EL PRIMER PAPA NO ITALIANO
Cuando las votaciones del conclave para elegir al sucesor de Albino Luciani empezaron el domingo 15 de octubre de 1978, desde el principio se hizo patente que el "Espíritu Santo" no tenía ni la más mínima intención de hacer acto de presencia.
El primer día de las votaciones, el tema predominante fue una agria y larga polémica, principalmente entre los seguidores del cardenal Siri y el cardenal Benelli.
Quien fuera responsable del asesinato de Luciani, estuvo muy cerca de tener que volver a asegurarse de que un segundo Papa muriera súbita y misteriosamente, a lo largo de 2 días y después de 8 sucesivas votaciones, el cardenal Benelli araño la mayoría absoluta, le faltaban tan solo unos pocos votos. De haber resultado elegido, no cabe duda que Benelli habría recogido el relevo para seguir varias de las líneas de acción marcadas por Luciani.
Pero a Benelli le faltaron 9 votos y el eventual ganador resulto ser un candidato de compromiso, el cardenal Karol Wojtyla de Polonia, que guardaba muy poca similitud con Albino Luciani, en estos años Wojtyla ha dado incontables demostraciones de que lo único que le liga con su predecesor es haber elegido el mismo nombre : Juan Pablo.
En seguida de tomar posesión de su cargo, el Papa Wojtyla fue informado de los cambios que Luciani se había propuesto llevar a cabo, se le informo sobre las diversas consultas que su predecesor había efectuado en torno a una serie de problemas. La información fiscal recogida por Benelli, Felici y funcionarios de la A.P.S.A y otras personas, se puso a entera disposición de Wojtyla, se le mostraron las pruebas que habían llevado a Luciani a la conclusión de que el cardenal Cody de Chicago tenia que ser substituido, se le entrego la evidencia que mostraba que la francmasonería se había infiltrado en el Vaticano. Se le comunico que Luciani había mantenido un dialogo con el departamento de estado de estados unidos y que planeaba una reunión con un comité del congreso, encargado de la población y del control de la natalidad. En pocas palabras Juan Pablo II se encontraba en una posición única para hacer fructificar los planes de Albino Luciani; Sin embargo, ni una sola de las reformas que su predecesor había propuesto se convirtió en realidad. Fueran quienes fueran los autores del asesinato del Papa Luciani, no le habían asesinado en vano.
Villot volvió a ser designado como Secretario de Estado; Cody conservo el control sobre Chicago; Marcinkus siguió manejando el banco del vaticano, al tiempo que encubría igual que antes las actividades delictivas, cada vez mas florecientes del banco Ambrosiano; Calvi seguía en libertad para dedicarse al saqueo masivo y al fraude a gran escala, actuando bajo la cobertura del Banco del vaticano; El cardenal Baggio no fue trasladado a Venecia; El corrompido Poletti permaneció como cardenal vicario de Roma.
Desde la elección de Karol Wojtyla, se han escrito muchos millones de palabras para tratar de entender la clase de hombre que es. Esa la clase de hombre que tolera que gente como Villot, Cody, Marcinkus, De bonis, Poletti, etc. Sigan en actividad y gocen de amplios poderes, no es posible erigir una defensa de Wojtyla basada en la presunta ignorancia, Marcinkus responde de sus acciones directamente ante el Papa, y que éste desconozca el grado de culpabilidad delictiva que pesa sobre Marcinkus escapa a toda duda razonable.
Tenemos un Papa que regaña con acritud a los sacerdotes de Nicaragua por mezclarse en cuestiones políticas y que simultáneamente concede su bendición para que enormes cantidades de dólares lleguen secreta é ilegalmente al sindicato Solidaridad de Polonia.
Con la elección de Wojtyla, la Iglesia retomo los valores de Pablo VI, pero con intereses.
En 1981, William Casey, católico practicante, era director de la CIA. Había sido uno de los primeros en ser recibidos por el Papa Juan Pablo II en audiencia privada. Durante más de una hora los dos hombres discutieron cuestiones que les interesaban sobremanera. ¿hacia adonde se encaminaba la política en el Este de Europa? ¿ Como respondería el régimen polaco, centro del bloque soviético, al cambio de dirección de la iglesia? Casey abandono la sala de audiencias. voló a Washington para poner al corriente al presidente Reagan, que ordeno al director de la CIA regresar a Roma y decir al Papa que, de aquí en adelante seria informado sobre todos los aspectos de la política militar, económica, y civil de estados unidos, gracias a un acuerdo secreto aprobado por el presidente.
Cada viernes por la noche, el jefe del cuartel de la CIA en Roma llevaba al palacio Papal los últimos secretos obtenidos con satélites espías y las escuchas electrónicas por los agentes de campo de la CIA. Ningún otro líder en el extranjero tenía acceso a la información que el Papa recibía. Eso permitió al más político de los pontífices imprimir su estilo bien definido en la iglesia y la sociedad laica. La diplomacia papal, centro de una burocracia vaticana muy centralizada, se había involucrado en los acontecimientos internacionales mucho mas profundamente que a lo largo de sus 500 años de historia. Como líder mundial esta participación casi le había costado la vida al Papa, que estuvo a punto de ser asesinado, en la plaza de San pedro, el 13 de mayo de 1981.
Dos años después, el 15 de noviembre de 1983, una fría noche de invierno en roma, Juan Pablo II estaba a punto de conocer la respuesta a una pregunta que lo consumía: ¿Quien había ordenado el asesinato?. Cada momento de lo ocurrido había quedado grabado en su memoria para siempre y seguía tan vivido como las cicatrices de las balas.
EL ATENTADO
Había cerca de 100,000 personas en la plaza de San Pedro esa tarde del miércoles 13 de mayo de 1981. Estaban apiñadas en el círculo formado por la columnata de Bernini: 264 columnas y 66 pilares, coronados por 162 estatuas de santos. Una sucesión de vallas señalaba el camino del papamóvil hasta la plataforma desde donde Juan Pablo II se dirigía semanalmente a los fieles. En medio de un clima festivo, algunos espectadores se preguntaban qué estaría haciendo el pontífice en sus aposentos mientras ellos esperaban.
Lo que pasaba por al mente de un moreno joven turco, Mehmet Ali Agca, nadie lo sabia. Había llegado a la plaza a media tarde y se abrió paso hacia el sendero que debía recorrer el papamóvil. Agca había sido miembro de un grupo terrorista, llamados los Lobos Grises. Pero había dejado sus filas y viajado por los campos de entrenamiento de los grupos aun más extremistas del fundamentalismo islámico en Oriente Medio, ahora estaba a punto de llegar al final de su viaje. Agca se encontraba en la plaza de San pedro no para alabar al Papa, sino para matarlo.
A las 4 pm, Juan Pablo II se había vestido con una sotana de seda blanca, recién planchada. Según el consejo de la CIA, la vestidura había sido modificada con astucia para que bajo la ropa pudiera disimularse un chaleco antibalas. Durante su ultima visita al palacio papal, Casey le había advertido a Juan Pablo que "en aquellos tiempos locos, ni siquiera el papa estaba a salvo de un ataque". El papa se había negado a usar la protección, la simple idea le había dicho a su secretario, monseñor Jonh Magee, iba en contra de todo lo que representaba su papado.
Juan Pablo bajo a la plaza de San Dámaso, situada dentro del palacio, a las 4:50 pm. El jefe de seguridad del vaticano, Camillo Cibin, anoto la llegada del pontífice en su copia de la agenda diaria que detallaba, minuto a minuto, las actividades del Santo Padre. En la chaqueta del traje gris a medida, Cibin llevaba un teléfono de gran alcance que lo conectaba con el cuartel de la policía romana; Pero la inmediata protección del papa estaba en manos de los guardias de traje azul, la pequeña pero bien entrenada fuerza de seguridad vaticana vigilaba atentamente detrás de la guardia ceremonial suiza, ya situada en la plaza de San Pedro. Estacionado en la plaza se encontraba el papamóvil ó campagnola, con su asiento forrado de cuero blanco y la barra a la que se asía el papa mientras avanzaba por la espaciosa plaza, junto al vehículo se encontraba su plana mayor, Magee recordaría que Juan Pablo estaba en "inusual buena forma".
A las 5 pm, el papamóvil salio del patio, delante en la plaza, comenzó el griterío, cuando el campagnola se acerco al arco de las campanas, los guardias recibieron el refuerzo de los policías de roma, que caminaban delante y detrás del vehículo. Al llegar a la plaza, el grito de la multitud se convirtió en un rugido: Juan Pablo saludaba y sonreía, haber sido actor en su juventud le daba una gran fuerza escénica.
A 3 Km. por hora con el Papa volviéndose hacia uno y otro lado, el vehículo avanzó en dirección al obelisco egipcio situado en medio de la plaza. A las 5:15 pm el papamóvil comenzó la segunda vuelta a la plaza, bajo los ojos vigilantes de Cibin; el jefe de seguridad trotaba detrás del vehículo. Las vivas de la multitud eran cada vez mas entusiastas, impetuosamente Juan Pablo II hizo algo que siempre ponía nervioso a Cibin: Se acerco a la multitud y tomo en sus brazos a una niña; la abrazo y la besó, antes de devolverla a la extasiada madre. Era parte de la rutina del pontífice, la preocupación de Cibin era que algún niño se le escapara de las manos y cayera, lo que habría sido un accidente desagradable. Pero Juan Pablo no tenía tantos escrúpulos.
A las 5:17 pm otra vez se inclino el papa a tocar la cabeza de una niñita con un vestido de comunión blanco, luego se enderezo y miro a su alrededor, como si se preguntara a quien mas debía saludar. Era su manera de personalizar el papado aun en medio de las más intensas multitudes.
Lejos de su mente estaban los peligros que había corrido en otras ocasiones. Solo 3 meses antes en Pakistán, el 16 de febrero de 1983, había explotado una bomba en el estadio municipal de Karachi poco antes de que empezara su recorrido entre los fieles. En Enero de 1980, el servicio secreto francés había advertido sobre un complot comunista para asesinarlo, una de las miles de amenazas contra la vida del Papa que el vaticano había recibido; Todas habían sido investigadas dentro de lo posible, mas tarde, Magee dijo : "en realidad solo podíamos sentarnos a esperar, salvo que encerráramos al Santo Padre en una cabina blindada cada vez que apareciera en publico, algo a lo que jamás accedería, no había mucho más que pudieras hacer".
A las 5:18 pm sonó el primer disparo en plaza de San Pedro, Juan Pablo se quedo de pie, con las manos todavía aferradas a la barra; Luego empezó a tambalearse. La bala de Mehmet Ali Agca le había perforado el estomago y abierto múltiple heridas en el intestino delgado, la parte baja del colon, el intestino grueso y el mesenterio, el tejido que sujeta los intestinos a la cavidad abdominal.
La 2ª bala de Agca hirió al pontífice en la mano derecha, que cayo inutilizada a su flanco; la sangre de un rojo encendido manaba a chorros por su sotana. Una 3ª bala de 9 mm lo acertó mas arriba, en el brazo derecho.
El conductor de la campagnola se volvió en su asiento con la boca abierta, demasiado aturdido como para hablar. Cibin le gritaba que se moviera, un asistente del Papa lo protegió con su propio cuerpo. El vehículo empezó a dar bandazos hacia delante. La multitud empezó a moverse como zarandeada por el viento huracanado. Una frase terrible subía desde la escena del suceso. En ciertos de idiomas se pronunciaban las mismas palabras de consternación: "Le han disparado al Papa".
Cibin, sus guardias y los policías de roma blandían las armas, gritando ordenes y contraordenes, buscando al tirador. Agca corría entre la multitud a toda velocidad, con la pistola Browning de 9 mm en la mano derecha. La multitud se abría ante el cañón amenazador.
De repente arrojo el arma, en ese momento, alguien lo tomo de las piernas por detrás; Un oficial de la policía de roma había hecho el arresto. En el instante, ambos hombres quedaron enterrados debajo de otros policías en una escena semejante a un scrum de rugby.
Varios policías patearon y golpearon a Agca antes de que fuera arrastrado al camión de detención.
El Papamóvil había seguido avanzando a velocidad agónica hacia la ambulancia mas cercana, estacionada junto a la puerta de bronce del vaticano, pero la ambulancia no contaba con el equipo de oxigeno, de modo que el papa fue transferido a otra ambulancia próxima, se perdieron minutos vitales. Con las luces de la sirena encendidas, la ambulancia acelero hacia el hospital Gemelli de roma, el mas próximo al vaticano, realizando el trayecto en un tiempo record de 8 minutos. Durante el viaje el Papa no pronuncio palabra alguna. En el hospital lo llevaron de inmediato a una suite quirúrgica del noveno piso con sala de reanimación, sala de operaciones y área de terapia.
Su sotana ensangrentada, la camiseta y la ropa interior fueron hábilmente cortadas y se le quito la cadena de oro macizo con su cruz manchada de sangre. Cuando se recupero, después de 6 horas de cirugía, Juan Pablo creía que había sido salvado por una de las aparariciones milagrosas mas reverenciadas del mundo católico, La Virgen de Fátima, cuya fiesta se celebraba el mismo día del atentado.
Durante los largos meses de recuperación, el deseo de saber quien había ordenado asesinarlo se convirtió en una obsesión para el Papa, trato de leer cada prueba que mandaban la policía y agencias tan diversas como la CIA, la BND de la republica federal alemana, y los servicios de seguridad de Turquía y Austria, era imposible leerlo todo, había millones de palabras en informes, declaraciones y opiniones. Ningún documento contestaba plenamente lo que el Papa quería saber: ¿ quien deseaba verlo muerto ?
2 años después de que Agca fuera condenado a cadena perpetua ( la ultima semana de Julio de 1981 ), finalmente Juan Pablo II había recibido la promesa de que le seria contestada la pregunta que todavía supuraba en su mente. La respuesta se la daría un sacerdote en quien confiaba por encima de todos, su titulo era el de nuncio apostólico con incarichi speciali . Las palabras no explicaban suficientemente que el arzobispo Luigi Poggi era el heredero natural de la política papal secreta, con especial hincapié en recabar información sobre la Europa comunista. La gente del vaticano lo llamaba simplemente "el espía del Papa".
Durante muchos meses, Poggi había mantenido contactos muy secretos con el Mossad, en ciudades como Viena, Paris, Varsovia y Sofía. Unos días antes había tenido lugar otra reunión de nuevo en Viena, una ciudad que preferían como escenario de sus encuentros clandestinos Luigi Poggi y su contacto con el Mossad.
De esa reunión regresaba aquella helada noche de noviembre de 1983, traía consigo la respuesta a la pregunta del Papa. ¿Quién había ordenado a Agca que lo asesinara?
LA INVESTIGACION
Una de las macizas puertas del arco de las campanas ya estaba cerrada, preludio a la ceremonia diaria de cerrar las entradas al vaticano con el toque de medianoche, cuando la limusina Fiat azul oscuro paso sobre los adoquines, alumbrando con los faros a los 2 guardias suizos apretujados en el capote para protegerse del frío. Uno de los guardias se adelanto levantando el brazo entre el saludo y el alto al paso, se esperaba la llegada del coche y, al volante, iba la figura familiar de un chofer del vaticano, pero después del intento de asesinato al papa, nadie quería correr riesgos.
El coche paso junto a la basílica de San Pedro sobre el empedrado del patio de San Dámaso antes de frenar a la entrada del palacio papal, el conductor descendió de un salto y abrió la puerta del pasajero. El arzobispo Luigi Poggi salio, completamente vestido de negro, el alzacuello cubierto con una bufanda. Pocos de sus recientes viajes habían tenido la importancia de lo que se le había dicho en esa cita en el viejo barrio judío de Viena. Allí, en un angosto edificio de techo inclinado, a pocas cuadras de la oficina del cazador de nazis Simón Wiesenthal, el arzobispo había escuchado absorto a un hombre que se hacia llamar simplemente Eli.
El trabajo de Poggi era tan secreto que en el Annuario Pontificio, donde constaban los nombres y ocupaciones de los miembros del Vaticano, no había rastro de que el arzobispo hubiera establecido, durante mas de 20 años, contactos propios secretos y de fiar, que llegaban hasta el Kremlin, Washington, y los pasillos del poder en Europa. Había sido uno de los primeros en enterarse que el líder soviético Yuri Andropov se estaba muriendo de hepatitis crónica. Poggi había estado en la misión rusa en ginebra, un palacio del siglo XIX surtido con el mejor Vodka y el caviar que tanto gustaba al arzobispo, y se había enterado de primera mano que Moscú se avenía a retirar los misiles nucleares que apuntaban a Europa si estados unidos dejaba de jugar fuerte con las conferencias de desarme.
Esa fría noche de invierno, camino por el palacio pasando junto a los miembros de seguridad y los guardias que lo saludaron en posición de firmes, y tomo el ascensor hacia los aposentos papales.
El mayordomo del papa lo acompaño hasta el estudio de Juan Pablo II, los estantes llenos de libros mostraban la diversidad de intereses del papa, junto a ediciones polacas de clásicos y obras de teólogos y filósofos había ejemplares de la Internacional Defense Review y libros con títulos tan sugestivos como Problemas de disposición militar ó Equilibrio militar y ataque sorpresa . Reflejaban la convicción inmutable del papa de que el mayor enemigo del mundo en 1983, seguía siendo el comunismo soviético.
Juan Pablo no había perdido la oportunidad de decir a su personal que , antes de la llegada del nuevo milenio, algo "decisivo" se iba a precipitar sobre le mundo; Se había negado a responder a sus preguntas, sacudiendo la cabeza y diciendo que todos debían rezar para que la iglesia no perdiera mas terreno frente al comunismo y el laicismo que se extendía por Estados Unidos, Alemania y holanda. Insistía en que había salvado la vida en la plaza de San Pedro para luchar contra eso.
Poggi sabia que esta preocupación, más que ninguna, había afectado a Juan Pablo II física y mentalmente, después de los saludos de rigor Poggi no pudo dejar de notar que, en privado, el Papa se había vuelto más reservado.
Las balas de Agca no solo habían destruido hueso y tejidos sino que habían dejado cicatrices emocionales que volvieron al papa en un hombre introspectivo y a veces distante.
Sentado con ambas manos sobre sus rodillas, la posición habitual de Poggi cuando tenia que comunicar noticias graves, el arzobispo relato una historia que había comenzado en las primeras semanas después de que Agca disparara al Papa.
Cuando las noticias de lo que había sucedido en la plaza de San Pedro, el 13 de mayo de 1981, llegaron a Tel Aviv, la inmediata reacción del jefe del Mossad, Yitzhak Hofi, fue en pensar que el atentado había sido obra de un maniático. Por más impactante que fuera el incidente de roma, no tenía directa incidencia en los normales intereses del Mossad.
Los árabes de Israel se estaban volviendo cada vez más extremistas y, al mismo tiempo, los extremistas judíos, liderados por el partido Kabane Bach, actuaban con mayor violencia. Justo a tiempo se había descubierto su plan para destruir el santuario musulmán mas importante de Jerusalén, la mezquita de Omar. De haber tenido éxito, las consecuencias habrían sido una pesadilla inimaginable; La guerra del Líbano seguía adelante, a pesar del puente diplomático que estados unidos había tendido, entre damasco, Beirut y Jerusalén. En el gabinete, el primer ministro Menahem Begin conducía un partido ansioso por el "encuentro final" a gran escala con la OLP. El asesinato de Yasser Arafat seguía siendo una prioridad del Mossad; Durante el mismo mes en que el papa fue herido hubo 2 intentos de matar al presidente de la OLP.
El hecho de que aparentemente, todos los servicios de inteligencia occidentales estuvieran investigando el atentado contra el Papa, también influyo en la decisión de Hofi de mantener al Mossad fuera de la cuestión. En cualquier caso, esperaba enterarse por ellos de los "detalles" del incidente.
Todavía aguardaba que se lo dijeran cuando fue reemplazado por Nahum Admoni, en septiembre de 1982; de descendencia polaca ( sus padres habían sido inmigrantes de clase media de Gdansk ) Admoni sentía mas que una mediana curiosidad por la religión católica. Durante su estancia en el extranjero trabajando de manera encubierta en estados unidos y Francia, había visto cuan poderosa podía ser la influencia de la iglesia. Roma había ayudado a la elección del católico Kennedy y, en Francia, la iglesia seguía teniendo un papel importante en la política.
Una vez en el cargo, Admoni pidió el expediente del Mossad sobre el asesinato del Papa, curiosamente los 6 servicios de inteligencia que habían hecho sus propias investigaciones, incluida la entrevista a Agca en su celda de máxima seguridad en la cárcel romana de Revivía, no habían logrado poner datos en común. Admoni decidió llevar acabo su propia investigación.
William Casey, entonces director de la CIA, diría mas tarde que "la razón mas probable quizás fuese el olfato del Mossad de que tal vez con ello se le abriese un camino hacia el vaticano. Admoni debía pensar que iba a conseguir algo que intercambiar con la Santa Sede".
Dentro de la CIA, prevalecía la opinión de que Agca había sido el gatillo de un complot para matar al Pontífice inspirado por la KGB. En el informe declarado de alto secreto y titulado Atentado de Agca contra el Papa: el caso de la participación soviética, se argumentaba que Moscú temía que el pontífice encendiera la mecha del nacionalismo polaco.
Ya en 1981, Solidaridad, el movimiento nacional de los trabajadores liberado por Lech Walesa, se encontraba ejercitando sus músculos cada vez más y las autoridades se veían sometidas a la presión de Moscú para contener las actividades del sindicato.
El Papa pidió a Walesa que no hiciera nada que provocara al intervención militar soviética en Polonia. Juan Pablo II había instado al moribundo cardenal Stefan Wyszinsky que asegurara a los líderes comunistas del país, que el pontífice no permitiría que Solidaridad traspasara los límites. Cuando el sindicato planeo una huelga general, el propio Wyszinsky se postro ante walesa en su oficina, se aferro al pantalón del estupefacto trabajador de los astilleros y le dijo que no lo soltaría hasta morir. Walesa suspendió la huelga.
En Tel Aviv, los analistas del Mossad advirtieron que el pontífice entendía plenamente la necesidad de calmar a los soviéticos con respecto a Polonia para que solidaridad no perdiera el considerable terreno que había conquistado. Parecía entonces improbable que Moscú hubiera querido matar al Papa, todavía quedaba la posibilidad de que los soviéticos hubieran subcontratado para el asesinato a uno de sus mas fieles y confiables secuaces.
En el pasado, el servicio secreto Búlgaro había llevado a cabo misiones similares para la KGB cuando era necesario que la participación de esta no se supiera.
Pero en aquella ocasión los analistas consideraban imposible que la KGB hubiera delegado una misión tan importante. Los búlgaros jamás habrían organizado el asesinato por su propia voluntad. Nahum Admoni empezó a explorar la relación actual entre la CIA y el papado.
La lista de temas tratados por el oficial de la CIA y el pontífice abarcaba desde el terrorismo en oriente medio hasta la política interna de la iglesia ó la salud de los dirigentes del Kremlin. Para Richard Allen, un católico que fue el primer consejero de seguridad de Reagan: "la relación entre la CIA y el papa fue una de las mas grandes alianzas de todos los tiempos, Reagan albergaba la profunda convicción de que el papa iba a ayudarlo a cambiar el mundo". Con mas exactitud habían establecido metas comunes, el presidente y el pontífice habían proclamado su unánime oposición al aborto; Estados Unidos bloqueo millones de dólares de ayuda a países que contaban con programas de planificación familiar; El papa "mediante un significativo silencio" apoyaba las políticas militares de Estados Unidos, incluida la de proveer a la OTAN con nueva generación de misiles crucero. La CIA solía poner micrófonos en los teléfonos de los obispos y curas centroamericanos que abogaban por la teología de la liberación y se oponían a las fuerzas sustentadas por estados Unidos en Nicaragua y El Salvador; las transcripciones telefónicas formaban parte de los informes que el jefe del cuartel de la CIA en roma presentaba durante sus visitas de los viernes. Reagan había autorizado también al coronel Oliver North, que trabajaba entonces en el Consejo Nacional de Seguridad, a realizar sustanciales pagos a curas que el vaticano estimaba "leales" en Centro y Sudamérica, África, y Asia. El dinero se usaba para financiar su prodigo estilo de vida y promocionar la oposición papal al control de la natalidad y el aborto. Una de las tareas del secretario personal del papa, monseñor Emery Kabongo, era mantener actualizada la lista de sacerdotes en la nomina; Otra, archivar los documentos entregados por la CIA y tomar notas en los encuentros clandestinos con el Papa.
Una cosa le quedo clara a Nahum Admoni: las íntimas relaciones de mutuo servicio entre el papa y la CIA habían jugado un papel importante en la aceptación del punto de vista norteamericano sobre la responsabilidad del Kremlin en la organización del atentado. Sin embargo si se probaba que ese supuesto era equivocado, ¿Cómo reaccionaria el papa? ¿se destruiría su fe en la CIA? ¿O se volvería receloso con todos los servicios secretos de inteligencia? ¿Permitiría eso al Mossad ( si podía demostrar la existencia de otra mano detrás del atentado) encontrar un camino hacia el vaticano?. Si no era admitido como consejero en materia de secretos seculares, por lo menos quizás lograra que se diera crédito a sus informaciones, y a cambio, esperar una revisión de la actitud de la Santa Sede hacia Israel.
Seis meses después, la primera pregunta de Admoni sobre la participación de otros en la organización del atentado fue respondida satisfactoriamente; El complot había sido preparado en Teherán con la completa aprobación del Ayatolá Jomeini. Matar al papa era el primer movimiento de la Jihad, la guerra santa contra occidente y lo que Jomeini consideraba sus valores decadentes por la mayor iglesia cristiana.
Un informe presentado a Admoni decía : "Jomeini sigue siendo un clásico ejemplo de fanatismo religioso. Se ha arrogado la función de Dios-instructor para su gente. Con el fin de mantener esa ilusión, necesitara actuar de manera cada vez mas peligrosa para Israel, occidente y el mundo entero"
Anticipándose al fracaso de Agca sus superiores iraníes se habían asegurado de que fuera visto como un fanático solitario. Para lograrlo habían infiltrado algunos de sus antecedentes. Mehmet Ali Agca había nacido en el lejano pueblo de Yesiltepe, al este de Turquía y había sido criado en un semillero del fundamentalismo islámico, a la edad de 19 años se unió a los lobos grises, un grupo terrorista proiraní, responsable de mucha de la violencia habida en Turquía que aspiraba a la democracia. En febrero de 1979, Agca asesinó al editor de un periódico de Estambul famoso por su política a favor de occidente, tras ser arrestado, Agca escapo con ayuda de los lobos grises, al día siguiente, el diario recibió una carta escalofriante sobre la inminente visita del papa, prevista para 3 días después: "Los imperialistas occidentales, temerosos de que Turquía y sus republicas islámicas hermanas lleguen a ser potencias políticas, militares y económicas en oriente medio, envían en este momento a Turquía al comandante de los cruzados, Juan Pablo, ungido como líder religioso, si no se cancela esta visita, voy a matar al papa comandante"
Admoni quedo convencido de que la carta se había escrito en Teherán: su estilo y contenido sobrepasaban la capacidad del casi analfabeto Agca. Los rastreos informáticos del Mossad revelaron que Jomeini en sus discursos, se había dirigido al papa como el "comandante de las cruzadas" y el "papa comandante".
La investigación del Mossad descubrió que tras su fuga, Agca fue llevado misteriosamente a Irán, donde paso meses en campos de entrenamiento. Se le había prometido a Agca, que cuando llegara el momento, tendría su oportunidad de matar al papa. Sus instructores grabaron en su mente que no había sido coincidencia que el Papa llegara al trono al mismo tiempo que el amado Jomeini liberaba a Irán del régimen del Sha. El "infiel de Roma", como se le enseño a llamar al Papa, había venido para destruir la revolución que el Ayatolá había proclamado en nombre del Sagrado Corán.
Existía una pizca de verdad en esa acusación: Juan Pablo II había hablado severamente contra el Islam y los peligros que entrañaba su fundamentalismo. Al visitar la planta de Olivetti, en Ivrea, el Papa había sorprendido a los trabajadores con un pasaje espontáneo de su discurso: "lo que el coran predica es agresión; Lo que nosotros enseñamos es paz. Por supuesto, siempre esta la naturaleza humana que distorsiona cualquier mensaje religioso, pero aunque la gente pueda ser descarriada por los vicios y los malos hábitos, la cristiandad aspira al amor y la paz. El Islam es una religión que ataca, si se empieza por enseñar agresión a la comunidad, se termina por alimentar los elementos negativos de todos. Ya se sabe a qué conduce eso: esa gente nos va asaltar".
En enero de 1981, Agca había volado a Libia. Inicialmente, al Mossad le había intrigado esa parte del viaje, hasta que un informador en Trípoli descubrió que un oficial renegado de la CIA, Frank Terpil no estaba en el país en ese momento. Terpil había sido procesado por un gran jurado, acusado de los cargos de haber enviado armas a Libia, conspirado para asesinar a un opositor de Gaddafi en el cairo, y reclutado ex pilotos militares norteamericanos para volar aviones Libios y boinas verdes para dirigir campos de entrenamiento terrorista. En Libia enseñaba a los terroristas a evitar ser detectados por las agencias occidentales. Terpil se había mudado a Beirut, donde desapareció, el Mossad creía que había sido asesinado cuando dejo de ser útil.
El Mossad sabia que el contacto de Agca con Terpil había sido arreglado por sus patrones en Teherán y filtrado a la KGB, después del atentado contra el Papa, para que lo rusos tuvieran una prueba de la participación de la CIA en el complot. Los dignatarios de Teherán determinaron que Agca, después de dejar Libia en febrero de 1981, viajara a Sofia, Bulgaria para encontrarse con gente que supuestamente formaba parte del servicio secreto de ese país.
Desde el punto de vista del Mossad, la situación era perfecta para explotar el principio "divide y vencerás". No solo estaría en condiciones de desacreditar a la CIA en el vaticano sino, por fin, de proporcionar su versión de los hechos como única valedera. El Mossad había encontrado la manera de hacerse oír por el papa, todo lo demás partiría de ese punto: sus oficiales tendrían acceso a la formidable red de información de la secretaria de estado; los Katsas podrían trabajar con curas y monjas ó sacarles datos y, llegada la oportunidad, se colocarían por fin micrófonos en los santos lugares.
Cuando el Mossad completo el resumen de la odisea de Mehmet Ali Agca, Nahum Admoni se dispuso a contestar la única pregunta que convertiría todo aquello en realidad. Uno de los "espías supervivientes" de Rafi Eitan, un católico que vivía en Munich, les había contado el extraordinario papel que Luigi Poggi cumplía en el papado. Nahum Admoni había llamado a Eli y le había ordenado ponerse en contacto con Poggi.
Ahora 2 años después del atentado, el arzobispo pasaba la noche en vela, explicándole a Juan Pablo lo que Eli le había contado.
Cuando las votaciones del conclave para elegir al sucesor de Albino Luciani empezaron el domingo 15 de octubre de 1978, desde el principio se hizo patente que el "Espíritu Santo" no tenía ni la más mínima intención de hacer acto de presencia.
El primer día de las votaciones, el tema predominante fue una agria y larga polémica, principalmente entre los seguidores del cardenal Siri y el cardenal Benelli.
Quien fuera responsable del asesinato de Luciani, estuvo muy cerca de tener que volver a asegurarse de que un segundo Papa muriera súbita y misteriosamente, a lo largo de 2 días y después de 8 sucesivas votaciones, el cardenal Benelli araño la mayoría absoluta, le faltaban tan solo unos pocos votos. De haber resultado elegido, no cabe duda que Benelli habría recogido el relevo para seguir varias de las líneas de acción marcadas por Luciani.
Pero a Benelli le faltaron 9 votos y el eventual ganador resulto ser un candidato de compromiso, el cardenal Karol Wojtyla de Polonia, que guardaba muy poca similitud con Albino Luciani, en estos años Wojtyla ha dado incontables demostraciones de que lo único que le liga con su predecesor es haber elegido el mismo nombre : Juan Pablo.
En seguida de tomar posesión de su cargo, el Papa Wojtyla fue informado de los cambios que Luciani se había propuesto llevar a cabo, se le informo sobre las diversas consultas que su predecesor había efectuado en torno a una serie de problemas. La información fiscal recogida por Benelli, Felici y funcionarios de la A.P.S.A y otras personas, se puso a entera disposición de Wojtyla, se le mostraron las pruebas que habían llevado a Luciani a la conclusión de que el cardenal Cody de Chicago tenia que ser substituido, se le entrego la evidencia que mostraba que la francmasonería se había infiltrado en el Vaticano. Se le comunico que Luciani había mantenido un dialogo con el departamento de estado de estados unidos y que planeaba una reunión con un comité del congreso, encargado de la población y del control de la natalidad. En pocas palabras Juan Pablo II se encontraba en una posición única para hacer fructificar los planes de Albino Luciani; Sin embargo, ni una sola de las reformas que su predecesor había propuesto se convirtió en realidad. Fueran quienes fueran los autores del asesinato del Papa Luciani, no le habían asesinado en vano.
Villot volvió a ser designado como Secretario de Estado; Cody conservo el control sobre Chicago; Marcinkus siguió manejando el banco del vaticano, al tiempo que encubría igual que antes las actividades delictivas, cada vez mas florecientes del banco Ambrosiano; Calvi seguía en libertad para dedicarse al saqueo masivo y al fraude a gran escala, actuando bajo la cobertura del Banco del vaticano; El cardenal Baggio no fue trasladado a Venecia; El corrompido Poletti permaneció como cardenal vicario de Roma.
Desde la elección de Karol Wojtyla, se han escrito muchos millones de palabras para tratar de entender la clase de hombre que es. Esa la clase de hombre que tolera que gente como Villot, Cody, Marcinkus, De bonis, Poletti, etc. Sigan en actividad y gocen de amplios poderes, no es posible erigir una defensa de Wojtyla basada en la presunta ignorancia, Marcinkus responde de sus acciones directamente ante el Papa, y que éste desconozca el grado de culpabilidad delictiva que pesa sobre Marcinkus escapa a toda duda razonable.
Tenemos un Papa que regaña con acritud a los sacerdotes de Nicaragua por mezclarse en cuestiones políticas y que simultáneamente concede su bendición para que enormes cantidades de dólares lleguen secreta é ilegalmente al sindicato Solidaridad de Polonia.
Con la elección de Wojtyla, la Iglesia retomo los valores de Pablo VI, pero con intereses.
En 1981, William Casey, católico practicante, era director de la CIA. Había sido uno de los primeros en ser recibidos por el Papa Juan Pablo II en audiencia privada. Durante más de una hora los dos hombres discutieron cuestiones que les interesaban sobremanera. ¿hacia adonde se encaminaba la política en el Este de Europa? ¿ Como respondería el régimen polaco, centro del bloque soviético, al cambio de dirección de la iglesia? Casey abandono la sala de audiencias. voló a Washington para poner al corriente al presidente Reagan, que ordeno al director de la CIA regresar a Roma y decir al Papa que, de aquí en adelante seria informado sobre todos los aspectos de la política militar, económica, y civil de estados unidos, gracias a un acuerdo secreto aprobado por el presidente.
Cada viernes por la noche, el jefe del cuartel de la CIA en Roma llevaba al palacio Papal los últimos secretos obtenidos con satélites espías y las escuchas electrónicas por los agentes de campo de la CIA. Ningún otro líder en el extranjero tenía acceso a la información que el Papa recibía. Eso permitió al más político de los pontífices imprimir su estilo bien definido en la iglesia y la sociedad laica. La diplomacia papal, centro de una burocracia vaticana muy centralizada, se había involucrado en los acontecimientos internacionales mucho mas profundamente que a lo largo de sus 500 años de historia. Como líder mundial esta participación casi le había costado la vida al Papa, que estuvo a punto de ser asesinado, en la plaza de San pedro, el 13 de mayo de 1981.
Dos años después, el 15 de noviembre de 1983, una fría noche de invierno en roma, Juan Pablo II estaba a punto de conocer la respuesta a una pregunta que lo consumía: ¿Quien había ordenado el asesinato?. Cada momento de lo ocurrido había quedado grabado en su memoria para siempre y seguía tan vivido como las cicatrices de las balas.
EL ATENTADO
Había cerca de 100,000 personas en la plaza de San Pedro esa tarde del miércoles 13 de mayo de 1981. Estaban apiñadas en el círculo formado por la columnata de Bernini: 264 columnas y 66 pilares, coronados por 162 estatuas de santos. Una sucesión de vallas señalaba el camino del papamóvil hasta la plataforma desde donde Juan Pablo II se dirigía semanalmente a los fieles. En medio de un clima festivo, algunos espectadores se preguntaban qué estaría haciendo el pontífice en sus aposentos mientras ellos esperaban.
Lo que pasaba por al mente de un moreno joven turco, Mehmet Ali Agca, nadie lo sabia. Había llegado a la plaza a media tarde y se abrió paso hacia el sendero que debía recorrer el papamóvil. Agca había sido miembro de un grupo terrorista, llamados los Lobos Grises. Pero había dejado sus filas y viajado por los campos de entrenamiento de los grupos aun más extremistas del fundamentalismo islámico en Oriente Medio, ahora estaba a punto de llegar al final de su viaje. Agca se encontraba en la plaza de San pedro no para alabar al Papa, sino para matarlo.
A las 4 pm, Juan Pablo II se había vestido con una sotana de seda blanca, recién planchada. Según el consejo de la CIA, la vestidura había sido modificada con astucia para que bajo la ropa pudiera disimularse un chaleco antibalas. Durante su ultima visita al palacio papal, Casey le había advertido a Juan Pablo que "en aquellos tiempos locos, ni siquiera el papa estaba a salvo de un ataque". El papa se había negado a usar la protección, la simple idea le había dicho a su secretario, monseñor Jonh Magee, iba en contra de todo lo que representaba su papado.
Juan Pablo bajo a la plaza de San Dámaso, situada dentro del palacio, a las 4:50 pm. El jefe de seguridad del vaticano, Camillo Cibin, anoto la llegada del pontífice en su copia de la agenda diaria que detallaba, minuto a minuto, las actividades del Santo Padre. En la chaqueta del traje gris a medida, Cibin llevaba un teléfono de gran alcance que lo conectaba con el cuartel de la policía romana; Pero la inmediata protección del papa estaba en manos de los guardias de traje azul, la pequeña pero bien entrenada fuerza de seguridad vaticana vigilaba atentamente detrás de la guardia ceremonial suiza, ya situada en la plaza de San Pedro. Estacionado en la plaza se encontraba el papamóvil ó campagnola, con su asiento forrado de cuero blanco y la barra a la que se asía el papa mientras avanzaba por la espaciosa plaza, junto al vehículo se encontraba su plana mayor, Magee recordaría que Juan Pablo estaba en "inusual buena forma".
A las 5 pm, el papamóvil salio del patio, delante en la plaza, comenzó el griterío, cuando el campagnola se acerco al arco de las campanas, los guardias recibieron el refuerzo de los policías de roma, que caminaban delante y detrás del vehículo. Al llegar a la plaza, el grito de la multitud se convirtió en un rugido: Juan Pablo saludaba y sonreía, haber sido actor en su juventud le daba una gran fuerza escénica.
A 3 Km. por hora con el Papa volviéndose hacia uno y otro lado, el vehículo avanzó en dirección al obelisco egipcio situado en medio de la plaza. A las 5:15 pm el papamóvil comenzó la segunda vuelta a la plaza, bajo los ojos vigilantes de Cibin; el jefe de seguridad trotaba detrás del vehículo. Las vivas de la multitud eran cada vez mas entusiastas, impetuosamente Juan Pablo II hizo algo que siempre ponía nervioso a Cibin: Se acerco a la multitud y tomo en sus brazos a una niña; la abrazo y la besó, antes de devolverla a la extasiada madre. Era parte de la rutina del pontífice, la preocupación de Cibin era que algún niño se le escapara de las manos y cayera, lo que habría sido un accidente desagradable. Pero Juan Pablo no tenía tantos escrúpulos.
A las 5:17 pm otra vez se inclino el papa a tocar la cabeza de una niñita con un vestido de comunión blanco, luego se enderezo y miro a su alrededor, como si se preguntara a quien mas debía saludar. Era su manera de personalizar el papado aun en medio de las más intensas multitudes.
Lejos de su mente estaban los peligros que había corrido en otras ocasiones. Solo 3 meses antes en Pakistán, el 16 de febrero de 1983, había explotado una bomba en el estadio municipal de Karachi poco antes de que empezara su recorrido entre los fieles. En Enero de 1980, el servicio secreto francés había advertido sobre un complot comunista para asesinarlo, una de las miles de amenazas contra la vida del Papa que el vaticano había recibido; Todas habían sido investigadas dentro de lo posible, mas tarde, Magee dijo : "en realidad solo podíamos sentarnos a esperar, salvo que encerráramos al Santo Padre en una cabina blindada cada vez que apareciera en publico, algo a lo que jamás accedería, no había mucho más que pudieras hacer".
A las 5:18 pm sonó el primer disparo en plaza de San Pedro, Juan Pablo se quedo de pie, con las manos todavía aferradas a la barra; Luego empezó a tambalearse. La bala de Mehmet Ali Agca le había perforado el estomago y abierto múltiple heridas en el intestino delgado, la parte baja del colon, el intestino grueso y el mesenterio, el tejido que sujeta los intestinos a la cavidad abdominal.
La 2ª bala de Agca hirió al pontífice en la mano derecha, que cayo inutilizada a su flanco; la sangre de un rojo encendido manaba a chorros por su sotana. Una 3ª bala de 9 mm lo acertó mas arriba, en el brazo derecho.
El conductor de la campagnola se volvió en su asiento con la boca abierta, demasiado aturdido como para hablar. Cibin le gritaba que se moviera, un asistente del Papa lo protegió con su propio cuerpo. El vehículo empezó a dar bandazos hacia delante. La multitud empezó a moverse como zarandeada por el viento huracanado. Una frase terrible subía desde la escena del suceso. En ciertos de idiomas se pronunciaban las mismas palabras de consternación: "Le han disparado al Papa".
Cibin, sus guardias y los policías de roma blandían las armas, gritando ordenes y contraordenes, buscando al tirador. Agca corría entre la multitud a toda velocidad, con la pistola Browning de 9 mm en la mano derecha. La multitud se abría ante el cañón amenazador.
De repente arrojo el arma, en ese momento, alguien lo tomo de las piernas por detrás; Un oficial de la policía de roma había hecho el arresto. En el instante, ambos hombres quedaron enterrados debajo de otros policías en una escena semejante a un scrum de rugby.
Varios policías patearon y golpearon a Agca antes de que fuera arrastrado al camión de detención.
El Papamóvil había seguido avanzando a velocidad agónica hacia la ambulancia mas cercana, estacionada junto a la puerta de bronce del vaticano, pero la ambulancia no contaba con el equipo de oxigeno, de modo que el papa fue transferido a otra ambulancia próxima, se perdieron minutos vitales. Con las luces de la sirena encendidas, la ambulancia acelero hacia el hospital Gemelli de roma, el mas próximo al vaticano, realizando el trayecto en un tiempo record de 8 minutos. Durante el viaje el Papa no pronuncio palabra alguna. En el hospital lo llevaron de inmediato a una suite quirúrgica del noveno piso con sala de reanimación, sala de operaciones y área de terapia.
Su sotana ensangrentada, la camiseta y la ropa interior fueron hábilmente cortadas y se le quito la cadena de oro macizo con su cruz manchada de sangre. Cuando se recupero, después de 6 horas de cirugía, Juan Pablo creía que había sido salvado por una de las aparariciones milagrosas mas reverenciadas del mundo católico, La Virgen de Fátima, cuya fiesta se celebraba el mismo día del atentado.
Durante los largos meses de recuperación, el deseo de saber quien había ordenado asesinarlo se convirtió en una obsesión para el Papa, trato de leer cada prueba que mandaban la policía y agencias tan diversas como la CIA, la BND de la republica federal alemana, y los servicios de seguridad de Turquía y Austria, era imposible leerlo todo, había millones de palabras en informes, declaraciones y opiniones. Ningún documento contestaba plenamente lo que el Papa quería saber: ¿ quien deseaba verlo muerto ?
2 años después de que Agca fuera condenado a cadena perpetua ( la ultima semana de Julio de 1981 ), finalmente Juan Pablo II había recibido la promesa de que le seria contestada la pregunta que todavía supuraba en su mente. La respuesta se la daría un sacerdote en quien confiaba por encima de todos, su titulo era el de nuncio apostólico con incarichi speciali . Las palabras no explicaban suficientemente que el arzobispo Luigi Poggi era el heredero natural de la política papal secreta, con especial hincapié en recabar información sobre la Europa comunista. La gente del vaticano lo llamaba simplemente "el espía del Papa".
Durante muchos meses, Poggi había mantenido contactos muy secretos con el Mossad, en ciudades como Viena, Paris, Varsovia y Sofía. Unos días antes había tenido lugar otra reunión de nuevo en Viena, una ciudad que preferían como escenario de sus encuentros clandestinos Luigi Poggi y su contacto con el Mossad.
De esa reunión regresaba aquella helada noche de noviembre de 1983, traía consigo la respuesta a la pregunta del Papa. ¿Quién había ordenado a Agca que lo asesinara?
LA INVESTIGACION
Una de las macizas puertas del arco de las campanas ya estaba cerrada, preludio a la ceremonia diaria de cerrar las entradas al vaticano con el toque de medianoche, cuando la limusina Fiat azul oscuro paso sobre los adoquines, alumbrando con los faros a los 2 guardias suizos apretujados en el capote para protegerse del frío. Uno de los guardias se adelanto levantando el brazo entre el saludo y el alto al paso, se esperaba la llegada del coche y, al volante, iba la figura familiar de un chofer del vaticano, pero después del intento de asesinato al papa, nadie quería correr riesgos.
El coche paso junto a la basílica de San Pedro sobre el empedrado del patio de San Dámaso antes de frenar a la entrada del palacio papal, el conductor descendió de un salto y abrió la puerta del pasajero. El arzobispo Luigi Poggi salio, completamente vestido de negro, el alzacuello cubierto con una bufanda. Pocos de sus recientes viajes habían tenido la importancia de lo que se le había dicho en esa cita en el viejo barrio judío de Viena. Allí, en un angosto edificio de techo inclinado, a pocas cuadras de la oficina del cazador de nazis Simón Wiesenthal, el arzobispo había escuchado absorto a un hombre que se hacia llamar simplemente Eli.
El trabajo de Poggi era tan secreto que en el Annuario Pontificio, donde constaban los nombres y ocupaciones de los miembros del Vaticano, no había rastro de que el arzobispo hubiera establecido, durante mas de 20 años, contactos propios secretos y de fiar, que llegaban hasta el Kremlin, Washington, y los pasillos del poder en Europa. Había sido uno de los primeros en enterarse que el líder soviético Yuri Andropov se estaba muriendo de hepatitis crónica. Poggi había estado en la misión rusa en ginebra, un palacio del siglo XIX surtido con el mejor Vodka y el caviar que tanto gustaba al arzobispo, y se había enterado de primera mano que Moscú se avenía a retirar los misiles nucleares que apuntaban a Europa si estados unidos dejaba de jugar fuerte con las conferencias de desarme.
Esa fría noche de invierno, camino por el palacio pasando junto a los miembros de seguridad y los guardias que lo saludaron en posición de firmes, y tomo el ascensor hacia los aposentos papales.
El mayordomo del papa lo acompaño hasta el estudio de Juan Pablo II, los estantes llenos de libros mostraban la diversidad de intereses del papa, junto a ediciones polacas de clásicos y obras de teólogos y filósofos había ejemplares de la Internacional Defense Review y libros con títulos tan sugestivos como Problemas de disposición militar ó Equilibrio militar y ataque sorpresa . Reflejaban la convicción inmutable del papa de que el mayor enemigo del mundo en 1983, seguía siendo el comunismo soviético.
Juan Pablo no había perdido la oportunidad de decir a su personal que , antes de la llegada del nuevo milenio, algo "decisivo" se iba a precipitar sobre le mundo; Se había negado a responder a sus preguntas, sacudiendo la cabeza y diciendo que todos debían rezar para que la iglesia no perdiera mas terreno frente al comunismo y el laicismo que se extendía por Estados Unidos, Alemania y holanda. Insistía en que había salvado la vida en la plaza de San Pedro para luchar contra eso.
Poggi sabia que esta preocupación, más que ninguna, había afectado a Juan Pablo II física y mentalmente, después de los saludos de rigor Poggi no pudo dejar de notar que, en privado, el Papa se había vuelto más reservado.
Las balas de Agca no solo habían destruido hueso y tejidos sino que habían dejado cicatrices emocionales que volvieron al papa en un hombre introspectivo y a veces distante.
Sentado con ambas manos sobre sus rodillas, la posición habitual de Poggi cuando tenia que comunicar noticias graves, el arzobispo relato una historia que había comenzado en las primeras semanas después de que Agca disparara al Papa.
Cuando las noticias de lo que había sucedido en la plaza de San Pedro, el 13 de mayo de 1981, llegaron a Tel Aviv, la inmediata reacción del jefe del Mossad, Yitzhak Hofi, fue en pensar que el atentado había sido obra de un maniático. Por más impactante que fuera el incidente de roma, no tenía directa incidencia en los normales intereses del Mossad.
Los árabes de Israel se estaban volviendo cada vez más extremistas y, al mismo tiempo, los extremistas judíos, liderados por el partido Kabane Bach, actuaban con mayor violencia. Justo a tiempo se había descubierto su plan para destruir el santuario musulmán mas importante de Jerusalén, la mezquita de Omar. De haber tenido éxito, las consecuencias habrían sido una pesadilla inimaginable; La guerra del Líbano seguía adelante, a pesar del puente diplomático que estados unidos había tendido, entre damasco, Beirut y Jerusalén. En el gabinete, el primer ministro Menahem Begin conducía un partido ansioso por el "encuentro final" a gran escala con la OLP. El asesinato de Yasser Arafat seguía siendo una prioridad del Mossad; Durante el mismo mes en que el papa fue herido hubo 2 intentos de matar al presidente de la OLP.
El hecho de que aparentemente, todos los servicios de inteligencia occidentales estuvieran investigando el atentado contra el Papa, también influyo en la decisión de Hofi de mantener al Mossad fuera de la cuestión. En cualquier caso, esperaba enterarse por ellos de los "detalles" del incidente.
Todavía aguardaba que se lo dijeran cuando fue reemplazado por Nahum Admoni, en septiembre de 1982; de descendencia polaca ( sus padres habían sido inmigrantes de clase media de Gdansk ) Admoni sentía mas que una mediana curiosidad por la religión católica. Durante su estancia en el extranjero trabajando de manera encubierta en estados unidos y Francia, había visto cuan poderosa podía ser la influencia de la iglesia. Roma había ayudado a la elección del católico Kennedy y, en Francia, la iglesia seguía teniendo un papel importante en la política.
Una vez en el cargo, Admoni pidió el expediente del Mossad sobre el asesinato del Papa, curiosamente los 6 servicios de inteligencia que habían hecho sus propias investigaciones, incluida la entrevista a Agca en su celda de máxima seguridad en la cárcel romana de Revivía, no habían logrado poner datos en común. Admoni decidió llevar acabo su propia investigación.
William Casey, entonces director de la CIA, diría mas tarde que "la razón mas probable quizás fuese el olfato del Mossad de que tal vez con ello se le abriese un camino hacia el vaticano. Admoni debía pensar que iba a conseguir algo que intercambiar con la Santa Sede".
Dentro de la CIA, prevalecía la opinión de que Agca había sido el gatillo de un complot para matar al Pontífice inspirado por la KGB. En el informe declarado de alto secreto y titulado Atentado de Agca contra el Papa: el caso de la participación soviética, se argumentaba que Moscú temía que el pontífice encendiera la mecha del nacionalismo polaco.
Ya en 1981, Solidaridad, el movimiento nacional de los trabajadores liberado por Lech Walesa, se encontraba ejercitando sus músculos cada vez más y las autoridades se veían sometidas a la presión de Moscú para contener las actividades del sindicato.
El Papa pidió a Walesa que no hiciera nada que provocara al intervención militar soviética en Polonia. Juan Pablo II había instado al moribundo cardenal Stefan Wyszinsky que asegurara a los líderes comunistas del país, que el pontífice no permitiría que Solidaridad traspasara los límites. Cuando el sindicato planeo una huelga general, el propio Wyszinsky se postro ante walesa en su oficina, se aferro al pantalón del estupefacto trabajador de los astilleros y le dijo que no lo soltaría hasta morir. Walesa suspendió la huelga.
En Tel Aviv, los analistas del Mossad advirtieron que el pontífice entendía plenamente la necesidad de calmar a los soviéticos con respecto a Polonia para que solidaridad no perdiera el considerable terreno que había conquistado. Parecía entonces improbable que Moscú hubiera querido matar al Papa, todavía quedaba la posibilidad de que los soviéticos hubieran subcontratado para el asesinato a uno de sus mas fieles y confiables secuaces.
En el pasado, el servicio secreto Búlgaro había llevado a cabo misiones similares para la KGB cuando era necesario que la participación de esta no se supiera.
Pero en aquella ocasión los analistas consideraban imposible que la KGB hubiera delegado una misión tan importante. Los búlgaros jamás habrían organizado el asesinato por su propia voluntad. Nahum Admoni empezó a explorar la relación actual entre la CIA y el papado.
La lista de temas tratados por el oficial de la CIA y el pontífice abarcaba desde el terrorismo en oriente medio hasta la política interna de la iglesia ó la salud de los dirigentes del Kremlin. Para Richard Allen, un católico que fue el primer consejero de seguridad de Reagan: "la relación entre la CIA y el papa fue una de las mas grandes alianzas de todos los tiempos, Reagan albergaba la profunda convicción de que el papa iba a ayudarlo a cambiar el mundo". Con mas exactitud habían establecido metas comunes, el presidente y el pontífice habían proclamado su unánime oposición al aborto; Estados Unidos bloqueo millones de dólares de ayuda a países que contaban con programas de planificación familiar; El papa "mediante un significativo silencio" apoyaba las políticas militares de Estados Unidos, incluida la de proveer a la OTAN con nueva generación de misiles crucero. La CIA solía poner micrófonos en los teléfonos de los obispos y curas centroamericanos que abogaban por la teología de la liberación y se oponían a las fuerzas sustentadas por estados Unidos en Nicaragua y El Salvador; las transcripciones telefónicas formaban parte de los informes que el jefe del cuartel de la CIA en roma presentaba durante sus visitas de los viernes. Reagan había autorizado también al coronel Oliver North, que trabajaba entonces en el Consejo Nacional de Seguridad, a realizar sustanciales pagos a curas que el vaticano estimaba "leales" en Centro y Sudamérica, África, y Asia. El dinero se usaba para financiar su prodigo estilo de vida y promocionar la oposición papal al control de la natalidad y el aborto. Una de las tareas del secretario personal del papa, monseñor Emery Kabongo, era mantener actualizada la lista de sacerdotes en la nomina; Otra, archivar los documentos entregados por la CIA y tomar notas en los encuentros clandestinos con el Papa.
Una cosa le quedo clara a Nahum Admoni: las íntimas relaciones de mutuo servicio entre el papa y la CIA habían jugado un papel importante en la aceptación del punto de vista norteamericano sobre la responsabilidad del Kremlin en la organización del atentado. Sin embargo si se probaba que ese supuesto era equivocado, ¿Cómo reaccionaria el papa? ¿se destruiría su fe en la CIA? ¿O se volvería receloso con todos los servicios secretos de inteligencia? ¿Permitiría eso al Mossad ( si podía demostrar la existencia de otra mano detrás del atentado) encontrar un camino hacia el vaticano?. Si no era admitido como consejero en materia de secretos seculares, por lo menos quizás lograra que se diera crédito a sus informaciones, y a cambio, esperar una revisión de la actitud de la Santa Sede hacia Israel.
Seis meses después, la primera pregunta de Admoni sobre la participación de otros en la organización del atentado fue respondida satisfactoriamente; El complot había sido preparado en Teherán con la completa aprobación del Ayatolá Jomeini. Matar al papa era el primer movimiento de la Jihad, la guerra santa contra occidente y lo que Jomeini consideraba sus valores decadentes por la mayor iglesia cristiana.
Un informe presentado a Admoni decía : "Jomeini sigue siendo un clásico ejemplo de fanatismo religioso. Se ha arrogado la función de Dios-instructor para su gente. Con el fin de mantener esa ilusión, necesitara actuar de manera cada vez mas peligrosa para Israel, occidente y el mundo entero"
Anticipándose al fracaso de Agca sus superiores iraníes se habían asegurado de que fuera visto como un fanático solitario. Para lograrlo habían infiltrado algunos de sus antecedentes. Mehmet Ali Agca había nacido en el lejano pueblo de Yesiltepe, al este de Turquía y había sido criado en un semillero del fundamentalismo islámico, a la edad de 19 años se unió a los lobos grises, un grupo terrorista proiraní, responsable de mucha de la violencia habida en Turquía que aspiraba a la democracia. En febrero de 1979, Agca asesinó al editor de un periódico de Estambul famoso por su política a favor de occidente, tras ser arrestado, Agca escapo con ayuda de los lobos grises, al día siguiente, el diario recibió una carta escalofriante sobre la inminente visita del papa, prevista para 3 días después: "Los imperialistas occidentales, temerosos de que Turquía y sus republicas islámicas hermanas lleguen a ser potencias políticas, militares y económicas en oriente medio, envían en este momento a Turquía al comandante de los cruzados, Juan Pablo, ungido como líder religioso, si no se cancela esta visita, voy a matar al papa comandante"
Admoni quedo convencido de que la carta se había escrito en Teherán: su estilo y contenido sobrepasaban la capacidad del casi analfabeto Agca. Los rastreos informáticos del Mossad revelaron que Jomeini en sus discursos, se había dirigido al papa como el "comandante de las cruzadas" y el "papa comandante".
La investigación del Mossad descubrió que tras su fuga, Agca fue llevado misteriosamente a Irán, donde paso meses en campos de entrenamiento. Se le había prometido a Agca, que cuando llegara el momento, tendría su oportunidad de matar al papa. Sus instructores grabaron en su mente que no había sido coincidencia que el Papa llegara al trono al mismo tiempo que el amado Jomeini liberaba a Irán del régimen del Sha. El "infiel de Roma", como se le enseño a llamar al Papa, había venido para destruir la revolución que el Ayatolá había proclamado en nombre del Sagrado Corán.
Existía una pizca de verdad en esa acusación: Juan Pablo II había hablado severamente contra el Islam y los peligros que entrañaba su fundamentalismo. Al visitar la planta de Olivetti, en Ivrea, el Papa había sorprendido a los trabajadores con un pasaje espontáneo de su discurso: "lo que el coran predica es agresión; Lo que nosotros enseñamos es paz. Por supuesto, siempre esta la naturaleza humana que distorsiona cualquier mensaje religioso, pero aunque la gente pueda ser descarriada por los vicios y los malos hábitos, la cristiandad aspira al amor y la paz. El Islam es una religión que ataca, si se empieza por enseñar agresión a la comunidad, se termina por alimentar los elementos negativos de todos. Ya se sabe a qué conduce eso: esa gente nos va asaltar".
En enero de 1981, Agca había volado a Libia. Inicialmente, al Mossad le había intrigado esa parte del viaje, hasta que un informador en Trípoli descubrió que un oficial renegado de la CIA, Frank Terpil no estaba en el país en ese momento. Terpil había sido procesado por un gran jurado, acusado de los cargos de haber enviado armas a Libia, conspirado para asesinar a un opositor de Gaddafi en el cairo, y reclutado ex pilotos militares norteamericanos para volar aviones Libios y boinas verdes para dirigir campos de entrenamiento terrorista. En Libia enseñaba a los terroristas a evitar ser detectados por las agencias occidentales. Terpil se había mudado a Beirut, donde desapareció, el Mossad creía que había sido asesinado cuando dejo de ser útil.
El Mossad sabia que el contacto de Agca con Terpil había sido arreglado por sus patrones en Teherán y filtrado a la KGB, después del atentado contra el Papa, para que lo rusos tuvieran una prueba de la participación de la CIA en el complot. Los dignatarios de Teherán determinaron que Agca, después de dejar Libia en febrero de 1981, viajara a Sofia, Bulgaria para encontrarse con gente que supuestamente formaba parte del servicio secreto de ese país.
Desde el punto de vista del Mossad, la situación era perfecta para explotar el principio "divide y vencerás". No solo estaría en condiciones de desacreditar a la CIA en el vaticano sino, por fin, de proporcionar su versión de los hechos como única valedera. El Mossad había encontrado la manera de hacerse oír por el papa, todo lo demás partiría de ese punto: sus oficiales tendrían acceso a la formidable red de información de la secretaria de estado; los Katsas podrían trabajar con curas y monjas ó sacarles datos y, llegada la oportunidad, se colocarían por fin micrófonos en los santos lugares.
Cuando el Mossad completo el resumen de la odisea de Mehmet Ali Agca, Nahum Admoni se dispuso a contestar la única pregunta que convertiría todo aquello en realidad. Uno de los "espías supervivientes" de Rafi Eitan, un católico que vivía en Munich, les había contado el extraordinario papel que Luigi Poggi cumplía en el papado. Nahum Admoni había llamado a Eli y le había ordenado ponerse en contacto con Poggi.
Ahora 2 años después del atentado, el arzobispo pasaba la noche en vela, explicándole a Juan Pablo lo que Eli le había contado.