Los ratones pueden perder el miedo a los felinos cuando son infectados por un parásito. Los efectos persisten incluso después de que el parásito desaparece, según muestran los estudios.
El protozoo parásito Toxoplasma gondii puede infectar a la mayoría de los mamíferos, incluyendo a los humanos. Pero sólo puede reproducirse en las entrañas de los felinos, por lo tanto los felinos deben comer a los animales infectados con éste Toxoplasma gondii para que el ciclo reproductivo del parásito continúe.
Quizá, para incrementar la probabilidad de que acabe en la barriga de un gato, el parásito hace que el roedor infectado pierda su aversión innata a la orina de los felinos, según descubrieron los investigadores en el 2000. La fuerza de la infección parasitaria es tan grande que mata al roedor rápidamente, impidiendo que los investigadores determinen con exactitud cuanto dura el efecto en los ratones, pero se ha propuesto que el parásito altera permanentemente la forma en que los roedores perciben la amenaza de sus depredadores.
