Hola Comunidad Taringa! Para aquellos lectores de media noche les dejo un atrapante cuento, que nos deja una enseñanza y moraleja de vida que podremos llevar donde vayamos y compartir con quienes queramos. EL VERDADERO VALOR DEL ANILLO Érase una vez en un lejano lugar un simple joven que buscaba respuestas a su entrañable soledad... Este joven decidió emprender un ligero camino hacia la búsqueda de respuestas, y como bien sabia el único que lograría ayudarlo a responder sus inquietantes preguntas, era a quien todos llamaban el viejo sabio de la montaña. Una vez cargadas unas pocas pertenencias en su mochila de tela, emprendió su camino hacia dicha montaña, la cual desde su ciudad lograba observar a la distancia, rodeada de unas nubes de color blanco puro y un resplandeciente sol que se escondía detrás de unos matices verdes provocado por el intenso color de los bosques. Luego de un día de viaje y con mucho esmero y agotamiento, logro llegar a una modesta cabaña en donde pudo observar a través de la ventana la figura del sabio hombre del que tanto le habían hablado. Sin dudar y con sus últimos alientos toco la gran puerta de madera, que al golpearla parecía opacar el sonido producto de su gran grosor. Al ver que no recibía respuesta alguna decidió volver a realizar el intento, pero antes de agitar su mano la puerta como en arte de magia se entorno hacia adentro dejando pasar por ese tenue margen la luz de lo que parecía la llama de un fogón. Al acercar su vista y antes de aclarar lo que estaba viendo, escucho la ronca voz de un hombre que con claridad le dijo: -Pasa, no temas Con cautela y de forma precavida se decidió a entrar observando todo a su alrededor y acercándose unos pocos pasos al hombre que parecía descansar en una silla inclinada junto a un hermoso fogón. El Hombre sin moverse le ofreció un vaso de agua que estaba junto a la mesa, con el cual calmo su sed y tan solo en pocos segundo parecía haberse recuperado del largo viaje. Al ver que ya habia recuperado su aliento el sabio le Pregunto: - ¿Que te trae por aquí joven aventurero?. El joven sin dudar y sabiendo que no debía desperdiciar ni una sola palabra, contesto: -Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo ganas de hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más? El maestro, sin mirarlo, le dijo: «Cuánto lo siento, muchacho. No puedo ayudarte, ya que debo resolver primero mi propio problema. Quizá después...». Y, haciendo una pausa, agregó: «Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar». -E.e.. encantado, maestro -titubeó el joven, sintiendo que de nuevo era desvalorizado y sus necesidades postergadas. -Bien -continuó el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo meñique de la mano izquierda y, dándoselo al muchacho, añadió-: Toma el caballo que está ahí fuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, y no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas. El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó al mercado, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes, que lo miraban con algo de interés hasta que el joven decía lo que pedía por él. Cuando el muchacho mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le giraban la cara y tan sólo un anciano fue lo bastante amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era demasiado valiosa como para entregarla a cambio de un anillo. Con afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un recipiente de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta. Después de ofrecer la joya a todas las personas que se cruzaron con él en el mercado, que fueron más de cien, y abatido por su fracaso, montó en su caballo y regresó. Cuánto hubiera deseado el joven tener una moneda de oro para entregársela al maestro y liberarlo de su preocupación, para poder recibir al fin su consejo y ayuda. Entró en la habitación. -Maestro -dijo-, lo siento. No es posible conseguir lo que me pides. Quizás hubiera podido conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo. -Eso que has dicho es muy importante, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos conocer primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar tu caballo y ve a ver al joyero. ¿Quién mejor que él puede saberlo? Dile que desearías vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca: no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo. El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo al chico: -Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya mismo, no puedo darle más de cincuenta y ocho monedas de oro por su anillo. -¿Cincuenta y ocho monedas? -exclamó el joven. -Sí -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de setenta monedas, pero si la venta es urgente... El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido. -Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte un verdadero experto. ¿Por qué vas por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor? Y, diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo meñique de su mano izquierda. Fin Muchas Gracias por Pasar!
Un Atrapante Cuento-Para aquellos lectores de media Noche 2
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