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1_¿CUALES SON LAS POSIBLES CAUSAS DE LAS DESAPARICIONES EN EL TRIANGULO DE LAS BERMUDAS?


El famosísimo Triángulo de las Bermudas, también conocido como el Triángulo del Diablo o limbo de los perdidos, es un área geográfica con forma de triángulo, con un área aproximada de 3,9 millones de km², situada en el océano Atlántico entre las islas Bermudas, Puerto Rico y Fort Lauderdale (Florida).http://www.tarotfuturo.com/imagenestarotfuturo/triangulo1.jpg
Es famoso porque a mediados del siglo XX varios escritores publicaron artículos en revistas acerca de la presunta peligrosidad de la zona.
Sin embargo las estadísticas de la Guardia Costera de los Estados Unidos no indican que en esa zona haya más desapariciones de barcos y aviones que en otras zonas de igual tráfico. Esto nos dice k hay otros lugares con este tipo de casos pero no nos vamos a salir del tema aunque en realidad algunos son similares a los mitos de este y otros poco diferentes a acepción de algunos mitos.

HISTORIA
Ya desde la era de la vela, las naves que viajaban a Europa pasaban continuamente por esta zona para aprovechar los vientos dominantes y la Corriente del Golfo. Luego, con el desarrollo de las máquinas de vapor y los barcos con motores de combustión interna, gran parte del tráfico del Atlántico Norte siguió cruzando (y aún lo hace) a través del área del supuesto «triángulo».
La Corriente del Golfo, un área con un tiempo muy inestable (conocida por sus huracanes), también pasa por el triángulo al abandonar el mar Caribe. La combinación de un denso tráfico marítimo y el tiempo tempestuoso hace posible que algunos barcos se adentren en tormentas y se pierdan sin dejar rastro, especialmente antes del desarrollo de las telecomunicaciones, el radar y los satélites a finales del siglo XX.

Cristóbal Colon menciono el avistamiento de animales extraños cerca de los limites del triángulo, e incluso hizo recorridos por el triángulo de las Bermudas. En un momento dado informó que él y su tripulación observaron "extrañas luces danzantes en el horizonte". En otro caso ellos observaron lo que parecía un meteoro cayendo. En otro momento él escribió en su bitácora acerca de movimientos extraños de la brújula en esta área.http://3.bp.blogspot.com/_bs45znrfvFc/SSCsKzUNBgI/AAAAAAAAAJM/1llSgU8kBvg/s400/coloc.gif
La 1ª mención documentada acerca de desapariciones en el área se hizo en 1951 por Jones como periodista en el servicio de Prensa Asociada respecto a algunos barcos perdidos. El artículo de Jones notó la "misteriosa desaparición" de barcos, aviones y pequeños botes en la región y le dio el nombre de "Triángulo del Diablo".
Posteriormente fue mencionado en 1952 en un artículo de Revista de Destino por George X. Sand, quien subrayó varias "extrañas desapariciones marinas".
En 1964, Vincent Geddis se refirió al área como "El Mortal Triángulo de las Bermudas", después de esto el nombre "Triángulo de las Bermudas" se hizo común.
El mito del Triángulo de las Bermudas fue una invención de Vincent Gaddis en un artículo publicado en 1964 por la revista pulp fiction norteamericana Argosy. Charles Berlitz lo popularizaría años más tarde gracias a su best-seller "El Triángulo de las Bermudas".



Durante su última campaña, Alejandro fue capaz de cruzar el río Indo, internándose en unas tierras extrañas, nunca antes vistas por personas ajenas a esta zona del planeta. En esta aventura le acompañaba un notable ejército, aumentado con soldados procedentes de las tierras que iba conquistando a su paso. Pero había un núcleo central compuesto por macedonios, como él, que ansiaban regresar a casa. Habían acompañado a su lider durante más de dos años y echaban de menos a sus familias. Tras una discusión, Alejandro accedió a su regreso. Lo harían en barcos capitaneados por el almirante Nearco, quien los transportaría por el Golfo Pérsico y de allí al Mediterráneo. Pero jamás volvieron a ver a sus mujeres e hijos. Aquella flota desapareció de forma intrigante. Los estudiosos han planteado distintas teorías para explicar este suceso. Una de ellas señala como culpable a una feroz tormenta, que se habría llevado a las embarcaciones a las profundidades. Esto resulta bastante improbable, ya que hablamos de varias decenas de barcos. Otra hipótesis apunta a que las naves se perdieron al no conocer aquellas aguas, equivocando la ruta y adentrándose en la península de Malasia. Incluso algunos investigadores especulan que quizá alcanzaron las islas de Tahití o Hawai, apoyándose en la similitud existente entre algunas palabras del hawaiano y del griego clásico. Tal es el caso del término águila, aeto en el idioma de esas islas y aetos en la lengua de Homero. Lo único cierto es que de aquella inmensa flota compuesta por cientos de hombres no hubo más noticias. Sí parece cierto que la mar ha sido un terreno muy proclive para este tipo de sucesos. Más misteriosas aún fueron las desapariciones de tripulaciones tan numerosas como la del Cyclops o la del Marine Sulphur Queen. El primero era un buque americano de 19.600 toneladas que, tras zarpar el 4 de marzo de 1918 de las Islas Barbados, jamás llegó a su destino. El navío, de 542 pies de largo, era una de las mayores embarcaciones de su tiempo. Constaba de una tripulación de 306 hombres y dejó de dar señales de vida poco después de su partida. Ni siquiera se recibió señal de socorro y tampoco se encontró un sólo resto del barco flotando a la deriva. Se barajó la hipótesis de un ataque de submarinos alemanes, pero los archivos consultados demuestran que ninguno operaba por aquella zona en esa fecha. Es más, estos navíos tenían por costumbre informar por radio de sus ataques a grandes barcos enemigos, y en esta ocasión nada de ello se produjo. También se sugirió que quizá el barco chocara contra una mina o que una tormenta hubiera provocado su hundimiento. Pero se comprobó que no había minas en aquellas aguas y que el tiempo era idóneo para la navegación en la fecha de su desaparición. Además, en ambos casos el capitán habría dispuesto de tiempo suficiente para emitir una señal de SOS, cosa que nunca ocurrió. Algo semejante sucedió con el buque SS Marine Sulphur Queen, del que no se tuvo más noticia después de que en la mañana del 4 de febrero de 1963 mandara un mensaje de rutina cuando se encontraba a unos 200 kilómetros de Cayo West, en Florida (EE UU). Los posteriores intentos de contacto fracasaron y los 39 marineros que formaban la tripulación pasaron a engrosar la tenebrosa lista de las desapariciones de alta extrañeza.
OTROS «TRIANGULOS »
Otras áreas que a menudo se insinúa que poseen características inusuales son:
• el Mar del Diablo, localizado cerca de Japón (que no es conocido en Japón, debido al hecho de que la mayoría de los botes perdidos son pequeñas embarcaciones pesqueras sin radio).
• el Vértice Marysburgh ubicado al este del lago Ontario (entre EE. UU. y Canadá).
PRIMERAS MENCIONES
La primera mención documentada acerca de desapariciones en el área se hizo En 1951, E. V. W. Jones —periodista de Associated Press— escribió respecto a algunos barcos perdidos en la zona de las Bahamas.
Jones dijo que las desapariciones de barcos, aviones y pequeños botes eran «misteriosas». Y le dio a esta zona el mote de «Triángulo del Diablo». Al año siguiente (1952) George X. Sand afirmó en un artículo de Revista de Destino que en esa zona sucedían «extrañas desapariciones marinas».
En 1964, el escritor sensacionalista Vincent Gaddis (1913-1997) acuñó el término «triángulo de las Bermudas» en un artículo de la revista amarillista estadounidense Argosy. Al año siguiente publicó el libro Invisible Horizons: True Mysteries of the Sea (‘Horizontes Invisibles: Los verdaderos misterios del mar’), donde incluía un capítulo llamado «El mortal triángulo de las Bermudas». Generalmente, Gaddis es considerado el inventor del «triángulo» de las Bermudas.
Pero recién diez años después, el pretendido misterio se convirtió en un verdadero mito gracias a Charles Berlitz (1914-2003, escritor neoyorquino de ciencia ficción), que en 1974 escribió el súperventas El Triángulo de las Bermudas, donde copió bastante texto de Gaddis y recopiló casos de desapariciones (muy manipulados y mal presentados), mezclados con falsedades y flagrantes invenciones.
Lista cronológica de incidentes informados por Berlitz
El Triángulo de las Bermudas ha recibido el crédito de muchas desapariciones que ocurrieron en sus aguas extraoficiales (aunque en algunos casos incorrectamente). A la fecha, la mayoría está de acuerdo en que más de 70 naves y aviones se han perdido sin dejar rastro en esa área particular del Océano Atlántico. Aunque la mayoría de estas desapariciones pueden explicarse, muchas otras no pueden serlo, y el tema continúa siendo un debate entre creyentes y escépticos. Los incidentes más populares se listan a continuación:
• 1840: HMS Rosalie, barco que se dirigía a La Habana, y fue hallado sin tripulación.
• 1872: el Mary Celeste (hundido entre las islas Azores y la Península Ibérica, a unos 5000 km de distancia de las islas Bermudas); se debe tener presente que cada lado del triángulo tiene sólo 1500 km).
• 1902 (4 o 21 de octubre): el Freya, buque alemán encontrado a la deriva «poco después» de zarpar de Manzanillo (Cuba), hacia Chili (sic, por Chile). En realidad fue encontrado frente a la costa occidental de México, arrastrado por las corrientes del océano Pacífico, meses después de zarpar de Cuba. Dio la vuelta a Sudamérica por Punta Arenas (sur de Chile).
• 1909, noviembre: The Spray, un pequeño yate del aventurero canadiense Joshua Slocum (20 de febrero de 1844 – 14 de noviembre de 1909, o días después).
• 1917: SS Timandra, que se dirigía a Buenos Aires desde Norfolk (Virginia) con una carga de carbón, una tripulación de 21 pasajeros. No emitió ninguna señal de radio, a pesar de que tenía la capacidad para ello.
• 1918: se hunde la nave carguera USS Cyclops (AC-4) con 308 hombres a bordo, debido a un huracán.
• 1921: se hunde la nave carguera Carroll A. Deering en el cabo Hatteras (a 1050 km al oeste de las islas Bermudas y unos 800 km al noroeste del triángulo).
• 1925 (21 de abril): Raifuku Maru (hundido con testigos en medio de una tormenta a 1063 km al norte de las islas Bermudas)
• 1926: se hunde el SS Suduffco, debido a un huracán (un capitán que salió en su búsqueda lo llamó «el peor clima que he visto en mi vida»).
• 1925, diciembre: se hunde el carguero estadounidense SS Cotopaxi, «que desde la costa de Florida transmitió que el clima se encontraba en calma, y no envió ninguna señal de auxilio». En realidad, Meyers (capitán del barco) informó por radio que el barco estaba escorando y que tenían la bodega llena de agua.
• 1938: se hunde el HMS Angloaustralian en las islas Azores (a más de 4000 km del Triángulo), después de emitir «en la tarde hemos pasado Fayal. Todo bien».
• 1942: el submarino francés Surcouf es embestido por el carguero estadounidense Thompson Lykes cerca del Canal de Panamá (a unos 1800 km del Triángulo).-->
• 1945: desaparecen 5 aviones TBM Avengers (el famoso Vuelo 19), de la Marina Estadounidense.
• 1948: se hunde el SS Samkey (Berlitz dice que se hundió en 1943, pero ese fue el año de inauguración). Dio su posición: 41° 48’ N 24° O (200 km al noreste de Azores, y a 4200 km al noreste del Triángulo). Sólo transmite:«todo va bien».
• 1948: desaparece la aeronave Tudor IV Star Tiger, con 31 pasajeros.
• 1948: desaparece un avión DC-3 NC16002, con 28 pasajeros y la tripulación.
• 1949: desaparece el segundo Tudor IV, Star Ariel.
• 1950: desaparece un avión Globemaster, de la Fuerza Aérea estadounidense.
• 1950: se hunde el carguero estadounidense SS Sandra (de 350 pies), después de pasar por St. Augustine (Florida) en su ruta hacia Puerto Cabello (Venezuela).

• 1978: se encuentra abandonado al SS Hawarden Bridge en las Indias Occidentales. Se presume que se debió a un crimen cometido. Meses antes, en febrero, la Guarda Costera de los Estados Unidos lo había detenido en Cape Knox y había encontrado marihuana.
• 1980: se hunde el SS Poet en un huracán, cuando transportaba granos hacia Egipto.
• 1995: se hunde el carguero Jamanic K (construido en 1943), tras zarpar de Cap-Haïtien.

Debe notarse que algunos de los casos listados anteriormente, que popularmente están asociados con el Triángulo de las Bermudas, realmente no estuvieron en el área del Triángulo en el momento de su desaparición. Tampoco existe registro de desapariciones misteriosas de edificios, trenes o vehículos terrestres.


EL OLVIDO
Poco más de un año después de la desaparición del Atlanta, el 20 de agosto de 1881, la tripulación del buque Ellen Austin avistó a la distancia una goleta que aparentemente iba a la deriva. El lugar era la faja de mar media entre las Bahamas y las Bermudas. El capitán Baker, del Ellen Austin, ordenó hacer señales.
Como no hubo respuesta ni señales de vida, hizo varios disparos al aire para llamar la atención. Nada ocurrió. Entonces decidió ir el mismo en compañía de cuatro hombres a explorar. Al acercarse el primer detalle que llamó su atención fue la ausencia de nombre en el casco. Aparentemente la placa con su nombre había sido arrancada. Grito llamando a la tripulación, y nuevamente no hubo respuesta. Una vez a bordo, se dedicaron a explorar la cubierta. No había averías ni vías de agua. Todo estaba en orden y, en la bodega, una gran carga de maderas finas aguardaba intacta. En esa época era muy común el acarreo marítimo de caoba y cedro desde América Central a Europa. Probablemente se trataba de uno de esos buques.
¿Y la tripulación? El capitán pensó en un motín. Pero no había huellas de violencia y todo mundo había desaparecido. ¿Por qué desperdiciar tan preciosa carga? El motivo de la desaparición poco importó al capitán. De inmediato organizó una nueva tripulación con sus hombres y, pensando en la recompensa, decidió continuar el viaje. Los primeros días navegaron ambas naves a la par, a menudo tan cercanos un buque del otro, que sus tripulantes conversaban de borda a borda.
Al final del segundo día los alcanzó una tormenta que duró toda la noche. La lluvia era tan fuerte que por momentos el Ellen Austin perdía de vista a su compañero.
Al amanecer el día era precioso. Bajo un cielo azul, libre de nubes, el Ellen Austin se encontraba en aguas sumamente tranquilas... pero en completa soledad.
El barco sin nombre había desaparecido del horizonte. Alarmado, el capitán Baker se dio a la tarea de localizar la goleta -o sus restos en caso de naufragio- con la ayuda de un telescopio. Pero ni él ni el vigía descubrieron rastros de la goleta. Por fin al tercer día de buscarla, el vigía observó en el horizonte lo que parecía ser la goleta perdida. El curso del Ellen Austin cambio de inmediato para ir al encuentro del navío.
Al reducirse la distancia, el capitán Baker reconoció la goleta, con ayuda de su catalejo; pero extrañamente no fue capaz de descubrir a sus hombres en ella. La nave parecía ir sin rumbo, llevada tan solo por las corrientes marinas. Cuando por fin pudieron abordarla, no encontraron a nadie a bordo... De nuevo la nave estaba completamente abandonada y, por añadidura, el libro de bitácora había desaparecido. Todo lo demás parecía no haber sido tocado por la nueva tripulación... !Ni siquiera los comestibles! Las lamparas que quemaban aceite, estaban completamente agotadas: habían ardido día y noche sin control. ¿Qué había sucedido esta vez?
Ante la imposibilidad de resolver el misterio, el capitán ordenó formar una nueva tripulación. A pesar de la renuencia de sus marinos, éstos estaban de nuevo sobre el navío y las dos goletas reanudaban su curso.
La orden era bien clara esta vez: no separarse del Ellen Austin por ningún motivo. Además, contaba con un bote salvavidas para cualquier emergencia. Ante cualquier hecho fuera de lo común o alguna señal de peligro, los marino tenían orden de abandonar la goleta.
Todo marchó a la perfección durante los siguientes dos días. Después una ligera llovizna comenzó a caer y una espesa neblina los empezó a cubrir. Las goletas siguieron manteniendose literalmente borda a borda. Pero el capitán Beker empezó a notar que la otra goleta poco a poco se iba quedando a la zaga. En un principio el hecho no le pareció extraño, pues la velocidad del viento había disminuido notablemente. Sin embargo, al entrar a un banco de niebla sumamente denso, la perdieron de vista por completo. Como el tiempo transcurría y en el Ellen Austin nadie veía a la otra goleta, decidieron regresar al punto donde la vieron por última vez.
La niebla impedía ver a más de 500 metros, pero las luces del barco eran visibles. Según cálculos del capitán Baker, entre ambas naves no mediaba mayor distancia.
Pero la goleta no apareció. La búsqueda se prolongó hasta que la niebla se disipó, pero ni aún así fue posible encontrarla. Se hicieron disparos, la señal convenida y la sirena del buque rasgó los aires, en un intento por localizar a sus hombres. Por todo repuesta, un silencio espectral reinaba en el ambiente...
El capitán se negaba a dar por perdida a su tripulación; pero ya nunca más fue encontrada. ¿Qué o quién le había arrebatado a sus hombres? Casi enfrente del Ellen Austin, la goleta misteriosa había desaparecido en el más completo silencio. Cuatro hombres armados se habían desvanecido, al igual que las anteriores tripulaciones.

EL MISTERIO DEL *MARY CELESTE*

La fecha, 5 de diciembre de 1872. Un barco navega a la deriva, con ritmo suave y silencioso entre las Azores y Lisboa. El capitán David Reed Moorhouse, al mando del bric-goleta inglés "Dei Gratia", avista a aquel misterioso velero y decide acercarse hasta él para averiguar qué motiva semejante indolencia en su gobierno.


El "Dei Gratia" avista al "Mary Celeste" abandonado

El "Dei Gratia" se sitúa al costado del barco descubierto y la tripulación se sorprende de no encontrar a nadie en el puente. El capitán Moorhouse hace uso del megáfono y pregunta al misterioso velero si necesitan ayuda; nadie responde.

El velero en cuestión resulta ser un bergantín de 30 metros de eslora llamado "Mary Celeste", que en apariencia se ve en perfecto estado de conservación. El capitán del "Dei Gratia", extrañado ante tal silencio, ordena a su segundo, Olly Deveau, que tome a dos hombres y arríe un bote para abordar la pequeña embarcación.

Rápidamente, Olly Deveau y sus muchachos, consiguen trepar al bergantín. Los tres hombres comprueban que, en efecto, no hay nadie en la cubierta. Los botes están sin arriar; en el interior de la embarcación no se encuentra nadie, la cocina está vacía; las calas, desiertas, pero con mil setecientas barricas de alcohol y víveres para varios meses. Los camarotes estaban intactos sin que nada indicara que faltaba cosa alguna.

Deveau encontró muebles, cartas, libros, prendas de vestir y hasta una pequeña cantidad de dinero, alhajas y un pequeño medallón de oro. Todo estaba intacto y nada indicaba que se hubiera producido un motín.

Olly Deveau, consultó el cuaderno de bitácora que encontró sobre la mesa del segundo oficial, y la pizarra de cuarto del capitán, y allí leyó las últimas anotaciones fechadas el 24 y el 25 de noviembre respectivamente.


Benjamin Briggs, capitán del "Mary Celeste"
Pese a que Deveau descubrió presencia de agua en varias partes del barco, nada parecía indicar que la embarcación hubiera sufrido los embates de una tempestad. Sin embargo, elementos tan imprescindibles para la navegación como son el sextante, el cronómetro, la corredera y los libros de navegación, habían desaparecido. Sin embargo, en el sollado de proa, reservado a la tripulación, todo estaba en su sitio: los encerados de los marineros, sus sacos, sus botas, e incluso unas cuantas pipas y ropa tendida en unas cuerdas. Deveau se sorprendió aún más al hallar en la cocina, sobre un fogón todavía caliente, una cacerola conteniendo un pollo recién cocido y unas tazas de té aún tibio descansando en la mesa central.

El capitán Moorhouse fue informado sobre el suceso y sólo le cupo pensar que la infeliz tripulación había sido víctima de una enfebrecida tormenta. Deveau, contradijo de inmediato esta teoría: “He encontrado una máquina de coser y sobre ella un frasco de aceite que difícilmente hubiese aguantado ahí de haber sufrido un fuerte oleaje”. El capitán miró a su segundo. En su rostro se reflejó la perplejidad. ¿Qué había sucedido en el velero? ¿Dónde estaba la tripulación? ¿Qué les empujó a abandonar la embarcación? Y de ser así ¿Qué medios utilizaron para hacerlo, hallándose como se hallaban, los botes de salvamento en su sitio? El capitán Moorhouse decidió finalmente llevarse consigo el bergantín fantasma a tierra firme, y allí, tratar de dar explicación al misterio.

El "Dei Gratia", arribó a las costas de Gibraltar el día 12 de diciembre haciéndolo el 13, el "Mary Celeste", comandado por Olly Deveau. Ambos hombres se presentaron en la comandancia del puerto y dieron cuenta de tan singular hallazgo. Moorhouse conocía las leyes de la mar y rápidamente presentó una demanda de salvamento a fin de cobrar la indemnización correspondiente. El tribunal del almirantazgo, receloso quizás, abrió previamente una encuesta, con la intención de aclarar semejante misterio. El cargo recayó en el Presidente del Consejo Marítimo de Su Majestad, Mr. J. Solly Flood.


Sara, esposa de Briggs, y su hija Sofía
Los días 18 y 20 de diciembre, el procurador Solly interrogó concienzudamente a Deveau y a los hombres que le acompañaron en el abordaje del Mary Celeste, y se mandó analizar el misterioso velero para comprobar su estado.

El examen fue minucioso, pero no arrojó ninguna nueva luz sobre el caso. Sin embargo, las inspecciones efectuadas en días posteriores permitieron descubrir una anomalía en extremo curiosa: “A ambos lados de la roda, a dos o tres pies por debajo de la línea de flotación, había una hendidura de unos 10 mm. de profundidad, por una anchura de 32 y que medía unos dos metros de largo. Mostraba señales de ser reciente”.

El inspector de la navegación, John Austin, explicó que aquel tajo “no podía ser obra del mal tiempo, sino que parecía haber sido causado por un instrumento cortante”. El procurador Solly Flodd estimó también que aquel corte había sido intencionado. No obstante, el comandante Shufeldt, invitado a investigar el caso del Mary Celeste, concluyó que fue provocada por la acción de la mar y que la embarcación era sólida y se hallaba en perfecto estado de navegación; lo que fue corroborado por el buzo que realizó las inspecciones de la carena.

El misterio seguía insoluble y no se explicaba la desaparición (o volatilización) de las diez personas que componían la tripulación del "Mary Celeste", ni se daban explicaciones satisfactorias sobre cómo habían abandonado el barco, por otra parte en perfecto estado.

Para entonces, llegó a Gibraltar el capitán Winchester que puso en conocimiento del grupo de investigación su parte en la propiedad del "Mary Celeste". Otro de los copropietarios, dijo Winchester, era, precisamente, su comandante, el capitán Briggs. La persona recién llegada, dio también una valiosa información sobre todo lo relacionado con el bergantín fantasma: el "Mary Celeste" había partido del puerto de Nueva York, el 4 de noviembre de 1872. El capitán Briggs, hombre experimentado en las cosas de la mar, llevaba consigo a su mujer, Sara, y su hija Sofía de corta edad.


Albert G. Richardson, primer oficial del "Mary Celeste"
El segundo oficial era Albert G. Richardson. El contramaestre, Andrew Gilling. La tripulación la componía cuatro marineros de origen nórdico, llamados Volkerk y Boas Lorenzen, Adrian Harbens, Gottlieb Goodshaad, y un cocinero.

El procurador Solly Flood, decidió presentar entonces su informe al Ministerio del Comercio. El informe decía: “Cuando el "Mary Celeste" fue descubierto en alta mar por el "Dei Gratia", la embarcación estaba sana y robusta, en perfecto estado de navegar y bien estabilizada; estaba abundantemente aprovisionada y no había sufrido los embates del temporal; no mostraba trazas ni indicios de incendio o de explosión. Por otra parte, nada indicaba los motivos que pudieran tener sus tripulantes para abandonarla. Mi hipótesis personal es que la tripulación se embriagó y que los hombres, bajo la influencia del alcohol, asesinaron al capitán Briggs, a su mujer, a su hija y al contramaestre. Después causaron daños en la proa del bergantín para hacer creer que habían embestido unas rocas u otra embarcación, para terminar huyendo entre el 25 de noviembre y el 5 de diciembre, a bordo de cualquier barco en ruta hacia un puerto de América del Norte o del Sur o hacia las Antillas”.


David Reed Morehouse, capitán del "Dei Gratia"
Ésta declaración, levantó las iras de Shufeld que protestó ante la alegación de motín, arguyendo que no existían indicios de violencia en ninguna parte del navío. En su opinión, el barco había sido abandonado por el capitán y los tripulantes en un momento de pánico injustificado, quizá debido al peligro de naufragar ante una tempestad cercana.

Sin embargo, ambas teorías se caen por su propio peso. En primer lugar, la idea de una tempestad y la huida de la tripulación no se sostenía, pues los botes de salvamento estaban en el barco y resultaba imposible abandonar la nave nadando y más con una niña pequeña. En cuanto al motín, resultaba gratuita tal hipótesis, y una injuria para la tripulación, además de que, de haber sido como Solly Flood insinuaba, el hecho de ser recogido por otra embarcación después de cometer los asesinatos, los criminales hubiesen tenido que responder algunas preguntas y el "Mary Celeste" rescatado, por ese hipotético barco, para cobrar los derechos de salvamento; y nada de esto se produjo.

El misterio continuaba persistiendo y nadie conseguía resolverlo. El caso se hizo famoso a escala mundial hasta el punto de que la prestigiosa revista Strand, de Londres, organizó una suerte de competición, solicitando a varios escritores que escribieran un relato donde el "Mary Celeste" fuera el protagonista.

Con el transcurrir de los años, un dato sustancialmente sospechoso salió a la palestra: el desaparecido capitán Briggs, del "Mary Celeste", era íntimo amigo de David Reed Moorhouse, comandante del "Dei Gratia". Esto hizo levantar sospechas a más de uno. Se sabe que el 14 de marzo de 1873, el tribunal marítimo de Gibraltar dictó sentencia, atribuyendo al capitán Moorhouse y su tripulación la cantidad de 1.700 libras esterlinas por el rescate que los mismos habían efectuado. Resultaba demasiado casual que fuera el "Dei Gratia" el que encontrara el bergantín abandonado. No obstante así, resultaba también un tanto peculiar, suponiendo que ambos barcos se hubiesen puesto de acuerdo para cobrar el rescate, que lo hicieran por una suma tan ridícula.


Oliver Deveau, primer oficial de "Dei Gratia"
El misterioso "Mary Celeste" seguía sin dar luces sobre lo ocurrido en su interior. Desde que el solitario bergantín fue encontrado por el "Dei Gratia", hasta nuestros días, las teorías vertidas sobre tan extraña desaparición han sido de lo más variadas y peregrinas: raptos, asesinatos, piratería, “extraterrestres”, el terrible Kraken (pulpo gigante), islas misteriosas..., todo un sinfín de hipótesis a las que luego se unieron relatos adornados por la tinta de escritores como H.G. Wells y Arthur Conan Doyle. Pese a todo, nadie ha podido explicar satisfactoriamente los motivos que llevaron a sus tripulantes a abandonar el barco,

No obstante todo este misterio, cabe preguntarse una cosa con insistencia: ¿dónde fueron a parar el sextante, la corredera, el cronómetro y los libros de navegación, necesarios para navegar, y que Olly Deveau no encontró por ninguna parte? Quizá el doctor Cobb, sobrino del desaparecido capitán Briggs, diera con la respuesta en una pequeña obra que publicó en 1940 y cuyo título era "Rose Cottage": “Mi explicación es la siguiente: La tarde del 24 de noviembre de 1872 el capitán Briggs, temiendo una explosión del cargamento de alcohol, embarcó a su mujer y a su hija en el bote de salvamento, en compañía del señor Richardson y un marinero. Otro marinero quedó encargado de mantener el bote bien alejado del costado del bergantín. El contramaestre señor Gilling y un tercer marinero desamarraron la driza de pico para utilizarla como remolque. El cuarto marinero se puso al timón.

"El capitán bajó en busca del cronómetro, el sextante y la documentación del barco. El cocinero reunió víveres para abastecer la pequeña embarcación. Se llevó indudablemente todos los alimentos ya preparados, puesto que no los había en el "Mary Celeste" cuando el barco fue encontrado. Es posible que entonces se produjese una pequeña explosión, que hizo saltar la escotilla de la bodega y la dejó boca arriba sobre cubierta. Los tripulantes, atemorizados, se apresuraron a evacuar el barco. El hombre que estaba al timón trató de sacar el compás de la bitácora, obedeciendo sin duda órdenes del capitán. Pero sólo consiguió desplazar la bitácora y romper el compás.


Sello de correos rememora el caso
“Durante ese tiempo, el barco se mantenía en facha, con una brisa que soplaba del sur. Las velas de gavia y la mesana estaban tomadas por avante, con el resultado de que le barco se mantenía casi inmóvil. Probablemente el viento no era muy fuerte. La cangreja, que era la vela mayor, estaba probablemente envergada a la botavara. Por lo tanto, la driza de pico se encontraba disponible para servir de cabo de remolque y sin duda fue amarrada en la boza del bote, el cual se alejó a toda prisa del costado del "Mary Celeste".

“Precisamente en aquel instante llegó una racha del norte que, llenando las velas cuadras, hizo avanzar al buque hacia el este. El cabo de remolque se tensó, pues se hallaba sujeto por el otro extremo al chinchorro, pesadamente cargado e inmóvil. Partiendo de su punto de fijación en el cangrejo y pasando por la parte de la empavesada, que había sido quitada para facilitar la maniobra de arriar el bote, la driza se presentó bajo un ángulo agudo a través de un extremo y sin duda se partió, dejando el bote a la deriva a unos 120 metros de distancia.

“Incluso con una brisa moderada, el bergantín debió de avanzar más deprisa con sus velas que le bote con sus remos. El capitán Moorhouse decía: “debieron remar como locos en aquella embarcación”. Es verdaderamente curioso que, durante tantos años, nadie haya hablado jamás de este empleo evidente que se hizo de la driza de pico.

“No pretendo que mi teoría resuelva completamente el misterio, pero sostengo que todos sus puntos reposan sobre hechos comprobados. Un cabo de cordaje, sólo de tres o cinco metros de largo, hubiera podido constituir la clave de todo el enigma”.

Ciertamente, ésta teoría, aunque plausible, no era del todo certera, pues según muchos testimonios, los botes de salvamento seguían estando en el barco cuando el "Dei Gratia" encontró el buque fantasma. Sea como fuere, nadie halló nunca una explicación satisfactoria sobre lo sucedido en el "Mary Celeste", y sus protagonistas, los únicos que hubiesen podido dar razón de lo ocurrido, jamás volvieron a ser vistos en éste mundo, llevándose consigo el misterio de su desaparición.

No hace mucho, en octubre del 2001, la historia volvió a la memoria luego de que una expedición científica liderada por el escritor Clive Cussler y el productor de cine John Davis, descubrieran los restos del "barco fantasma" en el arrecife de Rochelais, frente a las costas de Haití.


VUELO 19

El Vuelo 19 fue la designación de un escuadrón de cinco bombarderos TBM Avenger de la marina de EE. UU. que desaparecieron durante un vuelo de entrenamiento que salió de Fort
Lauderdale (Florida) el 5 de diciembre de 1945. Es el incidente más famoso relacionado con el Triángulo de las Bermudas.
http://verdadoleyendas.es/picture_library/traiangulo%20bermudas1.jpg
De acuerdo con el escritor fantástico Charles Berlitz (1914-2003), el caso consistía en que varios aviadores navales simplemente desaparecieron después de que informaran de varios efectos visuales extraños, una afirmación que no es completamente acertada.
Berlitz escribió falsamente —probablemente de manera intencional—: «Era un día magnífico, con sol en abundancia, mares en calma y un cielo azul libre de casi por completo de nubes». Esa frase falsa de Berlitz se puede encontrar en cada sitio de internet que relata este tema (y que falla —probablemente de manera intencional— en explicar que la frase es errónea).
Además, Berlitz afirmó que
• los restos de los TBM Avenger tendrían que haber flotado por largos periodos de tiempo (eso es falso: los Avenger se hunden con facilidad).
• Los restos se deberían haber encontrado al día siguiente (falso).
• Esos días se registraron con marea tranquila y cielo despejado (falso).
Un avión Martin Mariner de búsqueda y rescate de la Marina que mandaron también se perdió (Los Martin Mariner tenían muy mala fama entre los pilotos de la época ya que sus tanques de combustible se inflamaban muy fácilmente; por lo que un destello visto al poco tiempo de despegar la nave, pudo corresponderse con su explosión). Adicionalmente, la intriga se incrementó al conocer que el informe del accidente de la Marina se atribuyó a «causas o razones desconocidas».
Aunque algunos hechos de la versión de Berlitz no son completamente inexactos, no describe algunos detalles importantes. La visión de un experimentado escuadrón de aviadores de combate perdiéndose en una tarde soleada es inexacta. Para cuando se recibió la última transmisión de radio del Vuelo 19, había comenzado un clima tormentoso. Además tan sólo el líder de vuelo, el teniente Charles Carroll Taylor, tenía experiencia y un tiempo de vuelo significativo, pero al mismo tiempo tenía muy poca experiencia en esa área en particular, menor que la de los aprendices bajo su servicio. Taylor fue descrito como un líder calmado y confiado. En cambio, las transmisiones de radio del Vuelo 19 revelaron a un Taylor desorientado, con una carencia de confianza en sus decisiones, y completamente perdido.
Además, las afirmaciones exageradas establecían que todos los aviones tuvieron problemas con sus brújulas, sin embargo, los informes navales y registros escritos de las conversaciones entre el Teniente Taylor y otros pilotos del Vuelo 19 no indicaban esto. En cuanto al informe de la Marina, se afirmó que el informe original atribuyó el accidente a la confusión del comandante de vuelo. El teniente Taylor previamente había abandonado su nave en dos ocasiones en medio del Pacífico después de haberse perdido, para regresar al portaaviones. Sin embargo, el informe se alteró para retratar otra situación debido a los deseos de su familia.
Otro factor a considerar es que las naves TBM Avenger nunca fueron diseñadas para el aterrizaje en el agua, contrario a las afirmaciones de Berlitz. La experiencia de combate en el Pacífico demostró que un avión Avenger se hundía muy rápidamente si este amerizaba. Para un Avenger sería muy difícil amerizar, especialmente con pilotos novatos al mando, y al dejarlo en las peligrosas aguas del océano.
Sin embargo, el hecho de que hasta la fecha no se ha descubierto rastros o algún resto de las naves ha llevado al misterio, y en sí mismo es un caso raro. En un documental sobre este evento del History Channel, se hizo notar que un piloto puede confundir fácilmente su ubicación si permitía que su imaginación controlara su razón. En este documental el escenario más probable fue que el líder de vuelo, el teniente Charles Taylor se confundió y se desorientó, y fue indeciso en última analogía de la situación del vuelo, creyendo incorrectamente que estaban lejos del sureste de los cayos de Florida, y giró bruscamente hacia la derecha creyendo que encontrarían tierra. En cambio, ellos se ubicaban exactamente donde debían de estar, cerca de las Bahamas, y al girar a la derecha los llevó más adentro del océano hacia el Atlántico. Esto también podría explicar por qué los aviones aún no han sido encontrados, ya que muy pocas búsquedas se han concentrado en las inmensas áreas abiertas del océano.
Por consiguiente, la explicación generalmente más aceptada por entusiastas navales y civiles que han investigado minuciosamente este incidente coincide en que el teniente Charles Taylor se confundió y se desorientó, llevando a su tripulación al océano abierto donde se les acabó el combustible y amerizaron en el océano durante una tormenta, y de noche. Aunque los pilotos estudiantes sabían que él estaba equivocado sobre su ubicación, él era el líder de vuelo y estaba al mando. Para cuando él tomo el consejo de uno de sus aprendices pilotos sobre volar hacia el oeste, ya se encontraban muy lejos como para aterrizar sobre tierra firme. La posición oficial de la Marina Estadounidense sobre el incidente no refleja ningún misterio relacionado a lo que le pasó al Vuelo 19, describiendo el hecho de que la culpa residió completamente en el teniente Charles Taylor. El único misterio para la Marina Estadounidense es dónde se estrellaron los aviones del Vuelo 19.
Otra teoría sobre el lugar de caída
Otra teoría en ese mismo documental declara que los aviones realmente pudieron haber estado donde Taylor creyó que ellos estaban, y que cayeron en los pantanos de Georgia. Sin embargo, esa teoría se ha tomado con escepticismo.

Caída de la nave de rescate
Una nave de rescate PBM Mariner también desapareció sin un rastro durante la búsqueda del Vuelo 19, tal como Berlitz declaró en su libro. Esto incrementó la especulación sobre fenómenos sobrenaturales, y aunque Berlitz aludió en su libro a la casualidad sobre el Triángulo de las Bermudas, se formula en cierto modo que algunos puntos también son misteriosos y desconocidos, cuando de hecho no lo fueron.
El barco SS Gaines Mill informó una explosión por encima del agua poco después de que despegó el PBM Mariner, en el lugar donde éste debía de estar. Se pudo divisar una mancha de aceite en ese punto, pero el mal clima impidió que se recobrara cualquier resto, y para cuando el clima tormentoso terminó, todos los rastros del accidente ya no estaban ahí. El escenario más probable fue que una fuga de combustible causó la explosión, la cual desintegró el avión.
Otros aviones desaparecidos
Recientemente se han encontrado restos de aviones TBM Avenger a 300 km de Daytona Beach, a una profundidad de 230 metros.
Los aviones fueron encontrados cerca unos de otros en un radio de dos kilómetros y medio y a unos 200 metros de profundidad. El descubrimiento fortuito se llevó a cabo desde el barco Deep Sea mientras buscaban los restos de un galeón español. Según relataron los miembros de la tripulación cuatro de los aviones estaban derechos y parecían hallarse en excelentes condiciones. «Hasta los cristales de las ventanillas y las torres de las ametralladoras permanecían intactos». El quinto avión, que se supone era el que encabezaba la formación, estaba partido en dos. Las portezuelas de la cabina del piloto de cuatro de los aviones estaban abiertas, por lo que se supone que los pilotos se lanzaron en paracaídas antes de que los aviones cayeran en el oceáno.
Con ayuda de las cámaras submarinas se pudo determinar que el número de serie de la cola de uno de los aviones era el 23 (idéntico al del avión principal del Vuelo 19 que era FT-23, siendo FT la designación que daba la Marina a la Estación Naval Aérea de Fort Lauderdale, a la que pertenecían los aviones). Además las letras FT fueron divisadas en varios de los otros aviones.
Pero al sumergir las cámaras de nuevo y observar más de cerca los aviones, encontraron que los números de matrícula (FT-120 y FT-87) no coincidían con los del Vuelo 19, además de que la envergadura de las alas era distinta. Para la coincidencia del número 23 del avión encontrado con el avión-guía se dijo que la Marina a veces volvía a asignar los números de aviones desaparecidos, aunque nunca hubo confirmación de que eso fuera aplicable al avión encontrado.
La sentencia final, elaborada por Ted Darcy, director de operaciones de la firma Wreckfinders (investigación y búsqueda de aviones siniestrados), determinó que los cinco aviones encontrados no pertenecían al Vuelo 19 sino que formaban parte de un total de ocho aviones Avengers desaparecidos en un círculo de dos kilómetros y medio de radio frente a la costa de Fort Lauderdale, entre enero de 1943 y noviembre de 1945 y que todos se encontraban en la lista de accidentados de la Marina. Uno de ellos —el que fue confundido con el avión-guía de la patrulla— se estrelló en junio de 1943 (dos años antes del Vuelo 19) y murieron tres personas. Los otros se estrellaron por fallas mecánicas.
Otro de los argumentos expuestos es que los modelos encontrados son Avengers TBF (manufacturados por Grumman), mientras que los del Vuelo 19 eran Avengers TBM (de General Motors).


Star Tiger y Star Ariel
Otra pérdida bien conocida es la de 2 aviones de transporte Tudor IV, llamados Star Tiger y Star Ariel. Las aeronaves operadas por la línea aérea British South American Airways Corporation volaban rutinariamente en la ruta de Sudamérica: Bermudas.
El incidente tomó lugar en las horas antes del amanecer del 31 de enero de 1948. Cargando 29 pasajeros más la tripulación comandada por el Capitan B. W. McMillan, el Star Tiger salió unas horas antes de Santa Maria (Azores), unos de los numerosos puntos de escala para cargar combustible fijados en su ruta de Londres (Inglaterra) a La Habana (Cuba). Al aproximarse a las Bermudas, McMillan hizo el contacto esperado con Kindley Field, la siguiente parada, y pidió por radio que calibraran sus sistemas de navegación y que se aseguraran que se mantenía en curso.
Al determinar que el avión estaba ligeramente fuera de curso, su posición fue corregida con respecto a las Bermudas a 72 grados de la isla. En este punto, cuando el Star Tiger estaba a menos de dos horas de vuelo de ahí, McMillan dio confirmación de una ETA de 05:00 horas, una hora más tarde debido a los fuertes vientos. Ninguna transmisión adicional del avión fue recibida desde entonces.
Se enviaron las operaciones de rescate armadas con informes precisos de la última posición conocida del avión, después de que se determinó que se encontraba muy retrasado y no se tenía ningún rastro de este.
En el informe emitido un poco después por el Ministerio Aéreo Civil (Civil Air Ministry), se hicieron numerosas hipótesis de lo que pudo haber ocurrido durante las dos horas finales, hasta que cada una fue subsecuentemente rechazada. «No habrían bases para suponer que el Star Tiger cayó al océano a consecuencia de que fue la nave estaba privada de su radio, al fallar en la búsqueda de su destino, y al haber acabado con su combustible [...] Existe una buena razón para suponer que ningún mensaje de emergencia fue transmitido de la nave, ya que había muchas estaciones receptoras de radio sintonizadas en las frecuencias de las aeronaves, y ninguna de ellas recibió tal mensaje. [...] El clima se encontraba estable, no había disturbios atmosféricos serios que pudiesen causar daño estructural a la nave, y no había tormentas eléctricas».
Se supuso que el avión no pudo salirse de curso, ya que la transmisión desde las Bermudas, con vientos prevalecientes, la habría llevado a treinta millas de la isla: «La nave difícilmente podría no encontrar la isla en poco tiempo, en las condiciones de visibilidad que prevalecían». El motor fue descartado como la causa probable, ya que en tal etapa del viaje y sin el peso de combustible extra, el avión debió de haber flotado a salvo con tres o incluso con dos turbinas, en lugar de las cuatro con las que contaba. La probabilidad de que el avión perdiese tres turbinas en menos de dos horas fue considerado como absurdo.
Enfrentando la evidencia acumulada, o quizás la falta de ella, la comisión de investigación se refirió a la pérdida del Star Tiger con gran elocuencia:
Al cerrar este informe se puede decir en verdad que ningún otro problema ha presentado más confusión que esta investigación. Con la completa ausencia de evidencia confiable sobre la causa o la naturaleza del accidente del Star Tiger, la Corte no ha sido capaz de hacer mas que sugerir algunas posibilidades, de las cuales incluso ninguna alcanza el nivel de probabilidad. En todas las actividades que involucran la cooperación del hombre y la máquina se combinan dos elementos de carácter diverso. Existe un elemento incalculable de factor humano que depende imperfectamente de factores conocidos; y por otra parte está el elemento mecánico que se encuentra sujeto a leyes muy diferentes. Una avería puede ocurrir en cualquiera de los dos casos o en la conjunción de ambos. O alguna causa externa podría haber ocasionado problemas a ambos, hombre y máquina. Lo que ocurrió en este caso nunca se conocerá y el destino del Star Tiger sigue siendo un misterio sin resolver.
El 17 de enero de 1949, el Star Ariel también se perdió en un área cerca de las Bermudas si dejar rastro alguno, con una carga de 17 pasajeros más la tripulación. Las últimas transmisiones no mostraron signos de alerta, y dictaban un vuelo normal. Esta segunda desaparición propició el cese en el uso de las naves Tudor IV. Lo que en realidad les haya ocurrido a ambos aviones se desconoce hasta este día.
NC16002
Otra pérdida muy conocida es la del avión de transporte DC-3 NC16002 mientras estaba en ruta desde San Juan, Puerto Rico a Miami, Florida. Muchos de los hechos de este caso tienen similitud con algunos de los registrados con otros casos asociados con el Triángulo de las Bermudas, tales como la incapacidad de escuchar las transmisiones por parte de torres cercanas a la nave, mientras que torres lejanas recibían las mismas muy claramente. Se cree que este accidente o perdida puede ser repetida en cualquier momento.
USS Cyclops
El Cyclops (AC-4) fue un navío de la armada de los EE. UU. que se perdió sin rastro el 4 de marzo de 1918 después de desembarcar de Barbados, estaba comandado por el lugarteniente G. W. Worley y tenía una tripulación de 306 personas. Algunos creen que el barco se perdió en el Triángulo de las Bermudas, aunque cabe mencionar que en ese tiempo los Estados Unidos estaban en guerra y por lo tanto existen varias posibilidades adicionales que pueden explicar su desaparición.
Los partidarios de las teorías que involucran al Triángulo de las Bermudas han realzado el hecho de que la nave no envió transmisión sobre problema alguno y aparentemente solo desapareció. No obstante, debe tenerse presente que en el momento la tecnología de telecomunicaciones estaban en sus primeras fases, y el mandar un mensaje urgente para pedir ayuda no siempre era una tarea tan rápida o tan simple. Muchos investigadores serios de este incidente creen que el USS Cyclops estuvo más lejos al norte del Triángulo, sin embargo, cuando este desapareció, estaba cerca de Norfolk (Virginia).
El Spray
La gran habilidad del Capitán Joshua Slocum como marinero estaba más allá de la duda: (había sido el primer hombre en circunnavegar el mundo en solitario). En 1909, se embarcó en su bote Spray para atravesar el Triángulo de las Bermudas. Desapareció e incluso no hubo evidencia de que haya estado ahí. Se asumió que se hundió por una ola o por una ballena, aun cuando se suponía que el Spray era un barco resistente y Slocum un experimentado marinero; por lo tanto, en 1924 se le declaró legalmente muerto.
El caso del Cessna
El caso es el siguiente: Helen Cascio, experta piloto, manejaba su Cessna 172 y se aproximaba a la isla. La torre de control le iba facilitando las instrucciones. Después de conectar varias veces, en una de ellas, Helen no respondió, aunque el canal de la radio estaba abierto. Los operadores de la torre escucharon a la piloto decirle a su único pasajero: «He debido de hacer una falsa maniobra. Esta debería ser Turco, pero ahí no hay nada, ni aeropuerto ni casas: no hay nada».
Los controladores continuaron, frenéticamente, intentando entrar en contacto con la piloto, pero Helen no los oía. Posteriormente recibieron la que sería última frase que escucharon: «¿No hay manera de salir de esto?».
Nunca se encontró la menor huella del avión, de la piloto o del pasajero.

Berlitz refutado
Las explicaciones que han dado muchos investigadores para estas desapariciones van desde secuestros por parte de piratas modernos a un simple error humano.
Volviendo a las posibles explicaciones, los análisis menos fantasiosos apuntan a que las fuertes corrientes y la profundidad de las aguas podrían explicar la ausencia de restos, subrayando que varias de las desapariciones atribuidas a esta zona, ocurrieron en verdad a más de 600 kilómetros. Además, cada día varios cientos de naves civiles y militares atraviesan la región sin contratiempos.
Se estima que en los últimos 100 años por esa zona han pasado unas 10 millones de naves (100.000 por año).[cita requerida] Se cree que desde mediados del siglo XIX han desaparecido un total de 50 barcos y 20 aviones.
Las desapariciones dentro de la zona, ya que si bien la zona es una de las que más tráfico aéreo y marítimo registran, la frecuencia de los accidentes es proporcionalmente muy baja, en comparación con otros puntos del globo. La aseguradora marina Lloyd de Londres ha determinado que el triángulo no es más peligroso que cualquier otra área del océano, y no cobra tarifas adicionales por el paso a través de esta región. Los archivos de la Guardia Costera confirman esta conclusión. De hecho, el número de supuestas desapariciones es relativamente insignificante considerado el número de naves y aviones que pasan regularmente a través del triángulo.
Aunque ya existía el precedente de Gaddis, tal como se ha explicado, la tasa de accidentalidad de la zona no ofrecía casos suficientes de desapariciones que pudiera incluir en su libro y que tuvieran algún punto no resuelto en la aclaración del accidente. Por este motivo, Berlitz recurrió a diversas estratagemas para hinchar su obra.
Varios de los barcos que Berlitz mencionó no se encontraban en ese enclave geográfico. Es el caso del Mary Celeste, que se hundió entre las Azores y la Península Ibérica. El Freya también lo sitúa en las Bermudas, pero desapareció en el Pacífico, así como el Raifuku Maru, que desapareció en el Atlántico Norte. A otros los nombra erróneamente, como el Atlanta, llamado realmante Atalanta.
También hay desaparaciones que no son tales, como las del caso de los buques de guerra Proteus y el Nereus (1941) que esta constatado que se hundieron en acciones bélicas. Para el hundimiento del Rubicon, Berlitz mintió afirmando que desapareció en circustancias de clima normal cuando está comprobado que hubo una fuerte tormenta en la zona. En otras ocasiones, recurrió a escribir sobre barcos ficticios, como el Stavenger.
Además el Triángulo de las Bermudas en una de las zonas con más tráfico aéreo y naval de todo el mundo y con incidencias climáticas como tormentas y huracanes que hacen muy factible y explicable la cantidad de naves hundidas, sobre todo antes de la invención de los sistemas de navegación actuales. Estos han desbaratado la invención de Berlitz, ya que no se ha vuelto a registrar ni un solo caso de aeronave desaparecida en una de las zonas con más tráfico aéreo del mundo, aunque supuestos "testigos" hablan de los "incidentes" que sufrieron con sus avionetas particulares y que acabaron felizmente.
En cuanto se perfeccionen las técnicas de inmersión en aguas profundas es probable que se recuperen la mayoría de los barcos perdidos
Kusche refuta a Berlitz
Lawrence Kusche, un bibliotecario de la Universidad Estatal de Arizona en la época del incidente del Vuelo 19, se sintió intrigado por el número de estudiantes que llegaban preguntando acerca del Triángulo de las Bermudas. Comenzó entonces una exhaustiva investigación de seguimiento de los informes originales. Finalmente publicó sus hallazgos en 1975 en The Bermuda Triangle Mystery: Solved (El misterio del Triángulo de las Bermudas solucionado).
La investigación de Kusche reveló una gran cantidad de inconsistencias y falta de exactitud entre los reportes de Berlitz y las declaraciones originales de los testigos, participantes y otros involucrados en los incidentes iniciales. Demostró que muchos de los casos citados por los difusores del supuesto misterio ni siquiera existieron (presentaban números de vuelo falsos o de barcos inventados), y que la mayoría de las tragedias que sí ocurrieron se situaron fuera de los límites del Triángulo (ver enlace externo más abajo). Notó que había casos en que no se reportó información pertinente, por ejemplo en el caso del navegante circunnavegador Donald Crowhurst, que Berlitz presentó como un misterio, a pesar de que hubo evidencia clara de que Crowhurst había fraguado el proyecto de su viaje y probablemente se suicidó.
Según Kusche, la credibilidad de Berlitz «es tan baja que virtualmente es inexistente. Si Berlitz informase de que un barco es rojo, las posibilidades de que fuera de otro color constituirían casi una certeza. Dice cosas que simplemente no son ciertas. Deja de lado todo material que contradiga su “misterio”».1
Otro ejemplo fue el barco-transporte que Berlitz describió como perdido sin rastro por tres días en el Atlántico cuando estuvo perdido por tres días en un puerto del mismo nombre (Puerto Atlántico) en el Océano Pacífico. Kusche también argumentaba que un gran porcentaje de los incidentes que Berlitz atribuye a la misteriosa influencia del Triángulo de las Bermudas realmente ocurrieron muy lejos de allí.
Kusche extrajo varias conclusiones:
• La proporción entre buques y aviones que se reportaron como perdidos, y los que atraviesan sin problemas el Triángulo de las Bermudas no fue significativamente mayor que en cualquier otra área del océano.
• En una zona donde son frecuentes las tormentas tropicales repentinas, la desaparición total de algunos barcos no debería considerarse rara, desproporcionada, improbable, ni misteriosa.
• Las estadísticas de los casos fueron exageradas debido a una pobre investigación. Por ejemplo, algunos botes informados como perdidos y que finalmente regresaron a su puerto con retraso, permanecieron registrados como «perdidos».
• En los informes de Berlitz, en las circunstancias de las desapariciones confirmadas se miente o exagera. Por ejemplo, cuando Berlitz informaba que un barco había desaparecido en un día de sol, los informes del tiempo de esa fecha indican una tormenta tropical.
• «La Leyenda del Triángulo de las Bermudas es un misterio fabricado... perpetuado por escritores que intencional o ignorantemente hicieron uso de conceptos erróneos, razonamiento defectuoso y sensacionalismo» (Epílogo, pág. 277).
CRITICAS ESCEPTICAS
Los críticos alegan que Berlitz y otros han exagerado los aspectos «misteriosos» de algunos casos (Berlitz mismo no abogaba por ninguna explicación paranormal), y arguyen que en el Triángulo de las Bermudas no hay más «desapariciones» que en ninguna otra área comparable del océano. Es de notar que la empresa de seguros Lloyd’s de Londres ha determinado que el triángulo no es más peligroso que ninguna otra zona del océano, y no cobra ninguna tasa inusual de aseguramiento por pasar a través de esa área. También la Guardia Costera confirma esto.
Los escépticos comentan que una evidencia más convincente de actividad paranormal sería la desapareción de un tren entre dos paradas, y que el hecho de que eso nunca suceda sugiere que la explicación paranormal no es necesaria para la desaparición de barcos y aviones en el océano, mucho menos predecible.
RESPUESTAS RACIONALES
A pesar de las creencias populares, los Guardacostas de los Estados Unidos y otras fuentes citan estadísticas que indican que el número de incidentes que involucran aviones y buques perdidos no es mayor que en otra parte del mundo igual de transitada. Mientras que se ha demostrado que muchos de los supuestos misterios no eran tales al analizarlos con detalle, teniendo inexactitudes que circulan durante décadas, algunos pocos todavía no tienen una explicación.
El resto de los casos puede ser explicado en términos banales.
HIDRATOS DE METANO


Distribución mundial de sedimentos hidratos de gas, en 1996.
Una explicación de algunas de las desapariciones apunta a la presencia de vastas zonas de hidratos de metano sobre las placas continentales En 1981, el United States Geological Survey informó la aparición de estos hidratos en el área de Blake Ridge2 Las erupciones periódicas de metano podrían producir regiones de agua espumosa que podría no dar sustentación suficiente a los barcos. Si se formara un área de este tipo alrededor de un buque, éste se hundiría muy rápidamente sin aviso. Los experimentos en el laboratorio han probado que las burbujas pueden realmente hundir a un barco a escala, debido a que se disminuye la densidad del agua.
FALACIA
Algunos escritores han sugerido que este hidrato de metano liberado repentinamente en la forma de burbujas gigantes de gas, con diámetros comparables al tamaño de un barco, podrían hundirlo.3
Este fenómeno es físicamente imposible.
Incluso si fuera posible que se creara un burbuja de gas metano desde el fondo del océano, tal como se describe, esa burbuja gigante se rompería debido a la gran presión del agua, y se convertiría en una miríada de burbujas menores antes de alcanzar la superficie. Al emerger, estas burbujas formarían una gran turbulencia, pero no tanta como para peligrar la flotabilidad del barco. Aunque las burbujas formadas en un tanque de laboratorio puedan ser grandes comparadas con un barco a escala, el efecto no se puede comparar en la naturaleza debido a la relación entre las fuerzas de tensión superficial y gravedad.
EXPLICACIONES DE CAIDAS DE AVIONES
El gas metano también podría hacer caer aviones. El aire menos denso haría que los aviones perdieran sustentación.
Además, en el altímetro del avión (que mide la altitud) mide la densidad del aire. Como el metano es menos denso, el altímetro indicaría que el avión está subiendo. El piloto que viajara de noche o entre nubes (donde no puede ver el suelo), supondría que el avión está subiendo, y reaccionaría descendiendo, haciendo que el avión se estrellara.
Además, el metano en el motor arruinaría la mezcla de combustible y aire. Los motores del avión queman hidrocarburos (gasolina, aerofuel, aeronafta) mezclados con el oxígeno que provee el aire. Cuando los niveles de oxígeno ambiental descienden bruscamente, la combustión podría detenerse por completo, haciendo que el motor se apagara. Todos estos efectos del gas metano se han demostrado experimentalmente.

un saludo desde en cobach 02 san jose del cabo b.c.s.
AUTORES:
Apaez Lara Fco. Javier.
Laura Morales Vilarreal.
Jose Benjamin Pacheco Beas.
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