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Hoy día disponemos de dos fuentes documentales que nos permiten tener una idea de cómo se practicaban los embalsamamientos en el antiguo Egipto: la Biblia y la Historia de Herodoto.

En el Génesis (Gen, 50: 2-3) ya se menciona esta práctica egipcia. Cuando muere Jacob, "su hijo José se echó sobre el rostro de su padre, lloró sobre él y le besó...y mandó José a sus siervos los médicos que embalsamaran a Israel y le cumplieran cuarenta días, porque así cumplían los días de los embalsamamientos y lo lloraron los egipcios 70 días. Y pasados los días de su luto, habló José a los de la Casa de Faraón así: "Mi padre me hizo jurar diciendo: "He aquí que voy a morir; en el sepulcro que cavé para mí en la tierra de Canaán, allí me sepultarás". Era la Cueva de Efrón el Heteo que estaba en el Campo de Macpelá, al Oriente de Mamre, en la tierra de Canaán, que Abrahan había comprado a Efrón el Heteo para que fuera la sepultura familiar. Y como allí estaban Abraham y Sarah sus padres, quiso Jacob acompañarles. También estaban allí Isaac, Rebeca y Lea.

El caso es que José pide permiso al Faraón y éste se lo concede y le da una escolta numerosa para que lleve a Jacob. Llegados a la era de Atad, que está al otro lado del Jordán, lo enterraron en la cueva. Los habitantes de aquellos lugares que vieron el luto de siete días y el gran duelo que hicieron José y sus acompañantes, quienes debían ir vestidos como egipcios, dijeron: "Llanto grande es éste de los egipcios". Y por eso llamaron al lugar Abel-Mizraím, que quiere decir Pradera o Llanto de Egipto. No se olvide que el nombre de Egipto en aquellos tiempos era Mizraím para los judíos.

En este pasaje bíblico están los datos que corresponden a la costumbre de los 70 días de "salazón" en natrón, parte fundamental de la preparación de una momia, así como los médicos siervos de José que debía ser especialistas en embalsamar. Jacob fué por tanto momificado al estilo egipcio.

José vivió según la Biblia 110 años y al morir "lo embalsamaron" y también dice que "fué puesto en un ataúd en Egipto". José se había hecho muy egipcio, adaptándose a la vida y costumbres de aquel país y no quiso que le llevaran a Canaán como él había hecho con su padre por voluntad de éste. José quedó en Egipto (Gen 50, 26).

Extrañamente los egipcios no nos han dejado ningún papiro en el que venga explicada con detalle la técnica que utilizaban para embalsamar. ¿A qué se debe esto? Puede que nadie escribiera tal documento para la posteridad, lo que resulta enigmático. O bien, tal documento existió y no ha llegado a nosotros por haber sido destruído. Es posible que existiese algún Tratado de Embalsamamientos en la famosa Biblioteca de Alejandría, pero ésta fué destruída como es sabido, siendo uno de los mayores desastres sufridos por la cultura en la antigüedad. En mi opinión el Tratado pudo existir y fué destruído. Aun queda la esperanza de que un día en una tumba hasta ahora desconocida, aparezca un rollo de papiro con detalles pormenorizados de cómo se practicó el embalsamamiento en las distintas épocas del antiguo Egipto.

Por ello es preciosa para nosotros la otra fuente documental: "La Historia" de Herodoto. Este autor griego que viajó por el mundo conocido de su tiempo incansablemente, tomando nota de las costumbres, formas de vida y cultura de los distintos pueblos, cuenta después de su estancia en Egipto, donde tuvo amplias conversaciones con sacerdotes de los templos y con embalsamadores, que cuando en alguna casa un hombre de alguna consideración acababa de morir, todas las mujeres de la casa se embadurnaban de barro la cabeza y la cara. Después, dejando al muerto en la casa, vagaban a través de la ciudad, golpeándose, sujetándose el vestido a la cintura, con los senos descubiertos y con ellas todas las mujeres de la familia. Por otro lado, los hombres se golpeaban también, con el vestido sujeto a la cintura. Cumplidos estos ritos, llevaban el cuerpo para hacerlo embalsamar (es tin tarígeusin). En griego tarígeusis es la operación que consiste en macerar el cuerpo en natrón, de lo que más adelante hablaremos.

Así como hoy usamos la palabra momia como ya indicamos, la palabra que usaban los egipcios para designar a un cadáver embalsamado era sähu y la técnica para convertirlo en momia, se decía ges que significa vendar o envolver con vendas.

Según las creencias egipcias, el ser humano estaba compuesto de un cuerpo vivo: khet y una parte espiritual divina llamada ka, un espíritu akh y una segunda alma o principio vital llamado ba. Cuando moría y quedaba embalsamado era zet.

Para llegar a obtener la felicidad eterna del ka era necesario conservar perfectamente el cadáver. De ahí surgió la técnica del embalsamamiento que es antiquísima entre los egipcios (se remonta a más de 6.000 años), aunque es un enigma cómo se originó, si fué un procedimiento inventado por ellos o bien fué traído de otras regiones de Oriente. Además han variado mucho en el tiempo las técnicas utilizadas.Se sabe que TETA, segundo Monarca de la I Dinastía (4.366 a.de J.C.) ya escribió un Tratado de Anatomía y era hábil farmacéutico.

De este época se encuentran esqueletos, pero no momias. Sin embargo los esqueletos muestran huellas de betún. Posteriormente debió de perfeccionarse el método hasta llegar a ser el que Herodoto nos relata y que veremos a continuación. También es posible que la técnica de embalsamar fuera conocida mucho antes en el Oriente y viniese de allí a Egipto.

Lo que es indudable es que los egipcios como otros pueblos que vivieron en la proximidad del desierto tuvieron que encontrarse con cadáveres metidos en la arena y conservados por desecación o bien caídos en el Lago Uad-en-Natrum y conservados "en salmuera" debido al elevado grado de concentración de sales de estas aguas. Estas observaciones pudieron ser el inicio de la técnica que se fué perfeccionando con el tiempo.

Dice Herodoto en su "Historia": "Hay gentes establecidas para realizar este trabajo de embalsamar y a quienes pertenece esta industria. Estas gentes, cuando se les lleva un cadáver a la casa de momificación, (Per-Nefer o Casa de Purificación, wabet) muestran a sus familiares los modelos de momias en madera pintada al natural. Explican que el embalsamamiento más cuidadoso repite lo que hizo Anubis que embalsamó a Osiris". Y sigue diciendo Herodoto: "tengo escrúpulo en pronunciar su nombre en semejante circunstancia; muestran a continuación el segundo modelo, inferior al primero y menos costoso; después el tercero, que aún es de precio más bajo. Una vez dadas estas explicaciones preguntan al cliente qué modelo elige para prepararles el cuerpo. Cuando los clientes se ponen de acuerdo con ellos en el precio, se retiran. Los embalsamadores quedan en sus talleres y proceden como sigue para el más cuidadoso embalsamamiento. Primero, con ayuda de un hierro encorvado, extraen el cerebro por las narices, en parte por la operación con este hierro, en parte gracias a las drogas que vierten dentro de la cabeza. Enseguida con una piedra de Etiopía muy afilada (probablemente un cuchillo de obsidiana) hacen una incisión a lo largo del flanco y sacan todos los intestinos que limpian y purifican con vino de palma y purifican una segunda vez con substancias aromáticas diversas molidas".

Las vísceras se ponían aparte en cuatro vasijas de piedra o alabastro, cuyas tapaderas representaban las cabezas de los cuatro hijos de Horus. Eran los vasos canopes, así llamados en honor del dios Canope. Eran cuatro los hijos de Horus: Amset, Hapi, Tiumantef y Kehbenhef, cuatro genios funerarios cuyas cabezas se representaban esculpidas en las tapaderas: la primera un cabeza humana, la segunda de cinocéfalo, luego un chacal y un gavilán. En el primer vaso se guardaba el estómago y los intestinos gruesos, en el segundo los intestinos delgados, en el tercero el corazón y pulmones y en el cuarto la vesícula biliar y el hígado. Estos jarros podían ser de alabastro, barro cocido, madera pintada o piedra caliza y estaban bajo la protección Isis, Meftys, Neit y Selk.

Canope fué un dios egipcio, Almirante de la flota mitológica que llevó a Isis y Osiris a la India. Estos dioses, satisfechos de los servicios de Canope, lo deificaron y así figura en el Panteón egipcio.

Sigue diciendo Herodoto: "Después, llenan el vientre de mirra pura molida, de canela y de otras substancias aromáticas, con excepción del incienso y luego lo cosen (suturan). Hecho esto, salan el cuerpo recubriéndolo con natrón durante 70 días; no deben dejarlo en la sal más tiempo. Cuando han transcurrido los 70 días, lavan al muerto, envuelven todo su cuerpo con vendas cortadas, hechas de un tejido de lyssos (lino muy fino), con una capa de goma (en griego komi, en egipcio gomi) que los egipcios emplean ordinariamente en lugar de cola. Se entrega entonces a los parientes. Se les hace un estuche de forma humana. En él encierran al muerto y así le guardan en el interior de una cámara funeraria donde le colocan de pie contra el muro. He aquí cómo los embalsamadores tratan a los cadáveres para los cuales se hace mayor gasto".

"Con los que quieren el tratamiento medio y desean evitar grandes gastos, he aquí cómo actúan. Llenan jeringas de líquido graso que obtienen del enebro cade (Juniperus oxycedrus), y llenan con él el vientre del muerto sin abrirle ni retirar las entrañas, inyectándole por el ano e impidiendo que el líquido salga por donde entró y así le ponen en sal durante el número de días prescrito. El último día de ellos hacen salir del vientre el aceite de enebro que habían introducido. Tal es su fuerza que arrastra consigo los intestinos y las vísceras disueltas ; en cuanto a las carnes son disueltas por el natrón y no queda del muerto más que la piel y los huesos. Una vez hecho, los embalsamadores entregan el cuerpo sin preocuparse de más"

"Y he aquí el tercer género de embalsamamiento aplicado a los más pobres; se purifican los intestinos con syrmaia (un desinfectante vegetal no identificado; otro enigma), se coloca en sal durante los 70 días y el cuerpo se entrega para que lo lleven los familiares. Las mujeres de los personajes no son entregadas enseguida después de morir al embalsamador, ni tampoco las mujeres muy bellas, ni las que estaban muy bien consideradas, sólo después de dos o tres días después de muertas es cuando se las envía a los embalsamadores. Si hacen esto es para impedir que los embalsamadores no cohabiten con estas mujeres, pues se dice que uno de ellos fué sorprendido cuando tenía unión carnal con el cadáver de una mujer muerta recientemente, debido a la denuncia de un colega suyo".

Los principios religiosos de los egipcios les exigían el cuidado de los muertos, ya que el espíritu dejaba el cuerpo sólo por un tiempo, reencarnándose en un ave. Pero, algún día, terminado su peregrinar, volvería al cuerpo que le albergó y si no lo encontraba se extinguiría el ka.

Los embalsamadores eran imprescindibles, pero no se sentía mucha simpatía por ellos, perteneciendo a las clases más inferiores. Tampoco era agradable vivir constantemente en la "Casa de la Muerte", a pesar de que ellos debían estar ya acostumbrados.



Para el embalsamamiento de Faraones y grandes personajes había especialistas más exclusivos. La práctica de la conservación de sus cuerpos era más complicada, ya que los sacerdotes del templo oraban por ellos y además una legión de esclavos o técnicos especializados en platería, orfebrería, pintores, carpinteros, escultores y arquitectos, intervenían en la preparación de los imponentes Mausoleos (Pirámides, Mastabas, tumbas excavadas en la roca o en las montañas) habiéndose podido hallar en el curso de excavaciones realizadas en diversos lugares de Egipto verdaderas ciudades dedicadas sólo a vivienda de estos artesanos en las proximidades de los grandes mausoleos. Estos personajes iban cargados de joyas y objetos de toda clase que se enterraban con ellos como ajuar funerario.

Tampoco durante los 4.000 años de dinastías, se practicó de la misma forma la conservación de los cadáveres, así mientras en unas épocas se afeitó el cuerpo completamente, en otras se dejó el cabello. En los primeros tiempos se desmembraba el cuerpo primero y se momificaban por separado las distintas partes para reunirlas después formando de nuevo el cuerpo entero.

En el cuerpo de la momia se colocaba un escarabajo sagrado en el lugar del corazón. Se acicalaba el cuerpo (toilette), después del embalsamamiento, pintándole como si fuese vivo. La piel se frotaba con ungüentos y unciones de substancias aromáticas añadiendo resinas para mantenerla lo más perfecta posible.

Paraquistas se llamaban a los que abrían la cavidad abdominal y teraqueutas a los saladores. El Natrón es el Carbonato sódico decahidratado (CO3 Na2.10 H2O) que se encontraba disuelto a saturación en las aguas de algunos lagos como los del Valle del Natrón, de ahí el nombre que se hizo célebre. Estaba próximo al Río Nilo. Este natrón se traía de algunos lugares cercanos como el Lago Birket-Karum (El Fayum) o de los oasis vecinos a los lagos de Natrón donde se encontraba en forma de sal. En ocasiones los egipcios introdujeron los propios cadáveres que querían embalsamar, en alguno de estos diez Lagos de Natron (Ued-en-Natrum), para que se quedaran como en salmuera los 70 días prescritos por la técnica.

También fué práctica corriente en Egipto embalsamar animales utilizando las mismas técnicas que en los humanos.

Ya en el siglo XII, refiere el viajero árabe Abd-al-Lathif que en Egipto se vendían las momias para uso medicinal. Más tarde (s. XVI y XVII), se generalizó en las Farmacopeas el "polvo de momia", siendo muy estimado para preparar ungüentos que se utilizaban en la curación de heridas, contusiones, hernias y úlceras. Había un comercio activo de venta de momias para todos los países de Europa, propiciado por los mismos egipcios y hasta se fabricaban momias, con objeto de abastecer el mercado.

En Egipto hubo expertos constructores de sarcófagos de madera, de alabastro, de arenisca o granito. A veces con tallas perfectas en su superficie y pinturas representando las facciones del difunto y el resto del cuerpo. Otras veces esculpían en materiales pétreos como los maravillosos sarcófagos que pude ver en los Museos de Leyden, Turín y El Cairo. Los personajes y Faraones eran introducidos en sucesivos sarcófagos, uno encerrado dentro del otro, con pectorales de oro, símbolo de mando y otros diversos objetos. Durante las Dinastías XXI y XXII se colocaban ojos artificiales a la momia y trataban por todos los medios de que se pareciese al ser que fué en vida.

Durante la época helenística de Egipto, las mascarillas fúnebres, fueron substituídas por el retrato del difunto, unas veces plástico (Hermópolis) y a veces pintado (El Fayum).


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