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Y así comienza la era de minería espacial



oro






El pasado 15 de febrero dejamos que se perdieran en el espacio 195.000 millones de dólares en agua y metales.







Ese es, al menos, el valor que los técnicos en minería espacial de la firma Deep Space Industries (DSI) conceden al asteroide 2012 DA14, una roca de 45 metros y 130.000 toneladas que en esa fecha pasó a solo 27.650 kilómetros de la Tierra. A escala astronómica, prácticamente se nos escurrió entre los dedos. No obstante, no tiene sentido lamentarse. Al fin y al cabo, hoy por hoy, no hay corporación o agencia gubernamental en el planeta capaz de atrapar a uno de estos objetos.

La situación, no obstante, podría estar a punto de cambiar. La NASA tiene previsto destinar 78 millones de dólares de su presupuesto para poner en marcha un audaz proyecto: la captura de un asteroide cercano a la Tierra y su inserción en una órbita lunar.







La idea es anclarlo en ese punto del espacio y utilizarlo como plataforma de entrenamiento para astronautas.







La tarea es compleja, pero de acuerdo con algunos expertos, puede llevarse a cabo con la tecnología actual. Es más, en 2012, el Instituto Keck de Estudios Espaciales (KISS), adscrito al Instituto Tecnológico de California, presentó un estudio en el que se concretaba el diseño de una nave robot capaz de atrapar una de estas rocas, en este caso de 7 metros y 500 toneladas.






La operación, que podría completarse en 2021, ascendería a 2.600 millones de dólares. Sin duda, el costo sería elevado, pero puesto en perspectiva, y según las estimaciones que maneja la organización American Friends Service Committee, equivaldría a lo que Estados Unidos aún invierte en cuatro días en la última guerra de Irak."La experiencia que se ganaría a través de las misiones tripuladas dirigidas a este objeto se reflejaria directamente en las que les seguirian a los satelites de Marte Fobos y Deimos al propio Planeta Rojo e incluso al cinturon de asteroides destaca el informe realizado por KISS







TODO UN DESAFÍO

Atrapar uno de estos objetos y transportarlo implica un enorme reto1 Será necesario ajustar los sistemas de propulsión y navegación del vehículo remolcador para que este pueda colocar su carga en el punto exacto y que la roca no termine impactando contra la Tierra. Otra cuestión es evaluar si realmente vale la pena. tanto esfuerzo.



TRABAJO DE PRECISIÓN


Por el momento, algunas sondas ya han logrado acercarse a varias de estas rocas e incluso tomar muestras de su superficie. En 2005, la nave Hayabusa de la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA) recolectó cientos de partículas en el asteroide Itokawa y las trajo de vuelta a la Tierra. No obstante, a nadie se le escapa que atrapar uno de estos objetos y transportarlo implica un desafío tecnológico sin precedentes. Entre otras cuestiones, el asteroide viajará girando a gran velocidad, así que habrá que idear una forma de detenerlo. Del mismo modo, será necesario ajustar los sistemas de propulsión y navegación del vehículo remolcador para que este pueda colocar su carga en el punto exacto y que no termine impactando contra la Tierra. Al final, la cuestión es si vale la pena tanto esfuerzo. ¿Hasta qué punto sería rentable la explotación comercial de los asteroides? Los responsables de Deep Space Industries están convencidos de que no solo lo es, sino que esta actividad redefinirá la industria e impulsará decisivamente la investigación espacial. De hecho, su idea es usar estos objetos en un primer momento como materia prima para construir in situ componentes muy costosos de enviar al espacio directamente desde nuestro planeta.



Metales




IMPRESORAS 3D


Para realizar esta labor planean usar una fundición automatizada especialmente adaptada para funcionar en un entorno de microgravedad. Sería, en esencia, un sistema autónomo de impresión 3D que transformaría los materiales en bruto en piezas. Si se cumplen los plazos previstos, DSI lanzará en 2015 varias sondas FireFly, unos pequeños dispositivos de apenas 25 kilos cuya misión será estudiar los asteroides cercanos a la Tierra. Al año siguiente, una nave mayor, denominada DragonFly, se dirigirá a los mejores candidatos, seleccionados a partir de los datos obtenidos por las FireFly, y obtendrá hasta 70 kilos de muestras de los mismos. Si todo va bien, hacia 2023, DSI podría empezar las operaciones mineras en los asteroides. El objetivo es extraer de ellos agua y metales.

De hecho, las impresoras 3D ya existen y están en funcionamiento.

Una impresora 3D es una máquina capaz de realizar "impresiones" de diseños en 3D, creando piezas a partir de un diseño hecho por ordenador. Surgen con la idea de convertir archivos CAD en prototipos reales. En la actualidad son utilizados para la matricería o la prefabricación de piezas o componentes, en sectores como la arquitectura y el diseño industrial. El sector en el que este tipo de herramientas resulta más común es el de las prótesis médicas, donde resultan ideales dada la facilidad para adaptar cada pieza fabricada a las características exactas de cada paciente.







UN PEDRUSCO DONDE ABASTECERSE


El agua es un recurso estratégico, y no solo porque sea fundamental para el desarrollo de la vida. En el espacio, el oxígeno y el hidrógeno que contiene pueden aprovecharse de distintas formas; entre otras, como combustible de las propias naves. La compañía de Seattle Planetary Resources comparte la idea de utilizar los asteroides como si fueran una especie de estaciones de servicio. Es más, los responsables de esta firma, que cuenta entre sus inversores con Larry Page, cofundador de Google, creen que además podrían emplearse para cubrir las necesidades de los humanos que vivieran y trabajaran lejos de la Tierra. Así, estiman que un asteroide de 500 metros de diámetro rico en agua contendría hasta 80 veces más de este compuesto que lo que podría cargar el mayor de los actuales supercargueros, y permitiría obtener 200 veces el combustible necesario para lanzar todos los cohetes enviados al espacio hasta el momento. Además de contener agua, algunos asteroides son, como ya se ha mencio nado, una interesante fuente de recursos minerales. La Agencia Espacial Europea (ESA) estima que solo en el cinturón principal de asteroides, entre las órbitas de Marte y Júpiter, habría entre 1,1 y 1,9 millones de rocas espaciales de más de 1 kilómetro de diámetro. Al menos un l0 por ciento de ellas serían de tipo M o metálicas, en cuya composición habría importantes cantidades de hierro y níquel, a veces mezclados con magnesio y silicatos. Aún mejor, en ellos también pueden encontrarse metales siderófilos que poseen numerosas aplicaciones industriales, como el oro, el platino, el iridio y el paladio. Sin embargo, tarde o temprano, alguien tendrá que ir en persona a explorar una de estas rocas. La NASA podría enviar un equipo antes de una década, aunque hasta el momento no existe un calendario oficial fijado al respecto. Aun así, ya se están desarrollando algunas misiones de entrenamiento en distintas zonas del mundo. Una de estas campañas ha sido impulsada por la empresa francesa Compagnie Maritime d'Expertises o COMEX, que ha aprovechado las formaciones rocosas submarinas próximas a la costa de Marsella para poner a prueba distintos sistemas de anclaje. En esas simulaciones, los participantes utilizan un traje articulado Gandolfi, especialmente diseñado para emular las restricciones en los movimientos que experimentarían los astronautas durante un paseo espacial. Así, los responsables de COMEX pretenden que las agencias y las nuevas compañías del sector utilicen su indumentaria y los lugares que han localizado en el Mediterráneo para entrenar a los astronautas. En su opinión, estos podrían practicar con herramientas de forma realista en sustratos muy parecidos a los que se encontrarían en las rocas espaciales.







COMO PEZ EN EL ESPACIO


En otras localizaciones, como la instalación NEEMO (NASA Extreme Environment Mission Operation), que la agencia espacial estadounidense mantiene en las aguas de Florida, algunos astronautas ya han realizado programas de ejercicios que incluyen moverse por el lecho marino a bordo de vehículos semejantes a los que conducirían sobre la superficie de un asteroide. Eso sí, en DSI no creen que la ausencia de gravedad, que dificulta las misiones tripuladas en este entorno, deba considerarse únicamente como un impedimento. "Con los efectos de esta fuerza al mínimo es posible realizar innovaciones asombrosas", se lee en el portal que DSI mantiene en la Red. "Y todo ello en un enclave seguro, alejado de nuestra delicada biosfera". Y es que, en último término, la minería de asteroides sería el primer paso en la búsqueda y aprovechamiento de los recursos que atesora el Sistema Solar.






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