Siempre quise tener una original
Karl Elsener y su ‘Navaja del Ejército Suizo’ provocaron una victoria contra todo pronóstico: la forja de un coloso global con relojería incluida sobre el filo de un útil diseñado para militares en un país sin acerías y neutral
La navaja multiusos de mango rojo y cruz blanca es uno de los embajadores helvéticos más reconocidos. Aclamada por el MOMA por su diseño, comparte el podio de las miniaturas triunfantes con leyendas como el Zippo o el Mini. Incluso la NASA entregaba una a los astronautas enrolados en el programa del transbordador espacial. Es tan popular que si se busca en Google ‘Swiss Army’ prácticamente todas las referencias son de la navaja y casi ninguna del ejército nacional suizo. El diseño original ha variado poco desde que Karl Elsener patentara su Schweizer Offiziersmesser o Navaja del Oficial Suizo en 1897. La genialidad de la navaja de Elsener residía en la invención de un muelle singular capaz de articular múltiples hojas, creando así una navaja pequeña, ligera y multifuncional. Ya en manos de la cuarta y quinta generación Elsener, la producción de Victorinox alcanza cifras mareantes: se fabrican 34,000 navajas, 38,000 herramientas de bolsillo y 30,000 cuchillos ¡al día! Victorinox es actualmente el mayor fabricante de cuchillos de Europa, exporta 90% de sus hojas a unos 120 países, y genera una facturación anual de más de 500 millones de francos suizos. ¿Cómo es posible que una nación famosa por su neutralidad sea el hogar de una compañía cuya fama y fortuna se forjó sobre una diminuta navaja?
Contrariamente a la creencia popular, las coordenadas geográficas del país y su barrera montañosa la colocaron en el centro de numerosas disputas. La confederación de estados independientes que se formó durante el siglo XIV fue la precursora de la moderna Suiza, defendida por su ejército con uñas y dientes. O con una ballesta, en el caso del legendario héroe nacional Guillermo Tell. El servicio militar obligatorio ordena que todo suizo, una vez licenciado, guarde sus pertrechos –incluidas las armas– en su casa. Es posiblemente la infantería mejor equipada del mundo, y durante 100 años Victorinox ha sido el proveedor único de navajas de bolsillo del ejército nacional, gracias a la visión de un hombre muy obstinado y emprendedor. Aún sin industria del acero, Karl Elsener creó un producto que superó todos los pronósticos.
Elsener nació el 9 de octubre de 1860 en Ibach, cuna de los suizos más nacionalistas. La pintoresca villa está en el cantón de Schwyz, uno de los tres primeros en firmar en 1291 el Juramento de la Alianza Eterna, la raíz de la que surgió la confederación suiza. Era el cuarto hijo de los doce que tuvieron sus padres Balthasar y Victoria, dueños de una tienda de sombreros. Cuando el primogénito Dominick se unió al negocio familiar Carl decidió probar fortuna en el extranjero y aprendió el negocio de cuchillero en Francia y Alemania, fabricando instrumentos quirúrgicos y navajas de afeitar. Suiza era uno de los países más pobres de Europa, por lo que el deseo de Karl de abrir una cuchillería en un antiguo molino se antojaba excéntrica.
Elsener creía ver una oportunidad. Los soldados suizos de entonces necesitaban una navaja con hojas de distintos tamaños para desmontar y limpiar sus rifles. Que el ejército suizo estuviera comprando navajas a un fabricante germano debió herir su orgullo y, para desviar la producción de Alemania y conseguir un gran pedido del ejército, Karl organizó una Asociación de Maestros Cuchilleros, agrupando a 25 productores en una cooperativa. La primera remesa se entregó en 1891, pero los costes de la fabricación manual eran mucho más altos que los de la mecanizada planta de Solingen, y el proyecto fracasó.
Karl Elsener perdió todo su dinero, pero no su resolución. Continuó diseñando navajas hasta que en 1897 registró el diseño que marcaría su fortuna: el Schweizer Offiziersmesser, o Navaja del Oficial Suizo. Parecida a la Navaja del Soldado, pero más ligera y elegante, la Navaja del Oficial integraba seis herramientas movidas por sólo dos muelles. Una de ellas era fundamental: un sacacorchos. La determinante novedad de la Navaja del Oficial consistía en añadir más funciones sin aumentar el tamaño ni el peso. Cuando con el tiempo la Navaja del Oficial estuvo disponible también para los civiles, se cambió el color del asa a rojo para facilitar su localización en la nieve.
Uno de los hitos para la navaja de Elsener ocurrió en 1909, cuando el gobierno le concedió permiso para marcar todas con el símbolo de la cruz blanca y el escudo. Esto no sólo distinguía su marca de las imitaciones alemanas; también las dotaba de identidad nacional. Karl debería haberse llevado una póstuma alegría si supiera que desde 1976 Victorinox suministraría navajas al ejército alemán. 1909 fue también el año del fallecimiento de su madre y, como homenaje a su espíritu, decidió usar su nombre como marca.
Karl Elsener murió en 1918 y sus hijos Carl y Alois tomaron el mando de la fábrica, aún localizada en el molino de Ibach. El final de la Primera Guerra Mundial marcó la reapertura de las fronteras suizas, y el mercado se vio inundado por productos extranjeros baratos. Las navajas Victoria necesitaban desmarcarse de sus competidores, y una incipiente aleación que transformaba el acero en resistente a la corrosión acudió al rescate: en los años 20 la adición de cromo y níquel creaba el acero inoxidable. El término francés inoxydable se fusionó con el de Victoria para crear la marca tal como la conocemos hoy: Victorinox.
La caída de exportaciones a causa de la Segunda Guerra Mundial se contrarrestó por una súbita demanda interna de navajas de bolsillo y bayonetas, así como por el empujón de un aliado inesperado. El Schweizer Offiziersmesser enamoró a los soldados americanos desplegados en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, pero decidieron que el nombre era demasiado difícil y lo renombraron como el Swiss Army Knife (SAK). Su fama no tardó en cruzar el Atlántico. El mercado norteamericano aún supone 25% de las ventas de Victorinox.
Las navajas han sido el sustento de Victorinox durante cuatro generaciones y los Elsener bien podían haber dormido tranquilamente sobre sus laureles. Sin embargo una estrategia de diversificación a finales de los 80 resultó ser enormemente oportuna. Con Carl Elsener Sr. (tercera generación) al timón y su hijo Carl Elsener Jr. como segundo, Victorinox decidió reaccionar a la “marea de imitaciones baratas procedentes del Lejano Oriente”.
“Queríamos mantener nuestra producción de navajas en Suiza y ser capaces de competir globalmente; nos dimos cuenta de que debíamos invertir en nuevas gamas de producto”, nos explica Carl Elsener Jr., actual presidente de Victorinox. “Nos pusimos en contacto con todos nuestros grandes clientes, realizamos estudios de mercado para saber qué productos podrían incorporarse y los relojes tomaron el primer lugar. Nuestra primera colección se lanzó en Estados Unidos y tuvo un éxito inmediato”. Lo que nadie podía haber previsto es cuán fructífera sería esta estrategia tras los atentados del 11 de septiembre y su efecto sobre la venta de las navajas en las tiendas de los aero- puertos, unida a su confiscación en los controles de seguridad.
Los relojes Victorinox Swiss Army, con nomenclatura de inspiración militar (Officer’s Vintage, Infantry,
Maverick, Air Boss y Base Camp por nombrar algunos) suponen 20% de las ventas de la marca, y uno de cada cinco relojes suizos exportados a Estados Unidos es Swiss Army. Para manejar la producción de más de medio millón de relojes al año hubo de construirse una fábrica en Porrentruy. “Siempre hemos invertido mucho tiempo y dinero en el control de calidad de nuestras navajas (tienen garantía de por vida), y decidimos que necesitábamos la misma credibilidad con nuestros relojes. Abrimos la fábrica en 2002 para poder tener el control de calidad final. No vamos a producir movimientos mecánicos por el momento. El cuarzo es aún nuestra prioridad”, explica Carl Elsener Jr., que se muestra encantado de mantenerse en el mercado de relojes que cuestan entre 300 y 600 dólares.
“La ventaja de un negocio familiar es la capacidad para pensar a largo plazo y no ser víctimas de la presión de los beneficios a corto y el retorno de la inversión. Podemos concentrar nuestros esfuerzos en la gente, en los clientes y en la producción”. Desde el año 2000 la familia Elsener mantiene 10% de las acciones. El resto está en las manos de la fundación Victorinox. “Este modelo crea las condiciones ideales para la sucesión, asegura la permanencia de la empresa y garantiza la conservación a largo plazo de los puestos de trabajo”. Carl Elsener no tiene que preocuparse de buscar herederos para un negocio que abarca equipaje, ropa deportiva e incluso perfumes. Son 11 hermanos. Ocho ya trabajan en Victorinox. “Mi padre, Carl Elsener, cumplió 90 años en julio. Trabajó ininterrumpidamente en la empresa durante 70 años y nos inculcó los valores cristianos de la confianza, el respeto, la gratitud y la humildad. Entre los 11 hermanos tenemos 24 hijos, dispuestos a llevar a la familia Elsener a la quinta generación y más allá…”
Contrariamente a la creencia popular, las coordenadas geográficas del país y su barrera montañosa la colocaron en el centro de numerosas disputas. La confederación de estados independientes que se formó durante el siglo XIV fue la precursora de la moderna Suiza, defendida por su ejército con uñas y dientes. O con una ballesta, en el caso del legendario héroe nacional Guillermo Tell. El servicio militar obligatorio ordena que todo suizo, una vez licenciado, guarde sus pertrechos –incluidas las armas– en su casa. Es posiblemente la infantería mejor equipada del mundo, y durante 100 años Victorinox ha sido el proveedor único de navajas de bolsillo del ejército nacional, gracias a la visión de un hombre muy obstinado y emprendedor. Aún sin industria del acero, Karl Elsener creó un producto que superó todos los pronósticos.
Elsener nació el 9 de octubre de 1860 en Ibach, cuna de los suizos más nacionalistas. La pintoresca villa está en el cantón de Schwyz, uno de los tres primeros en firmar en 1291 el Juramento de la Alianza Eterna, la raíz de la que surgió la confederación suiza. Era el cuarto hijo de los doce que tuvieron sus padres Balthasar y Victoria, dueños de una tienda de sombreros. Cuando el primogénito Dominick se unió al negocio familiar Carl decidió probar fortuna en el extranjero y aprendió el negocio de cuchillero en Francia y Alemania, fabricando instrumentos quirúrgicos y navajas de afeitar. Suiza era uno de los países más pobres de Europa, por lo que el deseo de Karl de abrir una cuchillería en un antiguo molino se antojaba excéntrica.
Elsener creía ver una oportunidad. Los soldados suizos de entonces necesitaban una navaja con hojas de distintos tamaños para desmontar y limpiar sus rifles. Que el ejército suizo estuviera comprando navajas a un fabricante germano debió herir su orgullo y, para desviar la producción de Alemania y conseguir un gran pedido del ejército, Karl organizó una Asociación de Maestros Cuchilleros, agrupando a 25 productores en una cooperativa. La primera remesa se entregó en 1891, pero los costes de la fabricación manual eran mucho más altos que los de la mecanizada planta de Solingen, y el proyecto fracasó.
Karl Elsener perdió todo su dinero, pero no su resolución. Continuó diseñando navajas hasta que en 1897 registró el diseño que marcaría su fortuna: el Schweizer Offiziersmesser, o Navaja del Oficial Suizo. Parecida a la Navaja del Soldado, pero más ligera y elegante, la Navaja del Oficial integraba seis herramientas movidas por sólo dos muelles. Una de ellas era fundamental: un sacacorchos. La determinante novedad de la Navaja del Oficial consistía en añadir más funciones sin aumentar el tamaño ni el peso. Cuando con el tiempo la Navaja del Oficial estuvo disponible también para los civiles, se cambió el color del asa a rojo para facilitar su localización en la nieve.
Uno de los hitos para la navaja de Elsener ocurrió en 1909, cuando el gobierno le concedió permiso para marcar todas con el símbolo de la cruz blanca y el escudo. Esto no sólo distinguía su marca de las imitaciones alemanas; también las dotaba de identidad nacional. Karl debería haberse llevado una póstuma alegría si supiera que desde 1976 Victorinox suministraría navajas al ejército alemán. 1909 fue también el año del fallecimiento de su madre y, como homenaje a su espíritu, decidió usar su nombre como marca.
Karl Elsener murió en 1918 y sus hijos Carl y Alois tomaron el mando de la fábrica, aún localizada en el molino de Ibach. El final de la Primera Guerra Mundial marcó la reapertura de las fronteras suizas, y el mercado se vio inundado por productos extranjeros baratos. Las navajas Victoria necesitaban desmarcarse de sus competidores, y una incipiente aleación que transformaba el acero en resistente a la corrosión acudió al rescate: en los años 20 la adición de cromo y níquel creaba el acero inoxidable. El término francés inoxydable se fusionó con el de Victoria para crear la marca tal como la conocemos hoy: Victorinox.
La caída de exportaciones a causa de la Segunda Guerra Mundial se contrarrestó por una súbita demanda interna de navajas de bolsillo y bayonetas, así como por el empujón de un aliado inesperado. El Schweizer Offiziersmesser enamoró a los soldados americanos desplegados en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, pero decidieron que el nombre era demasiado difícil y lo renombraron como el Swiss Army Knife (SAK). Su fama no tardó en cruzar el Atlántico. El mercado norteamericano aún supone 25% de las ventas de Victorinox.
Las navajas han sido el sustento de Victorinox durante cuatro generaciones y los Elsener bien podían haber dormido tranquilamente sobre sus laureles. Sin embargo una estrategia de diversificación a finales de los 80 resultó ser enormemente oportuna. Con Carl Elsener Sr. (tercera generación) al timón y su hijo Carl Elsener Jr. como segundo, Victorinox decidió reaccionar a la “marea de imitaciones baratas procedentes del Lejano Oriente”.
“Queríamos mantener nuestra producción de navajas en Suiza y ser capaces de competir globalmente; nos dimos cuenta de que debíamos invertir en nuevas gamas de producto”, nos explica Carl Elsener Jr., actual presidente de Victorinox. “Nos pusimos en contacto con todos nuestros grandes clientes, realizamos estudios de mercado para saber qué productos podrían incorporarse y los relojes tomaron el primer lugar. Nuestra primera colección se lanzó en Estados Unidos y tuvo un éxito inmediato”. Lo que nadie podía haber previsto es cuán fructífera sería esta estrategia tras los atentados del 11 de septiembre y su efecto sobre la venta de las navajas en las tiendas de los aero- puertos, unida a su confiscación en los controles de seguridad.
Los relojes Victorinox Swiss Army, con nomenclatura de inspiración militar (Officer’s Vintage, Infantry,
Maverick, Air Boss y Base Camp por nombrar algunos) suponen 20% de las ventas de la marca, y uno de cada cinco relojes suizos exportados a Estados Unidos es Swiss Army. Para manejar la producción de más de medio millón de relojes al año hubo de construirse una fábrica en Porrentruy. “Siempre hemos invertido mucho tiempo y dinero en el control de calidad de nuestras navajas (tienen garantía de por vida), y decidimos que necesitábamos la misma credibilidad con nuestros relojes. Abrimos la fábrica en 2002 para poder tener el control de calidad final. No vamos a producir movimientos mecánicos por el momento. El cuarzo es aún nuestra prioridad”, explica Carl Elsener Jr., que se muestra encantado de mantenerse en el mercado de relojes que cuestan entre 300 y 600 dólares.
“La ventaja de un negocio familiar es la capacidad para pensar a largo plazo y no ser víctimas de la presión de los beneficios a corto y el retorno de la inversión. Podemos concentrar nuestros esfuerzos en la gente, en los clientes y en la producción”. Desde el año 2000 la familia Elsener mantiene 10% de las acciones. El resto está en las manos de la fundación Victorinox. “Este modelo crea las condiciones ideales para la sucesión, asegura la permanencia de la empresa y garantiza la conservación a largo plazo de los puestos de trabajo”. Carl Elsener no tiene que preocuparse de buscar herederos para un negocio que abarca equipaje, ropa deportiva e incluso perfumes. Son 11 hermanos. Ocho ya trabajan en Victorinox. “Mi padre, Carl Elsener, cumplió 90 años en julio. Trabajó ininterrumpidamente en la empresa durante 70 años y nos inculcó los valores cristianos de la confianza, el respeto, la gratitud y la humildad. Entre los 11 hermanos tenemos 24 hijos, dispuestos a llevar a la familia Elsener a la quinta generación y más allá…”
TEXTO HASTA AQUÍ: Rebecca Doulton
Navaja suiza
Navaja suiza abierta.
La Navaja Suiza (en alemán: Schweizer Offiziersmesser, en francés: Couteau suisse, en italiano: Coltellino svizzero) es una herramienta multifuncional manual. En general, una navaja suiza incluye un cuchillo y varias herramientas más, como destornilladores y abrebotellas. Estos accesorios se guardan dentro del mango de la navaja mediante un mecanismo que gira alrededor de un pivote. Existen varios diseños y tipos de navaja suiza, con diferentes combinaciones de herramientas para tareas específicas. El término Navaja Suiza se usa habitualmente como sinónimo de navaja de bolsillo, y también, algunas veces, se emplea para describir una herramienta, especialmente una herramienta de software, que consiste en una colección de programas destacados.
First Swiss Army knife from 1891, produced by Wester & Co Solingen / Germany.
Hasta que me regalaron una BELLÍSIMA:
Puedes verla en detalle aquí:
http://www.navajas-suizas.com/victorinox-swiss-card-lite-roja-translucida-luz.html