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Capitulo 002 - El comienzo de una rebelion





El comienzo de una rebelion

El llanto del bebe lo saco de su profundo y relajante sueño. Miro hacia un lado y vio la puerta abierta, su mujer habia entrado y estaba tratando de calmar al niño, saco un pecho de sus ropajes y el niño comenzo a mamar abundantemente, la mujer noto que su marido habia despertado y le sonrio.
El opaco sol de invierno ya habia comenzado a descender y la oscuridad comenzaba a desolar de nuevo, dandole otra vez aquel brillo rojizo a los copos de nieve. Habia dormido mucho y a cada momento se le hacia mas tarde para la reunion con los jefes de las aldeas mas cercanas al castillo, pues este era quien exportaba madera y roca a toda la region, por esa razon muchas canteras y aserraderos se contruyeron cerca, poco a poco alrededor de estas se fueron fundando pueblos y ciudades con campesinos deseosos de ganar algo de oro.
Se levanto de un alto para vestirse pero un gentil brazo le destuvo. Su mujer lo sujetaba fuerte pero dulcemente, la miro con un gesto de duda y esta le devolvio una calida sonrisa. Intrigado se sento en la cama y le quedo mirando algo pensativo.
-¿Planeabas ir a la reunion de esta tarde? -Le pregunto su mujer.
-Pues claro. Hace mas de un mes fue planeada, es muy importante, debemos dicutir acerca de la contruccion del aserradero.
-Pues ya me encargue de eso.
-¿Que haz hecho que? No te entiendo.
-E pospuesto la reunion para dos dias mas. A llegado un hombre con un mensaje muy importante del rey.
-¿Como? ¿Por que no me despertaste de inmediato cuando llego?
-No te preocupes tanto ya me encargue de eso. Esta noche, bastante de madrugada llegara el rey en persona a celebrar en nacimiento de nuestro hijo ¿No es increible? Ya mande a preparar las mayoria de las cosas.
-¿El rey?
-Si, eso dije. ¿Acaso aun estas dormido?
-No. Pero el que el rey venga asi de repente no me parece muy buena idea.
-Vamos, es el rey. El sabe lo que hace.
Pensando en el mensaje se levanto de la cama y se puso sus mejores ropas, las misma que habia usado el dia en el que fue consagrado caballero y las del mismo dia de su boda. El rey, ademas de ser su soberano, era su primo. El monaraca tambien era joven, no superaba los treinta y cinco.
Hacia mucho tiempo que no veia a su primo, la ultima vez que estuvieron juntos fue cuando lo nombro señor del castillo por su increible actuacion en la guerra contra los salvajes de las regiones de Jiallen. Desde ese dia no se habian visto, ni siquiera se habian enviado cartas, pues el soberano estaba ocupado con los asuntos del reino y no podia ser molestado. En tanto el, debia mantener a ralla las fronteras y distribuir las ganancias.
Salio al patio a tomar un poco de aire, en donde antes hubieran habido todo tipo de flores multicolores se situaba un manto blanco hasta donde sus ojos alcanzaran, este era el invierno mas helado que hubiera visto en su vida. Los muros tenian escarcha por todos lados y habian lugares en donde al caminar cualquiera se resbalaba y caia. A esas horas el viento arremolinaba los copos que caian y formaba un pequeños huracanes, de repente entre uno de esos huracanes noto una negra figura que se le acercaba, sin pensarlo sujeto el puñal que siempre llevaba escondido entre sus ropas.



La ciudad no era como la recordaba, habia crecido bastante, muchas casas se habian transformado en almacenes e incluso se habia fundado una escuela de modales para damas y una academia de guerra para los varones. Una feria se habia instalado en el centro de la ciudad, rodeando el Campanario Solitario, alli muchos agricultores se reunian a pregonar sus mercancias durante gran parte del dia. El municipio habia crecido gracias a la generosa cantidad de dinero ofrecida por un Lord de una ciudad cercana, el cual obviamente solo queria agregar la ciudad a sus pocesiones. La igleas habia pedido limosnas para poder construir un mausleo para los pobres que no poseian tierras para ser enterrados. Hacia poco el señor que mandaba en esas tierras habia fallecido por causas naturales a la honrosa edad de noventa y cuatro años, por esa razon ambos hijos se peleaban el liderazgo y lo decidirian todo en un duelo que seria librado en unos dias mas.
Alli, frente a ella, estaba la puerta a la casa en donde habia recidido los primeros ventiun años de su vida. Dentro debia de haber un hombre de setenta años, tirado en una cama, con dolores insoportables y una fiel esposa sentada a un lado de la cama. Toco tres veces con mucha fuerza para que le escucharan, segun tenia entendido su madre estaba algo sorda y su padre dormia casi todo el dia.
Recordo un momento de su infancia, cuando tenia cinco años y trataba de manejar una pesada espada de acero, ni siquiera podia levantarla del suelo por mas de diez segundos, pero entonces llego su padre y le entrego una daga, le enseño como usarla y dos dias mas tarde le regalo una reliquia familiar. Era una hermosa daga de acero de un celeste palido que en el medio del puñal tenia un hermoso rubi azul, siempre mantenia esa reliquia consigo, fuera donde fuera siempre estaria escondida entre sus ropajes.
Una mujer de rostro arrugado le salio al encuentro, era una anciana con una nostalgica sonrisa. La mujer la miro de reojo, extrañada, parecia no saber quien era esa jovencita tan apuesta que estaba parada en su puerta, desde dentro de la casa salia un suave olor a cerdo con champiñones, aquel cerdo que su madre siempre preparaba para las celebraciones de nacimiento.
-¿Que desea jovencita? Tengo algo de prisa asi que digame rapido por favor. -Se sintio devastada, su propia madre la habia desconocido, sintio una comenzon en lo ojos, pero se contuvo, habia cambiado bastante desde la ultima vez que se habian visto.
-¿Madre? -Pregunto algo sorprendida, con la voz a punto de quebrarse.- ¿No me reconozes? Soy yo, Merisa, tu hija pequeña.
-¿Usted?¿Mi hija? No me juegue bromas señorita, usted no se parece a ella.
-Pero si lo soy .-Sintio unas gotas que caian por su tostada piel. Entonces penso que si le mostraba la reliquia ella le creeria.- Tengo una prueba. -Saco la daga de una de sus botas y se la entrego a la anciana. - Esta es la reliquia de la familia, esto demuestra que soy tu hija.
La anciana la miro sorprendida, hacia siete años que no veia a su hija menor, sintio que le picaban los ojos y no pudo contener las lagrimas. Se abalanzo sobre Merisa y lloro abrazada a sus piernas, pidiendole disculpas por no haberla reconocido, su hija se arrollido y la brazo, para terminar con ambas llorando en un reencuentro de tal magnitudes que los vecinos salian a las puertas de sus casas a ver que ocurria. En unos minutos muchos de sus amigos de la infancia y conocidos se habian acercado a saludarla en medio de elogios y llantos.
Al fin, despues de muchos abrazos y saludos, pudo entrar a la casa en donde paso los mejores momentos de su infancia, por fin tendria ante ella a su padre, unica razon por la cual habia comenzado ese viaje. El hombre estaba durmiendo placenteramente, su barba y su cabello estaban completamente blancos, tenia muchas arrugas, el pelo se le estaba empezando a caer. Pero su musculatura de un toro seguia alli, aun era el hombre alto y fuerte que habia cuidado de ella, sin duda se aferraria a la vida lo mas que pudiera.



El campamento olia a quemado, recien se estaban encendiendo las hogueras para la dura y fria noche, en las tierras de Kross los inviernos siempre eran duros, pero este superaba a todos los anteriores y por mucho. En la zona soldados armados corrian por todos lados obedeciendo ordenes de sus superiores, el ataque seria al dia siguiente pero el mapa debia ser conseguido esa misma noche.
La recamara de Olek estaba llena de manuscritos bastante antiguos que apenas eran legibles, junto a el dormia un joven que se le asemejaba bastante. El joven tenia al menos veinte años, pero parecia todo un caballero con aquellas modestas ropas y esa espada de acero. Olek golpeo con todas sus fuerzas la mesa, haciendo que su hermano diera un salto hacia atras y descenvainara su espada.
-Dejate de estupideces Rayno. -Bufo Olek, estaba bastante enojado.- Estas a punto de dar batalla y te duermes asi sin mas.
-Lo siento hermano. No volvera a ocurrir.
-Te lo advierto. Si sibrevive uno y cuenta lo ocurrido sere yo mismo quien te corte la cabeza, no uno de mis verdugos. ¿Me entendiste?
-Si hermano, no sobrevivira ninguno.
-Pues mas te vale.
La noche ya habia caido y era el momento propicio para un ataque sorpresa, no debia sobrevivir ninguno, si uno vivia para contarlo el plan se echaria abajo. Aquel era el momento de que Rayno demostrara sus dotes de guerrero, el momento de que se hiciera un hombre de verdad y liderara el primer ataque de la rebelion.
-A llegado el momento hermano. Debes atacar ahora o nunca. En dos dias el castillo Drakenor sera nuestro, y luego, el resto del imperio.


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