Las uñas son algo extraordinariamente curioso por su analogía con las garras del gato, del tigre e incluso con los cascos del caballo. En efecto, el casco de este animal corresponde en realidad a la uña del dedo medio - o tercero- de nuestra mano. Para muchos animales las uñas son de gran utilidad, pues de ellas se sirven para asir su presa, trepar, encaramarse por los arboles y defenderse; pero ni las uñas ni muchas partes de nuestro cuerpo tienen para nosotros tal importancia, por la sencilla razón de que la inteligencia se pone a nuestro alcance por otros medios que sustituyen ventajosamente a las garras y dientes de los animales.
A pesar de su debilidad y blandura, nuestras uñas tienen una historia realmente interesante. Plantadas en la extremidad de los dedos pueden ser arrancadas del todo sin destruir las células que las producen. Tal vez nos haya ocurrido recibir un golpe en una uña y, si la contusión ha sido fuerte, esta ha formado un color violáceo, porque algunas venas pequeñas se lesionaron con el golpe y sangraron ligeramente. Con el tiempo la uña se va deprendiendo, acaba por caer y no tarda en formarse otra nueva que crece paulatinamente. Pero si la lesión ha afectado a las células especiales en que nace la uña, esta no puede volver a crecer.
Muchas veces habremos notado aparecen en las uñas unas lineas blancas transversales y tal vez una pequeña ranura, tales señales suelen manifestarse después de una enfermedad y casi siempre a la misma altura. , esto significa que durante dicha enfermedad, la sangre no se hallaba en perfecto estado de pureza, y por tal causa las células que forman las uñas no pudieron realizar debidamente su trabajo y estas crecieron débiles y exangües; mas, a medida que la sangre se va fortaleciendo, las lineas blancas siguen el crecimiento de la uña, hasta que llegan a desaparecer completamente.