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¿Se ha extinto el genio científico?

Ciencia Educacion9/29/2013
Hace poco salió un artículo en el portal online de la revista Nature un artículo de Dean Keith Simonton, Profesor de Psicologí en la Universidad de California en Davies, proponiendo la tesis de que el genio científico es cosa del pasado, dado que la ciencia actual, en lugar de crear nuevos paradigmas o nuevas disciplinas, se dedica a refinar los ya existentes. Aquí les dejo una traducción libre del mismo. La traducción y los comentarios en azul oscuro son de @HOUOUIN_KYOMA (un servidor).




Muchos científicos dedican sus carreras al estudio de fenómenos persistentes en el tiempo. Por ejemplo, las especies siempre sufrirán cambios a lo largo de generaciones, por lo tanto, los biólogos evolutivos siempre tendrán trabajo. Pero el fenómeno que yo investigo puede haber dejado de existir. Yo he dedicado más de tres décadas al estudio del genio científico, el más alto nivel de la creatividad científica. Los científicos (digamos “normales”) aportan ideas que son originales y útiles. El genio científico, por su parte, ofrece ideas que son originales útiles y sorprendentes. Esos saltos – sean teorías, descubrimientos o inventos – no son sólo una extensión del conocimiento ya establecido en algún área específica: el genio científico concibe un área nueva. La Teoría Especial de la Relatividad de Einstein cumple con estas tres condiciones, y requirió que se reescribieran libros de texto. Einstein desbancó el concepto newtoniano de lo absoluto del espacio y el tiempo, y reveló la revolucionaria y omnipresente relación entre materia y energía con su famosa ecuación E=mc^2. Los genios han jugado un papel vital en la ciencia en dos formas principales. En primer lugar han fundado nuevas disciplinas, como la creación de la astronomía por Galileo. En segundo lugar, los genios han revolucionado disciplinas existentes. Charles Darwin, por ejemplo, propuso que las especies evolucionaban por selección natural, en un momento en el que muchos biólogos creían que las especies no habían sufrido modificación desde la Creación Bíblica.

Sin embargo, en mi opinión, ni la creación de nuevas disciplinas ni la revolución de disciplinas existentes es posible para los investigadores contemporáneos. Nuestras teorías e instrumentos sondean los segundos más tempranos y los espacios más lejanos de nuestro Universo, y podemos estudiar los más minúsculos organismos y las más efímeras partículas subatómicas. Es difícil imaginar que hasta ahora los científicos hayan pasado por alto algún fenómeno merecedor de su propia disciplina fuera de la astronomía, la física, la química y la biología. Por más de un siglo, toda nueva disciplina ha sido un híbrido de estas, como la astrofísica, la bioquímica o la astrobiología. Futuros avances probablemente se asentarán sobre los cimientos de lo conocido en lugar de hacer temblar las bases del conocimiento. Uno de los más grandes logros científicos de la historia reciente fue el descubrimiento del Bosón de Higgs – cuya existencia había sido prevista hace décadas. Los días en los que un estudiante de doctorado podía ser el autor único de 4 artículos revolucionarios a la vez que trabajaba a tiempo completo en una oficina de patentes – como hizo Einstein en 1905 – son probablemente cosa del pasado. Las ciencias naturales se han convertido en algo tan voluminoso, y la base del conocimiento tan compleja y especializada que la gran mayoría de la investigación de vanguardia emerge de grandes grupos de investigadores con grueso presupuesto.


OLÍMPICOS DE LA CIENCIA



En este momento, permítanme hacer tres aclaraciones. Primero: en ningún momento afirmo que el progreso científico se detendrá. Al contrario, considero que la investigación científica se hará “más veloz, más alta, más fuerte”. Los libros de texto continuarán actualizándose. En el peor de los casos algunas disciplinas se aproximarán asintóticamente a algún difuso límite de precisión y comprensión. Similar a como los atletas olímpicos pueden romper récords por centésimas de segundo, los científicos continuarán recibiendo Premios Nobel por mejorar el alcance teorías o la precisión de experimentos. Estos laureados cuentan como “Olímpicos de la Ciencia”. Segundo, no afirmo que la ciencia se está haciendo “menos compleja” o que los investigadores modernos son menos inteligentes que Nicolás Copérnico, René Descartes, Marie Curie o Luis Pasteur. Al contrario, los científicos modernos ostentan habitualmente altos coeficientes intelectuales. Incluso, podría decirse que los investigadores de nuestro tiempo necesitan mucha más “inteligencia en bruto” para convertirse en investigadores de primera línea que la que requirieron los genios de la “Edad Heroica” de la revolución científica de los siglos XVI y XVII, dados el inmenso volumen de información y experiencia que deben adquirir los científicos actuales sólo para alcanzar un nivel de fluencia mínimo en la materia que estudian. Es difícil imaginarse si Pierre-Simon Laplace o James Clerck Maxwell hubieran podido mantenerse al nivel de las formidables matemáticas de la Teoría de Supercuerdas, por ejemplo. Por último, no estoy aseverando que científicos brillantes deberían abstenerse de intentar introducir nuevos paradigmas, o incluso concebir nuevas disciplinas. Sólo que es difícil que tales innovaciones echen raíces en la comunidad científica. Según el análisis clásico de las revoluciones científicas de Thomas Kuhn, ninguna disciplina en el reino de la física y la biología será receptiva a un cambio de paradigma, excepto si tal disciplina se encuentre en estado de crisis, producida por la acumulación de evidencia crítica que se resista a ser explicada en el marco del paradigma existente. Por ejemplo, la relatividad especial resolvió el impasse provocado, entre otras cosas, por el experimento de Michelson y Morley en 1887, que demostró la inexistencia del éter, ente “físico” que se pensaba que ayudaba en la propagación de las ondas electromagnéticas. La mayoría de las disciplinas de las Ciencias Naturales (si no todas) no parecen estar siquiera cerca de tal estado de crisis. Las disciplinas fundamentales no han acumulado más que “cabos sueltos” que serán resueltos de una forma u otra. La única posible excepción es la Física Teórica, que hasta el día de hoy ha sido incapaz de unificar la gravedad con los otros tres tipos de fuerza existentes en la Naturaleza. Por supuesto, espero que esta tesis sea incorrecta. Odiaría que el genio científico se haya extinto y que mi objeto de investigación esté obsoleto. Toma sólo un nuevo genio para probar que estoy equivocado.
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Hasta aquí la traducción del artículo de Simonton.


No pude evitar poner esta cara mientras leía el artículo.


Este panfleto, por sí sólo, prueba la hipótesis de que no hay que hacerle caso a lo que dicen los psicólogos. Vayamos por partes:

En primer lugar, aunque nadie duda el genio de los científicos que Simonton menciona, está pasando por alto (a propósito o no) el volumen de trabajo acumulado por nombres mucho menos resonantes. Si bien todos conocemos el nombre de Isaac Newton y su famosa manzana, no tantos recordamos a Johannes Kepler, y sólo unos pocos saben quién fue Tycho Brahe. Es difícil de imaginar qué hubiera sido del genio de muchas de esos científicos si no hubiera dispuesto del legado de innumerables científicos "sin nombre".


No me jorobes los ojos. Sigue leyendo.



En segundo lugar, pensemos en las disciplinas en las que los nombres que el autor de este artículo hicieron sus contribuciones. En la mayoría de los casos, eran disciplinas jóvenes o completamente nuevas, como la Física Cuántica y la Física Nuclear a principios del siglo pasado; o la Microbiología y la BIología Evolutiva en el siglo XIX, cuando Louis Pasteur y Charles Darwin hicieron sus descubrimientos. Su caracter de fundadores les da un brillo mayor, bien merecido, pero que no hubiera sido de igual magnitud en otro momento de la historia.

En otro momento el autor dice:

"Los días en los que un estudiante de doctorado podía ser el autor único de 4 artículos revolucionarios a la vez que trabajaba a tiempo completo en una oficina de patentes– como hizo Einstein en 1905 – son probablemente cosa del pasado."

Implícitamente, está asumiendo que en el pasado, algo así era cosa común.

etcétera


No, por supuesto que no. Su objeto de estudio son las excepciones, la ciencia nunca avanzó de esa forma, excepto en las escasas oportunidades en las que una persona de genio excepcional se encontraba con una mina de conocimiento oculta, esperando ser explotada. Existen excepciones a las excepciones también, por supuesto. La Relatividad General la "parió" Einstein solito.

genio científico

Este sujeto que está aquí.



Finalmente, prestemos atención al último párrafo:

"Según el análisis clásico de las revoluciones científicas de Thomas Kuhn, ninguna disciplina en el reino de la física y la biología será receptiva a un cambio de paradigma, excepto si tal disciplina se encuentre en estado de crisis, producida por la acumulación de evidencia crítica que se resista a ser explicada en el marco del paradigma existente."

Un fragmento de un libro publicado hace 40 años echa por tierra todo el churre cerebral que este sujeto, Simonton, se empeñó en transformar en palabras y luego en escribir y publicar, y que yo me empeñé en traducir. Estamos en una época de relativo aburrimiento para los científicos: la mayoría de los fenómenos que conocemos son explicables dentro del marco de los paradigmas actuales. Como ya le quedó claro a nuestro querido Panchito Fukuyama, eso no va a ser así indefinidamente. Por el mismo motivo, volverá a aparecer otra persona fuera de serie que verá más lejos porque estaba parado en hombros de gigantes.


BONUS. ¿QUién carajo le dijo a los psicólogos que ellos saben de qué están hablando?



Psi...Psicólogo?




Eso fue todo. EL PSY CONGROO.

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