Uno de los temas que más investigación ha generado en el ámbito de la Psicología es el referido a la relación entre pensamiento y lenguaje verbal. En efecto, el lenguaje facilita y ayuda a las personas en la expresión de sus pensamientos.
Diversas investigaciones han constatado como cada lenguaje refleja una forma determinada de pensar y aunque las hipótesis de la relatividad lingüística sugieren que el lenguaje determina el pensamiento, resulta más exacto afirmar que el lenguaje influye en el pensamiento.
Por otra parte, la investigación ha demostrado que es posible pensar sin lenguaje y de hecho, determinadas acciones mentales, como por ejemplo la habilidad para percibir y recordar diferentes colores, no dependen del lenguaje verbal. Por tanto, a veces pensamos mediante imágenes en lugar de palabras.
Con referencia al desarrollo del lenguaje, lo cierto es que la capacidad de los niños para adquirir el lenguaje supone una de las mayores maravillas de la naturaleza. La facilidad con que los niños progresan desde la fase del balbuceo hasta el lenguaje telegráfico de la etapa biverbal, pasando por la etapa monoverbal, ha suscitado uno de los grandes debates en el ámbito de la psicología evolutiva. Por un lado, el conductista Skinner sostenía que el aprendizaje del lenguaje se produce a partir de la imitación y el reforzamiento, mientras que por otro lado, el lingüista Chomsky afirmaba que los niños están biológicamente predispuestos a aprender las palabras y el uso de la gramática.
En la actualidad, a pesar de las numerosas investigaciones y de la aportación de las nuevas perspectivas que han ido surgiendo al respecto, lo cierto es que el debate sigue abierto. No obstante, cada vez son más las posturas que abogan por considerar dicha relación entre pensamiento y lenguaje como una verdadera interrelación entre los factores conductistas defendidos por Skinner y los factores innatistas mantenidos por Chomsky.
Diversas investigaciones han constatado como cada lenguaje refleja una forma determinada de pensar y aunque las hipótesis de la relatividad lingüística sugieren que el lenguaje determina el pensamiento, resulta más exacto afirmar que el lenguaje influye en el pensamiento.
Por otra parte, la investigación ha demostrado que es posible pensar sin lenguaje y de hecho, determinadas acciones mentales, como por ejemplo la habilidad para percibir y recordar diferentes colores, no dependen del lenguaje verbal. Por tanto, a veces pensamos mediante imágenes en lugar de palabras.
Con referencia al desarrollo del lenguaje, lo cierto es que la capacidad de los niños para adquirir el lenguaje supone una de las mayores maravillas de la naturaleza. La facilidad con que los niños progresan desde la fase del balbuceo hasta el lenguaje telegráfico de la etapa biverbal, pasando por la etapa monoverbal, ha suscitado uno de los grandes debates en el ámbito de la psicología evolutiva. Por un lado, el conductista Skinner sostenía que el aprendizaje del lenguaje se produce a partir de la imitación y el reforzamiento, mientras que por otro lado, el lingüista Chomsky afirmaba que los niños están biológicamente predispuestos a aprender las palabras y el uso de la gramática.
En la actualidad, a pesar de las numerosas investigaciones y de la aportación de las nuevas perspectivas que han ido surgiendo al respecto, lo cierto es que el debate sigue abierto. No obstante, cada vez son más las posturas que abogan por considerar dicha relación entre pensamiento y lenguaje como una verdadera interrelación entre los factores conductistas defendidos por Skinner y los factores innatistas mantenidos por Chomsky.