Amaterasu




Amaterasu O-Mikami, la gloria que brilla en el cielo


Bueno ahora les traigo la leyenda de la diosa principal de los japoneses sintaoistas, una de las pocas deidades de las relijiones politeistas en las que la divinidad del sol es representada como mujer, y la unica Kami que no era vanidosa.

Según se cuenta en el Kojiki, la diosa nació del ojo izquierdo de Izanagi cuando se purificaba tras su intento fallido de rescatar a Izanami, naciendo de similar manera sus hermanos Susanoo y Tsukuyomi. El Kojiki la describe como la diosa de la que emana toda la luz, y en numerosas ocasiones se hace alusión a ella como la diosa del sol por la calidez y la compasión por aquellos que la adoran.

Existe otra version del nacimiento de amaterasu, debido a que hay dos versiones del sinatoismo el Kojiki, y el nihon Shoki, sin embargo son pocas las diferencias y la del kojiki es la mas popular.

Amaterasu fue enviada de joven a conquistar las Altas Llanuras del Cielo pero pronto tuvo que esconderse, ofendida ante el comportamiento de su hermano. Cuando dejó de esconderse, envió a su nieto a pacificar Japón y su bisnieto Jinmu se convirtió en el primer emperador. Esta hipotética fundación de la dinastía imperial japonesa fomentó la idea nacionalista pro-imperialista producida durante la Restauración Meiji de 1868.

Amaterasu carece de iconografía, pese a ello se le relaciona con el "Divino espejo" al que se refiere la leyenda de la cueva. De hecho, cuando manda a su nieto a pacificar Japón le da una espada, Kusanagi, recibida como presente de su hermano Susanoo para volver al cielo, un espejo (éste), y las joyas de la Familia Imperial.

A decir verdad se supone que Kusanagui (la espada) aun existe en algun lugar de japon su nombre real es Ame no Murakumo no Tsurugi

En tiempos históricos, el Emperador tenía una espada real con el nombre de Kusanagi. Sin embargo, en 688, fue llevada al santuario Atsuta desde el palacio, después de que la espada fuera culpada de ser la causante de la enfermedad del Emperador Tenmu. Junto con la joya Magatama y el espejo, es uno de los Tesoros Imperiales de Japón, la espada representando la virtud del valor.

A día de hoy, Kusanagi aún permanece en el santuario Atsuta, aunque no está expuesta al público.



Pero bueno y volviendo a Amaterasu


Tras la vergonzosa conducta de su hermano Susanoo, Amaterasu se encerró en una cueva. Al no estar ella el Sol no salía y el mundo se cubrió de tinieblas, los campos morían y el mundo se helaba. Los demás dioses temiendo que las tinieblas perduraran para siempre organizaron una fiesta en la puerta de la cueva. El ruido exterior atrajo mucho la curiosidad de Amaterasu, quien salió y se encontró con una diosa brillante y llena de luz. Un segundo después se dio cuenta que era su propio reflejo en el espejo. La mayor parte de los mitos giran en torno a un incidente en el que la diosa queda atrapada en una cueva por culpa de las acciones de su hermano Susanō. Sumido en un fuerte estado de embriaguez, este arrasa los campos de arroz de Amaterasu, llena todos sus canales de irrigación, y arroja excrementos en su palacio y templos (en otra versión estas acciones se deben a la furia del dios tras perder una competición destinada a subsanar su descontento con el reparto que su padre había hecho de cielo, noche y océanos entre los tres hermanos). La diosa le ruega a su hermano que se detenga, pero este la ignora y llega incluso a arrojar el cadáver del caballo "celestial" a sus doncellas, que se encontraban tejiendo. Las mujeres mueren a causa de las astillas de madera que al romperse el telar atraviesan sus cuerpos (la mayoría de las versiones dicen que son sus órganos reproductivos los que son alcanzados por la madera).

Furiosa, tras ver el cadáver del caballo, Amaterasu se encierra en la Cueva Celestial y la sella con una roca. Como resultado, el mundo queda sumido en tinieblas y comienza a marchitarse y llenarse de malos espíritus. Ocho millones de kami se reunieron frente a la entrada buscando una manera de hacerla salir. Se sentaron todos en torno a ella y colocaron un espejo dirigido a la entrada. Ama no Uzume, la voluptuosa diosa de la danza, dio la vuelta a una bañera y se puso a bailar sobre ella, marcando el ritmo con sus pasos. Durante su danza, se levantaba la falda y mostraba los pechos. El resto de divinidades hacía mucho ruido gritando, riéndose y animando. Amaterasu decidió echar un vistazo a ver qué era lo que pasaba, y le preguntó al que estaba más cerca de la entrada. Este le contestó que había una nueva diosa. Cuando Amaterasu preguntó quien era, este señaló al espejo, y esta, que nunca había visto su reflejo, se quedó absorta en la imagen. Estaba tan sorprendida que exclamó Omo-shiroi, que significa tanto blanca tez como fascinante. Mientras estaba distraída, los otros dioses cierran la cueva tras ella, convenciéndola para regresar al Plano Celestial

Amaterasu fue enviada de joven a conquistar las Altas Llanuras del Cielo pero pronto tuvo que esconderse, ofendida ante el comportamiento de su hermano. Cuando dejó de esconderse, envió a su nieto a pacificar Japón y su bisnieto Jinmu se convirtió en el primer emperador. Esta hipotética fundación de la dinastía imperial japonesa fomentó la idea nacionalista pro-imperialista producida durante la Restauración Meiji de 1868.







Hago un parentesis (otra vez) se preguntaran el por que los objetos tienen nombre, bueno, segun la tradicion japonesa existen espiritus en todo, desde los muebles hasta las armas, e incluso en nosotros cada uno de estos espiritus viven en el interior de algo o alguien y lo protegen, ademas de que le dan "vida" por llamarlo de algun modo en el caso de las armas le dan su fuerza y tambien otorgan valor a quien las porta, es por eso la importancia de los nombre en la cultura japonesa el nombre define la personalidad, el estilo de vida, en fin todo lo relacionado con la vida de un individuo de ahi que tengan nombre con significados tan extraños.

Pues bueno creo que como introduccion estubo bien, asi que ahi va la leyenda:


Hace miles y miles de años no se distinguian la tierra y el cielo. Todo era un caos. Sólo los dioses podían vivir; de éstos, todavía hoy se recuerdan los nombres de Izanagui y su esposa Izanami. Conocieron el amor observando a una pareja de pájaros, y en esta actitud contemplativa están representados en la mayoría de las famosas lacas japonesas. Un día decidieron separar la tierra del cielo; bajaron por el puente celeste y poco después hacían la separación. Más tarde, Izanagui tomó su lanza y la sumergió violentamente en el mar; brotaron innumerables gotas que se extendieron por toda la costa, y al instante surgieron de ellas las trescientas ochenta y siete islas que forman el Japón.
La divina pareja tuvo varios hijos. Cuando Izanami dió a luz al dios del Fuego, murió. Su esposo, inconsolable, entró en el reino de los muertos para buscarla; por fin la encontró, y la abrazó tan fuertemente, que la deshizo. Izanami se transformó en un montón de carne putrefacta y se desparramó por el suelo. Izanagui se lavó en un lago, para purificarse, y poco después se retiró para siempre a una isla solitaria.







Y sucedió que cierto día quiso el Sol crear un pueblo que fuera superior a todos los demás, para que habitara aquellas hermosas islas, y tomando un haz de sus propios rayos, formó una encantadora mujer, a la que llamó Amaterasu, que quiere decir diosa de la luz. Cuando la hubo creado, le dió el poder de ser diosa y madre del nuevo pueblo.

Para que no se encontrara sola, bajó con ella del cielo un brillante cortejo de dioses, de los que únicamente se recuerdan los nombres de Ame-No-Uzume, diosa de la Alegría, y Ame-No-Moto, o Susanoo, dios de la Fuerza.







Fue pasando el tiempo; en aquellas islas todo era alegria y bienestar, y un gran pueblo las iba llenando poco a poco. Servían con gran fidelidad a la divina Amaterasu, y cuando llegaba la mañana de cada dia adoraban con humildad al Sol naciente.

Pero aquella felicidad incomparable iba a ser turbada por el carácter violento y rebelde de Ono-Mikoto, uno de los príncipes de la corte de Amaterasu, y también de origen divino. Para enojar a la diosa, decidió matar cierto cervatillo por el que Amaterasu sentía gran cariño. Cuando lo hubo hecho, entró en el salón donde estaba la Reina y lo arrojó contra el bastidor en el que la diosa bordaba; con tanta fuerza, que rompió su labor y fue a caer sobre sus pies. Amaterasu se quedó asombrada; un profundo dolor embargó su ánimo y por vez primera lágrimas amargas asomaron a sus negros ojos y bañaron sus mejillas de rosa. Tanta pena le produjo, que pensó huir del palacio y ocultarse de la vista de los mortales, puesto que al conocer el dolor el mundo y la vida misma le parecían despreciables.

Y asi lo hizo. Una noche, cuando todos dormian en su palacio, se fue hacia el monte. Sola, como una sombra más entre las infinitas de la noche, anduvo largo tiempo, hasta que llegó a una profunda gruta. Entró en ella, y para que nadie fuera a buscarla, tapó su entrada con una enorme roca.

Asi transcurrió mucho tiempo. Aquellas islas, al no estar iluminadas por la luz de Amaterasu, quedaron sumidas en negras tinieblas. También desapareció la luz de las almas de sus habitantes; todos estaban tristes y no sabían qué hacer. Entonces los dioses decidieron traer junto a ellos a la diosa.

Para esta empresa tenian que valerse de todo su ingenio, porque ya sabian que su Reina era firme en todas las decisiones que tomaba. Asi, pues, organizaron un brillante cortejo; los mejores músicos, creadores de las más dulces melodías, formaban parte de él. Anduvieron largo rato por el bosque, hasta que por fin llegaron ante la gruta donde se encontraba Amaterasu. Una vez allí, formaron todos un gran círculo. Los músicos empezaron a tocar. Los trinos de los pájaros se fundían con las canciones; parecía que el bosque estuviera encantado. Apenas había empezado a oírse la música, uno de los dioses dijo a la diosa Ame-No-Uzume que saliera a bailar, y así lo hizo. Más hermosa que nunca, vestida con deslumbradoras túnicas, comenzó a danzar al son de la música. Sus manos dibujaban en el aire extrañas figuras y su cuerpo se movía con mágico encanto. Los dioses y todos los que integraban el cortejo, admirados de tanta belleza, no cesaban de alabar la hermosura de Ame-No-Uzume y su maestría en la danza.

Entonce Amaterasu, extrañada de oír aquella música, sin saber de dónde venía y, sobre todo, los elogios tributados a la bella danzarina, sintió deseos de ver a qué era debido todo aquello. Poco a poco, fue acercándose a la entrada de la gruta, y para contemplar mejor lo que sucedía ante ella, corrió un poco la pesada roca que tapaba la entrada de su retiro. En aquel instante, uno de los dioses que esperaba ante la gruta tal momento, se cogió con fuerza a la roca y la retiró a un lado, dejando libre la entrada. Amaterasu se quedó maravillada ante el espectáculo que tenía ante sus ojos. Algo, sin embargo, le molestaba. No podía sufrir que los dioses admiraran tanto la belleza de Ame-No-Uzume. Y éstos, para que no se disgustara y accediese a marchar con ellos, le dieron un espejo para que pudiera contemplarse y comprobar por si misma que era la más hermosa de todas las mujeres. Una vez tranquilizada, Amaterasu tuvo a bien acceder a la súplica de todos sus súbditos y volvió a reinar sobre ellos.

El dios Susanoo, que se había rebelado contra ella, fue expulsado del reino y se le dio el imperio de los mares, en uno de los cuales mató de un solo tajo de su espada a un gigantesco dragón de ocho cabezas. De esta manera, la paz y la felicidad volvieron a reinar en las islas japonesas. El nieto de Amaterasu, llamado Jinmutenno, ocupó el trono imperial y fue el primer mikado o emperador de nombre conocido. Como atributos de su realeza, la diosa le entregó el espejo donde ella se miró al salir de la gruta, la espada con la que Susanoo mató al dragón de ocho cabezas y una joya. Estos objetos han sido conservados por todos los emperadores que fueron sucediendo a Jinmutenno, y aunque nadie -ni el propio mikado- los ha visto, se conservan envueltos en innumerables sedas en un templo no lejos de Tokio.

De Jinmutenno, sin interrupción, descienden, a través de 2,600 años, todos los emperadores del pueblo japonés.

En cuanto a la diosa Amaterasu, viendo asegurada su dinastía en el trono imperial, pidió a su padre, el Sol, que la llevara junto a él, y, envuelta en su luz, se fue a su lado; allí permanece desde entonces, y, transformada en rayos luminosos, vela siempre sobre su pueblo.







El Santuario de Ise


El Santuario de Ise (伊勢神宮 Ise-jingū?), también conocido como el Gran Santuario de Ise (伊勢大神宮 Ise-Daijingū?) y oficialmente como El Santuario (神宮 Jingū?), es el santuario Shintō más importante de Japón, considerado el lugar más sagrado de esta religión. Se localiza en la ciudad de Ise, en el centro de la prefectura de Mie, en la región central-sur del país. La zona en la que se ubica el santuario forma parte del Parque Nacional Ise-Shima, que incluye además otros lugares sagrados e históricos, como Meoto Iwa y el Saiku (residencia imperial durante la era Heian). El Santuario es mencionado en los dos libros más antiguos de Japón, el Kojiki y el Nihonshoki, escritos a comienzos del siglo VIII, en los que se menciona que la fundación legendaria del Santuario fue realizada en el año 4 a. C., por la princesa Yamatohime-no-mikoto, hija del Emperador Suinin.

Su acceso es restringido, y sólo es posible observarlo a cierta distancia tras una valla.
El Santuario de Ise se compone de dos santuarios principales: el Santuario Interior (内宮 Naikū?) y el Santuario Exterior (外宮 Gekū?), situado a unos seis kilómetros al noroeste del primero. Además, estos dos complejos poseen unos ciento veintitrés santuarios subordinados de diversas categorías, noventa y uno en Naikū y treinta y dos en Gekū, sumando en total ciento veinticinco santuarios. El complejo de Naikū está dedicado a la adoración de Amaterasu Ōmikami, la diosa Shintō del Sol y antepasada de la Familia Imperial de Japón, por lo que está bajo el cuidado y la protección de ésta, concretamente del Sumo Sacerdote y de la Suma Sacerdotisa, descendientes ambos del Emperador de Japón. El complejo de Gekū está dedicado a la adoración de Toyouke no Ōmikami, diosa de los cereales, el vestido, el alimento, la vivienda, la agricultura y la industria. Posee un estilo arquitectónico arcaico conocido como Shinmeizukuri, representativo de un auténtico estilo japonés, que refleja el estilo Shintō tardío, previo a la llegada del budismo a Japón en el siglo VI y que es común a toda la prefectura de Ise.

En el Santuario de Ise hay además un bosque con árboles sagrados y distintas zonas donde se elaboran productos que son utilizados como ofrendas sagradas: un campo de arroz, una salina, un huerto, factorías tradicionales de seda, cáñamo y alfarería, sitios de secado de pescado, etc. También posee algunas áreas culturales como una biblioteca y tres museos, así como otras edificaciones anexas. Dentro del Santuario tienen lugar una gran cantidad de ceremonias religiosas diarias basadas en los ciclos agrícolas, indispensables en la economía japonesa tradicional. Estas actividades están organizadas por una jerarquía eclesiástica que es la encargada de manejar los elementos sagrados que son usados como ofrendas: agua, fuego, alimentos, seda, madera, música y danza, etc. Todos los años, creyentes procedentes de todo el país acuden en peregrinación al Santuario, hecho conocido como O-Ise-Mairi, ya que, según la tradición, los practicantes del Shintō deben acudir al santuario al menos una vez en su vida. Primero lo hacen al Gekū para posteriormente peregrinar al Naikū, a pesar de que este sector es accesible sólo en ocasiones especiales. Los santuarios principales de cada complejo no son accesibles al público y sólo pueden ser vistos a cierta distancia, desde detrás de unas vallas.





Mapa de la prefectura de Ise, mostrando el área que abarca todos los santuarios y establecimientos subordinados al Santuario de Ise.



Origen mitológico y religioso


La religión Shintō (神道? literalmente, camino de los dioses) es considerada la religión nativa de Japón y se basa principalmente en la influencia y armonía constante de una pléyade de ocho millones de deidades que controlan la naturaleza y el espíritu de todo lo que rodea: montañas, bosques, ríos, mares, plantas, animales e inclusive el clima; estas deidades son conocidas como kami (神?).

En la antigüedad, Japón subsistió principalmente con la producción de arroz. Dado que los kami tienen control sobre la naturaleza, los antiguos habitantes decidieron establecer una armonía respetuosa con estas deidades, con el fin de tener buenas cosechas cada año. Para lograr sus objetivos procedieron a la construcción de lugares sagrados y la elaboración de suntuosas ceremonias, que tenían como fin satisfacer a los kami; en consecuencia, las comunidades debían trabajar de manera unificada con el fin de tener prosperidad económica y alimentaria.

Al haber una influencia determinante de cada kami se comenzó a desarrollar la mitología japonesa, contenida de primera mano en los libros Kojiki (古事記? literalmente, Crónicas antiguas) escrita en 712 y el Nihonshoki (日本書紀? literalmente, Crónicas de Japón) escrita en 720; considerados los libros más antiguos de Japón. En estos libros, se relata en varios capítulos la era legendaria y mítica de la creación del cielo y la tierra, el nacimiento de Japón y de diversas deidades; y su descendencia con diversas personas, sobre todo con el Emperador de Japón.



Relación con Amaterasu Ōmikami


Amaterasu Ōmikami, diosa del sol, saliendo de la cueva celestial y devolviendo la luz al cielo y la tierra.
Artículo principal: Amaterasu Ōmikami

Amaterasu Ōmikami (天照大御神?), diosa del Sol, fue hija de los dioses Izanagi e Izanami, creadores del cielo y la tierra, y padres de la mayoría de los kami. Fue hermana de Tsukiyomi, dios de la noche y de Susanoo, dios del mar.

Por orden de sus padres, ella gobernó el cielo (Takama no Hara); pero Susanoo, celoso por la decisión de sus padres, ascendió al cielo y cometió actos escandalosos como destruir el campo de arroz y la tejeduría celestial. Amaterasu, enojada por la acción decidió esconderse en la cueva celestial llamada Ama no Iwato.

Esto trajo como consecuencia la llegada de la oscuridad perpetua en el cielo y la tierra y la zozobra en ambos mundos. La miríada de los kami se reunió con el fin de que la diosa abandonara la cueva; en esta reunión elaboraron el Espejo Sagrado (Yata no Kagami) y lo posicionaron en la entrada de la cueva; esta acción sería acompañada con un alegre festival y la ejecución de una danza y música sagrada llamada kagura. Con esto, Amaterasu decidió salir de la cueva y tanto el cielo como la tierra volvieron a iluminarse. Tras el incidente, Susanoo fue expulsado del cielo y exiliado a la tierra de Izumo.

Amaterasu es considerada la deidad central, mas no la única, de la religión Shintō; ya que posee una gran influencia sobre la naturaleza y la armonía en entre el cielo y la tierra; pero no es considerada omnipotente o absoluta dentro de la pléyade de los kami.



Relación con el Emperador de Japón






El Emperador Jinmu, primer Emperador de Japón y descendiente de Amaterasu. Legendariamente, todos los emperadores de Japón tienen descendencia con la diosa del sol.



A diferencia de algunas mitologías como la griega, la mitología japonesa conecta a diversos kami como ancestros de muchos clanes y familias influyentes en la historia japonesa, incluyendo la Familia Imperial.

Según el mito, Okuninushi-no-kami, descendiente de Susanoo, unificó todas las regiones de Izumo y estableció una nación llamada (Ashihara-no-Nakatsukuni), el Antiguo Japón. Amaterasu, decidió enviar su descendencia a esta nación con el fin de gobernarlo; Okuninushi le concedió la soberanía a la diosa y ésta envió a su nieto, Ninigi-no-mikoto, a la actual isla de Kyushu como nuevo gobernante. Para legitimar su soberanía, Amaterasu le envió a Ninigi los Tesoros Sagrados de Japón y arroz divino del cielo. También durante el descenso de Ninigi, llegaron otros kami y sus descendientes.

Posteriormente, el nieto de Ninigi abandonó Kyushu y llegó a la región de Yamato, en el centro de Japón. Fundaría la actual nación de Japón y establecería la capital en Kashihara; proclamándose como el primer Emperador de Japón, tomando el nombre de Emperador Jinmu.



Relación con los Tesoros Sagrados


Los tres tesoros imperiales, considerados como sagrados, consisten en el Espejo Sagrado (Yata no Kagami), la Espada Sagrada (Ame no Murakumo no Tsurugu) y la Gema Sagrada (Yasakani no Magatama). Según la religión Shintō, cada tesoro posee una simbología: la honestidad, la valentía y el cariño respectivamente.

Con el suceso de la salida de Amaterasu de la cueva celestial, el Yata no Kagami es el tesoro que simboliza a la diosa del sol. Cuando Amaterasu le dio este espejo a su nieto Ninigi-no-mikoto, le dijo: piensa que este espejo sagrado no es más que yo misma, cuídalo y adóralo por siempre. Como Ninigi fue predecesor de los emperadores de Japón, todos ellos han adorado a Amaterasu Ōmikami como su diosa familiar, creyendo que ella misma se encuentra en el espejo.



Fundación


Según el Kojiki y el Nihonshoki, la adoración de Amaterasu se realizaba originalmente en el Palacio Imperial, en Yamato. No obstante, durante el reinado del Emperador Sujin, décimo emperador de Japón (mediados del siglo I a. C.); el país sufrió una serie de epidemias y otros desastres naturales. Dado que se pensaba que estas calamidades tenían un origen divino, en especial con la kami Amaterasu; el emperador asignó a su hija, la princesa Toyosukiirihime-no-mikoto, a que retirara a Amaterasu del Palacio Imperial y que se buscara un nuevo lugar de adoración; el nuevo sitio se localizaría en el este de la cuenca de Nara.

Este lugar sólo sería usado por un breve tiempo, ya que el Emperador Suinin, emperador decimoprimero, pidió a su hija, la princesa Yamatohime-no-mikoto, que buscara un lugar más placentero que sirviera como sitio permanente de adoración a Amaterasu. La princesa recorrió las provincias de Ōmi y Mino, y al llegar a la provincia de Ise escuchó la voz de Amaterasu que decía: Yo deseo vivir por siempre aquí en Ise, donde el viento de los kami sopla, el país se bendecirá con los abundantes recursos de las montañas y del mar.

Yamatohime-no-mikoto decidió construir en el vigésimo sexto año del reinado del Emperador Suinin un gran santuario en Ise, donde se celebrarían las ceremonias a Amaterasu de manera ininterrumpida. Este lugar sería el nacimiento del Santuario Interior o Naikū y a su vez de todo el actual complejo del Santuario de Ise o Jingū.

El establecimiento del Santuario Exterior o Gekū se hizo 500 años después, a finales del siglo V. Según la leyenda, Amaterasu se apareció en un sueño ante el emperador Yūryaku, emperador vigésimo primero, y ésta le dijo que no recibía de manera adecuada sus alimentos, por lo que pidió al emperador que llamara a Toyouke Ōmikami, diosa de los alimentos, vestidos y refugio, originaria de la provincia de Tanba (actualmente, norte de la prefectura de Kioto), a que se encargara de su alimentación. Tras este sueño, el emperador erigió un lugar especial de adoración y llevó a Toyouke a Ise, en donde se realizaría una ceremonia dos veces al día con el fin de que Amaterasu recibiera apropiadamente sus alimentos. Así, en el vigésimo segundo año del reinado del Emperador Yūryaku se fundó Gekū.



Religión, Creencias



El Santuario de Ise es el centro de adoración de dos principales kami: en Naikū se rinde tributo a Amaterasu Ōmikami, diosa del Sol que habita en el Espejo Sagrado, considerado un tesoro imperial y un goshintai (ご神体?), objeto que representa simbólicamente a una deidad Shintō; y en Gekū se le rinde tributo a Toyouke Ōmikami, diosa de los alimentos, del comercio y de la industria.

También dentro del complejo, cada santuario subordinado a Naikū y Gekū se le rinde tributo a un kami o a un grupo de kami. Las deidades más importantes a las cuales se le rinde adoración en el Santuario son Tsukiyomi, hermano de Amaterasu y dios de la noche; Shinatsuhiko y Shinatobe, dioses del viento y de la lluvia; Izanagi e Izanami, padres de Amaterasu, creadores del mundo y de otros kami; y la princesa Yamatohime-no-mikoto, fundadora legendaria del santuario. También en algunos santuarios se le rinde tributo a espíritus (御魂 mitama?); en otras se le rinde a la "personalidad vigorosa" de un kami conocida como aramitama (荒御魂?), y se da el caso de adoración ante Amaterasu Ōmikami no Aramitama, Toyouke Ōmikami no Aramitama o Tsukiyomi no Aramitama, etc.

Antiguamente, desde la era Kamakura hasta comienzos de la era Edo, se profesaba un credo conocido como Shintō de Ise (伊勢神道 Ise-shintō?), practicado en Gekū por el clan de sacerdotes Dokai. Tenía como principal libro sagrado, el Shintō Gōbusho (神道五部書?), un escrito de la era Nara y que estaba dividido en cinco partes, que abarca desde la leyenda de Amaterasu hasta la fundación del santuario por la princesa Yamatohime-no-mikoto.



Peregrinaje


El peregrinaje del Santuario de Ise, conocido como O-Ise-Mairi (お伊勢参り?) se realiza desde tiempos antiguos y es practicado por los japoneses, inclusive por el Emperador, los miembros de la Familia Imperial, el Primer Ministro y los miembros del gabinete. La característica principal de este peregrinaje es que parte de Gekū en dos rutas distintas hacia Naikū. Es por tradición que los creyentes deben visitar Gekū primero y luego Naikū.

Durante el tributo a un kami se debe hacer una reverencia muy respetuosa dos veces, luego aplaudir las manos dos veces a la altura del pecho, posteriormente juntar las manos en señal de rezo y finalmente hacer una reverencia muy respetuosa. El horario donde se rinde tributo a los kami varía cada temporada, que se extiende generalmente durante la mañana y tarde; con excepción de la primera semana del año, cuando la veneración se extiende durante las 24 horas.



Y bueno gente es todo por ahora y no olviden que comentar es agradecer

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