Diciembre, época de grados, de fiestas, de peleas y reconciliaciones, de pesebres y música parrandera, es para mí un viaje al que casi todos vamos con la intención de pasarla bien. Con cada nuevo año, por tradición personal, hago una reflexión detallada sobre aquellos momentos que, de una u otra manera, me hicieron vestir bonito o llevar amargura en mis ojos. Y nada fue fortuito, así lo creo, mas bien todo fue producto de las delgadas líneas del libro de la vida.
Este año fue para mí bastante difícil en lo económico, estuve aferrado a la esperanza de poder concretar un proyecto que me permita enfilar mi presente hacia un futuro de prosperidad y armonía. La cosa no se me dio, y hoy paso otro rato más comiendo hallaca y pan de jamón pensando en cómo lograrlo, en cómo llegar a donde quiero y cómo tener lo que quiero. Pero en la vida nada es fácil, todos llevamos equipaje pero solo unos pocos logran subirse al avión del éxito. Yo espero poder tomar ese avión, lo necesito.
Entre tantas cosas por decir, y con tantas palabras en el baúl de los recuerdos, comienzo a creer que el mundo de las letras fue escrito para aquellos que nacimos con un alma sensacionalista. Este año comencé dos nuevos retos; uno académico y otro amoroso. Ambos de reciente data, ambos juntos de la mano, quizás dependen mucho el uno del otro, pero lo traje al baile porque considero que esos dos retos traen a mi vida la paz y tranquilidad que demanda mi futuro.
Decidí montarme en el bus del conocimiento, llevaba cinco largos años sin tomar un lápiz y cuaderno, pero hoy siento que valió la pena. Comencé un postgrado en finanzas en la misma universidad que fue mi segunda casa por varios años. Y guardo muchos recuerdos de mi universidad, de aquellos compañeros y compañeras con los cuales no compartí tanto, pero de los cuales tengo gratos conceptos. Allí crecí intelectualmente, allí me formé como hombre al servicio de este país y con esa universidad tengo una deuda moral de incalculable valor.
Han sido muchas horas, minutos, segundos, que hoy se conjugan en experiencias, en vida, ni muy buena ni muy mala, solo vida. No puedo eludir mi alma crítica, ni aislar tantas emociones, porque pienso que en este mundo hay mucha gente dañina. Cosas como una dama en traje de baño reciben más publicidad que un niño que muere de hambre, o un vagabundo que muere por consumo de drogas importa menos que un padre de familia asesinado por delincuentes. Me entristece el país en que vivimos, me hace sentir pobre, me hace pensar que algún día tendré mucho dinero pero nada para alimentarme en la nevera.
Durante octubre de este año tuve un quebranto de salud. En algún momento sentí que mi corazón no estaba funcionando bien, pero mediante un chequeo médico se determinó que era una falsa alarma, que el reloj de mi vida aún tiene bastante batería para andar. Y la vida es así, hoy estamos, mañana quien sabe. Un día cualquiera fallecemos o muere alguien de nuestro círculo familiar, afortunadamente en mi caso ninguna de las dos ha sucedido este año. Y espero que no suceda en mucho tiempo.
Este año murió gente noble, obviamente como todos los años, pero hay personas que, por su talento, cambian quizás una parte del mundo, logran hacer un ícono de sí mismas, crean una imagen muy bonita a la que algunos rendimos tributo. Y ahora que lo pienso, creo que los años son como nubes que viajan de un lugar a otro sin detenerse, que un día cubren del sol a unos y luego se marchan para dejar que el sol nos abrace con su imponente calor. Los años no perdonan porque el tiempo jamás pasa en vano. Eso lo aprendí el día en que me estuve mirando al espejo y vi que mi cabello estaba cambiando de color, de negro a plateado.
Mi piel ya no es la misma, mi cuerpo ya no está tan joven, mis líneas han cambiado y mi mirada se detiene frente a esa imagen que le devuelve el espejo para encontrarme con las huellas del tiempo, que además de quedar marcadas en mi interior también se hace visible en mi apariencia externa, en mi rostro, en mi cuerpo. La vida es un carrusel que gira y gira, sin que muchas veces sepamos a donde nos llevará. Peor no dejaré que una cana y quizás dos arrugas hagan de mí un ser amargado, porque la juventud nunca jamás vuelve.
Una vez se me ocurrió que de tantas penumbras que afectan al amor, tiene que haber un prototipo de persona con el que algunas personas soñamos tener en nuestras vidas. Una persona que se ajuste a nuestras exigencias y necesidades, y viceversa. También sé que no existe una medida para calibrar y cuantificar el amor, el cariño, la devoción… pero sí que puedo asegurar que he hecho todo lo que está a mi alcance para volcar el máximo de lo que puedo dar y lo que espero recibir. En mi conciencia así lo siento, en mi corazón así lo tengo.
Quiero soñar que vivo en un mundo completamente diferente, en donde las personas seamos más sensatas, más leales, más humildes, menos violentas. Quiero vivir en un mundo lleno de gente que entiende de responsabilidad, de gentes que tengan claro que la principal misión de cualquier persona es servir en todos los niveles, es producir, es, vivir y dejar vivir. Vaya ecuación tan simple, pero qué difícil es asimilarla o entenderla.
Vivimos en un mundo en donde todo el mundo espera que suceda un milagro, y yo me pregunto cuál será ese milagro, cuándo será que dejaremos de pensar en milagros cuando el verdadero milagro es levantarse vivo y luego ver la luz de la luna antes de acostarnos.
Vienen tiempos difíciles. El mundo cambió de mal a peor. Tenemos que vivir el día a día llevando el peso de nuestras imprudencias, cargando en nuestras espaldas el peso de ser irresponsables en muchos aspectos. El gran circo de la vida algún día, tarde o temprano, nos pasa de ser espectadores de un espectáculo, a ser el centro del espectáculo. Tenemos que hacer un inventario de nuestras emociones cada cierto tiempo, y luego un auto examen de conciencia, allí está la clave para darle otro color, otro sabor, otra textura a este mundo de injusticias que hemos creado.
Este 2013 quiero ser feliz, esa es mi gran meta. Trataré de ajustar las velas de mi barco a tierra firme, quiero llevar mis tesoros a donde mi destino me tiene reservada la felicidad que tanto anhelo. Seguiré tratado de mejorar como persona, como hijo, como hermano y como amigo. No lo sé, probablemente esta forma de ver la vida no es más que una bitácora de tantas cuyo contenido puede emularlo cualquiera.
Estaré siempre a la orden para aquellas personas afines, para quienes son portadores de un gran corazón y me han demostrado lealtad y respeto a lo largo del tiempo. Para ustedes mi más sincero deseo de éxito.
¡Feliz navidad!
Atentamente
Ronnald Rojas
27/12/2012
08:52 a.m