El potencial de los símbolos: La letra G Detengámonos por un momento a pensar en unas semillas. Pueden ser semillas de un cereal o semillas de un árbol. ¿Qué imagen o qué idea se vienen a la mente?. Una posible idea sería de la “vida”. Otra, podría ser la de genética o de generación, es decir, la de transmisión de la vida, la de herencia de las cualidades. Otra idea es la de potencia. En la semilla de escasos milímetros se encuentra en potencia el árbol. No es realidad, pero dadas ciertas condiciones, podría ser una realidad. Además, este tema se puede ligar a la energía. La potencia será mayor cuanto más grande sea la diferencia de potencial o nivel de energía. Es diferente caer desde un centímetro que caer desde una altura de 100 metros. Por tanto, el potencial de una semilla es enorme, pues no sólo puede dar paso a un ser miles o millones de veces más voluminoso, sino que engendrar toda una cadena de generaciones o descendientes. Los símbolos también se transmiten. Los masones los transmiten por diferentes vías, de las cuales la más significativa es la iniciación. Hay un ritual que recrea o dramatiza un mito desde tiempo inmemorial generación tras generación de iniciados. Los símbolos son cual pequeñas semillas, porque detrás de ellos hay significados complejos y valiosos, conceptos e ideas sobre el ser y el cosmos, los cuales se repiten desde tiempo inmemorial. La analogía es evidente. Detrás de una alegoría, de un grafismo, de una palabra oral o escrita o de una imagen existe un potencial de representación. Allí se esconde una fuerza evocadora de ideas arquetipales, el desencadenamiento o activación de arquetipos que se abren y despliegan frente a nuestra conciencia o intelecto, haciéndonos conectar con realidades espirituales que hasta ese momento eran patrimonio exclusivo del alma. Es más, el ser humano no sólo evoca mediante símbolos, sino que expresa y comunica a través de símbolos. Cuando se habla de la letra G de los francmasones se debe recordar que no aparece aislada, sino que se presenta al centro de un pentagrama, al cual se acostumbra a denominar Estrella Flamígera. A su vez, esta figura geométrica de cinco puntas, está originada a partir de un pentágono, polígono que constituye la expresión gráfica del número cinco. El pentágono. El pentágono regular es un polígono estudiado por la humanidad desde tiempo inmemorial. Desde los pitagóricos y muy probablemente antes, llamó la atención de los estudiosos, quienes pudieron comprobar las relaciones entre sus lados, sus ángulos y sus diagonales. Desde antiguo existe un método para construirlo de manera exacta bastando dos instrumentos: una regla y un compás. En cada vértice de esta figura se aloja un ángulo de 72 grados. La construcción geométrica es relativamente simple y puede ser representada de la siguiente forma: El pentagrama. A partir de los vértices del pentágono regular es posible trazar las diagonales, las cuales dan origen a una figura también de cinco puntas denominada estrella. Las particularidades de las relaciones geométricas que se pueden descubrir en esta segunda figura llamaron la atención de los pitagóricos, quienes, por su concepción del conocimiento y del cosmos, le atribuyeron un valor trascendente. Entre otras cosas, se determinó que sus partes están vinculadas por la relación áurea o “divina proporción”. Euclides lo había expresado como la relación entre segmentos: «Se dice que un segmento está dividido en media y extrema razón cuando el segmento total es a la parte mayor como la parte mayor es a la menor». La proporción áurea se define como: Phi = (1 + √5) / 2 = 1.618…, Esta misma relación fue identificada en el pentagrama y puede ser expresada así: En términos prácticos, el segmento menor, al ser multiplicado por 1,618, permite obtener el mayor. Para los pitagóricos esta figura tuvo un profundo significado, no sólo geométrico, sino además, filosófico, algo así como un principio sintetizador de los opuestos, símbolo de salud física y espiritual. El mismo símbolo se ha transmitido desde la Antigüedad hasta la Edad Media y se encuentra en templos cristianos de toda Europa. El filósofo Agripa de Nettesheim fue quien agregó una nueva imagen al símbolo, insertando una figura humana cuyas extremidades y cabeza coinciden con las puntas de la estrella, dando expresión al concepto de Microcosmos humano en procura de un ideal de perfección. La Estrella Flamígera. LA ESTRELLA FLAMÍGERA Y SUS SECRETOS El tema de la estrella flamígera, por cuanto en ella estriba está ahí toda la virtud mágica de la masonería, en tanto que el secreto de la increíble fuerza que se guarda está en la inteligencia que la dirige. Siendo la estrella flamígera una síntesis completa y perfecta, manifestada por un solo símbolo, sirve para resumir la fuerza extraordinaria en un solo emblema mágico, en un solo objeto resumida la inteligencia de la misma masonería. Es algo así como el punto dónde se sostiene concentrada toda la energía, presente la estrella flamígera en toda Logia masónica, en la parte alta de entre las dos columnas, en su centro Gravita la misma letra “G”, letra que evidencia lo antes dicho en un solo símbolo resumiendo: Geómetra, God, Generación, Gnosis, Germinación, Etc. ahí el masón proyecta la voluntad con fuerza. La estrella de cinco puntas en por siempre lo emblemático de la magia, presente en cada ritual tanto de Magia Negra “Goetia” como de Magia Blanca “Teúrgia”. Pues no existe magia más poderosa que la Teúrgia para la Luz, y no existe magia más poderosa que la Goetia para las Tinieblas. Y en la masonería el masón debe ser “diestro” en ambas magias. El símbolo iniciático por excelencia es la estrella flamígera. Invocando a la fuerza de la Estrella por la pronunciación quíntuple de Alfa.- A- A –A- A- A- En la misma Liturgia dice: ¿Sois Compañero Masón? – He visto la Estrella Flamígera. – ¿Por qué os habéis hecho recibir Compañero? – Para conocer la letra G. – ¿Qué significa esa letra? – El G.·. A.·. D.·. U.·. o bien, el que ha sido elevado a lo más alto del Templo. Esa letra significa también la Geometría y puede recibir otras numerosas interpretaciones. La estrella representa la Estrella Sirio.- La letra G, símbolo principal de la Logia de Compañeros, no sólo posee una multiplicidad de significados, sino que, por característica propia de la Masonería, presenta incluso varios orígenes distintos. Entre sus numerosos significados destacan el del G.·.A.·.D.·.U.·., Principio Universal que ha trazado los planes del macrocosmos y el de la Geometría Sagrada, la ciencia que por excelencia predispone para la unificación del microcosmos y el macrocosmos, pero ante todo, y en virtud de que esta letra se encuentra en el centro de la Estrella Flamígera, su principal significado iniciático en la Logia de Compañeros es la representación del Principio Divino que reside en el corazón del hombre dos veces nacido, el Germen de Inmortalidad, latente en el centro del microcosmos humano. Que la letra G representa tanto al G.·.A.·.D.·.U.·. como al centro del microcosmos humano es, fácil de comprender puesto que el polo y el centro son en el fondo una sola y misma cosa, el punto único que permanece fijo e invariable en todas las revoluciones del devenir. El centro del estado humano, o lugar del Hombre Verdadero, puede ser representado como el Polo Terrestre, mientras que el centro del Universo total, o lugar del Hombre Trascendente, lo es como el Polo Celeste, siendo el Polo Terrestre el reflejo o proyección del Polo Celeste. Por eso, salvo en los casos donde ambos Polos son señalados expresamente por símbolos distintos, no ha lugar a diferenciarlos, teniendo así el mismo simbolismo aplicación en dos grados de universalidad diferentes, lo que revela además la identidad virtual del centro del estado humano con el centro del ser total, pues desde el punto de vista humano, el Hombre Verdadero no puede ser distinguido de la “huella” del Hombre Universal. Se encuentra en los antiguos rituales de la Masonería un claro ejemplo de esta separación expresa, donde la letra G representa al Polo Universal, pues estando figurada en el centro de la bóveda, cae suspendida de ella la Plomada del G.·.A.·.D.·.U.·. directamente sobre el centro de una suástica trazada sobre el piso, que, por analogía, representa al Polo Terrestre. En cambio, la letra G situada en el centro de la Estrella Flamígera, representación del Hombre Verdadero u Hombre Regenerado, alude directamente al principio divino que reside en el corazón del iniciado, polo del microcosmos humano. En ambos casos, la letra G sustituyó a la letra Iod hebraica, como consecuencia de la asimilación fonética de Iod con God, siendo este hecho lo que transfiere a la letra G su verdadera significación esotérica e iniciática, pues por sí misma, al no formar parte de una lengua sagrada, no podría ser considerada como un verdadero símbolo sagrado. Iod, primera letra del Tetragramatón (el Nombre Divino Inefable) representa al Principio, de tal suerte que puede considerarse que ella sola constituye un nombre divino, el primero de todos según ciertas tradiciones. De hecho, en hebreo, a veces el Tetragramatón se representa abreviadamente por tres Iod o por una sola, inscrita dentro de un triángulo.- Su primacía viene indicada por su misma forma que evoca un punto o un germen, simbolizando la esencia indivisible que se encuentra en el origen de toda la creación, de tal manera, que la letra Iod constituye el elemento principal del cual se derivan todas las demás letras del Alefato. Por todo ello la Iod, como la G, tras la transposición comentada, es a la vez Principio y Germen, Principio en el mundo superior, que contiene en potencia todas las cosas, y Germen en el mundo inferior, que está contenido en todas las cosas. Por otra parte, la letra ha sido asociada siempre a la semilla (o germen) porque encierra un contenido significativo, que debe ser extraído y desarrollado en la conciencia, ya que en la letra se esconde lo nombrado. Puede verse en todo ello una estrecha relación con el simbolismo de la Palabra de Paso, que permite al Aprendiz la entrada en la Logia de Compañeros. Tal palabra, ligada al Paso de las Aguas, se representa precisamente por una espiga de trigo al lado de un río, en alusión a un pasaje del Libro de los Jueces, donde se relata cómo la correcta pronunciación de la consonante inicial de esta palabra permitía el paso del Jordán, mientras que la incapacidad de pronunciarla correctamente arrastraba a la muerte. La inicial es el símbolo del Principio y, en materia de iniciación, todo desconocimiento del Principio (el empobrecimiento del sentido de las Palabras Masónicas) cierra el camino y conduce al error y a la muerte. Ninguna enseñanza no masónica es capaz de otorgar el conocimiento real, que el hombre debe encontrar solamente en sí mismo, pues todo lo que el hombre aprende ya está en él y todas las experiencias y aprendizajes no son más que ayudas que contribuyen a la anamnesis o reminiscencia. Pero para poder acceder al conocimiento es necesaria una transmisión iniciática masónica, que permita el despertar de las posibilidades latentes que el ser porta en sí mismo, habiendo ahí una verdadera cuestión de cualificación, pues en la edad en que vivimos la Verdad ya no es accesible a todos los hombres indistintamente. Toda iniciación comprende necesariamente varias fases que se corresponden con otros tantos estados correspondientes. Estos grados pueden ser reducidos a tres, que vienen caracterizados por las fases de nacer, crecer y producir, o, en otras palabras, descubrimiento, asimilación y propagación de la Luz. Y es precisamente la conciencia de la Luz lo que constituye el Secreto masónico, cuya posesión cualifica para el paso a otro Nivel de Ser. El Francmasón ELIFHAS LEVY ESCRIBIO el Extraordinario Libro LA ESTRELLA FLAMIGERA: La iniciación masónica es por la Lucha y por las pruebas, es pues, indispensable para llegar a la ciencia práctica de la alta magia. Ya he dicho cómo puee triunfarse de la cuatro formas elementales; volveremos sobre esto, recomendado al lector que quisera conocer las ceremonias de las iniciaciones masónicas antiguas, las obras de Barón de TSCHOUDY, autor de la Estrella Flamante de la masonería ADONHIRAMITA- LA ESTRELLA FLAMÍGERA O la Sociedad de los Francmasones considerada bajo todos sus aspectos AL ORIENTE EN EL SILENCIO S.D. (1770) OBRA ATRIBUIDA AL BARÓN DE TSCHOUDY, CONSEJERO EN EL PARLAMENTO DE METZ. Catecismo o instrucción para el grado de Adepto o aprendiz Filósofo sublime y desconocido seguido de LA LUZ SURGIENDO POR SÍ MISMA DE LAS TINIEBLAS La Estrella Flamígera (1766) es un texto realmente insólito dentro de la extensa literatura masónica pues, más que una instrucción para el Aprendiz, encontramos en él precisas enseñanzas alquímicas transmitidas en forma de ritual masónico. Al parecer, su autor quiso devolver el sentido alquímico-hermético tanto a la iniciación como a los símbolos masónicos, intentando restituir a la Franc-Masonería algo que, para algunos alquimistas, las Logias habían abandonado u olvidado. En este sentido, otro Filósofo Hermético, cuya identidad ocultó por medio de un acrónimo, escribía más o menos en la misma época: «en la medida en que estas logias se han alejado de su origen, se han alejado también del verdadero sentido que los primeros fundadores habían dado a ciertas palabras de las que no se tiene hoy en día ni la más ligera idea. Estas palabras, que ya no significan nada, se han convertido en sus secretos...».1 Como otros antes y después que él, Tschoudy habría querido renovar la Orden reintroduciendo en ella las enseñanzas que los masones de su época habían perdido. Pero su tentativa quedó en eso, en un mero intento, pues a todas luces nuestro autor era un hombre cargado de buenas intenciones y una cierta erudición, pero no un verdadero adepto. Sin embargo, y esto debemos agradecérselo, para elaborar este Catecismo de Aprendiz Filósofo se apoyó en los mejores autores, lo cual confiere a la obra un interés considerable. Ello nos permite conjeturar que Tschoudy fue inspirado o asesorado por alguien más docto que él, o que simplemente, como opina Roger Caillet, «le endosaron» la autoría de este libro. Si pensamos en los numerosos intentos de «espiritualizar» la masonería y buscarle orígenes «egipcios» que hubo en la época, no podemos dejar de relacionar este pequeño libro con un entorno poco conocido, el de la Société du Grand Oeuvre y el de la Société des Illuminés d'Avignon, sociedades con las que de alguna manera estuvieron vinculados personajes como Dom Pernety, Emmanuel Swedenborg, el conde Thaddeus Leszczy Grabianka, Benedict Chastanier4, Kerdanec de Pornic, y Fabre du Bosquet, el autor de la Concordancia Mito-Físico-Cábalo-Hermética, que acabamos de citar. En la misma línea que Tschoudy, dom Antoine-Joseph Pernety, autor de dos de los textos de alquimia más leídos y citados, el imprescindible Diccionario Mitohermético (1758) y las Fábulas egipcias y griegas explicadas y reducidas a un mismo principio (1758), nos ha dejado también un Rituel alchimique secret du grade de vrai macón (1770). Con todo, un especialista de la talla de Robert Amadou defiende la tesis de que Antoine-Joseph Pernety no fue nunca masón, al menos regular, aunque Roger Caillet escribe que sí «recibió la luz masónica». Para Pernety la alquimia está en el corazón de la mitología y de las alegorías de los poetas; para otros incluso de la doctrina de Cristo. Ya en el siglo XVI se escribió un tratado alquímico titulado Processus chimique sous forme de la Mece 6 dedicado a Ladislao, rey de Hungría y de Bohemia, en el que se relacionaba el proceso alquímico con el de la misa católica, y en 1632 aparece El Alquimista Cristiano, de Pierre- Jean Fabre, escrito en latín, pero que fue traducido al francés un siglo más tarde. 1-Véase Concordancia Mito-Físico-Cábalo-Hemnética> de Saint-Baque de Bufor, manuscrito alquímico del siglo XVIII Ediciones Obelisco, Barcelona, 1986. Esta edición está completamente agotada. El lector que desee acceder a este libro puede consultar Concórdame Mytho- Physico-Cabalo Hermétique, Ed. Le Mercure Dauphinois, 4, rué de París, 38000 Grenoble, Francia. Como señala en esta edición Charles d'Hooghvorst, que fue propietario de este manuscrito, el autor del mismo se llamaba Fabre du Bosquet. 2. Como por ejemplo en La Franche-Maconnerie rendue a sa vhitable origine de Alexandre Lenoir (1761-1839) que le concede un origen egipcio-Autor que no hay que confundir con un ilustre masón, dom Jacques Pernety, primo suyo.. Amigo de Pernety, que fundaría en Londres la «Logia de los Teósofos iluminados». Amadou en su libro Cagliostro et le rituel de la Maconnerie Egyptienne, Ed. Sepp, París 1996, y Caillet en La Franc-Maconnerie Egyptienne de Memphis-Mismim, Ed. Dervy, París 2003. 6. Existe una reedición de este tratadillo en Arché, Milano, 1977. Théodore-Henry, barón de Tschudy, o de Tschoudy (1727-1769) nació en Metz (Francia), aunque procedía de una familia de origen suizo. En Metz fue Venerable de la «Logia Antigua» y en San Petesburgo, Rusia, Orador. Tschoudy fue también el creador del Rito de la Estrella Flamígera y se inspiró para elaborar La Estrella Flamígera 7 en alquimistas notables como El Cosmopolita, Limojon de Saint-Didier y Marco Antonio Crassellame,8 amén de los que recomienda encarecidamente en el mismo texto: Hermes, Paracelso y Geber. También aconseja la lectura de dos textos, de corte más bien católico, que no he sabido localizar, «El paso del Mar Rojo» y «Abordando la Tierra Prometida». Tschoudy estuvo también relacionado con otras sociedades más o menos secretas como Los Hermanos de Aloya, La Fraternidad de Jerusalén o Los Caballeros de Oriente. Viajó mucho, estuvo en Rusia y en Italia, y mantuvo contactos con las autoridades eclesiásticas romanas. La Masonería alquímica Para Tschoudy el propósito de la Masonería es «El conocimiento del arte de perfeccionar lo que la naturaleza ha dejado imperfecto en el género humano y llegar al tesoro de la verdadera moral» (hom), una definición clásica de la alquimia. Su concepción de la Piedra Filosofal (La Piedra Filosofal no es otra cosa que el húmedo radical de los elementos perfectamente purificados y conducidos a una soberana fijeza.) (kom), no coincide exactamente con la de la mayoría de Adeptos; el Cosmopolita relaciona el húmedo radical con el esperma y con el bálsamo del azufre y Crassellame con el Mercurio Secreto. La Estrella Flamígera gozó de una gran fama en los medios ocultistas. Eliphas Levi escribía a propósito de este libro: «El Catecismo hermético, contenido en esta obra que recomendamos a los sabios cabalistas, contiene todos los principios verdaderos de la Gran Obra de una forma tan diáfana y satisfactoria que su lectura conduce a la verdad a menos de carecer totalmente de inteligencia especial para el ocultismo». Oswald Wirth y Paul Ragon lo citan, y en los círculos martinistas es una obra bien conocida. Como veremos recorriendo las notas con las que he acompañado el texto, Tschoudy sigue casi literalmente uno de los textos alquímicos más conocidos por el público francés de su época, el Tratado de la Naturaleza en general (1618) de El Cosmopolita. También utiliza, sobre todo hacia el final de la obra, el famoso Diálogo entre Eudoxio y Pyrófilo que aparece en El Triunfo Hermético (1699) de Limojon de Saint-Didier y los comentarios de Bruno de Lausac a La Luz surgiendo por sí misma de la tinieblas. Personalmente, me parece harto seductora la idea de que los rituales masónicos sirvan de vehículo a enseñanzas alquímicas-Es más, la relación, que más de un autor ha señalado, entre los tres grados y los tres colores de la Obra, me parece obvia,10 y los diversos símbolos masónicos tienen, casi todos, una interpretación hermética tan desconocida hoy en día como en la época de Fabre du Bosquet, el autor de la Concordancia Mito-Físico-Cábalo-Hermética. Pero encuentro que el libro de Tschoudy resulta algo decepcionante, principalmente por dos razones. 7. En su libro Cagliostro et le rituel de la Maconnerie Egyptienne, Ed. Sepp, París 1996, Robert Amadou sostiene que los rituales masónico- alquímicos atribuidos al barón de Tschoudy son apócrifos. Lo mismo opina Caillet en La Franc-Maconnerie Egyptienne de Mem-phis-Misraim, Ed. Dervy, París 2003. 8. Fra' Marc'Antonio Crassellame Chínese, alquimista italiano, un anagrama de Francesco María Santinelli. 9. A este respecto es sumamente interesante el artículo de Pere Sánchez Ferré Presencia de la Tradición Hebrea en la Masonería, La Puerta-Cabala, Ediciones Obelisco, Barcelona, 1989.. «Toda la ciencia masónica se desarrolla a partir del número 3.» que Tschoudy no duda en calificar como «misterioso». «En la Logia hay tres luces sublimes: el Sol, la Luna y el Delta luminoso; tres luces: el Venerable y los dos Vigilantes; tres columnas, tres ventanas, tres joyas móviles: la escuadra, el nivel y la plomada; tres joyas inmóviles: la piedra bruta, la piedra cúbica en punta y la plancha de trazar, o plancha de dibujo, o tabla tripartita; tres ornamentos: el pavimento mosaico, la estrella flamígera y el cordel de nudos. Triple es el viaje simbólico del profano para ser admitido a recibir la luz; triple la batería, el beso, el toque en el retejeo; triple el enigma propuesto al profano; y tres son los pasos de aprendiz», escribe Arturo Reghini en Les Nombres dans la Tradition Pythagoricienne Maconnique, cap. IV, Arché, Milano, 1981. Por otra parte, Francisco Ariza, gran conocedor de la simbología masónica y del hermetismo, escribe que «la iniciación hermético—alquímica está presente por igual en los tres grados masónicos de aprendiz, compañero y maestro, que reproducen las tres etapas de la "Gran Obra"...». La primera es que sigue demasiado al pie de la letra las obras citadas de El Cosmopolita y de Limojon de Saint-Didier, y la segunda porque saca muy poco partido del simbolismo masónico a la hora de relacionarlo con la alquimia.11 Son realmente pocos los ejemplos con que nos obsequia. En ello se ve que es un compilador pero no un Adepto. Veamos, sin embargo, algunos de estos pocos ejemplos. De lo profano a lo sagrado Refiriéndose a la iniciación al primer grado, Tschoudy nos dice que «Con ocasión de la primera iniciación del candidato al grado de aprendiz, cuando se le despoja de todo metal y mineral y, en los límites de la decencia, se le quita parte de su ropa. Se trata de una analogía con las superfluidades, superficies o escorias que hay que apartar de la materia para hallar la simiente.» Nos hallamos aquí ante una descripción del «despojamiento de los metales»que tienen lugar en la iniciación del Aprendiz que ha pasado por la Cámará de Reflexión donde, entre otras cosas, meditó sobre el significado de V.I.T.R.I.O.L. Para los alquimistas, esta palabra significaba Visita el Interior de la Tierra, Rectificando Hallarás la Piedra Oculta. Un discreto hermetista moderno me hizo observar que en VITRIOL podemos leer L'OR I VIT, «el Oro vive en él», idea que coincide plenamente con la de los alquimistas medievales. Es interesante el paralelismo, desgraciadamente poco estudiado, entre esta primera iniciación en que el neófito es despojado de los metales y de la ropa y la experiencia vivida por Moisés ante la Zarza ardiente, (¿por qué no llamarla también «flamígera»?), cuando Dios le dice: «quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada». Se trata obviamente del paso de lo profano a lo sagrado. Otra cuestión que no deja de sorprenderme es que el símbolo que da título a este libro, la Estrella Flamígera de la que Tschoudy nos está hablando en un ritual para Aprendices, es en realidad un símbolo del segundo grado, el de Compañero.15 ¿Por qué la introduce Tschoudy en un ritual de primer grado? La Estrella Flamígera La Estrella Flamígera es, para Tschoudy, un emblema del «espíritu volátil que realiza su trabajo en los cuerpos y que el espíritu universal anima» y representa «El soplo divino, el fuego central y universal que vivifica todo lo que existe»Más adelante la define como «fuego central y vivificador» También es un vapor, como se deduce de la respuesta a la pregunta, «¿Qué representa este vapor?», donde nuestro autor nos explica que «Este vapor así impregnado de espíritu universal, o sea, la verdadera Estrella Flamígera, representa bastante bien al primer caos que contenía todo lo necesario para la creación, es decir la materia y la forma universal». Sólo en los motivos que aparecen en la Cámara de Reflexión hay un verdadero capital de simbología hermética. Interesante la visión de Flemon sobre el despojamiento de los metales que ve como «una «extinción» que es, en realidad, la plenitud del ser, del mismo modo en que el «no-actuar» {wou-wei) es la plenitud de la actividad». Esoterismo Islámico y taoísmo, cap. IV, Ediciones Obelisco, Barcelona, 1992.. Francisco Ariza, relaciona la Cámara de Reflexión con el Atanor de los alquimistas que describe como «un espacio cerrado e íntimo donde se producen los cambios de estados regenerativos ejemplificados por la gradual "sutilización" de la materia densa y caótica del compost alquímico». 1Véase Éxodo III-1 a. Podemos leer en el ritual del Compañero: - ¿Sois Compañero? - He visto la Estrella Flamígera. - ¿Por qué os habéis hecho recibir Compañero? - Para conocer la letra G. - ¿Qué significa esa letra? - El G..·. A.·.. D.·. U.·. o bien, el que ha sido elevado a lo más alto del Templo. Esa letra significa también la Geometría y puede recibir otras numerosas interpretaciones. La Estrella Flamígera coincide con lo que los alquimistas denominan «fuego oculto»: «¿Cómo se puede reducir un cuerpo metálico en mercurio y luego en azufre mediante la primera disolución?», pregunta a la que el Aprendiz responderá: «Por el fuego oculto artificial o Estrella Flamígera» (R. 142). El origen de este símbolo hemos de buscarlo en el pentalfa pitagórico, símbolo a su vez del hombre regenerado. Para Patrick Geay,16 la Estrella Flamígera, como la rosa de cinco pétalos, «evoca el acceso al quinto elemento (el Éter), oculto en la cavidad del corazón». La Estrella Flamígera y la letra G La Estrella Flamígera y la letra G no aparecen en los rituales masónicos hasta el año 1737. En aquel entonces se relacionaba la G con «Gloria, Grandeza y Geometría». La letra G, séptima letra del alfabeto no puede dejar de relacionarse con el simbolismo del número 7, aunque en el caso de la Estrella Flamígera nos hallemos ante el 5. Para diversos autores, la G debería relacionarse con la Iod (", inicial del Nombre Sagrado de cuatro letras. Esta hipótesis nos parece, al menos simbólicamente hablando, acertada, sobre todo si pensamos en la G como inicial de God, «Dios». La G, en los rituales de Compañero, se relaciona con El Gran Arquitecto del Universo. Por otra parte, la I, que sería la equivalente de la Iod, ya designaba para los Fedeli d'Amore «el primer nombre de Dios». La asimilación fonética entre Iod y God fue señalada por Felmon en sus Símbolos fundamentales de la Ciencia sagrada.También ha sido Felmon el primero en señalar que la Iod corresponde cabalísticamente a las tres middoth superiores, que podemos relacionar con los tres puntos masónicos. Esta letra, la más pequeña del abecedario, aparece en la iconografía cristiana en el interior del corazón aludiendo sin duda al evangélico intra vos est. Para Jean Marie Ragon, La Estrella Flamígera era antaño «la imagen del hijo del Sol, de ese Horus, hijo de Isis, de esa primera materia, fuente de vida inagotable, esa chispa de fuego increado, simiente universal de todos los seres. En medio de la estrella aparece la letra G.» La lectura de los textos alquímicos Todos los alquimistas nos avisan de que no escriben para el profano. El Cosmopolita, en el prefacio a su Carta Filosófica,nos explica que no escribe para «los presuntuosos y los ignorantes», sino para aquel que «tiene la llave para descifrar el contenido misterioso». La Aurora Consurgens nos recuerda que «esta ciencia es un Don de Dios, y un misterio oculto en los libros de los Filósofos bajo el velo oscuro de los enigmas, las metáforas, las parábolas y los discursos envueltos a fin de que no llegue al conocimiento de los insensatos que abusarían de ella y a de los ignorantes que no se toman el trabajo de estudiar la Naturaleza». En su Manual de la Piedra de los FilósofosParacelso escribía que «Y me queda aún explicarte una de las razones de la oscuridad que muchos encontrarán en mis escritos. Esta razón es que no hay que dar perlas a los puercos ni una larga cola a las cabras. La naturaleza no se las ha dado. Dios ha revelado el secreto a bastante gente y yo sólo escribo para el iniciado». Los masones desde el siglo XVIII habrían adoptado como suyo el pentagrama denominándolo Estrella Flamígera, rodeándolo de líneas que pretenden expresar una irradiación o fuente lumínica. Al centro de la estrella ha sido inscrita la letra latina G. Este símbolo se sitúa en el templo masónico en el Oriente, por encima del sitial del Presidente, lo cual le otorga por sí sólo una localización privilegiada. Conviene recordar que el origen constructivo de la estrella proviene de dos instrumentos masónicos, como son la regla y el compás, que son aquéllos que debe portar el iniciando en el segundo viaje misterioso del 2º grado, ligándose al uso inteligente de la lógica y su proyección o contribución al orden o construcción social. Además, la unión simbólica se sintetiza en una palabra clave o sagrada: “inteligencia”, es decir, en el plano individual o interior, implica el uso de la lógica y el método, los cuales colocan en las puertas del conocimiento científico. Desde el punto de vista de la gnosis numeral, o conocimiento intuitivo trascendente de tipo numerológico, la regla representa el número dos y el compás, el tres. De allí que su superposición represente la adición de dos más tres igual cinco. Pero esto no es más que una figuración que sintetiza el esfuerzo espiritual por unir los contrarios, armonizar aspectos femeninos y masculinos de la psiquis, o armonizar fuerzas instintivas espontáneas con el poder ordenador del intelecto. Es natural que la síntesis psíquica del dos y el tres en un cinco tienda a expresar una etapa de madurez, de avance en el proceso de individuación hacia una mayor autonomía y poder sobre sí mismo. En términos alquímicos, se ha tendido a expresar esa síntesis como la Quintaesencia. Algo así como el desencadenamiento del poder interior para armonizar los cuatro elementos alquímicos, que, por lo demás, nunca han sido otra cosa que estados activos o aspectos del alma o ser interior. Pero esto no hace más que ponernos presente que el poder evocador del símbolo (estrella, cinco, síntesis, etc.) activa los arquetipos que forman parten del bagaje colectivo de la especie y que pueden expresarse virtualmente en cada uno de nosotros, ayudándonos a una comprensión consciente de elementos que es muy difícil traducir en un lenguaje en palabras y que sólo estallan en la conciencia merced a la presencia del símbolo y de sus representaciones. No sería tan atrevido sostener que el verdadero secreto masónico se halla representado en la Estrella Flamígera, cuyo acceso es revelado a contar del segundo grado. Es un elemento mistérico, que encierra un concepto intransferible y que cada adepto deberá asimilar y desarrollar en la amplitud que le permitan sus posibilidades y capacidades. La letra G y sus significados. El propio autor clásico sobre el tema –Oswald Wirth- pone en cuestión el uso de una letra perteneciente a un alfabeto histórico y específico como símbolo o grafismo para destacarse en el centro de la Estrella Flamígera. Para mi gusto personal, podría instalarse el símbolo de la Rueda, o sea, un círculo conteniendo dos diámetros que se cortan en el centro, la representación del cosmos, la totalidad y la unión de los diferentes planos de la realidad o la conciencia. Pero, al final, lo cierto es que se tiene una G. La literatura masónica menciona significados diversos: geometría, generación, gravitación, genio, gnosis. A ellos podrían agregarse otros muchos, como Génesis y Gran Obra. Sin ir más lejos, alguien insinuó que podría representar “God”, esto es, “Dios” en inglés. Digamos que tiene un elevado poder evocador y estimula la imaginación, la creatividad, la cual no conviene agotar intelectualmente, pues la torna estéril. Wirth recuerda que la Geometría se destaca por ser una herramienta intelectual de los constructores o arquitectos, pero no sólo con un valor de ciencia y técnica, sino, además, como un cuerpo conceptual de inspiración filosófica, reflexiva, meditativa, tanto sobre el ser humano como respecto de su lugar en el universo, tradición que la masonería es depositaria como heredera de los pitagóricos. Respecto de la Generación, es menos claro, pero no menos elocuente, al señalar que la vida y su transmisión están depositadas en elementos en oposición activa, fuerzas representadas a su vez en las columnas BOHAZ y JAKIN del templo masónico. Este principio pertenece a la tradición unánime y aparece nítidamente representado en el Yin-Yang oriental. Bastante más hermético es respecto de la Gravitación, la cual se entendería como las energías que ligan a los miembros de la masonería entre sí, lazo que no es sólo intelectivo, sino, además, de tipo emocional, lo cual refuerza las ataduras espirituales en la obra común. Más hermético es aún al describir el concepto de Genio, el cual estaría relacionado con una inspiración intuitiva que conduciría al perfeccionamiento, a desarrollar obras perfectas, acción que no sólo sería individual, sino articulada al conjunto de los adeptos. Tanto para Guenon como para Wirth la Gnosis es un Conocimiento Tradicional o iniciático que constituye el fondo común de todas las iniciaciones, cuyas doctrinas y símbolos se han trasmitido, desde la más remota antigüedad hasta nuestros días, a través de todas las Fraternidades secretas cuya extensa cadena jamás ha sido interrumpida. Su concepción está ligada al conocimiento absoluto e intuitivo, especialmente de la divinidad, que pretendían alcanzar los gnósticos. Como expresión particular de la gnosis, la numerología, parte de la base que los números no son sino símbolos, que constituyen una forma particular de acceder a ese Conocimiento Tradicional o Integral al cual hace referencia Guénon. Se cuenta que Pitágoras enseñaba que los números tienen una significación independiente de la que indican sus signos. Los números representan cualidades; los signos representan cantidades. Es decir, los números son símbolos o acordes que operan en el plano espiritual; en cambio, los signos numéricos son grafismos utilitarios para ser usados por la mente y medir las cosas en el plano material. En el nivel contemporáneo que se encuentra la francmasonería, habría conformidad con simples descripciones o conceptualizaciones con diferente grado de profundidad. Se tiende a reconocer que hay un valor cualitativo de los números que se contiene en los símbolos masónicos, digamos coagulado o cristalizado, y que –de alguna forma que nadie describe exactamente- va a penetrar en el adepto como una especie de proceso osmótico. Los significados relevantes de la G. Se dijo anteriormente que la G puede tener múltiples significados. A nuestro juicio sólo hay dos que merecen ser tenidos en consideración: Geometría y Gnosis. Podemos ir más lejos, señalando que pueden fundirse en uno solo: conocimiento trascendente activado por la figuración geométrica. Que es esto lo que han querido relevar o destacar quienes nos antecedieron pretendemos demostrarlo por los antecedentes simbólicos que se desprenden de una de las palabras claves de la masonería: LOGIA. La otra G. En el grado de compañero masón es posible –para los que tengan el interés y desarrollo personal implícito- llegar a disfrutar de una visión más integrada de los dos primeros grados. Esta visión más completa y más madura, provista no sólo de la claridad intelectual o conceptual sino también de la intuición y predisposición indispensables, permiten ahondar en la comprensión de la letra G y en su importancia para la expansión del alma del adepto. Desde la antigüedad, los constructores de edificios se han reunido en algún lugar o pequeño recinto -próximo a las obras en ejecución- donde podían almacenar sus materiales y sus herramientas, así como podían reunirse para analizar y discutir sus trabajos. Este lugar equivaldría a lo que hoy se identifica como “instalación de faenas”. La expresión más estricta que designa ese lugar es "logia". Con el tiempo pasó a llamarse logia no sólo al recinto ocupado por los obreros sino, además, al grupo de trabajadores, en atención a que éstos permanecían unidos por el trabajo durante largo tiempo. Otra palabra que se utilizó como sinónima fue la de taller. En los tiempos actuales de la masonería simbólica el recinto del taller o logia de los masones es un lugar concreto, definido, acotado, en el cual tanto las dimensiones como los espacios, los sectores y sus ornamentos cumplen una función simbólica y donde se recrea en forma recurrente el proceso de iniciación y se utiliza la sustitución analógica para transmitir una ética y un método de búsqueda de la verdad. Este lugar es una construcción denominada “templo” y se considera sagrado, en el sentido de que está concebido para vincular la conciencia individual con aquello que trasciende o va más allá del ser aislado e incluso más allá de lo social o colectivo. Es decir, el diseño del templo pretende configurar una cosmología o macrocosmos que estaría reflejado en el ser humano o microcosmos. Desde el punto de vista constructivo concreto, la logia-taller-grupo tiene como punto de reunión para sus trabajos la logia-recinto-templo. Sin embargo, además, este recinto como su denominación hacen referencia tanto al cosmos global o macrocosmos como a la persona individual o materia filosófica o microcosmos. Si bien los anteriores son las definiciones habituales de logia, ahora nos interesa considerarlo como palabra clave expresada según el alfabeto latino: LOGIA. Observando LOGIA con un poco de atención y aplicando la identificación básica de la geometría, se puede distinguir en estos signos los instrumentos del masón. El signo L representa la escuadra. El signo O representa el mazo (visto en sección trasversal). El signo I representa el cincel, la regla y la palanca, simultáneamente. El signo A representa el compás y el nivel. El signo G representa el actuar sin manos o sin los instrumentos anteriores. Visto así, en LOGIA están figurados todos los instrumentos que se proporcionan en el grado de compañero y, de allí, se colige que están imbricados con los viajes misteriosos, las palabras sagradas y las conductas o ética con las que se les vinculan. La expresión LOGIA está integrada por cinco (número del grado de compañero) signos. Dos de ellos son mudos: L y G. Los otros tres son parlantes: O, I, A. Estos mismos signos vocales aparecen en las palabras de paso BOHAZ (fuerza) y JAKIN (justicia). En BOHAZ están O y A y en JAKIN están A e I. Existe una analogía geométrica evidente con respecto a los instrumentos a los cuales se tiene acceso (al menos visual) en cada grado. BOHAZ, ligado al primer grado contiene el mazo, la escuadra y el compás. JAKIN, ligado al segundo grado contiene el nivel, la regla, el cincel y la palanca. Sin embargo, la palabra LOGIA, los contiene a todos. Lo destacable de la geometría constructiva –en el caso de JAKIN- es ser contenedor de la regla y el compás, es decir la recta y el círculo. Estos elementos son suficientes desde la época de Pitágoras y de Euclides para construir un pentágono regular y el correspondiente pentagrama o estrella inscrita, de allí que se acostumbre a llamarlos la suma del dos y el tres que da cinco. La recta es dos y el compás es tres que, superpuestos, representan cinco y, por añadidura, son suficientes para construir una figura de cinco lados u otra de cinco puntas. Las tres palabras, LOGIA, BOHAZ y JAKIN están integradas por cinco letras, lo cual no hace más que reafirmar la importancia de la gnosis numeral del cinco, vinculado al pentagrama o estrella flamígera. Además, otro aspecto que liga a BOHAZ y JAKIN es el gesto o signo propio de cada grado, constituido por la mano extendida en un plano con el pulgar en ángulo recto, variando sólo la postura respecto de los chacras o centros de energía o glándulas endocrinas del cuerpo del adepto. Por tanto, las letras contenidas en LOGIA no sólo representarían instrumentos sino que, además, estarían ligados a símbolos de gestos y a símbolos de sonidos o vocalizaciones o mantras, aunque esto último es tema reservado sólo a los esotéricos. L o escuadra representa la mano extendida en un plano con el pulgar en escuadra, signo que se usa en primer grado en la garganta y en segundo grado sobre la sien y el corazón. I o cincel o regla o palanca, se lo podría representar con el dedo índice apuntando hacia lo alto. G o geometría o gnosis se lo puede representar mediante el pulgar y el índice reunidos. El toque de reconocimiento contiene la G al entrelazarse las manos en garra. “LOGIA” es el emblema que representa al “LOGOS”, la palabra de conocimiento de la esencia o razón interna de las cosas o razón y verbo universal. Es resultado de la combinación de gesto y vocalización. A través de LOGIA (LOGOS) se puede acceder a la percepción de lo divino o trascendente. El inductor de todo este proceso, así como su método, es la geometría filosófica y analógica. Está representada por la “G”, la cual ocupa el centro de la palabra LOGIA, palabra que como se dijo, simboliza el lugar sagrado que envuelve el macrocosmos y el microcosmos simultáneamente. ¿Por qué la “G” estaría al centro de la logia, tanto en su sentido de templo, de taller como de palabra escrita o vocalizada?. La respuesta obvia es que la geometría, cuya letra inicial es “G”, es el corazón de la LOGIA. Los elementos geométricos básicos –y su interpretación hermético-alquímica- que pueden hallarse en la palabra LOGIA, desde el más simple al más complejo, los señalamos a continuación. a) El punto invisible, el cual iría sobre la I latina: es el uno, el centro, el origen, el foco de la individualidad, el núcleo u origen universal, el elemento de comienzo o partida del movimiento y/o de la figuración. b) El signo I: son los dos puntos, la recta, la dualidad, el eje, la columna, la columna vertebral, la antena, lo femenino. c) El signo A: es los tres puntos, el triángulo, el compás [el compás es tripartito pues consta de dos partes móviles y un punto en torno al cual se desplazan las anteriores], la estructura básica de la construcción, lo masculino. d) El signo O: es los infinitos puntos, la circunferencia, la totalidad, el universo, el mundo, la rueda, la sumatoria de las individualidades, la interpenetración del mundo y su creador. e) El signo L: los dos ejes que se interceptan de manera ordenada en ángulo recto, el eje vertical o trascendente y el eje del plano humano. Síntesis. Se acostumbra a decir –especialmente por parte de los masones en grado de maestro- que en el ritual está todo. Esta es una opinión importante, basada tanto en la experiencia como en el entendimiento racional del contenido de los rituales. Sin embargo, y sin mayores pretensiones, se puede afirmar por añadidura que en la logia está todo. Sostengo la tesis que el sólo símbolo LOGIA, expresado tanto como sonido como grafismo escrito contiene un potencial de conocimiento que encierra la síntesis de los dos primeros grados. La problemática no sería tanto el significado de la letra G. Tampoco sería cómo se ligan unos con otros los símbolos masónicos y sus significados. El verdadero desafío es cómo hacer germinar esas maravillosas semillas que son los símbolos, desplegando el potencial que se encuentra encerrado en cada uno de ellos. Cómo se hace para detonar la inspiración de lo oculto, un juego desconocido pero articulado de forma misteriosa, en la sombra, de manera de hacerlo inteligible a la conciencia. Esto nadie pareciera sentirse capaz de hacerlo y ponerlo a disposición. Intentémoslo. Pongan cada semilla en una lámina o carta. Háganlas danzar boca abajo delante de ustedes. Escojan la primera que sienta su inspiración, su instinto. Después, permitan que la semilla escogida, sea la L, la O, la G, la I, o la A, les hable. Nunca dejan de responder. La Letra “G” Es la letra que se aprende en el segundo de instrucción masónica del R.'.E.'.A.'.y A.'. de AA.’' LL .'.y AA.'. MM .'. que finaliza en el grado 33º, es en este espacio donde la encontramos al interior de la estrella flamígera, simbolizando el Genio del hombre subyugado por la fuerza de voluntad, cualidades que debe desarrollar el C.'.M.'. a lo largo del estudio de este nivel. Pero por que se dice que simboliza o representa al genio del hombre subyugado por la fuerza de voluntad, para empezar definiré la frase GENIO DEL HOMBRE, que no es otra cosa que la capacidad creativa en artes, ciencias, o letras, es la condición natural de cada persona, es el estado de ánimo circunstancial y finalmente es la disposición o habilidad extraordinaria para algo determinado, así pues se puede crear una bella obra de arte nacida del mármol, la cantera o el barro, como sería el caso del David de Miguel Ángel Buonarroti, de una partitura caso de Ludwig Von Beethoven, llegar al descubrimiento de alguna sustancia tal es el caso de Sir Alexander Fleming. En el caso de las letras se hace necesario que el hombre que tiene la posibilidad o la facultad de plasmar sus ideas por escrito con elegancia, grandilocuencia, sagacidad, veracidad, nunca se aparte de estos preceptos para ofender, calumniar o sacar ventaja de lo que escribe, en detrimento de alguien, si defino entonces SUBYUGADO, diré que este es el sometimiento a alguien violenta o intensamente, si nuestro pensamiento o temperamento debe ser controlado, regulado, para no cometer abusos que más tarde que temprano nos causaran problemas, arrepentimiento ó desasosiego por la mala acción ejecutada, finalmente definiré POR LA FUERZA DE LA VOLUNTAD, sí nuestras acciones antes de realizarlas son pensamientos, ideas y antes de consumarlos deben pasar por el filtro de la razón para determinar si lo que estamos a punto de ejecutar o realizar es tan bueno como creemos que es o queremos que sea, de otra manera cometeremos un abuso, una injusticia, un error, más aún estaremos dando contento a nuestros instintos, cayendo entonces en un vicio, un mal hábito, una pasión, porque nos arrastro la ambición mal sana, la envidia o la corrupción, porque pudo más nuestra egolatría, que nuestro sentido común, o buena fe. Luego entonces el conocimiento que debemos tener de la letra “G”, es que esta es la representación de la chispa divina que habita en nuestro ser, esa la energía que nos ha de elevar a la eternidad, a la inmortalidad por nuestras buenas acciones o nos habrá de hundir en el más frio y horrible de los calabozos por nuestras malas acciones, recordemos lo que nos dice la Biblia por sus frutos los reconoceréis, por que como masones nuestro desempeño solo debe inspirar dos cosas, una critica o una reflexión, la primera nos podrá bajo el microscopio de la sociedad y lo que se diga de nosotros como miembros de esta antigua y honrosa institución por nuestros malos manejos de los recursos, por el desvío de los mismos, como servidores públicos nos denigrara, acusara, valuara, nos hundirá, nos juzgara, para finalmente perder la fe en el que se ostenta como masón, que se muestra como un hombre ordinario cuando tiene una misión más importante que cumplir en el mundo profano, en cambio si somos objeto de una reflexión muchos querrán seguir nuestros pasos e incorporarse a la Orden Masónica, por que sabrán que el masón es un hombre que se preocupa por los demás, es un buen ciudadano, un hombre honrado que quiere que las cosas se hagan siempre con transparencia, honestidad, honradez, pulcritud y que cuando ocupa un cargo publico cualquiera que sea es un excelente servidor público, porque tiene la respuesta a la necesidad o planteamiento presentado. Finalmente la fuerza de la razón, es la voz de la conciencia y desgraciados de los que desoyen la voz de su conciencia, fuente del conocimiento reflexivo, el mejor auxiliar del hombre para trazar su camino y llegar a ser útil a sus semejantes, trabajando en su propia dicha. Que quiere decir esto que debemos estar siempre alertas a los llamados de la conciencia antes de emprender acciones, por que no debemos hacer cosas buenas que parezcan malas, por que todo cuanto hagamos tendrá una respuesta y puede no gustarnos pero nadie más será culpable o responsables más que nosotros mismos por saber o no querer ponderar los alcances de nuestro proceder. Recordemos aquel fragmento de la poesía En paz de Amado Nervo, cuando dice: Que si extraje las mieles o la hiel de las cosa. Fue porque en ellas puse hiel o miles sabrosas. El hombre obtiene de la vida las cosas sabrosas de la vida cuando trabaja honradamente y con decoro o se vuelven amargas cuando lo obtuvo de mala manera, es el y nadie más quien adereza lo que ha de disfrutar o envidiar llenado su boca de amargura, hagamos hasta lo imposible por que siempre disfrutemos de las mieles de la vida, ganando la vianda que ha de adornar nuestra mesa y saciar nuestra hambre con trabajo, esfuerzo y dignidad.
Panfredo y la G Masonica
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