Agonía del ego.
La maldita carcelera de la razón, esa putrefacta maestra impostora que regentea el vil lupanar de la escuela de la vida, jamás logrará que adhiera a la puerilidad fácil y plebeya de inculpar al chivo expiatorio del ego. Ni aun después de derrocarla, destriparla para con sus tripas ahorcar a todos sus obscenos hijos del entendimiento, me uniré al complot contra el ego.
Jamás haré otra cosa que testimoniar su agonía, sin la mácula de los reproches ni el filisteísmo y la cobardía de los juicios y las acusaciones.
Mi ego herido por una de las últimas culebras de la fealdad y la liliputiense igualdad tronaba por la playa pública de la contemporaneidad.
No parecía tan sórdido ni tan filisteo ni tan lleno de inicua desolación como las mil cabezas de la hidra de la nueva multiplicidad.
¿A caso sería menos que toda esa populosa y falsa fraternidad que se yergue sobre la libertad castatralizada?
¿Es ese ego toro mío al que, por las tardes, le clavan las banderillas las más feas esclavas disfrazadas de toreros enanos del más vil lupanar de la ergástula contemporánea para que ,por la noche, sea resucitado como un dios mitraíco por el hijo de un rey en trance de recordar?
El peregrino reconoce al peregrino, fraterniza en un amago de posta; el enemigo embosca, traiciona y se refugia de la reacción en el lupanar de las leyes.
¿Por qué se despierta a la mitad de lo acordado y escribe esto?
¿Por qué?
¿Por qué importan tanto las metáforas de la mota de polvo, la brújula y la sustancia del odio?
Juro que esta tarde conocí a un diablo. Juro que esta noche conocí a un ángel. Como tantas tardes, como tantas noches, entre una legión de almas confusas, dispersas, temerosas, de pasos tambaleantes, de pasos pesados, entre legiones de elefantes que temen la estampida.Juro que , en lo más profundo del sueño, la ponderación de una mota de polvo, una brújula y la sustancia del odio me despertaron; me subieron a la superficie con el recuerdo de mi ego herido por posesos y diablos y curado por asclepios en el exilio e hijos del rey en trance de despertar.