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HISTORIA DE LA CIENCIA

Les traigo una selección de textos de diversos autores sobre la Historia de la Ciencia. Obviamente, desde un enfoque filosófico y epistemológico. Espero que les guste, saludos.


J.M. Ziman: la ciencia, conocimiento público

La ciencia es un conocimiento público [...] La ciencia no es sólo conocimiento o información publicado. Cualquiera puede hacer una observación o concebir una hipótesis, y, si dispone de los medios económicos, imprimirla y distribuirla para que la lean otras personas. El conocimiento científico no se limita a esto. Sus hechos y teorías deben pasar por un período de estudio crítico y de prueba, en manos de otros individuos competentes e imparciales, y deben resultar tan convincentes que puedan ser casi universalmente aceptados. El objetivo de la ciencia no se limita a adquirir información ni a expresar ideas no contradictorias; su meta es un consenso de la opinión racional sobre el campo más vasto posible.
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FUENTE:El conocimiento público. Un ensayo sobre la dimensión social de la ciencia, FCE, México 1972, p. 22-23.

Helge Kragh: historia e historiografía

Se acostumbra a distinguir entre dos niveles o significados distintos del término «historia». La historia (H1) puede describir los fenómenos o acontecimientos concretos que se produjeron en el pasado; es decir, se trata de la historia objetiva. En expresiones como, por ejemplo, «a lo largo de la historia el conocimiento de la naturaleza que ha tenido la humanidad ha ido siempre creciendo», hay que entender la historia como «el pasado» o los fenómenos que acontecieron concretamente en el pasado. Pero como nuestro conocimiento de la realidad del pasado es tan sólo, o sólo podrá ser, limitado, la mayor parte de las cosas que acontecieron efectivamente en el pasado quedará para siempre lejos de nuestra comprensión. La parte de la historia (H1) que conocemos no sólo se limita en su extensión, sino que es además producto de un proceso de investigación que incluye las selecciones, interpretaciones e hipótesis que hace el historiador. No tenemos un acceso directo a , sino tan sólo a partes de (H1), que se nos han transmitido a través de diversas fuentes.

Se utiliza también el término de historia (H2) para el análisis de la realidad histórica (H1), es decir, para la investigación histórica y sus resultados. El objeto de la historia (H2) es, pues, la historia (H1), del mismo modo que el objeto de las ciencias de la naturaleza es la naturaleza. Del mismo modo que nuestro conocimiento (científico) de la naturaleza se limita a los resultados de las investigaciones de la ciencia que no son la naturaleza, sino una interpretación teórica de ella, también nuestro conocimiento de los acontecimientos ocurridos en el pasado se limita a los resultados de la historia (H2) que no son el pasado, sino una interpretación teórica del mismo. Filósofos positivistas radicales han sostenido que la existencia de una naturaleza objetiva es una ficción sin sentido y que es imposible distinguir entre naturaleza y lo que es nuestro conocimiento de ella. De la misma manera, algunos historiadores idealistas han afirmado que la distinción entre H1 y H2 es una ficción que no sirve para nada útil; que no existe ninguna historia real al margen de la que el historiador reconstruye a partir de sus fuentes. No obstante, en el contexto presente, no nos es preciso tomar en serio esta visión idealista de la historia. Aunque lo hiciéramos, difícilmente supondría ninguna diferencia práctica para la investigación histórica.

Suele emplearse muchas veces el término historiografía para H2, para dar a entender los escritos que tratan de historia. En la práctica, la palabra historiografía puede tener dos significados. Puede querer decir simplemente escrito (profesional) de historia, es decir, tratados sobre los acontecimientos del pasado en cuanto escritos por historiadores; pero puede querer decir también teoría o filosofía de la historia, es decir, reflexiones teóricas acerca de la naturaleza de la historia (H2). En este segundo significado, la historiografía es, por tanto, una metadisciplina, cuyo objeto es H2; la historia puramente descriptiva no será en sí misma historiografía, sino que será el objeto de los análisis historiográficos.
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Introducción a la historia de la ciencia, Crítica, Barcelona 1989, p. 33-34.

Thomas S. Kuhn: la historia interna

¿Cuáles son las máximas de la nueva historiografía interna? Hasta donde es posible [...], el historiador debe deshacerse de la ciencia que sabe. Su ciencia debe aprenderla de los textos y demás publicaciones del período que estudia, y debe dominar éstos, así como las tradiciones intrínsecas que contienen, antes de abordar a los innovadores cuyos descubrimientos o invenciones cambiaron la dirección del progreso científico. Al tratar a los innovadores, el historiador debe esforzarse por pensar como ellos lo hicieron. Al reconocer que los científicos son famosos a veces por resultados que no pretendieron obtener, debe preguntarse por los problemas en los que trabaja su sujeto y de qué manera aquéllos se volvieron problemas para él. Reconociendo que un descubrimiento histórico rara vez es atribuido a su autor en los textos posteriores [...], el historiador debe preguntarse qué es lo que su sujeto pensaba haber descubierto y en qué se basó para hacer el descubrimiento. Y en este proceso de reconstrucción el historiador debe poner especial atención a los aparentes errores de su sujeto, no por el gusto de encontrarlos, sino porque ellos revelarán mucho más de la mentalidad activa de su personaje, que los pasajes en los cuales un científico parece registrar un resultado o un argumento que la ciencia moderna retiene todavía.
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La tensión esencial. Estudios selectos sobre la tradición y el cambio en el ámbito de la ciencia, FCE, México 1983, p. 134.

Thomas S. Kuhn: la historia externa

Los intentos por ubicar a la ciencia en un contexto cultural que podría mejorar tanto el conocimiento de su desarrollo como de sus efectos han adoptado tres formas características, de las cuales la más antigua es el estudio de las instituciones científicas. Bishop Sprat preparó su precursora historia de la Royal Society of London casi desde antes de que esta organización quedara constituida oficialmente, y a partir de entonces han sido innumerables las historias, «hechas en casa», de las sociedades científicas. Estos libros son útiles principalmente como fuente de materiales para el historiador, y apenas en este siglo los estudiosos del desarrollo científico han empezado a emplearlos. Al mismo tiempo, han empezado a examinar seriamente los otros tipos de instituciones, en especial las educativas, que pueden promover o inhibir el avance de la ciencia. Como en cualquier otra parte de la historia de la ciencia, la literatura de las instituciones, en su mayoría, trata del siglo XVII. [...]

Los historiadores intelectuales han considerado el efecto de la ciencia sobre varios aspectos del pensamiento occidental, en especial durante los siglos XVII y XVIII. Con respecto a la época que se inicia en 1700, sin embargo, estos estudios son peculiarmente insatisfactorios, pues tienden a demostrar la influencia, y no tan sólo el prestigio, de la ciencia. El nombre de un Bacon, un Newton o un Darwin es un símbolo potente: hay muchas razones para invocarlo además de recordar una deuda efectiva. [...] No cabe duda que los conceptos científicos, particularmente los muy extensos, sí ayudan a cambiar las ideas extracientíficas. [...]

El interés por las instituciones y el interés por las ideas se entrelazan naturalmente en un tercer enfoque al desarrollo científico. Se trata del estudio de la ciencia en una región geográfica tan pequeña, que permite concentrarse en la evolución de una determinada especialidad técnica, lo suficientemente homogénea como para conocer con claridad la función social y la ubicación de la ciencia. De todos los tipos de historia externa, éste es el más moderno y el más revelador, pues requiere experiencias y habilidad verdaderamente amplias tanto en historia como en sociología.
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FUENTE:La tensión esencial. Estudios selectos sobre la tradición y el cambio en el ámbito de la ciencia, FCE, México 1983, p. 137-138.
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