Cabe a aclarar que esta inspirada en una buena crepypasta, de ahí el parecido (si conocen la crepypasta)
aun esta en proceso estaré subiendo constantemente.
El titulo aun no me lo pienso bien xD puede que luego lo cambie
<<Engreído hombre esté>> pensó Nikolai mientras miraba hacia el corpulento hombre frente a él, no soportaba a ese hombre engreído que daba por presumir sus medallas de guerra cada que podía, pero Nikolai tenía que soportarlo, necesitaba el trabajo.
-Señor Koslov, la junta directiva tiene muchas dudas sobre si usted se encuentra cualificado para el trabajo- Vladit, quien lograba medir más de un metro y ochentaicinco, vestía un traje color azul opaco con el estandarte soviético bordado cerca del área correspondiente al corazón, era el tipo uniforme que llevaba un general-polkovnik común de aquella época; su voz recia y ronca irritaba a Nikolai, quien solo se limitaba a hacer una mueca con el rostro cuando Vladit hablaba.
-La junta puede estar segura de que soy el indicado, tengo todos mis papeles en orden, usted véalos- Nikolai, no quería parecer engreído ni nervioso, pero el sudor emanaba de su frente, el abrigo de piel que llevaba estaba bien para el clima otoñal de afuera, pero dentro de aquella oficina le resultaba algo calurosa, su corte de cabello le ayudaba, estilo militar, un grueso pelaje oscuro que brillaba con aquel bálsamo para el cabello que había conseguido su mujer, las gotas de sudor no tardaban en bajar la estatura de su cuerpo con un metro y setenta era muy bajo para los estándares, estatura que lo habría hecho acreedor de muchas burlas durante su niñez. Estaba nervioso, y no estaba seguro de poder hacer el trabajo, sobre todo porque solo le habían platicado de lo esencial, después de todo, era un proyecto secreto y tratándose de soviéticos, eso significaba que sin duda lo fusilarían si fallaba; pero necesitaba aquel trabajo, luego de los años en guerra, la economía del país estaba por los suelos incluida la de él. Antes, habría logrado trabajar para el ejército rojo, en la manufacturación de armas y como asistente de diseñador en los prototipos de cohetes Petlyakov, pero no le había dejado el suficiente dinero para mantener a una familia de cuatro integrantes.
-Los he revisado señor Koslov…- Dijo Vladit, mientras caminaba por detrás del escritorio y se sentaba en aquella silla reclinable que chillaba apenas el general apoyaba su cuerpo sobre ella, Nikolai no lo había notado, pero la oficina en la que se encontraba parecía más grande que las que logro observar cuando caminaba hacia la de Vladit; el color crema de las paredes hacia contraste contra el archivero gris que se encontraba a un lado de la ventana ubicada detrás de la escandalosa silla de Vladit.
-… El problema señor Koslov, es que para este proyecto necesitamos un hombre… Como decirlo de manera adecuada… - dijo mientras extendía su mano hacia el bolsillo del pantalón. -sin escrúpulos. SI, creo que esa palabra seria la indicada para usted, no quiero ofenderlo, pero me parece igual de blando que un raso sacado de las calles- Vladit encendió un puro enseguida término la frase, Nikolai no sabía cuando había sacado aquel puro.
-Cuando trabaje para los cohetes Petlyakov, habían días en lo cuales me quedaba 24 horas sin descansar, puede estar seguro que podre con cualquier cosa- Nikolai, se había reclinado en su silla con toda la seguridad de que el argumento convencería a Vladit de darle el trabajo.
-Vera señor Koslov, el proyecto Koshmar, reúne a dos de los más grandes científicos de la época, los señores Dermikhov y Gottieb, necesitan hombres con sangre de hielo. No son experimentos de niños señor Koslov, estos hombres llevan sus trabajos hasta puntos que hasta yo, quien, ha visto la guerra de cerca, y con innumerables logros en mi espalda, llego a horrorizarme…- Vladit muy serio se inclino hacia adelante apoyando sus gruesas manos sobre el escritorio -… ¿entiende?-
Nikolai, se encogió de hombros apenado, parecía que su argumento infalible era una cosa de niñas con muñecas ante esa respuesta.
-General Petrov, naci aquí, en la Unión Soviética, donde el frio congela caballos y el viento destroza edificios; crecí durante una guerra y ahora vivo otra, estoy seguro que podre con cualquier cosa; confié en mí- Después de lo dicho, bubo un momento de silencio, en donde Vladit parecía acosarlo con una mirada seria, Nikolai estaba concentrado en las difusas figuras que se formaban en el humo de aquel puro, por un instante le pareció ver entre el humo, el rostro de un muchacho.
<<Fue necesario>>; Escucho el grito con tanta claridad que sus ojos se abrieron un poco por la impresión; el general Vladit no había abierto la boca, pero escucho perfectamente la voz, una voz familiar en su cabeza, entonces recordó; la imagen difuminada de lo que fuera el rostro de un joven alemán, había llegado a su mente como una misil dirigido, se dijo a sí mismo, <<Fue necesario>>.
Volvió en si cuando el olor a tabaco le había causado nauseas, si no fuera por la entrevista, habría salido corriendo en busca de aire fresco, en el tiempo que se perdió Vladit ya había comenzado a hablar con ese gesto ególatra de siempre.
-…Señor Koslov, espero pueda comprender los riesgos del trabajo; entiendo que usted es un hombre de familia, dejar de ver a sus seres queridos un mes entero resultara dificultoso para usted, además, el riesgo que conlleva ser parte del proyecto… recuerde… es un proyecto secreto, nadie, ni su familia debe saber lo que suceda dentro, una vez comience esto, cualquier filtración será tomada como traición a la patria, y puede que luego podamos ver su cabeza clavada en una pica- Vladit sonreía sinuosamente mientras depositaba el puro a medio consumir en el cenicero verde militar que tenía en el escritorio.
-Le repito general Petrov, confié en mi; por mi familia no se preocupe, cuando estuve como medico de guerra no los vi por un tiempo…- Habría querido decir más, sin embargo algo dentro de sí lo hizo detenerse, algo oculto que no quería dejar salir.
-Está bien, señor Koslov, le informare a la junta sus decisiones, por hoy es todo, le mandaremos una carta a su hogar en cuanto hayamos tomado una decisión- Vladit se levanto del asiento y extendió la mano hacia Nikolai, con esa sonrisa burlona en su rostro.
-Confié en mí- recalco Nikolai. <<Maldito engreído>> Pensó mientras apretaba la mano de Vladit y se levantaba de su asiento.
-Puede retirarse- dijo Vladit mientras soltaba la mano de Nikolai.
<<No tiene que decirlo dos veces>>, Nikolai se retiro, aun pensativo, la respuesta de Vladit no había sido concisa, por un momento, sintió el golpe de desilusión, se hizo la idea de que el engreído general lo había rechazado por parecer débil, ya había empezado a cavilar otras opciones de trabajo cuando hubo llegado a su Subaru 360 que aun se conservaba cuidado, a pesar de los años.
Durante el resto del camino a casa, se limito a pensar, en cómo le diría a su familia que no los vería por un mes entero, en el remoto caso de que Vladit se le apiadara el alma.
El viento soplaba revolviendo el rubio y sucio cabello de Jack, las greñas cubrían su frente y parte de su rostro, parecía demacrado para su corta edad de veintidós años; las cadenas que llevaba en los pies, le habían dejado llagas en los tobillos que dificultaban su movimiento, estar sentado en aquel vehículo era un alivio, después de cruzar la frontera casi en su totalidad a pie, novecientos kilómetros desde Polonia hasta la cruzar la frontera Soviética, la camioneta militar en donde los transportaban desde Sebezh brincaba entre los escombros de los edificios derribados, cosa que le causaba golpes fuertes en los glúteos, sin embargo el dolor ya no le importaba; Jack miraba el camino, desorientado completamente, parecía perdido entre los edificios del sendero, inquieto, como un animal buscando algo entre la oscuridad de las ventanas, sin embargo, Jack se encontraba dentro de sí mismo, atrapado en su mente, en sus recuerdos.
Se veía en una cama, acostado, intentando conciliar el sueño, con su fusil a un lado, pensando en su hogar, todo era calma, las cosas que pasaban por su mente en ese momento iban desde la poca calidad de la comida de esa noche hasta si había cargado correctamente el fusil, Jack parecía no poder conciliar el sueño, después de todo y aunque trataba de no pensar en eso, sabía que afuera, a pocos cientos de kilómetros los Soviéticos podrían estar acechando en la oscuridad.
De pronto como un rayo, el fúnebre sonido de la noche se vio destrozado por un silbido, parecía acercarse, de entre la oscuridad… <<¿qué era?, ¿quién era?, ¿quiénes?...>> la muerte roja toca la puerta.
Se levanto de su cama, <<¡detrás de la puerta!>> se dijo, algo golpeaba, fuerte, rápido, en cada golpe se abría un agujero que dejaba pasar la luz blanca de la mañana, <<vete>> intento decir, pero siguió golpeando, la muerte roja entraba, destruyendo la puerta en cada golpeteo.
Jack intento recoger su rifle, extendió el brazo, y alcanzo a sujetar algo, pero al bajar la vista, su brazo se encontraba pintado rojo, una mano lo tomo por la muñeca sujetándolo con fuerza desde las penumbras; escucho un lamento, una voz familiar a lo lejos, <<no me dejes morir>> repetía, Jack asustado intento salvar a quien fuese que sea, pero cuando tiro con fuerza, solo un brazo desprendido salió de la oscuridad, encarnecido en rojo, con la piel pálida, el tinte rojo oscuro se derramaba sobre las sabanas de la cama, fragmentos de una masa oscura se desprendían del extremo destrozado, Jack intento gritar, pero estaba mudo del miedo.
Avanzó entre el pánico, corría hacia la oscuridad, tratando de escapar, pero no lo lograba, se vio rodeado de figuras, sombras entre sombras, hombres con armas en manos, los reconoció, diviso, el estandarte rojo en el corazón, se dejo caer en oscuridad hasta tocar el fondo, mientras las sombras lo observaban, cautelosos; Jack pensó que lo fusilarían, observaba los rifles con detenimiento, sin embargo las sombras no se movían, estaban quietas esperando, observando, juzgando a Jack; de pronto, de nuevo lo pudo escuchar, a lo lejos, acercándose, sabia de donde, arriba, desde la oscuridad … <<La muerte roja viene…>> el silbido, su llamado, el canto. Las sombras se esfumaron mientras el silbido subía de tono, Jack se resigno, se abrazo de las rodillas en medio de la oscuridad, venia por él, por todos.
Entonces, se sobresalto, no se había dado cuenta cuando el vehículo se había detenido, habían llegado a su destino, savia que estaba en la Unión Soviética, pero no podría decir donde exactamente, lentamente unas nueve figuras bajaron de la camioneta, para Jack era un viaje solitario, no había siquiera percibido la presencia de los demás individuos junto a él en la parte de atrás del vehículo, espero a que se bajasen, y con la precaria movilidad que le permitían los grilletes bajo, enfilándose junto a los demás, intento desviar la mirada, observar la tierra en el suelo, mientras los soldados Soviéticos los recibían.
-¡Atención!, su general-polkovnik, Vladit Petrov- grito un soldado dirigiéndose hacia el grupo de Jack, el hombre de uno ochenta, con traje del ejercito, con la cara marcada como si la guerra hubiera sido en su rostro y no en el suelo, Vladit, se acerco hacia ellos con un paso lento y marcado, Jack escuchaba el sonido de aquellas botas grises tocando la tierra húmeda mientras se acercaba hacia ellos.
-Señores, comprendo su situación, han sido capturados de sus correspondientes lugares, tuvieron suerte de seguir vivos, pero no por mucha me temo- Vladit dibujo una siniestra sonrisa -Afortunadamente, ustedes están de suerte, mis superiores necesitan, hombres como ustedes, si gustan acompañarme dentro de las instalaciones, es podría platicar sobre una propuesta que seguro les beneficiara-
No fue un gusto seguirlo, los oficiales empujaron a Jack y a su grupo, para que caminaran a la fuerza, pasaron por un camino de tierra, hasta llegar a la entrada de lo que parecía una base militar, cubierta por muros gruesos de concreto; una puerta enorme se abrió entre el muro, el metal chillaba al moverse; una vez hubieron pasado la enorme puerta de acero, vieron un edificio, enorme, con oficinas por doquier, un edificio gris, ventanas polarizadas que no dejaban ver el interior del recinto, Vladit los invito a entrar amistosamente, aunque el gesto era más obligatorio que amistoso; pasaron decenas de oficinas, todas iguales, la monotonía del lugar le daba un toque triste, durante el camino logro observar como un soldado llevaba cargamentos con armas hacia la puerta de salida del edificio, durante un repentino momento, Jack pensó que podría derribarlo tomar algunas armas y escapar lo más pronto posible, pero en cuanto dio un paso más y sintió el rosar de los grilletes con las llagas en sus tobillos, se despojo de aquel pensamiento, era imposible; al final del camino, se encontraban en la oficina de Vladit, enfilados mirando hacia su escritorio.
-Señores, esta es una propuesta que puede salvarles la vida, verán… necesitamos hombres voluntarios para un…- se detuvo pensativo -… uhm… par un proyecto.
El caso es que, necesitamos hombres, verán, consiste en quedarse despiertos cuanto más tiempo posible se pueda, un par de días, nuestros científicos están tratando de investigar, lo que sucede en la mente y el cuerpo de las personas cuando se privan del sueño por horas prolongadas- Vladit, se sentó sobre su escritorio mirando con detenimiento a los diez hombres frente a él.
-¿Por qué no se lo pide a uno de sus tan leales soldados, a que se preste de juguete…?- rezongo un hombre de cabello oscuro con asentó italiano, mientras escupía al suelo.
-Pues es porque con ustedes, tenemos una posición, algo ventajosa podría decirse- después de la frase tiro una breve y siniestra carcajada, -Sin embargo es totalmente voluntario, si no aceptan pueden irse con el resto de los prisioneros de guerra y acabar en alguna mina o fusilado en el centro de la ciudad… ó, pueden quedarse, trabajar con nosotros y en unos días estar de regreso en su hogar, sanos y salvos-
<<Hogar>> la palabra tuvo eco en su mente, la examino cuidadosamente, y recordó la imagen de una pequeña cabaña en el bosque tan calmada, la palabra había hecho que Jack prestara atención a la oferta, alzo la mirada, curioso, observando con detenimiento a Vladit.
-Denos más detalles, no seré conejillo de indias de nadie, así que explíquese bien- dijo otro hombre, un alemán de cabello rubio y desgreñado como el de Jack.
-lo resumiré lo mas que pueda para ustedes, les darán algunos químicos para evitar que duerman, no se preocupen los químicos son seguros han sido probados antes, solo evitaran que se duerman, un par de días; los científicos los observaran y tomaran notas, y es todo, una vez que terminen serán libres, gracias a la paz que tenemos con Alemania en Polonia, los transportaremos ahí y lo nazis los recogerán y devolverán a sus hogares- Vladit se puso de pie frente a ellos con mirada desafiante.
La oferta era tentadora, Jack deseaba más que nada sentirse seguro en su hogar. Con cierta vacilación, el hombre junto a él daba un paso al frente y daba la mano al general mientras decía <<tenemos un trato>>, pronto los otros nueve se sumaron a la cortesía, al final Jack era el que sobraba, quería ir a casa, pero el general, soviético, lo mataría, lo mataría en cuanto pudiera, lo sacaría de la cama, lo azotaría contra el suelo, le daría con la culata del arma hasta que su rostro se desfigurara, y cuando solo quede un soplo de vida, y el soldado rojo se calmara, vendría, lo peor, peor que el dolor, peor que el general, el grito de la mujer que cae, lo sabía, caería sobre él y desaparecería fundido entre la luz roja…
-Y bien, usted que dice, ¿no quiere volver a casa?- Esa frase hizo estremecer a Jack, no confiaba, no confiaba, debía huir, correr en cuanto pudiera, alejarse de la tierra roja, pero no había salida. La oportunidad de que su pesadilla termine estaba ahí, junto a su enemigo, ¿Acaso debía aceptar?, su mente dio millones de vueltas, parecía que habían pasado horas encerrado entre sus pensamientos, pero solo habían pasado unos cuantos segundos, se dijo a sí mismo, que regresaría a su hogar, podría volver a su pintoresca caza junto a los bosques, donde la paz reinaba y ¡la muerte!
¿De donde había salido ese pensamiento?, parecía una voz interna, procedente de lo profundo de su ser, no era el… o, ¿tal vez si?; de todos modos no quería pensar en eso, debía tomar la oportunidad para irse a casa.
Dio un paso al frente, sin decir una palabra, sostuvo la mano del general. Vladit sonrió, confiado, parecía burlarse de él, pero no había alternativa, era su última oportunidad de irse a casa.
El viento ondulaba la cabellera oscura de Nikolai, por la ventana de su automóvil, el viento se filtraba, tapando los oídos de Nikolai con los sonidos del aire, apenas y escuchaba la radio. La carretera del lugar estaba vacía, no había ni una sola alma en el camino, más que Nikolai, por lo cual no se limitaba al ir a unos noventa kilómetros por hora en promedio. Para ser sinceros, a Nikolai le gustaba la velocidad, la sensación de ir más rápido que nadie era incomparable, esa súbita sensación de adrenalina que recorría su cuerpo desde los pies hasta la medula del cerebro lo hacía vibrar de emoción.
El camino atravesaba un bosque espeso, algunos árboles tapaban el sol dejando a la tenue sombra el Subaru blanco con franjas rojas de Nikolai.
Nikolai no sabía dónde estaba, seguía el mapa que le había llegado dos días atrás junto a la carta.
Eran las tres de la tarde cuando el cartero hubo llegado a la pequeña puertezuela blanca en la casa de Nikolai; cuando Niko abrió la puerta se sorprendió al ver al hombre, uniforme azul, gorra del mismo color, un rostro joven pero adulto, respingado y alargado, con la barba recién rasurada, el cabello rubio lacio asomaba de la gorra, sin duda era el cartero, lo raro era la hora, era muy tarde para cartas, tal vez sería algo especial, pensó, unas cuentas urgentes, algún cobratorio, una demanda tal vez; en su mente divagaban mil y una posibilidades pero todas le parecían absurdas, no habían motivos para ninguna de ellas.
-Señor Koslov, lamento interrumpir a esta hora, pero le envían esta carta, es urgente, tiene el sello del ejército rojo- El cartero metió su mano sudorosa en el bolsillo, tantos kilómetros caminados y horas en esa apestosa camioneta que solían llevar todos los carteros, se reflejaban en las manos húmedas del sujeto; saco un sobre amarillo, con el sello de cera roja sin romper, los rojos (como les llamaba Niko al ejército rojo), seguían usando ese medio antiguo de sellar las cartas con cera. Niko tomo la carta, con la vista paso una ágil y descuidada mirada al sobre antes de meterla al bolsillo de sus bermudas cafés.
-Muchas gracias- Niko despidió al cartero de mano, luego cerró la puerta, se dirigió por la sala tapizada de un papel con un tema en rayas verde claro y blanco, se sentó en el cómodo sillón rojo que le había regalado su madre como regalo de bodas, tomo la taza de té que había dejado unos minutos antes, sobre la mesita de café de roble tallado, saco el sobre de su bolsillo, lo miro atentamente.
El destinatario y remitente del sobre era poco informativo como se leía, pero sin darle mucha atención. Desprendió el sello, y saco el contenido del sobre, había un mapa el cual dejo de momento en la mesita de café, su atención se centro en la carta que había dentro.
Dos hojas llenas de clausulas, que no valían la pena leer en ese momento, lo dejaría para después cuando la emoción halla pasado.
Niko recogió, el mapa lo miro de cerca, el lugar quedaba a unos 130 kilómetros desde su casa, entre el bosque aparentemente; eso no le importo, le habían dado el trabajo, salto de felicidad, y grito con todas sus fuerzas.
-Niko, ¿pero qué demonios te pasa?- Dijo su esposa mientras bajaba las escaleras corriendo, una mujer rubia con el pelo lacio, delgada, con ojos azules, la cara era redonda con marcas de vejez en su rostro.
-¡Me aceptaron!, tengo que alistar mis maletas, amor ayúdame, tengo dos días para llegar-Con una sonrisa en el rostro subió las escaleras hacia su alcoba, durante el trayecto en el pasillo del segundo piso sus dos hijas lo miraban sorprendidas, dejaron sus tazas de té y sus muñecas para salir a ver lo que le pasaba a su padre, la más grande rubia como su madre y la menor de apenas cinco años tenía el pelo de su padre pero la cara de su madre; Niko las alzo y las beso, y con la misma prisa las dejo en el suelo y siguió su camino hasta su alcoba.
Niko carcajeo al recordar aquel día tan extraño en el que había llegado la carta; luego recordando los problemas sus sonrisa se borro, la situación económica en casa apretaba, habían planteado posponer los estudios de su hija menor hasta poder conseguir el dinero para pagar una escuela, las peleas constantes por los problemas del hogar se hacían casi diario, vivía estresado, constantemente soñaba con sus días en los que paso en la guerra y se despertaba súbitamente del sueño cuando veía en rostro del joven alemán a quien tuvo que… ¡No!... no debía pensar en eso, debía concentrarse, tenía la oportunidad de su vida, el proyecto Koshmar prometía mucho y el dinero que le dejaría serviría para vivir mucho tiempo dentro del lujo y la comodidad, no podía arruinarlo, no debía hacerlo, debía concentrarse, ahora estaba en el camino, a unos cuantos kilómetros del lugar de destino.
Miro hacia ambos lados en una curva, de reojo miro hacia el mapa que tenia apoyado a un lado del asiento, bajo la velocidad y examino los lados de la carretera, llenos de arboles; llego hacia donde se suponía que había un entronque que dejaba un camino en entre el bosque, se detuvo unos segundos, mirando, no había carretera en ese lugar, asustado, miro el mapa, tal vez lo había pasado hace varios lugares, se arrepintió de haber ido tan rápido, tal vez se distrajo pensando en sus cosas; volvió a examinar el mapa, le tomo varios minutos, dar con el estrecho sendero de tierra que había entre el bosque.
No había otro camino, ese tenía que ser, pensó mientras arrojaba el mapa hacia un lado; puso el Subaru en marcha, y se interno en el bosque a paso lento. El camino era pedregoso, el viejo coche se tambaleaba entre las rocas del camino, por momentos parecía que brincaba entre las rocas, en varios instantes Niko pensó que el saldría volando del coche en uno de esos brincos.
Después de quince minutos y sin haber visto nada más que camino de tierra y arboles enormes, Niko había pensado que se había equivocado y se había perdido.
Avanzo un poco más, cuidadoso y con miedo de adentrarse a donde no debía, por un momento le pareció que el camino se terminaba abruptamente, sin embargo al acercarse más vio que solo se trataba de una curva, temeroso se dijo a si mismo que, si no encontraba algo después de la siguiente curva, entonces daría la vuelta al coche y regresaría a la carretera. Tomo la curva con mucha cautela, después de unos metros logro ver una cerca y una cabina de militares, ¡Eureka!, pensó, lo había encontrado; si que era una instalación secreta.
-¿Quién es usted?, esta es un área restringida no puede pasar-
Niko se sobresalto titubeo un rato –Nikolai Koslov… ten… tengo una cart… una cita- inmediatamente busco en la guantera abriéndose paso entre papeles viejos y algo de basura, hasta que dio con aquel sobre amarillo de sello rojo; apresurado se lo entrego al militar de traje negro y verde en aquella cabina.
-Un momento por favor…- El militar lucia serio, Niko sentía que lo mataba con la vista, era algo perturbarte mirarlo directo a los ojos, lo siguió inseguro con la vista, mientras el soldado se alejaba unos metros de su auto, mientras se comunicaba por un teléfono a un lado de la cabina.
Mas delante de esa cabina, se encontraba un edificio, blanco, ventanas altas y enrejadas, parecía un hospital algo lúgubre, una base militar peculiar, no sería el tipo de edificio que pretendía encontrarse.
-Lo lamento señor, por razones de seguridad tendrá que dejar el vehículo aquí para continuar, nosotros nos encargaremos de estacionarlo. Espere un momento, vendrán por usted-
Nikolai bajo del vehículo, tomando alguna de sus cosas, camino hacia adelante, hasta ahora no lo había notado, pero la humedad del bosque hacia que el clima estuviera mas frio de lo normal, Niko, podía ver su respiración en el viento frio, trato de acomodarse sobre el capot de su coche, pero el metal frio no le permitía estar tan cómodo como esperaba.
Miro de nuevo el camino, y vio como el jeep militar se acercaba hacia él. Dos militares bajaron, tomaron sus maletas las subieron al jeep, antes de que Niko subiese también, dejo las llaves en manos del soldado que estaba en la cabina.
.... [Continuara...]
Se aceptan criticas y comentarios constructivos
aun esta en proceso estaré subiendo constantemente.
El titulo aun no me lo pienso bien xD puede que luego lo cambie
Proyecto Koshmar
SOÑANDO DESPIERTO
<<Engreído hombre esté>> pensó Nikolai mientras miraba hacia el corpulento hombre frente a él, no soportaba a ese hombre engreído que daba por presumir sus medallas de guerra cada que podía, pero Nikolai tenía que soportarlo, necesitaba el trabajo.
-Señor Koslov, la junta directiva tiene muchas dudas sobre si usted se encuentra cualificado para el trabajo- Vladit, quien lograba medir más de un metro y ochentaicinco, vestía un traje color azul opaco con el estandarte soviético bordado cerca del área correspondiente al corazón, era el tipo uniforme que llevaba un general-polkovnik común de aquella época; su voz recia y ronca irritaba a Nikolai, quien solo se limitaba a hacer una mueca con el rostro cuando Vladit hablaba.
-La junta puede estar segura de que soy el indicado, tengo todos mis papeles en orden, usted véalos- Nikolai, no quería parecer engreído ni nervioso, pero el sudor emanaba de su frente, el abrigo de piel que llevaba estaba bien para el clima otoñal de afuera, pero dentro de aquella oficina le resultaba algo calurosa, su corte de cabello le ayudaba, estilo militar, un grueso pelaje oscuro que brillaba con aquel bálsamo para el cabello que había conseguido su mujer, las gotas de sudor no tardaban en bajar la estatura de su cuerpo con un metro y setenta era muy bajo para los estándares, estatura que lo habría hecho acreedor de muchas burlas durante su niñez. Estaba nervioso, y no estaba seguro de poder hacer el trabajo, sobre todo porque solo le habían platicado de lo esencial, después de todo, era un proyecto secreto y tratándose de soviéticos, eso significaba que sin duda lo fusilarían si fallaba; pero necesitaba aquel trabajo, luego de los años en guerra, la economía del país estaba por los suelos incluida la de él. Antes, habría logrado trabajar para el ejército rojo, en la manufacturación de armas y como asistente de diseñador en los prototipos de cohetes Petlyakov, pero no le había dejado el suficiente dinero para mantener a una familia de cuatro integrantes.
-Los he revisado señor Koslov…- Dijo Vladit, mientras caminaba por detrás del escritorio y se sentaba en aquella silla reclinable que chillaba apenas el general apoyaba su cuerpo sobre ella, Nikolai no lo había notado, pero la oficina en la que se encontraba parecía más grande que las que logro observar cuando caminaba hacia la de Vladit; el color crema de las paredes hacia contraste contra el archivero gris que se encontraba a un lado de la ventana ubicada detrás de la escandalosa silla de Vladit.
-… El problema señor Koslov, es que para este proyecto necesitamos un hombre… Como decirlo de manera adecuada… - dijo mientras extendía su mano hacia el bolsillo del pantalón. -sin escrúpulos. SI, creo que esa palabra seria la indicada para usted, no quiero ofenderlo, pero me parece igual de blando que un raso sacado de las calles- Vladit encendió un puro enseguida término la frase, Nikolai no sabía cuando había sacado aquel puro.
-Cuando trabaje para los cohetes Petlyakov, habían días en lo cuales me quedaba 24 horas sin descansar, puede estar seguro que podre con cualquier cosa- Nikolai, se había reclinado en su silla con toda la seguridad de que el argumento convencería a Vladit de darle el trabajo.
-Vera señor Koslov, el proyecto Koshmar, reúne a dos de los más grandes científicos de la época, los señores Dermikhov y Gottieb, necesitan hombres con sangre de hielo. No son experimentos de niños señor Koslov, estos hombres llevan sus trabajos hasta puntos que hasta yo, quien, ha visto la guerra de cerca, y con innumerables logros en mi espalda, llego a horrorizarme…- Vladit muy serio se inclino hacia adelante apoyando sus gruesas manos sobre el escritorio -… ¿entiende?-
Nikolai, se encogió de hombros apenado, parecía que su argumento infalible era una cosa de niñas con muñecas ante esa respuesta.
-General Petrov, naci aquí, en la Unión Soviética, donde el frio congela caballos y el viento destroza edificios; crecí durante una guerra y ahora vivo otra, estoy seguro que podre con cualquier cosa; confié en mí- Después de lo dicho, bubo un momento de silencio, en donde Vladit parecía acosarlo con una mirada seria, Nikolai estaba concentrado en las difusas figuras que se formaban en el humo de aquel puro, por un instante le pareció ver entre el humo, el rostro de un muchacho.
<<Fue necesario>>; Escucho el grito con tanta claridad que sus ojos se abrieron un poco por la impresión; el general Vladit no había abierto la boca, pero escucho perfectamente la voz, una voz familiar en su cabeza, entonces recordó; la imagen difuminada de lo que fuera el rostro de un joven alemán, había llegado a su mente como una misil dirigido, se dijo a sí mismo, <<Fue necesario>>.
Volvió en si cuando el olor a tabaco le había causado nauseas, si no fuera por la entrevista, habría salido corriendo en busca de aire fresco, en el tiempo que se perdió Vladit ya había comenzado a hablar con ese gesto ególatra de siempre.
-…Señor Koslov, espero pueda comprender los riesgos del trabajo; entiendo que usted es un hombre de familia, dejar de ver a sus seres queridos un mes entero resultara dificultoso para usted, además, el riesgo que conlleva ser parte del proyecto… recuerde… es un proyecto secreto, nadie, ni su familia debe saber lo que suceda dentro, una vez comience esto, cualquier filtración será tomada como traición a la patria, y puede que luego podamos ver su cabeza clavada en una pica- Vladit sonreía sinuosamente mientras depositaba el puro a medio consumir en el cenicero verde militar que tenía en el escritorio.
-Le repito general Petrov, confié en mi; por mi familia no se preocupe, cuando estuve como medico de guerra no los vi por un tiempo…- Habría querido decir más, sin embargo algo dentro de sí lo hizo detenerse, algo oculto que no quería dejar salir.
-Está bien, señor Koslov, le informare a la junta sus decisiones, por hoy es todo, le mandaremos una carta a su hogar en cuanto hayamos tomado una decisión- Vladit se levanto del asiento y extendió la mano hacia Nikolai, con esa sonrisa burlona en su rostro.
-Confié en mí- recalco Nikolai. <<Maldito engreído>> Pensó mientras apretaba la mano de Vladit y se levantaba de su asiento.
-Puede retirarse- dijo Vladit mientras soltaba la mano de Nikolai.
<<No tiene que decirlo dos veces>>, Nikolai se retiro, aun pensativo, la respuesta de Vladit no había sido concisa, por un momento, sintió el golpe de desilusión, se hizo la idea de que el engreído general lo había rechazado por parecer débil, ya había empezado a cavilar otras opciones de trabajo cuando hubo llegado a su Subaru 360 que aun se conservaba cuidado, a pesar de los años.
Durante el resto del camino a casa, se limito a pensar, en cómo le diría a su familia que no los vería por un mes entero, en el remoto caso de que Vladit se le apiadara el alma.
HIPERSOMNIA
El viento soplaba revolviendo el rubio y sucio cabello de Jack, las greñas cubrían su frente y parte de su rostro, parecía demacrado para su corta edad de veintidós años; las cadenas que llevaba en los pies, le habían dejado llagas en los tobillos que dificultaban su movimiento, estar sentado en aquel vehículo era un alivio, después de cruzar la frontera casi en su totalidad a pie, novecientos kilómetros desde Polonia hasta la cruzar la frontera Soviética, la camioneta militar en donde los transportaban desde Sebezh brincaba entre los escombros de los edificios derribados, cosa que le causaba golpes fuertes en los glúteos, sin embargo el dolor ya no le importaba; Jack miraba el camino, desorientado completamente, parecía perdido entre los edificios del sendero, inquieto, como un animal buscando algo entre la oscuridad de las ventanas, sin embargo, Jack se encontraba dentro de sí mismo, atrapado en su mente, en sus recuerdos.
Se veía en una cama, acostado, intentando conciliar el sueño, con su fusil a un lado, pensando en su hogar, todo era calma, las cosas que pasaban por su mente en ese momento iban desde la poca calidad de la comida de esa noche hasta si había cargado correctamente el fusil, Jack parecía no poder conciliar el sueño, después de todo y aunque trataba de no pensar en eso, sabía que afuera, a pocos cientos de kilómetros los Soviéticos podrían estar acechando en la oscuridad.
De pronto como un rayo, el fúnebre sonido de la noche se vio destrozado por un silbido, parecía acercarse, de entre la oscuridad… <<¿qué era?, ¿quién era?, ¿quiénes?...>> la muerte roja toca la puerta.
Se levanto de su cama, <<¡detrás de la puerta!>> se dijo, algo golpeaba, fuerte, rápido, en cada golpe se abría un agujero que dejaba pasar la luz blanca de la mañana, <<vete>> intento decir, pero siguió golpeando, la muerte roja entraba, destruyendo la puerta en cada golpeteo.
Jack intento recoger su rifle, extendió el brazo, y alcanzo a sujetar algo, pero al bajar la vista, su brazo se encontraba pintado rojo, una mano lo tomo por la muñeca sujetándolo con fuerza desde las penumbras; escucho un lamento, una voz familiar a lo lejos, <<no me dejes morir>> repetía, Jack asustado intento salvar a quien fuese que sea, pero cuando tiro con fuerza, solo un brazo desprendido salió de la oscuridad, encarnecido en rojo, con la piel pálida, el tinte rojo oscuro se derramaba sobre las sabanas de la cama, fragmentos de una masa oscura se desprendían del extremo destrozado, Jack intento gritar, pero estaba mudo del miedo.
Avanzó entre el pánico, corría hacia la oscuridad, tratando de escapar, pero no lo lograba, se vio rodeado de figuras, sombras entre sombras, hombres con armas en manos, los reconoció, diviso, el estandarte rojo en el corazón, se dejo caer en oscuridad hasta tocar el fondo, mientras las sombras lo observaban, cautelosos; Jack pensó que lo fusilarían, observaba los rifles con detenimiento, sin embargo las sombras no se movían, estaban quietas esperando, observando, juzgando a Jack; de pronto, de nuevo lo pudo escuchar, a lo lejos, acercándose, sabia de donde, arriba, desde la oscuridad … <<La muerte roja viene…>> el silbido, su llamado, el canto. Las sombras se esfumaron mientras el silbido subía de tono, Jack se resigno, se abrazo de las rodillas en medio de la oscuridad, venia por él, por todos.
Entonces, se sobresalto, no se había dado cuenta cuando el vehículo se había detenido, habían llegado a su destino, savia que estaba en la Unión Soviética, pero no podría decir donde exactamente, lentamente unas nueve figuras bajaron de la camioneta, para Jack era un viaje solitario, no había siquiera percibido la presencia de los demás individuos junto a él en la parte de atrás del vehículo, espero a que se bajasen, y con la precaria movilidad que le permitían los grilletes bajo, enfilándose junto a los demás, intento desviar la mirada, observar la tierra en el suelo, mientras los soldados Soviéticos los recibían.
-¡Atención!, su general-polkovnik, Vladit Petrov- grito un soldado dirigiéndose hacia el grupo de Jack, el hombre de uno ochenta, con traje del ejercito, con la cara marcada como si la guerra hubiera sido en su rostro y no en el suelo, Vladit, se acerco hacia ellos con un paso lento y marcado, Jack escuchaba el sonido de aquellas botas grises tocando la tierra húmeda mientras se acercaba hacia ellos.
-Señores, comprendo su situación, han sido capturados de sus correspondientes lugares, tuvieron suerte de seguir vivos, pero no por mucha me temo- Vladit dibujo una siniestra sonrisa -Afortunadamente, ustedes están de suerte, mis superiores necesitan, hombres como ustedes, si gustan acompañarme dentro de las instalaciones, es podría platicar sobre una propuesta que seguro les beneficiara-
No fue un gusto seguirlo, los oficiales empujaron a Jack y a su grupo, para que caminaran a la fuerza, pasaron por un camino de tierra, hasta llegar a la entrada de lo que parecía una base militar, cubierta por muros gruesos de concreto; una puerta enorme se abrió entre el muro, el metal chillaba al moverse; una vez hubieron pasado la enorme puerta de acero, vieron un edificio, enorme, con oficinas por doquier, un edificio gris, ventanas polarizadas que no dejaban ver el interior del recinto, Vladit los invito a entrar amistosamente, aunque el gesto era más obligatorio que amistoso; pasaron decenas de oficinas, todas iguales, la monotonía del lugar le daba un toque triste, durante el camino logro observar como un soldado llevaba cargamentos con armas hacia la puerta de salida del edificio, durante un repentino momento, Jack pensó que podría derribarlo tomar algunas armas y escapar lo más pronto posible, pero en cuanto dio un paso más y sintió el rosar de los grilletes con las llagas en sus tobillos, se despojo de aquel pensamiento, era imposible; al final del camino, se encontraban en la oficina de Vladit, enfilados mirando hacia su escritorio.
-Señores, esta es una propuesta que puede salvarles la vida, verán… necesitamos hombres voluntarios para un…- se detuvo pensativo -… uhm… par un proyecto.
El caso es que, necesitamos hombres, verán, consiste en quedarse despiertos cuanto más tiempo posible se pueda, un par de días, nuestros científicos están tratando de investigar, lo que sucede en la mente y el cuerpo de las personas cuando se privan del sueño por horas prolongadas- Vladit, se sentó sobre su escritorio mirando con detenimiento a los diez hombres frente a él.
-¿Por qué no se lo pide a uno de sus tan leales soldados, a que se preste de juguete…?- rezongo un hombre de cabello oscuro con asentó italiano, mientras escupía al suelo.
-Pues es porque con ustedes, tenemos una posición, algo ventajosa podría decirse- después de la frase tiro una breve y siniestra carcajada, -Sin embargo es totalmente voluntario, si no aceptan pueden irse con el resto de los prisioneros de guerra y acabar en alguna mina o fusilado en el centro de la ciudad… ó, pueden quedarse, trabajar con nosotros y en unos días estar de regreso en su hogar, sanos y salvos-
<<Hogar>> la palabra tuvo eco en su mente, la examino cuidadosamente, y recordó la imagen de una pequeña cabaña en el bosque tan calmada, la palabra había hecho que Jack prestara atención a la oferta, alzo la mirada, curioso, observando con detenimiento a Vladit.
-Denos más detalles, no seré conejillo de indias de nadie, así que explíquese bien- dijo otro hombre, un alemán de cabello rubio y desgreñado como el de Jack.
-lo resumiré lo mas que pueda para ustedes, les darán algunos químicos para evitar que duerman, no se preocupen los químicos son seguros han sido probados antes, solo evitaran que se duerman, un par de días; los científicos los observaran y tomaran notas, y es todo, una vez que terminen serán libres, gracias a la paz que tenemos con Alemania en Polonia, los transportaremos ahí y lo nazis los recogerán y devolverán a sus hogares- Vladit se puso de pie frente a ellos con mirada desafiante.
La oferta era tentadora, Jack deseaba más que nada sentirse seguro en su hogar. Con cierta vacilación, el hombre junto a él daba un paso al frente y daba la mano al general mientras decía <<tenemos un trato>>, pronto los otros nueve se sumaron a la cortesía, al final Jack era el que sobraba, quería ir a casa, pero el general, soviético, lo mataría, lo mataría en cuanto pudiera, lo sacaría de la cama, lo azotaría contra el suelo, le daría con la culata del arma hasta que su rostro se desfigurara, y cuando solo quede un soplo de vida, y el soldado rojo se calmara, vendría, lo peor, peor que el dolor, peor que el general, el grito de la mujer que cae, lo sabía, caería sobre él y desaparecería fundido entre la luz roja…
-Y bien, usted que dice, ¿no quiere volver a casa?- Esa frase hizo estremecer a Jack, no confiaba, no confiaba, debía huir, correr en cuanto pudiera, alejarse de la tierra roja, pero no había salida. La oportunidad de que su pesadilla termine estaba ahí, junto a su enemigo, ¿Acaso debía aceptar?, su mente dio millones de vueltas, parecía que habían pasado horas encerrado entre sus pensamientos, pero solo habían pasado unos cuantos segundos, se dijo a sí mismo, que regresaría a su hogar, podría volver a su pintoresca caza junto a los bosques, donde la paz reinaba y ¡la muerte!
¿De donde había salido ese pensamiento?, parecía una voz interna, procedente de lo profundo de su ser, no era el… o, ¿tal vez si?; de todos modos no quería pensar en eso, debía tomar la oportunidad para irse a casa.
Dio un paso al frente, sin decir una palabra, sostuvo la mano del general. Vladit sonrió, confiado, parecía burlarse de él, pero no había alternativa, era su última oportunidad de irse a casa.
En busca del sueño
El viento ondulaba la cabellera oscura de Nikolai, por la ventana de su automóvil, el viento se filtraba, tapando los oídos de Nikolai con los sonidos del aire, apenas y escuchaba la radio. La carretera del lugar estaba vacía, no había ni una sola alma en el camino, más que Nikolai, por lo cual no se limitaba al ir a unos noventa kilómetros por hora en promedio. Para ser sinceros, a Nikolai le gustaba la velocidad, la sensación de ir más rápido que nadie era incomparable, esa súbita sensación de adrenalina que recorría su cuerpo desde los pies hasta la medula del cerebro lo hacía vibrar de emoción.
El camino atravesaba un bosque espeso, algunos árboles tapaban el sol dejando a la tenue sombra el Subaru blanco con franjas rojas de Nikolai.
Nikolai no sabía dónde estaba, seguía el mapa que le había llegado dos días atrás junto a la carta.
Eran las tres de la tarde cuando el cartero hubo llegado a la pequeña puertezuela blanca en la casa de Nikolai; cuando Niko abrió la puerta se sorprendió al ver al hombre, uniforme azul, gorra del mismo color, un rostro joven pero adulto, respingado y alargado, con la barba recién rasurada, el cabello rubio lacio asomaba de la gorra, sin duda era el cartero, lo raro era la hora, era muy tarde para cartas, tal vez sería algo especial, pensó, unas cuentas urgentes, algún cobratorio, una demanda tal vez; en su mente divagaban mil y una posibilidades pero todas le parecían absurdas, no habían motivos para ninguna de ellas.
-Señor Koslov, lamento interrumpir a esta hora, pero le envían esta carta, es urgente, tiene el sello del ejército rojo- El cartero metió su mano sudorosa en el bolsillo, tantos kilómetros caminados y horas en esa apestosa camioneta que solían llevar todos los carteros, se reflejaban en las manos húmedas del sujeto; saco un sobre amarillo, con el sello de cera roja sin romper, los rojos (como les llamaba Niko al ejército rojo), seguían usando ese medio antiguo de sellar las cartas con cera. Niko tomo la carta, con la vista paso una ágil y descuidada mirada al sobre antes de meterla al bolsillo de sus bermudas cafés.
-Muchas gracias- Niko despidió al cartero de mano, luego cerró la puerta, se dirigió por la sala tapizada de un papel con un tema en rayas verde claro y blanco, se sentó en el cómodo sillón rojo que le había regalado su madre como regalo de bodas, tomo la taza de té que había dejado unos minutos antes, sobre la mesita de café de roble tallado, saco el sobre de su bolsillo, lo miro atentamente.
Para el señor Nikolai Slava Koslov.
Ciudad de Kostrova, Skvortsova 156008.
De: El ejecito rojo de obreros y campesinos RKKA
Ciudad de Kostrova, Skvortsova 156008.
De: El ejecito rojo de obreros y campesinos RKKA
El destinatario y remitente del sobre era poco informativo como se leía, pero sin darle mucha atención. Desprendió el sello, y saco el contenido del sobre, había un mapa el cual dejo de momento en la mesita de café, su atención se centro en la carta que había dentro.
Estimado señor Koslov, la junta de consejo a cargo del proyecto Koshmar, ha determinado que el presente, está apto y capacitado para el cargo de asistente de laboratorio que previamente se ha solicitado.
Se le informa de antemano los riesgos que conlleva trabajar dentro de este proyecto en las siguientes clausulas:
-EL contenido de los documentos recabados durante el proceso de investigación son de propiedad gubernamental, por lo cual su distribución será penada con la ley, bajo las estipulaciones del código penal y con el atributo de “Traición a la patria”.
-El trabajador deberá resguardar la información durante y después del proyecto, salvaguardando cualquier posible filtración, hasta que la junta haga pública los resultados de la investigación y se….
Se le informa de antemano los riesgos que conlleva trabajar dentro de este proyecto en las siguientes clausulas:
-EL contenido de los documentos recabados durante el proceso de investigación son de propiedad gubernamental, por lo cual su distribución será penada con la ley, bajo las estipulaciones del código penal y con el atributo de “Traición a la patria”.
-El trabajador deberá resguardar la información durante y después del proyecto, salvaguardando cualquier posible filtración, hasta que la junta haga pública los resultados de la investigación y se….
Dos hojas llenas de clausulas, que no valían la pena leer en ese momento, lo dejaría para después cuando la emoción halla pasado.
...Por este medio se solicita su presencia en las instalaciones, donde se discutirá de sus deberes con mayor discreción, lamentamos no poder dar suficiente información por medio de la carta, pero como sabrá, se trata de un proyecto secreto, es por eso que todas las premisas que usted tenga serán atendidas en las instalaciones con el personal correspondiente, dándole así, un nuevo panorama de la situación, dejándolo escoger nuevamente entre firmar el contrato o abandonarlo antes de empezar.
La ubicación de las instalaciones, están marcadas en el mapa adjunto dentro de este sobre, se le advierte que solo se admitirá su presencia y de nadie más, dentro de las inmediaciones, en caso de llevar consigo acompañantes, se le negara el acceso, perderá el contrato y toda oportunidad futura dentro del proyecto.
Lo esperamos con las manos abiertas el día 20 de noviembre de 1940.
Atte. La junta de consejo.
La ubicación de las instalaciones, están marcadas en el mapa adjunto dentro de este sobre, se le advierte que solo se admitirá su presencia y de nadie más, dentro de las inmediaciones, en caso de llevar consigo acompañantes, se le negara el acceso, perderá el contrato y toda oportunidad futura dentro del proyecto.
Lo esperamos con las manos abiertas el día 20 de noviembre de 1940.
Atte. La junta de consejo.
Niko recogió, el mapa lo miro de cerca, el lugar quedaba a unos 130 kilómetros desde su casa, entre el bosque aparentemente; eso no le importo, le habían dado el trabajo, salto de felicidad, y grito con todas sus fuerzas.
-Niko, ¿pero qué demonios te pasa?- Dijo su esposa mientras bajaba las escaleras corriendo, una mujer rubia con el pelo lacio, delgada, con ojos azules, la cara era redonda con marcas de vejez en su rostro.
-¡Me aceptaron!, tengo que alistar mis maletas, amor ayúdame, tengo dos días para llegar-Con una sonrisa en el rostro subió las escaleras hacia su alcoba, durante el trayecto en el pasillo del segundo piso sus dos hijas lo miraban sorprendidas, dejaron sus tazas de té y sus muñecas para salir a ver lo que le pasaba a su padre, la más grande rubia como su madre y la menor de apenas cinco años tenía el pelo de su padre pero la cara de su madre; Niko las alzo y las beso, y con la misma prisa las dejo en el suelo y siguió su camino hasta su alcoba.
Niko carcajeo al recordar aquel día tan extraño en el que había llegado la carta; luego recordando los problemas sus sonrisa se borro, la situación económica en casa apretaba, habían planteado posponer los estudios de su hija menor hasta poder conseguir el dinero para pagar una escuela, las peleas constantes por los problemas del hogar se hacían casi diario, vivía estresado, constantemente soñaba con sus días en los que paso en la guerra y se despertaba súbitamente del sueño cuando veía en rostro del joven alemán a quien tuvo que… ¡No!... no debía pensar en eso, debía concentrarse, tenía la oportunidad de su vida, el proyecto Koshmar prometía mucho y el dinero que le dejaría serviría para vivir mucho tiempo dentro del lujo y la comodidad, no podía arruinarlo, no debía hacerlo, debía concentrarse, ahora estaba en el camino, a unos cuantos kilómetros del lugar de destino.
Miro hacia ambos lados en una curva, de reojo miro hacia el mapa que tenia apoyado a un lado del asiento, bajo la velocidad y examino los lados de la carretera, llenos de arboles; llego hacia donde se suponía que había un entronque que dejaba un camino en entre el bosque, se detuvo unos segundos, mirando, no había carretera en ese lugar, asustado, miro el mapa, tal vez lo había pasado hace varios lugares, se arrepintió de haber ido tan rápido, tal vez se distrajo pensando en sus cosas; volvió a examinar el mapa, le tomo varios minutos, dar con el estrecho sendero de tierra que había entre el bosque.
No había otro camino, ese tenía que ser, pensó mientras arrojaba el mapa hacia un lado; puso el Subaru en marcha, y se interno en el bosque a paso lento. El camino era pedregoso, el viejo coche se tambaleaba entre las rocas del camino, por momentos parecía que brincaba entre las rocas, en varios instantes Niko pensó que el saldría volando del coche en uno de esos brincos.
Después de quince minutos y sin haber visto nada más que camino de tierra y arboles enormes, Niko había pensado que se había equivocado y se había perdido.
Avanzo un poco más, cuidadoso y con miedo de adentrarse a donde no debía, por un momento le pareció que el camino se terminaba abruptamente, sin embargo al acercarse más vio que solo se trataba de una curva, temeroso se dijo a si mismo que, si no encontraba algo después de la siguiente curva, entonces daría la vuelta al coche y regresaría a la carretera. Tomo la curva con mucha cautela, después de unos metros logro ver una cerca y una cabina de militares, ¡Eureka!, pensó, lo había encontrado; si que era una instalación secreta.
-¿Quién es usted?, esta es un área restringida no puede pasar-
Niko se sobresalto titubeo un rato –Nikolai Koslov… ten… tengo una cart… una cita- inmediatamente busco en la guantera abriéndose paso entre papeles viejos y algo de basura, hasta que dio con aquel sobre amarillo de sello rojo; apresurado se lo entrego al militar de traje negro y verde en aquella cabina.
-Un momento por favor…- El militar lucia serio, Niko sentía que lo mataba con la vista, era algo perturbarte mirarlo directo a los ojos, lo siguió inseguro con la vista, mientras el soldado se alejaba unos metros de su auto, mientras se comunicaba por un teléfono a un lado de la cabina.
Mas delante de esa cabina, se encontraba un edificio, blanco, ventanas altas y enrejadas, parecía un hospital algo lúgubre, una base militar peculiar, no sería el tipo de edificio que pretendía encontrarse.
-Lo lamento señor, por razones de seguridad tendrá que dejar el vehículo aquí para continuar, nosotros nos encargaremos de estacionarlo. Espere un momento, vendrán por usted-
Nikolai bajo del vehículo, tomando alguna de sus cosas, camino hacia adelante, hasta ahora no lo había notado, pero la humedad del bosque hacia que el clima estuviera mas frio de lo normal, Niko, podía ver su respiración en el viento frio, trato de acomodarse sobre el capot de su coche, pero el metal frio no le permitía estar tan cómodo como esperaba.
Miro de nuevo el camino, y vio como el jeep militar se acercaba hacia él. Dos militares bajaron, tomaron sus maletas las subieron al jeep, antes de que Niko subiese también, dejo las llaves en manos del soldado que estaba en la cabina.
.... [Continuara...]
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