InicioApuntes Y MonografiasNicolás Maquiavelo - "El Príncipe"
Bueno gente les dejo uno de los resumenes que hice para rendir sociología en la facu sobre este librito de Maquiavelo. Tiene solo los "consejos" que da en cada capitulo y no puse ninguna historia sobre lo que hizo el rey de Francia, ni el turco, ni ninguno en especial, asi que si realmente les interesan las guerras que se armaban en Italia alla en el 1400, no tienen mas que entrar acá y leerlo que no es muy largo de todas formas. Alguno que otro capaz que salta con que tenia ideas que van en contra de las suyas, es respetable, ya que lo escribió hace muchisimo tiempo y se pensaba de otra forma, muy distinta en algunos aspectos, pero eso no quita que diga la verdad según lo que el entendia que los gobernantes debian hacer y se ha dicho que muchos lo han usado como inspiración para manejar el rumbo de su mandato.
Bueno este es el tipo de Post del cual no se esperan puntos, pero si te sirvio dejame un comentario por lo menos.

Resumen



Capítulo I:
Todas las dominaciones que han ejercido soberanía sobre los hombres son principados. Pueden ser hereditarios o nuevos y dentro de estos como miembros agregados del Estado hereditario del Príncipe que los adquiere.
Capítulo II:
Es más fácil conservar un Estado hereditario que uno nuevo, si se pierde se tendría que esperar el primer error del usurpador para reconquistarlo.
Capítulo III:
Si un Principiado nuevo se suma a uno hereditario, se denomina mixto. Tiene más dificultades como que los súbditos desean cambiar de Señor creyendo mejorar y se ponen contra él, luego la experiencia les enseña que han empeorado.
Si los dos Estados pertenecen a la misma Provincia, tienen la misma lengua y costumbres son más fáciles de gobernar, basta con borrar la línea del Príncipe anterior y respetar las costumbres y ventajas de los hombres que ocupan las tierras.
En el caso que se hable otro idioma y tengan otras costumbres, una solución sería que el príncipe se mude a su nueva ciudad, así puede ver nacer los desordenes y reprimir con prontitud, además los súbditos están más satisfechos porque pueden recurrir a él fácilmente y tienen más oportunidades de amarlo y temerlo.
Otro remedio es mandar colonias a puntos clave del nuevo estado. Las colonias no gastan mucho ya que se perjudica a quienes se les arrebatan los campos y casas (que son pobres), por lo cual no representan un peligro y los demás como no se sienten perjudicados y tienen miedo de serlo al querer defenderlos, se mantienen tranquilos. Si se utiliza la ocupación militar el gasto es mayor para mantener a los soldados y se genera incomodidad por el alojamiento de las tropas.
Nunca debe entrar en el estado alguien igual de poderoso que el príncipe, ya que los que no están satisfechos se le unirán y se transformarán en enemigos, el príncipe debe ser el defensor de los menos poderosos y debe debilitar a los de mayor poderío. El que ayuda a otro a hacerse poderoso causa su propia ruina.
No solo se debe pensar en los problemas presentes sino también en los futuros, si se espera que ocurran se volverán incurables.
Capítulo IV:
Pueden existir dos formas de gobierno, mediante un príncipe que elije entre sus ciervos los ministros que lo ayudarán a gobernar o príncipes asistidos por la nobleza. Estos nobles tienen estados y súbditos propios mientras que el príncipe con ciervos posee mayor autoridad.
El primero resulta más difícil de conquistar ya que no se contará con el apoyo de los ministros que son ciervos y de poder sobornarlos, nadie los querrá obedecer por respeto al Príncipe original. Pero una vez conseguida la victoria, eliminando al príncipe y su linaje, no se pueden rehacer los ejércitos ya que nadie goza de poder en el pueblo.
Por el contrario, los nobles pueden facilitar la conquista pero será muy difícil mantenerla, se deberá luchar contra los que te han ayudado y contra los que has oprimido. No basta con eliminar al Príncipe y su linaje, sino también con la nobleza, lo que resulta imposible. La única forma es lograr la extinción de los miembros originales de la nobleza a través del tiempo.
Capítulo V:
Distintas formas de ocupar una ciudad con leyes propias y acostumbrada a vivir en libertad:
• Destruirla.
• Radicarse en ellas.
• Dejarlas utilizar sus leyes y obligarles a pagar un tributo y crear un gobierno de pocas personas.
Capítulo VI:
Principiados adquiridos con armas propias y talento personal, las dificultades nacen de las nuevas leyes. El innovador se transforma en enemigo de los que se benefician de la legislación antigua y la amistad tibia de los que se benefician de la nueva por el temor hacia los enemigos del príncipe por sus decisiones y ya que no se fían hasta que ven los frutos.
Los pueblos son tornadizos, si es fácil convencerlos de algo, es difícil mantenerlos fieles a esa convicción, principalmente si no se cuenta con el poder de las armas.
Capítulo VII:
Quienes adquieren un principiado con las armas y la fortuna de otros, no se mantienen sino por la voluntad y fortuna de quienes los elevaron. Deben exterminar a los descendientes anteriores, atraerse a los nobles, reducir el colegio a voluntad adquirir todo el poder que fuese posible.
Capítulo VIII:
Los que llegan al poder mediante crímenes, se caracterizaron por hacer un “buen uso” de la crueldad, ya que la aplicaron de una sola vez por absoluta necesidad y no insistieron en ellas. Mal empleadas son las que poco graves crecen. Durando menos, hieren menos aunque los beneficios hay que administrarlos de a poco para que se disfruten mejor.
Capítulo IX:
Cuando no se incurre en crímenes ni violencia, sino gracias al favor de los compatriotas, estamos ante un principado civil. Puede estar implantado por el pueblo, cuando no pueden hacer frente a los grandes y le dan autoridad, que nadie desobedecerá. También la nobleza lo puede colocar en su posición, cuando ven que no pueden resistir al pueblo y lo hacen príncipe. Mediante los nobles, es más difícil conservar el puesto ya que los que se unan por conveniencia, no dudaran en oponérsele cuando se presente una adversidad y se debe ganar al pueblo, conquistarlo dándole protección. El pueblo debe sentir que depende del estado.
Capítulo X:
Cuando se miden las fuerzas de un principiado se observan dos tipos, los que por abundancia de hombres y dinero pueden armar un ejercito contra un atacante o los que necesitan la ayuda de otros. En este caso es recomendable que como en Alemania fortifiquen su ciudad y tengan muros, fosos, artillería y almacenes con comida y bebida para un año, asi como trabajo para sus obreros. De esta forma si una fuerza busca ocupar el principado, no podrá y si sitian la ciudad tendrá recursos para un tiempo mayor al que cualquiera pudiese permanecer esperando que ellos se den por vencidos. El rey mantendrá al pueblo unido dando esperanzas de que durara poco y generando temor con los destrozos que realizara el enemigo si llega a entrar.
Capítulo XI:
Los principados Eclesiasticos poseen todas las dificultades antes de poseerlos, se adquieren o por valor o por suerte y se conservan sin ninguno de estos ya que se apoyan en antiguas instituciones religiosas que mantienen a sus príncipes en el poder sin importar el modo en el que actúen y vivan. Son los únicos que poseen estados y no los defienden, súbditos y no los gobiernan y que a pesar de ello no les son arrebatados. Son los únicos principados seguros y felices.
CapítuloXII:
Las tropas mercenarias son inútiles y peligrosas, el principado que las utilice nunca estará seguro ni tranquilo porque estos soldados están desunidos, no tienen disciplina, son ambiciosos y en resumen traen lentas y mezquinas adquisiciones o súbitas y fabulosas pérdidas, porque quieren ser soldados mientras haya paz, pero durante la guerra huyen o piden la baja.
Capítulo XIII:
Las tropas auxiliares son las que se piden a un príncipe poderoso para que nos socorra y defienda. Son útiles para sus amos pero para quien las llama son la perdición ya que o las derrotan en la batalla o ganan y se convierten en prisioneros de sus auxiliadores. Son muchísimo más peligrosas que las tropas mercenarias ya que están perfectamente unidas y obedecen ciegamente a sus jefes. Es preferible perder con sus propias armas que vencer con las ajenas. En las milicia propias el Príncipe dirige en persona, como Capitán o si estamos hablando de una republica un ciudadano que estará sujeto por leyes y se compone de súbditos, servidores o ciudadanos del príncipe.
Los ejércitos mixtos se componen de tropas mercenarias y propias. Este tipo es mejor que las tropas exclusivamente mercenarias o auxiliares, pero inferior a las propias.
Capítulo XIV:
Un príncipe no debe tener otro objeto ni pensamiento que el del arte de la guerra y lo que a su orden y disciplina corresponde, pues la principal razón de pérdidas de estado se halla en el olvido de ese arte y la primer condición para adquirirlo es ser experto en él. Un príncipe que no entienda de cosas militares no puede ser estimado por sus soldados ni puede confiar en ellos.
Durante los tiempos de paz debe ejercitarse más que en los de guerra, con la acción (caza, reconocimiento de terrenos, etc.) y con el estudio de la historia. Debe examinar las acciones de hombres ilustres, analizar victorias y derrotas así como obtener modelos para actuar.
Capítulo XV:
Un hombre que quiera hacer profesión de bueno entre tantos que no lo son será perdido, por lo que el príncipe deberá aprender a no ser bueno de acuerdo a la necesidad. Si bien seria lo ideal que el príncipe posea todas las buenas cualidades que pueden existir, en la realidad le es imposible y por este motivo tendrá que evitar la vergüenza de aquellas cualidades que le podrían hacer perder el estado y de ser posible aquellas que no, aunque a veces una virtud puede causar la ruina y un vicio trae bienestar y seguridad.
Capítulo XVI:
La prodigalidad o gasto en lujos perjudica si se usa para “fanfarronear”, si es bien practicada, incluso se puede pensar que uno es todo lo contrario. Si se genera este tipo de actitud se obliga a si mismo a continuar realizándola, consumiendo todos sus recursos y al quedarse sin estos, a consumir a través del pueblo y sus impuestos cosa por la cual será odiado. Si decide cambiar su postura será llamado tacaño, lo que convendrá con el tiempo ya que aumentaran los recursos para la guerra y no tendrá que incrementar los impuestos, por lo menos no de manera excesiva y será llamado prodigo por practicar la generosidad con todos a los que no quita nada. Es preferible tener vergüenza pero sin odio, a ser odiado por los súbditos.
Capítulo XVII:
Todos los príncipes deben desear ser tenidos como clementes y no por crueles, aunque no debe preocuparse por que le digan que es cruel, siempre y cuando tenga por objeto mantener la unión y le fidelidad de sus súbditos. Con pocos castigos ejemplares que sean contra pocos será más clemente que aquel que por no ser cruel permite que se sucedan desordenes, matanzas y saqueos que perjudican a toda la población. Sin embargo debe ser moderado, prudente y humano.
Es más seguro ser temido que amado, ya que los hombres son ingratos, volubles, simuladores, cobardes ante el peligro y ávidos del lucro. El amor es un vínculo de gratitud que los hombres perversos por naturaleza rompen cada vez que puedan beneficiarse mientras que el temor es miedo al castigo, que no se pierde nunca.
No es imposible ser temido y no odiado, bastará con no apoderarse de los bienes ajenos ni las mujeres de sus súbditos, así como no matar a alguien sin justificación y motivo. “Los hombres olvidan primero la muerte de su padre que la pérdida del patrimonio”.
Capítulo XVIII:
Los príncipes más alabados son aquellos que cumplen sus promesas, pero suponiendo que hay dos formas de actuar, con las leyes y con la fuerza, a menudo la primera no alcanza y se debe recurrir a la segunda.
Conviene que el príncipe sea como un zorro para esquivar las trampas y como un león para espantar a los lobos (el zorro no se protege de los lobos ni el león de las trampas). Hay innumerables ejemplos de tratados y promesas rotas, en las cuales el más zorro ha sido el vencedor, pero hay que saber disimular.
Está bien mostrarse piadoso, fiel, humano, recto y religioso pero se debe estar dispuesto a ir al otro extremo de ser necesario, adaptándose a las circunstancias y no alejándose del bien mientras sea posible.
Por este motivo es fundamental que el príncipe se muestre con esas virtudes, aunque nunca sin estas, ya que “todos ven lo que pareces ser pero muy pocos saben lo que eres realmente” y estos pocos no se atreven a oponerse al resto, a la mayoría.
Capítulo XIX:
El príncipe debe tratar de no ser odiado, se hace despreciable al ser voluble, frívolo, afeminado, pusilánime e irresoluto y por eso debe tratar que sus actos sean de grandeza, valentía, seriedad y fuerza. Debe buscar que sus decisiones sean inapelables y gozar de autoridad, que hará que sea respetado y no se conspire en su contra. El que conspira piensa que el pueblo estará contento tras la muerte del príncipe, pero no puede obrar solo sino con la complicidad de quienes cree están descontentos. Si el príncipe tenía simpatía popular, el conspirador no encontrara amparo en ninguna parte aunque la firme decisión de un hombre de carácter al cual no le importa morir, no le asustará quitar la vida de otro pero son rarísimos los casos y se tiene que cuidar de no crear grandes ofensas.
Debe satisfacer a los nobles, al pueblo y también a los soldados, cuando no puede evitar ser odiado por alguna de las partes, debe inclinarse a la más numerosa y de no ser posible hacia el más fuerte.
Capítulo XX:
Un príncipe nuevo debe armar a sus súbditos, se harán fieles y partidarios. Aquellos seleccionados para portar las armas se sentirán distinguidos y se verán mas obligados con el príncipe. Los que no fueron elegidos, verán que las recompensas que poseen los demás se relacionan con sus deberes y los peligros a los que se exponen. Si se procede a desarmar a los súbditos, estos pensaran que se tiene poca fe en su lealtad y se generara odio contra el príncipe, que tendrá que recurrir a las milicias mercenarias.
Cuando un príncipe adquiere un Estado nuevo que se añade a otro que ya poseía, conviene que desarme a sus nuevos súbditos salvo los que se le hicieron partidarios durante la conquista, aunque con el tiempo deberá debilitarlos y reducirlos y arreglarse con sus antiguos soldados.
En tiempos de Paz puede ser conveniente mantener al pueblo dividido como con los güelfos y gibelinos ya que sin derramar sangre, se ocupan de sus diferencias y no se unen contra otros enemigos pero en tiempo de guerra esta división puede generar que un grupo se rebele, se una al enemigo y arrase con el Estado.
Los príncipes han utilizado mejor a quienes desconfiaban en el comienzo que a los que ya tenían ganada su confianza, ya que estos servirán con buenas obras para borrar la mala opinión que se les tenia incluso descuidando sus obligaciones.
El príncipe que adquiere un Estado gracias a los ciudadanos, deberá examinar el motivo por el que estos lo favorecieron y deberá crear fortalezas de ser necesario para defenderse de las fuerzas externas y de las internas, aunque no es recomendable ser odiado por el pueblo y tener fortalezas solo para defenderse de este. “No hay mejor fortaleza que no ser odiado por el pueblo”.
Capítulo XXI:
Los príncipes se hacen estimables por sus grandes empresas y raras virtudes. Cuando cualquier súbdito hace algo bueno o malo deberá recompensarlo o castigarlo de forma tal que sea tema de conversación en la gente. Esta no se debería sentir privada de embellecer sus posesiones por miedo a que se las quiten o abrir comercios por miedo a los impuestos. Se tienen que instituir premios para aquellos que engrandezcan al estado y se honrará a los que desarrollen el arte. Por encima de todas las cosas el príncipe debe ingeniarse por parecer grande e ilustre.
Otra cosa que los príncipes no deben hacer es permanecer neutrales en la guerra, siempre es conveniente aliarse (en el caso que se pida ayuda), sino será presa del vencedor y no podrá buscar nada del vencido. El que no es amigo pedirá la neutralidad y el que es amigo el apoyo, que deberá ser demostrado con las armas.
Capítulo XXII:
A los príncipes se los suele juzgar por los ministros que los rodean. Si son fieles y capaces, se pensara que es sabio y los supo hallar. Cuando un ministro piensa más en el que en el príncipe y busca solo su propio provecho, no será bueno y el príncipe nunca podrá confiar en él. Para que sea fiel, el príncipe debe honrarlo, enriquecerlo y colmarlo de cargos para que entienda que no puede estar sin él, a la vez el ministro querrá obtener más de las tres cosas y así podrán confiar unos de otros.
Capítulo XXIII:
Los aduladores que dan alabanzas interesadas para conseguir el favor de una persona son muchos en las cortes, para evitarlos, el príncipe debe hacer entender que los hombres no ofenden al decir la verdad aunque cuando todos pueden decir la verdad, faltan el respeto. Por esa razón, deberán rodearse de hombres de buen juicio que serán los que darán opiniones, pero solo cuando el príncipe les interrogue. Deberá hacer preguntas de todos los tópicos, escuchar con paciencia para resolver después con su libre albedrio y ofenderse si alguien no le dice algo por temor.
Capítulo XXIV:
Las reglas que se acaban de exponer llevadas a la práctica pueden hacer parecer antiguo a un príncipe nuevo, lo consolidan y afianzan en el poder como si fuese heredero. A los hombres se los gana mucho mejor con las cosas presentes que con las pasadas, mientras no se desmerezcan con otras cosas los hombres siempre estarán dispuestos a defenderlo.
Doble será la honra de haber creado un principado nuevo, mejorarlo y fortificarlo con buenas leyes, armas, amigos y buenos ejemplos.
Es defecto común no preocuparse por la tempestad durante la bonanza, y es necesario saber que las buenas defensas son las que dependen de uno mismo y de sus virtudes.
Capítulo XXV:
Explica que Italia debería unirse para combatir a los barbaros que tantos males les han causado.
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