Los tripulantes de la Estación Espacial Internacional (EEI) lograron grabar un fenómeno natural raramente visto incluso por los habitantes de la Tierra: una aurora boreal inusualmente intensa, causada por una fuerte tormenta geomagnética ocurrida a finales de enero.
A una altura de cerca de 380 kilómetros, los astronautas de la NASA hicieron varias fotografías y montaron un video en el que se ve un velo azulado al fondo del cielo nocturno y las luces brillantes de las ciudades norteamericanas. Así es la aurora boreal vista desde la EEI.
Los astronautas de Roscosmos también hicieron fotografías en las que se puede contemplar la aurora polar vista desde la órbita terrestre.
Anteriormente, espectadores de Escandinavia, Islandia y Groenlandia publicaron fotografías de aquel acontecimiento cósmico. Las tormentas magnéticas que recientemente se hicieron más frecuentes muestran que el Sol ‘se despierta’ al acercarse al máximo de su actividad. Los astrónomos predicen el pico del ciclo solar, que normalmente dura entre 9 y 11,5 años, para el próximo año.
Para los habitantes de la Tierra una mayor actividad solar no solamente puede provocar imágenes espectaculares en el cielo nocturno, sino también fallos en los equipos tecnológicos. Por ejemplo, el fallo del satélite de comunicación Galaxy-15 en abril de 2010 se vinculó con una eyección de masa coronal del Sol.
Una gran tormenta solar prevista por los especialistas de la NASA para 2013, podría tener unas consecuencias similares a las de un huracán. El desastre natural podría dañar los sistemas de servicios de emergencias, los equipos en los hospitales, sistemas de control del tráfico y sistemas bancarios, así como dispositivos de uso individual como ordenadores y teléfonos.
Sin embargo, los especialistas rusos aconsejan no perder la calma. Según explicó el doctor en ciencias Serguéi Bogachiov, del Instituto de Física Lébedev de la Academia de Ciencias Rusa, prevenir tormentas magnéticas catastróficas y erupciones solares masivas con una anterioridad de varios meses no está al alcance de la ciencia moderna.
Una aurora polar se produce cuando una eyección de masa solar choca con los polos norte y sur de la magnetósfera terrestre, produciendo una luz difusa pero predominante proyectada en la ionosfera terrestre.
Ocurre cuando partículas cargadas (protones y electrones) son guiadas por el campo magnético de la Tierra e inciden en la atmósfera cerca de los polos. Cuando esas partículas chocan con los átomos y moléculas de oxígeno y nitrógeno, que constituyen los componentes más abundantes del aire, parte de la energía de la colisión excita esos átomos a niveles de energía tales que cuando se desexcitan devuelven esa energía en forma de luz visible de varios colores.
El Sol, situado a 150 millones de km de la Tierra, está emitiendo continuamente partículas. Ese flujo de partículas constituye el denominado viento solar. La superficie del Sol o fotosfera se encuentra a unos 6000 °C; sin embargo, cuando se asciende en la atmósfera del Sol hacia capas superiores la temperatura aumenta en vez de disminuir, tal y como la intuición nos sugeriría. La temperatura de la corona solar, la zona más externa que se puede apreciar a simple vista sólo durante los eclipses totales de Sol, alcanza temperaturas de hasta 3 millones de grados. Al ser la presión en la superficie del Sol mayor que en el espacio vacío, las partículas cargadas que se encuentran en la atmósfera del Sol tienden a escapar y son aceleradas y canalizadas por el campo magnético del Sol, alcanzando la órbita de la Tierra y más allá. Existen fenómenos muy energéticos, como las fulguraciones o las eyecciones de masa coronal que incrementan la intensidad del viento solar.
Las partículas del viento solar viajan a velocidades desde 300 a 1000 km/s, de modo que recorren la distancia Sol-Tierra en aproximadamente dos días. En las proximidades de la Tierra, el viento solar es deflectado por el campo magnético de la Tierra o magnetósfera. Las partículas fluyen en la magnetosfera de la misma forma que lo hace un río alrededor de una piedra o de un pilar de un puente. El viento solar también empuja a la magnetosfera y la deforma de modo que en lugar de un haz uniforme de líneas de campo magnético como las que mostraría un imán imaginario colocado en dirección norte-sur en el interior de la Tierra, lo que se tiene es una estructura alargada con forma de cometa con una larga cola en la dirección opuesta al Sol. Las partículas cargadas tienen la propiedad de quedar atrapadas y viajar a lo largo de las líneas de campo magnético, de modo que seguirán la trayectoria que le marquen éstas. Las partículas atrapadas en la magnetosfera colisionan con los átomos y moléculas de la atmósfera de la Tierra, típicamente oxígeno (O), nitrógeno (N) atómicos y nitrógeno molecular (N2) que se encuentran en su nivel más bajo de energía, denominado nivel fundamental. El aporte de energía proporcionado por las partículas perturba a esos átomos y moléculas, llevándolos a estados excitados de energía. Al cabo de un tiempo muy pequeño, del orden de las millonésimas de segundo o incluso menor, los átomos y moléculas vuelven al nivel fundamental, y devuelven la energía en forma de luz. Esa luz es la que vemos desde el suelo y denominamos auroras. Las auroras se mantienen por encima de los 95 km porque a esa altitud la atmósfera, aunque muy tenue, ya es suficientemente densa para que los choques con las partículas cargadas ocurran tan frecuentemente que los átomos y moléculas están prácticamente en reposo. Por otro lado, las auroras no pueden estar más arriba de los 500-1000 km porque a esa altura la atmósfera es demasiado tenue –poco densa- para que las pocas colisiones que ocurren tengan un efecto significativo.
A una altura de cerca de 380 kilómetros, los astronautas de la NASA hicieron varias fotografías y montaron un video en el que se ve un velo azulado al fondo del cielo nocturno y las luces brillantes de las ciudades norteamericanas. Así es la aurora boreal vista desde la EEI.
Los astronautas de Roscosmos también hicieron fotografías en las que se puede contemplar la aurora polar vista desde la órbita terrestre.
Anteriormente, espectadores de Escandinavia, Islandia y Groenlandia publicaron fotografías de aquel acontecimiento cósmico. Las tormentas magnéticas que recientemente se hicieron más frecuentes muestran que el Sol ‘se despierta’ al acercarse al máximo de su actividad. Los astrónomos predicen el pico del ciclo solar, que normalmente dura entre 9 y 11,5 años, para el próximo año.
Para los habitantes de la Tierra una mayor actividad solar no solamente puede provocar imágenes espectaculares en el cielo nocturno, sino también fallos en los equipos tecnológicos. Por ejemplo, el fallo del satélite de comunicación Galaxy-15 en abril de 2010 se vinculó con una eyección de masa coronal del Sol.

Una gran tormenta solar prevista por los especialistas de la NASA para 2013, podría tener unas consecuencias similares a las de un huracán. El desastre natural podría dañar los sistemas de servicios de emergencias, los equipos en los hospitales, sistemas de control del tráfico y sistemas bancarios, así como dispositivos de uso individual como ordenadores y teléfonos.
Sin embargo, los especialistas rusos aconsejan no perder la calma. Según explicó el doctor en ciencias Serguéi Bogachiov, del Instituto de Física Lébedev de la Academia de Ciencias Rusa, prevenir tormentas magnéticas catastróficas y erupciones solares masivas con una anterioridad de varios meses no está al alcance de la ciencia moderna.

¿Que es una Aurora?
Una aurora polar se produce cuando una eyección de masa solar choca con los polos norte y sur de la magnetósfera terrestre, produciendo una luz difusa pero predominante proyectada en la ionosfera terrestre.
Ocurre cuando partículas cargadas (protones y electrones) son guiadas por el campo magnético de la Tierra e inciden en la atmósfera cerca de los polos. Cuando esas partículas chocan con los átomos y moléculas de oxígeno y nitrógeno, que constituyen los componentes más abundantes del aire, parte de la energía de la colisión excita esos átomos a niveles de energía tales que cuando se desexcitan devuelven esa energía en forma de luz visible de varios colores.
El Sol, situado a 150 millones de km de la Tierra, está emitiendo continuamente partículas. Ese flujo de partículas constituye el denominado viento solar. La superficie del Sol o fotosfera se encuentra a unos 6000 °C; sin embargo, cuando se asciende en la atmósfera del Sol hacia capas superiores la temperatura aumenta en vez de disminuir, tal y como la intuición nos sugeriría. La temperatura de la corona solar, la zona más externa que se puede apreciar a simple vista sólo durante los eclipses totales de Sol, alcanza temperaturas de hasta 3 millones de grados. Al ser la presión en la superficie del Sol mayor que en el espacio vacío, las partículas cargadas que se encuentran en la atmósfera del Sol tienden a escapar y son aceleradas y canalizadas por el campo magnético del Sol, alcanzando la órbita de la Tierra y más allá. Existen fenómenos muy energéticos, como las fulguraciones o las eyecciones de masa coronal que incrementan la intensidad del viento solar.
Las partículas del viento solar viajan a velocidades desde 300 a 1000 km/s, de modo que recorren la distancia Sol-Tierra en aproximadamente dos días. En las proximidades de la Tierra, el viento solar es deflectado por el campo magnético de la Tierra o magnetósfera. Las partículas fluyen en la magnetosfera de la misma forma que lo hace un río alrededor de una piedra o de un pilar de un puente. El viento solar también empuja a la magnetosfera y la deforma de modo que en lugar de un haz uniforme de líneas de campo magnético como las que mostraría un imán imaginario colocado en dirección norte-sur en el interior de la Tierra, lo que se tiene es una estructura alargada con forma de cometa con una larga cola en la dirección opuesta al Sol. Las partículas cargadas tienen la propiedad de quedar atrapadas y viajar a lo largo de las líneas de campo magnético, de modo que seguirán la trayectoria que le marquen éstas. Las partículas atrapadas en la magnetosfera colisionan con los átomos y moléculas de la atmósfera de la Tierra, típicamente oxígeno (O), nitrógeno (N) atómicos y nitrógeno molecular (N2) que se encuentran en su nivel más bajo de energía, denominado nivel fundamental. El aporte de energía proporcionado por las partículas perturba a esos átomos y moléculas, llevándolos a estados excitados de energía. Al cabo de un tiempo muy pequeño, del orden de las millonésimas de segundo o incluso menor, los átomos y moléculas vuelven al nivel fundamental, y devuelven la energía en forma de luz. Esa luz es la que vemos desde el suelo y denominamos auroras. Las auroras se mantienen por encima de los 95 km porque a esa altitud la atmósfera, aunque muy tenue, ya es suficientemente densa para que los choques con las partículas cargadas ocurran tan frecuentemente que los átomos y moléculas están prácticamente en reposo. Por otro lado, las auroras no pueden estar más arriba de los 500-1000 km porque a esa altura la atmósfera es demasiado tenue –poco densa- para que las pocas colisiones que ocurren tengan un efecto significativo.