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El juego, que es antes que nada una actividad libre que conlleva un orden propio y absoluto, es una de las manifestaciones humanas más antiguas, por no decir la primera y, más aún, anterior a la propia cultura como afirman algunos autores. Si nos remontamos a las formas de vida de la antigüedad clásica, principalmente de los griegos, encontramos una serie de relaciones entre la vida social y religiosa y las actividades que en sentido amplio llamaremos juegos, cuyas características fundamentales serían la tensión y la incertidumbre ante un resultado. La visión del mundo clásico, no se puede concebir sin la presencia del elemento lúdico en la vida ordinaria. Por ello, no es extraña la interacción entre las formas rituales y las propiamente competitivas.

Por otra parte, los conceptos de Virtud, Honor, Nobleza y Gloria, no se pueden desligar, en el pensamiento griego, del sentido de competición. El mismo Homero, en la Ilíada, propone: “Ser siempre el mejor y superar a los demás”. Es decir, la nobleza y el honor, se adquieren a través de la competición.

Los juegos que los niños han practicado en las distintas épocas eran muy similares unos a otros. Así, juegos como el aro, el zompo, la pelota, las canicas o el corro, por citar sólo unos cuantos, se han jugado en todos los tiempos y en todos los sitios, con ligeras modificaciones. Cambiaban los nombres de los juegos -no siempre-, los lugares y los tiempos, pero no la esencia del juego. Lo que nos demuestra que los juegos no conocen fronteras temporales ni espaciales, salvo aquellas excepciones que vienen marcadas por la adaptación al medio.



Los niños jugaban , tanto en tiempos de los faraones como de las , antiguas Grecia y Roma, a imitar a sus mayores. Por eso, en una sociedad completamente militarizada, los pequeños “jugaban” a soldados. Los niños de las familias ricas de Egipto, Grecia o Roma tenían lujosas vestimentas en las que se reproducían con todo detalle los trajes de los soldados o de los gladiadores. Tenían, asimismo, caballos de madera, que, a veces, eran simple palos con una cuerda a modo de riendas como los que utilizábamos otros niños en la primera mitad del siglo XX, miles de años después de aquellos otros niños de la antigüedad clásica. En el Museo Louvre, de París, hay un sarcófago romano en el que se puede ver a un niño subido a un carrito que va uncido a un animal, al estilo de los aurigas que corrían en el Circo Máximo

Además de los juegos militares, había otros juegos como el aro, la pelota y las muñecas, que han sobrevivido a lo largo del tiempo. Los niños de Grecia o Roma, ya jugaban con aros o con pelotas hechas con trapo o con tiras de cuero. Las muñecas eran de madera, marfil o ámbar, tal como han aparecido en las tumbas de niñas romanas localizadas en Tarragona o en Ontur (Albacete). Otros juguetes propios de esa época eran la peonza, las tabas, los dados y las canicas. También eran frecuentes los juegos con marionetas, el escondite y el de la gallinica ciega, que recibía el nombre de “muinda”.


Además de utilizar como juguetes objetos inanimados, los niños, al igual que ocurre en nuestra época, jugaban también con animales. Así, en muchas lápidas de tumbas de niños de la antigua Roma podemos ver inscripciones o grabados representando a niños jugando con un perro, un cordero, un gato…, es decir, sus animales preferidos.
Los juguetes eran realizados por los propios padres o por artesanos, pero sin que se pudiese considerar una actividad económica. En otras ocasiones, lo mimo que ha ocurrido siempre, era el propio niño el que se fabricaba sus juguetes: Era aún muy pequeño, no más alto que esto, cuando modelaba en casa casitas de barro, esculpía barquitos de madera, construía carritos de cuero y con la corteza de las granadas hacía maravillosamente bien las ranas. (Confesiones de Estrepsiano alabando la inteligencia de su hijo ante Sócrates).Mientras que los niños de las antiguas Grecia y Roma jugaban a soldados o con el aro o las tabas, las niñas imitaban en sus juegos a sus madres. Muñecas de trapo, madera o arcilla existían en casi todos los hogares. Algunas muñecas eran rígida, otras tenían las extremidades debidamente articuladas mediante alambres o tiras de cuero que unían las diversas partes. Las muñecas de las niñas ricas estaban hechas con oro y plata y disponían de un lujoso ajuar. Sin embargo, en Esparta, las niñas, además de jugar con muñecas, practicaban juegos y deportes como carreras y lanzamiento de objetos.

EL JUEGO EN LAS EDADES MEDIA Y MODERNA


La Edad Media supuso para el niño un retroceso en el campo del juego y el juguete. Las niñas, tanto en las aldeas como en los castillos eran preparadas para la realización de las tareas domésticas, sin apenas tiempo para jugar; mientras que los niños hacían otro tanto pero referido a la vida militar o al cuidado de los animales.

Sería en el Renacimiento cuando el juego infantil volviese a recobrar la importancia que tuvo en la antigüedad clásica. Pensadores humanistas como Tomás Moro, Luis Vives y Erasmo consideraban el juego como una actividad importante para el aprendizaje y el desarrollo intelectual del niño: pues jugando, incluso el niño puede aprender (Antonio de Lebrija).
No obstante, no en todos los lugares, en la Edad Moderna, el juego infantil era considerado como algo positivo para el desarrollo del niño. En la Europa calvinista, el juego infantil era puesto como ejemplo de vagancia, de lo que no debían hacer los adultos.
En los siglos XVI y XVII, las calles y plazas de los pueblos y aldeas eran los lugares preferidos para jugar. Existe un cuadro famoso titulado “Juegos de niños”, en el que el pintor holandés Pieter Brueghel “el Viejo” representa a un conjunto de niños en una plaza de una ciudad flamenca realizando ochenta y seis juegos distintos: saltando a la piola, jugando a la pelota, jugando al escondite, jugando con el aro, contando adivinanzas… Juegos, en definitiva, como los que practicaban los niños españoles hasta los años sesenta del siglo XX en nuestro país, antes de que desapareciesen las calles y las plazas como lugares de encuentro y esparcimiento y de que la televisión y las videoconsolas suplantasen al aro y a las muñecas.
¿A qué jugaban los niños españoles de tiempos de Quevedo? Pues a juegos que prácticamente han llegado hasta el siglo XX, aunque con ligeras variaciones y con otros nombres. Así, uno de los más populares era el juego.. del pezperigaña, consistente en apoyar las palmas de las manos sobre una mesa, mientras que un niño va pellizcando uno por uno las manos, al mismo tiempo que recita unos versos. Cuando acababa de recitar, la mano que coincidía con la . última palabra se ponía en la frente del niño y comenzaba nuevamente el juego. Otro juego parecido al actual “Churro, media manga o mangotero” era el “Recotín, recotán, vuelve la mano atrás”, en el que tras echar suerte o enchinar, el perdedor se agachaba, poniendo la cabeza entre los muslos del que hacía de “madre”, mientras que los otros saltaban sobre él, dándole alternativamente en la espalda con el puño o con el codo al compás de estos versos:

Recotín, recotán
de la vera, vera va.
Del palacio a la cocina,
¿Qué tiene la espalda encima?

El niño tenía que acertar la figura que realizaba el otro niño que estaba encima: una campana, con la mano ahuecada; una caldera, con la mano hacia arriba; un martillo, si enseñaba el puño; y unas tijeras si encogía los dedos. Los niños también jugaban al escondite (“Sal, salero, vendrás caballero”) y al corro (“La olla de Miguel”), o incluso a juegos que guardaban relación con la persecución de judíos y moriscos.



Los juegos, como se ha dicho en otra parte de este trabajo, eran casi idénticos en todos los lugares del mundo, cambiando el nombre y algunas de las características. Esos mismos juegos nos han llegado hasta nuestros días, aunque ya casi no se practiquen. En el Museo del Niño hay documentación en la que se recogen los juegos de la infancia que se practicaban en Europa en los siglos XVII y XVIII., siendo un documento fundamental para la historia del juego infantil. Uno de los juegos, “Le dada” (el caballito) se ha practicado hasta no hace mucho tiempo, consistía en auparse en una caña, vara o palo con una cabeza de caballo que podría ser de madera, cartón o plástico (en la actualidad).



Otro de los juegos más antiguos que se conocen es el zompo, la trompa o la peonza, nombre que varía según el lugar y la época.

En el siglo XVII se jugaba a una modalidad, conocida desde la antigüedad, que consistía en mantener en movimiento el zompo a base de latigazos. A este juego los franceses lo conocían como “Le sabot” y los españoles “La trompa”. En este grabado se puede ver cómo varios niños, provistos de ramas, intentan que el zompo “dormite”, es decir, quede aparentemente inmovilizado gracias al equilibrio.

Otra modalidad era la que nos ha llegado hasta nuestros días, consistente en lanzar al suelo un zompo, mediante una cuerda que lleva liada en la punta, para conseguir que baile el mayor tiempo posible.

También se cogía con la palma de la mano, para hacerle bailar sobre la misma, ganando aquel jugador que más tiempo conseguía mantenerlo sobre la misma. Este juego se conocía en el siglo XIX con el nombre de “El peón”.






Otros dos juegos, característicos del siglo XVII, muy parecidos al actual de los “rompes”, consistente en dejar caer al suelo, desde un pared, “estampas” o “cromos” y “pisar” o tapar las de los otros jugadores, eran el de los “alfileres”, que consistía en montar un alfiler sobre el del otro jugador y quedarse con él cuando se consigue, y el de las “fichas”.

El “columpio” y la “gallinica ciega”, eran dos juegos similares a los que en la primera mitad del siglo XX se jugaban en los pueblos de España. Parecido al juego de las “cuarenta en bote”, del siglo XX, era el de los “castillos”, que se practicaba con montones de cuatro canicas o huesos de cereza, poniendo tres en la base y uno en la cima, debiendo los jugadores conseguir derribarlo lanzando una bola desde una distancia determinada.




Otros dos juegos que nos han llegado hasta nuestros días son los de la “rayuela” y las “tres en raya”. El juego de la rayuela es un juego de equilibrio y habilidad. Actualmente, en algunos sitios de la provincia de Albacete se le conoce con el nombre de “lunes” o “tejo”. Juego de niñas que se jugaba sobre una figura con varios compartimentos dibujados en el suelo y consistía en ir pasando de uno a otro un trozo de baldosa que se empujaba con un pie saltando sobre él a la pata coja.


 

El aro y el boliche también se practicaban en los siglos XVII y XVIII. El primero se hacía rodar por el suelo dándole golpes con la mano o con una vara de madera
El boliche ha llegado hasta nuestros días sin apenas variación, salvo el material y la decoración. Es un juguete consistente en un palo de madera o hueso terminado en una punta por un lado y con una cazoleta en el otro; lleva una bola perforada sujeta con un hilo en su centro y el juego consiste en lanzar esta bola y recogerla, bien en la cazoleta, bien ensartándola en la punta.



Otro juego muy parecido a otros actuales, como “el palmillo” o las “cuarenta en bote”, recibía en el siglo XVII el nombre de “el tejo”. Este consistía en lanzar un tejo, desde una determinada distancia a un objeto puesto de pie. Ganaba aquel jugador que conseguía derribarlo y dejarlo a un palmo de su tejo. El “churro, media manga y mangotero” es un juego que ha trascendido los tiempos.



Los muchachos, inclinados y alineados, sostienen las caderas del que tienen delante mientras que los que saltan tratan de ir lo más lejos posible. “Churro, media manga y mangotero” es la fórmula que pronuncian cuando están sobre sus compañeros, señalando la muñeca, el codo o el hombro. Si aciertan los que están agachados, dejan su puesto a los que están arriba.
El “abejorro” era un juego popular en Andalucía y Castilla en la primera mitad del siglo XX, consistente en golpear con fuera la mano de un muchacho, que estaba de espaldas al resto de los jugadores, y que se tapaba la cara con la otra mano, debiendo acertar quién le había dado, mientras los otros hacía ruido con la boca, como si fuesen abejorros. En el siglo XVIII a este juego se le conocía con el nombre de “mano caliente”.



El “correcalles” o juego de saltar varios niños, uno tras otro, a lo largo de un camino o calle, recibía el nombre de “saltacabrilla “ en el siglo XVII.



En la siguiente ilustración se pueden ver dos juegos, uno de ellos ha llegado hasta el siglo XX, se trata del juego del tranco o de la pita (como se le conoce en Andalucía), consistente en golpear un palo corto con otro más largo y lanzarlo por el aite lo más lejos posible. El otro juego -el de la derecha- es desconocido para nosotros. Como se puede apreciar en el grabado, es un juego de resistencia y de equilibrio, conocido como el juego del arado.




Jugar a la guerra o a los soldados era muy frecuente en épocas pasadas y aún en muchos lugares de la actualidad
La agresividad que todo niño lleva dentro la ponía de manifiesto en este tipo de juegos. Como juegos de guerra estaban los siguientes: la honda, que como su nombre indica se trataba de lanzarse pequeñas piedras, unos contra otros, mediante unas simples hondas o tirachinas.



Jugar con espadas de madera, metal o de plástico, siempre se ha practicado en todos las épocas.
En el siglo XVII esta actividad se conocía como el juego de la esgrima.
Los enfrentamientos de pandillas de amigos se ponía en evidencia en el juego de la batalla, en donde las peleas a puñetazos y puntapiés eran frecuentes en las calles y plazas de nuestros pueblos en épocas pasadas.




Un juego parecido a los actuales “rompes” o “estampas” era el denominado juego de las fichas. Los niños apoyaban una moneda o una ficha de cualquier material sobre la pared y la dejaban caer al suelo.
Con un palo o la mano medían la distancia que había entre ellas, ganando aquél que lograse situarlas a un palmo.



Entre los juegos de bolas o canicas hay que destacar, en los siglos XVII y XVIII, los dos siguientes: el hoyito y el hoyito de huesos. El primero de ellos era conocido como juego de sobremesa y se trataba de hacer entrar la canica en todos los hoyos, sucesivamente




En el hoyito de huesos, los jugadores tenían que intentar meter en un agujero varios huesos de frutas, ganando aquel jugador que lo conseguía en un intento.

 


Los bolos también era un juego muy corriente en la Edad Moderna. Se solían utilizar simples trozos de madera, apenas trabajados. El equilibrio, la puntería y la fuerza eran cualidades imprescindibles para conseguir derribar todos los bolos.



Uno de los juegos más crueles que se practicaban en la época que estamos describiendo era el conocido como “la víctima”. Un niño hacía de víctima, siendo arrastrado por dos o tres, mientras que el resto de jugadores iban azotándolo con varas o gorros. Ganaba aquella “víctima” que más tiempo aguantaba sujetando la cuerda mientras le maltrataban
De orígenes muy remotos era el juego de los jinetes, en donde muchachos subidos en las espaldas de otros tenían que intentar derribarse con los puños. Era, pues, un juego violento y con consecuencias a veces desagradables, ya que los niños podían herirse al ser golpeados o al caer al suelo.
Otro juego, de fuerza y equilibrio, era el conocido con el nombre de bastón corto. Dos niños se colocaban uno en frente del otro, sentados en el suelo, y, apoyados unos pies contra otros, tenían que levantarse del suelo haciendo fuerza en un palo que asían con las manos.



Finalmente, hay que destacar un juego de balón que consistía en lanzarse una pelota unos a otros, impulsándola con una muñequera de madera que cada niño se colocaba en el brazo derecho
 EL JUEGO POPULAR INFANTIL EN EL SIGLO XIX



El escondite, la rayuela, la comba, la peonza.. .eran juegos muy populares en el siglo XIX.



Había otros, como la rueda, en donde un grupo de niñas, cogidas de la mano, danzaban al corro, mientras cantaban, o la campanada, muy parecido al “moscardón” de los años 50 y 60 del siglo XX, consistente en dar con una palmada fuerte en el cuerpo de otro jugador que está de espaldas, quien debe averiguar el nombre del que le ha dado para salvarse.



Saltar sobre otro niño que está agachado, era conocido en el siglo XIX como “el piso”. A dicho juego, en algunas zonas de la provincia de Albacete se le conocía en el siglo XX como ” el plomo”.



Otro juego, que en algunos sitios, en el siglo XX, se llamaba “correcalles”, era el “brinque ligero”, en el siglo XIX, consistente en ir saltando un niño tras otro, sucesivamente, sin tocar con los pies al que hacía de “borriquillo”, ni caerse.



La peonza cantora consistía en lanzar un zompo al suelo, hacerle bailar y entre dos jugadores, con la cuerda, coger el zompo por la punta y mantenerlo en el aire, procurando que siguiese bailando.

 

El chito de la época decimonónica es el juego de la chítola del siglo XX. Se dibujaba un cuadrado en el suelo, de unos tres o cuatro pasos de lado, y se hacía un agujero en cada esquina. A continuación se establecía el orden de salida: el primer jugador tenía que intentar meter un trozo de madera en el agujero de al lado; si acertaba, tiraba el siguiente jugador, y si no, le enterraban el palo en el agujero, dándole azotes en la espalda hasta que conseguía sacarlo.



Las cuatro esquinas se ha seguido practicando exactamente igual que en el pasado: un niño o una niña, colocado en el centro de un cuadrado grande, tenía que evitar que los otros que estaban en las esquinas intercambiasen de lugar. Si conseguía atrapar a uno de ellos, ocupaba su sitio y se reanudaba el juego.

Saltar la comba individualmente, en el siglo XIX se le conocía con el nombre de el cordón.



El quebrantahuesos era un juego muy bruto, pues consistía en que un niño se agachaba detrás de otro, sin que se diese cuenta, mientras que un tercero lo empujaba hacia atrás, cayendo bruscamente sobre el suelo.
Jugar al toro era muy popular en la España de la posguerra civil (1940-1950), al igual que en el siglo XIX.

Ensartar una vara dentro de un aro, era el juego de la “sortija“.Los jugadores, subidos en caballos de un tiovivo muy rudimentario tenían que meter dentro de un aro sus varas.



Jugar a las muñecas o a los soldaditos eran juegos muy comunes en el siglo XIX al igual que en épocas anteriores y posteriores.
Otro juego que ha trascendido los siglos es el calientamanos, consistente en apoyar una mano sobre la del compañero y golpearla fuertemente.

En el siglo XIX también se jugaba al marro, que consistía en “librar” al niño que estaba con los brazos en cruz, tocando su cuerpo con las manos, mientras que los otros jugadores tenían que impedirselo.



El aro era otro de los juegos más practicados.
Jugar con los ojos vendados y adivinar quién te había dado, eran juegos corrientes, que se practicaban bajo los siguientes nombres: cucharón y gallinita ciega. En el juego de la gallinita ciega los jugadores se movían libremente por un espacio, procurando no ser tocados por el que hacía de gallinita.
El juego del cucharón, el niño o la niña que tenían los ojos vendados se tenía que mover dentro de un corro y tocar a uno de los niños, adivinando su nombre.

El juego de los bolos se practicaba bastante en el siglo XIX. En él, los jugadores tenían que demostrar fuerza y equilibrio.



En cuanto a los juegos de pelota, estaban el “volante” y la “pelota de aire”. El primero era una es`pecie de tenis, en donde la pelota iba de un jugador a otro, cruzando una raya de parte a parte.

La “pelota de aire” consistía en lanzarse una pelota un jugador a otro sin que se cayese al suelo..RONDAS 
Cuantas canciones infantiles llevan en su letra terribles mensajes..mensajes que muchos desconocemos, pasa con algunas peliculas de disney como la sirenita La versión original es de Hans Christian Andersern del 1837. al final ella es la que se obsesiona con el principe y actua como psicopata o la cenicienta donde la versión de los hermanos Grimm se llamaba anne de tlaco y al final las hermanastra mueren con los ojos picados por unos pajaros y otras muy conocidas como blancanieve,pulgarcito etc .. es increible como muchas canciones y cuentos son adaptados por su crueldad original
-Alicia va en el coche
el coche en el que alicia va, seria en realidad una carroza funebre y que el inocente paseo en realidad se trataria del viaje al cementerio, donde la espera su padre. Tanto es asi que existe una estrofa “perdida” de la cancion dando vuelta por internet, y que dejaria claro que Alicia esta muerta y que ademas la causa de su muerte fue la tuberculosis.

aca la cancion original con el estracto revelador.

Alicia va en el coche, Carolín

Alicia va en el coche, Carolín

A ver a su papá

Carolín Ca Cao Leo Lao

A ver a su papá

Carolín Ca Cao Leo Lao

Qué lindo pelo lleva, Carolín

Qué lindo pelo lleva, Carolín

Quién se lo peinará

Carolín Ca Cao Leo Lao

Quién se lo peinará

Carolín Ca Cao Leo Lao.

Se lo peina su tía, Carolín

Se lo peina su tía, Carolín

Con peine de cristal

Carolín Ca Cao Leo Lao

Con peine de cristal

Carolín Ca Cao Leo Lao

((Aca se pone peluo el asunto)))

Qué hermoso pelo tiene; carolín! (bis)
¿Quién se lo peinará? carolín cacao leo lao. (bis)

Lo peinará su tía, carolín, (bis)
con mucha suavidad, carolín cacao leo lao. (bis)

Con peinecito de oro, carolín, (bis)
y horquillas de cristal, carolín cacao leo lao. (bis)
Alicia cayó enferma, carolín (bis)
Quizá se sanará, carolín cacao leo lao. (bis)

Alicia ya está muerta, carolín. (bis)
La llevan a enterrar, carolín cacao leo lao. (bis)
Alicia va en el coche, carolín (bis)
Con techo de cristal, carolín cacao leo lao (bis)

Con varios oficiales, carolín, (bis)
y un cura sacristán, carolín cacao leo lao. (bis)

Encima de la tumba, carolín, (bis)
un pajarillo va, carolín cacao leo lao. (bis)

Cantando el pío, pío, (bis)
y el pío, pío, pa, (bis)


EL año de origen de la cancion lo desconozco, pero tiene pinta de ser como de finales del siglo 19 como muchas otras canciones clasicas infantiles, en ese tiempo el tema de la tuberculosis era bastante serio, y no me pareceria nada de raro que alguien inventara una cancion infantil a modo de educar o persuadir a los niños de hacer caso a sus padres con respecto a protejerse del frio, abrigarse y no hablar con extraños, ya que como alicia, podrian caer enfermo y luego muerto por la tuberculosis.
En Chile El país discriminatorio ha sido poco elaborado en la reflexión nacional. La discriminación contra el mundo judío, por ejemplo, por momentos de mucha fuerza, atraviesa a los distintos sectores sociales y llegó a ser muy fuerte a mediados del siglo pasado. Recuerdo un juego de infancia muy común que perturbó mi memoria cuando mayor. Era en los años cincuenta del siglo XX. Un grupo de niños jugaba contra otro y preguntaba: “Cuántos panes hay en el horno?” El otro respondía “Veintiún quemados”. La nueva pregunta era: “¿Quién los quemó?”. Respuesta: “El perro judío”. La frase siguiente: “Mátalo por atrevido”. Y comenzaba la persecución.

-EL CORRE EL ANILLO 

este juego se originó en Francia, en donde es conocido como “le furet”.
En Italia fue un juego de gran popularidad por los siglos XVI y XVII y desde allí pasó a España desde donde derivó a América.
Corre el anillo por un portillo,Pasó un chiquillo comiendo huesillos,A todos les dio menos a mí.Corre el anillo por un portillo.Cayó una teja mató a una vieja,Cayó un martillo, mató a un chiquillo,Cayó un ratónMató a un guatón,Cayó una horquillaPinchó a una chiquilla,Cayó una tagua, aplastó a una guaguaCayó una rama de matico,Aplastó a un milico.
Luego de terminada esta parte, viene aquél al cual se le pregunta “¿Quién tiene la prenda?”, debe adivinar el nombre del que la recibió. Si adivina el que pregunta debe entregar una prenda, pero si no él debe entregar la prenda.
Después que haya transcurrido un tiempo, se deben recuperar las prendas y ahí viene la segunda parte, donde se vuelve a cantar, y se aplica una penitencia pactada por el grupo para recuperar su prenda.
¿De quién es esta prenda?Mía, responde el dueño.¿En qué juego la perdió?En el corre el anillo, dice el penitente.¿La quiere recuperar?Sí, responde el dueño.Entonces debe cumplir penitencia.

Variaciones del mismo juego hay muchas como:

Al corre el anillo por un portillo,
pasó un chiquillo corriendo huesillos,
a todos les dio menos a mí;
me fui a mi casita y me puse a llorar.
llegó mi taitita y me dio un pesito y me hizo callar.
Eche prenda señorita o caballero.

Cuando termina de recitar, aquél al cual se le pregunta ¿quién tiene la prenda? Debe adivinar el nombre del que la recibió. Si acierta, pasa a ocupar el puesto de aquel que preguntó y éste debe entregar una prenda. Si no adivina, la prenda tiene que echarla él.

Cuando se ha reunido una cantidad suficiente de prendas (zapato, chaleca, aro, bufanda, reloj, etc.) se inicia la segunda parte del juego. Esta consiste en recuperar la prenda, para lo cual hay que hacer una penitencia, la que es fijada por el grupo previo acuerdo. Para notificar la sentencia, quien está dirigiendo el juego dice:
De quién es esta prenda? Mía, responde el dueño. ¿En qué juego la perdió? En el corre el anillo, dice el penitente. ¿La quiere recuperar? Sí, responde el dueño. Entonces debe cumplir penitencia.
En este punto se le comunica la penitencia al dueño de la prenda y este debe ejecutarla para poder recuperarla.La variedad de letras que existen en Chile para recitar este juego folclórico se debe a agregados u omisiones espontáneas de quienes juegan

COMO SE JUEGA LA RONDA

Alternan niños de ambos sexos, dentro de ciertos límites de edad; suelen ser las muchachas animadoras principales. Para este danzar y cantar se escogen las horas que van desde las cinco de la tarde y hasta las ocho a nueve de la noche, jugándose en patios, plazas y parques.
Cogidas las niñas de las manos, el corro gira rítmicamente al son de la canción francesa El Puente de Avignon y de estas otras de filiación preferentemente hispánicas, tanto en letras como en melodías: El Arroz con leche, La viudita del Conde Laurel, La pájara pinta, San Sereni y la Santa Catalina. La condición de este juego en que alternativamente toman parte el fondo coral y una solista, es su formación circular con ritmo de danza.
Los artistas rupestres de la Edad de Piedra, dejaron testimonio de mujeres bailando en corro, alrededor de un joven desnudo. Las canciones de corro en los pueblos eslavos, datan desde antes de Cristo. En su clima, el sol es la vida y se le espera ansiosamente. Con su llegada despierta la tierra, que así puede dar pan y vida. El círculo del corro es el sol y un homenaje a él.
Los corros en tiempos de Platón (429-347 a.j.c.), no tenían el significado exclusivo de juego infantil que tienen hoy. En el coloquio VII de su República comentó y ponderó la eficacia de los juegos como preparadores de la vida ciudadana. Al referirse a los corros, dijo que los quería para su República y que en ellos tomaran parte chicos, medianos y grandes; que el primero lo deseaba dedicado a las Musas y cantado por los jóvenes; que el segundo se dedicara a Apolo y fuera cantado por los peanes y que el tercero se dedicara a Dionisio y fuera cantado por hombres de treinta a sesenta años y que, por fin, deseaba que hasta las mujeres y los siervos también tomaran parte en ellos.
Tanto en la Antigüedad Clásica como en la Edad Media, se jugaron los corros; numerosos autores se preocuparon del juego. En el Medioevo San Isidoro de Sevilla (560-636)  diferenció los corros religiosos de los profanos o de niños.
La redondez del corro y el giro de quienes en él toman parte, hacen imaginar la esfera celeste, los astros, mientras que el niño y la niña, situados en el centro, representan respectivamente, el sol y la luna.
Rodrigo Caro (1573-1647) dice que el simbolismo antiguo del juego era así: las tres primeras vueltas del corro, de izquierda a derecha, significaban el movimiento de los astros, o sea, su revolución de Oriente a Poniente, y las tres vueltas contrarias, el movimiento de los astros en esa misma dirección; las vueltas redondas, la perfección de la esfera; el niño en el centro, representaba el sol y, si había una niña, ésta representaba la luna. Sacar del corro a uno de los niños daba a entender los cursos vacilantes de los planetas y todo el corro significaba las estrellas del firmamento, en armónico concierto. El canto simbolizaba el himno elevado a los dioses.

OTROS JUEGOS MAS ANTIGUOS

CANICAS, 3000 a.C., Egipto

En su obra maestra del año 1560, titulada Juegos infantiles, el pintor flamenco Pieter Brueghel el Viejo representa a unos niños de su época entregados al juego: haciendo girar aros, moldeando con arcilla, lanzando bolas, vistiendo muñecas, andando sobre zancos y haciendo puntería con las canicas…, en total unas ochenta actividades. En este cuadro se revela perfectamente que muchos de los juegos hoy practicados los disfrutaban ya los niños hace quinientos años, y varios de ellos, uno de los cuales es el de las canicas, formaban parte del juego cotidiano de los pequeños egipcios hace nada menos que 4.500 años. En el caso de las canicas, al igual que en el de muchos juegos de la Antigüedad, es importante diferenciar el destino que le daban los adultos, la adivinación, y el que se reservaba para los pequeños, la diversión. Y es que muchos juguetes tuvieron su origen en la práctica de los augurios de reyes y tribus, y sólo llegaron a manos de los niños a través de su abandono por los adultos.
Las canicas, en forma de huesecillos de perros y ovejas, se empleaban ya en el Próximo Oriente para propósitos adivinatorios más de mil años antes de que se convirtieran en juguetes. Los arqueólogos han deducido esta transformación de un objeto religioso en juguete basándose, en parte, en que se han desenterrado canicas muy antiguas en las ruinas de un templo y también en la sepultura de algún niño. Por consiguiente, se considera que las antiguas canicas para jugar son una serie de piedras semipreciosas y más o menos redondas enterradas con los restos de un niño egipcio alrededor de 3000 a.c., en Nagada.
En la isla de Creta, los niños minoicos jugaban con canicas pulimentadas de jaspe y ágata, ya en el año 1435 a.C. En el mundo antiguo, la materia prima de la canica reflejaba a menudo las posibilidades económicas y tecnológicas de una cultura. Para los minoicos, un pueblo avanzado y culto, las canicas de piedra semipreciosa eran corrientes, en tanto que las bolas de piedra corriente y de arcilla eran los materiales de las canicas de los austeros habitantes de las Islas británicas, incluso entre sus clases dirigentes. Otros pueblos todavía más primitivos utilizaban huesos de aceituna, avellanas, castañas y las agallas de los robles. Sin embargo, por toscas que fuesen muchas tribus celtas, sajonas y africanas, los pequeños no tenían límite en lo que se refería a las canicas, juego que se desarrolló independientemente en casi todas las culturas antiguas.
Las canicas eran un juego popularísimo entre los niños romanos. El primer emperador, César Augusto, bajaba de su litera para unirse al juego de canicas que practicaban los niños en la calle. En la antigua Roma, se fabricaban incluso canicas de vidrio transparente, obtenido a partir de sílice y cenizas. A pesar de los numerosos objetos de mármol encontrados en las ruinas y de las numerosas referencias textuales a este respecto, no se han podido encontrar las reglas de este juego.

PEONZA, 3000 a.C., Babilonia

Se requieren mentes muy modernas, avezadas en la cinemática de la rotación, para comprender las fuerzas complejas que se combinan para mantener en pie una peonza en plena rotación, pero no se requiere una mente muy aguda, ni un profundo conocimiento de la mecánica para descubrir que un objeto cónico al que se le imprime una rotación ejecuta un movimiento tan interesante como atractivo. Los niños de Babilonia ya hacían girar peonzas, esculpidas con formas animales y humanas, en el año 3000 a.C. Estos artefactos, encontrados en excavaciones, eran ya entonces juguetes, puesto que se han descubierto, junto con diversas series de canicas, en tumbas infantiles.

Resulta más interesante presenciar la rotación de una peonza debidamente decorada cuando disminuye su giro y sus imágenes empiezan a ser discernibles, y las peonzas más antiguas que se conocen estaban todas ellas debidamente decoradas. En la Antigüedad, los japoneses pintaban sus peonzas con minuciosos dibujos, y ellos fueron los primeros en crear unos orificios alrededor de la circunferencia de estos juguetes de arcilla para que zumbaran y silbaran.

MUÑECAS, hace 40.000 años, en África y Asia

Antes de que Barbie se convirtiera en la gran figura de la industria del juguete, algunas figuras femeninas creadas como símbolos de fertilidad hicieron las veces de muñecas en la antigüedad. Estas figuras de amplios vientres distendidos por la maternidad eran esculpidas ya en arcilla hace unos cuarenta mil años por los homo sapiens sapiens, los primeros humanos modernos.
A medida que el hombre desarrolló sus mitos y creó todo un panteón de dioses masculinos y femeninos, se empezaron a moldear figuras en cera, piedra, hierro y bronce a la imagen y semejanza de los dioses. En la India, por ejemplo, hacia el año 2.900 antes de Cristo, circulaban miniaturas de Brahma sobre un ganso; o de Shiva sobre un toro; o de su mujer, Durga, sobre un tigre. En la misma época, en Egipto se enterraba a las personas importantes con cajas de madera en las que iban muñecas. Se suponía que las reproducciones servirían a los señores como criados en la vida de ultratumba.
El paso de las muñecas-ídolos a las muñecas-juguetes empieza precisamente al otorgárseles funciones humanas. Al dejar de representar a figuras divinas, las muñecas pasaron a ser el entretenimiento ideal de niños que ya no podían temer el sacrilegio.
Tanto los romanos como los griegos tenían ya muñecas articuladas con las que los niños podían jugar. En el caso de los griegos, la mayor parte de las muñecas eran femeninas.
Es demostrable el hecho de que en el alba de la era cristiana los niños ya jugaban con muñecas articuladas y móviles a las que incluso podían vestir y para las cuales se construían casas de juguete.

HULA HOOP, 1000 a.C., Próximo Oriente

En el año 1958, se apoderó de la población de los Estados Unidos una afición inmensa al hula hoop. Éste consiste en un aro de plástico vistosamente coloreado, que se coloca alrededor de la cintura y se hace girar velozmente mediante un movimiento de las caderas. Los almacenes y las tiendas vendían sus remesas apenas llegaban éstas. A los seis meses de introducirse esta moda, los americanos habían comprado veinte millones de hula hoops, a 1,98 dólares la unidad. Por su parte, los médicos trataban a jóvenes y adultos por igual de sus lesiones en la espalda y el cuello, y advertían otros peligros derivados de la práctica de este juego.
No obstante, el hula hoop no era nuevo, ni tampoco las advertencias médicas. Uno y otras tenían siglos de antigüedad.
En Egipto, y más tarde en Grecia y Roma, los niños se fabricaban aros con ramas de parra, debidamente secada y limpias de hojas. Estos juguetes circulares se unían en sus extremos, se impulsaban mediante una varilla, se lanzaban al aire y se recogían alrededor del cuerpo, momento en el cual se hacían girar alrededor de la cintura. En ciertas culturas sudamericanas existían aros similares, fabricados con caña de azúcar.
Los historiadores de los juegos infantiles registran un rebrote de esta afición en la Inglaterra del siglo XIV. Niños y adultos hacían girar aros de madera o metálicos alrededor de sus cinturas, y los médicos se veían obligados a tratar dolores, lesiones y dislocaciones. Al igual que hoy, muchos fallecimientos de adultos por fallos cardíacos fueron atribuidos a excesos en este juego, y los médicos británicos advirtieron que “los aros pueden matar”. El nombre de “hula” se adoptó en el siglo XVIII. Hasta entonces, el hula era una danza hawaiana sensual y mimética, que se practicaba de pie o en posición sentada, con unos movimientos ondulantes de las caderas. En su origen danza religiosa destinada a promover la fecundidad, honrar a los dioses hawaianos y ensalzar al jefe tribal, el hula, con su explícita sensualidad, acentuada por bailarinas con los pechos desnudos y ataviadas con sus cortas faldas, y por hombres con un atuendo todavía más sucinto escandalizó a los misioneros procedentes de Gran Bretaña y Nueva Inglaterra. Éstos convencieron a los hombres para que dejaran de bailar el hula y obligaron a las mujeres nativas a sustituir sus breves faldas, los pa’us por los largos holokus de hierbas. Los giros imprimidos a las caderas en esta danza se ajustaban tan perfectamente a los movimientos requeridos para hacer girar un aro de juguete, que se dio el nombre de «hula» a esta diversión.

Descripción actual del juego de la Rayuela

La rayuela es uno de los juegos más conocidos en todo el mundo. Su origen no se conoce con exactitud, pero se lo relaciona con los juegos lineales conocidos en tiempos de las civilizaciones egea, griega y romana.
Según una de las versiones que se conocen, la rayuela fue inventada por un monje español, que quería simbolizar en este juego el comienzo de la vida, la vida misma, con sus dificultades y alternativas, y la muerte, en la antesala de la cual aparecen el infierno y el purgatorio, etapas previas del cielo, la meta final. Esto hace pensar que la rayuela pudo haber tenido un sentido astrológico concreto.
La rayuela se denomina diferente en ciertos países. En España se la llama también tejo, y recibe además muchos otros nombres como calderón, cox cox, futi, traquenele, telazarranea, reina mora, pata coja, infernáculo, pitajuela, mariola, etc. En Chile se la llama luche o huche; en Colombia golosa o carroza; en Portugal juego del diablo o juego del hombre muerto; en Italia se la llama mundo; en Venezuela El juego de la Vieja; en México Tejo.
Existen en el mundo numerosas variantes de este juego, pero todas tienen algo en común. Una de las formas más simples y comunes de jugarla es la siguiente:
En un espacio de aproximadamente 75 centímetros por 150 centímetros, se dividen seis superficies iguales y se numeran del 1 al 6 como muestra la figura:

3          4
2          5
1          6

El juego comienza tirando una piedra o tejo pequeña en el cuadro número 1, empujándola con un solo pie al 2, luego al 3, evitando que la piedra se plante en la raya que delimita los cuadros o salga fuera de ellos. En el cuadro 3 se descansa (se apoyan los dos pies), luego se pasa al 4, al 5, y por último al 6, cuadro denominado el mundo, finalizando el juego.
Otra forma de jugar a la rayuela:

CIELO
9
7          8
6
4          5
3
2
1

Se tira la piedra dentro de la casilla uno, sin que toque los bordes. Se salta a la casilla dos en un pie, y en esa misma posición se recorre casilla por casilla hasta llegar al cielo. En el cielo se descansa (se apoyan los dos pies) y se hace el recorrido inverso. Al llegar a la casilla 2, siempre en un solo pie, se recoge la piedra de la casilla 1, y se la saltea, finalizando esa ronda. Las rondas siguen igual, pero arrojando la piedra en la casilla 2, y en las demás sucesivamente. En la última ronda la piedra se arroja al cielo. Si se comete alguna falta, el turno pasa al siguiente jugador. Quien primero complete sin faltas las diez rondas gana el juego.

Otra versión
:

Los jugadores empiezan el juego en la casilla número 1, debiendo pasar las tres primeras en un solo pie y si tocar las líneas divisorias. Al llegar al casillero número 4 descansan (apoyan los dos pies); luego pasan a la casilla 5, 6 y 7 en un solo pie; de esta casilla deben pasar en un solo pie hasta el purgatorio sin tocar el infierno. En la casilla 8 se puede descansar, y de allí se pasa al cielo en un solo pie. En el cielo se descansa, y se vuelve a la casilla número 1 siguiendo el mismo procedimiento anterior.
El que consigue salir de la rayuela sin ninguna falta gana un descanso que lo coloca donde quiera. Quien consigue más descansos luego de un determinado tiempo o número de rondas, gana el juego.

CIELO
8          PURGATORIO
INFIERNO
5          7
4          6
3
2
1

Juegos infantiles de origen griego del tiempo de Jesús


La información que existe en relación a este tema se ha obtenido fundamentalmente de tres clases de fuentes: representaciones en cerámica, juguetes hallados en los santuarios (donde eran ofrendados a los dioses al casarse o llegar a la mayoría de edad) y juguetes hallados en tumbas de niños formando parte de su ajuar.

Entre los juguetes de recién nacidos se encontraban

Campanillas y biberones con forma de animales.

Para los niños más mayores

peonzas,aros,cometas,carretes (usados como yo-yo)muñecas realizadas con terracota o madera tallada entre las cuales se han hallado incluso con brazos articulables.

Juegos en grupo


la mosca ciegael lanzamiento de nueces y huesecillos de animales.ephedrismos: parece ser que consistía en tratar de golpear con un accesorio un objeto clavado en el suelo; el perdedor debía llevar sobre sus hombros al ganador y debía de tratar de llegar a una meta con los ojos tapados por el compañero que estaba sobre él y atendiendo a las instrucciones verbales de un tercero.

También ponemos aquí algunos de los Juegos en grupo de adultos

Los dadosla morra.Juegos de mesa: se realizaban sobre tablillas y se usaban una especie de bolitas como peones, pero se desconocen las reglas de estos juegos.

Algunos juegos infantiles en su aspecto mántico
 
El juego, no se reduce solamente a la adquisición de la “respetabilidad” frente a los demás, sino que entra a formar parte, incluso, como componente de la administración de la justicia y de las prácticas religiosas. En el libro primero de Samuel (14, 42), Saúl se ofrece, junto a su hijo Jonatán, a que Yavé indique quién de ellos debe morir. En otro orden de cosas, recordemos las ordalías o “Juicios de Dios”, donde se demostraba la inocencia o culpabilidad de los reos, si eran capaces de superar unas determinadas pruebas. Los conocidos duelos y torneos y, el juramento jurídico en la actualidad, serían una pervivencia de estas costumbres.

El término “Justicia”, en la mentalidad griega, tiene toda una escala de significaciones que van de lo puramente abstracto a lo más concreto. Junto al sentido absoluto del término, puede pasar a significar la parte que corresponde a alguien o a la simple compensación de daños. Dios, habla por el resultado de una prueba de fuerza o lucha, así como a través de los dados en los pueblos germánicos. El juego, por tanto, se relaciona con lo religioso, donde el resultado de un juego de azar, es ya, de por sí, una decisión sagrada.

Por todo lo dicho, el juego no se puede desconectar de la fiesta ni de la acción sacra. La literatura, ofrece pruebas de ello. El Canto XVIII de la Ilíada, describe la actuación de un tribunal dentro de un círculo sagrado donde se hallan sentados los jueces. En el centro del círculo, hay dos talentos de oro para el que pronuncie la sentencia más justa. La acción principal del Mahabarata, se desarrolla en torno al juego de dados que el rey Yudhistira juega con el de los Karauvas. En la mitología germánica los juegos de dados entran a formar parte de las prácticas religiosas, como atestiguan las representaciones iconográficas en las que se observa a los dioses que juegan sobre un tablero. La conocida expresión “Panem et circenses” (Pan y Juegos), era lo que el público romano pedía al estado como algo primario en su existencia.

Las formas rituales están relacionadas, igualmente, con las prácticas adivinatorias. Los dioses sólo contestaban a los mortales, si previamente se cumplían determinados requisitos. La adivinación, entendida como conocimiento extrarracional y confundida muchas veces con la magia, constituiría un segundo grado de abstracción del factor azar-suerte, propio del resultado de los juegos. Algunos de los juegos infantiles que han llegado hasta nosotros, y esto es lo que pretendemos señalar en el presente trabajo, contienen un trasfondo de las viejas prácticas adivinatorias, revestidas de hondas significaciones simbólicas.

Obviamente, nuestros juegos infantiles no ostentan en la actualidad ese carácter adivinatorio. Algunos de ellos, como el juego de la oca, la rayuela o truque, las tabas, etc., permiten rastrear, aunque en el terreno siempre resbaladizo de las hipótesis, su funcionalidad adivinatoria. La motivación de pasatiempo, así como la de rellenar los ratos de esparcimiento, constituyen, hoy en día, su principal característica. Lo que sí parece cierto, es que los juegos infantiles, a igual que muchas de las prácticas de índole agraria, entrarían dentro de un continuo reciclaje donde las concepciones simbólica y mítica, propias de la mentalidad “primitiva”, les permitían explicarse dialéctica y dramáticamente la concepción del mundo circundante, así como la fundamentación de sus creencias.

Las artes adivinatorias, conocidas con la voz de origen griego: mancias, son aquellas manifestaciones de las que se valen ciertas personas, para interpretar diversos fenómenos, ya sean naturales o provocados, en orden a vaticinar, presagiar o pronosticar variados hechos. Dentro del marco genérico de las mancias, reciben diversas denominaciones según sean los elementos que intervienen en ellas. Así, tenemos la aeromancia, que pronostica según se mueva el viento; la ornitomancia, por el canto y vuelo de las aves; la bibliomancia, por un libro abierto al azar…

Uno de los métodos adivinatorios que se practicaban en la Grecia clásica y, que se extendió posteriormente por los pueblos mediterráneos, es la llamada Alectriomancia. Consistía en trazar en el suelo una figura con veinticuatro casillas, correspondientes alas veinticuatro letras del alfabeto griego de entonces. En cada casilla, se depositaba un grano de trigo o cebada, soltándose a continuación un gallo, el cual recorría el encasillado a fin de comerse los granos. El orden de las casillas recorridas, era anotado cuidadosamente a fin de componer hipotéticas frases que sirviesen posteriormente para interpretar unas preguntas previas. La evolución de estas prácticas, fue degenerando hasta constituirse en mero pasatiempo o juego infantil, que, como en el caso que nos ocupa, daría pie al conocido “Juego de la Oca” revestido actualmente con la aureola de juego familiar y sedentario.

Hasta la primera estampa del juego que ha llegado hasta nosotros, parece ser que su práctica no era tan casera como pueda pensarse. Posiblemente, fue un pasatiempo al aire libre, donde se trazaban en el suelo los compartimentos por los que deambulaba el gallo. El uso de azulejos o mosaicos, es presumible que fuesen obra fija de albañilería en los jardines, como parecen probar las analogías entre los motivos de la ladrillería y algunos de los elementos simbólicos que han llegado a nosotros.

Sobre el carácter general del juego, la nota común es la carrera de obstáculos para llegar a la meta. Su representación habitual consiste en un delicioso jardín donde nada plácidamente nuestra oca en un estanque. Los motivos alegóricos que integran estos obstáculos, han sido distintos a lo largo del tiempo. Los antiguos xilógrafos e impresores, fueron adecuando al gusto de la época los requisitos que había que superar para alcanzar la meta. Las más antiguas estampas que se conocen, no se remontan más allá del siglo XVII. A todo ello, se une la dificultad de determinar su fecha exacta, debido a la general ausencia de pie de imprenta, característica por otra parte de la imaginería popular. A través de las estampas conservadas, los obstáculos van variando, tanto en su número como en su dificultad, hasta llegar a los sesenta y tres actuales.

Si analizamos los casilleros que integran las planchas a través del tiempo, nos encontramos con la aparición de caballeros luchando; representación de monedas; Un tonel con unas copas; una horca (que re cuerda a la figura del ahorcado en el Tarot), etc. Lo que parece evidente, es la adecuación de las figuras a los gustos de la época.

El hecho de que sea una oca, como variedad del ánsar o ganso, sustitutiva del gallo, es algo que no podemos precisar. Tal vez, coincidiría la difusión de este juego con la veneración que siempre demostró el pueblo romano al ganso. Es harto conocida la anécdota de los “Gansos del Capitolio”, que lo salvaron con sus gritos y batir de alas frente a la invasión de los galos, cuando éstos lo asediaron después de la batalla de Allia (390), según refiere Tito Livio. Por ello, se alimentaban gansos en el templo de Jano (Dios peculiar de los romanos dotado de dos cabezas, símbolo de protección de la ciudad. Jano/janua = puerta/januarius = Enero, mes que abre el año). En memoria del salvamento, se colocó en el pórtico del templo un ganso de plata.

En su aspecto simbólico, el ganso representa la prudencia y la vigilancia y, al igual que el cisne o la oca, es un animal de carácter benéfico y profiláctico. En el juego de la Oca, está relacionado con el destino (meta), a través de los peligros y torturas de la existencia. El hecho de estar reservado al ganador un jardín apacible al final del juego, representaría un reducto donde la naturaleza aparece cercada y cultivada, frente a lo selvático, lo natural y lo inconsciente. Vendría a ser el paraíso, identificado igualmente con un jardín previo al nacimiento.

El juego actual, viene manteniendo como fijas, sesenta y tres casillas para alcanzar la meta. La cifra sesenta y tres, ostenta por otra parte, un acentuado simbolismo en relación al destino de una persona. Los ciclos de siete años, son muy importante y decisivos, de cara a producir giros y decisiones en la vida humana. Estos intervalos, denominados climatéricos, alcanzan gran notoriedad al llegar el año 63, llamado año escalario y considerado como muy peligroso. En el juego de la oca, se halla antecedido por el casillero de la muerte, que obliga a comenzar de nuevo, o bien, alcanzar rápidamente la meta.

El uso de los dados, derivación como veremos de la astragalomancia, confiere un sentido de azar y suerte a quien lo practica, lo que enlaza con la tradición mántica de los hechos fortuitos a los que se trata de hallar una explicación. El descanso que representa la posada, como relajamiento de la larga carrera de obstáculos que supone la existencia, a la vez que la presencia del insondable pozo, ofrecen jalones importantes para comprender el sentido último del “inocente” juego.

Otro de los juegos de azar que más raigambre tiene dentro de la península, es el conocido juego de “las tabas”. La taba, es un hueso del pie conocido científicamente con el nombre de astrágalo, utilizándose preferentemente los del carnero. Este hueso, presenta cuatro caras: hoyo, tripa, carne y culo y se juega lanzándole al aire mientras se apuesta sobre la cara que se cree va a salir. Es el precursor de los dados y ampliamente conocido por los griegos, quienes bajo el nombre de astragalomancia, vaticinaban sobre todo tipo de sucesos. En la historia legal, Sófocles dice que fue Palamedes en el sitio de Troya, el primero que jugó con dados. Lo que parece cierto, es que los juegos de azar eran una pasión dominante entre los antiguos, quienes erigieron numerosos templos a la diosa Fortuna. La primera legislación que se conoce sobre los juegos de azar, remite a los romanos, quienes establecieron distinciones entre juegos permitidos e ilícitos. También Carlomagno prohibió el juego, y el Concilio de Maguncia ( 813) impuso la pena de excomunión tanto a los eclesiásticos como a los legos que jugasen a los de azar, haciéndose general en toda Europa a últimos de la Edad Media. En España, el juego venía siendo permitido, aunque con restricciones, hasta principios del siglo XIV. Alfonso el Sabio, lo reglamentó por el “Ordenamiento de Tafurerías” ( 1275). Es curiosa la prohibición del juego de la oca, en la “Novísima Recopilación” del siglo XVIII, considerado como juego de timba y perversión. Lo más probable, es que se refiera al juego del “auca” hecho a base de aleluyas.

Otro juego, recuerdo de una antiquísima práctica adivinatoria, es el de la rayuela, truque, truco, pitajuelo, trillo, etc. Consiste en un rectángulo trazado en el suelo y rematado por una semicircunferencia y que presenta determinados compartimentos, señalados por números y diversos nombres, como: cielo, infierno, gloria,
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