La fortaleza de Santa Teresa
Aqui les traigo algo mas sobre mi pais,
espero les guste este lindo lugar..
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Vista Panoramica
Se ubica en las coordenadas -53.54861133°58′20″S 53°32′55″O, en el departamento de Rocha, Uruguay, a 305 km de Montevideo y a 36 km de la localidad internacional de Chuy, en la frontera con Brasil. Apenas dos kilómetros la separan del océano Atlántico. La Ruta 9, el antiguo Camino de la Angostura, transcurre a escasos 500 m de la fortaleza separándola de la laguna Negra, que dista 2 km al oeste. La fortaleza forma parte del parque nacional de Santa Teresa, creado para protegerla. Era parte de la antigua línea de Castillos Grande (Tratado de Madrid (1750)) y tenía la función de proteger el desfiladero de Angostura, vecino al monte de Castillos Grande, cerca de veinte km al sur de la laguna Merín.
Muralla
Posee la forma de un pentágono irregular, y sus cinco ángulos están terminados en bastiones salientes cuyos fuegos se cruzan, imposibilitando el escalamiento de los muros. El perímetro de la fortaleza mide 652 metros y toda ella ocupa una hectárea de superficie.
Los muros son gigantes, construidos con enorme sillería de granito, de estricta igualdad en sus dimensiones y perfectamente labradas. La pared exterior mide cerca de cuatro metros de espesor en la base y cerca de dos metros la interior, rellenado el espacio que media entre una y otra, un sólido terraplén que en algunos puntos tiene hasta 7 m de ancho. La altura de los muros por la parte exterior en algunos puntos alcanza a 11,5 m.
La fortaleza tiene cuarenta y una troneras para cañones, construidas artísticamente con grandes bloques de granito. Existen cinco garitas correspondientes a cada ángulo del pentágono, elegantemente construidas en forma de púlpito con piedras labradas.
Puertas
La puerta principal.
Está construida en sólida madera con forma de arco en la parte superior y mira al Oeste.
“La Puerta de socorro”. Mira hacia el Este, y es de menores proporciones que “la Puerta Principal”, la que los historiadores del siglo XIX denominan de esa manera.
Residencias
En el interior de la fortaleza podían alojarse unos 300 hombres. Las construcciones interiores, también realizadas con piedras de sillería, se conservan en perfecto estado desde la época colonial, habiendo sido restauradas con cuidado y repuestos sus techos. Esos edificios son los siguientes: cuarto de banderas y cuerpo de guardia, a los costados de la puerta principal; la mayoría, que antiguamente era el local destinado a la capilla, dos extensas cuadras; el polvorín, construidos con enormes sillares de granito y los calabozos.
Camposanto
El camposanto ubicado a corta distancia de la muralla Oeste, se usó desde la segunda mitad del siglo XVIII hasta más allá de la extinción de la fortaleza como tal, ya que continuó por largo tiempo en uso del vecindario.
Descansan allí personal de tropa, guarnición española del fuerte y de la zona, españoles, esclavos, indígenas y portugueses.
Pueden mencionarse así a Agustín Lipopisi y Félix Sayobí, dos caciques guaraníes de los pueblos misioneros de San Carlos y Chorpus, a Cecilia Maroñas, hija del español Francisco Maroñas, y la portuguesa María Espíndola, a uno de los hijos del Comandante Alagón, atacado por un puma en el Potrerillo, y tantos otros.
Se señala como el primer sector que se restauró. Si bien su estado de conservación no era bueno, mantenía su trazado original y las piedras, aunque derrumbadas, estaban en su lugar. Las pequeñas cruces de piedra son las originales, no así la gran cruz de piedra, que fue tallada por el maestro pedrero Juan Buzzalini que actuó en todo el proceso de restauración del fuerte.
Expresa Horacio Arredondo: "Yo rindo homenaje y me inclino reverente ante el recuerdo de esos pobres hombres muchos de los cuales duermen el sueño eterno en el humilde camposanto de la fortaleza, cuyas paredes fue lo primero en restaurarse sacrificándose en el Día de los Difuntos buena parte de las flores del parque, como excepción, pues el resto del año está prohibido cortar una flor".
Su Historia
La actual Fortaleza de Santa Teresa fue construida por la corona española, aunque su fundación y nombre se deben a Portugal. En el breve período de octubre de 1762 a 1775 se construyeron tres fortificaciones.
La firma del Tratado de El Pardo (1761) anulaba en la práctica el Tratado de Madrid (1750), por lo que el gobernador y capitán general de la capitanía de Río de Janeiro, Gomes Freire de Andrade, conde de Bobadela, se anticipó a las consecuencias del mismo para la región sur, que conocía bien. Ordenó al gobernador de la Colonia del Río Grande de Sao Pedro, coronel Elói Madureira, el envío inmediato de tropas de Laguna hacia la Línea de Castillos Grande. Las tropas fueron al mando del teniente coronel Tomás Luis de Osorio, comandante de las tropas de Caballería del Regimiento dos Dragones y del Fuerte Jesús, María, José de Río Pardo.
Reuniendo poco más de mil hombres, la estrategia portuguesa era la de construir rápidamente una línea defensiva fortificada, al sur del Fuerte de San Miguel en el arroyo Chuí, para detener la invasión española en progreso, después de la conquista de la Colonia del Sacramento en octubre de 1762 por el gobernador de Buenos Aires, Pedro de Ceballos, al frente de cerca de tres mil hombres reunidos en Maldonado.
Osorio hizo construir una fortificación de campaña en diciembre de 1762, guarneciéndola con cerca de 400 soldados y artillándola con algunas piezas de pequeño calibre. El lugar elegido fue el desfiladero de Angostura cerca del monte de Castillos Grande, cerrando el camino terrestre junto al litoral, que iba desde la Colonia del Sacramento hacia la villa de Río Grande.
Folclore y leyendas
La siguiente leyenda fue escrita por Baltasar Brum en 1930 donde relata la formación de los cerros haciendo hincapié en el origen del Cerro Verde (la versión original y completa se encuentra en La Fortaleza de Santa Teresa).
“ El Corazón de piedra de la sirena”
Según cuenta la leyenda: “los espíritus elementales que poblaban los mares y las tierras, cuando triunfó allá el cristianismo emigraron a nuestro continente en busca de tranquilidad, pero fueron descubiertos y perdieron la libertad. Amantes de la belleza y de la paz rehusaron combatir con los dioses humanos, entonces en una gran asamblea decidieron la mutación general en formas recordatorias de sus pasiones. Los terrestres se refugiaron en las flores, árboles, piñas, insectos, los marinos en los cabos, puntas, arrecifes, algas, delfines, lobos.
Cinco sirenas Caaibaté, Maci, Manipeya, Cuñataí, Alúa que vivían en los mares se transformaron en el Cerro Verde, y las puntas de la Fortaleza, Moza, Chato, del Barco o del Naufragio y Árido. Caaibaté, era una sirena amada por el sur y el norte, correspondiendo al primero y desdeñando al segundo. Metamorfoseada en el Cerro Verde sufre el eterno rigor del norte, amante despechado, que con el auxilio del levante y el poniente, proveedores de arena le aísla de la tierra, intentando cubrirla con sus dunas. Lo evita el sur, al hacer circular con la caricia de su soplo la savia emanada del corazón de la sirena para dar vida a la vegetación de primoroso verdor que lo recubre en una defensa triunfal del amor sobre el odio”.
magenes de la Fortaleza
Playas