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adictos al sexo .. centros de ayuda

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Ya funcionan centros de ayuda para personas adictas al sexo Están en Buenos Aires, son gratuitos y trabajan con el sistema de Alcohólicos Anónimos. Los especialistas dicen que 9 de cada 10 adictos son varones y que la recuperación es muy lenta. Mariana Iglesias [email protected] Pueden engañar a su pareja con cuanta persona se les cruce en el camino. Pueden pasarse horas frente a un televisor o una computadora consumiendo pornografía. Pueden masturbarse cinco o seis veces al día. Pueden buscar espiar a otros mientras tienen sexo. Pueden exhibir sus intimidades en público. Y hasta pueden abusar o violar a seres indefensos. Todo lo hacen sin control y en forma desesperada. Y en realidad nada de eso les provoca placer, si no vergüenza, dolor y odio a sí mismos. Es que son adictos. Adictos al sexo. A no confundirse. Quien haya sido infiel alguna vez o disfrute con algún video erótico cada tanto no forma parte de este universo de personas. La adicción implica una conducta compulsiva, imposible de manejar. Incluso a pesar de las tremendas consecuencias que provoca en la vida cotidiana: relaciones rotas, problemas en el trabajo, dificultades económicas, rechazo social, riesgo de contraer enfermedades venéreas o sida, y hasta arrestos. "La adicción sexual tiene tres características: es compulsiva, persistente y recurrente", dice el sexólogo León Gindín. Y explica: "Compulsiva porque no se puede parar, hay que cumplir sí o sí con esa exigencia que impone la cabeza. Persistente porque hay que hacerlo a cada rato, todo el tiempo. Y recurrente porque siempre se acude a los mismos recursos". Imposible saber si en la Argentina esta adicción golpea a muchos. No hay estadísticas. Lo que sí se sabe, a partir de la experiencia de los principales especialistas del país, es que nueve de cada diez adictos al sexo son hombres. "Se podría pensar en algo genético: el embrión es naturalmente femenino y en la octava semana del embarazo puede pasar a ser masculino. Y es en ese proceso cuando puede haber una alteración. También en algo hormonal: que haya una exagerada secreción de testosterona", explica el sexólogo León Gindín. ¿Cómo combatir esta adicción?. En la Secretaría de Salud de la Ciudad afirman que los hospitales públicos porteños todavía no tienen programas específicos para los adictos al sexo. Pero en Buenos Aires ya existen cuatro grupos de autoayuda gratuitos, que plantean tratamientos similares a los de Alcohólicos Anónimos. Cultores del bajo perfil, hablan de ellos como "la comunidad", y son muy celosos de su funcionamiento (ver "Llegar...". En los Estados Unidos, donde se calcula que este problema afecta al 6% de la población, existen clínicas especializadas y muchísimos estudios médicos publicados. Según el especialista Allan Bruckheim, uno de cada 16 adultos puede ser adicto al sexo, aunque los que piden ayuda son pocos. Entre los que buscan "curarse", la mitad está casada y dos tercios tienen el secundario completo. De acuerdo al Consejo Nacional sobre Adicción y Compulsión Sexual, los comportamientos del desorden adictivo son: "Múltiples relaciones extramatrimoniales, usar el poder para conseguir pareja, mucho contacto con prostitutas, llamados telefónicos indecentes, excesivo tiempo y gasto de dinero en pornografía y sexo por Internet, numerosos encuentros sexuales anónimos y tocar a otras personas sin su permiso". Para el sexólogo Juan Carlos Kusnetzof, el adicto sexual "siente que la única manera de superar la angustia es teniendo sexo. Y eso se convierte en un hábito". La psicóloga y sexóloga Diana Resnicoff coincide: "La compulsión calma una tremenda angustia que proviene de un vacío interior. Pero nada los llena porque el vínculo placer-amor está roto. El adicto sexual es un carenciado, un bebé hambriento de amor". Para Adrián Sapetti, presidente de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana, "lo que caracteriza la conducta del adicto son los rituales. Debe satisfacerse siempre de la misma manera, con la misma secuencia, porque así cree que neutraliza su angustia. Pero el ritual no ataca la raíz del problema, el cual, necesariamente, reaparece". Patrick Carnes, el primer terapeuta en definir la adicción sexual, hizo una encuesta entre mil pacientes con esta patología y encontró que el 42% también era adicto a las drogas o al alcohol, que el 38% tenía algún desorden alimentario y que el 28% sufría de compulsión al trabajo. Además, dos de cada tres habían sido víctimas de abuso físico, emocional o sexual durante la infancia. Gindín, por su parte, encuentra que los adictos al sexo son, en general, "personas que en la niñez vivieron un modelo de amor alejado de los cánones más normales". En general, el adicto al sexo tarda en buscar ayuda. "Recién hace una consulta cuando su comportamiento le genera demasiados problemas con su pareja, con la sociedad, con el trabajo o, incluso, con la policía", dice Sapetti. Para Kusnetzof, los tratamientos para superar la adicción demoran meses: "Y la mejoría siempre es frágil. Se vuelve a reincidir porque los instintos se renuevan constantemente". Es que a diferencia de las drogas o el alcohol, la "sustancia" que daña está en el organismo. "El tratamiento es doble: medicación (antidepresivos para bajar lo compulsivo) y psicoterapia. Se busca que el adicto haga un reaprendizaje social. ¿De qué manera? Se le dan tareas como llevar registros de los momentos de mayor angustia, se le proponen otras actividades, como un deporte, y se intenta conectarlos con el placer", explica Resnicoff. Los especialistas recomiendan las terapias de grupo, porque hablar con otros disminuye el sentimiento de soledad y vergüenza. El objetivo de estos grupos es lograr un despertar espiritual y llevar ese mensaje a otros adictos. ENCUENTROS EN LA RED Internet está sirviendo de punto de encuentro entre los sexo adictos. Agrupaciones como Sexólicos Anónimos y Adictos al Sexo y al Amor Anónimos están integradas por miembros de cualquier edad e inclinación sexual, "tanto los que experimentan una necesidad compulsiva por el sexo como aquellos con un apego desesperado por una persona". Se dirigen a su feligresía de forma altruista ofreciéndoles ayuda gratuita y comprensión. El único requisito para ser miembro, dicen, es el deseo de liberarse de esta esclavitud: "Usamos las sensaciones que el sexo y el amor romántico nos produce como sustitutos de otras satisfacciones, como consuelo a una falta de afecto, como huida para desentendernos de una vida que nos causa dolor. No somos los únicos. La diferencia está en que nosotros hemos perdido el control y no sabemos cómo parar. Sacrificamos la autenticidad emocional en nuestra relación con los demás, y mientras la soledad y la ansiedad aumentan, la pérdida de control produce efectos cada vez más serios: algunos pensamos en el suicidio o tememos enloquecer". Clínica Androclinic . Tfno: 91 431 29 14. Centro de Urología, Andrología y Sexología de Madrid. Tfno: 91 510 06 64. Institut de Sexología de Barcelona. Tfno: 93 453 17 46. Clínica Capistrano. Tfno: 971 40 14 84. Centro de Urología, Andrología y Sexología de Palma de Mallorca. Tfno: 971 71 47 33. ¿SOY SEXOADICTO? Las personas con sexo adicción tienen estas percepciones: # Siento con frecuencia que soy un incapaz y que mi cuerpo es vergonzoso/defectuoso/repulsivo. # Pienso que siempre estaré solo o me sentiré solo y que me abandonarán. # Confundo el amor con el sexo. # Si no soy un buen amante me abandonarán. # El impulso sexual me domina. # Mis conductas sobre el sexo son tan frecuentes que tienen consecuencias negativas en mi vida. # No me importan los efectos de mi dedicación al sexo hasta que he desahogado mi impulso. # Pienso que es la última vez que lo hago, y después lo podré controlar. # Mis conductas sexuales me han causado problemas en mi trabajo. # Me resulta difícil mantener una relación de pareja estable a causa de mis necesidades sexuales. SÍNDROME DE ABSTINENCIA Si intentan acabar con su adicción, lo normal es sufrir el síndrome de abstinencia. El tiempo de cura es variable: la adicción en sí misma (el componente consciente) puede solucionarse en meses, pero resolver el problema inconsciente de fondo puede llevar años. El número de relaciones, aunque es un factor de análisis, no es determinante: no todo el que se masturba en exceso o ve películas porno es un adicto. El afectado suele iniciarse en su esclavitud sin darse cuenta, hasta que llega a reducir su vida al sexo y a la planificación del mismo. "La sexoadicción, al contrario que la ninfomanía -término machista felizmente en desuso- no incide en la frecuencia, sino en el malestar psíquico que genera la falta de autocontrol", explica la sexóloga y psicóloga Pilar Cristóbal, convencida de que el hastío sirve por sí mismo de freno ante tanta desmesura. "En general", prosigue, "todas las adicciones y obsesiones son destructivas por el sufrimiento que generan. Hay una guerra entre la parte emocional del cerebro ("lo voy a hacer" y la racional ("no lo voy a hacer", y esta lucha, donde acaba ganando la parte irracional, genera depresión, insomnio o autoinculpación". Hace seis meses que Camila, una administrativa de 42 años, intenta escapar de su guerra particular. Fue víctima de abusos sexuales en la infancia, y recuerda que a los 13 años perdió la virginidad con los compañeros de la escuela. "Me aparté de los estudios porque para mí el sexo era lo único importante. Al poco tiempo empecé a preocuparme por la imagen de presa fácil que proyectaba entre los chicos; mis amigas se extrañaban por mi comportamiento, pero yo las veía envidiosas. Me sentía superior". Su adicción fue a más hasta que, inadvertidamente, perdió el control: "He llegado a tener tres o más relaciones diarias con personas desconocidas, de entre 20 a 60 años. Por separado o en orgías. En el ascensor, en la oficina, en el ático... Cuanto más peligro había, más morbo sentía. Por un lado pensaba que era el no va más; por otro, me sentía un putón. Pensaba `vaya asco de vida'. En el fondo me veía incapaz de implicarme afectivamente. Nunca pasaba de las `relaciones kleenex' con hombres de usar y tirar. Me satisfacían en el momento, pero siempre volvía al aburrimiento. Odiaba este laberinto sin salida". Decidió iniciar el tratamiento en Androclinic cuando su actual pareja, -"la única estable que he tenido en toda mi vida, de la única que he llegado a enamorarme"- empezó a padecer impotencia por culpa de su abusiva demanda sexual. "Me planteé ser fiel, pero al no verme respaldada cuando más lo necesitaba (pensaba que él no daba la talla porque ya no me quería), le envié al psicólogo. Pero el problema era mío. Él sospechaba que yo empezaba a buscarme la vida, y de hecho estuve a punto de ponerle los cuernos". LA DROGA DEL SEXO Camila compara el sexo con una droga: "Lo usaba para escapar del vacío y de la rutina". Superado el mono -"esa angustia por querer hacerlo y resistirte"-, la terapia en pareja (7.000 pesetas por consulta semanal) le está ayudando a ampliar horizontes. "Antes no tenía un proyecto de vida. Ahora estoy aprendiendo a amar, a comprender mis miserias y las de los demás. Mi novio superó su problema, aunque ya no reduzco mi vida al sexo". Pero... ¿acaso hay algo más importante? "Sí, estamos planeando tener hijos". Su conducta sexual siempre fue compulsiva, continuada y obsesiva. Aunque en la sexo adicción el enganche psicológico es mayor que en otras adicciones sin droga, "todos comparten características similares", según Leandro Palacios, psicólogo del madrileño Cibeles Centro Psicoterapéutico. "Tienen dificultades de autocontrol; son inconstantes y poco autónomos (sufren trastornos motivoérgicos, es decir, carecen de la suficiente energía o voluntad para motivarse o mantenerse firmes en su decisión); distorsionan la realidad según sus necesidades o fantasías, de forma que a veces no tienen conciencia de lo que les pasa (`estoy salido') y a veces la percepción es excesiva (`soy un enfermo'); y, por fin, tienen un talante dependiente". Lo que distingue a los sexo adictos es que buscan en todo lo que les rodea una intensidad sensorial, corporal, orgásmica. De ahí que muchas cosas se les hagan aburridas. Ante la frustración, optan por desfogarse rápidamente. "Buscan el placer por el placer, y un placer muy específico. Por eso se desenvuelven mal en situaciones menos intensas, placenteras e inmediatas", concluye Palacios, cuyos clientes suelen tener otras adicciones asociadas. "Coca, alcohol... y, de forma camuflada, sexo". El caso más llamativo que recuerda fue el de Roberto, un chico normal, casado, al que le gustaba perderse en los sex shops. "Estaba hasta ocho horas diarias, intentaba acostarse tres veces al día con prostitutas y se masturbaba otras cinco. Acabó robando en bancos para costearse su adicción. Hasta que no llegaron los problemas judiciales su familia no supo nada. Hubo que medicarle con ansiolíticos durante su síndrome de abstinencia. Le remitimos al endocrino, pero no se pudo confirmar que tuviera un problema hormonal". La trayectoria de un ganador 'Entre las piernas' Manuel Gómez Pereira dirigió al actor español junto con Victoria Abril en un drama sobre adictos al sexo (1998). A DESCARGA ORGIÁSTICA El psicoterapeuta Luis Rodríguez Gabarrón, investigador de la Universidad Veracruzana (México) ha estudiado la coito adicción como una sexo dependencia específica; un síndrome que suele presentarse asociado a cuadros clínicos como la depresión o la neurosis obsesiva, y que representa un trastorno de la conducta sexual genital, del pensamiento, del lenguaje y de la vida afectiva y psicosocial. "El acto sexual se convierte en una forma de sustituir y compensar carencias afectivas no obtenidas. En términos energéticos, la descarga orgiástica serviría para descargar el malestar psíquico causado por conflictos emocionales no resueltos", dice. Ante esta tesis, Jordi responde: "Si algo me han enseñado mis padres es a dar y recibir afecto. Yo mismo soy muy afectuoso. Luego ahí está la piedra filosofal: ¿por qué, si lo tenía todo, acabé enganchado al sexo? Creo que todos llevamos dentro la adicción y en algún momento se despierta". Un día robó en su trabajo y, en un arranque de lucidez, se entregó a la policía. Fue su salvación. Tras una semana en un psiquiátrico recaló en Cencas (Centro Catalán de Tratamiento de Adicciones Sociales), donde un educador ex ludópata le confirmó que estaba enfermo de sexo. "Me dolió, pero sentí un gran alivio", recuerda. Ahora continúa su terapia en el gabinete psicojurídico de Barcelona CMT. "No he vuelto a recaer, pero los expertos te advierten que toda la vida serás un ex adicto: nunca puedes bajar la guardia". Cada 15 días su mujer le acompaña en la terapia de pareja: "Ella me ha perdonado, pero no olvida". La investigadora y psicóloga que lo atiende, Sandra Cabrerizo, hace hincapié en los sentimientos de vergüenza y culpa que tanto remordimiento producen a sus pacientes: "Vergüenza, porque conviven con una conducta que está en conflicto con su percepción de lo moral o inmoral. Y culpa, porque fallan en su modelo de vida, de manera que se sienten mal por donde han llegado y el daño que han hecho a los demás; la pareja suele sentirse sucia, engañada, no querida e incapaz de comprender su viciosa conducta. Han de superar la pérdida de confianza y sentimientos de ira y traición". Fantasías sexuales, affaires matrimoniales, encuentros sexuales con personas desconocidas (heterosexuales u homosexuales), teléfono erótico, intercambio de parejas, alterne en clubes de prostitución, pornografía... "Por lo general, han experimentado uno o más patrones de conducta de forma compulsiva", continúa Sandra Cabrerizo. "Muchos incrementan estas pautas a medida que aumenta el riesgo de realizarlas de manera más compleja y peligrosa para así obtener los efectos eufóricos del principio". La excesiva respuesta sexual (adicción al sexo)"comienza a ser compulsiva cuando empieza a interferir en otros aspectos de la vida", destaca Donald E. Willians, psicólogo de la Clínica Mayo de EE.UU. Quienes la padecen suelen tener problemas con su intimidad y usan el sexo como una forma de escapar de la soledad, la depresión, la ansiedad, el estrés... El doctor Vázquez, director de Capistrano, le da la razón: "Se trata de un vehículo de evasión, una fuga a través del placer para huir de la realidad". En las terapias de Alcohólicos Anónimos se advierte a los nuevos miembros de que "una copa es mucho y mil no bastan". Pero no es positivo predicar a los sexo adictos que "un polvo es mucho y mil no bastan". Mantenerse sobrio no es fácil: nadie está dispuesto a hacer votos de castidad de por vida. Así lo explican los gurues de SLAA (Adictos al Sexo y al Amor Anónimos) desde su página de Internet: "¿Acaso existe algo por lo que merezca más la pena vivir?; ¿tenemos que ser monjes? (...) A ningún adicto le resulta fácil concebir la vida si le privamos de aquello que se ha convertido en algo tan importante para su propio concepto de identidad".
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