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La homosexualidad contemplada como pecado

A raíz de la celebración, hace ya tiempo, de algo que se llamó Día de la Tolerancia (no fue este año) se publicaron tantos artículos sobre el tema de la homosexualidad (no sé si porque la conmemoración en cuestión atañe exclusivamente a los homosexuales, o por contarse éstos entre uno de los grupos que más padecen rechazo por parte de sus congéneres humanos) me puse a reflexionar que, en realidad, mi ignorancia al respecto es enorme. Es probable que algunos, luego de pensarlo un poco, se descubran tan ignorantes como yo. En este artículo y el siguiente, examinaremos un poco la homosexualidad desde los tres puntos de vista en que se la contempla habitualmente: pecado, enfermedad o simple estilo de vida por elección. Por desgracia, temo que nadie se aproxima a ninguno de estos puntos de vista sin ideas preconcebidas. El homosexual intentará contra todo lo que se le oponga demostrar que su homosexualidad es un estilo de vida, porque va en ello su interés; un predicador apuntará a que se trata de un pecado y no aceptará otra postura ni siquiera como posibilidad. Nosotros intentaremos, sin prejuicios, examinar las tres posturas. Veremos que cada una de ellas podría tener cierto fundamento y ninguna es por entero satisfactoria; o al menos así me lo parece a mí. Como luego de tanto pensar sobre el asunto mi cabeza es un revoltijo, será bienvenida cualquier opinión que aporte un poco de claridad y orden. En el presente artículo, abordaremos el punto de vista más antiguo, el que considera que la homosexualidad es un pecado. Ese punto de vista me atañe personalmente debido a que soy cristiano creyente muy orgulloso de serlo y sin embargo, no puedo compartir del todo ciertas opiniones, y en el caso de algunas, sumamente rígidas, no las comparto de ninguna manera. Frases incomprensibles y estremecedoras como "A los homosexuales hay que matarlos a todos" no deben ser pronunciadas ni aceptadas como válidas por nadie que se considere a sí mismo cristiano. Pero tal vez esto es avanzar demasiado; de manera que comencemos por el principio. En un libro que Editorial Kier publicó como parte de la colección del Canal Infinito, Creencias (no recuerdo los nombres de las dos autoras), se examinan diversos temas a la luz de las religiones mayoritarias, y en el caso de la homosexualidad vemos que no sólo la condena el cristianismo, sino también el judaísmo, el islamismo, el budismo y el brahmanismo. Si en este post se hablará casi en exclusividad del cristianismo es porque es de lo que sé. Los motivos del rechazo de la homosexualidad por parte de brahmanes o budistas pueden tener su interés, pero lamentablemente los desconozco, de modo que los dejaremos de lado. Apuntemos, sin embargo, que en la mencionada obra, por cierto muy recomendable, se incluiyen dos entrevistas a dos rabinos, que aportan datos dignos de tener en cuenta. Las citas que haré de estas entrevistas son de memoria, por lo que pueden contener discrepancias respecto al original, pero son correctas en su esencia. Consultado uno de ellos sobre si la homosexualidad es mala, por ejemplo, responde que es muy difícil decirlo, porque la esclavitud antes era considerada normal, mientras que ahora es vista como inaceptable. La religión, dice, es algo que está en constante evolución; aunque añade que él no casaría a dos personas homosexuales porque "el judaísmo no es lo que yo digo que debe ser". La Biblia nos habla de las ciudades de Sodoma y Gomorra, destruídas por Dios a causa de su pecado. Extrañamente, el cristianismo siempre interpretó que con eso de "el pecado" el autor del Libro del Génesis, que menciona el episodio en cuestión, debía referirse a "un" pecado en especial. Se decidió que debía tratarse de la homosexualidad debido a un incidente previo a la destrucción de las citadas ciudades: Lot, sobrino del patriarca Abraham, estaba a la sazón en Sodoma y recibió en su hogar, en calidad de huéspedes, a dos extranjeros que resultarían ser ángeles enviados por Dios para prevenirle acerca de la condenación de la ciudad a fin de que huyera con su familia. Se nos dice que los habitantes de Sodoma se agolparon ante la puerta del hogar de Lot exigiendo a éste que les entregara a los enigmáticos extranjeros, a fin de abusar sexualmente de ellos. Lot responde negándose y ofrece, en cambio, a sus hijas. Vemos aquí, en primer lugar, que el rabino del que hablábamos más arriba tenía razón al decir que la religión es algo que evoluciona, porque la actitud de Lot hoy sería vista como la de un padre desnaturalizado, por ser suaves; mientras que en aquella época la hospitalidad era sagrada y el respeto pòr la mujer, escaso. Pero quiero hacer notar que no se trataba de una relación homosexual común, lo que pretendían los habitantes de Sodoma era cometer un abuso sexual, cosa que está mal más allá de que la víctima sea alguien del mismo sexo o del opuesto. En cualquier caso, la Biblia no precisa en ningún momento que la homosexualidad o el abuso sexual fueran las únicas formas de pecado que se practicaban en Sodoma, y la tradición rabínica tampoco lo vio de esa forma. El Talmud contiene una historia bastante graciosa, que repite Jaime Barylko en una selección de extractos de dicha obra, en la que un hombre es apedreado por un hombre en Sodoma y encima se le exige que le pague al que le apedreó, com o tarifa por practicarle una sangría. Por este pasaje nos damos cuenta de que los antiguos rabinosa consideraban que la violencia y la injusticia estaban a la orden del día en Sodoma, y que la homosexualidad, si de veras es un pecado, al menos no era el único que se practicaba allí. Esto me parece importante porque aporta una diferencia crucial. Si la homosexualidad era el único pecado de los habitantes de Sodoma y Dios la destruyó, podemos razonar que a los ojos de El es algo verdaderamente abominable. Pero si no lo era, estamos autorizados a pensar que Dios quizás hubiera perdonado a los habitantes de Sodoma su homosexualidad, pero como tenían además muchos otros pecados graves, los destruyó. Algo también a tener en cuenta es de parte de qué Dios estamos. Se nos dice que Dios supera en bondad al hombre más bueno y que su Amor no tiene dimensión, pero a la vez se nos quiere hacer creer que los pecadores arderán eternamente en los fuegos del Infierno. Una cosa no es compatible con la otra. Concedamos que hasta el más bueno de los hombres, ante una persona que es casi un monstruo, se deje llevar por una enorme ira y, teniéndola a su merced, la atormente con crueldad. Podría ocurrir. Pero con seguridad no prolongaría la tortura eternamente: tarde o temprano desistiría aunque más no fuera por aburrimiento. Pretender, entonces, que Dios sí lo haría, contradice la primera afirmación, la de que Dios posee infinita bondad. De hecho, suena insultante. Una interesante pregunta es qué motivos podría tener Dios para condenar la homosexualidad. La gran mayoría de los cristianos no se formula jamás esta pregunta, pero los tan vapuleados Testigos de Jehová, con cuyas opiniones y puntos de vista difiero a menudo pero que en otros aspectos son bastante coherentes, alegan: Dios no prohíbe nada por el solo hecho de prohibir, sino porque es bueno para sus hijos; y al menos hasta hace unos años alegaban que las relaciones homosexuales eran un vehículo de transmisión de diversas enfermedades. Pero escuché este argumento cuando el SIDA era asociado exclusivamente a la homosexualidad, y ahora sabemos que incluso podemos contraer esta enfermedad en el consultorio del dentista. ¿Debemos considerar como pecado también la extracción de una muela? ¿O la homosexualidad entraña algún otro efecto pernicioso desconocido hasta el momento, del que Dios pretende preservarnos? Hasta el momento la respuesta, creo, es negativa, pero lo que rescato del argumento es que aquí no estamos ante un Dios tiránico que condena al Infierno a quien no obedece sus dictámenes, sino de un Padre bondadoso que establece reglas para proteger a sus hijos. Todo lo expuesto hasta aquí podría ser rebatido por otros argumentos. Un ateo podría decir que la homosexualidad no es pecado, porque un pecado es una ofensa a Dios, y Dios no existe. Para traducir una postura cristiana a otra atea podríamos exponerlo de otro modo: la homosexualidad es mala y condenable. Pero, ¿lo es realmente? Casi toda la gente ahora responde de manera negativa, pero su postura es un tanto ambigua, toda vez que ellos mismos siguen usando palabras como puto o trolo o cualesquiera otras que designen despectivamente al homosexual, a modo de insultos. Si a un cerrajero argentino y heterosexual alguien le grita "carpintero" o "australiano", pensará que el tipo que le grita eso es un idiota y no entenderá su intención. Pero si le grita "puto", no tendrá dudas, la intención es insultar. ¿No es eso síntoma de que considera a la homosexualidad como algo malo? Y si es así, ¿por qué tolera la homosexualidad? Es muy posible que porque quiera que, a su vez, le toleren ciertas cosas a él, tal vez incluso en el terreno sexual. Pero por lo visto, no tiene muy claro que la del homosexual sea una simple condición más, como podría serlo la de carpintero o la de australiano. Y quizás sea esto, más que cualquier argumento venido de la religión, lo que hace pensar que hay algo malo en la homosexualidad, desde un punto de vista moral o, tal vez, médico. Pero si la posición de que la homosexualidad es pecado puede ser tenida en cuenta, son en cambio inaceptables las reacciones de ciertos sectores del cristianismo respecto a los homosexuales, y que alcanzan su máxima barbarie en ese "A los homosexuales hay que matarlos a todos" que mencionábamos antes y en el que resuenan ecos de la simplista interpretación cristiana de la destrucción de Sodoma. John Kekes, en su admirable ensayo Las raíces del mal, expone que malo es quien causa a otro un daño grave, malévolo, excesivo e inexcusable. De lo contrario, una persona será, en todo caso, solamente dañina. Si los homosexuales hacen algún daño, en todo caso se lo hacen exclusivamente a ellos mismos, y si se lo hacen a terceros, será por asuntos en los que su orientación sexual no tenga nada que ver o esté asociada a algo de verdad nocivo. Y si se hacen daño a sí mismos merecen, en todo caso, compasión, y no los furibundos truenos de ciertos predicadores rayanos en el fanatismo. No está claro que se hagan daño a sí mismos, pero en todo caso, no lo descartaremos a priori. Jesucristo dejó muy en claro que el primer mandamiento es amar a Dios por sobre todas las cosas y el segundo, amar al prójimo como a uno mismo. Aún más, el cristiano tiene el deber de amar a su enemigo, lo cual, reconozcámoslo, no es fácil. Aun así, el deber está. El que agrede a un homosexual verbal o físicamente, el que lo humilla, el que reclama para él castigos a causa ded su pecado real o presunto, está faltando a los dos mandamientos. Porque la función de castigar el pecado corresponde, en todo caso, a Dios. Y humillar al prójimo no es amarlo. Eso sí lo tengo claro por más que no tenga claro si la homosexualidad es pecaminosa o no. Y convendría que toda la Cristiandad lo tuviera en cuenta. Porque no atendemos a este tipo de cosas es que cada vez más gente se aleja de la religión. Y no los podemos culpar.
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