El rostro humano es tan singular como una huella digital, nadie se parece exactamente a ti. ¿Pero qué hace que la morfología facial sea tan distintiva? Desde luego, la genética desempeña un papel principal, como está claro por las semejanzas entre padres e hijos, pero, ¿qué hay en nuestro ADN que afina la genética de modo que los hermanos —especialmente los gemelos— se parecen entre sí pero aparecen diferentes de personas no emparentadas? Un nuevo estudio realizado por investigadores en el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley del Departamento de Energía de los EUA (Laboratorio Berkeley) ha desvelado ahora que unos amplificadores genéticos —secuencias reguladoras de ADN que actúan para activar o amplificar la expresión de un gen específico— son unos participantes fundamentales en el desarrollo craneofacial.
Hasta las caras más bellas se hacen con basura. En los ratones, la forma de la cara y el cráneo está finamente tallada por el ADN basura, llamado así porque en un principio se pensó que carecía de funcionalidad ya que no codifica proteínas. Las mismas secuencias de ADN basura se encuentran en los seres humanos, por lo que probablemente también estén dando forma a nuestras caras.
Este hallazgo podría ayudar a dar sentido a algunas enfermedades congénitas, como el paladar hendido, que pueden desarrollarse incluso cuando los genes que dan forma a la cara parecen estar funcionando normalmente.
Hay un enorme grado de variación en los rostros humanos, pero, como los parecidos familiares muestran, la forma general está determinada por la genética. Sin embargo, hasta ahora, los genetistas han identificado sólo un pequeño número de genes que influyen en la forma. Estos explican sólo una pequeña fracción de la variación observada en los rostros humanos.
Según Axel Visel del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley en California, y sus colegas, la mayor variación es controlada por potenciadores de acción a distancia. Estos son secuencias cortas de ADN, en regiones no codificantes del genoma, que pueden influir en la actividad de los genes faciales, incluso si están a lo largo de la cadena de ADN.
"Los potenciadores forman parte del 98 por ciento del genoma humano, que es el ADN no codificante - durante mucho tiempo considerado como 'ADN basura' ", dice Visel. "Es cada vez más claro que las funciones importantes están incluidos en esta 'basura'."
