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¿El tabaco mata o hay algo detrás de ello que nos ocultan?



¿El tabaco mata o hay algo detrás de ello que nos ocultan?



La primera arma nuclear sucia que se detonó en la atmósfera, la “Trinity Test“, una esfera de seis kilos de plutonio comprimida supercríticamente por lentes explosivas, explotó sobre Nuevo México con una fuerza aproximada de 20.000 toneladas de TNT. (20 Megatones).



En cuestión de segundos, miles de millones de partículas radioactivas mortales fueron absorbidas por la atmósfera a una altitud de seis millas, donde las corrientes de aire de alta velocidad las iban a hacer circular hasta muy lejos; en un área muy amplia. El gobierno norteamericano sabía de antemano que habría radiaciones; era bien consciente de sus letales efectos sobre los humanos, pero inmediatamente escondió las pruebas sin importarle en absoluto la salud de la población.

Legalmente, aquello fue una flagrante negligencia, pero al gobierno norteamericano no le importó. Más tarde o más temprano, de una manera u otra, podrían encontrar a un culpable si había cualquier efecto adverso a largo plazo que dañase a los norteamericanos u otros ciudadanos de áreas remotas.
Atento a esto:

Si una simple y microscópica partícula radioactiva se posa sobre su piel en la playa, contraerá un cáncer de piel. Inhale una simple partícula de esa misma porquería letal y la muerte por cáncer de pulmón será inevitable… a menos que resulte ser usted un afortunado fumador de tabaco; curiosamente lo contrario de lo que se dice (mas tarde verá porqué).

La sólida y microscópica partícula radioactiva se incrusta en el tejido pulmonar y eleva con creces los límites de reservas de vitamina B17 de su cuerpo, causando una violenta e incontrolable multiplicación celular.
¿Cómo podemos estar absolutamente seguros de que la caída de esas partículas radioactivas son la causa real del cáncer de pulmón al exponerse un sujeto a ellas internamente?




Los científicos han sacrificado sin misericordia decenas de miles de ratones y ratas con experimentos durante muchos años, exponiendo deliberadamente sus pulmones a material radioactivo. Los resultados científicos documentados de todos esos experimentos son idénticos. Todos los ratones y ratas usados contraen cáncer de pulmón y mueren.

La magnitud del riesgo de contraer cáncer de pulmón para los humanos originado por la caída de partículas radioactivas de la atmósfera, no es nada exagerada.

Antes de que Rusia, Inglaterra y Norteamérica prohibieran los tests atmosféricos el 5 de agosto de 1963, más de 4.200 kg de plutonio habían ya caído de la atmósfera.

Sabiendo que menos de un microgramo (millonésima parte y un gramo) de plutonio inhalado causa cáncer terminal de pulmón en el humano, sabemos que sus queridos gobiernos han arrojado 4.200.000.000 (4.2 mil millones) de dosis letales a la atmósfera, con una vida media de la partícula radioactiva de 50.000 años.




Desafortunadamente el asunto se pone peor. El plutonio mencionado más arriba existe en el armamento nuclear actual antes de la detonación, pero por lejos el mayor número de mortales partículas relativas son esas derivadas de la basura común o arena absorbida del suelo, e irradiada a esta viajando verticalmente a través de la bola de fuego del arma.Esa partículas forman holgadamente la mayor parte del “humo” en cualquier foto de una detonación nuclear atmosférica. En muchos casos varias toneladas material son absorbidos y permanentemente irradiados en tránsito, pero seamos increíblemente conservadores y afirmemos que solamente 1000 kilos de material de superficie es chupado en cada test nuclear atmosférico.Antes de ser prohibido por Rusia, Inglaterra y Norteamérica, se realizaron un total de 711 test nucleares atmosféricos, por consiguiente creando 711,000 kilos de mortales microscópicas partículas radioactivas, a las cuales deben ser agregados los 4200 kilos originales de las mismas armas, para un aproximado pero muy conservador total de 715,200 kilogramos.

Hay más de un millón de dosis letales por kilogramo, significando que su gobierno ha contaminado su atmósfera con más de 715,000,000,000 millones de tales dosis, suficiente para causar cáncer de pulmón o cáncer de piel 117 veces en cada hombre, mujer o niño en la tierra.

Antes que pregunte, no, las partículas relativas no se “evaporan” simplemente, al menos no en su lapso de vida o el de sus hijos o de sus nietos.

Con una vida media de 50.000 años o más, estos incontables trillones de mortales partículas radioactivas manufacturadas por el gobierno estarán esencialmente con usted para siempre.




Circuladas alrededor del mundo por poderosas corrientes de aire, esa partículas están depositadas aleatoriamente, pero en concentraciones mayores dentro de un radio de un par de miles de millas de los sitios originales de los test. Un simple viento u otras alteraciones de superficie es todo lo que se necesita para agitarlas de nuevo y crear un creciente peligro a aquellos que están en la proximidad.

La una vez inocente actividad de juguetonamente patear arena alrededor en la playa en el verano podría, hoy en día fácilmente, traducirse en un suicidio, si resulta que usted agita unas pocas partículas radioactivas que puede pegarse a su piel o ser inhaladas en sus pulmones.

Doce años después del cataclismo del Trinity test, se hizo obvio para los gobiernos occidentales que las cosas se estaban poniendo completamente fuera de control, con un reporte en 1957 del British Medical Research Council afirmando que las “muertes globales de cáncer de pulmón se habían más que duplicado durante el periodo 1945 a 1955″, a pesar de que no se ofreció una explicación.

Durante el mismo período de diez años, la muertes de cáncer en las cercanías de Hiroshima y Nagasaki aumentaron tres veces. Al final de las pruebas atmosféricas oficiales en 1963, la incidencia de cáncer de pulmón en las Islas del Pacífico aumentaron cinco veces desde 1945. Habiendo arruinado su entorno completamente por 50.000 años, era hora que los “grandes gobiernos” comenzaran a tomar serias acciones distractivas.


A continuación vemos un gráfico que muestra la relación entre el consumo de tabaco en Francia y la tasa de cáncer hasta el año 2000, antes y después del TRINITY TEST (1945)




Como se puede apreciar, el consumo fué siempre masomenos el mismo, pero la gran diferencia radica en el crecimiento exponencial de los enfermos de cancer de pulmón.

¿Cómo se podría probar que las personas se estén causando a ellas mismas contraer cáncer de pulmón, por ejemplo decir que son culpables de auto infringirse daños los cuales el gobierno nunca pueda ser culpado o demandado?

La única sustancia obvia que la gente inhala en sus pulmones, aparte del aire, era el humo del tabaco, de modo que el gobierno hizo pie ahí.

“Investigadores” médicos de baja calificación repentinamente se encontraron inundados con masivos subsidios gubernamentales todos orientados al mismo resultado final:”Demostrar que fumar produce cáncer de pulmón”.

Los científicos verdaderos (especialmente algunos notables físicos nucleares) sonrieron amargamente por los iniciales patéticos esfuerzos del nuevo lobby anti-fumador, y los tentaron en la más mortífera trampa de todas.

Los médicos quasi-investigadores fueron invitados a demostrar sus falsas afirmaciones bajo exactamente las mismas rígidas reglas científicas que fueron utilizadas cuando se probó que la partículas radioactivas causan cáncer de pulmón en los mamíferos.

Recuerde, para que cualquier teoría sea aceptada científicamente, primero debe aprobarse de acuerdo con rigurosos requerimientos universalmente aceptados por los científicos.

Primero el agente sospechoso (el humo del tabaco) debe ser aislado, luego usado en experimentos de laboratorios apropiadamente controlados para producir los resultados afirmados, por ejemplo, cancer de pulmón en mamíferos.




A pesar de haber expuesto literalmente a decenas de miles de especialmente vulnerables ratones y ratas, al equivalente de 200 cigarrillos por día durante años, al final, “la ciencia médica” nunca pudo inducir cáncer de pulmón en ningún ratón o rata.

Si, usted leyó correctamente, por más de cuarenta años, centenares de miles de médicos le han estado mintiendo deliberadamente.




¿Entonces el tabaco no produce cáncer?

Los científicos reales tienen a los quasi-médicos investigadores por la garganta, porque “aparejar” el experimento de la particular radiactiva mortal con el benigno experimento del humo de tabaco, demuestra de manera concluyente para siempre que fumar no puede bajo ninguna circunstancia causar cáncer de pulmón.

Y más aún, en un gran experimento “accidental” que nunca se permitió publicar, los científicos reales demostraron con prístina claridad que fumar realmente ayuda a proteger contra el cáncer de pulmón.

Todos los ratones y ratas son utilizados solamente una vez en un experimento científico, y luego destruidos. De esta manera los investigadores se aseguran que los resultados de cualquier sustancia que están testeando no pueda ser “contaminada” accidentalmente por los efectos reales o imaginados de otra sustancia.

Luego un día, como por arte de magia, unos pocos miles de ratones del experimento de fumar “accidentalmente” encuentran su camino en el experimento de las partículas radioactivas, el cual el pasado había matado a todos los infortunados sujetos del test. Pero esta vez, contra todas las probabilidades, sesenta por ciento de los ratones fumadores sobrevivieron a la exposición de la partículas radioactivas.

La única variable fue su exposición previa a copiosas cantidades de humo de tabaco.




La presión del gobierno se hizo sentir inmediatamente y los hechos eliminados, pero esto no silencio por completo a los verdaderos científicos.

Quizás un poco burlonamente, el Professor Schrauzer, Presidente de la International Association of Bio-Inorganic Chemists, testificó ante un comité del Congreso de los EE.UU. en 1982 que había sido bien conocido desde hace mucho tiempo por los científicos que ciertos componentes del humo del tabaco actúa como agente anticancerígeno en animales de prueba.

Continuó diciendo que cuando cancerígenos conocidos (sustancias que causan cáncer) se aplican a los animales, la aplicación de componentes del humo del tabaco los contrarrestan.

Pero tampoco el Profesor Schrauzer se detuvo aquí, además testificó bajo juramento ante el comité que “no hay ingredientes del humo del cigarrillo que haya mostrado causar cáncer de pulmón al humano”, agregando que “nadie ha sido capaz de producir cáncer de pulmón en animales de laboratorios a partir de fumar”.

Previsiblemente, esta dura verdad condujo al gobierno y a los médicos quasi-”investigadores” a un enojo frenético. Para 1982 ellos realmente habían comenzado a creer su propia ridícula propaganda, y no fueron silenciados por miembros eminentes del establishment científico.

Repentinamente cambiaron la culpa a los otros ingredientes “secretos” puestos en los cigarrillos por las compañías tabacaleras. “Si, ¡tiene que ser esto!” clamaron con gran entusiasmo, hasta que un puñado de científicos levantaron el teléfono señalaron que los mismos ingredientes “secretos” habían sido incluidos en el experimento con ratones, y por lo tanto habían demostrado ser incapaces de producir cáncer de pulmón.




Las cosas se veían desesperadas para el gobierno y la comunidad médica sobre todo.

Dado que los fondos anti fumadores habían comenzado a inicios de los sesenta,decenas de miles de médicos habían pasado por las escuelas médicas, donde se les había enseñado que fumar produce cáncer.

La mayoría creía en la mentira, pero empezaron a aparecer rajaduras en el cuadro.

Incluso el más oscuro de los doctores no podría hacer correlacionar los datos, y cuando indagaron sobre esto le dijeron que no hagan preguntas estúpidas.

“El fumar produce cáncer de pulmón” se convirtió en un credo, un mecanismo de creencia quasi religiosa donde la fe ciega se convirtió en un sustituto de la prueba. Incluso la fe ciega necesita un sistema de refuerzo positivo, que en este caso se convirtió en las agencias de publicidad y los medios.

De repente la pantalla de televisión fueron inundadas con imágenes de terriblemente ennegrecidos “pulmones de fumadores”, acompañado con el mantra que usted morirá en una horrible agonía si no deja de fumar ahora.

Por supuesto que todo esto era una basura patética.

En la batea de la morgue los pulmones de un fumador y uno no fumador tienen un rosado idéntico, y la única manera que un patólogo forense pueda decir si ha sido un fumador, es si él encuentra manchas de nicotina en sus dedos, un paquete de Camels o Marlboro en el bolsillo de su abrigo, o uno de sus parientes irresponsablemente admite en el registro que usted una vez fumó la yerba maldita.







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