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Principios

El cielo resultaba mágico e incomprensible para los hombres primitivos. Contemplaron el cielo con admiración y, convencidos de su influencia en la vida humana, constituyó la base de las primeras creencias religiosas.

Pronto advirtieron la diferencia entre las simples estrellas (que creyeron fijas) y los astros en movimiento visibles a simple vista, como la Luna, el Sol, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Agruparon las constelaciones a las que impusieron nombres: Géminis, Cáncer, etc.

La periodicidad en la sucesión de las fases de la Luna condujo a la institución del mes lunar; la regularidad en la salida y la puesta del Sol, así como su trayectoria de levante a poniente, desembocó en la noción del día solar y condujo al establecimiento de un horario.



La curiosidad humana con respecto al día y la noche, al Sol, la Luna y las estrellas, llevó a los hombres primitivos a la conclusión de que los cuerpos celestes parecen moverse de forma regular. La primera utilidad de esta observación fue, por lo tanto, la de definir el tiempo y orientarse.

La astronomía solucionó los problemas inmediatos de las primeras civilizaciones: la necesidad de establecer con precisión las épocas adecuadas para sembrar y recoger las cosechas y para las celebraciones, y la de orientarse en los desplazamientos y viajes.

Para los pueblos primitivos el cielo mostraba una conducta muy regular. El Sol que separaba el día de la noche salía todas las mañanas desde una dirección, el Este, se movía uniformemente durante el día y se ponía en la dirección opuesta, el Oeste. Por la noche se podían ver miles de estrellas que seguían una trayectoria similar.

En las zonas templadas, comprobaron que el día y la noche no duraban lo mismo a lo largo del año. En los días largos, el Sol salía más al Norte y ascendía más alto en el cielo al mediodía. En los días con noches más largas el Sol salía más al Sur y no ascendía tanto.

Pronto, el conocimiento de los movimientos cíclicos del Sol, la Luna y las estrellas mostraron su utilidad para la predicción de fenómenos como el ciclo de las estaciones, de cuyo conocimiento dependía la supervivencia de cualquier grupo humano. Cuando la actividad principal era la caza, era trascendental predecir el instante el que se producía la migración estacional de los animales que les servían de alimento y, posteriormente, cuando nacieron las primeras comunidades agrícolas, era fundamental conocer el momento oportuno para sembrar y recoger las cosechas.

La alternancia del día y la noche debe haber sido un hecho explicado de manera obvia desde un principio por la presencia o ausencia del Sol en el cielo y el día fue seguramente la primera unidad de tiempo universalmente utilizada.

Debió de ser importante también desde un principio el hecho de que la calidad de la luz nocturna dependiera de la fase de la Luna, y el ciclo de veintinueve a treinta días ofrece una manera cómoda de medir el tiempo. De esta forma los calendarios primitivos casi siempre se basaban en el ciclo de las fases de la Luna. En cuanto a las estrellas, para cualquier observador debió de ser obvio que las estrellas son puntos brillantes que conservan un esquema fijo noche tras noche.

Los primitivos, naturalmente, creían que las estrellas estaban fijas en una especie de bóveda sobre la Tierra. Pero el Sol y la Luna no deberían estar incluidos en ella.



Del Megalítico se conservan grabados en piedra de las figuras de ciertas constelaciones: la Osa Mayor, la Osa Menor y las Pléyades. En ellos cada estrella está representada por un alvéolo circular excavado en la piedra.



Del final del Neolítico nos han llegado menhires y alineamientos de piedras, la mayor parte de ellos orientados hacia el sol naciente, aunque no de manera exacta sino siempre con una desviación de algunos grados hacia la derecha. Este hecho hace suponer que suponían fija la Estrella Polar e ignoraban la precesión de los equinoccios.

Antiguos pueblos que habitaron Europa tuvieron conocimientos avanzados de los movimientos de los astros, matemática y geometría. Realizaron grandes construcciones para la practica de la astronomía observacional, determinaron los solsticios y equinoccios y pudieron predecir los eclipses.

Los astrónomos de las culturas megalíticas tuvieron unos conocimientos realmente sorprendentes de los movimientos de los astros y de la geometría práctica. Nos demuestran que poseyeron ese gran saber los grupos de grandes piedras erectas (megalitos, algunos de más de 25 toneladas de peso), dispuestas de acuerdo con esquemas geométricos regulares, hallados en muchas partes del mundo.

Algunos de esos círculos de piedras fueron erigidos de modo que señalasen la salida y la puesta del Sol y de la Luna en momentos específicos del año; señalan especialmente las ocho posiciones extremas de la Luna en sus cambios de declinación del ciclo de 21 días que media entre una luna llena y la siguiente.

Varios de estos observatorios se han preservado hasta la actualidad siendo los mas famosos los de Stonehenge en Inglaterra y Carnac en Francia.



Stonehenge ha sido uno de los mas extensamente estudiados. Se construyó en varias fases entre los años 2200 y 1600 a.C. Su utilización como instrumento astronómico permitió al hombre del megalítico realizar un calendario bastante preciso y predecir eventos celestes como eclipses lunares y solares.

Stonehenge fue erigido a 51º de latitud norte y se tuvo en cuenta el hecho de que el ángulo existente entre el punto de salida del Sol en el solsticio de verano y el punto más meridional de salida de la Luna es un ángulo recto. El círculo de piedras, que se dividía en 56 segmentos, podía utilizarse para determinar la posición dc la Luna a lo largo del año. Y también para averiguar las fechas de los solsticios de verano e invierno y para predecir los eclipses solares.

Los círculos de piedras le dieron al hombre del megalítico en Europa un calendario bastante seguro, requisito esencial para su asentamiento en comunidades organizadas agrícolas tras el ultimo periodo glacial, unos 10.000 años a.c.

Pero, aunque el europeo primitivo aprendió a servirse del firmamento para regular su vida, siguió adorando los astros, considerados como residencia o incluso como manifestación de poderosos dioses que lo controlaban todo.

Se han encontrado cientos de rudimentarios calendarios, con una antiguedad de unos 30.000 años, en lugares tan distantes como América, África, Europa o el extremo oriente.

Mientras las astronomías europeas y árabes evolucionaban léntamente, en otros remotos lugares lo hacia de diversas formas. Sin conocimiento mútuo y, por lo tanto, sin comunicación, la astronomía de esas culturas tuvo un desarrollo distinto del occidental, en la mayoria de los casos totalmente ligada a la religión y puesta al servicio de reyes, emperadores, magos y sacerdotes.



Calendario Inca


En América del Sur, en los andes Centrales, culturas preincaicas realizaron obras como las Líneas de Nazca, o la Puerta del Sol en Tiahawanaco. En realidad, aún es mucho lo que falta por investigar en este aspecto y en la actualidad científicos de diferentes partes del mundo han vuelto a mirar a América, porque sin duda, a pesar del saqueo realizado por los conquistadores europeos, se pueden descubrir muchas cosas más.

Sin duda alguna, los Incas es el imperio más representantivo de América del Sur. Es precisamente en Cuzco, en donde muchos investigadores han encontrado documentos de colonizadores españoles que describen el Templo del Sol, del cual irradiaban cuarenta y un ejes llamados ceques, cuya disposición implicaba lineamientos geománticos o astronómicos, que definian el valle en 328 huacas las cuales cumplian funciones rituales y políticas.

Los Incas conocían la revolución sinódica del los planetas, Construyeron un calendario Lunar para las fiestas religiosas y uno solar para la agricultura. Utilizaron elementos como mojones alrededor de los pueblos para realizar astronomía observacional. Los Chibchas conocían la constelación de Orión y reconocían la relación entre la salida heliacal de Sirio con el comienzo de la temporada de lluvias.

El calendario consistía en un año solar de 365 días, repartidos en 12 meses de 30 días y con 5 días intercalados. Se sabe que el calendario era determinado observando al sol y a la luna. Para fijar las fechas exactas del año y meses, Pachacútec dispuso la edificación de 12 torres o pilares localizados al Este de la llacta del Cusco, llamados sucangas.

Los Incas daban mucha importancia a las constelaciones y estaban muy interesados en la medición del tiempo para fines agrícolas. Poseían sus propias constelaciones entre las cuales, se destacan la Cruz del Sur y el Centauro. Para ellos las vía láctea era oscurecida por sacos de carbón. La Astronomía jugó un papel muy importante para la construcción de sus ciudades.



Calendario Maya


La comprensión maya del tiempo, las estaciones, y ciclos han demostrado que es inmenso y sofisticado. El maya comprende 17 calendarios diferentes, algunos de ellos que trazan el tiempo con precisión sobre un palmo de más de diez millones de años.

El calendario que ha llamado firmemente la atención global desde 1987, es el llamado Tzolk'in o Cholq'ij. Legado hace muchas edades y basado en el ciclo de las Pléyades, se toma todavía como sagrado.

Con los calendarios indígenas, los nativos han mantenido y guardado huellas de puntos de viraje importantes en la historia. Por ejemplo, los guardianes de los días que estudian los calendarios identificaron un día importante en el año Uno Reed, Ce Acatal como fue se llamado por los Mexica. Ése fue el día cuando un antepasado importante fue profetizado que volvería, "como una mariposa".

En el calendario occidental, la fecha Uno Reed pone en correlación el domingo de Pascua, 21 de abril de 1519—el día que Hernán Cortez y su flota de 11 galeones españoles llegaron del Este a lo que se llama hoy Vera Cruz, México. Cuando las naves españolas llegaron a la orilla, los nativos estaban esperando y viendo que pasaría. Las velas ondulantes de las naves les recordaron, de hecho, los grupos de mariposas que desnatan la superficie del océano.

De esta manera fue iniciada una nueva era, una era que ellos se habían anticipado a través de sus calendarios. Los mayas calificaron la nueva era los Nueve Bolomtikus, o Nueve Infiernos de 52 años cada uno. Cuando los nueve ciclos se desplegaron, tomaron la tierra y la libertad de los nativos. Dominaron las enfermedades y la falta de respeto.

Lo que comenzó con la llegada de Cortez, duró hasta el 16 de agosto de 1987–una fecha que muchas personas revocan como la Convergencia Armónica. Millones de personas se aprovecharon de esa fecha para hacer ceremonias en los sitios sagrados, orando por una transición suave a una nueva era, el Mundo del Quinto Sol.

Desde esa fecha en 1987 hasta ahora, dice el Sr. Barrios, hemos estado en un tiempo en que está desapareciendo el brazo derecho del mundo materialista, despacio pero inexorablemente. Estamos en la cúspide de la era cuando comienza la paz, y las personas vivirán en armonía con la Madre Tierra. Ya no estamos en el Mundo del Cuarto Sol, todavía no estamos en el Mundo del Quinto Sol. Éste es el tiempo intermedio, el tiempo de transición.

Al atravesar la transición hay una convergencia colosal, global de destrucción medioambiental, caos social, guerras, y cambios continuados de la Tierra. Todo esto, dice el Sr. Barrios, fue previsto vía las simples matemáticas espirales de los calendarios mayas.

A la salida del sol el 21 de diciembre de 2012—por primera vez en 26,000 años— el Sol sube en conjunto a la intersección de la Vía Láctea y el plano de la eclíptica, describiendo en el cielo una gran cruz de estrellas y planetas. Esta cruz cósmica es considerada una encarnación del Árbol Sagrado, El Árbol de la Vida — un árbol recordado en todas las tradiciones espirituales de todo el mundo.

Algunos observadores dicen que esta alineación con el corazón de la galaxia en 2012 abrirá un canal para que fluya la energía cósmica a través de la tierra, limpiándola y todos lo que moran en ella, levantando a todo y a todos a un nivel más alto de vibración.

historia


Calendario Chino

Sabemos poco la astronomía en la antigua China. Sin embargo, se sabe que es más antigua que la astronomía occidental y que, por estar tan alejada de ella, tuvo un desarrollo totalmente independiente.

Los chinos consideraban al universo como una naranja que colgaba de la estrella polar ubicando sus 284 constelaciones en 28 segmentos o casas en que dividían el universo. La antigua astronomía estelar china difiere mucho de la babilónica y de la occidental. El ecuador celeste se dividía en 28 «casas» y el número de constelaciones ascendía al final a 284.

Los astrónomos de la corte imperial china observaron fenómenos celestes extraordinarios cuya descripción ha llegado en muchos casos hasta nuestros días. Estas crónicas son para el investigador una fuente valiosísima porque permiten comprobar la aparición de nuevas estrellas, cometas, etc. También los eclipses se controlaban de esta manera.

Se cuenta la historia de los desdichados astrónomos de la corte, Hsi y Ho, que fueron ejecutados por haber puesto en peligro la seguridad del mundo, al dejar de predecir un eclipse de Sol.

La humanidad inventó los calendarios para seguir el paso del tiempo. El ancestral calendario chino probablemente está entre los sistemas de calendarios más complicados que hay, incluso permanece como un misterio para muchos chinos.



Egipto

Los egipcios observaron que las estrellas realizan un giro completo en poco más de 365 días. Además este ciclo de 365 días del Sol concuerda con el de las estaciones, y ya antes del 2500 a.C. los egipcios usaban un calendario basado en ese ciclo, por lo que cabe suponer que utilizaban la observación astronómica de manera sistemática desde el cuarto milenio.

El año civil egipcio tenía 12 meses de 30 días, más 5 días llamados epagómenos. La diferencia, pues, era de ¼ de día respecto al año solar. No utilizaban años bisiestos: 120 años después se adelantaba un mes, de tal forma que 1456 años después el año civil y el astronómico volvían a coincidir de nuevo.

El Nilo empezaba su crecida más o menos en el momento en que la estrella Sothis, nuestro Sirio, (el Sepedet de los egipcios), tras haber sido mucho tiempo invisible bajo el horizonte, podía verse de nuevo poco antes de salir el Sol.

El calendario egipcio tenía tres estaciones de cuatro meses cada una:
- Inundación o Akhet.
- Invierno o Peret, es decir, "salida" de las tierras fuera del agua.- Verano o Shemú, es decir, "falta de agua".

La apertura del año egipcio ocurría el primer día del primer mes de la Inundación, aproximadamente cuando la estrella Sirio comenzaba de nuevo a observarse un poco antes de la salida del Sol.

De finales de la época egipcia (144 d.C.) son los llamados papiros de Carlsberg, donde se recoge un método para determinar las fases de la Luna, procedente de fuentes muy antiguas. En ellos se establece un ciclo de 309 lunaciones por cada 25 años egipcios, de tal forma que estos 9.125 días se disponen en grupos de meses lunares de 29 y 30 días. El conocimiento de este ciclo permite a los sacerdotes egipcios situar en el calendario civil las fiestas móviles lunares.

El legado de la astronomía egipcia llega hasta nuestros días bajo la forma del calendario. Herodoto, en sus Historias dice: "los egipcios fueron los primeros de todos los hombres que descubrieron el año, y decían que lo hallaron a partir de los astros".

La perspicaz observación del movimiento estelar y planetario permitió a los egipcios la elaboración de dos calendarios, uno lunar y otro civil. El calendario Juliano y, más tarde, el Gregoriano, que usamos actualmente, no son más que una modificación del calendario civil egipcio.



Grecia

Los griegos relacionaron los movimientos de los astros entre sí e idearon un cosmos de forma esférica, cuyo centro ocupaba un cuerpo ígneo y a su alrededor giraban la Tierra, la Luna, el Sol y los cinco planetas conocidos; la esfera terminaba en el cielo de las esferas fijas: Para completar el número de diez, que consideraban sagrado, imaginaron un décimo cuerpo, la Anti-Tierra.

Los cuerpos describían, según ellos, órbitas circulares, que guardaban proporciones definidas en sus distancias. Cada movimiento producía un sonido particular y todos juntos originaban la música de las esferas.

También descubrieron que la Tierra, además del movimiento de rotación, tiene un movimiento de traslación alrededor del Sol, sin embargo esta idea no logró prosperar en el mundo antiguo, tenazmente aferrado a la idea de que la Tierra era el centro del Universo.

Eudoxio y su discípulo Calipo propusieron la teoría de las esferas homocéntricas, capaz de explicar la cinemática del sistema solar. La teoría partía del hecho de que los planetas giraban en esferas perfectas, con los polos situados en otra esfera que a su vez tenía sus polos en otra esfera. Cada esfera giraba regularmente, pero la combinación de las velocidades y la inclinación de una esfera en relación a la siguiente daba como resultado un movimiento del planeta irregular, tal como se observa. Para explicar los movimientos necesitaba 24 esferas.

Calipo mejoró sus cálculos con 34 esferas. Aristóteles presentó un modelo con 54 esferas, pero las consideraba con existencia real propia, no como elementos de cálculo como sus predecesores. Hiparco redujo el número de esferas a siete, una por cada planeta, y propuso la teoría geocéntrica, según la cual la Tierra se encontraba en el centro, mientras que los planetas, el Sol y la Luna giraban a su alrededor.

Claudio Tolomeo adoptó y desarrolló el sistema de Hiparco. El número de movimientos periódicos conocidos en aquel momento era ya enorme: hacían falta unos ochenta círculos para explicar los movimientos aparentes de los cielos. El propio Tolomeo llegó a la conclusión de que tal sistema no podía tener realidad física, considerándolo una conveniencia matemática. Sin embargo, fue el que se adoptó hasta el Renacimiento.



Calendario romano

Finalmente se acordó usar un calendario común de 304 días distribuidos en 10 meses (6 meses de 30 días y 4 de 31 días). Pero éste tenía desfases de tiempo y los pontífices paganos lo reajustaban anualmente en el último mes. Los reajustes se hacían con criterios políticos, pero no astronómicos, como determinar el día de pagar a la servidumbre, y se hacía mal uso del reajuste, para prorrogar cargo de un funcionario, adelantar o retrasar votaciones.

El año empezaba a finales de marzo (Martius), de Marte, dios de la guerra, que era el primer mes de primavera, cuando se decidían las campañas militares del año. Los meses iban desde Martius hasta Februarius en este orden:

Martius: mes de Marte, dios de la guerra
Aprilis: mes de apertura de flores (por la primavera, en el hemisferio norte)
Maius: mes de Maia, diosa de la abundancia
Junius: mes de Juno, diosa del hogar y la familia
Quintilis: mes quinto
Sextilis: mes sexto
September: mes séptimo
October: mes octavo
November: mes noveno
December: mes décimo
Januarius: mes de Jano, dios de los portales
Februarius: mes de las hogueras purificatorias (februa)

Los reajustes no evitaron el desfase de tiempo y sucedió que el invierno fuera fechado en el otoño astronómico. Julio César terminó con el desfase ordenando una reforma en el calendario romano.

Según Plutarco, fue el rey Numa –el sucesor de Rómulo– quien cambió el calendario de 10 a 12 meses, poniendo como primer mes del año a enero en lugar de marzo. También, comenta que abril procede de la diosa Afrodita, mientras que mayo de la diosa Maia, madre de Mercurio.



Calendario Juliano

El Calendario Juliano es el calendario que se usó por los países europeos y sus colonias hasta la implantación del Calendario Gregoriano, que fue instaurado por el papa Gregorio XIII en 1582 y fue adoptado rápidamente por los países católicos.

El Calendario Juliano utilizaba el movimiento del sol para la medición del tiempo. Fue implantado en el año 46 a.c. por Julio César. Como decimos, fue el calendario utilizado hasta 1582, pero hubieron países que siguieron utilizando el calendario juliano hasta muchos años y siglos después, aun hasta el siglo XX. Por ejemplo Rusia, no adoptó el calendario gregoriano hasta el año 1918.

Incluso hoy, en la mayoría de iglesias ortodoxas se sigue utilizando el calendario juliano (o variaciones y ajustes de éste).

Como antecendentes del calendario juliano, se tiene a los calendarios lunares y romanos, de los que reformando éstos se obtuvo el Juliano o calendario Julio como se llamó incialmente.

La distribución de los meses y días en el mundo clásico

Mártium (31 días)
April (30)
Máium (31)
Júnium (30)
Quintil (30)
Sextil (30)
Septémber (30)
Octóber (31)
Novémber (30)
Decémber (31)
Januárium (31)
Februárium (30) (31 en los años bisiestos)

Modificaciones fracasadas en los nombres de los meses

Algunos emperadores romanos modificaron los nombres de determinados meses durante su mandato:

- Calígula llamó germánicus al mes de septiembre.
- Nerón llamó claudius a mayo y germánicus a junio
- Domiciano también llamó germánicus a septiembre y domitianus a octubre.

Pero las modificaciones no perduraron y se restablecieron sus nombres anteriores.

Incluso Carlomagno trató de dar nuevos nombres a los meses, aunque tampoco tuvo éxito. Los meses propuestos eran, desde enero a diciembre respectivamente: Wintarmanoth, Hornung, Lentzinmanoth, Ostarmanoth, Winemanoth, Brachmanoth, Heuvimanoth, Aranmanoth, Witumanoth, Windumemanoth, Herbistmanoth y Heilagmanoth.



Calendario Gregoriano (Actual)


El calendario gregoriano es un calendario originario de Europa, actualmente utilizado de manera oficial en casi todo el mundo. Así denominado por ser su promotor el Papa Gregorio XIII, vino a sustituir en 1582 al calendario juliano, el Papa promulgó el uso de este calendario por medio de la bula Inter Gravissimas.

-Día: es la unidad fundamental de tiempo del calendario gregoriano. Un día equivale aproximadamente a 86.400 segundos del Tiempo Atómico Internacional o TAI: recordemos que es el TAI el que se tiene que ajustar al verdadero movimiento de rotación terrestre, que se retrasa con respecto a la duración del mismo.
-Semana: periodo de 7 días.

En la mayoría de los países cristianos, la semana empieza el lunes, pues el día domingo se acomodó como el séptimo día según la religión cristiana predominante, la Católica (pág 174 del libro A Doctrinal Catechism). Aunque se considera que el primer día de la semana es el domingo, costumbre que se ha extendido a algunos otros países.

El impulsor de la reforma del calendario es Ugo Buocompagni, jurista eclesiástico, elegido papa el 14 de mayo de 1572 bajo el nombre de Gregorio XIII. Se constituye la Comisión del Calendario, en la que destacan Cristóbal Clavio4 y Luis Lilio. Clavio, astrónomo jesuita, el "Euclides de su tiempo", era un reputado matemático y astrónomo. El mismo Galileo Galilei lo requirió como aval científico de sus observaciones telescópicas. Un cráter de la Luna lleva su nombre. En cuanto a Lilio, médico y astrónomo, sabemos que fue el principal autor de la reforma del calendario. Muere en 1576 sin ver culminado el proceso. Finalmente, un personaje más en esta historia: Alfonso X de Castilla, El Sabio: el valor dado al año trópico en las Tablas alfonsíes de 365 días 5 horas 49 minutos y 16 segundos es el tomado como correcto por la Comisión del Calendario. Pedro Chacón, matemático español, redacta el Compendium con el dictamen de Lilio, apoyado por Clavio, y se llega al 14 de septiembre de 1580 cuando se aprueba la reforma, para llevarla a la práctica en octubre de 1582.

Al jueves -juliano- 4 de octubre de 1582 le sucede el viernes -gregoriano- 15 de octubre de 1582. Diez días desaparecen debido a que ya se habían contado de más en el calendario juliano.

El calendario se adoptó inmediatamente en los países donde la Iglesia Católica tenía influencia. Sin embargo, en países que no seguían la doctrina católica, tales como los protestantes, anglicanos, ortodoxos, y otros, este calendario no se implantó hasta varios años (o siglos) después. A pesar de que en sus países el calendario gregoriano es el oficial, las iglesias ortodoxas (excepto la de Finlandia) siguen utilizando el calendario juliano (o modificaciones de él diferentes al calendario gregoriano). Sin embargo, fuera del mantenimiento de un calendario eclesiástico diferente en algunos países, el calendario gregoriano es el que se considera como base para el establecimiento del año civil en todo el mundo, incluyendo los países con un año eclesiástico o religioso diferente al que se estableció en la reforma gregoriana del siglo XVI.

Entre los defectos más notorios del calendario gregoriano (en realidad debiéramos decir calendario egipcio de Ptolomeo) tenemos:
-No se puede dividir en semestres, trimestres, ni meses iguales. Esto que parece sin importancia, trae problemas a cualquiera que debe programar o computar operaciones comerciales, de fabricación, estadísticas, etc.
-Las fechas y los días no coinciden entre un año y otro, dentro de una estructura que presenta ¡28 variantes! Esto dificulta la concreción de fechas anuales, efemérides, festividades y obliga a “correr” los feriados de modo de “fabricar” fines de semana largos (“puentes” en España) para favorecer el turismo.
-Hay semanas que empiezan en un mes y terminan en otro.
-Las festividades religiosas no son fijas. Esto fue origen de muchos conflictos entre diferentes calendarios porque, por ejemplo, los cristianos tenían mucho temor de estar celebrando la pascua fuera de la “verdadera” cuaresma y en consecuencia, comiendo carne cuando no debían. Así que siguen vinculando la fecha a la luna (¡¿?!) y lo mismo vale para los musulmanes y otras creencias que perduran todavía.
-Los años tienen diferente duración.

Con el tiempo hubo algunos intentos de arreglar estos problemas y las consiguientes molestias. Uno singular fue el de la Revolución Francesa, que trató de imponer su Calendario de la Razón. Tenía 12 meses de 30 días, y cada mes estaba dividido en 3 semanas de 10 días. Los 5 o 6 días que faltaban se agregaban al final y eran festivos.

Como estaban de moda el racionalismo y el sistema métrico decimal, también dividieron los días en 10 horas de 100 minutos y cada minuto en 100 segundos, lo cual era un verdadero desatino y un crimen al sentido común, en nombre de la razón. La adopción de un calendario necesita consenso para su implementación e imposición. Duró hasta 1806 en que Napoleón, se vio en la necesidad de volver al gregoriano. El calendario era bastante bueno, pero lo mejor, sin dudas, fueron los nombres de los meses, sin dioses ni emperadores, tomados de la naturaleza y el trabajo: Vendimiario, Brumario, Pluvioso, Ventoso, Floreal, etc.

Una de las mejores reformas propuestas es el llamado Calendario Universal que propone The World Calendar Association Inc., y se reproduce en esta entrada sin autorización de sus propietarios. Sus partidarios han intentado varias veces que las Naciones Unidas lo apoyen y de hecho varios países, la India y el Vaticano entre otros lo han presentado sin lograr su aceptación.

Entre sus ventajas está que todos los años y todos los trimestres son iguales y empiezan en domingo. Los días que le faltan, 1 por año, se agregan como días extras y son el día del mundo, que correspondería al 31 de diciembre; y el día del año bisiesto, el 31 de junio, pero no van ligados a ningún mes. Es perpetuo, con él no será necesario imprimir una agenda nueva cada año y por siempre el 3 de enero será martes.

De todos modos, el tema amerita una discusión internacional y no puede limitarse a una cuestión de almanaque solamente. La relación trabajo descanso que nuestra “civilización” actual requiere, y las formas de producción, han cambiado sustancialmente y eso tiene que reflejarse en la reforma. El descanso dominical, aunque todavía sea una utopía para algunos es una cosa absolutamente perimida. Una semana de 24 horas de trabajo por persona alcanza sobradamente para cubrir las necesidades de todos los habitantes del planeta. Las nuevas divisiones del tiempo deberán contemplar rotaciones periódicas de la fuerza de trabajo para que todos puedan trabajar y descansar alternativamente. En esta dirección, los trabajos que comenzó Carlos Varsavsky sobre La semana de 9 días y otros en direcciones parecidas, son la base sobre la que primero hay que acordar y discutir.
El problema no es ahora la medición del tiempo, como lo fue en el origen del calendario; la cuestión es hacer un calendario universal y flexible para contribuir a la solución de los problemas que nos plantea la vida en la sociedad actual y ayude a mejorar su calidad.


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