Un accidente terrible en el país, mueren varias personas. Los operarios de noticieros recorren de un lado a otro el lugar para conseguir el mejor plano y la primicia. En el estudio. La cámara se enciende. Estamos al aire. Los conductores se miran, se ponen su máscara seria y pasan a narrar la terrible noticia. Automáticamente son desplazados por la imagen, el video, siempre necesario en este tiempo donde los estímulos para impactar se explotan al máximo. El plano se sacude quizás, o hace un acercamiento. Mientras, si se presta atención, además de palabras, se escucha una música con intención de sonar terrorífica, que baja y sube el volumen según lo que salga en pantalla. La familia permanece con los ojos abiertos, intactos. La noticia ha conseguido impactar. Es un éxito absoluto. El video hace su recorrido glorioso, venciendo la dispersa atención y al tiempo llega a su fin. La crónica es cambiada por otra, mas feliz quizás. Anonadada, la familia permanece en la mesa hasta terminar el programa, quizás discutiendo el tema, quizás no. Secuencias de tiempo después, parten a sus destinos particulares del día. Todos encontrarán a alguien hablando de la primicia, claro, nadie se pierde lo que diga la caja luminosa. Algunos aprovecharán para destapar la verborragia de sus teorías políticas, otros se sentirán felices de anunciar el famoso "yo te lo dije", otros aprovecharán de tener una excusa de expresar su ira, otros adoptarán una posición de miedo y riesgo que hará mas excitante su viaje al trabajo... Vuelven al reposo y pasan la noche. La mañana despierta a todos. La familia desayuna frente al televisor, otra vez. El programa de crónicas impone su presencia ensordeciendo con la introducción, así será el día hoy, quizás una vez más, la vida de unas personas desconocidas sea vendida como noticia, para servir de entretenimiento
El reality de todos los dias
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