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"DARÍA MI VIDA POR DEFENDER TU OPINIÓN, AUNQUE NO LA COMPARTA" (Ensayo)

Escrito por: Vladimir D. Soloviev


Mis lectores han notado, que hoy no tengo mucho que decir. Es verdad, y me quedé con ganas de escribir que no siempre me siento un escritor. Ahora quisiera leerlos, escucharlos, conocer mas de ustedes. Tengo muchas ganas de saber, para decirles nada. Tito me dijo que la mejor manera de comunicarme con el mundo exterior, es salir de mi guarida. Sin embargo mi amigo invisible, aseguróseme que leyendo a los grandes, encontraré las respuestas a lo pequeño. Argentina es mi mundo pequeño, pues aunque se vea complejo, se condensa en un ínfimo compendio. Nuestra filosofía es nonata, y nuestros filósofos son toscos, elementales y carpetovetónicos. Los ilustrados bajas calorías, arrastran a la plebe hacia una ilustración sin palabras, donde solo cuentan las imágenes dogmáticas y algo mas.



Los filósofos hablan de si mismos, pero no por si mismos, salvo los filósofos de verdad. Quizá el mas grande de todos haya sido Jorge Luís Borges, filósofo que no representa al pueblo argentino, pero que si representa la sabiduría universal. Hoy me levante con aires exegetarios, por cuanto os pido sepan disculpar mi atrevimiento. Pero no pido indulgencia como ciudadano, pues me siento hastiado y agobiando. Nada hay de coherente y todo es superstición: ¿para qué necesitamos la ignorancia si tenemos ignominia, oprobio y religión?. Religión que ya no adora deidades del pasado, quienes fueron relevados por mitología con semidioses del presente. Ya no se trata de modelos económicos, hablamos de infamia, decadencia, crisis cultural estructural y amoralidad extrema.

Realmente me siento un sociópata, pues ni siquiera me llevo bien con la comunidad intelectual dominante del hoy. Tipos muy leídos, muy estudiados, pero parciales, autolimitados, travestidos, iracundos, codiciosos, fenicios, irreverentes, advenedizos, livianos y ávidos de mecenazgo estatal para con una cultura que nunca fue. Argentina se debe a si misma una tradición que sea preservada y protegida, necesita de un DNI, de una personalidad,... de paz espiritual. Demanda una terapia que redima tanta culpa de sus hijos.



Argentina necesita una identidad existencial. Nos merecemos todo lo que nos pasa, no tengo dudas. El kirchnerismo necesita de enemigos, tanto como el océano necesita de agua salada. Los antikirchneristas luchan contra molinos de viento. Quijotadas que solo manifiestan el grado de insensatez e inmadurez que tenemos desde lo cultural. El problema no es Cristina, somos nosotros.

No existe un algo que esté bien, luchando contra algo que está mal, so todo esta mal. Luego de Cristina, vendrá alguien con poco o mucho poder, y con el tiempo veremos cuanto se le parece a lo pasado. Pocos parecen reflexionar sobre los tópicos que nos han estigmatizado, bitácora que nos muestra que hace mas de un siglo que giramos en circulo.Claro que hubo una evolución, pero que siempre fue motorizada por factores exógenos. Nunca fuimos protagonistas de nuestro propio destino, ergo nunca nos hicimos cargo de nuestra Nación.

Quizá la progenie cosmopolita que hizo de este país una nación bastarda, nos consagre como hijos putativos de la indiferencia y el infantilismo. Nuestro nacionalismo apesta, y huele a putrefacto. Nadie defiende al país, siempre se tratan de caudillos, partidos, corrupción y modelos. Modelos que siempre son amorfos, totalitarios y despóticos. Íntimamente lo sabemos, lo sentimos, lo intuimos, pero nos dejamos ser,....argentinos.

Estamos lleno de esoterismo, superchería y paganismo. Adoramos "próceres" inventados entre gallos, medialunas y "buenas noches". Salvo una minúscula excepción, nuestra batería de "prohombres", es despreciable y repulsiva. Hombres y mujeres ambiciosos, hedonistas, inescrupulosos, chaovinistas, soberbios, arrogantes, mentirosos, demagogos, atorrantes, licenciosos, inmorales, infames, autoritarios, déspotas y muchos etcéteras. El siglo XX fue peor, la degradación adquirió tal jerarquía que llegamos a consagrar a un militar fascista como el adalid del populismo, y a una meretriz promiscua, arbitraria, afectada, traumada y vulgar como "mujer de mujeres". Tan pobre es nuestra "religión" sociopolítica, que rige sobre nuestra propia idiosincracia: la prohibición de tener personas honestas, capaces, probas e ilustradas en el poder.



Hay mucha genialidad en Argentina, pero se la disimula muy bien. ¿Los sabios?, son atacados, o prefieren morir en el anonimato, o bien, mueren para ser reconocidos algún tiempo después. Filósofos de manual, cafetín y bola ocho, tenemos muchos, pero que conciban algo original, genuino, loable, desinteresado y benigno, es otra cosa. El problema es poder expresar crítica alguna, sin que recaiga sobre el comedido, la espada de los Damocles de la tiranicia vernácula.

Cortázar salió indemne de su "Libro de Manuel", so los militares del 72, no eran permeables a tan "volado surrealismo", y Borges con su Aleph trazó la mas formidable descripción de lo que es la intelectualidad criolla de carácter hegemónico. Hoy muchos "iluminados" (por lámparas bajo consumo), siguen encontrando nuevas "profecías" en el libro El Aleph, y particularmente en su cuento homónimo. En el canal educativo de cable "Encuentro" (filokirchnerista), se trazó una parábola comparativa entre el Aleph e internet, que no estuvo nada mal por cierto. De hecho el Aleph ya se parece la Biblia, so tiene tantas interpretaciones, transvaloraciones y decodificaciones, que eclipsan la misma Piedra Roseta.

Sin embargo Borges en El Aleph, le quiso decir a los filósofos y eruditos coetáneos, que hay un mundo mas allá de sus reducciones ontológicas y prosaicas, a quienes ironizó muy sutilmente en su cuento Zahir (punto o dioses, donde todo conocimiento converge).

Las cosas y los quienes no han cambiado, todo se reduce en un punto y se no se dejan espacios para el viaje imaginario del pensamiento profundo y filosófico. El Aleph, si de profecías borgianas hablamos, bien puede encastrar con los nuevos descubrimientos sobre el Bosson de Higgs. Las partículas subatómicas son como las visiones del Aleph, pues se muestran de tal o cual manera, dependiendo de donde se encuentren y en que momento, para luego ser otra cosa y desconocerse de si mismo. Es negarse la existencia como un algo lógico, o bien es un ente que nos dice que debemos dejar morir nuestra ingeniería racional pre-existente, para darle paso a una nueva - mas prolífica, vital y creativa inteligencia. Auscultar El Aleph es como investigar y sumergirse en la matemática o física cuántica, la cual pone en duda todo empirismo, epistemología, guías y resortes del pensamiento humano.



Admiro a Borges por muchos motivos, obviamente no podría ser de otra manera, soy escritor; ergo la genialidad de Borges radica en su filosofía antidogmática. Borges le dejó un claro mensaje a las vanguardias intelectuales argentinas: PIENSEN, NO CONSTRUYAN FILOSOFÍA "GENÉRICAS" SOBRE LAS EXEQUIAS DE SUS PREDECESORES. Pocos parecen haberlo entendido.

Borges mas que antiperonista, fue un demócrata, que dejó una enorme obra en pos de la defensa del librepensamiento y la cultura democrática. Admiraba a Voltaire, Hobbes y Locke, pues sentía que los podía identificar con su experiencia.

A priori, Borges entendió que Argentina era tan cosmopolítica, como dispersa era el sentido de pertenencia, lo cual engendró este monstruo del patrioterismo, luego amplificado por Juan Domingo. Es un patriotismo exótico, por cuanto dice defender los intereses de la Patria, pero haciendo "demasiadas" concesiones morales, éticas, republicanas y humanas. Tampoco es un patriotismo demasiado justo e imparcial, pues indulta a sus líderes, y en cambio endosa responsabilidades a fuerzas oscuras e invisibles que habitan en el exterior. Y a pesar que festejamos la Revolución de Mayo de 1810, y la Independencia de 1816, con cada gobierno populista nos volvemos a independizar: ¿de quien?, pues, de nuestros propios fantasmas, elfos, hadas, duendes y cronopios.



A fines del siglo XIX los intelectuales integrantes de la oligarquía plutocrática, se sumó a la moda socialista imperante en el viejo continente, con tanta convicción como oportunismo. Sin duda el capitalismo es execrable, porque es la explotación del hombre por el hombre, en cambio, el comunismo es exactamente el revés, y aunque soy consciente del cliché, intento decir: que las cosas no fueron diferente en Argentina. Las elíte fueron primigenios en el socialismo, pero a sabiendas que el integrar las vanguardias (clase dominante dentro de comunismo), les permitiría preservar su status quo, y por ende su capital.

Toda familia patricia tuvo un conservador y un socialista en su Libreta de Familia, lo que no se ganara por un lado, se lo haría por el otro. Estos Borgias rioplatenses, supieron hacer del mecenazgo: un folclore. Tradición que aun sigue vigente, sino den vuelta la vista y observen los factotum de "Carta Abierta". Todo concepto totalitario, necesita de una cohorte de intelectuales, que oficien de guardia pretoriana del dogma. Obviamente, también le confiere aires de abolengo, legitimidad, romanticismo y mística. La epopeya que nos narran, tiende a convertir los bestiarios pestilentes, en gallardos hidalgos (populosos). Quienes son admirados y reverenciados por el populacho, hipnotizados por tanta épica y majestuosidad.

Este tipo de relato abandona toda dialéctica, para evaporarse en una monoléctica hermética procaz y altamente dogmática. Donde nadie ve clases medias o personas: son solo "sombras", "estereotipos difusos", y "simobologías pretéritas". Hombres bien vestidos contra descamisados. Gorilas contra patriotas. Destituyentes contra leales. Fachos contra,....contra,....¿otros, mas fachos?, sorry, me perdí. No necesitamos volver a los 90, si todavía no salimos de los 50. No es necesario exagerar, todos los gobiernos han tenido cosas buenas y malas, pero el daño que ha dejado el dogma peronista, ahora denominado kirchnerismo, tiende a lo irreparable cuando de cultura hablamos.



Rescato del Maoismo su férrea voluntad para hacer grandes transformaciones culturales en poco tiempo, pero aborrezco sus métodos, quizá por eso respete tanto la obra de Mahatma Ghandi. No quiero subestimar a filósofos como Laclau, Feinmann o Forster (entre otros), pero yo me llamo Ramón. Todos necesitamos de alguna paternidad para que nos ponga un nombre. Debemos liberarnos del imperialismo: ¿cual?, ups, me olvidaba ¿se refieren al imperio Yankee?, ¿o al inglés?. Genial, pensé que ya estábamos emancipados, sobre todo después de tantas décadas de peronismo. ¿Y si nos liberamos del imperio dogmático?, porque yo solo veo una sola corporación claramente dominante, y no me refiero al pueblo precisamente. Consciente estoy que mi volátil proclama tendrá pocos seguidores, sobre todo si lo espero del empresariado, bancos y terratenientes. No por algo los anarquistas fueron ninguneados y desterrados del mapa por Perón y las legiones dueñas de su legado. No se ustedes, pero odio tener enemigos, ¿por qué negarse la búsqueda de la amistad?. Aun sin ser un logro, vale como vocación.


La tercera posición ha dejado al país así, tal como lo ven, sienten y huelen. Kirchneristas y antikirchneristas, no difieren de esas visiones, solo que unos se suman a la liturgia y otros no. Todos perciben lo mismo de Argentina. La diferencia es que unos quieren que Cristina siga por los siglos de los siglos en el poder, pues la consideran una especie de Mahoma, y los otros todo lo contrario. Pero ambos bandos dejan entrever que la Argentina necesita de un "poder superior", lo cual nos dice entre lineas, que no estamos bien. Unos dicen tener el mejor "modelo de gestión" del mundo, pero agregan que hay mucho por hacer todavía, o sea que la "perfección" no se ha logrado.

La sintonía fina, que no es otra cosa que, salvar tiempo sobre algo que se desconoce. Pues a ciencia cierta nadie sabe donde estamos parados, ni siquiera en materia económica. La dinámica legislativa, fruto del exceso de ansiedad del gobierno, dan cuenta de ello. Los antikirchneristas, saben lo que molesta y duele, pero tampoco saben proponer soluciones alternativas, salvo aquellas que pasa por quitar del medio a Cristina. No son pocas las veces que me río, viendo como esta sociedad se asusta con algunas palabras. Comunidad que necesita servicios psiquiátricos urgentes.

Toda protesta o movilización tiene per se, implícito un sentido destituyente, al igual que los actos electorales y los comicios. Uno vota para ratificar o destituir, ergo poner relevos.




Incluso en estos tiempos tiene supremacía el voto destituyente, que los demás. De hecho Néstor Kirchner, ganó por el voto destituyente antimenemista. El problema está en no salirse del marco legal y constitucional. Otra cosa son quienes emplean la fuerza y la violencia armada para remover a un gobierno elegido por el pueblo. Acá es donde aparece la palabra golpistas, propio de los militares de antaño, radicales, socialistas, conservadores y montoneros.

Vaya coincidencia, los mismos que ahora forman parte de este gobierno, lo cual viene a explicarnos tal desmedida paranoia. Los mismos que azuzaron la muchedumbre y gentío que terminó derrocando a De La Rua. No entiendo si el miedo es real, o es solo otra manifestación del histrionismo del que es capaz de desplegar semejante dogma, porque en honor a la historia, todos los otrora golpistas están en el kirchnerismo, y en algunos "partiditos" mas (que no llenan un cabina telefónica). Los militares ya no cuentan, una porque queda poco y nada de las FF.AA, y otra, porque tarde aprendieron que prestarse de idiotas útiles les costó muy caro.



Finalmente os digo, que tenemos tres soluciones al paradigma. Primero: nos dejamos llevar, y que Cristina haga todo por nosotros, total ya estamos acostumbrados a la mediocracia, la corrupción y el totalitarismo. Segundo: podemos como multitud mayoritaria opositora, unirnos, y concebir nuestro propio nuevo partido y liderazgo horizontal (aprovechando las herramientas de Internet), y tercero: podemos dejar que los mismos dirigentes de siempre (arco opositor), se queden con la representatividad de nuestros reclamos e indignación, para que finalmente destituyan, elección mediante, a Cristina,...para que luego de un par de años todo siga igual. Se lo que va ha suceder, y no es la que tiene rasgos de utopía, en cuyo caso, me sigo declarando escéptico. Pero recuerden, sino cambiamos esta dirigencia política, y si como ciudadanos, no dejamos un escarmiento claro, fuerte e inolvidable, habremos perdido tiempo y otra valiosa oportunidad. Argentina es un país tremendamente rico, que no nos esperará para siempre.

Los intelectuales del kirchnerismo, deberían dejar de jugar de filósofos y humanistas, so comprender que la experiencia es nítida ante situaciones de tan alta crispación y tensión social. El patrioterismo solo produce luchas intestinas, donde patriotas se enfrentan con compatriotas. El saldo de todo este absurdo, jamás es bueno para el país, entonces: ¿qué entienden ustedes por patriotismo?. En verdad, me declaro azorado, pues lejos de estos hombrecillos, asumo la intelectualidad verdadera como una entelequia que nos condiciona, nos supera y nos obliga, al bien común y la defensa de la humanidad como un todo indivisible. La auténtica intelectualidad no tiene nacionalidad, banderías políticas ni dogmatismo alguno. Abran sus mentes al Aleph, o cuanto menos dejen ser parte del problema. Hay dos tipos de intelectuales que se esconden detrás del nacionalismo: los cobardes y los miserable.

Como prefacio elegí uno que a Borges le gustaba mucho, sobre todo en tiempos del peronismo: "Daría mi vida por defender tu opinión, aunque no la comparta" (Voltaire)





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