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Cuentos De Terror Cortos Parte3

Cuentos De Terror Cortos Parte3 Terror en la carretera Solo se veía el tramo de carretera iluminado por la potente luz del auto. El cielo Nocturno estaba cubierto por nubes negras que amenazaban derramarse sobre La tierra, el aire cálido y cargado de humedad parecía ser la oscuridad misma, Aplastando todo bajo su manto de negrura y silencio. Fabricio conducía por una carretera que zigzagueaba entre cerros y montes. Peligrosas curvas cerradas recortadas por precipicios, formaban parte del paisaje Agreste y abrupto que esa noche se ocultaba en la profunda oscuridad. La radio encendida trataba de alejar el sueño que se posaba en los párpados y Le habría la boca en largos bostezos. Fabricio estaba un poco extrañado por el Repentino sueño que sentía, jamás salía a la ruta si no había descansado bien, Esa noche no era la excepción. Terminaba de transitar una curva cuando la luz Descubrió una persona que caminaba al costado de la carretera. Comenzó a asustarse cuando inexplicablemente no podía rebasarla, continuaba Caminando delante de el y parecía hacerlo lentamente, vestía algo de color claro Y muy largo, como una especie de túnica, no podía distinguirse si era un hombre O una mujer. Sorpresivamente el misterioso caminante cruzó hacia el otro lado De la ruta y se perdió en la oscuridad. Lo sacudió un fuerte golpe seguido de la indescriptible sensación de caer en el Vacío, el auto de Fabricio calló con estruendo de metal aplastado, luego rodó Hasta el fondo del precipicio; el caminante apareció en el borde, miró hacia Abajo, y desplegó unas alas negras y descendió volando hasta el malherido Cuerpo de Fabricio, ya casi sin vida. El fantasma de la litera Cuando entré al ejercito sabía que iba a ser una experiencia bastante dura, y Valla que lo fue, pero los rigores del entrenamiento y la disciplina pasaron a Ser algo sin importancia comparados al terror que experimenté en aquella Barraca del ejercito. Me tocó dormir en la última litera de la fila; para los que no saben, las literas Tienen dos camas, una arriba y otra abajo . Como estaba desocupada elegí el Lugar que mas me gustaba que era la cama de arriba. Desperté en la noche, Se escuchaba un ruido raro, era apenas un rumor pero a la vez parecía venir De muy cerca, a pesar de estar muy oscuro pude ver que la cama de abajo Continuaba vacía, me mantuve despierto un rato tratando de descubrir el Origen de aquel extraño ruido, hasta que por el cansancio que sentía aquellos Días volví a dormir. Durante barias noches experimenté lo mismo, el rumor Que se oía muy cercano. Abrí mis ojos lleno de terror al darme cuenta que el Ruido era una voz, parecía alguien que hablaba estando muy enfadado, supuse Que la voz se oía tan próxima porque venía de la cama de abajo, al verla vacía Nuevamente tuve la seguridad de que en la cama de abajo había un fantasma. El resto de la noche la pasé sentado en el baño, no pensaba dormir ni un minuto Mas en aquella litera en donde refunfuñaba un fantasma. Como en la barraca había varios lugares vacíos no tuve problemas en conseguir Otro lugar en donde dormir. Sutilmente comencé a hacer averiguaciones hasta Que me enteré que en aquella litera había muerto un soldado, pero lo que Me horrorizó fue el enterarme que el soldado falleció en la cama de arriba. El muñeco embrujado Claudia integraba un grupo de voluntarios, que entre otras tareas humanitarias Realizaban visitas a diferentes centros de salud, asilos, hogares de niños Abandonados, hospitales psiquiátricos, ayudaban a la gente que necesitaba un Cuidador o alguien que los aconsejara o simplemente conversara con ellos. Durante la visita a un hospital psiquiátrico, un paciente se le acercó y le regaló Un muñeco de trapo - Tome, esto es para usted - le dijo el hombre con la mirada Perdida. Claudia agradeció y aceptó el muñeco, algunos pacientes elaboraban Artesanías como forma de terapia y solían regalar sus creaciones a la gente del Grupo. En su hogar la esperaban su esposo Carlos y su hija Lorena de cinco años. Apenas llegó guardó el muñeco en un cajón del armario que estaba en su alcoba. Apreciaba el gesto de aquel hombre, pero el muñeco era realmente horrible, medía Unos treinta centímetros, estaba echo de trozos de tela y su cabeza era blanca con Ojos y boca pintados de rojo. Esa noche Claudia despertó sintiendo una sensación extraña y angustiante, encendió La luz y vio asombrada que del cajón entreabierto del armario asomaba la cabeza Del muñeco y su cara apuntaba a la cama. Se sentía tan mal que no le dio importancia, Tomó una aspirina y volvió a acostarse. Cuando llegó la mañana su esposo la llevó Al médico, el doctor le dijo que solo parecía estar agotada y le recomendó que Descansara. Dos días después Claudia estaba mucho peor y no conseguían Diagnosticar su mal. Una tarde fue a visitarla una tía que era monja; al rato de Haber llegado su tía le dijo que sentía algo extraño, algo que había en el cuarto La incomodaba, de forma repentina el armario comenzó a temblar y emitir un Sonido que se parecía a un quejido, Claudia salió de la casa ayudada por su tía. Desde esa tarde no volvieron a ver al muñeco, desapareció del armario y con el El mal que enfermaba a Claudia la cual se recuperó rápidamente. Acompañada por su esposo y su tía, regresó al hospital psiquiátrico para intentar Averiguar algo sobre el hombre que le regaló el muñeco. Resultó que el hombre Era parapléjico, jamás había caminado y tanpoco hablaba. En la niebla Apenas salí de mi casa me envolvió una niebla espesa, la visibilidad era de tan solo Unos metros. Mi viejo auto estaba en el taller, para llegar a mi trabajo en la ciudad Debía caminar siete kilómetros por una ruta poco transitada y despoblada, rodeada De campos y bosques. En la fabrica en donde trabajaba se rotaban horarios, esa Semana me tocaba ir por la noche. La niebla era tan densa que costaba respirar, era agobiante, apenas veía la línea Blanca del borde de la ruta, todo estaba en silencio, como si la niebla hubiera Disuelto el paisaje. Me lleve el susto de mi vida cuando alguien apareció caminando a mi lado, por la Silueta distinguí que era una mujer, no conseguí ver su rostro, caminaba con la Cabeza inclinada y su largo cabello ocultaba su cara. La salude pero no me respondió, Supuse que estaría asustada así que no insistí en hablarle. Cuando llegamos al puente Comenzó a caminar mas despacio hasta que quedó unos pasos detrás de mi. Miré Sobre mi hombro y la vi parada sobre la baranda del puente, se arrojó al caudaloso Río sin darme tiempo a reaccionar. Me llevé las manos a la cabeza esperando Escuchar el fatal sonido de su cuerpo golpeando contra el agua, ni el mas mínimo Sonido llego a mis oídos. Me incliné sobre la baranda tratando inútilmente de ver Algo, no había forma de que cayera fuera del agua, el río tiene casi el mismo ancho Que el puente. Estaba desconcertado buscando una explicación de lo que había Sucedido cuando la vi nuevamente caminando por el puente, en ese momento supe Que era una aparición, el pulso se me acelero pero no corrí, caminé hacia atrás sin Perderla de vista, la mujer avanzaba hacia mi lentamente, al sobrepasar el otro Extremo del puente la mujer se detuvo, un viento frío comenzaba a soplar disipando La niebla, la mujer desapareció como si fuera parte de la misma niebla. Por suerte ese mismo día arreglaron mi auto, y las noches siguientes fueron claras Y despejadas. El Pescador y el Fantasma Cuando Antonio bajó de su bote a remos la noche ya se había adueñado del Paisaje. El monte ribereño ya enmudecía sus últimos cantos de palomas y Escandalosas gallinetas, y liberaba nocturnos coros de grillos que le respondían A las ranas que croaban en la laguna cercana. Arrastró su bote hasta la arena de la angosta playa y se sentó sobre una barranca. Ya era demasiado tarde para tender sus redes, estaba muy cansado por el esfuerzo De remar contra el viento, hilos de sudor corrían por los surcos de su castigado Rostro de pescador. Antonio permaneció largo rato recuperando el aliento mientras Contemplaba el cielo estrellado, el viento disminuyó con la noche pero aún soplaban Algunas ráfagas que sacudían el techo del monte. Tendió una lona en el mismo lugar en donde tantas veces durmió bajo el amparo de Frondosos árboles, no tardó en dormirse, lo arrullaban los cantos de las ranas y el Rumor del viento. Caminaba por el monte sin conciencia ni intención, indiferente a las ramas llenas de Punzantes espinas que se interponían a su paso. Lentamente comenzó a recordar Cosas, imágenes de su vida se amontonaban hasta que recordó quien era. Reconoció El lugar, estaba cerca de donde se había dormido. Antonio comenzaba a preguntarse Sobre su extraña situación cuando sintió que había algo detrás de el, volteó y vio a Alguien alto y delgado con la cara cubierta por las sombras y vistiendo de negro. Casi alcanzaba la playa en donde estaba su bote cuando algo que vio lo hizo Detenerse; se acercó y comprobó aterrado y confundido que sobre la lona estaba Su propio cuerpo. “Ese no es mi cuerpo, debe ser una aparición” repetía Antonio, Mas bien ,el espíritu de Antonio mientras remaba en su bote. El ocupante de la escuela En el primer día inspeccioné la cocina a fondo, tenía suficientes ollas y sartenes, Cuchillos, tablas para picar, ralladores, estaba bien equipada. El techo no tenía Manchas de gotera, había buena ventilación, todo estaba ordenado, las cocinas Funcionaban a la perfección, y teniendo en cuenta que el sueldo era bastante Bueno y lo pagaba el estado, no encontraba la razón de porque la escuela Cambiaba constantemente de cocineros. Dicha escuela funcionaba en una antigua casona, concurría a ella un numero Bastante bajo de niños, en el barrio ya se estaba construyendo otra escuela, en Poco tiempo el viejo local sería abandonado. El primer echo extraño ocurrió mientras picaba las verduras para el almuerzo, Tuve la seguridad de que había alguien debajo de la mesa, creí que era un niño Travieso que se había colado a la cocina, hasta escuche un susurro, me asombré Mucho al ver el lugar vacío. En otra jornada noté que la olla de sopa que hervía Sobre el fuego hacía demasiado ruido, la destape y vi emerger la forma de un rostro Humano, cuando me calmé un poco arrojé la sopa en el desagüe. Definitivamente en ese lugar sucedían cosas paranormales. Un día escuche la Conversación de unas maestras, hablaban sobre lo raro que resultaba el echo de Que alumnos de diferentes salones mintieran sobre lo mismo al decir que veían Un hombre pequeño y muy anciano que se ocultaba debajo de las mesas y Escritorios. Me alegré muchísimo cuando la escuela se cambió al nuevo local.
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