Noticias de Haroldo Conti a 32 años de su secuestro EL 19 DE MAYO DE 1976 TUVO LUGAR EL FAMOSO ALMUERZO DE VIDELA CON CUATRO ESCRITORES. FUE CUANDO EL PADRE LEONARDO CASTELLANI LE PIDIÓ AL DICTADOR POR LA VIDA DE HAROLDO CONTI. El secuestro y la desaparición de Haroldo Conti sigue siendo una marca profunda de la última dictadura militar. Mañana se cumplen 32 años del almuerzo en el que un sacerdote nacionalista le pidió a Jorge Rafael Videla por la vida del escritor. Un ruego que no fue escuchado. Conti es uno de los treinta mil desaparecidos. Al igual que muchos de ellos, su caso no tiene justicia. "Este es mi lugar de combate y de aquí no me voy". La consigna estaba escrita en latín y pegada detrás de su mesa de trabajo. Estaba amenazado pero no se fue. En la peor y más negra noche de la Argentina Conti decidió resistir. No por temeridad, sino por principios. "Uno elige. Me quedaré hasta que pueda, y después Dios verá", le escribió a su amigo Gabriel García Márquez. Se lo llevaron de su casa de Villa Crespo y lo desaparecieron en la madrugada del 5 de mayo. Tenía 51 años. La noche del secuestro había ido al cine con su mujer, Marta Scavac. Regresaron a la medianoche. Los esperaba un grupo de tareas del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército. En la casa estaba un amigo llegado de Córdoba, al cuidado de Ernesto, de tres meses, y de Myriam, de siete años. A los chicos los chacales los adormecieron con cloroformo. "Me ataron las manos detrás de la espalda y me cubrieron la cara y la cabeza. Lo mismo hicieron con Haroldo", contó años después la mujer. Fue la última vez que lo vio. De nada sirvieron las denuncias policiales ni los pedidos de hábeas corpus. Conti nació en el pueblo bonaerense de Chacabuco el 25 de mayo de 1925. A lo largo de su vida diferentes Haroldos vivieron en él: fue seminarista, maestro de escuela, guionista de cine y de teatro, profesor de latín. También camionero, piloto civil, nadador, navegante, náufrago. Y luego escritor y periodista. Almuerzo desnudo. En mayo de 1976, la fábrica del terror trabajaba a destajo. Videla comandaba la vida y la muerte de los argentinos. Sobre todo la muerte. Para blanquear la imagen del gobierno y mostrar una "moderación" que no tenían, la junta militar organizó un almuerzo el día 19 con des-tacados "hombres de la cultura". Los elegidos fueron los escritores Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato, el presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, Horacio Ratti, y el sacerdote Leonardo Castellani. El cura era considerado como uno de los ideólogos de la derecha católica y nacionalista argentina. A años luz del pensamiento político de Conti. Tuvo, sin embargo, un gesto poco frecuente. "Días atrás me visitó una persona que, con lágrimas en los ojos, me suplicó que intercediera por la vida de Haroldo", relató Castellani. "Anoté su nombre en un papel y se lo entregué a Videla. Lo recogió y aseguró que la paz iba a volver muy pronto al país", señaló. El dictador no cumplió. Castellani llegó a ver a Conti en julio de ese año. En una celda de Coordinación. No pudo hablar con él. El padre de Castellani también había sido periodista. Era director de "El independiente" de Reconquista, Chaco. Fue asesinado en su escritorio de trabajo. Una crónica de la época relata: "El mismo Castellani, poco antes de morir, dijo que sus sospechas recaían sobre la policía". Leonardo tenía siete años. Ese crimen, reconoció, lo marcó. Conti había conocido a Castellani en un seminario salesiano en el que estudió por seis años. No fueron amigos. "A veces tenía oportunidad de verlo de cerca. Sólo eso. Era un lejano y legendario fantasma que transitaba furtivamente por los pasillos penumbrosos del seminario, provocando gestos y cuchicheos entre nosotros, que lo admirábamos más bien de oídas". Así era el Castellani que Conti recordó en un especial de Crisis, la revista para la que colaboraba. La edición salió en mayo del 76, el mismo mes en el que fue secuestrado. La desaparición de Conti forma parte de la megacausa judicial conocida como "Primer Cuerpo de Ejército". El principal acusado era el represor Guillermo Suárez Masón. Pero el jefe de esa jurisdicción, y uno de los principales chacales de la dictadura, murió en 2005. El expediente investiga los crímenes cometidos en más de sesenta centros clandestinos de detención de Capital, Buenos Aires y La Pampa. La instrucción está a cargo del juez Daniel Rafe-cas. Es una megacausa con más de ochenta imputados: 45 procesados, la mitad de ellos excarcelados, y cuatro prófugos. Veinte murieron antes de ser juzgados. Hay otros siete militares acusados y con procesamientos confirmados por la Cámara Federal. Se los acusa de los delitos de "homicidio agravado por su comisión con alevosía, privación ilegal de la libertad y tormentos en reiteradas ocasiones". "La instrucción terminó pero aún no hay fecha de juicio", informaron desde la Secretaría de Derechos Humanos. No está claro en qué centros clandestinos de detención estuvo. Se cree que pasó por Campo de Mayo, Coordinación Federal y la ESMA. Dos testimonios presentados ante la justicia aseguran que lo vieron en "El Vesubio". El periodista Juan Gasparini fue uno de los primeros en investigar la desaparición. "Uno de sus presuntos victimarios, el parapolicial Luis Martínez, declaró en 1981 que podía esclarecer su caso. Le enrió una carta desde la cárcel a Cortázar, en París. Martínez cayó preso intentando cobrar en Suiza el rescate por un banquero uruguayo secuestrado en Argentina", contó el periodista desde Ginebra, donde vive. Nunca aportó datos precisos. Se cree que se trató de una maniobra del Ejército para culpar a la Marina. Hasta llegó a circular-una versión que señalaba que el amigo que estaba la noche del secuestro era un infiltrado, Rubén Búfano. "Fue una confusión. Está comprobado que la persona que estaba esa noche, y que sigue desaparecida, era integrante del frente cultural del PRT, con Haroldo. Fue una versión desdichada que ya fue desmentida", esclareció Rodolfo Mattarollo, consultor de la Secretaría de Derechos Humanos y amigo de Conti. Como Lorca . "Pienso que el crimen de Haroldo es de una magnitud colosal. Sólo comparable al asesinato de Federico García Lorca en la guerra civil española. El juicio penal que pudiera hacerse tiene un sentido de reafirmación de valores éticos. Pero la perdida que significa desde el punto de vista intelectual y humano es irreparable. Haroldo está, en ese aspecto, en una constelación de treinta mil desaparecidos ", analiza Mattarollo. Ernesto Agustín Conti. El nombre del hijo habla de la elección del padre. Ernesto por Guevara, Agustín por Tosco. Ernesto y su madre Marta estuvieron diez años exiliados. Un año y medio en la embajada de Cuba en Argentina. El resto en Cuba, México y Suecia. "Siempre estuve movilizado. Pero este último tiempo se despertó en mí la responsabilidad de esclarecer lo que pasó y de ponerle relato al recuerdo de mi viejo. Tener un papel más protagónico en la búsqueda de verdad y de justicia", confiesa. Para Ernesto, la llegada de justicia no "subsanará las heridas y el dolor". "Es una cicatriz -reconoce- que va a estar siempre abierta. Sí significará cerrar un círculo que sigue impune. Como sucede con miles de familias argentinas. Si pretendemos ser una Nación que garantice cierto orden institucional, sería una buena señal que se pueda avanzar en los juicios contra los represores." La obra de Conti, según su hijo, "fue silenciada". "Se borró una generación de pensadores y luchadores. El sistema omite y excluye a tipos que pretendieron otro modelo. Como Paco Urondo, Humberto Costantini, Rodolfo Walsh o mi viejo. No tienen una participación en el circuito comercial de la literatura argentina. No es casualidad. La mejor malera de saldar esa deuda es leyendo sus obras". Mattarollo recuerda una frase de Conti que lo definía entero: "Estamos diseñados para una eternidad y condenados a perecer". "Mi viejo era un buen tipo", aporta Ernesto. "Y quería que recordemos sus historias". Así lo pensaba su padre: "No sé si tiene sentido pero me digo: contá la historia de la gente como si cantaras en medio de un camino, despójate de toda pretensión y canta,' simplemente canta con todo tu corazón: que nadie recuerde tu nombre sino toda esa vieja y sencilla historia". Por Raúl Arcomano - Miradas al sur Fuente: http://www.gacemail.com.ar/Detalle.asp?NotaID=10225
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