esto de volar de la calle al techo o del pavimento a la altura de la bóveda o colocarse sobre las cúpulas de los árboles, pisar sobre las espigas de las mieses sin doblar las cañas, se dice de muchos energúmenos cuando se da noticia de ellos en tierras distantes. Yo nada de estas cosas pude ver hasta ahora. El que lo viere no ponga en duda en que lo hace agente preternatural.»
La actitud de este erudito benedictino del siglo XVIII, ajena a una supersticiosa aceptación demonológica, le acerca considerablemente a la visión actual del problema. Hoy en día, este tipo de fenómenos no parece hallarse en regresión. En cambio, la práctica del exorcismo propiamente dicho sí parece abocada a la desaparición a medio o largo plazo, paralelamente a la disminución de la fe religiosa que se aprecia en la sociedad. Sin embargo, resulta difícil de creer que el título de «exorcista» -a pesar de sus siniestras resonancias- pueda desaparecer por completo: antes bien pasará a aplicarse, como sucede ya actualmente, a personas que, como ciertos parapsicólogos y otros expertos, demuestran obtener cada vez mejores resultados en su trato con lo paranormal.
Explicación psicológica de las posesiones
La supuesta posesión por espíritus tiene su origen en experiencias traumáticas
Una investigación sugiere que podría ser un medio de expresión de la angustia en entornos desfavorecidos y sin esperanza de ayuda.
La supuesta posesión por espíritus es un fenómeno presente en la actualidad en muchas culturas del mundo. Mientras que algunas religiones le dan a este fenómeno una explicación “externa” (los individuos poseídos obrarían bajo el control de diversas entidades), la medicina y la antropología han enmarcado tradicionalmente las llamadas posesiones dentro del “trastorno de identidad disociativo”. Una investigación realizada en Uganda, donde se diagnostican muchos casos de posesión por espíritus, ha constatado que los poseídos presentan similitudes con las personas que sufren disociación. Por otra parte, el estudio ha revelado que una de las posibles causas del fenómeno serían las experiencias traumáticas más radicales.
En aquellas religiones que contemplan la existencia de espíritus, la posesión por espíritus describe el control, intermitente o permanente, por parte de un espíritu de las acciones del cuerpo de un ser humano.
Muchas religiones tienen un protocolo para distinguir una posesión de otro tipo de patologías de carácter no espiritual. En el caso de la religión católica, por ejemplo, se procede al ritual del exorcismo una vez que los psiquiatras han estudiado el caso. La finalidad del exorcismo sería la expulsión de las entidades que han tomado el control del individuo.
Otro síntoma que presenta las personas poseídas, son las reiteradas visiones y sentimientos que presentan, tales como sentir que un ente extraño les controla, sentimientos de ahogarse, quemarse, dolor, angustia y visión de entes, personas o espíritus extraños o ya fallecidos y que no son percibidos por los demás. Estos síntomas suelen aparecer en los diferentes tipos de trastornos disociativos, a menudo sobre todo en estratos socioeconómicos bajos o en regiones apartadas de la civilización y a menudo en cultos cristianos pequeños (sectas) se confunde los sintomas de la esquizofrenia o los trastornos de ideas delirantes con manifestaciones de posesión demoniaca...
¿Pero qué sabe la ciencia sobre este fenómeno? Desde un punto de vista médico, la posesión por espíritus o la posesión demoníaca está considerada un tipo de trastorno de identidad disociativo (caracterizado por la existencia de una o más identidades o personalidades en un individuo, cada una con su propio patrón de percibir y actuar con el ambiente), y ha sido descrita como la creencia del paciente de estar poseído por una divinidad o demonio, y de obrar bajo su control.
Estudios médicos previos
Desde un punto de vista médico, la posesión demoníaca se considera una de las formas del trastorno disociativo (de conversión) que antiguamente se denominaba histeria se codifica en la clasificación internacional de enfermedades mentales (CIE) de la Organización Mundial de la Salud decima versión como F-44.3 trastorno de trance o posesión o como F-44.81 trastorno de personalidad múltiple; tambien se halla incorporado en el Manual de Diagnostico y Estadistica en su cuarta versión (DSM-IV). Comúnmente se le denomina «demoniopatía» o «demoniomanía» y se describe como la creencia del paciente de estar poseído por una divinidad o demonio, y de obrar bajo su control.
Su estudio médico comienza en 1791, cuando Eberhard Gmelin publica el primer caso de «doble conciencia», inaugurando así el estudio científico de esta rara patología que había sido atribuída desde siempre a supuestas entidades espirituales.
Algunos datos importantes son la publicación de Pierre Janet del caso «Aquiles», sobre un sujeto que en 1890 es poseído por el demonio y curado por el tratamiento hipnótico. Posteriormente, Joseph Breuer en colaboración con Sigmund Freud publica en 1895 los Estudios sobre la histeria, que se basa en el caso de Anna O, una joven con personalidad múltiple que hablaba en lenguas extranjeras. Continua el proceso Théodore Flournoy con el estudio de la medium Helene Smith, en su libro publicado en 1899 Desde la India al planeta Marte. En la actualidad, aunque poco publicitados, se ha continuado estudiando el trastorno con revisiones sobre temas tales como vudú, chamanismo, exorcismo, etc.
La medicina ha identificado una serie de trastornos psíquicos y neurológicos en los que se manifiestan fuerzas y aspectos desconocidos del psiquismo humano cuyos síntomas se parecen a lo que las religiones interpretan como signos claros de posesión demoniaca.Por ejemplo en 1608 el monje italiano Francesco Maria Guazzo señalaba en su Compendium Maleficarum que era difìcil distinguir los signos indicativos de posesión de los sintomas de algunos trastornos mentales.
Por otra parte el neurólogo francés Jean-Martin Charcot fue el primero en percatarse de la similitud que mostraban los casos de histeria y los de posesión diabólica.
¿Cuál es la causa de la disociación y de los trastornos disociativos?
La investigación tiende a indicar que la disociación procede de una combinación de factores ambientales y biológicos. La probabilidad de que una tendencia a disociar sea heredada se considera que es de cero (Simeon et al., 2001). Por lo general, el abuso repetido físico y/o sexual en la infancia y otras formas de trauma se asocian al desarrollo de los trastornos disociativos (Putnam, 1985). En el contexto de un trauma crónico y severo en la niñez, la disociación puede ser considerada adaptativa porque reduce el intenso dolor emocional creado por el trauma. Sin embargo, si la disociación continúa utilizándose en la edad adulta, cuando el peligro original ya no existe, puede ser disfuncional. El adulto que disocia puede desconectar automáticamente de las situaciones que percibe como peligrosas o amenazantes, sin tener tiempo para determinar si existe un peligro real. Esto deja a la persona fuera de contacto en muchas situaciones de la vida diaria, e incapaz protegerse en momentos de peligro real.
La disociación puede también ocurrir cuando ha habido negligencia severa o abuso emocional, incluso cuando no ha habido abuso físico o sexual ostensible (Anderson y Alexander, 1996; Del oeste, Adán, Spreng, Y Rose, 2001). Los niños pueden también disociar en las familias en las que los padres son amenazadores, imprevisibles, disocian ellos mismos, o utilizan un estilo de comunicación altamente contradictorio (Blizard, 2001; Liotti, 1992, 1999a, b).
El desarrollo de desórdenes disociativos en la edad adulta parece estar relacionado con la intensidad de la disociación durante el acontecimiento traumático real; la disociación severa durante la experiencia traumática aumenta la probabilidad de la generalización de tales mecanismos tras el acontecimiento.
Ritual del exorcismo
¿Existe realmente el exorcismo? ¿Cuándo se lo realiza? ¿Todas las religiones lo practican? ¿Se relaciona o no con la existencia de Satanás? Detrás de todas estas preguntas se esconde la verdad científica, que aunque no satisfaga a algunos sectores religiosos, es capaz de explicar cada uno de los fenómenos implicados.
En realidad, la primera pregunta tiene una fácil respuesta: el exorcismo existe. Ese es el nombre que recibe el ritual o liturgia mediante el que se intenta expulsar un ente sobrenatural que (se supone) ha tomado posesión o control de un objeto físico o ser vivo. Es decir, el exorcismo vendría a ser el remedio a una situación, y como tal, existe y se practica. La cuestión de fondo es, sin embargo, la existencia o no de la “posesión” que intenta remediar.
El rango de entes que pueden ser causantes de una posesión que amerite un exorcismo es bastante amplio, y varia según las creencias de los implicados, es decir, la “victima” y sus “sanadores”. Pueden ser demonios, espíritus malignos, brujos, el mismísimo Satanás, etc. También varían los síntomas que presenta la victima, dando lugar a posesiones totales en las que el ente toma control de las funciones del poseído (puede moverse, hablar, etc., a través de la víctima) o posesiones parciales, en la que el ente solamente utiliza al poseído para alguna actividad concreta. Dentro de este último caso se encuentran los íncubos (o súcubos), que mantienen relaciones sexuales con la víctima mientras ésta duerme.
En general, el ritual de exorcismo más conocido es el católico, que incluye en su repertorio medidas “anti-entes” la repetición continua de oraciones, el dictado a viva voz de órdenes de expulsión, y por supuesto, el uso de objetos que resulten perjudiciales para la entidad que ha tomado posesión del objeto o ser. En el caso más habitual, la posesión demoníaca, se utilizan crucifijos, agua bendita, reliquias, etc.
Durante siglos se practico este ritual sobre toda aquella persona que mostraba “signos inequívocos” de estar “poseídos”. El problema residía en la forma de determinar si era necesaria o no la intervención de un sacerdote para sanar a la persona. ¿Cómo determinar si se estaba ante un caso de epilepsia (por ejemplo) o de Satanás en persona?
Este no es un tema menor. Según la iglesia Católica “es importante asegurarse, antes de celebrar el exorcismo, de que se trata de una presencia del Maligno y no de una enfermedad. (cf. CIC can. 1172)”. Esto, por supuesto, es mucho mas fácil de decir que de hacer. Si bien existen test y pruebas para detectar prácticamente cualquier enfermedad, como es lógico, no hay análisis de laboratorio que puedan certificar la presencia de Satanás dentro de una persona, y menos dentro de un objeto.
Imaginemos por un momento que estamos en el siglo XII o XIII, y que vivimos en algún lugar de Europa. La medicina casi no merece todavía ese nombre, y las sangrías son el tratamiento más avanzado que existe para curar cualquier cosa que se presente en el “consultorio medico”. Supongamos también que tienes la mala suerte de padecer, por ejemplo, un trastorno mental (alguna fobia, delirio, etc.) o alguna enfermedad como la epilepsia. Vives en una pequeña aldea, donde rápidamente tu problema llama la atención de todos, y la ciencia médica nada puede hacer por ayudarte. Es muy probable que en una situación como esa, se te practicase un exorcismo, ya que la única explicación “razonable” que tiene tu mal es una “posesión” de algún tipo.
Podemos argumentar que el problema en el ejemplo anterior es la incapacidad de la ciencia o tecnología disponible para efectuar un diagnostico correcto. Y efectivamente, esa es una parte importante del problema. Pero la otra cara de la verdad es que a los habitantes de la pequeña aldea les resulta más sencillo (aunque parezca extraño) creer que los síntomas se deben a la presencia (por ejemplo) de Satanás y no a un trastorno sicológico o un virus.
Esta facilidad para aceptar lo sobrenatural ha estado presente siempre en el ser humano, y aun en la actualidad, donde la ciencia ha demostrado la falsedad de infinidad de creencias erróneas, aún sigue existiendo. En el caso de los exorcismos y las posesiones, es la psiquiatría la que tiene la palabra.
"Cuando no podemos manejar el cuadro y se trata de una cuestión de fe, lo enviamos a los sacerdotes, sabiendo que no es el diablo que está dentro de ellos, sino aceptando los exorcismos como una terapia más", dice el psiquiatra Hugo Lande. Para Lande, “los exorcismos que practican los sacerdotes funcionan como una terapia de sugestión.”.
Ricardo Kogan-Medoy también es psiquiatra, y atiende desde hace varios años en forma gratuita a pacientes derivados por un sacerdote exorcista. Según Kogan-Medoy, las personas que para los sacerdotes exorcistas están poseídas por el demonio se encuadran, desde el punto de vista psiquiátrico, en el trastorno disociativo por trance o posesión. Este es un trastorno relativamente común y se encuentra descrito en la clasificación internacional de enfermedades mentales ICD-10.
Jordán, psiquiatra especializada en psicología clínica, citó la descripción publicada en el libro "Sinopsis de psiquiatría", de Harold Faplan y otros autores, donde se afirma que la posesión es "una alteración aislada o episódica del nivel de conciencia caracterizada por la suplantación de la identidad habitual por otra diferente (espíritu, poder, divinidad u otra persona)".
En la actualidad, muchos de los trastornos explicados como un “trance” o “posesión” no son más que cuadros provocados por un tóxico, sobre todo el LSD, o alguna intoxicación por medicamentos o por heroína. Si la persona se ha convencido de que esta “poseída”, ya sea por convicciones religiosas o algún desorden mental, esta claro que puede ser convencida de que mediante el exorcismo su mal va a desaparecer.
Diferente es el caso de las personas acusadas por otras de estar endemoniadas. En esos casos puede resultar bastante difícil para la victima demostrar que su problema (de existir alguno) tiene raíces más terrenales. Por ejemplo, el “Rituale Romanum” incluye pasos como los siguientes para que un exorcista pueda “liberar” a un endemoniado:
"No mantener conversaciones con el poseso, sólo interrogarle. No creerle ni confiar en él." Esto, como mínimo, hace muy difícil para la victima explicar que es lo que le pasa: diga lo que diga, no le creerán ni confiarán en él.
El número de exorcismos realizados por año no se conoce, ya que no se lleva una estadística oficial sobre el tema, pero según varias fuentes, aumenta cada año. La aldea se ha hecho mas grande, pero la gente sigue creyendo en las mismas cosas.
Es una información interesante que busqué después de haber leido el libro de 'El exorcista' de William Blatty... Y personalmente me llamó mucho la atención, ya que nos da bastante información sobre el transtorno y las explicaciones psicológicas que pueden llevar a una persona a sufrir de una posesión. Bueno, aquí les dejo la info que encontré.
Posesiones Demoníacas: Los Posesos Ayer Y Hoy
En casi todas las sociedades humanas se ha sostenido la creencia en la «posesión» de seres humanos por parte de espíritus de carácter maligno, ya se les diera el nombre de diablo, poltergeist u otro. Los exorcistas han sido tradicionalmente los únicos capaces de expulsar a estos espíritus.
Es significativo que casi todos los pueblos hayan creído en la existencia de seres superiores malignos que podían adueñarse de ciertos lugares, o incluso de personas, para causar trastornos a la humanidad. Tenemos abundantes testimonios de este fenómeno, que se caracteriza por manifestaciones horripilantes: voces huecas que parecen surgir del cuerpo del «poseso», muebles que se desplazan, contorsiones inverosímiles... No es sorprendente, pues, que todas las culturas hayan buscado una explicación para este fenómeno y una manera de ponerle fin.
Los antiguos egipcios practicaron ritos para protegerse de las potencias amenazadoras que podían salirles al paso en este o en el otro mundo; en su religión los conjuros mágicos de carácter oral se complementaban con rituales consistentes en herir, partir o seccionar una representación del ser temido. En Sumer, Asiria y Babilonia aparece también una amplia demonología acompañada de ritos paralelos para protegerse de la acción de entes maléficos; uno de los procedimientos más generalizados era el de hacer pasar mágicamente el espíritu a un vaso u otro objeto, que luego se echaba al fuego o se rompía. Asimismo, algunas prácticas típicas de religiones animistas muy primitivas, por ejemplo, la reducción de cabezas entre los jívaros, constituyen también formas de exorcismo destinadas a capitalizar ciertas influencias espirituales.
La universalidad de estos rituales y su permanencia a través del tiempo no puede por menos que hacernos reflexionar sobre la naturaleza del fenómeno que los motiva. Las religiones, por otra parte, ya han dado su propia interpretación y han actuado en consecuencia.
Exorcistas E Iglesia
En la Edad Media toda posesión se consideraba como una manifestación física del demonio, contra la cual se empleaba incluso agua hirviendo.
Según una de las máximas autoridades en la materia, el sacerdote católico Corrado Balducci, miembro de la congregación De propaganda fide y especialista en problemas de posesión diabólica, sólo resulta verdadero uno de cada mil casos de los que se hace cargo la Iglesia católica.
No obstante, reconoce haber presenciado casos en que los posesos «emitían gritos que no eran humanos, vomitaban objetos y animales que nunca habían tragado, demostraban una fuerza que ni diez personas lograban contener. Volaban por la habitación. Aumentaban de repente hasta ocho veces de peso. Rugían como energúmenos cuando se les acercaba algún símbolo sagrado». Balducci es consultor habitual, en este terreno, de los obispos, en quienes recae actualmente la responsabilidad de autorizar los exorcismos, debidamente asesorados por personas de quienes se espera la máxima solvencia en psicología y parapsicología.
La Iglesia católica ha sido la institución que con mayor intensidad se ha dedicado a ayudar a los posesos y a perfeccionar las fórmulas de exorcismo destinadas a este fin. Jesucristo mismo fue el primero que dio «órdenes» precisas al demonio para que desalojara los cuerpos de algunos posesos de su época. Desde entonces, el principio del exorcismo ha variado poco: el exorcista tiene que dirigirse al demonio que «vive» en la víctima, y ordenarle, en el nombre de Dios, que se marche de allí. Si el espíritu ocupante se niega y los efectos de la posesión empeoran, entran en juego el empleo de símbolos sagrados y la propia personalidad del exorcista, que suele ser muy fuerte y proclive a la espiritualidad. La fórmula de exorcismo más habitual utilizada por la Iglesia católica romana se remonta a 1614, y está contenida en el Rituale romanum:
«Exorciso te, immundissime spiritus, omnis incursio adversarii, omne phantasma, omnis legio, in nomine Domini nostri Jesu Christi. Eradicare et effugare ab hoc plasmata Dei. Ipse tibi imperat, qui te de supernis coelorum in inferiora terrae demermergi praecipit. »
He aquí la traducción aproximada: «Yo te exorcizo, espíritu inmundo, toda incursión del adversario, todo espectro, toda legión, en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo. Despréndete y huye de esta criatura de Dios. Te lo ordena aquel que te hizo precipitar desde lo alto de los cielos a las profundidades de la tierra.»
La Iglesia católica no es la única institución religiosa oficial que se ha preocupado por estos fenómenos: algunas Iglesias protestantes, especialmente la anglicana, poseen asimismo una larga tradición en este campo. Pero además, por su naturaleza misteriosa, otros ritos parecidos se han ido transmitiendo desde la antigüedad, muchas veces por canales poco ortodoxos, al margen de las religiones « oficiales» . En Galicia, por ejemplo, estas creencias han subsistido, a nivel popular, en las ceremonias llevadas a cabo por los «menciñeiros», personajes a medio camino entre el brujo y el exorcista.
Los Posesos, Hoy
Los casos de posibles posesiones diabólicas son cada vez más numerosos, debido quizás al aumento del stress y al creciente consumo de calmantes y antidepresivos. Pero aunque esto explica algunos de los casos, hay fenómenos que ningún trastorno emocional puede justificar. Además, la frecuencia con que aparecen hace que estos fenómenos sean cada vez más objeto de divulgación, a lo que ha contribuido particularmente el cine con una serie de producciones centradas en estos temas (El exorcista, Carrie, etc.)
Lo que resulta realmente alarmante es que muchas personas incompetentes o con intenciones abiertamente fraudulentas hayan adquirido el estatuto de «exorcistas». De ahí que en los últimos años se haya producido más de un caso de desenlace trágico: en 1975 la joven alemana Annaliese Michel murió a consecuencia de trastornos circulatorios, rodeada de extraños rituales de exorcismo; sus padres y dos sacerdotes implicados en los hechos fueron juzgados y condenados por homicidio por negligencia. En Gran Bretaña se registraron, entre 1977 y 1979, varías intervenciones erróneas que acabaron con internamientos hospitalarios, Asimismo, en 1981 ha estallado en Italia un grave escándalo en torno al ex salesiano Domenico Bernardini, fundador de un centro donde, con permiso episcopal, exorcizaba a jóvenes mujeres mentalmente inestables, que se sentían endemoniadas por sugestión, y a las que aplicaba una serie de violentas prácticas mágicas.
Estos y otros casos parecidos sugieren una de las problemáticas más delicadas del fenómeno de la posesión. ¿Qué clase de «posesos» deben someterse a un exorcismo en toda regla y cuáles a un tratamiento médico o psiquiátrico? En el mundo de hoy encontramos numerosas, o presuntas, víctimas de espíritus, demonios o poltergeists -como queramos llamarles-; pocos tienen idea de la naturaleza del fenómeno que les aqueja, ni de los riesgos que puedan correr.
Exorcismos Y Espíritus
El neurólogo Jean Martin Charcot, al que vemos en este grabado impartiendo una lección en su aula del hospital de La Salpêtrière, consiguió explicar numerosos casos de «posesión» mediante un diagnóstico de histeria.
Antiguamente, cualquier fenómeno paranormal recibía un tratamiento religioso. Entre los casos más célebres figura el deplorable episodio de «los demonios de Loudun» (1631), a raíz del cual el sacerdote Urbain Grandier murió en la hoguera, víctima de los manejos políticos y de las acusaciones de un convento de ursulinas en estado de posesión. Más famoso aún, si cabe, fue el largo proceso de las brujas de Salem. Este caso es célebre por haber sido una de las escasas cazas de brujas que tuvieron lugar en Norteamérica, donde estas persecuciones no fueron, ni mucho menos, tan frecuentes ni sangrientas como en el Viejo Mundo. Pero aparte de la popularidad que les haya proporcionado el teatro, las «posesas» de Salem tienen su lugar en la historia.
Estos dos ejemplos tienen, curiosamente, algo importante en común: ambos, una vez aclarados a la luz de la historia, resultaron ser una combinación de fraude deliberado y de histeria.
Actualmente, sin embargo, no resulta verosímil que se puedan producir casos como estos, ya que el procedimiento de las posibles posesiones es muy distinto. Desde el punto de vista estrictamente psicológico, los fenómenos de posesión se inscriben en el contexto de ciertos trastornos denominados «de escisión», que permiten la aparición de sistemas autónomos que logran suplantar la síntesis habitual de la personalidad: algo así como una grieta por la que asoma el magma de una región poderosa e insospechada.
Desde la aportación que el doctor Jean Martin Charcot (1825-1893), fundador de la neuropatología moderna, hizo al estudio de este tipo de fenómenos, éstos se han venido enmarcando en el cuadro de la histeria; pero ello no impide que algunos casos desborden todos los esfuerzos de la medicina. El acompañamiento de fenómenos parapsicológicos ha contribuido a reforzar el aspecto sobrenatural del asunto, por lo que muchos médicos, impotentes ante estos hechos, no dudan en remitirlos a las autoridades religiosas para someterlos a exorcismo.
El problema de decidir sobre la naturaleza de un fenómeno de posesión no es nuevo, como evidencia el testimonio del polígrafo benedictino fray Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), quien en su obra Teatro crítico universal dedicó uno de sus discursos a los «Demoníacos, endemoniados o energúmenos». Señala allí que muchos de ellos son fingidos, pero que no por ello deja de haberlos verdaderos (refiere, entre otros, el caso de una energúmena que fue exorcizada en el convento de Nuestra Señora de Valvanera, no lejos de Nájera, Logroño).
Por otro lado, en cambio, se permite dudar de la buena fe o de la sagacidad de los exorcistas que dan por sobrenaturales fenómenos de embaucamiento. En este sentido, se refiere a cierta posesa de Oviedo que, al parecer, hablaba latín sin saberlo, que sabía lo que ocurría en cualquier momento y lugar del mundo, y que saltaba como si tal cosa sobre la copa del árbol más alto. El exorcista creía plenamente en estos prodigios, pero Feijoo no dio su brazo a torcer; sólo veía en ella a una embustera. La hizo conducir a su presencia y le indicó que poseía conjuros más eficaces que los usados por otros sacerdotes. Le dirigió versos de Virgilio, Ovidio y otros poetas «articulados con gesto ponderativo y voz vehemente para que hiciesen más fuerte impresión, como en efecto la hicieron». Además, le aplicó una simple llave envuelta en papel diciendo que era una reliquia. Todo ello provocaba en la presunta endemoniada estremecimientos y convulsiones. Así descubrió que se trataba de un fraude.
Sin embargo, Feijoo, al tratar de las excepcionales fuerzas que asisten al poseso, se expresaba así: «Esto de volar de la calle al techo o del pavimento a la altura de la bóveda o colocarse sobre las cúpulas de los árboles, pisar sobre las espigas de las mieses sin doblar las cañas, se dice de muchos energúmenos cuando se da noticia de ellos en tierras distantes. Yo nada de estas cosas pude ver hasta ahora. El que lo viere no ponga en duda en que lo hace agente preternatural.»
La actitud de este erudito benedictino del siglo XVIII, ajena a una supersticiosa aceptación demonológica, le acerca considerablemente a la visión actual del problema. Hoy en día, este tipo de fenómenos no parece hallarse en regresión. En cambio, la práctica del exorcismo propiamente dicho sí parece abocada a la desaparición a medio o largo plazo, paralelamente a la disminución de la fe religiosa que se aprecia en la sociedad. Sin embargo, resulta difícil de creer que el título de «exorcista» -a pesar de sus siniestras resonancias- pueda desaparecer por completo: antes bien pasará a aplicarse, como sucede ya actualmente, a personas que, como ciertos parapsicólogos y otros expertos, demuestran obtener cada vez mejores resultados en su trato con lo paranormal.
Explicación psicológica de las posesiones
La supuesta posesión por espíritus tiene su origen en experiencias traumáticas
Una investigación sugiere que podría ser un medio de expresión de la angustia en entornos desfavorecidos y sin esperanza de ayuda.
La supuesta posesión por espíritus es un fenómeno presente en la actualidad en muchas culturas del mundo. Mientras que algunas religiones le dan a este fenómeno una explicación “externa” (los individuos poseídos obrarían bajo el control de diversas entidades), la medicina y la antropología han enmarcado tradicionalmente las llamadas posesiones dentro del “trastorno de identidad disociativo”. Una investigación realizada en Uganda, donde se diagnostican muchos casos de posesión por espíritus, ha constatado que los poseídos presentan similitudes con las personas que sufren disociación. Por otra parte, el estudio ha revelado que una de las posibles causas del fenómeno serían las experiencias traumáticas más radicales.
En aquellas religiones que contemplan la existencia de espíritus, la posesión por espíritus describe el control, intermitente o permanente, por parte de un espíritu de las acciones del cuerpo de un ser humano.
Muchas religiones tienen un protocolo para distinguir una posesión de otro tipo de patologías de carácter no espiritual. En el caso de la religión católica, por ejemplo, se procede al ritual del exorcismo una vez que los psiquiatras han estudiado el caso. La finalidad del exorcismo sería la expulsión de las entidades que han tomado el control del individuo.
Otro síntoma que presenta las personas poseídas, son las reiteradas visiones y sentimientos que presentan, tales como sentir que un ente extraño les controla, sentimientos de ahogarse, quemarse, dolor, angustia y visión de entes, personas o espíritus extraños o ya fallecidos y que no son percibidos por los demás. Estos síntomas suelen aparecer en los diferentes tipos de trastornos disociativos, a menudo sobre todo en estratos socioeconómicos bajos o en regiones apartadas de la civilización y a menudo en cultos cristianos pequeños (sectas) se confunde los sintomas de la esquizofrenia o los trastornos de ideas delirantes con manifestaciones de posesión demoniaca...
¿Pero qué sabe la ciencia sobre este fenómeno? Desde un punto de vista médico, la posesión por espíritus o la posesión demoníaca está considerada un tipo de trastorno de identidad disociativo (caracterizado por la existencia de una o más identidades o personalidades en un individuo, cada una con su propio patrón de percibir y actuar con el ambiente), y ha sido descrita como la creencia del paciente de estar poseído por una divinidad o demonio, y de obrar bajo su control.
Estudios médicos previos
Desde un punto de vista médico, la posesión demoníaca se considera una de las formas del trastorno disociativo (de conversión) que antiguamente se denominaba histeria se codifica en la clasificación internacional de enfermedades mentales (CIE) de la Organización Mundial de la Salud decima versión como F-44.3 trastorno de trance o posesión o como F-44.81 trastorno de personalidad múltiple; tambien se halla incorporado en el Manual de Diagnostico y Estadistica en su cuarta versión (DSM-IV). Comúnmente se le denomina «demoniopatía» o «demoniomanía» y se describe como la creencia del paciente de estar poseído por una divinidad o demonio, y de obrar bajo su control.
Su estudio médico comienza en 1791, cuando Eberhard Gmelin publica el primer caso de «doble conciencia», inaugurando así el estudio científico de esta rara patología que había sido atribuída desde siempre a supuestas entidades espirituales.
Algunos datos importantes son la publicación de Pierre Janet del caso «Aquiles», sobre un sujeto que en 1890 es poseído por el demonio y curado por el tratamiento hipnótico. Posteriormente, Joseph Breuer en colaboración con Sigmund Freud publica en 1895 los Estudios sobre la histeria, que se basa en el caso de Anna O, una joven con personalidad múltiple que hablaba en lenguas extranjeras. Continua el proceso Théodore Flournoy con el estudio de la medium Helene Smith, en su libro publicado en 1899 Desde la India al planeta Marte. En la actualidad, aunque poco publicitados, se ha continuado estudiando el trastorno con revisiones sobre temas tales como vudú, chamanismo, exorcismo, etc.
La medicina ha identificado una serie de trastornos psíquicos y neurológicos en los que se manifiestan fuerzas y aspectos desconocidos del psiquismo humano cuyos síntomas se parecen a lo que las religiones interpretan como signos claros de posesión demoniaca.Por ejemplo en 1608 el monje italiano Francesco Maria Guazzo señalaba en su Compendium Maleficarum que era difìcil distinguir los signos indicativos de posesión de los sintomas de algunos trastornos mentales.
Por otra parte el neurólogo francés Jean-Martin Charcot fue el primero en percatarse de la similitud que mostraban los casos de histeria y los de posesión diabólica.
¿Cuál es la causa de la disociación y de los trastornos disociativos?
La investigación tiende a indicar que la disociación procede de una combinación de factores ambientales y biológicos. La probabilidad de que una tendencia a disociar sea heredada se considera que es de cero (Simeon et al., 2001). Por lo general, el abuso repetido físico y/o sexual en la infancia y otras formas de trauma se asocian al desarrollo de los trastornos disociativos (Putnam, 1985). En el contexto de un trauma crónico y severo en la niñez, la disociación puede ser considerada adaptativa porque reduce el intenso dolor emocional creado por el trauma. Sin embargo, si la disociación continúa utilizándose en la edad adulta, cuando el peligro original ya no existe, puede ser disfuncional. El adulto que disocia puede desconectar automáticamente de las situaciones que percibe como peligrosas o amenazantes, sin tener tiempo para determinar si existe un peligro real. Esto deja a la persona fuera de contacto en muchas situaciones de la vida diaria, e incapaz protegerse en momentos de peligro real.
La disociación puede también ocurrir cuando ha habido negligencia severa o abuso emocional, incluso cuando no ha habido abuso físico o sexual ostensible (Anderson y Alexander, 1996; Del oeste, Adán, Spreng, Y Rose, 2001). Los niños pueden también disociar en las familias en las que los padres son amenazadores, imprevisibles, disocian ellos mismos, o utilizan un estilo de comunicación altamente contradictorio (Blizard, 2001; Liotti, 1992, 1999a, b).
El desarrollo de desórdenes disociativos en la edad adulta parece estar relacionado con la intensidad de la disociación durante el acontecimiento traumático real; la disociación severa durante la experiencia traumática aumenta la probabilidad de la generalización de tales mecanismos tras el acontecimiento.
Ritual del exorcismo
¿Existe realmente el exorcismo? ¿Cuándo se lo realiza? ¿Todas las religiones lo practican? ¿Se relaciona o no con la existencia de Satanás? Detrás de todas estas preguntas se esconde la verdad científica, que aunque no satisfaga a algunos sectores religiosos, es capaz de explicar cada uno de los fenómenos implicados.
En realidad, la primera pregunta tiene una fácil respuesta: el exorcismo existe. Ese es el nombre que recibe el ritual o liturgia mediante el que se intenta expulsar un ente sobrenatural que (se supone) ha tomado posesión o control de un objeto físico o ser vivo. Es decir, el exorcismo vendría a ser el remedio a una situación, y como tal, existe y se practica. La cuestión de fondo es, sin embargo, la existencia o no de la “posesión” que intenta remediar.
El rango de entes que pueden ser causantes de una posesión que amerite un exorcismo es bastante amplio, y varia según las creencias de los implicados, es decir, la “victima” y sus “sanadores”. Pueden ser demonios, espíritus malignos, brujos, el mismísimo Satanás, etc. También varían los síntomas que presenta la victima, dando lugar a posesiones totales en las que el ente toma control de las funciones del poseído (puede moverse, hablar, etc., a través de la víctima) o posesiones parciales, en la que el ente solamente utiliza al poseído para alguna actividad concreta. Dentro de este último caso se encuentran los íncubos (o súcubos), que mantienen relaciones sexuales con la víctima mientras ésta duerme.
En general, el ritual de exorcismo más conocido es el católico, que incluye en su repertorio medidas “anti-entes” la repetición continua de oraciones, el dictado a viva voz de órdenes de expulsión, y por supuesto, el uso de objetos que resulten perjudiciales para la entidad que ha tomado posesión del objeto o ser. En el caso más habitual, la posesión demoníaca, se utilizan crucifijos, agua bendita, reliquias, etc.
Durante siglos se practico este ritual sobre toda aquella persona que mostraba “signos inequívocos” de estar “poseídos”. El problema residía en la forma de determinar si era necesaria o no la intervención de un sacerdote para sanar a la persona. ¿Cómo determinar si se estaba ante un caso de epilepsia (por ejemplo) o de Satanás en persona?
Este no es un tema menor. Según la iglesia Católica “es importante asegurarse, antes de celebrar el exorcismo, de que se trata de una presencia del Maligno y no de una enfermedad. (cf. CIC can. 1172)”. Esto, por supuesto, es mucho mas fácil de decir que de hacer. Si bien existen test y pruebas para detectar prácticamente cualquier enfermedad, como es lógico, no hay análisis de laboratorio que puedan certificar la presencia de Satanás dentro de una persona, y menos dentro de un objeto.
Imaginemos por un momento que estamos en el siglo XII o XIII, y que vivimos en algún lugar de Europa. La medicina casi no merece todavía ese nombre, y las sangrías son el tratamiento más avanzado que existe para curar cualquier cosa que se presente en el “consultorio medico”. Supongamos también que tienes la mala suerte de padecer, por ejemplo, un trastorno mental (alguna fobia, delirio, etc.) o alguna enfermedad como la epilepsia. Vives en una pequeña aldea, donde rápidamente tu problema llama la atención de todos, y la ciencia médica nada puede hacer por ayudarte. Es muy probable que en una situación como esa, se te practicase un exorcismo, ya que la única explicación “razonable” que tiene tu mal es una “posesión” de algún tipo.
Podemos argumentar que el problema en el ejemplo anterior es la incapacidad de la ciencia o tecnología disponible para efectuar un diagnostico correcto. Y efectivamente, esa es una parte importante del problema. Pero la otra cara de la verdad es que a los habitantes de la pequeña aldea les resulta más sencillo (aunque parezca extraño) creer que los síntomas se deben a la presencia (por ejemplo) de Satanás y no a un trastorno sicológico o un virus.
Esta facilidad para aceptar lo sobrenatural ha estado presente siempre en el ser humano, y aun en la actualidad, donde la ciencia ha demostrado la falsedad de infinidad de creencias erróneas, aún sigue existiendo. En el caso de los exorcismos y las posesiones, es la psiquiatría la que tiene la palabra.
"Cuando no podemos manejar el cuadro y se trata de una cuestión de fe, lo enviamos a los sacerdotes, sabiendo que no es el diablo que está dentro de ellos, sino aceptando los exorcismos como una terapia más", dice el psiquiatra Hugo Lande. Para Lande, “los exorcismos que practican los sacerdotes funcionan como una terapia de sugestión.”.
Ricardo Kogan-Medoy también es psiquiatra, y atiende desde hace varios años en forma gratuita a pacientes derivados por un sacerdote exorcista. Según Kogan-Medoy, las personas que para los sacerdotes exorcistas están poseídas por el demonio se encuadran, desde el punto de vista psiquiátrico, en el trastorno disociativo por trance o posesión. Este es un trastorno relativamente común y se encuentra descrito en la clasificación internacional de enfermedades mentales ICD-10.
Jordán, psiquiatra especializada en psicología clínica, citó la descripción publicada en el libro "Sinopsis de psiquiatría", de Harold Faplan y otros autores, donde se afirma que la posesión es "una alteración aislada o episódica del nivel de conciencia caracterizada por la suplantación de la identidad habitual por otra diferente (espíritu, poder, divinidad u otra persona)".
En la actualidad, muchos de los trastornos explicados como un “trance” o “posesión” no son más que cuadros provocados por un tóxico, sobre todo el LSD, o alguna intoxicación por medicamentos o por heroína. Si la persona se ha convencido de que esta “poseída”, ya sea por convicciones religiosas o algún desorden mental, esta claro que puede ser convencida de que mediante el exorcismo su mal va a desaparecer.
Diferente es el caso de las personas acusadas por otras de estar endemoniadas. En esos casos puede resultar bastante difícil para la victima demostrar que su problema (de existir alguno) tiene raíces más terrenales. Por ejemplo, el “Rituale Romanum” incluye pasos como los siguientes para que un exorcista pueda “liberar” a un endemoniado:
"No mantener conversaciones con el poseso, sólo interrogarle. No creerle ni confiar en él." Esto, como mínimo, hace muy difícil para la victima explicar que es lo que le pasa: diga lo que diga, no le creerán ni confiarán en él.
El número de exorcismos realizados por año no se conoce, ya que no se lleva una estadística oficial sobre el tema, pero según varias fuentes, aumenta cada año. La aldea se ha hecho mas grande, pero la gente sigue creyendo en las mismas cosas.