Es lamentable como Taringa, la supuesta "inteligencia colectiva", le da mas valor a un mediocre hablando cosas chuscas y mundanas dejando de lado la parte intelectual que pregona su slogan...
Es mas lamentable aun ver como el reflejo de los usuarios es la misma sociedad... Y como esta se esta volviendo cada vez mas inculta, intolerante y cerrada...
A pesar de eso, yo todavia tengo la esperanza de que lean mis cosas.
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Ahora bien, vamos a lo importante:
Apelo al previo conocimiento de la famosa obra de Esteban Echeverria, "El Matadero" escrita en 1839 y considerado el primer cuento de la literatura argentina.
De no ser asi, recomiendo leerlo para sacar sus propias conclusiones, si bien lo que acabo de decir contradice mi propia opinion al respecto de dicha obra.
He aqui el analisis escrito por mi, mas subjetivo que objetivo:
Una desmesurada propaganda
Matias Tortoriello
Cualquier relato, anécdota o comentario ocurrido anterior a nuestro bautismo de la razón debería de resultarnos sospechoso. No me refiero a que debemos dudar de todo hecho histórico de nuestro conocimiento, sino que hago referencia a la subjetividad a la que pueden estar condenados dichos sucesos. Es así como tenemos, por un lado historiadores ambiciosos, que pretenden convencer con su firme ideología, argumentando de tal manera que podrían hacernos vacilar en nuestras propias creencias, o, como en este caso, artistas de la literatura que no dudan en meter un tinte político en sus obras, con el fin de educar arbitrariamente a mas de un despistado.
Es así como nos encontramos con esta pieza clásica de las bibliotecas argentinas: El Matadero. Escrito por Esteban Echeverria entre 1838 y 1840 y publicado finalmente por Juan María Gutiérrez en el año 1871. Según algunos expertos, este es el primer cuento de la literatura argentina, si bien ya habían sido publicados otros relatos breves anteriormente, se le considera a este por cuestiones de meritos literarios y, quien sabe, porque fue precedida por otras de menor calidad.
El cuento se encuentra en el marco de una Buenos Aires joven, envuelta en una guerra civil más salvaje que honorable. Gobernada por un caudillo que muchos lo considerarían un tirano sin escrúpulos, y otros, en su defensa, un héroe quien merece ser homenajeado. De un modo u otro, la incipiente metrópolis se encontraba saliendo de una época de movidas sociales y revoluciones para entrar en una era de conflictos internos. En el marco de ésta situación, nos encontramos con diversos hechos puntuales que el autor se dedica a detallar, Hechos que, si bien resultarían irrelevantes desde ciertos puntos de vista, dan un color gris a la Buenos Aires de mediados de Siglo XIX.
La lucha entre Unitarios y Federales había llegado a un punto tal que era, al parecer, prácticamente imposible mantenerse en una posición neutral. Si uno no estaba a favor, entonces estaba en contra.
La acción se desarrolla en un matadero, ubicado en un sector marginal de la ciudad de Buenos Aires y manejado por miembros de la “Santa Federación”. Dicho establecimiento se encontraba detenido, merced a un intenso diluvio que había azotado a la población durante quince días. Lo que produjo una escasez de provisión de carne que, casualmente, coincidía con la cuaresma impuesta por la Iglesia en lo referido a la abstinencia de comer carne (abstinencia que no era tan rígida con los lideres políticos y el clero, dejando en claro la hipocresía de dichos personajes).
Esta falta de productos vacunos había generado una suba en los precios de otras mercaderías que, a su vez, produjo un descontento general, incluso la muerte de varias personas.
Ante dicho problema, Rosas (llamado El Restaurador) ordena el envío de un reducido numero de cabezas de ganado al matadero, que es felizmente recibido por gran parte de la población.
En esta parte quiero hacer hincapié en un par de hechos que francamente me parecieron dignos de mencionar. En el momento en el que los carniceros comienzan a desollar al ganado para preparar la mercadería se produce un importante tumulto por parte de la multitud. Es increíble la imagen que genera Echeverria cuando menciona la desesperación por aquellos vecinos ansiosos de carne. Una mezcla entre repugnancia y barbarie, con deliciosos toques de conventillo. No es difícil imaginar un desordenado grupo de clase baja peleándose cual animales hambrientos por un trozo de carne, en un terreno invadido por el barro, la sangre y el hambre.
Volviendo a la historia: El real sentido político de la obra llega casi al final cuando, ya acabada la intensa lucha y calmadas las fieras, aparece un desorientado miembro de la liga unitaria cabalgando muy cerca del matadero. Los partidistas federales capturan a dicho jinete y, entre insultos, burlas y golpes, lo llevan dentro de su establecimiento para torturarlo o, quien sabe, mofarse un poco de él.
Al margen de todo detalle, su victima termina en una violenta situación de la que no sale vivo, debido a un arrebato de ira justificada.
Echeverria culmina la obra con un párrafo con una sobredosis de ideología política. Paso a citar a dicho escritor:
-“En aquel tiempo los carniceros degolladores del matadero eran los apóstoles que propagaban la federación Rosina […]. Llamaban ellos salvaje unitario, conforme a la jerga inventada por el Restaurador, patrón de la cofradía, a todo el que no era degollador, carnicero, ni salvaje, ni ladrón; a todo hombre decente y de corazón bien puesto, a todo patriota ilustrado amigo de las luces y de la libertad; y por el suceso anterior puede verse a las claras que el foco de la federación estaba en el matadero”-.
Deja muy en claro la posición política del escritor, con un matiz fuertemente cargado de descalificaciones a su oposición.
La obra no resulto totalmente de mi agrado, en parte lo digo ya que contiene un desmesurado realismo que se resume en fanatismo político.
Por otra parte, mencionando aun la dicha devoción, soy ligeramente intolerante hacia toda obra literaria que choque tanto con las doctrinas gubernativas. Pero ese detalle atraviesa más por un gusto personal.
Sin embargo insisto en declarar a la obra como una vaga necesidad de propagandismo político, sin dejar un mensaje conciso, e incluso descalificando gran cantidad de valores representativos.
A aquellos románticos de la novela clásica, o del cuento fugaz, francamente no les recomendaría El Matadero. Pero a aquellos que viven la política con fervoroso celo y no presentan prejuicios en cuanto a la literatura en general, lo único que podría llegar a detenerles es la complicada red de palabras que presenta, que, en lo personal, no resulta nada cómodo a la hora de leer. Al margen de eso, libres son de deleitarse con las ideas de un reconocido escritor como lo fue Esteban.