¿Qué es lo que piensa, cuando ve a esta niña? Se pueden evocar muchas cosas, como cuál es su juego favorito, cómo serán sus padres, si tendrá hermanos, a qué escuela irá, qué golosina le gustará más, quiénes serán sus amigas... Como puede darse cuenta, ya desde esa tierna edad se tiene una personalidad y una vida social, porque esta niña tiene sus propios gustos y aficiones, tiene sus preferencias, sus afectos, sus opiniones. Quizás no trabaje y no conozca lo que es la vida, quizás no pueda vivir muy bien en este mundo sin la ayuda de sus padres, pero ya es toda una persona, con su manera de ser única y especial.
Esta niña es una niña como cualquiera, pero a la vez tiene ciertos rasgos que la hacen distinta a todas las demás. Podría ser su hija, su hermanita, su sobrina o su primita, o, quizás, si es bastante mayor, su nieta. No hay diferencia. Quiero que piense en ella como parte de su familia. Me gustaría que trate de comprender lo que debe sentir ella, que se imagine las cosas que deben pasar por la cabeza de esta niña a lo largo de cada día y en las situaciones especiales.
Tómese un minuto para hacerlo, por favor.
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Ahora, imagínese que la niña es llevada por unos adultos a una cama y que estos la atan de pies y manos para que se quede quieta. Ella no se puede mover en ningún sentido, porque está atada. Lo único que puede hacer es agitarse como loca, en el mismo lugar, tirando de las tensas cuerdas. Ellos le dijeron que no le iban a hacer nada malo, pero la aprisionaron.
Después de eso, la desataron, pero solamente para llevarla a un cuarto de cristal, en el que la encerraron. Ella puede ver a través de las paredes, y ellos la pueden ver, también. Pero no puede salir. Todo lo que está afuera del cuarto, está prohibido, y es malo. Una vez al día, le permiten dar una vuelta por los pasillos, y volver a su dormitorio. Si la niña desea entrar a algun otro cuarto o salir al patio, la reprenden, y ella vuelve al pasillo. Alguna vez intentó desobedecer, pero la abofetearon con fuerza, diciéndole que todo lo que hacían era por su bien.
La niña, entonces, con el tiempo se acostumbró a actuar de la forma que le pedían, hasta que estar encerrada en un dormitorio de cristal y caminar solamente por los pasillos le pareció lo más normal. Pero afuera, sí, afuera, estaba todo un mundo sin explorar. ¿Qué habrá en el patio, y más allá de él? ¿Qué habrá en cada uno de esos cuartos a los que tiene vedado el paso?
La niña estuvo en contacto con otros niños que, igual que ella, habían estado encerrados en su propio dormitorio de cristal, y a los que, también, sólo se les permitía andar por los pasillos. A veces, esta niña preguntaba qué habría más allá de lo permitido, en el patio (no se atrevía a pensar más lejos que eso), pero recibía de parte de los otros niños la misma respuesta: risas, burlas, cuando no desprecio. La mayoría de las veces, la trataban de loca, simplemente por tener esa "morbosa" curiosidad. Esto terminó causando que esta niña en particular, única y especial, con su propia personalidad, gustos y opiniones, se aislara de los demás y que los otros la aislaran a ella, igualmente.
Ella tuvo una vida feliz, sencilla pero alegre, aunque siempre a una prudente distancia del resto de los niños. A veces, le parecía ver alguno que también tenía curiosidad por saber lo que habría en el patio, pero, sin embargo, resultaban ser poco compañeros, incluso malos niños. Y los que podrían ser buenos compañeros, seguían la rutina de los pasillos y el dormitorio de cristal, y no les interesaba en lo más mínimo el exterior y los cuartos prohibidos.
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Esta historia, la de los niños en los cuartos de cristal, es más o menos la historia de todos. A lo mejor, llegaste hasta el punto de estar como la niña que quería ir al patio, o, quizás, seguiste toda tu vida caminando por los pasillo y encerrándote en el cuarto de cristal. Podrías haberte escapado de toda esa estructura algunas veces, pero, de todas formas, es una buena metáfora de cómo funciona la sociedad.
Todos fuimos alguna vez unos niños indefensos, de mentes permeables, que fuimos engañados, igual que ella, y terminamos siendo atados. A todos se nos enseñó a hacer ciertas cosas y no salirnos de ellas, a todos se nos condenó a apagar nuestra curiosidad natural. No en todos los casos lo lograron, al igual que la niña siguió siendo curiosa, a pesar de las reprimendas y castigos, pero en la mayoría de los casos, sí. Y tan satisfactoriamente que, ahora, son esos mismos niños el medio de controlar a los posibles "descarriados", con sus burlas, desprecios y condena social. Porque, aunque es verdad que en teoría se permite casi todo, en la práctica hay muchos obstáculos para ser tal como uno es.
Me imagino que, dentro de cada persona, sigue habiendo algo que lucha por salir. Y ese algo no es malo. Si sólo se prohibieran las cosas que son malas, no tendría nada por qué protestar. Pero no es así. La sociedad no solamente nos enseña qué es bueno y qué es malo, en sentido de interesarnos por el prójimo. Lo que se pretende de nosotros es que nos adaptemos a un molde, a un modelo, pero todos somos diferentes, y si bien habrá personas que realmente cumplan con el modelo y sea natural en ellos, espontáneo, para la mayoría esto es lo mismo que pedirles que sean algo que no son.
Ningún área de la vida es dejada al azar: te dicen qué tenés que comer, cómo tenés que vestirte, cómo se mira y cómo no se mira a los demás, cómo hay que pararse, de qué manera se debe caminar, y hasta se llega a casos tan extremos como decirte cuánto tenés que medir de altura y qué tamaño tiene que tener tu pene o tus pechos. Evidentemente, esta forma de pensar no es sana, sino algo digno de una mente desquiciada, retorcida, neurótica, de ideas extrañas y poco razonables. Y, sin embargo, así se nos enseña a ver las cosas y se nos dice que es algo normal. Lo normal se convierte en sinónimo de lo tradicional y no de lo lógico, saludable y conveniente.
Y, sin embargo, esta neurosis colectiva no hace reaccionar a los involucrados. Uno pensaría que, a la larga, las personas se dan cuenta de las cadenas que las sostienen, pero no parece ser así. Es como si quedaran ciegos, pero no ciegos de la vista, que sería lo de menos, sino ciegos del corazón, de los sentimientos. Su parte interior, el núcleo de su ser, se apaga, y puede quedar así hasta el fin de sus días, mientras por fuera solamente representan un papel, el que se les asignó desde la infancia.
Ellos se olvidaron de quiénes son, y ya no ven más que a través de la maraña de condicionamientos que les impusieron en la infancia y que ellos aprendieron a aceptar. Y lo peor del asunto es que ya no recuerdan ni siquiera que hacen lo que hacen por resignación, y justifican sus conductas con explicaciones falsas, que no tienen que ver con lo que les pasa en realidad, sino que, solamente, son excusas para seguir manteniendo una actitud irracional y poco conveniente, puesto que así aprendieron a vivir, a fuerza de golpes y reprobaciones.
A esto se refiere la Psicología cuando habla de "el niño interior". Significa que uno tiene que deshacerse de todas las imposiciones absurdas que pueda. Al menos, eso haría una persona valiente.
Y vos... ¿Qué estás haciendo?