InicioApuntes Y MonografiasReino Independiente de los Palmares 1º pueblo libre de Amer

Leyendo el libro "La venas abiertas de América Latina" de Eduardo Galeano, me encontré con la historia del "Reino independiente de los Palmares". Ignoraba completamente la existencia de este "Reino Libertario" del siglo XVII en el territorio de la hoy República Brasileña.


Extracto del libro las venas abiertas de América latina:



dijo:

Los esclavos cimarrones de Brasil habían organizado el reino negro de los Palmares, en el nordeste de Brasil, y victoriosamente resistieron, durante todo el siglo XVIII, el asedio de las decenas de expediciones militares que lanzaron para abatirlo, una tras otra, los holandeses y los portugueses. Las embestidas de militares de soldados nada podían contra las tácticas guerrilleras que hicieron invencible, hasta 1963, el vasto refugio.
El reino independiente de los Palmares -convocatoria a la rebelión, bandera de la libertad- se había organizado como un estado "a semejanza de los muchos que existían en África en el siglo XVIII". Se extendía desde las vecindades del cabo de santo Agostinho, en Pernambuco, hasta la zona norteña del río San Francisco, en Halagaos: equivalía a la tercera parte del territorio de Portugal y estaba rodeado por un espeso cerco de selvas salvajes. En plena época de las plantaciones azucareras omnipotentes, Palmares era el único rincón de Brasil donde se desarrollaba el policultivo. Guiados por la experiencia adquirida por ellos mismos o por sus antepasados en las sabanas y en las selvas tropicales de África, los negros cultivaban el maíz, el boniato, los frijoles, la mandioca, las bananas y otros alimentos.
No en vano, la destrucción de los cultivos aparecería como el objetivo principal de las tropas coloniales lanzadas a la recuperación de los hombres que, tras la travesía del mar con cadenas en los pies, habían desertado de las plantaciones. La abundancia de alimentos de Palmares contrastaba con las penurias que, en plena prosperidad, padecían las zonas azucareras del litoral. Los esclavos que habían conquistado la libertad la defendían con habilidad y coraje porque compartían sus frutos: la propiedad de la tierra era comunitaria y no circulaba el dinero en el estado negro. "No figuraba en la historia universal ninguna rebelión de esclavos tan prolongada como la de Palmares. La de Espartaco, que conmovió el sistema esclavista más importante de la antigüedad, duró dieciocho meses". Para la batalla final, la corona portuguesa movilizó el mayor ejército conocido hasta la muy posterior independencia de Brasil. No menos de diez mil personas defendieron la última fortaleza de Palmares; los sobrevivientes fueron degollados, arrojados a los precipicios o vendidos a los mercaderes de Río de Janeiro y Buenos Aires. Dos años después, el jefe Zumbi, a quien los esclavos consideraban inmortal, no pudo escapar a una traición. Lo acorralaron en la selva y le cortaron la cabeza. Pero las rebeliones continuaron. No pasaría mucho tiempo antes de que el capitán Bartolomeu Bueno Do Prado del río das Mortes con sus trofeos de la victoria contra una nueva sublevación de esclavos. Traía tres mil novecientos pares de orejas en las alforjas de los caballos.



La caza de hombres es impiadosa. Esperan en la costa los barcos portugueses que pagarán bien la mercancía. No importa si son niños, mas si importa que no sean viejos, porque deberán soportar la travesía atlántica y aún conservar fuerzas para los trabajos que les esperan. Los que superen el trance serán puestos a la venta en alguna playa de Salvador, Olinda o Pernambuco y vivirán lo que les quede de vida cortando caña y haciendo rodar los trapiches.

La solución a la escasez de mano de obra en Brasil fue la importación de esclavos africanos. Los indios Tupis ya no eran suficientes y no alcanzaban los que traían las bandeiras en sus entradas a la selva. El nivel de explotación al que había llegado la caña de azúcar en el nordeste brasileño demandó un verdadero aluvión de africanos a las costas sudamericanas.

De Angola, Guinea o la Costa de Oro traían los negros consigo sus dioses, sus "orixás", su lengua y sus tambores, y el sueño eterno de volver a ver las costas de África.



No era fácil sujetar a un esclavo. Desde el primer día en que pisaron esta tierra se cuentan las fugas a la impenetrable selva que se levantaba como una cortina detrás de la estrecha franja de tierra cultivada. Hacia allí se dirigían y allí empezaron a levantar sus casas, que poco a poco iban formando barriadas que se llamaron “QUILOMBOS”.

De todos los quilombos que hubo en el Brasil, el más célebre fue el de Palmares, ubicado en las serranías del actual estado de Alagoas. Palmares no era un quilombo en sí, si no una confederación de varios “mocambos”, cada uno con un líder local que a su vez respondían a un rey común. Cubría una extensión cercana a la superficie de Portugal y llegó a contar con una población de entre veinte y treinta mil habitantes organizados jerárquicamente con un modelo semejante al de los clanes.

No fueron pocas las veces que se internaron en la selva las tropas portuguesas, holandesas y los mercenarios a sueldo de los señores del azúcar, pero siempre el resultado era el mismo: las tácticas guerrilleras, las trampas, los animales y la cortina verde misma hacían inexpugnable los dominios del cimarrón.

Los quilombolas vivían de la caza, la pesca, el cultivo de maíz, legumbres, mandioca, caña y frijoles y de la cria de animales. Mantenían relaciones comerciales con los poblados de la costa y con otros mocambos. Con relativa frecuencia, organizaban razias para hacerse de armas, animales, hombres y, sobre todo, mujeres, ya que el género masculino era mayoría en la sociedad quilombola.

La noticia sobre la existencia de Palmares corría como reguero de pólvora entre los esclavos de las plantaciones que no perdían oportunidad para fugarse. Allí eran tratados como héroes por haber tenido el coraje de sacudirse el yugo y arriesgar la vida para llegar a la selva, e igualmente eran maltratados aquellos que no se atrevían a dejar la costa y eran arriados en las bajadas de los cimarrones.
Para el propietario de la “fazenda” los quilombos eran una amenaza y, frecuentemente, organizaban entradas o “bandeiras” formadas por soldados del gobernador o mercenarios a sueldo que buscaban restituir a sus “amos” el bien perdido o, mejor, secuestrar niños nacidos en libertad para venderlos en las plazas.

El primer líder de Palmares fue Ganga Zumba, un esclavo traído de África que se fugó a la selva y gobernó el mocambo de Cerro dos Macacos. Reunió bajo su mando los otros quilombos convirtiéndose en Rey (en el sentido africano, no europeo) del término.

Ganga Zumba combatió a los portugueses, luego a los holandeses que se habían apoderado de Pernabuco y a nuevamente a los portugueses hasta que hizo un acuerdo con el Gobernador de esta ciudad por el que serían devueltos a sus amos los esclavos fugados y conservarían la libertad los que hubieran nacido en los quilombos. A esta decisión se opuso el sobrino de Ganga, Zumbí, que eligió no respetar el acuerdo y permanecer en Palmares y continuar la resistencia. alegando que no podía permitir que la libertad no fuera para todos, incluso aquellos que aun estaban en los cañaverales. Poco después, Ganga Zumba moriría envenenado.

Zumbí había nacido libre en Palmares pero fue tomado por una bandeira a la edad de seis años y dado en custodia a un padre jesuita que lo nombró Francisco. A los quince vuelve a su lugar de nacimiento y desde entonces integra las guerrillas que defienden los quilombos. Era muy ágil, diestro en el uso de las armas y muy buen estratega, lo que le valió el respeto de sus pares.
Zumbí, una vez desaparecido Ganga, se hizo con el mando del reino y durante catorce años defendió a sus ciudadanos de la rapiña exterior. Los mocambos que caían eran quemados, pero sobre las mismas cenizas eran reconstruidos una y otra vez con sus enormes empalizadas de madera, sus fosos y sus trampas.




En 1694, Domingos Jorge Velho y Bernardo Vieira inician la ofensiva final sobre Palmares. Cerro Dos Macacos, capital del reino, cae después de una enconadísima resistencia de las tropas mandadas por Zumbí. Éste escapa herido, pero la traición de uno de sus lugartenientes lo condena. Es apresado y decapitado, y su cabeza exhibida en la punta de una pica.

Palmares desapareció como entidad independiente, pero los mocambos de las serranías brasileñas, los palenques de Cuba y Colombia o los cumbes venezolanos no se extinguieron. Continuaron recibiendo oleadas de fugitivos, de cualquier color que fueran, y repeliendo los ataques de afuera. Algunos quilombos se mantuvieron en pie durante trescientos años y sobreviven hasta hoy. Más de dos mil comunidades se declaran reminiscentes de los quilombos, con una población calculada en 1.700.000 habitantes.

La historia de Palmares constituye un hito en la historia de América como una historia de resistencia, de búsqueda de libertad y de lucha contra la esclavitud. Es la historia de todos los que no quisieron perder su identidad y trajeron a este nuevo mundo su sentir y su modo de ver el mundo. El ejemplo que dejaron estos rebeldes fue rápidamente enterrado en el olvido para que no se propague eso de sacudirse de encima los amos y los yugos, para que no circule el cuento de que hay paraísos idílicos donde se puede ser realmente libre, en fin, para que no abandonemos todo y nos vayamos al quilombo a vivir nuestras vidas.


Y por último recomiendo el libro "La venas abiertas de América Latina".
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