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Historia De Prostituta y Sida.Cuidense Muchachos.


Buenos pues este es mi primer post y que mejor que empezar dandole a un consejo a todos aquellos que se dejan llevar por el instinto,no es que yo sea un religioso pero si no hay condon es mejor aguantarse las ganas.Aqui les va una historia que me dejó pensando,espero la disfruten y me dejen puntos para ser full user.(Quizas para algunos sea un poco largo pero merece la pena leerlo todo.el final es lo mas impactante.)

"Yo No Soy Prepago,Solo Soy Una Puta."

Teresa fuma el cigarrillo lentamente, el tabaco se quema y produce un chasquido sin eco, apenas unas columnas de humo se escapan mientras la ceniza cae sin aspavientos sobre el colchón mojado. En el cuarto apenas cabemos los dos, una silla, una cama vieja, una mesita y un lavamanos.
-¿Está cómodo?
-Si gracias.
-Esa silla debe ser más vieja que usted ¿Cuantos años tiene?
-21
-Pollo.(Joven) – Da otra chupada mientras me repara. Me mira la cara, los labios, las orejas, los ojos, sus ojos apenas se escapan de los dobleces del cuero de los parpados, me miran desde el pasado.- La vida es dura pelao, a usted le ha tocado muy fácil, se nota, pero la vida no es así de fácil para todos.
-Yo se.
-Que va. La única forma de saberlo es arrastrándose, estar en la mala.
-Usted que sabe…
Me mira con recelo, le tumbé su discurso sobre la existencia. Se para, apaga el cigarrillo en el lavamanos, se sienta en la cama mientras esta lanza un quejido de alma en pena. Las sabanas amarillentas y húmedas se estiran como queso en una olla de fondue.

-Antes era distinto, los burdeles eran casonas grandes de las antiguas, donde se bailaba y bebía, lo último era irse a la cama. Habían buenos clientes, de confianza, uno sabia quienes eran, quien era la familia, sus problemas. Uno los conocía mejor que las esposas y los hijos. Al lado de una se empelotaban, no solo de cuerpo, le empelotaban las penas. Ahora es diferente, son un montón de peladitas de universidad, en los pichaderos esos de ahorita solo le tienen las fotos, la eligen y se la llaman. Se creen distintas, pero puta es puta.
-¿Y ahora como es el negocio?
-¿No ve?
Le da una vuelta con su mirada a su cuartico, yo la acompaño. El catre, la mesita y la silla parecen del mismo juego, debajo del oxido se ve un verde hospital que alguna vez brilló, las patas apenas se sostienen, el piso está manchado, la puerta no ajusta, tiene un repique de gorgojo en su interior y las bisagras apenas se quejan. No nos demoramos mucho.
-Mal, antes yo me rodeaba de doctores y abogados, el burdel era de los más reconocidos. Cada una tenía su cuarto grande, con camas de madera y patas de león, con cortinas de terciopelo. Vea.
Mete una mano debajo de su cama, saca un cajón metálico extrañamente conservado del oxido, chilla con el lugar, lo abre y la atmosfera se llena de particulares bailarinas de polvo, los rayos de luz que entran por los huecos de la cortina atraviesan con dificultad el aire. Teresa saca del fondo unas fotos viejas.
-Una puta sin fotos no es puta.
Me estira una foto grande, amarillenta y llena de polvo, tiene los bordes mordidos y manchas de hongo en todos lados.
-La de la mitad soy yo.
En una hilera de personas, mujeres vestidas de pavo real se intercalan con hombres vestidos con saco y corbata. En la mitad se destaca teresa, alta, caderas anchas y piernas largas, de su cabeza bajaban grandes mechones, unos bucles salvajes que caían brillantes y rebeldes hasta sus caderas.
-Lo que mas les gustaba era mi cabello. -Se lleva las manos a la cabeza y mira a la pared, una mancha más blanca que el resto de muro parece indicar que había un espejo antes. Se mira a través de los años- Todas las noches me lo peinaba, 100 veces, contaditas. -Sale de su espejo y vuelve a su realidad. -Ahora no, estas hilachas apenas si se me sostienen en la cabeza.
-¿Y como son las putas de ahora?
-Ahora no son putas, son prepagos. Esas culicagadas no tienen ni idea del oficio. Esas no saben que se le debe hacer a un hombre, esas se le acuestan en la cama y se dejan hacer, o se le montan y se mueven sin ritmo, como una lavadora mal encajada. Esas no son putas.
-¿Pero no me dijo que puta es puta?
-Si, puta es puta, pero prepago no es puta, yo no soy prepago, yo soy puta. A mi págueme antes o después, pero lo de puta no me lo quita nadie. Haga la prueba para que vea la diferencia. –Me mira con los ojos coquetos de sus años mozos.
Acabo de fumar mi cigarrillo, me desvisto y me acuesto en el queso, la cama chilla pero resiste. Le pago antes, para no perder la costumbre.
Meses después en el curso de mi investigación me acosté con una prepago, buenas piernas, piel tersa, tetas infladas. La verdad no fue mucha la diferencia, ahora los tres, la puta, la prepago y yo, tenemos Sida. Creo que en unos años no existirá ninguna diferencia entre los tres.

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