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Y es así como Hugo Chávez perderá las elecciones





Ni el milagro de una pretendida enfermedad curada ayudará. Solo un cataclismo –improbable- demoraría el necesario cambio de lo que ya no puede sostenerse por sí mismo. El Presidente pasa por la desafección constante, progresiva, creciente e ineluctable de lo que fue su base de sustentación desde 1992: las grandes masas de venezolanos que buscaban un vengador y –fracasados en su intento- están ahora desencantados con los resultados finales.

1. LOS NÚMEROS YA NO DAN.

No es sólo que los números de las encuestas confidenciales (las verdaderas) no le “cuadran” al “candidato oficialista” -eufemismo que ubica a Chávez como candidato eterno, que jamás dejará de serlo mientras Dios le de vida- sino que los mismos son claramente adversos (e inocultables) hasta para los más lerdos y conspicuos de sus seguidores.

Según los resultados ponderados de los últimos procesos electorales oficiales (las encuestas más recientes lo indican) la unidad gana holgadamente en la casi totalidad de los Estados y ciudades donde residen más del 75% de los casi 19 millones de votantes inscritos y donde también hay suficientes operadores políticos que vigilen el proceso eleccionario.

Zulia, Táchira, Lara, Carabobo, Miranda, Bolívar, Nuevas Esparta votarán masivamente por Henrique Capriles. Además, para agrandar la desgracia del candidato pro comunista, Monagas, Anzoátegui, Trujillo, Mérida y Caracas (y quizá el depauperado y desasistido Estado Vargas) en una sorpresa importante a favor de la Unidad.

Aun ganando mayoritariamente en los Estados tradicionalmente chavistas (Apure, Guárico, Aragua, Falcón, Yaracuy, Sucre, el Delta y los llanos centrales) jamás alcanzaría los votos que requiere para derrotar al candidato unitario que resume a todas las oposiciones convertidas en Gran Oposición hacia él y hacia su oprobioso modelo comunista pro cubano, totalitario, fascista, autoritario y unipersonal.

2. SUS MENTIRAS SON CONOCIDAS Y YA NO PROSPERAN.

En su obra “El Conocimiento Inútil” (Planeta1988) Jean François Revel decía que “la primera fuerza que mueve al mundo es la mentira”. Y se refería directamente a los sistemas socialistas y de fuerza como abanderados de la mentira y el engaño.

Mentir –quien lo duda- genera resultados políticos de corto plazo y permite, incluso, ganar elecciones cuando no existe un punto de comparación tangible más allá de la palabra de quien miente. Hugo Chávez ha mentido a placer desde 1992 hasta ganar las elecciones en 1998 (la única donde no ha sido puesto en duda su victoria) cuando obtuvo un 56,20% de los votos válidos contra 40% de Henrique Salas Römer y el Consejo Electoral era transparente y técnico.

Pero no se puede “mentir siempre” impunemente. Tampoco se puede mentir sobre lo que ya se ha mentido (o sea, reciclar las mentiras) sin poder demostrar tangible y verazmente que se ha hecho lo que nunca se hizo y -mucho peor- ni siquiera se intentó hacer.

Inmensas mayorías de venezolanos, incluidos muchos de sus seguidores, saben con realidades y ejecutorias exactas, quién es Hugo Chávez. Un mentiroso contumaz e irredento.

Y saben que su gobierno no puede dar más de lo que ha dado en éstos 14 años: poco en materia de progreso social y mucho en imposición, abusos y ausencia de libertades.

Ponerse a relatar y enumerar las mentiras del régimen es una tarea ardua, pero describir aquellas propias del “candidato oficialista” es tal vez un acto de magia negra, de ocultismo y vanidad: hay quienes piensan que bien podría escribirse la historia de lo que ha sido Venezuela en estos últimos 20 años a través de la enumeración y composición concatenada de las mentiras del ahora de nuevo candidato Chávez, desde que apareció en la escena nacional con su intentona de golpe.

Además de obras insuficientes y un desmadre monumental en casi todos los ámbitos (habiendo dispuesto del mayor presupuesto jamás habido en la República) de la vida nacional, lo que “promete que hará” de seguidas es peor. Lo arengado en las manifestaciones públicas y en su “nuevo” programa de gobierno contempla más estatización, más militarismo, más mandonería y abusos; en fin, ¡más comunismo cubano!

Y el pueblo, ese que ahora lo desafecciona, lo sabe honda y claramente.

Ya no es posible mentir.

3. LA CALLE YA NO RESPONDE AL AGITE

Los agitadores de calle (en psicología: “tipos enterados”) son los abanderados a la hora de darle legitimidad masiva al régimen del presidente Chávez. Mucha gente demuestra poder.

La toma de la calle y sus demostraciones de fuerza y movilización (con centenas de autobuses trasladando personas, círculos bolivarianos, colectivos armados, grupos de choque y de movilización proselitista; grupos tácticos de apoyo policial y especializado, milicias y militares en funciones de trabajo partidista, además de grupos, personas y partidos formados al modelo estalinista, castrista y marxista) empiezan a menguar de forma dramática y lo que antes se conseguía con el beneplácito de muchos seguidores fieles y captados por el “proceso” ahora debe pagarse por lograrlo y –aun así- no se logra ungir con olor de multitudes al “candidato eterno”.

Las irreverencias vistas en cadena nacional (que jamás habrían ocurrido antes) tales como dejar al “eterno” hablando solo, en sus delirios y sus mil batallas imaginarias contra un imperio semejante a molinos de viento; lanzarle imprecaciones, groserías y gritos de repudio (y substancias también), caceroleos sonoros e intempestivos, así como suspensión de eventos programados por falta de público (a pesar de las presiones que desde las alturas del Comando Carabobo hacen a los pobres “chavistas de base”) hablan de pronósticos sombríos.

Estos activistas de calle, otrora omnipotentes, simplemente se “hacen los locos” y desaparecen sin demasiados temores a las consecuencias. Dejan “el pelero”, pues.

4. LOS ACONTECIMIENTOS SE PRECIPITARAN MAS, MUCHO MAS.

Estamos a menos de dos meses del 7 de octubre de 2012, fecha prevista para las Elecciones Presidenciales más importantes de la historia venezolana y que definirá y dará forma concreta al siglo 21 y al sistema de gobierno que tendremos en el largo plazo. Se enfrentan dos modelos y dos visiones de país. Uno fracasado –el chavismo- y otro que busca una oportunidad de demostrar su valía: la Democracia del futuro.

Existe una innegable meteorización de los seguidores del Presidente candidato, cada día más evidente y cuya tendencia debe ir agravándose a medida que transcurra el tiempo, cosa que contrasta con la cada vez mayor adhesión, alegría e ilusión que provoca en el pueblo simple y llano el paso del candidato de la Unidad.

El país siente que merece una oportunidad de futuro sin enfrentamientos y sin tutelajes. Por eso la Venezuela del progreso, de la unidad de propósitos y de la Democracia cada vez es más robusta en su adhesión al candidato Capriles. Y esa tendencia sigue creciendo día tras día.

El pueblo venezolano –tal como lo hizo admirablemente y contra todo pronóstico aquel 2 de diciembre de 2007, cuando el país se jugaba lo mismo que ahora pero a nivel constitucional- se definirá mayoritariamente por uno de dos sistemas de gobierno: Democracia o Comunismo.

O un sistema comunista inspirado y supervisado por el cubano Fidel Castro, totalitario y cerrado al mundo, con controles y tarjetas de racionamiento (que ya conocemos en la electricidad con apagones y fallas de suministro, el agua, los alimentos, las divisas, los viajes y mil cosas más) representado por un hombre cansado de su propio fracaso, controlador, incapaz de concertar las mejores voluntades de sus gobernados, desfasado y retrógrado en su visión de la vida y representado –como hemos dicho- por el “candidato eterno” Hugo Chávez con 14 años en la Presidencia de la República.

O podemos –como ocurrirá previsiblemente- decantarnos por la Democracia y elegir a Henrique Capriles, una persona probadamente eficaz y eficiente, con juventud e ideas novedosas que concita a las mejores voluntades y a las fuerzas del estudio y el trabajo. Una persona joven, incluyente, trabajadora, no dado a las peroratas y las mentiras como forma de vida y de gobierno.

Un candidato que ha demostrado su valía reiteradamente como diputado, alcalde, y gobernador; que ha administrado eficiente y pulcramente un Estado complicado -no una cantina militar- en momentos duros y complejos (con el propio gobierno central en su contra, torpedeando su labor) como lo es el Estado Miranda. Un hombre exitoso que jamás ha tomado el poder por asalto y que tiene el derecho real de gobernar a su país ante el desastre creado por el gobierno a sustituir.

Pero sobre todo –y muy especialmente – una persona que no pondrá en riesgo el Sistema Democrático que tanta sangre, esfuerzo y trabajo ha costado a los venezolanos y que estamos en grave riesgo de perder en manos de un chafarote pro cubano

Pareciera, entonces, que el camino está claro.

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