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Caballeros Templarios

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Estaba boludeando cuando me picó la duda por los templarios, me metí en Wiki y me gustó la info y dije "puta la posteo para al que le interese sepa" asi que ahi va Caballeros Templarios Los Caballeros Templarios o La Orden del Temple fue una orden medieval de carácter religioso y militar, nacida después de la primera cruzada. Fue fundada en Jerusalén, en 1118 por nueve caballeros franceses, con Hugo de Payens a la cabeza. En sus inicios su denominación oficial fue Orden de los Pobres Caballeros de Cristo (Pauperes Conmilitones Christi); pero más tarde fueron conocidos comúnmente como Caballeros templarios o Caballeros del Templo de Salomón (Milites Templi Salomonis), denominación surgida tras instalarse en el antiguo templo de Salomón. La designación de Orden del Temple es la traducción al francés de la denominación en latín, siendo muy extendida dados los amplios lazos Templarios con Francia. Sello de los Caballeros Templarios, con su conocida imagen de dos caballeros subidos en un caballo, símbolo de su inicial pobreza. El texto está escrito en caracteres griegos y latinos Sigillum Militum Xpisti: que significa "El sello de los soldados de Cristo". Historia Fundación y Primeros Tiempos Apenas creado el reino de Jerusalén y elegido Balduino I como su primer Rey, algunos de los caballeros que participaron en la Cruzada decidieron quedarse a defender los Santos Lugares, y a los peregrinos cristianos que iban a ellos. Ésta fue, en principio, la misión confesada de los nueve caballeros fundadores, añadida (claro está) a la de la defensa de esos Santos Lugares. Naturalmente, ello debió ser muy del agrado de Balduino I, necesitado como estaba de organizar un reino y que no podía dedicar muchos esfuerzos a la protección de los caminos, porque no contaba con efectivos suficientes para hacerlo. Ésto, más el añadido de que Hugo de Payens era pariente del Conde de Champaña (y probablemente pariente lejano del mismo Balduino), llevó al rey a conceder a esos caballeros un lugar donde reposar y mantener sus equipos, otorgándoles derechos y privilegios, entre los que se contaba un alojamiento en su propio palacio, que no era sino la Mezquita de Al-Aqsa, que se encontraba a la sazón incluida en lo que en su día había sido el recinto del Templo de Salomón. Y cuando Balduino abandonó la mezquita y sus aledaños como palacio para fijar el Trono en la Torre de David, todas las instalaciones pasaron, de hecho, a los Templarios, que de esta manera adquirieron no sólo su cuartel general, sino su nombre. Además de ello, el Rey Balduino se ocupó de escribir cartas a los Reyes y Príncipes más importantes de Europa a fin de que prestaran su ayuda a la recién nacida orden, que había sido bien recibida no sólo por el poder temporal, sino también por el eclesiástico, ya que fue el Patriarca de Jerusalén la primera autoridad de la Iglesia que la aprobó canónicamente. Nueve años después de la creación de la misma en Jerusalen, en 1128 se reunió el llamado Concilio de Troyes que se encargaría de redactar la regla para la recién nacida orden de los Pobres Caballeros de Cristo. El concilio fue encabezado por el legado pontificio D'Albano y a el acudieron los obispos de Chartres, Reims, París, Sens, Soissons, Troyes, Orleans, Auxerre y demás casas eclesiásticas de Francia. Hubo también varios abades como Etiene Harding, mentor de San Bernardo, el propio San Bernardo; y laicos como el Conde de Champaña y el Conde de Nevers. Ante la asamblea Hugo de Payens expuso las necesidades de la orden, y se decidieron artículo por artículo hasta los más nimios detalles de ésta, como podían ser desde los ayunos hasta la manera de llevar el peinado, pasando por rezos, oraciones e incluso armamento. La regla del temple más antigua que se conoce es la concedida por San Bernardo al Patriarca de Jerusalen y que éste reformó antes de entregársela a Hugo de Payens. La orden constaba de un acta oficial del Concilio y un reglamento de 72 artículos entre los que se encontraban algunos como: Articulo X: Del comer carne en la semana. En la semana, sino es en el dia de Pascua de Natividad, o Resurrección, o festividad de nuestra Señora, o de Todos los Santos, que caygan, basta comerla en tres veces, o dias, porque la costumbre de comerla, se entiende es corrupción de los cuerpos. Si el Martes fuere de ayuno, el Miercoles se os de con abundancia. En el Domingo, assi a los Cavalleros, como a los Capellanes, se les de sin duda dos manjares, en honra de la santa Resurrección; los demás sirvientes se contenten con uno, y den gracias a Dios. Este ejemplo denota lo meticulosa que pudo llegar a ser esta primera regla. Una vez redactada y entregada al patriarca de Jerusalén; éste la modificó eliminando doce artículos e introduciendo veinticuatro nuevos entre los cuales se encontraba la referencia a vestir solo el manto blanco entre los caballeros. El atuendo del caballero templario, es decir, la cruz paté roja sobre manto blanco fue otorgada a la orden por medio del patriarca de Jerusalén Balduino I, quien al llegar al poder, sustituyó a los veinte canónigos que su antecesor Godofredo de Bouillon colocara en el santo sepulcro dándoles el sobrenombre de Orden del Santo Sepulcro, por veinte caballeros templarios haciéndoles vestir con los ropajes de sus predecesores. El manto blanco simbolizaba la inocencia y pureza del caballero mientras que la cruz roja, simbolizaba su martirio. Una vez redactada la regla básica, cinco de los nueve integrantes de la orden viajaron encabezados por Hugo de Payens, por Francia primero y por el resto de Europa después, recogiendo donaciones y alistando caballeros en sus filas. Se dirigieron primero a los lugares de los que provenían, con la seguridad de su aceptación y asegurándose cuantiosas donaciones. En este periplo consiguieron reclutar en poco tiempo una cifra cercana a los 300 caballeros sin contar escuderos, hombres de armas o pajes. Importante fue para la orden la ayuda que en Europa les concedió el abad San Bernardo de Claraval que debido a los parentescos y las cercanías con varios de los 9 primeros caballeros, se esforzó sobremanera en dar a conocimiento a la Orden gracias a sus altas influencias en Europa, sobre todo en la Corte Papal. San Bernardo era sobrino de André de Montbard, quinto Gran Maestre de la Orden, y primo por parte de madre de Hugo de Payens. Era también un fanático religioso que había sabido granjearse la confianza de media Europa hasta el punto de ser tan admirado como temido. Luchó contra la orden de Cluny y contra Pedro Abelardo, brillante maestro de la época cuyas enseñanzas Bernardo encontraba peligrosas. Así pues era de esperar que San Bernardo aconsejara a la orden una regla rígida y que les hiciera aplicarse a ella en cuerpo y alma. Participó en su redacción en 1128 en el Concilio de Troyes introduciendo numerosas enmiendas en el texto básico que redactó el patriarca de Jerusalén, Etienne de la Ferté. Y ayudó posteriormente de nuevo, a Hugo de Payens redactando una serie de cartas en las que defendía a la Orden Del Temple como el verdadero ideal de la caballería e invitaba a las masas a unirse a ella. Los privilegios de la Orden fueron confirmados por las bulas Omne datum optimum (1139), Milites Templi (1144) y Militia Dei (1145). En ellas, de manera resumida, se daba a los Caballeros del Temple una autonomía formal y real respecto a los Obispos, dejándolos sujetos tan sólo a la autoridad papal; se les excluía de la jurisdicción civil y eclesiástica; se les permitía tener sus propios capellanes y sacerdotes, pertenecientes a la Orden; se les permitía recaudar bienes y dinero de variadas formas (por ejemplo, tenían derecho de óbolo -esto es, las limosnas que se entregaban en todas las Iglesias- una vez al año). Además, estas bulas papales les daban derecho sobre las conquistas en Tierra Santa, y les concedía atribuciones para construir fortalezas e iglesias propias, lo que les dio gran independencia y poder. Durante su estancia inicial en Jerusalén se dedicaron únicamente a escoltar a los peregrinos que acudían a los santos lugares, y ya que su escaso número (9) no permitía que realizaran actuaciones de mayor magnitud, se instalaron en el desfiladero de Athlit protegiendo los pasos cerca de Cesarea. Hay que tener en cuenta, de todas maneras, que sabemos que eran nueve caballeros, pero, siguiendo las costumbres de la época, no se conoce exactamente cuántas personas componían en verdad la Orden en principio, ya que los caballeros tenían todos ellos un séquito, menor o mayor. Se ha venido en considerar que, por cada caballero, habría que contar tres o cuatro personas, por lo que estaríamos hablando de unas 30–50 personas, entre caballeros, peones, escuderos, servidores, etc. Sin embargo, su número aumentó de manera significativa al ser aprobada su regla y ese fue el inicio de la gran expansión de los pauvres chevaliers du temple (en francés: pobres caballeros del templo). Hacia 1170, unos 50 años después de su fundación, los Caballeros de la Orden del Temple se extendían ya por tierras de lo que hoy es Francia, Alemania, el Reino Unido, España y Portugal. Esta expansión territorial contribuyó al enorme incremento de su riqueza que pronto no tuvo igual en todos los reinos de Europa. El principio del Fin Pero las derrotas ante Saladino les hacen retroceder en Tierra Santa; así en la batalla de los Cuernos de Hattin que tuvo lugar el 4 de julio del año 1187 en Tierra Santa, al Oeste del Mar de Galilea, en el desfiladero conocido como Cuernos de Hattin (Qurun-hattun), el ejército cruzado, formado principalmente por contingentes Templarios y Hospitalarios a las órdenes de Guido de Lusignan, rey de Jerusalén, y Reinaldo de Chatillon, se enfrentó a las tropas del sultán de Egipto, Saladino. Este, les inflingió una tremeda derrota, en la que murieron el Gran Maestre de los templarios y muchos de sus caballeros, aparte de las bajas hospitalarias. Saladino tomó posesión de Jerusalén y terminó de un manotazo con el Reino que había fundado Balduino; sin embargo, la presión de la Tercera Cruzada y, sobre todo, el buen hacer de Ricardo I de Inglaterra (llamado Corazón de León) lograron de Saladino un acuerdo para convertir Jerusalén en una especia de "ciudad libre" para el peregrinaje. Despúes del desastre de Hattin, las cosas fueron de mal en peor y en 1244 cae definitivamente Jerusalén, y los Templarios se ven obligados a mudar sus cuarteles generales a San Juan de Acre, junto con las otras dos grandes órdenes monástico-militares, los Hospitalarios y los Caballeros Teutónicos. Las posteriores Cruzadas (esto es, la Cuarta, la Quinta y la Sexta), a las que evidentemente se alistaron los templarios, o no tuvieron un reflejo práctico en Tierra Santa o fueron episodios demenciales (como la toma de Bizancio en la Cuarta Cruzada) En 1248, Luis IX de Francia (después conocido como San Luis) decide convocar la Séptima Cruzada, y la lidera, pero no a Tierra Santa, sino a Egipto. El error táctico del Rey y las pestes que sufrieron los ejércitos cruzados, les llevaron a la derrota de Mansura y al desastre posterior en el que el propio Luis IX cayó prisionero. Y fueron los templarios, tenidos en alta estima por sus enemigos, los que negociaron la paz y los que prestarían a Luis la fabulosa suma que componía el rescate que debía pagar por su persona. En 1291 cae San Juan de Acre, con los últimos templarios luchando junto a su Maestre, lo que constituyó el fin de la presencia cruzada en Tierra Santa, pero no el fin de la Orden, que mudó su Cuartel General a Chipre tras comprar la isla. Tras su expulsión de Tierra Santa Los templarios intentarían reconquistar cabezas de puente para su nueva penetración en el Oriente Medio desde Chipre, siendo la única de las tres grandes órdenes de caballería que lo hizo, pues tanto los Hospitalarios como los Caballeros Teutónicos dirigieron sus intereses a diferentes lugares. Este esfuerzo se revelaría a la postre inútil, no tanto por la falta de medios o de voluntad, como por el hecho de que la mentalidad había cambiado y a ningún poder de Europa le interesaba ya la conquista de los Santos Lugares, con lo que los templarios se hallaron solos. De hecho, al parecer, una de las razones por las que Jacques de Molay se encontraba en Francia cuando lo capturaron era la intención de convencer al rey francés de emprender una nueva Cruzada. El final de la Orden Felipe IV de Francia, el Hermoso, ante las deudas que su país había adquirido, entre otras cosas, por el préstamo que su abuelo Luis IX solicitó para pagar su rescate tras ser capturado en la VII Cruzada, y su deseo de un estado fuerte, con el rey concentrando todo el poder (que entre otros obstáculos, debía superar el poder de la Iglesia y las diversas órdenes religiosas como los templarios), convenció (o más bien, intimidó) al Papa Clemente V, fuertemente ligado a Francia, pues era de su hechura, de que iniciase un proceso contra los templarios acusándolos de sacrilegio a la cruz, herejía, sodomía y adoración a ídolos paganos (se les acusó de escupir sobre la cruz, renegar de Cristo a través de la práctica de ritos heréticos, de adorar a Baphomet y de tener contacto homosexual, entre otras cosas). En ésta labor contó con la inestimable ayuda de Guillermo de Nogaret, canciller del reino, famoso en la historia por haber sido el estratega del incidente de Anagni, en el que Sciarra Colonna había abofeteado al Papa Bonifacio VIII con lo que el Sumo Pontífice había muerto de humillación al cabo de un mes; del Inquisidor General de Francia, Guillermo Imberto, más conocido como Guillermo de París; y de Eguerrand de Marigny, quien al final se apoderará del tesoro del Temple y lo administrará en nombre del Rey, hasta que sea transferido a la Orden de los Hospitalarios. Para ello se sirvieron de las acusaciones de un tal Esquieu de Floyran, espía a las órdenes tanto de la Corona de Francia como de la Corona de Aragón. Parece ser que este Esquieu le fue a Jaime II de Aragón con la especie de que un prisionero templario, con quien había compartido una celda, le había confesado los pecados de la Orden; Jaime no le creyó y lo echó "con cajas destempladas"..., así que Esquieu se fue a Francia a contarle el cuento a Guillermo de Nogaret, que no tenía más voluntad que la del Rey, y que, creyera o no creyera en el mismo, no perdió la oportunidad de usarlo como pie para montar el dispositivo que, a la postre, llevó a la disolución de la Orden. Felipe despachó correos a todos los lugares de su reino con órdenes estrictas de no ser abiertos hasta un día concreto, el anterior a al viernes 13 de octubre de 1307 en lo que se podría decir que fué una operación conjunta simultánea en toda Francia; en ésos pliegos se ordenaba la detención de todos los templarios y el requisamiento de sus bienes. Jacques de Molay, último gran maestre de la orden, y 140 templarios fueron encarcelados y seguidamente sometidos a torturas, método por el cuál consiguieron que la mayoría de los acusados se declararan culpables de los cargos, inventados o no. Cierto es que algunos efectuaron similares confesiones sin el uso de la tortura, pero lo hicieron por miedo a ella; la amenaza había sido suficiente. Tal era el caso del mismo gran maestre, Jacques de Molay, quien luego admitió haber mentido para salvar la vida. Llevada a cabo sin la autorización del Papa, quien tenía a las órdenes militares bajo su jurisdicción inmediata, esta investigación era radicalmente corrupta en cuanto a su finalidad y a sus procedimientos, pues los templarios habían de ser juzgados con respecto al derecho Canónico y no por la justicia ordinaria. Esta descarada intervención del poder temporal en la esfera de personas que estaban aforadas y sometidas por ello a la jurisdicción papal, no sólo produjo de Clemente V una enérgica protesta, sino que el Pontífice anuló el juicio íntegramente y suspendió los poderes de los obispos y sus inquisidores. No obstante, la acusación había sido admitida y permanecería como la base irrevocable de todos los procesos subsiguientes. Felipe el Hermoso sacó ventaja del "desenmascaramiento", y se hizo otorgar por la Universidad de París el título de «campeón y defensor de la fe», y, en los Estados Generales convocados en Tours supo poner a la opinión pública en contra de los supuestos crímenes de los templarios . Más aún, logró que se confirmaran delante del Papa las confesiones de setenta y dos presuntos templarios acusados, quienes habían sido expresamente elegidos y entrenados de antemano. En vista de esta "investigación" realizada en Poitiers (junio de 1308), el Papa, que hasta entonces había permanecido escéptico, finalmente se mostró interesado y abrió una nueva comisión, cuyo proceso él mismo dirigió. Reservó la causa de la Orden a la comisión papal, dejando el juicio de los individuos en manos de las comisiones diocesanas, a las que devolvió sus poderes. La comisión papal asignada al examen de la causa de la Orden había asumido sus deberes y reunió la documentación que habría de ser sometida al Papa y al Concilio General convocado para decidir sobre el destino final de la Orden. La culpabilidad de las personas aisladas, que se evaluaba según lo establecido, no entrañaba la culpabilidad de la orden. Aunque la defensa del Temple fue efectuada deficientemente, no se pudo probar que la orden, como cuerpo, profesara doctrina herética alguna o que una regla secreta, distinta de la regla oficial, fuese practicada. En consecuencia, en el Concilio General de Vienne, en el Delfinado, el 16 de octubre de 1311, la mayoría fue favorable al mantenimiento de la Orden, pero el Papa, indeciso y hostigado por la corona de Francia principalmente, adoptó una solución salomónica: decretó la disolución, no la condenación , y no por sentencia penal, sino por un decreto apostólico (bula Vox clamantis del 22 de marzo de 1312). El Papa reservó para su propio arbitrio la causa del Gran Maestre y de sus tres primeros dignatarios. Ellos habían confesado su culpabilidad y sólo quedaba reconciliarlos con la Iglesia una vez que hubiesen atestiguado su arrepentimiento con la solemnidad acostumbrada. Para darle más publicidad a esta solemnidad, delante de la catedral de Nôtre-Dame fue erigida una plataforma para la lectura de la sentencia, pero en el momento supremo, Molay recuperó su coraje y proclamó la inocencia de los templarios y la falsedad de sus propias supuestas confesiones. En reparación por este deplorable instante de debilidad, se declaró dispuesto al sacrificio de su vida y fue arrestado inmediatamente como herético reincidente, junto a otro dignatario que eligió compartir su destino, y fue quemado junto a Geoffroy de Charnay atados a una estaca frente a las puertas de Notre Dame en l'Ille de France el día de la Candelaria (18 de marzo) de 1314. En los otros países europeos, las acusaciones no fueron tan severas, y sus miembros fueron absueltos, pero, a raíz de la disolución de la orden, los templarios fueron dispersados. Sus bienes fueron repartidos entre los diversos Estados y la Orden de los Hospitalarios: en la península ibérica pasaron a la corona de Aragón en el este peninsular, de Castilla en el centro y norte, de Portugal en el oeste y a la Orden de los Caballeros Hospitalarios, si bien tanto en un reino como en otro surgieron diversas órdenes militares que tomaron el relevo a la disuelta, como la Orden de los Frates de Cáceres o de Santiago, la Montesa (en Aragón), la Calatrava o la Álcantara, a las que se concedió la custodia de los bienes requisados. En Portugal el rey Dionisio les restituye en 1317 como "Militia Christi" o Caballeros de Cristo, asegurando así las pertenencias (por ejemplo, el Castillo de Tomar) de la orden en este país. En Polonia los Hospitalarios recibieron la totalidad de las posesiones de los Templarios. Después de que el Papa dio la orden por disuelta, en Portugal, los templarios cambiaron su nombre a Caballeros de Cristo y algunos supervivientes de Francia pudieron haber escapado a lugares como Suiza o Escocia y otros reinos y señoríos aledaños. Actualmente se encuentra en los archivos secretos vaticanos el pergamino de Chinon, que contiene la absolución del papa Clemente V a los Templarios. Aun cuando este documento tiene una gran importancia histórica, pues demuestra la vacilación del Papa, nunca fue oficial y aparece fechado con anterioridad a las Bulas "Vox in excelso", "Ad providam" y "Considerantes", donde se procedió a la disolución de la Orden y la distribución de sus bienes. Así, según el texto de "Vox in excelso": "Nos suprimimos (...) la Orden de los templarios, y su regla, hábito y nombre, mediante un decreto inviolable y perpetuo, y prohibimos enteramente Nos que nadie, en lo sucesivo, entre en la Orden o reciba o use su hábito o presuma de comportarse como un templario. Si alguien actuare en este sentido, incurre automáticamente en excomunión". En concreto el Manuscrito de Chinon está fechado en agosto de 1308. En esas mismas fechas (agosto de 1308), el Papa emite la Bula "Facians Misericordiam", donde confirma la devolución de la jurisdicción a los inquisidores y emite el documento de acusación a los templarios, con 87 artículos de acusación. Asimismo, emite la bula "Regnans in coelis", por la que convoca el Concilio de Vienne. Por tanto, estas dos bulas, que sí fueron promulgadas oficialmente, tienen validez desde el punto de vista canónico, mientras que el documento de Chinon es un mero "borrador" de gran importancia histórica, pero escasa importancia jurídica. Processus contra Templarios El jueves 25 de octubre de 2007, los responsables del Archivo Vaticano publicaron el documento “Processus contra Templarios”, que recopila el Pergamino de Chinon, o las actas de exculpación del Vaticano a la Orden del Temple, precisamente el año en que se conmemora el 700 aniversario del inicio de la persecución contra el Temple. El acto tuvo lugar en la Sala Vecchia del Sínodo, en el Vaticano, con la asistencia de Raffaele Farina, archivista bibliotecario de la Santa Romana Chiesa; Sergio Pagano, prefecto del Archivo Secreto Vaticano; Bárbara Frale, descubridora del pergamino y oficial del archivo; Marco Maiorino, oficial del archivo; Franco Cardini, medievalista y Valerio Massimo Manfredi, arqueólogo y escritor. Los documentos que sirvieron al Tribunal papal para decidir la suerte de los templarios se encuentran en el Archivo Secreto del Vaticano, y se habían extraviado desde el siglo XVI, tras que un archivero los guardase en un lugar erróneo. En 2001, la investigadora italiana Bárbara Frale los encontró y su estudio mostró que el Papa Clemente V no quiso en principio condenar a los Templarios, aunque finalmente, cediendo a las presiones francesas, terminaría haciéndolo. El "Pergamino de Chinon", uno de los documentos del volumen "Processus contra Templarios" presentado por el Vaticano, corrige la leyenda negra sobre los Orden y muestra la voluntad personal del papa Clemente V. A pesar de ello, y habida cuenta de que el "Pergamino de Chinon" es anterior a la fecha de las bulas papales de disolución de los Templarios, en realidad aquel quedó como una expresión de la conciencia personal del Papa. En cambio, la postura oficial de la Iglesia es la de la Disolución de la Orden. En efecto, el documento de Chinón data de agosto de 1308. Ese mismo mes de agosto de 1308, el Papa promulga la bula "Facians Misericordiam", por la que se devolvió a los inquisidores su jurisdicción. En la segunda sesión del Concilio de Vienne, el 3 de abril de 1312, se aprueba la Bula Vox in Excelso, emitida por el propio Papa Clemente V el 22 de marzo de 1312, confirmada por la Bula Ad Providam de 2 de mayo de 1312. En ambas se declara la disolución definitiva de la Orden. Processus contra Templarios establece que: 1. El Papa Clemente V no estuvo convencido de la culpabilidad de la Orden del Temple. 2. La Orden del Temple, su Gran Maestre Jacques de Molay y el resto de los templarios arrestados, muchos de ellos ajusticiados posteriormente, fueron absueltos por el Santo Padre. 3. El Temple nunca fue condenado, sino disuelto, fijando la pena de excomunión a quien quisiera reeditar la Orden. 4. El Papa Clemente V no creyó en las acusaciones de herejía y por ello permitió a los templarios ajusticiados recibir los Sacramentos, a pesar de lo cual, fueron ajusticiados en la forma en que la jurisdicción canónica establecía para los herejes relapsos (aquellos que después de confesar, se echan atrás en sus confesiones) 5. Clemente V negó las acusaciones de traición, herejía y sodomía con las que el Rey de Francia acusó al Temple, no obstante lo cual, convocó el Concilio de Vienne para confirmar dichas acusaciones. 6. El proceso y martirio de templarios fue un “sacrificio” para evitar un cisma en la Iglesia Católica, que no compartía en su gran parte las acusaciones del Rey de Francia, y muy especialmente de la Iglesia francesa. 7. Las acusaciones fueron falsas y las confesiones conseguidas bajo torturas. En resumen, a la vista de los documentos históricos cabe resumir que, aunque el Papa Clemente V intentara en su fuero interno evitar la condena a los templarios, su debilidad frente a Felipe V de Francia hizo que continuara con el proceso de disolución de la Orden. Este proceso de disolución acaba en 1312. Recojamos en este punto lo que la Bula Ad Providam, que no ha sido a día de hoy derogada, dice al respecto: "...Hace poco, Nos, hemos suprimido definitivamente y perpetuamente la Orden de la Caballería del Templo de Jerusalén a causa de los abominables, incluso impronunciables, hechos de su Maestre, hermanos y otras personas de la Orden en todas partes del mundo... Con la aprobación del sacro concilio, Nos, abolimos la constitución de la Orden, su hábito y nombre, no sin amargura en el corazón. Nos, hicimos esto no mediante sentencia definitiva, pues esto sería ilegal en conformidad con las inquisiciones y procesos seguidos, sino mediante orden o provisión apostólica." Especulaciones y misterios La orden del Temple ha estado siempre vinculada con historias, leyendas, y mitos de los cuales no existen pruebas plausibles y concluyentes. El hecho de que la orden naciera bajo el dominio expreso de solamente nueve caballeros y se mantuviera fuertemente así durante un periodo de nueve años, a pesar de los esfuerzos de Balduino I por hacerles reclutar más caballeros, ha dado origen a las historias y leyendas de la Orden que afirman que se establecieron en Jerusalen buscando "algo" que tardaron nueve años en encontrar. Ésta es la más básica de las leyendas sobre los templarios y se apoya en el hecho de que el conde de la Champaña a menudo mantuvo una linea de contacto entre San Bernardo y los templarios de Jerusalen, de hecho, es sabido que al conde lo denominaban como el décimo caballero que fundó la orden. Entre los temas más destacados podemos encontrar las leyendas sobre el descubrimiento del Santo Grial, en cualquiera de las acepciones que conforman la leyenda. También se cuenta que en ese periodo de nueve años que los monjes pasaron en el templo de Salomón, excavaron y encontraron un fabuloso tesoro, que podía ser, desde el antiguo tesoro del Rey Salomón que las crónicas daban por expoliado hasta el Arca de la Alianza que es leyenda que se hallaba enterrada bajo el templo. Numerosas son las leyendas que ha rodeado a la orden, a su fundación, a su final y a su tesoro; a continuación, se detallarán algunas de las más famosas: La Leyenda del Viernes 13 Se asocia normalmente al juicio de los templarios la aciaga leyenda de este día. Sin embargo, el 13 es un número relacionado con la mala suerte en muchas culturas, mientras que la detención masiva de los templarios en un viernes 13 sólo ocurrió en Francia,cuando por orden del rey, todos los caballeros de la orden fueron detenidos. Cátaros y albigenses Con frecuencia, la literatura esotérica sobre los templarios incluye a los cátaros, una herejía medieval que también plantea numerosas incógnitas. Esta relación se ve reforzada porque ambos grupos tenían su mayor implantación en el sur de Francia. Es factible que cátaros ingresaran en la orden, de lo cual existen registros en la encomienda de Másdeu, por ejemplo. Probablemente podría acudirse a un mutuo sentimiento de simpatía en ciertas regiones muy determinadas de Francia o de la Corona de Aragón. Pero, desde luego, puede afirmarse con rotundidad que la generalidad de los templarios no fueron adeptos al catarismo. El tesoro de los templarios El tesoro de los Templarios, sea cual fuere la naturaleza de éste, también es otro tema muy dado a la fantasía. Las riquezas de los templarios parecen haber sido el motivo de Felipe de Francia para eliminar a la orden. Sin embargo, la leyenda dice que cuando tomó posesión de los edificios del Temple en París, no pudo encontrarlo. ¿Dónde está, pues, ese tesoro, si es que no se encontró? Hay varias opciones: la primera, en el castillo de Arginy, en la región francesa de Beaujolais, donde la tradición dice que el templario Francisco de Beaujeu escondió el tesoro del "Vieux Temple", y donde los Rosemont, propietarios del castillo desde 1883, hicieron numerosas excavaciones que abandonaron por "miedo", y donde se han realizado varias investigaciones y reuniones de sociedades secretas, pero donde nunca se ha logrado encontrar nada. La segunda, en el castillo de Gisors, cerca de París. Allí, en 1944, Roger Lhomoy (jardinero) excavó un túnel debajo del castillo, tras el que dice que encontró una capilla románica, con 19 sarcófagos y treinta armarios de metal noble. Comunicó su hallazgo a las autoridades pero nadie le hizo caso. Incluso después, ciertas autoridades arqueológicas le tildaron de enfermo mental. Pero, tesoro o no tesoro, parece ser que en 1964, la zona fue militarizada, controlada por el ejército y fuertemente vigilada. Lo cierto es que tras la disolución de la orden del Temple hubo un reflote de la moneda de plata francesa. Como es bien sabido, en estas economías medievales, la devaluación de una moneda estaba en proporción directa con la cantidad de metal noble con el que se acuñaban. Ese repunte de la moneda francesa indica bien a las claras que Felipe el Hermoso obtuvo, en las mismas fechas, una ingente cantidad de plata que no pudo obtenerlas de las recientemente agotadas minas de plata francesa, ni tampoco del expolio realizado a los judíos tan sólo tres años antes. Este repunte en la economía francesa coincide contablemente con la caída del Temple. La flota templaria La flota templaria anclada en La Rochelle es otro misterio, pues se desvaneció como si nunca hubiera existido. Hay constancia histórica de la existencia de esa flota, pero lo cierto es que Felipe "el Hermoso" nunca pudo echar mano de ella. También existe documentación que afirma que la mañana del 13 de Octubre de 1307, doce galeras con la cruz paté en sus velas partieron del puerto de la Rochelle con rumbo desconocido y que una de ellas fue avistada al norte de Escocia acercándose a tierra firme. El destino de la flota es un misterio. La teoría más factible asegura que la flota se dirigió costeando Inglaterra e Irlanda hasta Escocia, donde a la sazón reinaba Robert Bruce, que estaba excomulgado por el Papa Clemente y cuyos territorios estaban colocados en interdicto. Reino en el que, evidentemente, el rey no tendría muchos reparos en no cumplir las bulas papales y que se hallaba inmerso en una lucha a vida o muerte con Inglaterra, razón por la cual Robert Bruce debería haber acogido con los brazos abiertos a los caballeros templarios, expertos guerreros. Se llega a decir que la victoria decisiva de Escocia sobre Inglaterra en la Batalla de Bannockburn fue debida a una carga de caballeros templarios. Las teorías más fantasiosas llegan a hacerla viajar a América a pesar de las dificultades técnicas de la época. Las supuestas pruebas (en las leyendas de los nativos precolombinos) son, cuando menos, dudosas. Relaciones con la Orden de Sión Hay una leyenda que afirma el acercamiento entre ambas ordenes en Tierra Santa. De hecho se sabe que La Orden de Sión nace a manos de Godofredo de Bouillon en 1090 y que en 1099 instala su sede en Jerusalen. Cuenta la leyenda que ambas órdenes compartían secretos e incluso maestres y que ambas estaban bajo la única autoridad del Papa. De hecho, se cree que los canónigos pertenecientes a la Orden del Santo Sepulcro eran, en realidad, los primeros caballeros de la Orden de Sion que más tarde se iniciarían dentro del Temple. Esto llevó a pensar que el brazo armado de la Orden de Sion era el Temple. El mito de que ambas órdenes finalizaron sus relaciones en el suceso llamado la "tala del olmo" en 1188 es en realidad una corrupción de otro hecho histórico que en realidad sucedió en Gisors y que se produjo entre Enrique II de Inglaterra y Felipe II de Francia. La leyenda continúa diciendo que algunos de los grandes maestres del Temple lo fueron también de la orden de Sión y que la orden estuvo funcionando hasta siglo XX bajo la dirección de maestres como Leonardo Da vinci o Sir Isaac Newton. Esta última leyenda surge, principalmente, de los falsificados Dossiers secretos de Pierre Plantard. Toda esta confusión proviene, sobre todo, de la identificación entre la histórica Orden de Sión, fundada por Godofredo de Bouillon y el mítico Priorato de Sion, creado por Pierre Plantard. La leyenda de la maldición del ultimo Maestre Cuando iba a ser quemado en la hoguera, Jacques de Molay, frente a la Catedral de Notre Dame, donde se retractó públicamente de nuevo de cuantas acusaciones se había visto obligado a admitir, proclamó la inocencia de la Orden y, según la leyenda, maldijo a los culpables de la conspiración. En el plazo de un año, antes del día de todos los santos. Dicha maldición se cumplió con la muerte de Felipe IV (según Maurice Druon, de un accidente cerebrovascular durante una expedición de caza) y del papa Clemente V. Por último, y desde un punto de vista tan esotérico como romántico, una leyenda cuenta que en París en la zona del Vieux Temple, cuando las noches son oscuras y cerradas, aún se puede escuchar una voz que grita "¡¿Quién defiende al Temple?!". Templarios del siglo XXI Debido al misterio con que se ha adornado siempre la historia de la Orden del Temple, después de su disolución han ido apareciendo autoproclamados sucesores de la misma. En 1981 la Santa Sede se tomó el trabajo de confeccionar una lista de organizaciones que se declaraban sucesoras de los templarios... y encontró más de cuatrocientas[cita requerida]. Cierto que la inmensa mayoría de ellas no son sino grupos de pantalla para cubrir otros fines, con prácticas que bordean el límite de lo lícito, y, algunas otras, con un claro comportamiento sectario (como la famosa secta Orden del Templo Solar). Algunas asociaciones de esta lista, sin embargo, dedican su trabajo a fines altruistas (los Caballeros de la Alianza Templaria, contra la droga, por ejemplo) o a fines menos prácticos pero inocuos (La Orden de los Caballeros del Temple y de la Virgen María y su dedicación a la alquimia) o algunas "Hermandades o Maestrazgos" que en definitiva no son de linaje templario sino mas bien proyectos personales ... Algunas corrientes masónicas también dicen descender de los templarios, como la Estricta Observancia Templaria del Barón d'Hund, y algunos ritos masónicos tienen grados relacionados con los templarios. De hecho, Andrew Mitchell Ramsay, considerado el padre de la masonería escocesa como la conocemos hoy en día, en su "Discurso" afirmaría sin ambages que los cruzados habían fundado la masonería en Tierra Santa, y que dicha masonería no era sino la Orden del Temple; así, la famosa Capilla Rosslyn sería atribuida sin fundamento a los templarios, dando inicio a leyendas en las que se dice que escondieron en su ornamentación las claves de su supuesto saber hermético y del lugar de su tesoro. También se crea de esta manera una inconexa e indocumentada relación con la masonería. Pero ninguna de las organizaciones existentes hoy en día puede, en manera alguna, probar su efectiva y legal descendencia de la Orden fundada por Hugo de Payens y sus Pobres Caballeros de Cristo. Para terminar, fue el inmortal Dante, en su magna obra "La Divina Comedia", en el Libro del Paraíso, Capítulo XXX, versos 127-129, el que dio la última noticia real de los Templarios: "Como al que quiere hablar y no halla acento me llevó Beatriz y dijo: Mira de estolas blancas este gran convento" Fuente Hace click en el anillo para ver mis otros posts
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