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Deberes: rápido y bien



1.- Separa Innecesarios (Sin piedad ni compasión)

Lo primero, tu lugar de trabajo. ¿Hay tele? Apagada. ¿Hermanos molestos? Haz que no molesten. ¿Ruido? No lo queremos.

Lo segundo, tu mesa. Nada que sea inútil para hacer los deberes debe estar encima de la mesa. Nada. Cero. Cualquier cosa que no necesites ponla en su sitio (que cuando trabajes nunca será tu mesa de trabajo). Todo lo inútil es tu enemigo porque sólo sirve para distraer.

Recuerda: Distracción = Trabajar Más y Peor.

(No sé tu, pero a mí me gusta trabajar menos y hacerlo todo bien).

2.- Limpiar

Sí, hay que decirlo. Todo el polvo que tenga tu mesa pasará a tu papel. También las miguitas que forma la goma de borrar, la mina del lápiz, los restos del afilado. Todo esos restos están programados para acabar con tus deberes. Defiéndelos.

¿Cuando limpiar?

Antes de trabajar. (Pasar un paño seco y limpio tarda 5 segundos y 82 décimas y te aseguras no convertir tu tarea en un desastre).
En cuanto aparezca. (Se limpia mejor, más fácil y más rápido así y te aseguras que siempre esté todo limpio).
Situar Necesarios.
Después de la primera limpieza, acerca todo lo que necesites para trabajar. Lo que vayas a usar mucho que esté más cerca y lo que menos, más lejos. Por ejemplo el lápiz, sobre la mesa. El diccionario, en un estante muy cerca. Las tijeras que sólo vás a utilizar en plástica pueden estar en un cajón. ¿Y de verdad necesitas tener cerca ese libro de consulta que sólo miras una vez a la semana? En resumen lo más útil, más cerca, así no perderás tu tiempo y mantendrás la mesa lo más despejada posible.

Algunas cosas que debes tener:
Una mesa y una silla decente, un lugar de trabajo, limpio, silencioso y agradable. Si no lo puedes tener en casa de ninguna manera, podrías pensar en ir a una biblioteca. También puede haber una asociación juvenil en tu barrio, o de vecinos, o un colegio o una iglesia que tenga un lugar tranquilo para hacer los deberes. Pregunta. Que es mucho mejor parecer tonto que serlo. Recuerda nadie respetará tu trabajo si tu mismo no lo respetas. Si trabajas mal y sin ganas, si no pones interés, ¿por qué debería hacerlo nadie, profesores incluidos? Lista de deberes (Llamar / SMS si hay dudas). Hay quien prefiere anotar la tarea en el mismo libro. Bueno, es una opción, pero yo creo que es mejor tener una lista. Mejor si tienes una agenda, anotas lo que tienes que hacer cada día y lo miras. ¿Qué por qué es mejor? Fácil. Si lo anotas en los libros te puedes olvidar de mirar alguno, sobre todo si hay una asignatura que, normalmente, no te ponen deberes. Y mira esa vez te los pusieron y te olvidaste. Con una lista sola, mejor en la agenda, eso no pasa, porque sólo tienes que acordarte de mirarla. Material Escolar Ya sé que lo sabías, perdón. ¿Pero lo tienes? Y no me refiero en el cuarto de tu hermano, sino contigo. Cuaderno de ideas. Lo explico en el punto 5.

4.- Cómete un sapito, qué rico que está.

¿Cómo llamamos a una tarea muy difícil? ¿Algo que odiamos hacer? Un sapito. ¿Qué por qué? Cómete un sapo y lo sabrás. Asqueroso. Pues eso, para mucha gente las matemáticas pueden ser un sapito. Pues empieza por ellas, por lo que más odies. Luego, todo lo demás te parecerá fácil en comparación. Además tendrás la mente más descansada precisamente cuando más lo necesitas.

5.- Concentración Total.

Llegamos a lo más difícil y más útil. Concentrarse sólo en lo que estás haciendo. Por eso quitamos todo lo que no necesites para hacer los deberes. ¿Te acuerdas?

Pero también hay un truco:

Un lugar para tus ideas.

Puede ser un cuaderno, un folio, notas de estas autoadhesivas (post-its), incluso una bandeja.

Este es el truco. Cuando te venga una idea a la cabeza que no sea de lo que estás haciendo, la anotas. Con eso tu cerebro sabe que no te vas a olvidar y te dejará en paz. Al dejarte en paz, trabajarás con más concentración. Y aunque tu concentración sea regular al principio, poco a poco irás mejorando. Y eso es lo que importa.

¿Música?
Hay gente que dice que no se debe estudiar con música. Hay gente que dice que sí. Yo digo que depende. A veces puede ayudar. Por ejemplo si hay ruido en casa, poner música puede esconder el ruido. Ahora, eso sí, no vale cualquier música. No importa que sea clásica, moderna o lo que sea. Lo que importa es que sea una música tranquila que no te desconcentre. La marcha Radetzsky es muy clásica y el Réquiem de Mozart también, pero yo no me puedo concentrar con ellas.

Yo a veces voy a Jamendocache, donde te puedes descargar música gratis y legal. (Los dueños del copyright te dejan). Allí busca cosas como “New Age” o “Chill Out” y las puedes escuchar en línea o bajártelas a tu ordenador, mp3, etc…

6.- Señalar Mejoras y Defectos. (En tu lugar de ideas)

Ahora tú eresquien manda. Nadie mejor que tu para saber que haces bien y mal. Y seguro que mientras vas trabajando se te ocurren formas de mejorar tu trabajo. Sólo tienes que estar alerta y las ideas llegarán.

Pues cuando lleguen, a tu lugar de ideas, a tu cuaderno –que es lo mejor-. Las anotas, sólo las anotas, y después de hacer los deberes, cuando tengas tiempo las evalúas. ¿Esto funcionará o no? ¿Es una mejora o sólo me complica más la vida? Recuerda, normalmente los sistemas mejores son los más simples, no los más complejos. Porque entre más cosas tengas que hacer a la vez, más fácil es equivocarse.

También puedes anotar por ejemplo si necesitas un cajón nuevo. Si hay que comprar un lápiz, si de verdad tienes que hablar con tu madre para que tu hermano el pequeño se convenza de que no está bien pintar tus libros. Eso ya lo sabrás tú.

7.- Seguir mejorando.

Hazlo bien, sin adornos innecesarios y lo harás más rápido.

Para hacer algo rápido lo primero es hacerlo bien. Si no, tendrás que volver a empezar (o harás una chapuza que no engañará a nadie). Al volver a empezar, tardarás mucho tiempo. Además, según te acostumbras a hacer las cosas bien, también las haces más rápido. Por ejemplo, a escribir. Un niño de primero de primaria, ¿cómo escribe? ¿y a qué velocidad? Tu cuerpo necesita aprender a hacer las cosas bien para hacerlas rápidos.

Pero bien no significa hacer las cosas más lento de lo necesario. Ni poner adornos tontos. (Salvo que te guste hacerlo y a tu profesor también). Haz lo que tengas que hacer y punto.

Lo que de verdad importa es que tengas la mente clara, las preocupaciones, las ideas se las dejas a tu cuaderno de ideas cuando estás trabajando, y siempre piensa en mejorar un poquito.

Sólo un poquito. Una cosa a la vez. Si siempre mejoras, al final llegarás mucho más lejos de lo que nunca pensaste.

Deberes: Problemas del estudiante

1.-Falta de método de estudio

A veces el estudiante pasa muchas horas delante de los libros pero tiene la sensación de que son horas que le cunden muy poco.

Carecen de un sistema eficaz de trabajo: apuntes incompletos, difíciles de entender; no tienen una visión global de la asignatura; tratan de memorizar repitiendo, sin asimilar; no hacen los deberes en su momento, etc.
No saben como estudiar una asignatura, no conocen las distintas fases del estudio (lectura inicial, comprensión, subrayado, elaboración de fichas-resumen, memorización, repasos sucesivos, repaso final).
Son desorganizados, no tienen fijadas unas horas de estudio determinadas sino que cada día van cambiando. Tampoco tienen un lugar fijo de estudio donde puedan tener todo su material organizado; no cuidan que el entorno sea suficientemente tranquilo.

Pierden mucho el tiempo, la mayoría de las veces inconscientemente: se levantan frecuentemente, leen y vuelven a leer pero sin profundizar, estudian con los amigos pero sin aprovechar l tiempo, etc.

Predomina la cantidad de horas de estudio sobre la calidad del tiempo dedicado.

2.- Falta de planificación


No saben organizar el tiempo disponible, lo que se traduce, cuando se acercan los exámenes, en la sensación de que les ha "pillado el toro".
Comenzó el curso, pensaban que quedaba mucho tiempo hasta los exámenes pero el curso ha ido pasando rápidamente y cuando quieren reaccionar es ya demasiado tarde, no hay tiempo de preparar bien las asignaturas.

Algunos estudiantes deciden entonces dejar un par de asignaturas para septiembre y tratar de centrase en las otras.

De entrada ya tienen dos asignaturas suspendidas y si del resto fallan en alguna(s) se pueden ver con 3 / 4 asignaturas para verano con lo que se han quedado sin vacaciones.

A veces son estudiantes que llevan medianamente bien las asignaturas, pero que no saben planificar las semanas de los exámenes, ver con que tiempo cuentan entre examen y examen para repasar.
Se les termina amontonando el trabajo, no disponen del tiempo suficiente para los repasos necesarios y terminan suspendiendo asignaturas que conocían pero a las que les ha faltado una última revisión.

3.- No llevan la asignatura al día


Son alumnos que van estudiando, pero siempre por detrás del ritmo de la clase, con varias lecciones desfasadas.
Esto les dificulta seguir las explicaciones del profesor, desaprovechando esta primera y fundamental toma de contacto con la materia.

Como tampoco han resuelto los deberes del día, sino que van varias lecciones por detrás, las correcciones en clase apenas les aporta algo.

4.- Falta de ambición


Muchos estudiantes se contentan con aprobar las asignaturas y pasar al siguiente curso, no se plantean lograr notas brillantes, lo que se traduce muchas veces en la ley del mínimo esfuerzo (hacer lo necesario para aprobar y nada más).

Esto les deja sin margen de seguridad.

Si un estudiante se prepara pasa obtener como mínimo un 8, si el examen le sale mal es muy probable que obtenga al menos un 5 o un 6, con lo que habrá aprobado.

Si por el contrario se prepara para obtener tan sólo un 5, si le va mal el examen es probable que termine con un 3 o un 4, suspendiéndolo.

Deberes: problemas del estudiante

a) El estudiante debe afrontar los estudios con optimismo y convicción


Algunas asignaturas pueden resultar complicadas o muy complicadas, pero no por ello hay que tirar la toalla.

Según diversos estudios, las personas utilizamos un porcentaje muy reducido de nuestra capacidad intelectual, contando con un potencial más que suficiente para superar grandes desafíos, por difíciles que parezcan.

El auto-convencimiento de ser uno capaz de aprobar termina influyendo de forma decisiva en el aprobado de dicha asignatura.

Es un proceso que se auto-alimenta.

Si la asignatura es ya de por si complicada y el estudiante está plenamente convencido de que no podrá con ella, la dificultad que encontrará será aún mayor.

Si por el contrario, afronta dicha asignatura convencido de sus posibilidades las dificultades no le resultarán tan insuperables.


Con una buena planificación y dedicación será capaz de sacar adelante cualquier asignatura por complicada que sea.
b) El estudiante debe poner ilusión en lo que hace


Es innegable que estudiar cuesta y que es fácil encontrar otras actividades alternativas que resultan mucho más apetecibles. Pero, en definitiva, como el curso hay que aprobarlo, más vale afrontarlo con cierta dosis de alegría.

Algunas asignaturas pueden resultar interesantes de por si, pero aquellas otras que se hagan más cuesta arriba es donde el alumno debe hacer un esfuerzo y buscarle un lado positivo (planteándoselas como un desafío personal, pensando que mientras antes las apruebe antes se las quitará de en medio, etc.).

Si a uno no le cuesta estudiar y además afronta el estudio con desmoralización, éste se le hará doblemente cuesta arriba.

Si por el contrario lo afronta con cierta dosis de ilusión se le hará mucho más llevadero.

Una persona motivada rinde mucho más

c) El buen estudiante debe actuar con seriedad y el rigor


Los estudios constituyen su principal obligación y debe afrontarlos con profesionalidad.


Debe ser constante y trabajar diariamente.

Tiene que desarrollar su fuerza de voluntad, siendo capaz de sacrificarse por alcanzar unos objetivos (ya vendrá luego la recompensa).


Si desarrolla desde joven estas cualidades, más tarde se beneficiará de ellas en su carrera profesional.

d) El buen estudiante debe buscar la excelencia


No se puede conformar simplemente con aprobar, tiene que apuntar mucho más alto. Debe fijarse unos objetivos exigentes, aunque realistas.

En primer lugar porque puede (tiene capacidades de sobra) y en segundo lugar por seguridad, por contar con un margen de seguridad.

Además, puede aspirar muy alto sin tener que consagrarse en cuerpo y alma al estudio y abandonar el resto de actividades. Es cuestión de organización y de constancia.

No hay que recortar el tiempo de ocio o diversión, lo que hay que evitar es la pérdida de tiempo, ese tiempo en el que uno no hace nada, que se va de las manos sin sacarle provecho.

Normalmente no hará falta incrementar las horas de estudio, sino sacarle más provecho a las actuales.

En esta búsqueda de la excelencia el estudiante no debe nunca bajar la guardia.


Aunque vaya obteniendo buenos resultados no debe confiarse, debe seguir apretando.

Además de fijarse una gran meta (por ejemplo, aprobar todas las asignaturas en junio con nota igual o superior al 8), resulta conveniente fijarse objetivos más inmediatos, más a corto plazo (por ejemplo, sacar más de un 8 en el próximo examen).


Es una forma de mantener la tensión, de no relajarse ante la lejanía de las metas propuestas.

Además, lograr esos objetivos más inmediatos resulta muy motivador.

e) El estudiante debe ser flexible


Si el método de estudio que emplea no le da resultados, debe cambiarlo. El estudiante debe estar permanentemente tratando de mejorar su forma de estudiar, de ser más eficiente.


Por ejemplo, si suele pasar los apuntes a limpio pero esto le lleva mucho tiempo, debe probar con utilizar directamente los apuntes tomados en clase.

Si las horas de estudio, el lugar donde estudia, etc. tampoco le convencen tendrá que cambiarlos, etc.

f) El estudiante debe ser humilde


Debe ser capaz de admitir sus fallos, sus carencias; esto es esencial para comenzar a corregirlos.

No puede engañarse a si mismo, buscando siempre responsables de sus fracasos académicos (el profesor me tiene manía; casi todo el mundo ha suspendido; el profesor se ha equivocado en la corrección, etc.).

g) El estudiante debe ser también un buen "encajador"


Ante un suspenso no se puede hundir, ya habrá más oportunidades. Lo que sí debe hacer es analizar los errores, conocer sus causas y tratar de que no vuelvan a suceder.
De los errores se aprende

Como conclusión, señalar que los estudiantes que sobresalen no suelen ser los más inteligentes, sino alumnos muy motivados, que confían en sus posibilidades, que se toman el trabajo en serio, que lo planifican y que utilizan un eficaz método de estudio.

Deberes: planificación del estudio

El éxito en los estudios depende en gran medida de una buena planificación.

Los estudiantes que destacan no son habitualmente los más inteligentes, sino aquellos que saben planificar su trabajo, aplican un buen método de estudio, están motivados y tienen mucha confianza en si mismo.
La planificación del estudio permite obtener mejores resultados y hacer más llevaderos los estudios, evitando en gran medida los temidos momentos de agobio.

No es lo mismo llevar al día las asignaturas y en época de exámenes dedicarse a repasar, que perder el tiempo durante el curso y cuando llegan los exámenes tratar de hacer lo que no se ha hecho antes, con jornadas de estudio maratonianas, agotadoras, con una enorme ansiedad y con muchas probabilidades de que esa gran "paliza" final no sirva para nada (ni para aprobar, ni por supuesto para aprender).
Planificar el estudio es sencillamente organización y para ello el estudiante debe responder a las siguientes preguntas:

¿Qué material hay que dominar perfectamente de cara a los exámenes?

¿Qué esfuerzo hay que realizar para lograr este nivel de conocimiento?

¿De cuanto tiempo se dispone?

Y en función de las respuestas a las preguntas anteriores:

¿Qué esfuerzo diario hay que realizar para llegar a los exámenes bien preparado?
Con ello se trata de determinar el ritmo de estudio diario ("velocidad de crucero" que hay que establecer desde el primer día de curso (y no desde el segundo).

Cuando éste comienza el estudiante no dispone de toda la información necesaria para precisar el esfuerzo diario que debe realizar, pero a medida que el curso avanza sí es posible determinar cuantas horas necesita uno estudiar diariamente.

A principios de curso es preferible ser precavido y establecer un ritmo diario de estudio más duro.

A medida que va avanzando este ritmo se irá ajustando, aumentándolo o disminuyéndolo según proceda.

Si en alguna asignatura uno se va quedando retrasado pueden utilizar los fines de semanas para darles un "empujón" y ponerlas al día.
El estudiante que consigue desde el primer día imprimir una velocidad de crucero de 2 - 3 horas diarias de estudio (salvo en determinadas carreras que exigirán más) irá asimilando y dominando las asignaturas de forma gradual, sin grandes agobios finales, y podrá llegar a los exámenes con un elevado nivel de preparación.

Para llevar una asignatura convenientemente preparada para un examen hay que estudiarla en profundidad y una vez aprendida mantener esos conocimientos frescos mediante repasos periódicos.

En la lección 8ª (Fases del Estudio) se explica como afrontar ese primer estudio.

Esta primera preparación se realiza lección a lección, a medida que avanza el profesor en su explicación.

Antes de comenzar a preparar una nueva lección es conveniente darle un rápido repaso a la anterior y para ello pueden ser muy útiles los esquemas-resúmenes elaborados de cada una de ellas (lección 9ª).

Una vez realizado este trabajo inicial (el más duro), el estudiante debe planificar los repasos. Habitualmente con tres repasos puede ser suficiente, si bien no hay que tomarlo como un número exacto.

El primer repaso se realizará una vez visto la mitad del temario (o un tercio, si la asignatura es extensa).

En el se revisarán todas las lecciones vistas hasta el momento, tratando de conseguir un nivel de preparación similar al logrado el día en que se preparó cada lección individualmente.

Este mismo repaso habrá que realizarlo con la segunda mitad de la asignatura (o con el segundo y el tercer tercio).

El segundo repaso se debe comenzar unos 10 días antes del examen y en el se abarcará todo el temario que entra en el mismo.

El tercer repaso se realizará en los 2 días previos al examen.

Es conveniente llevar una agenda en la que ir anotando todos estos repasos y al mismo tiempo ir controlando que se van cumpliendo los plazos previstos en el plan de estudio.

Este trabajo hay que hacerlo con cada una de las asignaturas.

A comienzos de cada trimestre el estudiante debe tomar un calendario y señalar las fechas estimadas de los exámenes (las irá precisando más adelante).

En función de dichos días fijará las fechas orientativas para el comienzo de cada uno de los repasos de cada una de las asignaturas.

Se trata de una planificación preliminar que irá perfilando a medida que avance el curso y vaya conociendo con mayor precisión el ritmo de cada asignatura, su nivel de dificultad, los días definitivos de los exámenes, etc.

Con esta planificación el estudiante podrá llegar a las fechas de los exámenes con todas las asignaturas convenientemente preparadas, pendientes únicamente de un repaso final.

Hay que ser muy rigurosos con el cumplimiento de estos plazos.

Si uno se queda atrás tendrá que acelerar, en cambio, si va por delante es preferible mantener dicha delantera ya que le permitirá estar más tranquilo en los días finales.
Por último, señalar que agobiarse no es malo, siempre y cuando se cuente con tiempo suficiente para reaccionar.

Agobiarse a principios del trimestre al ver que el temario es muy extenso puede ser hasta beneficioso ya que hará que uno imprima un ritmo de estudio más intenso.

El problema es agobiarse demasiado tarde, cuando ya no hay posibilidad de reacciónar.

Deberes: apuntes

El éxito en los estudios depende en gran medida de una buena planificación.

Los estudiantes que destacan no son habitualmente los más inteligentes, sino aquellos que saben planificar su trabajo, aplican un buen método de estudio, están motivados y tienen mucha confianza en si mismo.
La planificación del estudio permite obtener mejores resultados y hacer más llevaderos los estudios, evitando en gran medida los temidos momentos de agobio.

No es lo mismo llevar al día las asignaturas y en época de exámenes dedicarse a repasar, que perder el tiempo durante el curso y cuando llegan los exámenes tratar de hacer lo que no se ha hecho antes, con jornadas de estudio maratonianas, agotadoras, con una enorme ansiedad y con muchas probabilidades de que esa gran "paliza" final no sirva para nada (ni para aprobar, ni por supuesto para aprender).
Planificar el estudio es sencillamente organización y para ello el estudiante debe responder a las siguientes preguntas:

¿Qué material hay que dominar perfectamente de cara a los exámenes?

¿Qué esfuerzo hay que realizar para lograr este nivel de conocimiento?

¿De cuanto tiempo se dispone?

Y en función de las respuestas a las preguntas anteriores:

¿Qué esfuerzo diario hay que realizar para llegar a los exámenes bien preparado?
Con ello se trata de determinar el ritmo de estudio diario ("velocidad de crucero" que hay que establecer desde el primer día de curso (y no desde el segundo).

Cuando éste comienza el estudiante no dispone de toda la información necesaria para precisar el esfuerzo diario que debe realizar, pero a medida que el curso avanza sí es posible determinar cuantas horas necesita uno estudiar diariamente.

A principios de curso es preferible ser precavido y establecer un ritmo diario de estudio más duro.

A medida que va avanzando este ritmo se irá ajustando, aumentándolo o disminuyéndolo según proceda.

Si en alguna asignatura uno se va quedando retrasado pueden utilizar los fines de semanas para darles un "empujón" y ponerlas al día.
El estudiante que consigue desde el primer día imprimir una velocidad de crucero de 2 - 3 horas diarias de estudio (salvo en determinadas carreras que exigirán más) irá asimilando y dominando las asignaturas de forma gradual, sin grandes agobios finales, y podrá llegar a los exámenes con un elevado nivel de preparación.

Para llevar una asignatura convenientemente preparada para un examen hay que estudiarla en profundidad y una vez aprendida mantener esos conocimientos frescos mediante repasos periódicos.

En la lección 8ª (Fases del Estudio) se explica como afrontar ese primer estudio.

Esta primera preparación se realiza lección a lección, a medida que avanza el profesor en su explicación.

Antes de comenzar a preparar una nueva lección es conveniente darle un rápido repaso a la anterior y para ello pueden ser muy útiles los esquemas-resúmenes elaborados de cada una de ellas (lección 9ª).

Una vez realizado este trabajo inicial (el más duro), el estudiante debe planificar los repasos. Habitualmente con tres repasos puede ser suficiente, si bien no hay que tomarlo como un número exacto.

El primer repaso se realizará una vez visto la mitad del temario (o un tercio, si la asignatura es extensa).

En el se revisarán todas las lecciones vistas hasta el momento, tratando de conseguir un nivel de preparación similar al logrado el día en que se preparó cada lección individualmente.

Este mismo repaso habrá que realizarlo con la segunda mitad de la asignatura (o con el segundo y el tercer tercio).

El segundo repaso se debe comenzar unos 10 días antes del examen y en el se abarcará todo el temario que entra en el mismo.

El tercer repaso se realizará en los 2 días previos al examen.

Es conveniente llevar una agenda en la que ir anotando todos estos repasos y al mismo tiempo ir controlando que se van cumpliendo los plazos previstos en el plan de estudio.

Este trabajo hay que hacerlo con cada una de las asignaturas.

A comienzos de cada trimestre el estudiante debe tomar un calendario y señalar las fechas estimadas de los exámenes (las irá precisando más adelante).

En función de dichos días fijará las fechas orientativas para el comienzo de cada uno de los repasos de cada una de las asignaturas.

Se trata de una planificación preliminar que irá perfilando a medida que avance el curso y vaya conociendo con mayor precisión el ritmo de cada asignatura, su nivel de dificultad, los días definitivos de los exámenes, etc.

Con esta planificación el estudiante podrá llegar a las fechas de los exámenes con todas las asignaturas convenientemente preparadas, pendientes únicamente de un repaso final.

Hay que ser muy rigurosos con el cumplimiento de estos plazos.

Si uno se queda atrás tendrá que acelerar, en cambio, si va por delante es preferible mantener dicha delantera ya que le permitirá estar más tranquilo en los días finales.
Por último, señalar que agobiarse no es malo, siempre y cuando se cuente con tiempo suficiente para reaccionar.

Agobiarse a principios del trimestre al ver que el temario es muy extenso puede ser hasta beneficioso ya que hará que uno imprima un ritmo de estudio más intenso.

El problema es agobiarse demasiado tarde, cuando ya no hay posibilidad de reacciónar.

Deberes: lectura

Cuando leemos solemos incurrir de forma inconsciente en ciertos vicios que ralentizan considerablemente nuestra velocidad de lectura. Estos vicios son:


1.- Leer palabra por palabra: Es la forma que aprendimos de pequeño. Lo leemos todo, sustantivos, verbos, adjetivos, y también artículos, conjunciones y preposiciones, con independencia de que algunas de estas palabras apenas aporten información.

Por ejemplo: "El colegio de mi hermana está cerca de mi casa" Al leer esta frase iremos leyendo todas sus palabras.

2.- Subvocalización: Al leer tendemos a ir pronunciando las palabras, ya sea moviendo los labios o mentalmente.

3.- Regresión: También tendemos continuamente a dirigir la vista atrás, sobre lo que ya hemos leído, para asegurarnos de que entendemos lo que estamos leyendo.

Frente a esta lectura lenta, el estudiante debe tratar de leer rápido ya que esto le reporta las siguientes ventajas:


1.- Ahorro de tiempo en la lectura: Tiempo que podrá dedicar a avanzar en el estudio o simplemente a descansar.

2.- Mayor concentración: La lectura rápida predispone a prestar más atención, haciendo que sea un tiempo de estudio más provechoso.

Hay que tratar de aproximar la velocidad de lectura a la velocidad del pensamiento (la velocidad del pensamiento suele ser entre 3 y 5 veces más rápida que la de lectura).

El estudiante debe comenzar midiendo su velocidad de lectura.


Debe leer un texto durante 5 minutos y calcular el numero de palabras leídas.

Para ello realizará un cálculo aproximado: cuenta el número de palabras que hay en un renglón estándar y el número de renglones leídos. Multiplicando estas dos cifras obtiene una aproximación del número de palabras leídas. Esta cifra se divide por 5 y se obtiene una medida de la velocidad de lectura (nº de palabras por minuto).

¿Qué se puede hacer para leer más rápido?


1.- Evitar la vocalización, tanto oral como mental. Intentar no mover los labios, manteniendo la boca relajada.

El pronunciar mientras se lee puede reducir la velocidad de lectura hasta en un 50%. Hay que aprender a reconocer la palabra por su aspecto y no por su pronunciación.

2.- Evitar releer. No se debe volver la vista atrás bajo ningún concepto, aunque pensemos que algo se nos ha podido escapar. Con la práctica nos habituaremos a poner la máxima atención en la lectura, evitando de este modo perder información.

Si no se comprende bien el texto es preferible darle una segunda lectura completa que ir constantemente releyendo. Se puede utilizar un lápiz para señalar por donde va uno leyendo y evitar de este modo saltos de línea.

3.- Reducir las fijaciones de los ojos. Aunque no nos demos cuenta, cuando leemos vamos fijando (parando) los ojos en cada palabra, y dentro de ella en cada letra.

Hay que tratar de ir ampliando el campo de visión: de una letra pasar a varias letras, luego a una palabra, y después a varias palabras. Con una fijación de la vista se puede llegar a leer hasta tres palabras a la vez.

Los ojos deben realizar un movimiento suave, continuo, y no una sucesión de breves paradas. Es un aprendizaje complicado pero que con la práctica se consigue.

4.- Centrar la atención en las palabras que aporten significado. Hay que fijarse en los sustantivos, verbos, adjetivos y adverbios, desechando artículos, preposiciones y conjunciones.

Por ejemplo: "El colegio de mi hermana está cerca de mi casa"

Quedaría reducido a: "colegio hermana cerca casa"

5.- Al final de la lectura se buscarán en el diccionario las palabras que no se hayan entendido. En lugar de ir interrumpiendo la lectura cada vez que aparece una palabra que no se entiende, es preferible anotarlas en un papel y al final de la lectura buscarlas en un diccionario.

Para una lectura rápida es importante también cuidar los siguientes puntos:


1.- Iluminación: hay que contar con buena iluminación. La luz natural es mejor que la artificial, pero si no puede ser es preferible combinar una luz central que ilumine toda la habitación y otra luz (preferentemente bombilla azul), no demasiado intensa, centrada sobre el texto.

2.- Postura: el estudiante debe leer sentado, con una postura cómoda (el cuerpo ligeramente inclinado hacia delante) y con el libro centrado (que las líneas queden horizontales) apoyado en la mesa (la altura de la mesa debe ser la adecuada).

3.- Silencio. Una lectura rápida exige una gran concentración, y para ello es necesario evitar cualquier distracción. Si se quiere oír música que sea tranquila, a ser posible sólo instrumental, y con el volumen bajo.

Se puede mejorar considerablemente la velocidad de lectura.


Hay diversos ejercicios para ello, si bien la mejor manera de aprender a leer rápido es forzarse uno mismo a hacerlo. Al principio se perderá mucha información, pero con la práctica se irá dominando esta técnica.
Entre los ejercicios se pueden mencionar los siguientes:


1.- Localizar dentro de un texto una palabra preseleccionada previamente. Por ejemplo: en un artículo deportivo sobre fútbol tratar de localizar la palabra "delantero". Hay que hacerlo rápidamente y luego chequear que se han localizado todas.

2.- Localizar informaciones específicas dentro de un texto. Por ejemplo, en un artículo periodístico sobre política localizar rápidamente los nombres de todos los partidos políticos mencionados. Luego chequear el resultado.

3.- Ampliar gradualmente el campo de fijación del ojo. Tomar una hoja de un periódico estructurada por columnas relativamente estrechas (por ejemplo, 5 columnas por hoja).

Seleccionar una columna y trazar una línea vertical por el medio. Leer la columna bajando los ojos por la línea vertical, sin apartarse de ella.

Comprobar si se ha captado toda la información.
En definitiva, el estudiante debe tratar de mejorar su velocidad de lectura pero sin comprometer una buena comprensión del texto (puede perder algún detalle, pero nunca información esencial).

Mejorar tu concentración

Aunque seas la persona más ordenada, eficiente y organizada del mundo, tendrás tus momento débiles cuando te resulte imposible concentrarte.

En momentos así resulta muy conveniente poder sacar unos trucos de la manga para mejorar tu concentración, aunque sea temporalmente.


Limita la cantidad de tiempo que dedicas a tu trabajo. Si sólo puedes trabajar en algo durante 30 minutos antes de que se acabe el tiempo y la tarea tiene que estar acabada, sin duda serás capáz de centrarte. Conviértelo en un juego o para ver con que rapidez puedes hacerlo.

Toma descansos frecuentes, por lo menos una vez cada dos horas.

Si estás perdiendo la concentración al trabajar en un lugar, muévete a otro.

Trabajo en un lugar que está vacío y libre de distracciones. Si estás en una oficina, investiga si puedes sentarte en una sala de conferencias vacía.

Tu entorno afecta tu productividad. Si estás en un entorno para trabajar (una oficina, una biblioteca, o un lugar donde mucha otra gente trabaja) será más fácil que puedas concentrarte en el trabajo
Tener un ordenador que sea explícitamente para el trabajo, y otro para la diversión.

Apaga temporalmente la conexión a Internet.

Realiza tareas sencillas o fáciles primero que sientas la emoción de logro y desarrollar un buen impulso o ritmo.

Elimina las excusas para perder el enfoque. Por ejemplo, si te encuentras levantándote por agua o café, guarda esas cosas en tu escritorio.

Hábito vital: reservar tus mañanas para las tareas importantes

Para mí y para muchas personas, las tres primeras horas de cada día son las que más importan. Es durante esas tres horas cuándo la mayoría de las personas realizan las tareas que mueven los proyectos importantes hacia adelante. Si logras realizar tres cosas importantes antes de las 12:00 de cada día vas de buen camino.

Si tienes la libertad de poder definir parte de tu día laboral sugiero que lo pruebes si es que ya no lo haces.

El idea realmente es muy simple.

Define las tareas importantes primero y después si tienes tiempo realiza las tareas de menos importancia.

Si rellenas tu listado to-do con tareas de poca importancia muy pronto no habrá tiempo para realizar las cosas importantes. Hay que recordar que ser productivo no se trata de hacer más, si no hacer las cosas importantes.

Intenta planificar tu día laboral un poco antes de tiempo, definiendo que tareas son importantes.

Haz un listado. Al principio del día anota las tareas importantes. Las tareas que apuntes deberían ser las cosas grandes, las tareas que te ayudan realizar tus objetivos y sueños.

Mantén un listado corto. Pon un máximo de tres puntos en el listado. Recuerda que si todo es importante, nada es importante.

Realiza las tareas temprano. Intenta realizar las tres tareas antes de las 12:00, antes que aparezcan fuegos que habrá que apagar!

Estos tres puntos da importancia a las cosas importantes., ser eficiente no se trata de hacer una multitud de cosas, importa hacer las cosas que importan.

La mejora personal es tu mejor inversión



A mi parecer hay dos tipos de personas. Los que se quejan y están aburridos constantemente, solamente esperando a que el fin de semana llegue, y los que siempre intentan hacer algo. Hacen cosas todo el tiempo e intentan activarse. Son las personas para los que las horas del día no son suficientes y quieren lograr algo en sus vidas.

Me siento parte de ese segundo grupo. No me gusta perder el tiempo y mas aún no me gusta cuándo los demás me hacen perder mi tiempo. No es que no me relaje (Acabo de estar un semana en Mallorca, disfrutando de sus calas), pero si estoy descansado prefiero hacer algo que solamente ver el tiempo pasar. Prefiero leer sobre algo o escribir algo, programar algo, diseñar algo.

Y si hay trabajo por hacer u otra cosa, siempre estoy intentando mejorarme a mí mismo. ¿Por qué no te relajas un poco más? puedo escuchar algunos de vosotros decir. Es sencillo. El tiempo que paso en mejorarme a mí mismo, siempre tiene recompensa más tarde. Mejorarse a uno mismo es una inversión de tiempo y de energía en vez de una inversión de dinero, pero los dos pueden pagar bien. Una mejora personal puede mejorar tu salud, tu estado mental o tu estado financiera.

Te dejo con dos áreas dónde cualquier persona puede trabajar en su tiempo libre para una mejora personal duradera:


Mejora tu salud. Caminando treinta minutos al día puede alargar tu vida. Leí por allí que caminar treinta minutos/día durante 12 años añade, en promedio unos 1.3 años a tu vida. Un ejercicio vigorso puede añadir aún más, 3.7 años de vida por promedio.

Añadir 3.7 años a tu vida por realizar un poco de ejercicio diario es un argumento profundo para empezar mejorar tu saludo. Eso no significa que tienes que dejar ver Mad Men por las tardes. No debería ser un gran problema combinarlo.

Mejora tu conocimiento. Las ideas tienen un valor muy potente y aumentan su valor cada día, sobre todo en un contexto donde la sociedad se dirige a una creatividad recompensada. El conocimiento es la base sobre la que la creatividad es construida. Exponerse a uno mismo a nuevas ideas en una mezcla de ideas y experiencias de vida que ya tienes aumenta la posibilidad de que tengas una idea única. Y esas ideas únicas pueden llegar a ser muy valerosas.

La manera más obvia para mejorar tu conocimiento es obviamente leer…Lee un libro que tiene la potencialidad de sorprenderte. La otra idea es buscar activamente personas con las cuales puedes tener una conversación interesante. Comparte tus ideas, escucha las suyas. Acepta el criticismo de una idea tuya no como una crítica de tí sino del idea en sí.

Estas son dos maneras de mejorarte a tí mismo. Lo que supongo que quiero decir con este post es que la diferencia entre los que tienen éxito y los que no parece que está en como ellos “gastan” su tiempo. Las personas que logran cosas pasan casi todo su tiempo haciendo cosas que les hace mejores a ellos mismos, asi sea ponerse en situaciones desafiantes, conocer a personas interesantes o realizando una maratón.

Un secreto de los listados to-do que todos deberíamos saber



Alguna vez has sentido que tienes demasiadas cosas encima la mesa? ¿Una sensación de que realmente tienes demasiados ítems en tu listado to-do y que eso te estresa? Yo creo que te puedo decir por qué te sientes estresado. Es bastante sencillo:

Tienes demasiados poco ítems importantes en tu listado to-do.

La sensación de estar superado de su propio listado to-do es una señal de que no existen ningunas metas importantes apuntadas en el listado. No tienes un propósito claro. Un propósito claro deriva del establecimiento de metas enfocadas y claras.

Todos los listados están bien y pueden ser la clave para lograr los objetivos importantes en la vida pero es importante tratarlos como un matadero y no un vivero.

Es de suma importancia no rellenar un listado to-do con ruido pero con una cifra pequeña de ítems importantes. Ítems que si los realizas te llevarán más cerca a la realización de tus objetivos vitales.

Otra razón de porque uno se siente abrumado es porque muchos (y somos todos un poco culpables de esto) dedicamos el día a apagar fuegos en vez de prevenirlos o resolver problemas verdaderos.

Si tomas dos minutos para pensar en lo que realmente quieres lograr descubrirás que tu día está lleno de tareas basadas en la reacción.

A mi parecer la gente lleva a cabo dos tipos de tareas:


1: Tareas reactivas:

Las tareas reactivas son las que son definidas y conducidas por otros.

Está claro que no todas las tareas reactivas están del todo mal. Tenemos que realizar tareas reactivas de vez en cuando. Pero es importante reconocer y saber que la cantidad de tareas reactivas que llevas a cabo no solamente determina si te vas a sentir abrumado pero también hasta que punto te sientes que tu vida tiene un propósito.
El propósito es la alfa y omega para lograr un enfoque a largo plazo. Si tu propósito está definido por “realizar las tareas que otras me dan” perderás el enfoque enseguida y resulta muy fácil quemarse.

2: Tareas proactivas:

Las tareas proactivas son las que son conducidas por tu propósito de vida y tus metas enfocadas.

Si te sientes superado por tu listado to-do, pregúntate la categoría a la que pertenecen los puntos del listado to-do. Si tienes demasiados ítems de tipo “reactivo” intenta lo siguiente: elimínalos, delégalos o añádelos a tu calendario para realizar en otro momento.

Bueno, todo tiene sentido, las tareas proactivas y las tareas reactivas pero cuál es el secreto que mencionaste en el título?
Pues vamos allá.

Tu meta debería ser edistribuir tus tareas para que el 20% de ellas sean dedicadas a realizar tareas de carácter reactivo mientras el otro 80% está enfocado en realizar tareas proactivas.

Las tareas reactivas te ayudan a ganarte la vida, mientras que las tareas proactivas te traerán el éxito.

Así que el secreto está en el hecho de que pasamos demasiado tiempo en la realizar las tareas reactivas y además, nos abrimos demasiado y recibimos estas tareas a través de muchos canales.

Para acercarnos hacia una estrategia efectiva para componer un listado to-do efectivo tendremos que llevar a cabo dos pasos:

Paso 1: Establecer una meta enfocada con un propósito.

Como mencioné en un párrafo anterior sobre tareas proactivas, todo empieza con establecer una meta con enfoque. Una vez establecida el meta, impleméntalo en tu listado to-do. Cuando empieces, te resultará bastante difícil dedicar 80% de tu tiempo a esta meta, no obstante, después de unas semanas, será tu prioridad el de dedicar un porcentaje más alto de tu tiempo a realizar tareas proactivas.

Paso 2: Apaga canales.

La segunda cosa que tienes que hacer para realizar los listados to-dos más eficientes es reducir el número de canales a través de los cuáles recibes tareas. Intenta reducir por lo menos dos canales. Y si, con canales estoy hablando de quizás seguir menos gente en Twitter…

Descanso mental

Como logramos el descanso mental cuando tenemos el internet en el bolsillo, la tele plasma en casa, el ordenador en el trabajo, el portátil en casa y tu madre llamándote al fijo?

Pues, es difícil, muy difícil. Yo he notado dos cosas que me han ayudado tremendamente a la hora de descansar la mente.
A continuación os lo cuento:


1. Rituales para desconectar.

El idea de tener un día de cada semana reservada para la reflexión es tan vieja como la biblia, de hecho viene de la biblia . Yo creo que en tiempos como estos, esta idea ha empezado tener aún más importancia. El idea original se trata de abstenerse del trabajo pero podemos añadir un idea más, la de desconectar. Ritualizar un periodo de desconexión es un idea potente. Seguro que puede resultar difícil para algunas personas pero después un tiempo uno se acostumbra.

3. Meditación y siestas para aclarar la mente.

La meditación funciona. Es tan simple. No hay manera mejor de escapar de un mundo denso de interrupciones y tecnología. Solamente hace falta 15 minutos dos veces al día. Poder descansar la mente es liberador. Hay bastantes tipos de meditación, hay los de cuando no debes pensar en nada y vaciar la mente por completo. En otros se trata de enfocarse en una cosa concreta, tu aliento o una mantra que repites en la cabeza. Yo recomiendo que lo pruebes (a ser posible con una guía, ya que es una práctica que requiere algunos cuidados). Al principio parecerá como un faena pero después de practicarlo un tiempo verás que te refuerza y te energiza.

Si la meditación no te convence, recomiendo aclarar la mente en la manera más vieja que existe – pegarse una siesta de 20 minutos. También funciona. Siempre. Un truco es tomarse un café justo antes de dormir porque la cafeína tarda unos 20 minutos en tomar efecto.

Preocupación




Siempre he pensado que la preocupación es una de las actividades más tontas que una persona puede hacer, y aún así muchas veces resulta difícil no preocuparse. No soy ni lejos una persona sin preocupaciones, de hecho a veces me pillo a mí mismo en ciclos destructivos de autocrítica. Ciclos que si uno no los controla pueden hacerte llegar al pánico.

La verdad es que, cuando todo va mal, no funciona el “esforzarse más”. Preocuparse no ayuda tampoco.

La próxima vez que te encuentres en un ciclo como acabo de describir me gustaría que pruebes los próximos pasos:


Relájate, respira profundo y dá un paso atrás

Reconstruye partiendo de lo que funciona.

Cuenta con las cosas pequeñas que van bien, las pequeñas victorias.

Felicítate por los pequeños logros.

Busca oportunidades para conseguir una buena racha.

No te excedas. Mantén la calma.

No te permitas a encontrar defectos, incluso en tí mismo. Es un mal hábito que perjudica ser un líder en la vida.

Todo es mejorable, pero nada nunca es equivocado.

Construye partiendo de tus pequeños logros una identidad y una personalidad.

Identifica los patrones sobre qué va bien y por qué.

Disfruta de lo que va bien, pero no presumas de ello.

Reconoce el humor que se esconde en las situaciones cuando la vida va un poco mal. Siempre es temporal.

Me ha quedado muy largo, lo siento
Visiten la fuente, muchos de los puntos los he sacado de ahí.
Espero que le haya ayudado a alguien.

PD: No sé porque no me deja poner la fuente de sabiavida.com pero de allí también he sacado cosas.
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