InicioApuntes Y MonografiasEl imperialismo europeo en África
De la expansión espontánea a la expansión planificada
En la historia de imperialismo europeo del siglo XIX podemos señalar dos fases: una que se extiende hasta 1882 y otra posterior a esa fecha.
Durante el primer periodo, la ocupación de territorios se debió a motivaciones locales y no respondía a un plan predeterminado. Las anexiones se hacían individualmente y en general respondían a determinadas circunstancias que se producían en la metrópoli, como por ejemplo la presión de un grupo que tenía intereses en la región, la necesidad de asegurar fronteras o rutas, la perspectiva de yacimientos metalíferos, o a conflictos que se desarrollaban en la periferia europea.
Por otro lado se sobreentendía que las zonas que ninguna potencia quería anexarse, los "espacios vacíos", seguían abiertas a las actividades de todos los países; fue lo que se llamó el principio de "puerta abierta".
Pero a partir de 1882 estas condiciones se modificaron sustancialmente. Las anexiones se realizaron desde entonces en el marco de acuerdos diplomáticos entre las distintas potencias, y los estados europeos se lanzaron a la conquista de la mayor cantidad posible de espacios vacíos, para evitar que fueran ocupados o reivindicados por el aumento del ritmo expansivo, el interés prioritario del Estado en la política colonial, el incremento del número de potencias interesadas en la colonización y las rivalidades entre las potencias coloniales.

El reparto en África
La primera zona de expansión europea en África fue el norte, el área islámico-mediterránea que, a comienzos del siglo XIX, se hallaba bajo la lejana soberanía del Imperio Turco. La apertura del Canal de Suez en 1869 otorgó una gran importancia a la zona, ya que su dominio abría la ruta tanto hacia el África negra como en el Asia. Sobre esta región avanzaron ingleses y franceses en la prosecución de dos proyectos geopolíticos antagónicos.
Los franceses se instalaron en Argelia (1830) y en Túnez (1881), con el objeto de extenderse hacia el este y el oeste y ponerse en contacto a través del Sahara con el interior africano. Por su parte los ingleses ocuparon Egipto (1822), colocándolo bajo su tutela en régimen de protectorado para controlar el Mediterráneo oriental y el mar Rojo y, siguiendo el Nilo, establecer un dominio continuado en torno al eje El Cairo-El Cabo. También África occidental presenció la rivalidad anglo-francesa. La expansión se inició partiendo de las bases costeras que poseían los países europeos, donde el tráfico de esclavos, en plena decadencia, fue sustituido por el lucrativo comercio de aceites vegetales, marfil y oro. En África central, la rivalidad entre las grandes potencias se complicó con la inserción de nuevos países en el reparto. La decisión de Bélgica de crear una colonia en el Congo desató una crisis internacional, ya que las demás potencias veían peligrar sus intereses comerciales.
En África oriental se encontraron los intereses convergentes de ingleses y alemanes, y África del sur se convirtió en una encrucijada cuyas fuerzas de tensión eran: las potencias coloniales, como Portugal, Inglaterra y Alemania, los pueblos nativos, como los bantúes y los colonos holandeses (bóers), que habían poblado la colonia del Cabo y ahora proyectaban extenderse al noroeste.
Hacia 1882, aún no se había completado la ocupación total del continente; la acción europea se centraba en áreas concretas, aunque rivalizando en sus respectivos proyectos de expansión. Ante este panorama, que ponía en peligro el frágil equilibrio de poder entre las naciones europeas y sus intereses económicos en el mundo, se llegó a la idea de celebrar una conferencia internacional que regulara la complicada situación creada. El anuncio de la conferencia intensificó las acciones de las potencias para apoderarse de territorios africanos. En noviembre de 1884 se celebró la Conferencia de Berlín, a la que asistieron 14 países europeos. En ella ningún estado africano estuvo representado. Como resultado de la reunión se estableció la libre navegación de los ríos Congo y Níger, se reconocieron las reivindicaciones de Bélgica sobre el Congo y se definieron las normas a que se debían ajustarse las potencias para las futuras reivindicaciones en África.
Los europeos se atribuían de esta manera el derecho de sancionar los principios para repartirse, conquistar y ocupar otro continente. En consecuencia se dio un enorme impulso a la expansión colonial, que trajo como consecuencia el sometimiento y la destrucción de los estados y sociedades africanas.

GLOSARIO
Protectorado
Limitación o supresión de la capacidad de obrar de un Estado en sus relaciones internacionales; dicha capacidad es suplida por unas o varias potencias administradoras. La potencia administradora ejerce la soberanía en el ámbito internacional en nombre y representación del Estado protegido. El protectorado puede ser pleno (el del Reino Unido sobre Egipto de 1914 hasta 1922; el de Francia y España sobre Marruecos, de 1912 hasta 1956) o mitigado (el que ejerce Francia sobre Mónaco desde el 17-VI-1918).
El protectorado aseguraba a la potencia dominadora un cierto control político sobre los datos locales, sin una auténtica posesión. El país conquistador se reservaba la política exterior y la explotación de determinadas riquezas del país, mientras que las autoridades nativas conservaban sus atribuciones políticas en el orden interno.
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