InicioApuntes Y MonografiasThomas Hobbes. El poder del soberano
La filosofía política de Tomas Hobbes

El pensamiento político de Thomas Hobbes es admirable por la rigurosidad con la que logró exponer su sistema. Sin embargo, más allá de esta misma rigurosidad con la que es presentado, surgen inquietudes con respecto a los planteamientos mismos que subyacen en sus bosquejos políticos. Por este motivo, en esta investigación nos proponemos abordar las consecuencias que suscitan sus ideas para tratar de comprender el por qué de las mismas. Para tratar de lograr este objetivo nos hemos dejado orientar por la siguiente pregunta: ¿por qué los hombres abandonan su libertad absoluta, imperante en el estado natural, para someterse a la voluntad de un individuo, el representante del estado civil? Hemos propuesto esta pregunta porque nos ha parecido que con ella podemos abordar diversos matices que harán esclarecer las ideas subyacentes y la condición de los hombres en la propuesta política hobbesiana. Vamos a tratar de desglosar más aquellos elementos que nos posibilita esclarecer esta pregunta.

El Estado político de Hobbes es un Estado considerado históricamente como absolutista, porque considera que el soberano debe tener el poder absoluto para dirigir el país como mejor le parezca. Dentro de sus planteamientos el individuo, que hace parte de la colectividad, debe aceptar tal situación de poderío ya que esta es la única forma como puede tener garantizada su vida y sus propiedades. Para justificar tal apreciación, Hobbes propone un estado hipotético, denominado por él estado natural, en el cual ilustra la primigenia condición de los hombres antes de hacer parte de una sociedad. En tal situación, considera Hobbes, los hombres permanecen en guerra de todos contra todos y cada individuo logra desarrollarse hasta donde sus fuerzas lo permitan. Precisemos su apreciación sobre el estado natural:

(…) el estado de los hombres sin sociedad, estado que con propiedad podemos llamar estado de naturaleza, no es otra cosa que una guerra de todos contra todos; y en esa guerra todos los hombres tienen el mismo derecho a todas las cosas. (Hobbes, 2000; 45)

Bajo esta apreciación podemos reconocer inmediatamente el aspecto negativo que tiene para Hobbes el estado natural de los hombres sin sociedad. Estado denominado también de guerra, porque allí se presenta la lucha permanente entre los hombres, lo que trae para los individuos la zozobra que no les permite vivir en paz. Pero no es sólo este el aspecto negativo del estado natural, sino que tal proceder es inherente y por lo tanto permitido en esa situación, y es que en tal condición cada hombre es amo y señor, de ahí la condición de incertidumbre que impera en el estado natural. En este sentido, es muy acertada la apreciación que hace Laurence Berns sobre el estado natural hobbesiano, al respecto dice: “(…) no se puede apelar a la justicia, nada puede ser injusto allí, pues la injusticia y la justicia sólo son tales en los términos de alguna ley anterior, y no hay ley fuera de la sociedad civil” (Strauss, Cropsey, 1996; 381). Por ende, la importancia que tiene para la investigación precedente poder precisar la descripción que hace Hobbes de esta condición, sin la cual no podríamos entender a fondo sus planteamientos sobre el estado civil.

Al desarrollar las características que tienen los hombres en el estado natural, se presentaron un gran número de elementos que determinan en gran forma las consideraciones sobre el estado civil. Uno de esos elementos determinantes de la concepción política de Hobbes, es la condición de igualdad que impera en el estado natural. Desde su perspectiva, los hombres en tal condición se caracterizan por ser todos iguales; no hay nadie más fuerte que otro, la astucia complementa la carencia de fuerza física o viceversa. Es precisamente esta característica (la igualdad natural) la que posibilita la guerra de todos contra todos. Precisemos propiamente la afirmación del filósofo del Leviatán:

La naturaleza ha hecho a los hombres tan iguales en las facultades del cuerpo y el espíritu que, si bien un hombre es a veces evidentemente más fuerte del cuerpo o sagaz de entendimiento que otro, cuando se considera en conjunto, la diferencia entre hombre a hombre no es tan importante que uno pueda reclamar, a base de ella, para sí mismo, un beneficio cualquiera al que otro no pueda aspirar como él. (Hobbes, 2005; 100)

Como la igualdad entre los hombres deviene en violencia, se procura entonces, buscar los mecanismos a través de los cuales se pueda mitigar la guerra entre los hombres. Es, precisamente en esa búsqueda de elementos que permitan a los hombres vivir en paz con los otros, donde aparece la figura del soberano. Por ello, en el pensamiento político de Hobbes, el estado civil se presenta como el medio a través del cual la convivencia entre los hombres deja de ser una lucha sin cuartel. Pero para lograr esta pacificación Hobbes considera que los hombres deben renunciar a la libertad absoluta que tienen en el estado natural y aceptar, a través de un pacto, un ente externo a los hombres para que los gobierne.

Por este orden de ideas, Hobbes considera que los seres humanos realizan pactos entre ellos a través de los cuales puedan convivir sin matarse. Tales pactos los realizan los hombres en la condición natural para procurar salir de ella. Sin embargo, los pactos entre los hombres no garantizan que estos se cumplan necesariamente, pues la condición natural del hombre lo lleva a buscar siempre su bienestar y sí tiene que matar para conseguirlo lo hace, y en el estado natural esto está permitido. Por lo tanto, ante el constante egoísmo de los hombres y el miedo a una muerte violenta, se hace necesario que exista un ente que haga posible el cumplimiento de los pactos individuales, ese ente será el Estado, y estará representado por un hombre o por una asamblea. Este hombre o asamblea tiene que garantizar a sus pactantes que podrán vivir sin miedo a que otros los eliminen, a cambio los pactantes entrega su voluntad a la del soberano; su voluntad queda subsumida en la voluntad del soberano y deben entenderlo de esta forma. A través del pacto se autoriza a un hombre o a una asamblea para que su voluntad represente la de cada individuo. Existirá solamente una única voluntad, y ella será la encargada de proveerles de todo por cuanto se lucha en el estado de naturaleza. Pues Hobbes considera que:

(…) quienes acaban de instituir un Estado y quedan, por ello, obligados por el pacto, a considerar como propias las acciones y juicios de uno, no pueden legalmente hacer un pacto nuevo entre sí para obedecer a cualquier otro, en una cosa cualquiera, sin su permiso. (Hobbes,2005; 142)

Ahora bien, para Hobbes el gobernante, ya sea una persona o una asamblea de hombres, que dirija el Estado debe tener el poder absoluto de gobernar a su modo. Debe tener un poder tan inmenso y único para que los individuos no se atrevan a cuestionar sus decisiones y simplemente obedezcan ciegamente lo que ordene. Este principio es muy importante para nuestro propósito, pues es prácticamente el pilar en el que se fundamenta el poder del soberano. Cuando los individuos entregan su voluntad, están entregado su capacidad para confrontarse con otros, están haciéndose “esclavos” por salvar su vida. Cuando alguien obtiene el poder de gobernar un Estado, porque ha sido instituido en él por voluntad expresa de otros, están en el deber de obedecerle en todo. Esto es muy problemático porque al ceder mi voluntad a la del soberano deben aceptarse las acciones que él realice como si fueran deseadas por cada individuo. Bajo este argumento quedan imposibilitadas cualquier posible oposición por parte de súbditos, esta característica del Estado propuesto por Hobbes manifiesta el poder absoluto que debe gozar quien gobierna. La oposición no puede existir y si esta resulta debe ser eliminada, y sus participantes deben ser considerados como enemigos del Estado, porque al no aceptar la voluntad del soberano están actuando en contra de lo estipulado en el contrato, en donde se facultaba a un hombre a una asamblea para que garantizará la vida de sus individuos y estos tenían que negar sus voluntades y aceptar únicamente la voluntad del soberano. La clausula contractual no da lugar a dudas:

Autorizo y transfiero a este hombre o Asamblea de hombres mi derecho de gobernarme a mí mismo, con la condición de que vosotros transferiréis a él vuestro derecho, y autorizaréis todos sus actos de la misma manera (Hobbes, 2005; 141).


Hobbes justifica esta actitud cuando afirma que al ingresar a conformar parte de una colectividad, tácitamente se está de acuerdo con las decisiones que en ella se tomen, por lo tanto, no hay razón para ir en contra de lo que en ella se ha estipulado. Si alguien no está de acuerdo con este contrato, se le presentan dos opciones, la primera, que se acomode a las decisiones tomadas y, la segunda, que renuncie a la colectividad. Sin embargo, esta última opción traería grandes problemas para ese individuo, porque al renunciar a la colectividad volvería nuevamente al estado de naturaleza, y allí solo sus fuerzas pueden garantizarle el que permanezca vivo, siendo desde ese momento su principal enemigo su anterior soberano.

Por este orden de ideas, que hemos logrado rastrear de la teoría política de Hobbes, encontramos los elementos que procurábamos encontrar, a saber, la condición en la cual quedan subsumidos los hombres en el estado civil y las causas que generaron la asociación.

El primer elemento que tenemos que reconocer es que los hombres sacrifican su libertad por temor a la muerte violenta. La guerra en el estado natural es la única causante de la asociación de los hombres. Lo curioso de este aspecto, que motiva la formación del estado civil, es que debido las prorrogas que ceden los hombres con respecto al soberano en este proceso de búsqueda de la paz, los hombres en el estado civil se encuentran igualmente temerosos. Pues una de las razones que Hobbes concibe para el sano gobierno del estado civil es que el soberano debe imprimir miedo a sus súbditos para poder sostener el gobierno del Estado. Pues Hobbes considera que: “los pactos que no descansan en la espada no son más que palabras, sin fuerza para proteger al hombre, en modo alguno” (2005; 137). Por ello, la importancia de concentrar todo el poder en una sola persona, pues de esta manera lo que se logra es el control absoluto y legal del estado civil, lo que para la idea hobbesiana, repercute en el individuo a través de la seguridad que le brinda, y de la cual carecía totalmente en el estado natural.

Ahora, un segundo elemento mucho más positivo, que tiene para los hombres el abandono de su libertad para someterse a la voluntad de un individuo, es la garantía de saber que sus propiedades serán respetadas y, que por lo tanto, el individuo puede recibir todos los beneficios que tales propiedades le ofrecen. Este aspecto es precisamente uno de los elementos más llamativos de la teoría hobbesiana sobre el estado civil. Si bien no es la finalidad última de su sistema, sí aparece como un salvavidas de su teoría, pues al considerar como un deber del soberano salvaguardar las propiedades de sus individuos, los hombres encuentran un motivo más práctico para aceptar el sometimiento.

Por este orden de ideas, encontramos en la teoría política de Hobbes dos grandes razones que envuelven su pensar. La primera de ella es la restauración de un gobierno absoluto, es decir, un gobierno donde sólo un hombre tenga todo el poder para gobernar; la segunda, la posibilidad que tienen los hombres de disfrutar de sus bienes. Es, precisamente, bajo la óptica de la seguridad y el disfrute de una vida dichosa, que la teoría hobbesiana se elabora. No concibe que los hombres puedan vivir en paz sino no existe un brazo poderoso como el del soberano para que controle sus deseos egoístas, e igualmente, sólo las características que tiene el soberano pueden garantizarle a los individuos el bienestar que pueden proveerle sus propiedades. Son estas dos grandes razones, los motivos estructurales de la filosofía política de Thomas Hobbes. Sólo bajo la observación de estas dos grandes preocupaciones, seguridad y bienestar, es posible entender porque los hombres renuncian a su libertad absoluta para someterse a la voluntad de un individuo.

Nota: Compañeros, espero que les guste y les pueda servir. Cualquier inquietud, crítica, sugerencia, discusión, algo en lo que tenga que mejorar, será bien recibido etc. Gracias, y bueno cualquier comentario por aquí. Un abrazo.
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