InicioApuntes Y Monografiascriticas a la pelicula de batman asciende 2012

La promesa era ver a Batman saliendo de su retiro, poniendo de nuevo en juego sus artilugios para que triunfe la justicia en Ciudad Gótica, como –según aseguran los entendidos– ocurre en el comic original. Pero el resultado es un film escaso en ideas de puesta en escena y excedido en palabras, cuya música omnipresente intenta todo el tiempo tensar situaciones desvaídas. Las tomas aéreas de la ciudad entre charla y charla, similares a las que suelen verse en cualquier serie televisiva, se alternan con explosiones, disparos y patadas registradas sin originalidad alguna, haciendo extrañar las acrobacias de, por ejemplo, un John Woo. Hasta la escena de amor junto a una chimenea con una billonaria aparentemente bienintencionada (Marion Cotillard) parece digna de alguna telenovela mediocre.
Tampoco aparecen la excentricidad y la simpatía que caracterizan a la galería de freaks que siempre rodearon al super héroe: al Batman ceceoso de Cristian Bale le falta magia, Alfred (Michael Caine) se muestra algo reblandecido, y Bane (Tom Hardy) es un alienado sin gracia con voz de ultratumba. Está claro que, si hablamos de adaptaciones de Batman al cine, no habrá malvados que superen a la Gatúbela de Michelle Pfeiffer y al Guasón de Heath Ledger, pero para una película de casi tres horas de duración la carencia de personajes divertidos es fatal. Sólo las intervenciones de Anne Hathaway diciendo algunas frases irónicas aportan algo de encanto.
Las secuencias del secuestro de un avión en pleno vuelo y del estallido de explosivos en distintos puntos de la ciudad están indudablemente bien resueltas, pero no sorprenden. Probablemente el final, al ahorrar palabras y crear expectativas sobre el rumbo de los personajes, despierta más interés que casi todo el resto.
La ferocidad de la operación promocional de la Warner Bros y la ceguera de algunos fans, sin embargo, reprimen con dureza las objeciones que pueden hacérsele. “La última de Batman tiene que ser una buena película”, se autoconvencen, y les ofende más que alguien diga lo contrario que la apología de ciertos valores cuestionables que propone el film.
Porque en Batman – El caballero de la noche asciende (el producto está inflado hasta en su título) hay, además, otro punto discutible: su discurso político, ambiguo en el mejor de los casos. Los personajes que cuestionan a los ricos y a los dirigentes políticos son terroristas y ladrones, y cuando se desata una suerte de anarquía en la ciudad, los ciudadanos se comportan como ovejas de un rebaño y quienes quedan del lado de los sensatos son policías, un cura protector de niños huérfanos… y Batman, por supuesto.

critica 2

El caballero de la noche asciende es una decepción. No una grande para mí, porque tras la excelente El caballero de la noche teníamos ese intrascendente comienzo que fue Batman inicia. Y, además, porque siempre desconfío de Christopher Nolan, un tipo tan inflado de autoimportancia, tan solemne y pedante, capaz de filmar ese cachivache berreta de El origen y venderlo como cine psicológico profundo. Pero decepción al fin. El caballero de la noche asciende, para colmo, pareciera no haber aprendido una sola de las lecciones de su anterior entrega de Batman, y sólo se mantiene viva durante unos minutos mientras repiquetean en nuestro interior los ecos de aquella (igual habría que rever si el término “vivo” se puede aplicar al cine de Nolan). Cuando comprendemos que esto es otra cosa, que Nolan se creyó que era el director más importante de la humanidad y que recargando cada instante y cada diálogo es profundo, la película empieza a desinflarse hasta volverse intrascendente, aburrida, tramposa. Y, lo que es peor, los ecos que nos comienzan a repiquetear son los de sus dos peores películas: El origen y El gran truco. El caballero de la noche asciende es peor que Batman inicia porque aquella, aún siendo bastante solemne y acartonada (Nolan siempre confunde acartonamiento con seriedad), carecía de las intenciones épicas y grandilocuentes de esta. Era el germen de algo que no estaba muy determinado todavía; esta en cambio se cree el cierre de un acontecimiento cultural contemporáneo. Y así le va.

Lo bueno es que con este pálido cierre de la saga termino por confirmar que si El caballero de la noche era excelente, se debía en buena parte al Joker, uno de los personajes más fascinantes que dio el cine de Hollywood en mucho tiempo. Lo curioso es que más allá de la notable labor de Heath Ledger, el Joker era un personaje estupendamente construido desde el guión: la relectura era excelente, su arbitrariedad caótica era coherente, y eso arrastraba a la película hacia un vórtice imposible de prever. El caos era la película misma, su trama zigzagueante, algo que le venía fenómeno al envarado cine de Nolan, donde de tan perfecto todo se vuelve tedioso, sin vida, previsible. El Joker, además, convertía al film en una película política sin intenciones de serlo; o con intenciones no explícitas. Uno de los problemas principales de El caballero de la noche asciende es precisamente el villano. No porque Bane sea un mal enemigo -aunque reconozcamos que carece del carisma de aquel-, sino porque cuando avanzada la trama y descubrimos que en realidad es un elemento secundario para un mal superior, su supuesta pericia, su astucia algo forzada se desbarranca dejándolo como un patovica con bozal. Y si encima es reemplazado por Miranda Tate (Marion Cotillard y una de las peores muertes actuadas de la historia del cine, y no estoy exagerando), el supuesto subtexto político de este Batman se cae a pedazos. Los objetivos de Miranda (Cotillard), con su deseo de volar todo por los aires más o menos porque sí, están más cerca de un villano ordinario a lo James Bond -aunque sin su sofisticación- que del complejo entramado psicológico de un Joker o de la bravuconada política de Bane.

Bien, analicemos a Bane entonces, que parece ser el punto desde donde todo se desbarranca. Una vez que sus motivaciones son develadas (como a la hora y pico, el film tarda demasiado en arrancar), descubrimos que el tipo es una especie de anarquista con aires de líder populista, que quiere devolver el poder y control de la ciudad al pueblo. Las acciones de Bane tienen un evidente eco en la realidad política de la última década: ataque a la Bolsa de Valores y atentados con bombas, replicando de alguna manera la crisis financiera y el terrorismo. Se hacen cortes populares, se ajusticia a quienes son signados como los causantes de las miserias de Ciudad Gótica, se persigue a políticos, empresarios y policías, se arma una especie de estado de sitio con una bomba nuclear a punto de estallar y pendiendo sobre la espalda de los ciudadanos. Rodrigo Seijas, en su crítica favorable publicada en el sitio, explica bien el entramado de referencias historicistas que recoge Nolan para su retrato de la anarquía en Gótica. Bane parece inteligente y, a la vez, potente, es como un cerebro pero además un brazo armado que tiene el poder para terminar con Batman de una buena vez por todas. El asunto es qué confronta Nolan a este estado anárquico: El caballero de la noche asciende dice que Batman junto a la Policía, la leyenda y la ley, son quienes tienen la energía para confrontar y restituir el orden; el pueblo no, es idiota y se somete. Podríamos acusar a esta película de reaccionaria o semi-fascista, pero no podríamos invalidarla por eso porque al menos, aún contrario al nuestro, ese sería más o menos un punto de vista. No, El caballero de la noche asciende mezcla todo esto pero no se anima a decir nada, no contiene una verdadera mirada política aún cuando se ofrece explícitamente con cada diálogo recargado como un film político. Como Bane, el film es un bravucón con bozal que tira miles de piedras pero, no como Bane, esconde la mano y no opina. Y esto no es un libre albedrío hacia el espectador, sino una falta de riesgo para decir algo: la película exhibe referencias pero nunca ahonda en su significado, como sí lo hacía con el mito y la justicia en la anterior entrega.

¿Qué estado de las cosas es el que se recompone luego que los malos son eliminados? No se sabe, porque la película no tiene nada para decir más que conceptos bien encuadrados. Sí sabemos que es un mundo que debe sostenerse por leyendas, pero que ahora el mito es Batman y no Harvey Dent. Bien, si vivimos de leyendas, de mitos que pasan a retiro y mantiene así su estatus, ¿para qué todo ese epílogo en el que vemos el nacimiento de Robin? ¿Por qué no matar a Batman, ser valiente de una vez, jugarse en serio, construir el mito de verdad, y no dejarlo en un espacio off con posibilidades de retorno? ¿Para continuar la franquicia? No parece el final más convincente para una saga que ha filosofado sobre el caos, la anarquía y el sinsentido de un sistema y de las instituciones, el hecho de aceptarse como un fenómeno de mercado, un mero producto. La oscuridad prometida es pura cháchara, como la independencia de Bane.

Película arbitraria en el mal sentido, porque parece transitar entre contradicciones cuando en verdad teme a ser concreta en algo, el único personaje interesante es Gatúbela: hay en sus decisiones algo entre libertario y dependiente. Sus movimientos varían entre el compromiso y la autodeterminación. Ese andar zigzagueante, como el de las caderas envueltas en cuero de Anne Hattaway, es un movimiento que calca, sin su cuota de perversión claro, lo que hacía el Joker. Y, además, le aporta algo de humor a una película que lo va perdiendo a medida que avanza su metraje. El caballero de la noche asciende, se sabe, es una película seria, es una de superhéroes pero para adultos que no pueden del todo reconocer que están viendo la historia de un tipo que se trastorna y se disfraza de murciélago para vengar la muerte de sus padres: por eso que a Nolan le interesa más Bruce Wayne que Batman. Esa locura de la que se hacía cargo la anterior, aquí queda anulada. Todo está demasiado planificado y, como pasaba en El origen, si alguien no lo entendió en la platea están los personajes y los guionistas para explicárselo de manera explícita: si hay una bomba nuclear por explotar, siempre hay alguien que nos recuerda que si tal artilugio falla ¡la bomba estalla! El caballero de la noche asciende es una película escrita y reescrita que no se quiere dar el lujo que alguien quede afuera, y en eso se parece a la soporífera El origen, aunque sin el destacado aporte visual de aquella: todo adquiere una gravedad dañina, una trascendencia de cartón con seriedad impostada y que pretende generar en el espectador la sensación de que está viendo algo relevante.

critica 3

Bane, un villano con muy poco para ofrecer -más allá de sus buenas intenciones- que no le llega a los talones al inolvidable Guasón. Nolan insiste con sus metáforas sobre el mundo contemporáneo, pero se enreda entre tantas analogías que hablan del alma y del costado más oscuro del capitalismo.

critica 4 l(a mas certera para mi ,los demas deben escuchar musica que a mi no me gusta o prestan poco atencion cuando ven la pelicula igual de gustos habla cualquiera)

Nolan, pusiste una explicación dicha por un fantasma (¿un fantasma interior vestido de traje?) y lo que dice tiene valor de verdad (bah, más o menos). Nolan, pusiste unos viejos desdentados y medio ciegos con ínfulas de Yoda. Nolan, destrozaste el verosímil un millón de veces, con gente que no se mata entre sí una y otra vez cuando se debería matar: algunas veces lo justificás con “quiero que no mueras ahora para que veas esto, maldito enemigo”, pero otras veces un personaje X no mata a un personaje Z sólo porque el personaje Z debe seguir vivo. Entonces, Nolan, si no pensabas matar a Z, no lo pongas a rango de tiro fácil de X, porque queda raro, feo y tonto que el que lo quiere matar no le dispare cuando lo tiene servido. Y dejá de abusar del “no te mato porque quiero que veas esto”. Y Nolan, por favor, no interrumpas peleas mano a mano importantes para irte por otras líneas narrativas, queda rara una pelea a las piñas, la pelea a las piñas, cortada. O qué sé yo, tal vez sea mejor hacer una película más concentrada en Batman y no tanto en un villano (ese Bane, que suena como Wayne, que suena como Bale) que tiene la densidad dramática de un luchador de Titanes en el Ring. Nolan, ¿del Guasón descendimos a esto? En la caída en el poder de seducción del villano reside buena parte de esta catástrofe. Nolan, habría que cronometrarlo, pero estoy bastante convencido de que tanto el villano ese (¿me querés decir cómo hace para comer pizza con esa porquería en la cara?) como el personaje de Joseph Gordon-Levitt tienen más minutos en pantalla que Batman, que por la mitad casi queda olvidado en el montaje, como si fuera una película de Corman, de esas en las que Vincent Price iba dos días al rodaje y después lo ponían en donde se podía, pero no alcanzaba para que fuera el protagonista por más que lo pusieran primero en el afiche. Ah, el montaje: Nolan, el montaje de esta Batman, más que sostener varias líneas narrativas se pavonea entre la arbitrariedad (entradas de flashbacks chirriantes, groseros) y la confusión. O la negación de problemas espacio-temporales: trayectos inexistentes e impedimentos espaciales que se resuelven mágicamente, y se multiplican a medida que la película se queda sin energías, que es bastante pronto y, rareza de rarezas, hasta Christian Bale parece no estar tan tenso. Nolan, te descubrí el truco (o al menos uno, el más importante de esta Batman): si uno no presta mucha atención, la película parece tener una gran potencia. Parece nomás. Apenas uno logra hacer el mínimo trabajo intelectual de prestarle atención a la musicalización, se da cuenta de que casi todo lo que parece grandioso, emocionante, trepidante y todo eso es porque ponen música (de Hans Zimmer, que repite y repite de Batman a Batman) prácticamente todo el tiempo: no hay secuencia de acción que tenga un segundo sin música al palo. El viagra musical de Zimmer empieza cuando se mueve una mosca y sigue y sigue y sigue. Y dale, y ponele el volumen fuerte, y decile al diseñador de sonido que te meta unos efectos guturales y muy surround para cuando hable Batman enmascarado, y también para cuando hable el malo de la cara tapada. ¡Nolan, por dios, Marion Cotillard no puede…


, la riqueza de la nueva Batman se halla en la posibilidad de generar intensos debates que la tengan como centro. Si bien se trata de un buen film, dista de igualar el nivel de las expectativas. Asciende, pero no a la altura de las circunstancias.


Difícil resulta explicar el por qué de tan elogiosos comentarios que viene cosechando tanto a nivel local como por parte de la crítica de su país de origen. Se repiten los personajes y los actores que los interpretan. Michael Caine es nuevamente el mayordomo Albert, Gary Oldman el jefe de policía, Morgan Freeman es Lucius Ford y obviamente Christian Bale es el millonario Bruce Wayne y su alter ego Batman.




para los que dijeron que me compre un diccionario deberian saber que no es facil escribir con el teclado de la computadora y que taringa no tiene corrector ortografico gracias
no insulten ,comenten con respeto que atras de una computadora hay un ser humano sensible
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