Hola gente T!, les vengo a dejar este post para que vean y conozcan varias cosas sobre este gran escritor argentino, Osvaldo Soriano. Espero que lo disfruten...
Su Biografía:
(Mar del Plata, 1943 - Buenos Aires, 1997) Periodista y narrador argentino, quien reflejó con irónica objetividad la realidad de su país. Pasó su infancia y adolescencia en su ciudad natal y en las provincias de San Luis y Río Negro, cuyos paisajes evocaría en su obra y en sus columnas periodísticas. Fue futbolista y, tras variados empleos, se dedicó al periodismo político, deportivo y cultural.
Forjado en las redacciones, trabajó en la revista Primera Plana y en el diario La Opinión. En 1973 publicó la novela Triste, solitario y final; considerada su mejor obra, todavía hoy continúa hoy reeditándose con éxito. Tras el golpe militar de 1976, abandonó Argentina y no regresó a su país hasta el advenimiento del gobierno democrático de Raúl Alfonsín. Vivió en México, Bruselas y París hasta su regreso en 1984. Desde entonces y hasta su muerte colaboró en el diario Página/12. La narrativa de Soriano se apoya tanto en los artificios clásicos del género novelesco (construcción de personajes y diálogos) como en los lineamientos del periodismo (un estilo llano y fácilmente asimilable para el lector) y en esa combinación obtiene sus mejores beneficios. Sus novelas se basan en tramas de trazado muy profundo, a través de una sintaxis y un léxico descarnados, según modelos narrativos que llevan al lenguaje cinematográfico y a la novela negra americana. En Triste, solitario y final (1973), el cine y la novela policíaca se convierten totalmente en el tema de una narración cuyos personajes son Stan Laurel, Oliver Hardi, John Wayne, Charlot, Marlowe y otros, retratados con la melancolía, el amor y el desencanto propios de un cinéfilo.
Su conciencia estilística, articulada para alcanzar normas, temas y mitos colectivos, y su tono narrativo descuidado y elíptico, que le permite su bagaje de nociones y conocimientos comunes, dan una medida exacta de la obra de Osvaldo Soriano. No habrá más penas ni olvido (1979) y Cuarteles de invierno (1981) están narradas en clave de tango por personas cultas. Con la conciencia de narrar por enésima vez las tragedias públicas y privadas que están destinadas a repetirse, también por enésima vez, afronta el tema de la violencia política en Argentina, del peronismo y del pugilato, rediseñando la figura del campeón deportivo en el ocaArtistas, locos y criminales (1986) es una colección de artículos periodísticos, a través de los cuales se puede hacer un recorrido por los caminos estilísticos y temáticos del autor. Una de sus obras más conocidas es El ojo de la patria (1992), relato de las delirantes aventuras de un agente secreto argentino, Julio Carré, en el París de los años 90.
El resto de su producción incluye, entre otras obras, Rebeldes, soñadores y fugitivos (1987), A sus plantas rendido un león (1988), Cuentos de los años felices (1993), La hora sin sombra (1995) y Piratas, fantasmas y dinosaurios (1996). Sus obras han sido traducidas a numerosas lenguas, y algunas fueron llevadas al cine. El director Héctor Olivera adaptó para la gran pantalla su novela Una sombra ya pronto serás (1990), con guión del propio autor. Al margen de su valorada obra literaria, sus artículos deportivos, centrados sobre todo en el mundo del fútbol argentino, despertaron siempre la admiración de su nutrida hueste de lectores.
Sus Cuentos y Novelas:
"Triste, Solitario y Final" (1973)
La figura trágica del envejecido Stan Laurel, el arrojo desatinado e inútil de Philip Marlowe y la obstinación de un joven escritor entusiasta e irreflexivo marcan los límites de esta historia, en la cual cualquier cosa puede suceder. "Triste, solitario y final", la primera novela de Soriano, lo muestra como una de las voces más originales y perturbadoras de la literatura latiniamericana contemporánea.
"Triste, Solitario y Final" (1980)
Los antiguos peronistas y las nuevas fuerzas que rodean al jefe del justicialismo se engrentan en Colonia Vela, un pueblo olvidado de la Pcia. de Buenos Aires. Con la fría posición de un jugador de ajedrez, Soriano mueve a sus personajes hacia la ineludible tragedia final, no menos brutal por el hecho de que ambos bandos se enfrenten bajo la consigna común de "Perón o muerte".
"Cuarteles de Invierno" (1980)
"Escribí esta novela en Bélgica y Francia, entre 1977 y 1979, tratando de exorcizar lo que pasaba en Argentina. Mi idea era poner en un mundo dictatorial a dos personas que, por su oficio, aparentemente están afuera de la política, como un cantor de tango y un boxeador. El plan de ambos cuando llegan a Colonia Vela es hacer lo suyo, cobrar e irse. Su problema es que, una vez en el pueblo, toman conciencia de que la fiesta la dan los milicos"
"Cuarteles de Invierno" (1984)
"Entré a trabajar en La Opinión una semana antes de la aparición de su primer número, en mayo de 1971, y me quedé hasta mediados del 74, cuando la atmósfera ya era irrespirable por la caza de brujas. El paso por ese diario fue, para mí, una suerte de laboratorio donde tracé los borradores de mi primera novela, Triste, solitario y final, y me acerqué al estilo despojado de la segunda, No habrá más pena ni olvido. Sin duda hay, en los textos aquí reunidos, señales que anticipan y acompañan aquellas novelas. A mí me permiten ver el camino recorrido desde que, una mañana de 1969, llegué de Tandil a una pensión de la Avenida de Mayo para trabajar en el periodismo de Buenos Aires."
"A Sus Plantas Rendido Un León" (1986)
"Al final me salió una novela de aventuras políticas en África, ambientada en plena guerra de Malvinas. El personaje central es un cónsul argentino que se empieza a preguntar qué haria el general San Martín en su lugar. Es el primero de mis libros con verdaderos personajes femeninos y tiene, además, un grupo de locos africanos que quieren hacer una revolución del desorden. El país lo inventé y no tiene ni mar: es la miseria total. Lo único que tiene es un lago con una islita enfrente, donde está el prostíbulo. A ese país sin futuro le traspuse la realidad argentina. Y la idea que seguimos teniendo de África como el fin del mundo se une con ese otro fin del mundo que son las Malvinas."
"Rebeldes, Soñadores y Fugitivos" (1988)
En las piezas reunidas en Rebeldes, soñadores y fugitivos palpitan las pasiones fundamentales de la vida y la obra de Osvaldo Soriano: el fútbol, la litertura a partir de escritores emblemáticos, la figura de su padre entreverada con las de El Gordo y el flaco y la política.
"Una Sombra Ya Pronto Serás" (1990)
Soriano escribe una novela lunática en la que un ingeniero que sigue un camino a ninguna parte,derrotado por su propia historia, recorre la pampa argentina - y lo hace literalmente: ese paisaje amplio, llano, con pueblos tan parecidos entre sí, donde el polvo se mastica y patea en las calles. En ese recorrido -en el cual recibe y envía cartas desde cualquier buzón a una hija que vive en España- va conociendo a personajes tan interesantes como vencidos: un falso cura con dos ayudantes, Coluccini - ex dueño de un circo, que se hace el italiano pero es más argentino que cualquiera de los otros personajes-, Nadia -la adivina gorda y rubia-, el vendedor de mangueras peronista, el millonario Lem, que quiere asaltar la banca de un casino mediante cálculos imposibles.
"Estaba trabajando en una historia sobre un espía argentino en París a principios de siglo cuando un día, cruzando la calle, tuve la visión de un tipo haciendo dedo al costado de una ruta desierta. Supe que era ingeniero en informática, un científico que podría ser útil para un país en crecimiento. Y que sus desventuras debían transcurrir, en medio del ajuste menemista, en esa Argentina que cae en todas las trampas de la historia, que sufre a todos los gobiernos después de creer en todas las promesas."
"El Ojo De La Patria" (1992)
"Todo empezó con la repatriación de los restos de Rosas y con esa lápida que encontré en el cementerio de Pére Lachaise que decía espía argentino. Si un espía argentino tiene una tumba con su nombre, es una trampa para que lo crean muerto. Y la discusión de los historiadores sobre los próceres también refleja ese afán de cambiar el pasado, que creo que es una tendencia muy actual. Un mundo en el que todos cambian todo el tiempo desemboca en la incertidumbre de que nadie es nadie, y eso me permitió meterme con la historia y la actualidad a la vez".
"Cuentos de los Años Felices" (1993)
Cuentos de los años felices: historias imborrables en las que lo personal y lo colectivo se iluminan mutuamente. Las tres partes del libro permiten encontrar las claves familiares que impiden al olvido jugar a la escondida. Los cuentos que recuperan la memoria del padre, los que narran las historias que los manuales escolares siguen negando, los que mezclan la ficción y el recuerdo en ese último refugio de la épica, el fútbol. En la primera parte, "En nombre del padre", la presencia del progenitor "contreras", empleado público y enemigo acérrimo de Perón, entusiasta diseñador de planos y destructor de motores, se conjuga con el peronismo de juguete de la infancia y sus camisetas de fútbol regaladas, con la primera novia y el primer gol. "Otra historia" cuenta aquello que debimos aprender al margen de la enseñanza oficial: los riesgos que corrieron esos otros padres -San Martín, Belgrano, Moreno, Saavedra- para convertirse tal como eran -débiles, terrenales, endeudados-en héroes de la patria. "Pensar con los pies", finalmente, habla del fútbol que se juega y del que soñamos despiertos, de la fantasía de una contienda deportiva en una Patagonia poblada de personajes reales e imaginarios.
Los acontecimientos y los mitos que nos pertenecen, corresponden también a este estilo memorioso y sonriente, conciso y conmovedor en su exactitud y laconismo. La sabiduría, el humor y la nostalgia de Osvaldo Soriano consiguen devolvernos un ayer impregnado de presente para que la felicidad no tenga que asociarse con la amnesia.
"La Hora Sin Sombra" (1995)
"Piratas, Fantasmas y Dinosaurios" (1997)
Los acontecimientos y los mitos que nos pertenecen, corresponden también a este estilo memorioso y sonriente, conciso y conmovedor en su exactitud y laconismo. La sabiduría, el humor y la nostalgia de Osvaldo Soriano consiguen devolvernos un ayer impregnado de presente para que la felicidad no tenga que asociarse con la amnesia.
"La Hora Sin Sombra" (1995)
Un escritor recorre el país en su Torino con el encargo de escribir una improbable "Guía de pasiones argentinas". Pero en realidad escribe una novela que va construyendo según el azar de sus encuentros, de sus relaciones casuales, de sus reacciones impredecibles. Y por entre los fragmentos de este trayecto aparentemente absurdo y cargado de humor negro, puja por surgir la historia de un viaje íntimo que comienza siendo de huida y acaba siendo de reencuentro.
"Piratas, Fantasmas y Dinosaurios" (1997)
Piratas, fantasmas y dinosaurios reúne ficciones y artículos, crónicas e historias sobre fútbol, homenajes a ídolos y artistas populares, viñetas autobiográficas y un texto imprescindible sobre la relación entre escritores y editores. Compuesto, según el mismo autor, como un rompecabezas, este volumen devuelve una imagen aproximada de la felicidad que Soriano pretendía alcanzar por medio de la escritura, así como un repaso de sus pasiones: el fútbol, el cine, la literatura, el humor y la política.
Su vida en la Patagonia y en Buenos Aires, Salman Rushdie y Héctor J. Cámpora, Roberto Arlt y el periodismo, el Club San Lorenzo de Almagro y Venecia son sólo algunos de los motivos elegidos por el autor de No habrá más penas ni olvido para crear una irrepetible constelación de figuras y sentidos en la literatura argentina contemporánea.
Su vida en la Patagonia y en Buenos Aires, Salman Rushdie y Héctor J. Cámpora, Roberto Arlt y el periodismo, el Club San Lorenzo de Almagro y Venecia son sólo algunos de los motivos elegidos por el autor de No habrá más penas ni olvido para crear una irrepetible constelación de figuras y sentidos en la literatura argentina contemporánea.
"Arqueros, Ilusionistas y Goleadores" (2006)
A través de estas páginas de fútbol Soriano reinventa su infancia y adolescencia, retrata a jugadores emblemáticos -Obdulio Varela, Lazzati, los fundadores de San Lorenzo-, pone a sus personajes en las encrucijadas de la gloria o el fracaso y narra partidos alucinantes jugados en la Patagonia, o en la Europa de la Segunda Guerra, o en el Congo, con Perón como árbitro. " Le amagué una gambeta y toqué la pelota de zurda, cortita y suave, con el empeine del botín, como para que pasara por ese paréntesis que se le abría abajo de las rodillas. El narigón se ilusionó con el driblin y se tiró de cabeza, aparatoso, seguro de haber salvado el honor y el baile de Barda del Medio. Pero la pelota le pasó entre los tobillos como una gota de agua que se escurre entre los dedos".
Sus Mejores Frases:
* "Sin padres, sin infancia, sin pasado alguno, no nos queda otra posibilidad que afrontar lo que somos, el relato que llevamos para siempre."
* "Creo que no soy tan viejo como para ser venerable, ni tan joven como para ser un cómplice."
* "Los ideales son la única forma de saber que estamos vivos."
* "Los sueños se van con la noche. Y tan solo queda una bruma lejana e inatrapable."
* "El fútbol tiene la significación de una guerra sin muertos, pero con conflicto. Con drama, reflexión e ironía. Y amalgama a la familia, cosa que no consigue la política."
* "Aunque quede ridículo que lo diga (con simplicidad), uno siempre anda buscando los orígenes: ¡nuestra identidad!"
* "Quizás lo único que me propongo al escribir es quitarle a la literatura cierta solemnidad que tiene. Tengo poca relación con la crítica. Me importan los lectores, divertirme escribiendo y abrir un mundo que mezcle la aventura con la política y el humor."
* "(...) Parado allí, con el corazón apretujado, sin saber lo que haría al volver a la calle, se preguntó quién ocuparía su lugar."
* "De pronto recordé que había soñado con eso: Un laberinto asfixiante en el que por más que caminara siempre estaba en el mismo lugar. Algo me atrajo, quizá la incertidumbre o mi propio miedo, y me largué a correr hacia cualquier parte. "
* "Hijo, si tu lo soñaste, yo lo vivi."
* "Creo que no soy tan viejo como para ser venerable, ni tan joven como para ser un cómplice."
* "Los ideales son la única forma de saber que estamos vivos."
* "Los sueños se van con la noche. Y tan solo queda una bruma lejana e inatrapable."
* "El fútbol tiene la significación de una guerra sin muertos, pero con conflicto. Con drama, reflexión e ironía. Y amalgama a la familia, cosa que no consigue la política."
* "Aunque quede ridículo que lo diga (con simplicidad), uno siempre anda buscando los orígenes: ¡nuestra identidad!"
* "Quizás lo único que me propongo al escribir es quitarle a la literatura cierta solemnidad que tiene. Tengo poca relación con la crítica. Me importan los lectores, divertirme escribiendo y abrir un mundo que mezcle la aventura con la política y el humor."
* "(...) Parado allí, con el corazón apretujado, sin saber lo que haría al volver a la calle, se preguntó quién ocuparía su lugar."
* "De pronto recordé que había soñado con eso: Un laberinto asfixiante en el que por más que caminara siempre estaba en el mismo lugar. Algo me atrajo, quizá la incertidumbre o mi propio miedo, y me largué a correr hacia cualquier parte. "
* "Hijo, si tu lo soñaste, yo lo vivi."
Su Faceta del Fútbol:
Si una de las pasiones de Osvaldo Soriano fueron los gatos, la otra fue San Lorenzo. Sus amigos todavía lo recuerdan sentado a una mesa del mítico bar San Lorenzo, el viejo café de la esquina de Avelino Díaz y Avda. La Plata, donde al escritor le gustaba saborear un cortado justo antes de cruzarse a la cancha a ver al club de sus amores.
Famoso por su ventanas rectangulares, sus mesas de fórmica, sus baldosas gastadas, sus tostados de miga y sus suculentas minutas del día, el bar San Lorenzo respira nostalgia. Por sus ventanas ahora se ve el inmenso hipermercado de firma francesa. Desde que en diciembre de 1979 se jugó el último partido en el estadio (0 a 0 con Boca) y en 1982, por presión del entonces intendente militar Cacciatore, el club fue cerrado, el café amenazó en convertirse en fantasma del recuerdo de aquella época, cuando el Viejo Gasómetro convocaba todos los domingos a sus fieles seguidores.
- Frente a donde se situaba el Viejo Gasómetro, el Bar de Soriano -
Sin embargo, hace tres años, Eduardo Facián, su último dueño y un cuervo irredento, le dio nuevo impulso al mito. La esquina se llenó de colores, marcos azul eléctrico, paredes mostaza, y hermosos y delicados fileteados donde se leen leyendas que mezclan humor y nostalgia: un angelito desnudo hace flamear la bandera azul y roja, un San Gardel, cigarrillos 43/70, hojitas de afeitar, cerveza Andes y Bidú Cola.
El bar San Lorenzo abrió en la década del ’30 y a pesar del cambio de dueños, siempre se las ingenió para ser meca de sus hinchas y cita obligada de todas sus figuras. Por allí pasaron los vascos Angel Zuvieta e Isidoro Lángara, quienes al ser sorprendidos por la Guerra Civil Española en plena gira decidieron quedarse en Argentina. “Por eso mucha gente de la comunidad española se hizo hincha del club. En los ’40, el San Lorenzo tenía más de 40 mil socios, era el club más grande de Argentina. Fue su época de gloria”, cuenta Adolfo Res, el más ilustrado historiador de San Lorenzo y conductor del programa radial “San Lorenzo, ayer, hoy y siempre”, que tiene una sección especial dedicada a Soriano donde este domingo se le rendirá especial homenaje.
Por el bar también pasaron los “cara-sucias”, el equipo del ’63-’64, donde brillaban el “Bambino” Veira, Fernando Areán, el “Loco” Doval, el “Manco” Casa... “unos atorrantes totales que nunca fueron campeones pero que divertían a la gente”, dice Res. Roberto Telch, Sergio Villar, Rafael Albrecht y Sanfilippo también fueron apasionados habitués; los dos últimos, jugadores favoritos de Soriano y a quienes dedicó un capítulo de Artistas, locos y criminales.
El historiador guarda su recuerdo personal con el escritor en el bar. “Yo era adolescente y con mi padre íbamos mucho a ese café que siempre estaba colmado. Ese día sólo había tres personas sentadas a una mesa que daba a la ochava. Una era Soriano. Por esa época no era un personaje conocido, pero mi padre lo reconoció. Justo había leído Triste solitario y final y se acercó a felicitarlo. Soriano se puso colorado. Debía tener unos 31 años. Era 1974, el año en el que San Lorenzo salió campeón. Tiempo después partió al exilio”, cuenta Res.
Desde el 7 de junio de 2005, Soriano tiene un nuevo lugar en el bar: una placa lo recuerda en una de sus esquinas. Una iniciativa del diputado socialista porteño Roy Cortina para conmemorar el Día del Periodista. La placa le agradece “la creatividad de sus obras, el humor en sus cuentos, el placer que nos brinda su lectura, la pasión por su entrañable San Lorenzo de Almagro..., su compromiso militante y su humildad”.
Ahora, un grupo de hinchas tiene una ilusión para el barrio: que el estadio vuelva a ocupar su lugar original. Mientras tanto, acaso en señal de duelo, el bar “San Lorenzo” sólo cierra los domingos. Soriano hace lobby desde el cielo.
El bar San Lorenzo abrió en la década del ’30 y a pesar del cambio de dueños, siempre se las ingenió para ser meca de sus hinchas y cita obligada de todas sus figuras. Por allí pasaron los vascos Angel Zuvieta e Isidoro Lángara, quienes al ser sorprendidos por la Guerra Civil Española en plena gira decidieron quedarse en Argentina. “Por eso mucha gente de la comunidad española se hizo hincha del club. En los ’40, el San Lorenzo tenía más de 40 mil socios, era el club más grande de Argentina. Fue su época de gloria”, cuenta Adolfo Res, el más ilustrado historiador de San Lorenzo y conductor del programa radial “San Lorenzo, ayer, hoy y siempre”, que tiene una sección especial dedicada a Soriano donde este domingo se le rendirá especial homenaje.
Por el bar también pasaron los “cara-sucias”, el equipo del ’63-’64, donde brillaban el “Bambino” Veira, Fernando Areán, el “Loco” Doval, el “Manco” Casa... “unos atorrantes totales que nunca fueron campeones pero que divertían a la gente”, dice Res. Roberto Telch, Sergio Villar, Rafael Albrecht y Sanfilippo también fueron apasionados habitués; los dos últimos, jugadores favoritos de Soriano y a quienes dedicó un capítulo de Artistas, locos y criminales.
El historiador guarda su recuerdo personal con el escritor en el bar. “Yo era adolescente y con mi padre íbamos mucho a ese café que siempre estaba colmado. Ese día sólo había tres personas sentadas a una mesa que daba a la ochava. Una era Soriano. Por esa época no era un personaje conocido, pero mi padre lo reconoció. Justo había leído Triste solitario y final y se acercó a felicitarlo. Soriano se puso colorado. Debía tener unos 31 años. Era 1974, el año en el que San Lorenzo salió campeón. Tiempo después partió al exilio”, cuenta Res.
Desde el 7 de junio de 2005, Soriano tiene un nuevo lugar en el bar: una placa lo recuerda en una de sus esquinas. Una iniciativa del diputado socialista porteño Roy Cortina para conmemorar el Día del Periodista. La placa le agradece “la creatividad de sus obras, el humor en sus cuentos, el placer que nos brinda su lectura, la pasión por su entrañable San Lorenzo de Almagro..., su compromiso militante y su humildad”.
Ahora, un grupo de hinchas tiene una ilusión para el barrio: que el estadio vuelva a ocupar su lugar original. Mientras tanto, acaso en señal de duelo, el bar “San Lorenzo” sólo cierra los domingos. Soriano hace lobby desde el cielo.
- El Bar San Lorenzo se situa en Avda. La Plata y Avelino Díaz -
Su Devoción por los Gatos:
Osvaldo Soriano, sentía un gran aprecio hacia los gatos, y como pueden ver, en la mayoría de sus fotos aparece junto con ellos. Tal es así, que escribió este texto...
(...) El día que nací había un gato esperando al otro lado de la puerta. Mi padre fumaba en Mar del Plata, en el patio. Mi madre dice que fue un parto difícil, a las cuatro y veinte de la tarde de un día de verano. El sol rajaba la tierra. Los jóvenes Borges y Bioy Casares paraban cerca de ahí, en Los Troncos alucinando las historias de don Isidro Parodi. A Borges lo seguían los gatos. En una de sus fotos más hermosas está junto a María Kodama, que tiene uno en brazos; Borges lo acaricia como a un amigo.
A mí un gato me trajo la solución para Triste, solitario y final. Un negro de mirada contundente, muy parecido a Taki, la gata de Chandler. Otro, el negro Veni, me acompañó en el exilio y murió en Buenos Aires. Hubo uno llamado Peteco que me sacó de muchos apuros en los días en que escribía A sus plantas rendido un Ieón. Viví con una chica alérgica a los gatos y al poco tiempo nos separamos.
En París, mientras trabajaba en El ojo de la patria, en un quinto piso inaccesible, se me apareció un gato equilibrista caminando por la canaleta del desagüe. Para sentirme más seguro de mi mismo puse un gato negro al comienzo y uno colorado al final de Una sombra ya pronto serás. Para decirlo mal y pronto: hay gatos en todas mis novelas. Soy uno de ellos, perezoso y distante. Aunque nunca aprendí la sutileza de la especie. Ahora mismo, una de mis gatas se lava la manos acostada sobre el teclado y tengo que apartarla con suavidad para seguir escribiendo.
Hace cinco meses que no prendemos un cigarrillo. Juntos sufrimos el vejamen de la abstinencia y la vida limpia. Hace unos meses esta habitación era un quemadero de fragancias maravillosas. Tabacos de la Argentina, de Cuba y de Holanda, ya no; resignamos algo de la utilería que compone a los duros: cigarrillos, sombrero, impermeable, el revólver de juguete. Los fantásticos vampiros de Matheson, entre los que estaban Laurel y Hardy, y el realismo romántico de Chandler, sobreviven a las modas y las vanguardias porque el lector quiere verse ahí en sangre de papel. Necesita leer sus miedos.
Con eso Stephen King escribe ahora una obra excesiva e inquietante. En uno de sus libros, un personaje acusa de plagiario al narrador, le mata el gato y se lo deja frente a la puerta. Es un momento insoportable en la literatura de terror. Algo cercano a los escalofriantes efectos de H.P. Lovecraft. Todos los escritores con corazón se han ganado un gato que los sigue y los protege. Tal vez el de Gibbins, cercado por el fuego, le haya pedido auxilio en nombre de los gatos inspiradores: el del Dante, el de Baudelaire, el de Lewis Carrol, el de Borges. Y ahí fue el director de pobres películas, a purificarse en el incendio y cumplir con el ritual de todos los demonios.
Un escritor sin gato es como un ciego sin lazarillo. No es posible usar al gato para nada personal, no hay manera de privatizarlos. En La noche americana, Francois Truffaut aconseja a los realizadores de cine no meterse jamás con un gato en acción. También me lo dijo Hector Olivera a la hora de escribir el guión de Una sombra ya pronto serás. ¿Cómo hacer para que dos gatos de cine interpreten disciplinadamente a los que aparecen en la novela? Yo los puse en el libreto nada más que para aplacar mis miedos. Con una sonrisa; Olivera me dijo que estaba loco: un gato actor, el negro, tendría que seguir al personaje de Miguel Angel Solá, lavarse a su lado. comerse una laucha y echarse a dormir. El otro, un colorado, aparece al final, poco después que Pepe Soriano, el Coluccini de la película, haya tenido una charla con Dios.
Olivera decidió que no hubiera gatos, pero creo que estoy a tiempo de convencerlo de que ponga al menos una silueta. Cuando hablábamos de eso, todavía Gibbins no se había arrojado al incendio. Yo creía, Dios me perdone, que Matheson se había muerto de viejo. Pero no: allí estaba, peleando frente al fuego, apartando maderas en llamas, abriendo un camino para que su gato pudiera escapar con él. En el revoltijo alcanzó a salvar una carpeta con su último manuscrito. Es que siempre cuando uno rescata un manuscrito, hay un gato adentro.
Cuando yo era chico mi gato Pulqui era mono, león, pirata y bandolero. Yo lo acechaba entre las plantas del jardín y me le tiraba encima con el cuchillo de madera entre los dientes. Ahora mi hijo combate contra la gata Virgula que le devuelve los golpes. Son arañazos de mentira, en un revoltijo de sillas volteadas y malvones floridos. Las suyas, como las mías antes, son fantasías de selvas y mares, de castillos y mosqueteros. Esos años felices e irrecuperables en los que uno aprende, si aprende algo, que los gatos nos traen a domicilio el misterio de la creación.
Chandler les atribuía toda la sabiduría y creía que provocaban la explosión creadora. Un día le pidieron que hablara de Philip Marlowe y prefirió que fuera Taki la que la hiciera por él. Pretendía que era la gata quien escribía sus novelas bien entrada la noche: A mí suele pasarme algo parecido. Richard Matheson perdió todo: la casa, los muebles y los premios, pero alcanzó a salvar lo esencial: esa mirada que lo sostiene por las noches, cuando la palabra no viene y la novela no avanza. Esa mirada que nos atornilla al sillón, ese ronroneo que precede a la llegada del diablo. Poe, Lovecraft y Matheson asociaron los gatos al horror; en los dibujos animados Willam Hanna y Joe Barbera le dieron a Tom el papel de víctima y al ratón Jerry el de la picardía.
El gato Félix fue un gran héroe yanqui de los año treinta, puritano y travieso. El Fritz the Cat, de Ralph Baskhi y Robert Crumb, sintetizó los eróticos y crueles años de mi juventud; apareciendo en 1968, Fritz es el primer gato de dibujo que vuelve de Vietnam, se droga, callejea de un prostíbulo a otro, fuma como un escuerzo, duerme con las mejores chicas, incluida su hermana, y termina asesinado por una gata vieja a la que había abandonado en tiempos mejores. En cambio, Walt Disney detestaba a los gatos. Recién en 1970 se decidió a crear un personaje que, por supuesto, no le dejó éxito ni plata. Disney era uno de esos tipos que nunca se hacen querer por los gatos. Creo que fue Chandler quien lo dijo. No se si en la biografía del detective Marlowe o en la propia.
Hace unos días, una investigadora que prepara un libro de reportajes a escritores argentinos nos pidió a sus entrevistados que trazáramos cada uno una breve autobiografía. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo hablar de nosotros si no sabemos quienes somos? Le dije que yo no tengo biografía. Me la van a inventar los gatos que vendrán cuando yo esté, muy orondo, sentado en el redondel de la luna.
Filial "Osvaldo Soriano":
"El Gordo", como le decían sus amigos, también cuenta con su propia filial en Madrid, España. Más precisamente es San Lorencista, del club del que era hincha.
Como hincha de San Lorenzo, en mi opinión, es una lástima que no pueda estar en este momento crucial del club por la vuelta a Boedo. Habría hecho seguramente un texto, cuento o escrito algo por esta lucha por la vuelta que todo hincha desea, tanto como lo hubiera deseado el.
En este video se puede ver algunos de los cuervos que integran la filial...
Acá concluye el post, espero que les haya gustado y espero sus comentarios.