La capacidad del cerebro de guardar información y recuerdos permite vivir el día a día, trabajar e incluso sobrevivir. Pero cuando este se comienza a acostumbrar a no almacenar nada ya que todo se busca en Google, ¿podría volverse flojo? Los expertos aconsejan adecuar los métodos utilizados en clase a la dificultad de cada alumno. "Si alguna vez durante una discusión se lanzó a su smartphone a buscar: `Cantante que solo tuvo un éxito y que es el padre de una estrella de pop que hace bailes obscenos`, seguro siente temor a estar perdiendo la memoria", escribe el periodista Clive Thompson en su libro "Más inteligente de lo que piensa: Cómo la tecnología cambia la mente para mejor". "¿Es verdad?", continúa. "¿Cuando echa mano al mouse porque olvidó una capital es porque pierde la capacidad de retener conocimientos?". La respuesta rápida es no. La respuesta más larga es que se trata de algo muchísimo más complejo de explicar. Los teléfonos inteligentes y cualquier otro dispositivo que permita conexión instantánea a internet, está hoy más presentes que nunca. Tanto así, que han comenzado a suplir cualquier falla de nuestra memoria en segundos. Sabemos que en nuestro bolsillo está todo lo que tenemos que recordar. ¿Entonces? "La tecnología no atrofia la memoria por una razón: la memoria no es muy susceptible de ser mejorada o deteriorada con factores ambientales", explica Roberto Limongi, investigador del Laboratorio de Neurociencia Cognitiva y Social de la Universidad Diego Portales (Chile). "Hay un principio que rige cómo se consolida la memoria y es independiente del origen de los datos". Lo que sucede, escribe Clive Thompson, "es que hemos empezado a adaptar las máquinas a una vieja técnica que desarrollamos hace miles de años, la `memoria transactiva`. Es decir, el arte de almacenar información en las personas que nos rodean". "Hemos empezado a tratar los motores de búsqueda y los smartphones como hemos tratado a cónyuges, amigos y colegas. Son los `comodines` que utilizamos para compensar nuestra escasa capacidad de recordar detalles". MEMORIA COLECTIVA. Andrea Slachevsky, neuróloga de la Clínica Alemana, explica que desde los 80 se sabe que la memoria no solo es individual, sino también colectiva. "Estudios previos a la gran irrupción de la tecnología demostraron que las parejas que llevan tiempo juntas son capaces de complementar una determinada información en conjunto (como se ve en las parejas mayores). La memoria se relaciona con la capacidad de saber dónde buscar los datos que se necesitan", explica. Tanto es así, que muchas parejas incluso se dividen qué recordar y qué olvidar. Así, por ejemplo, él se sabe el número de la cuenta bancaria o cómo programar los equipos electrónicos, mientras ella retiene los cumpleaños de los familiares o dónde están guardadas las cosas. "Juntos, saben mucho. Por separado, un poco menos", dice Thompson. JÓVENES VS ADULTOS. Aunque la tecnología está disponible para todos, los más jóvenes están más familiarizados que están con ella. SIn embargo, según los especialistas, ese no es el único factor en juego cuando se trata de la memoria. "Como toda herramienta", dice la neuropsicóloga de la Universidad Católica de Chile Lorena Aguilar, "se puede utilizar bien o mal. Guardar información y nunca entrenar tu propia capacidad te puede hacer dependiente". Los jóvenes suelen confiar en que todo lo que tienen que recordar está en el teléfono o la computadora, pero eso no es funcional porque no ejercita nada. Al ser un "ratón de computadora" están demasiado vulnerables a perder todo sin capacidad de recuperarlo, indican los especialistas. Por eso, debe existir un equilibrio entre el uso de la tecnología y la propia memoria". Por lo mismo, los jóvenes pueden tener cierta ventaja al principio por la velocidad con que pueden adaptarse y utilizar los "ayuda memoria" contemporáneos pero eso es solo al inicio. "Como en una maratón, si sales rápido vas avanzar más los primeros metros, pero luego todos tienden a igualarse y gana el más habilidoso". Ahora tampoco esto es una regla para todos, agrega el experto en psicología experimental de la Universidad Diego Portales Roberto Limongi, ya que los estilos cognitivos son propios de cada individuo. "Cada uno aprende de manera distinta. Una estrategia exitosa no necesariamente se asocia a la maquinaria genética, sino también a la historia de aprendizaje que cada uno haya tenido", explica el experto. Por eso en una sala de clases algunos requieren una tableta y otros lápiz y papel, y el profesor debería estar consciente de eso, concluye. Las claves El riesgo de no retener los datos La gran duda "¿Está acabando internet con nuestra capacidad de recordar datos?", se preguntó el periodista tecnológico Clive Thompson en su libro Smarter Than You Think: How Technology Is Changing Our Minds for the Better("Más inteligente de lo que piensa: Cómo la tecnología ambia la mente para mejor". Ayuda memoria La respuesta rápida es no, las máquinas no están destrozando nuestra memoria. La respuesta más larga es que se trata de algo muchísimo más extraño. Hemos empezado a adaptar las máquinas a una vieja técnica que desarrollamos hace miles de años, la "memoria transactiva". Es decir, el arte de almacenar información en las personas que nos rodean". Dejarlo a Google Lo que sucede es que las personas tratan a los motores de búsqueda, y los celulares como siempre han tratado a cónyuges, amigos y colegas. Durante años fueron sus "comodines" para compensar su escasa capacidad de recordar detalles. Hoy ese rol lo cumple Google. Los riesgos Si bien los expertos aseguran que la memoria no es susceptible de ser atrofiada, recuerdan que es algo que debe ejercitarse y si todas las personas se descansan en que sus datos están en una máquina y no los retienen, no tendrán a dónde volver si pierden la información.
¿La memoria humana se atrofia con la tecnología?
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